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2222

La historia narra la vida de Iván, un joven de 14 años con una conexión especial con la luna y los apus, quienes lo guían en su búsqueda de un portal estelar. Junto a su amigo Till, exploran un lugar místico donde Iván se sacrifica para salvar a su pueblo, convirtiéndose en un puente entre mundos. Al final, Till reflexiona sobre el sacrificio de Iván y el dolor de ser visto solo como un instrumento, mientras recuerda su amistad y legado.

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La historia narra la vida de Iván, un joven de 14 años con una conexión especial con la luna y los apus, quienes lo guían en su búsqueda de un portal estelar. Junto a su amigo Till, exploran un lugar místico donde Iván se sacrifica para salvar a su pueblo, convirtiéndose en un puente entre mundos. Al final, Till reflexiona sobre el sacrificio de Iván y el dolor de ser visto solo como un instrumento, mientras recuerda su amistad y legado.

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Killa: El hijo de la Luna

Dentro de la oscuridad de la noche, un lugar frio que la única luz que rompía las
sombras era la luna, suspendida en el cielo como un sueño plateado. Su brillo
deslumbrante parecía imposible en medio de tanta penumbra, como si
despertara desde el fondo de un abismo silencioso. Bajo ella se hallaba Iván, un
muchacho de 14 años, cuya presencia parecía tejida por la misma Killa. De ojos
negros profundos, actitud serena y misteriosa, un hijo nacido de la luna misma.

La mayoría de su escaso tiempo lo pasaba en los montes. Según sus


creencias, al estar más cerca del cielo, podía encontrarse con los apus,
protectores y seres divinos que representaban a sus antepasados. Decía que
escuchaba sus voces en el viento y sentía su presencia en cada roca, en cada
río.

Su fuerte conexión con los apus alimentaba una gran curiosidad: la puerta de
Hayu Marca, una estructura tallada en la piedra, considerada un portal estelar
por donde, según la leyenda, los “dioses” o seres de otros mundos iban e
incontrolable por descubrir qué habría al otro lado.

En uno de esos días, contemplaba el atardecer que pronto se volvería una fría
oscuridad. No se percató de que alguien se acercaba: una figura familiar, pero
ambigua. No eran amigos, tampoco desconocidos. Podía describirlo, a lo sumo,
como un “compañero”. Till, un chico de su misma edad, apenas unos meses
mayores.

—¿No sientes frío? —preguntó Till, con una voz tan lenta que parecía
suspender el tiempo.

—No —respondió el pelinegro, con frialdad, a punto de marcharse. Pero una


mano sobre su hombro lo detuvo.

—¿Aún sigues creyendo en lo que alguna vez hablamos? —insistió Till, con un
tono suave. —Pfff... ¿acaso crees que no he madurado? Es un poco infantil,
¿no crees? —replicó, poniéndose de pie para marcharse. Pero aún sentía la
presencia del otro detrás de él.
—¿No tienes nada que hacer? ¿O por qué me sigues?

—No te estoy siguiendo. Vamos al mismo lugar —contestó Till con una sonrisa.

—¿Contento? —dijo el otro, algo molesto por la repentina llegada del chico a
su hogar.

—No. ¿Acaso no sabes recibir visitas? Deberías ofrecer algo como bienvenida.
El camino no fue corto.

—Ten —le ofreció una hoja de coca, sin entusiasmo.

—Ahora ve directo al grano. ¿Qué quieres?

—Tú sabes por qué estoy aquí. Solo escúchame —dijo Till. El otro asintió con
resignación.

—Yo sé que no has dejado de pensar en lo que soñábamos. Sabes cuán


grande era nuestro deseo de encontrar alguna señal, alguna prueba de que
esa puerta era todo lo que imaginamos. Cumplamos la promesa que jamás se
realizó.

—Y tú sabes perfectamente por qué no se cumplió. No pienso apoyarte en


locuras que, al final, no tienen sentido. Nunca me has apreciado como yo
pensaba.

—Que no te quiera de la forma en que tú quieres no significa que no te quiera


—dijo Till con honestidad.

—Que me quieras a tu manera no significa que me sienta querido por ti —


respondió él, señalando la puerta para que se marchara.

Till dio unos pasos lentos hacia la salida. Antes de irse, se apoyó en una pared
y murmuró:

—Saborea el presente. El oscuro aire carmesí nos envuelve, elevando nuestros


espíritus. Olvídalo todo... y disfrutemos, aun si este es el fin. Te veo en la
noche…
Mostraba duda. Ese era su lugar favorito, pero... ¿seguiría siéndolo con esa
persona como compañía? Si ya le resultaba agotador y estresante escuchar el
simple ruido de los demás, ¿cómo podría soportarlo ahora?

No importaba. Al final, todo se reducía a dos cosas: el poder de escuchar lo


que otros no podían... y su experiencia en ello. Ese era su único valor. Como si
fuera un objeto…

Estoy acá – Levantando su mano ligeramente, Till lo vio, con una sonrisa
quisquillosa asintió y se dirigieron al lugar que cambiaría todo para siempre.
Llegaron a su destino silenciosamente, con la compañía de una tenebrosa y
profunda cueva de oscuridad.

El joven de blanca tez saca su charango con sus 10 cuerdas ya viejas, tocó
sonido melancólico, como una voz antigua tallada en madera, logrando abrir un
portal dimensional.

De pronto, un silencio extraño los envolvió. No era ausencia de sonido, era


como si el mundo respirara de otra forma. Al abrir los ojos, ya no estaban solos.

Frente a ellos, espíritus en figuras hechas de niebla y luz los observaban, una
infinitud y un camino largo de valles morados y resplandecientes a su
alrededor, ninguno hablaba, los dos estaban tan impactados que algo así
pudiera existir.

A lo lejos se observaba un banquete, todo espíritu estaba ahí, sentados y 2


sitios desocupados, como si ya estuviera reservado, parecía un mismísimo
festín.

Mariposas a sus alrededores ¿Qué trataba todo esto? Solo había una forma de
descubrirlo. Tomaron asiento, nadie dirigía la palabra, ningún sonido, parecía
eterno.

Un conjunto de voces por sus oídos aturdía a Iván, era irritante, como si lo
rodearán, repitiendo una y otra vez; “Qanmi churasqa kani.” (Tú eres el
elegido).
Till, se dio cuenta del gran error que habían cometido, volver al lugar donde
alguna vez fueron, nada cambió, el siempre iba a ser el elegido, agarro su
mano bruscamente y se fueron corriendo para poder salir de aquella mentira.

Un clima tornándose rojo ardiente, meteoritos y estrellas fugaces ¿Esto no le


recordaba a algo? A la primera vez que fueron, la primera vez que Iván
concedería su maldición, escuchar de por vida a los apus y seres divinos, esa
vez que Till por su cobardía dejo a Iván en esa expedición. Desde entonces,
Iván no era humano. Era un puente, un arma, un instrumento para el pueblo.

Como un oscuro mar que se volvía más y más profundo a medida que él se
acercaba más a la soledad por sentirse como un mero objeto.

Ahora, Till no pensaba dejarlo solo otra vez.

Cuando ya parecía haber logrado escapar, Iván se quedó inmóvil, sabía lo que
tenia que hacer “Ñuqaqa Pachamamaman haywanta kani.” (Yo soy la ofrenda
para la Madre Tierra.)

—Podré salvar a todos, todos menos a mí mismo. Fue las últimas palabras que
emitió, cayo al piso como una pluma, su corazón dejó de latir.

Desesperadamente Till trató de agarrarlo, pero su cuerpo se espolvoreo entre


el aleteo de las mariposas.

Despertó en la mañana, en el mismo lugar, una puerta, pero toda desgastada,


su charango ya no estaba, solo una hoja de coca y una piedra.

Capaz, Iván quiso un recuerdo suyo, capaz la hoja de coca fue porque le dio la
bienvenida al visitar su verdadero hogar, al que verdaderamente pertenecía,
capaz la piedra ancestral para recordar todos los momentos que vivieron por
todas sus creencias. Solo capaz…

Yachaq Maq´ta! (joven sabio) que mas sucedió? Decían los niños escuchando
atentamente lo que contaba aquel joven erudito.

Continuamos mañana, vayan a sus casas


Es injusto, por favor termine…- Decían desanimados, querían más sobre
aquella historia que el narraba tan detalladamente.

Él se sacrificó por el pueblo, para su prosperidad, fue mi mejor amigo y el único


que he tenido quien lo hizo, ya, ahora si váyanse, van a enfermase

¡Adiós! Mientras cada uno se iba alejando del lugar, el joven se dirigió al río
más cercano, cada vez la killa se posaba en su mismo lugar, retiró su chullo y
se quedó sentado contemplando como cada vez el color climático era más
oscuro.

El río reflejaba una sombra oscura, pero a la vez brillante, una luna plateada se
reflejaba dentro del agua, sabía quién era, Iván.

Era Till aquel joven sabio que miraba el reflejo, el único que sabía todo lo que
hizo Iván por el pueblo, su gran sacrificio, pero también a la vez el único que no
pudo salvarlo.

Noches que pasaron juntos, el final de su historia, de tanta aflicción, solo hubo
un lugar frío manchado de sangre y aire vacío, en un cerrar de ojos todo
terminó.

Quedó un legado que marcaría para la eternidad, pero también un dolor, un


dolor inexplicable, el morir sintiendo que solo fuiste visto como un simple
instrumento, pero también morir sabiendo que hubo alguien que no te miro con
ojos de codicia como todos lo hicieron contigo…

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