¿Es la “An�-Nación” la causa de la vola�lidad?
La poca sostenibilidad del crecimiento económico boliviano ha sido analizada y
cri�cada previamente por la literatura.4 Al respecto, uno de los aspectos que más se ha
remarcado es la excesiva concentración de las exportaciones en pocos productos.5 En
efecto, si bien no contamos con estadís�cas oficiales con�nuas para el período, la
información disponible sugiere que la plata cons�tuyó al menos dos terceras partes de
las exportaciones bolivianas durante el siglo xix. Esta concentración disminuyó durante
la úl�ma década del siglo xix y la primera del xx, cuando las exportaciones de estaño y
goma tendieron a ganar protagonismo sobre las de plata.6 Luego, desde el inicio de la
Primera Guerra Mundial hasta inicios de la década de 1970, el estaño representó al
menos dos tercios de las exportaciones bolivianas. En la década de 1970 y 1980, las
exportaciones de estaño siguieron siendo las más importantes, pero las de
hidrocarburos ganaron también protagonismo. Si bien la economía boliviana vivió su
período de mayor diversificación exportadora en la década de 1990, el proceso duró
poco: desde inicios del siglo xxi, el gas natural explica al menos el 40% de las
exportaciones totales bolivianas. La sistemá�ca concentración de la canasta
exportadora en pocos productos puede ser entendida como un síntoma, como el
reflejo de restricciones estructurales más graves. La literatura ha ofrecido argumentos
tendientes a iden�ficar estas restricciones. Una de las más populares dentro de las
ciencias sociales y el “sen�do común” bolivianos, remarca la existencia de intereses
“an�patrió�cos” en los empresarios exportadores del país. Esto quiere decir, un escaso
interés por los exportadores bolivianos en reinver�r las ganancias obtenidas en otros
sectores de la economía (ver, por ejemplo, la explicación final en Gómez, 1978).
Uno de los ejemplos más frecuentemente u�lizados para ilustrar esta supuesta falta de
patrio�smo es la inexistencia de fundiciones modernas de estaño durante la primera
mitad del siglo xx. En diferentes libros clásicos del pensamiento boliviano se
encuentran afirmaciones donde se vincula la inexistencia de estas fundiciones con el
desinterés e incluso sabotaje por parte de los grandes empresarios bolivianos; por otro
lado, se remarca una sumisión del Estado a los intereses de las élites exportadoras (ver,
por ejemplo, Albarracín (1995) o Almaraz (1976). Sin embargo, la no instalación de
estas fundiciones puede ser entendida también a través de variables económicas más
concretas que un supuesto an�patrio�smo. Por ejemplo, Mitre (1993) remarca que los
costos de transporte y la inexistencia de carbón afectaban seriamente la rentabilidad
de las inversiones en fundiciones. Asimismo, se debe considerar que los grandes
empresarios del estaño boliviano que se consolidaron durante la primera mitad del
siglo xx, eran empresarios capitalistas de clase mundial (Granados, 2015). Esto es
crí�co ya que la existencia de oportunidades de inversión en todo el mundo
incrementaba el costo de oportunidad de las inversiones en el país. Más aún, no se
pueden desconocer los intentos de empresarios mineros como Hochschild y Pa�ño en
generar encadenamientos produc�vos desde el sector minero hacia atrás a través de la
inversión en proyectos agroindustriales en el oriente del país (Geddes, 1984; Waszkis,
2001). De la misma manera, se debe considerar que con la introducción de nuevas
formas de refinación del estaño en la década de 1930, Hochschild buscó generar
encadenamientos hacia adelante (Serrano Bravo, 2004; Waszkis, 2001). En este
sen�do, una mayor profundización en el estudio de estas inicia�vas de diversificación
podría ofrecer explicaciones alterna�vas en torno a las restricciones estructurales de la
economía boliviana. Existe también evidencia que cues�ona la idea de que los grandes
empresarios mineros fueron capaces de imponer de manera sistemá�ca sus intereses
par�culares sobre aquellos del Estado boliviano. La revisión de la polí�ca tributaria
frente a la explotación de minerales es ilustra�va al respecto. En efecto, en diversos
trabajos se ha demostrado que si bien la tributación fue baja durante determinados
períodos, fue elevada en otros (Barragán R. y Peres-Cajías, 2007; Contreras, 1990;
Peres-Cajías, 2014). Ello puede ser verificado en el Gráfico 2, ya sea analizando el
porcentaje de los impuestos mineros7 sobre el total de ingresos del Gobierno Central
(es decir, cuánto ayudaron los impuestos mineros al funcionamiento del Estado), como
también a través del ra�o entre impuestos mineros y PIB minero (es decir, cuánto del
valor generado por la explotación minera fue apropiada por el Gobierno Central en
forma de impuestos). En par�cular, nótense los incrementos presenciados en las
décadas de 1920, 1930 y 1940. En un contexto donde los productores nacionales no
tenían el poder de mercado de trasladar impuestos a los consumidores finales
(Ingusltad, Perchard, y Storli, 2015), estas mayores imposiciones afectaron las
ganancias empresariales y, por ende, generaron tensiones con los mismos (Gu�érrez
Guerra, 1940). En la resolución de estas tensiones, muchas veces los intereses de las
élites mineras importaron menos que los intereses de otros sectores económicos
(Gallo, 1991).
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