0% encontró este documento útil (0 votos)
25 vistas22 páginas

02 CR Gonzalez

El artículo analiza la novela 'La mujer desnuda' de Armonía Somers, explorando la sexualidad como un territorio tenso entre lo prohibido y la transgresión, y su impacto en la construcción de la subjetividad y la sociedad. Se relaciona la obra con el surrealismo y los textos psicoanalíticos de Freud, destacando la representación de lo siniestro y la transformación de la identidad femenina a través de la narrativa. A través de la figura de Rebeca, la novela encarna fantasías primarias y cuestiona los mitos establecidos sobre la mujer y su sexualidad.

Cargado por

lucinao
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
25 vistas22 páginas

02 CR Gonzalez

El artículo analiza la novela 'La mujer desnuda' de Armonía Somers, explorando la sexualidad como un territorio tenso entre lo prohibido y la transgresión, y su impacto en la construcción de la subjetividad y la sociedad. Se relaciona la obra con el surrealismo y los textos psicoanalíticos de Freud, destacando la representación de lo siniestro y la transformación de la identidad femenina a través de la narrativa. A través de la figura de Rebeca, la novela encarna fantasías primarias y cuestiona los mitos establecidos sobre la mujer y su sexualidad.

Cargado por

lucinao
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Fantasías primitivas que regresan.

Lo siniestro
de La mujer desnuda (1950), de Armonía Somers

Primitive Fantasies that Return. The Sinister


in La mujer desnuda (1950), by Armonía Somers

Carina González
LICH-Universidad Nacional de San Martín
CONICET
Buenos Aires, Argentina
carinafg@[Link]
[Link]

[Link]

Fecha de recepción: 5 de abril de 2021


Fecha de aceptación: 31 de mayo de 2021

Kipus, n.º 50 (julio-diciembre 2021), 7-28. ISSN: 1390-0102; e-ISSN: 2600-5751


[Link]

[Link] 7 29/11/21 12:45


RESUMEN
Comprendida dentro de la zona de lo reprimido, la sexualidad ocupa un territorio tenso
entre lo prohibido y la transgresión. Las representaciones que adopta son producto
también de esa tensión y generan un desequilibrio que afecta no solo a la construcción de
la subjetividad, sino a la sociedad que se estructura sobre esa represión. En este trabajo
se abordará la aparición del sexo como disparador de la materia inconsciente, según los
primeros textos psicoanalíticos de Freud, y se estudiará la operatividad de lo siniestro
en una plataforma estética que vincula la novela de Armonía Somers al surrealismo,
desplegando estrategias comunes en torno al automatismo, la desintegración de la
identidad y la singularización de la escritura.
Palabras clave: Gradiva, lo siniestro, sexualidad, surrealismo, fantasías primitivas.

ABSTRACT
Understood within the zone of the repressed, sexuality occupies a tense territory between
the forbidden and transgression. The representations it adopts are also the product of this
tension and generate an imbalance that affects not only the construction of subjectivity
but also the society that is structured upon this repression. This paper will address
the appearance of sex as a trigger of unconscious matter according to Freud’s early
psychoanalytic texts and will study the operation of the sinister in an aesthetic platform
that links the novel by Armonia Somers to surrealism by deploying common strategies
around automatism, the disintegration of identity and the singularization of writing.
Keywords: Gradiva, the sinister, sexuality, Surrealism, primitive fantasies.

La primera novela de Armonía Somers inauguró un mito que la


escritora se ocupó de construir y reinventar en cada uno de sus textos. No
solo en torno a la figura de autor, sino en relación al género y sus políti-
cas.1 Todas las mujeres que transitan por La mujer desnuda (1950) operan
sobre la narrativa del mito creado para explicar el origen o la génesis de
una verdad impuesta por la fuerza de la ficción. Junto a esa sacralidad está-
tica y establecida se discute el lugar de la mujer en estos relatos que aspiran
a consensuar los modelos establecidos. Estos mitos aparecen enunciados a
través de un nombre femenino que es, a la vez, nombre propio —aquello

1. En cuanto a la figura de autor, el mito se crea a partir del seudónimo, nombre cifrado
en el que muchos creían (o querían) descubrir la escritura de un hombre. En cuanto
a una perspectiva feminista, la carga erótica que moviliza la moral conservadora de
la época originó algunas lecturas que tomaron como bandera esa liberación sexual.
Sin embargo, para hablar de un enfoque de género centrado en la diferencia sexual
y la construcción performática del género todavía hay una gran distancia. Sobre los
límites del espacio feminista en esta novela, ver Femenías (2002-2003, 1-12).

8 / Kipus ISSN: 1390-0102; e-ISSN: 2600-5751

[Link] 8 29/11/21 12:45


Kipus 50, julio-diciembre 2021

que separa lo singular de lo común— pero también intertextual, lo que


remite a relatos mitológicos que tienen a la mujer como sujeto y a lo se-
xual como terreno de transgresión y disputa. En la novela hay una escena
en la que esa enunciación se hace presente: la mujer desnuda entra silen-
ciosamente a la habitación de Nataniel y, mientras inician los juegos de
seducción, ella lanza una lista de nombres “verdaderamente” femeninos
exigiendo una identidad desvinculada del varón:

—Antonia... podrías dejarme tranquilo, ¿no? —musitó con las palabras


siempre enredadas en algo que se le oponía desde dentro.
—Horror, ¿de quién es ese nombre?
—El tuyo, maldita... Vamos... dejarás ya... Te lo he dicho.
—No, yo no tengo ese distintivo pavoroso. Las hembras no deben llevar
nombres que volviéndoles una letra sean de varón. Los verdaderamen-
te femeninos son aquellos sin reverso, como todos los míos. (Somers
2009, 27; énfasis añadido)

Esta cita es importante, no solo por la calidad única del nombre


femenino, sino porque anticipa la pluralidad en la que van a desplegarse los
sentidos del género. Toda la novela podría leerse como la nominación del
deseo y sus efectos, una suerte de encarnación que pasa por el cuerpo de la
mujer y por el lenguaje alterado que decide contarla desde la transgresión
y la ruptura.

LOS NOMBRES DE REBECA

El nombre designa y, al mismo tiempo, atribuye una identidad. Su


poder referencial radica en que la fuerza de la representación señala más
claramente el vacío, la sustitución de la cosa por el entramado textual que
la define. En este sentido, su carga simbólica habilita la metáfora, un juego
de desplazamientos en donde hay que encontrar el sentido oculto, lo que
nombra en la distancia. Como clave de lectura, esos “nombres sin reverso”
que la protagonista reclama no son solo el señalamiento de lo femenino,
sino la encarnación de fantasías primarias que involucran a la mujer como
sujeto, pero a la vez como objeto del deseo. A partir de esa multiplicidad
anunciada en la originalidad de todos sus nombres, la novela propone la
historia de una transformación: la de Rebeca en la mujer desnuda que es, al
mismo tiempo, lo que todos los demás buscan. Su primer nombre propio

ISSN: 1390-0102; e-ISSN: 2600-5751 Kipus / 9

[Link] 9 29/11/21 12:45


Kipus 50, julio-diciembre 2021

es señal de ese proceso. Rebeca, esposa de Isaac en el relato bíblico, lleva


implícito en su etimología la doble persistencia del nombre, que marca
la conexión, “la que lleva el lazo”, pero también la seducción a través del
ingenio, “la que cautiva o entrampa” (RAE). Esa matriz relacional que
la vincula a sus otras mujeres se repite en el apellido inglés al duplicar el
sentido de lo relacional, link como “conector o enlace” (Western Merrian)
y resalta el pasaje de uno a otro de sus nombres, Eva, Judith, Salomé,
Semíramis, Magdala, todos ellos referentes de lo femenino “sin reverso”.
Para que este pasaje sea posible, el entorno acompaña la transfor-
mación avanzando gradualmente hacia un territorio cada vez más alejado
de lo real. Al ingresar en la casa, la distorsión que envolvía el paisaje oní-
rico del viaje conquista el espacio total y crea una lógica distinta propi-
cia al alumbramiento, una nueva gestación que se concretará en la (auto)
decapitación y que se extenderá en las metamorfosis que le siguen. Ese
límite también se trasvasa en la representación porque el relato vira de
su eje realista y se prepara a recibir intervenciones de lo fantástico.2 La
daga que lleva escondida en un libro parece cobrar vida —o es su propia
mano la que, sin gobierno, la dirige— y termina cortándole el cuello “en
un golpe seco” que hace rodar pesadamente su cabeza “como un fruto”
(Somers 2009, 18). Esta escena, narrada con el distanciamiento del humor
vanguardista o el sin sentido del absurdo, evade la muerte que, en algún
sentido, nunca sucede porque después de corroborar fríamente su propia
decapitación, la mujer “tomó su antigua cabeza, y se la colocó de un golpe
duro como un casco de combate” (21). Así se inicia un derrotero en el que
la mujer abandona las ataduras de la moral para explorar la libertad sexual
y reescribir el mito de lo femenino: “...dejó su vida personal atrás, sobre
una rara conciencia sin memoria” (24).
A partir del momento en el que el cuerpo reconoce la cabeza como
ajena, “una muñeca sin tronco” que cambia en “insólitas mutaciones”
(20), Rebeca está lista para encarnar a sus otras mujeres: Eva, la primera
mujer bíblica símbolo de la caída y el pecado; lady Godiva, la joven bur-
guesa que ayuda los pobres; Friné, la hetaira griega absuelta por su belle-

2. Ángel Rama fue el primero que propuso enmarcar en la literatura de la imagina-


ción el giro con el que la generación del 45 se abrió del canon realista uruguayo.
Otros críticos inscriben su escritura dentro del fantástico. En el siguiente apartado
propongo una manera de leer el quiebre de la representación desde la vanguardia,
particularmente desde la visión surrealista en articulación con el psicoanálisis.

10 / Kipus ISSN: 1390-0102; e-ISSN: 2600-5751

[Link] 10 29/11/21 12:45


Kipus 50, julio-diciembre 2021

za; y Gradiva, la del precioso andar que Freud hizo famosa a partir de su
ensayo sobre el delirio. En estas mujeres resaltaremos la desnudez como
atributo del cuerpo y, específicamente, como materialidad capaz de dar
forma a las fantasías más abstractas o artificiales del erotismo.3 El cuerpo
desnudo como inocencia, belleza o razón, según el mito al que se aplique,
encubre al mostrarse la cualidad simbólica del deseo y pone en evidencia la
necesidad de hallar una gramática capaz de otorgarle sentido.
La sexualidad descarnada y un tanto abrupta con la que irrumpió la
novela obturó, en algún sentido, un análisis más profundo que se ocupara
de encarar las posibilidades estéticas y normativas del erotismo. Para saldar
esta deuda, comenzaremos por señalar las referencias directas que el texto
de Freud marca en relación a la Gradiva, buscando la incidencia de los
afectos sexuales como síntoma de lo reprimido, pero a la vez como efecto
que reordena la estructura mental, social y simbólica de la subjetividad.4
En tal lectura, Rebeca Linke es la mujer que representa las fantasías prima-
rias de los moradores de la aldea, quienes deberán desentrañar su lógica
interna reconociendo lo reprimido que se expresa en ellas y buscando un
lenguaje capaz de conservarlas.
Esta propuesta se basa no solo en la articulación entre las represen-
taciones delirantes que conspiran contra la realidad en términos de las nor-
mas culturales y sociales que determinan el estar en común, sino también
en la intervención de las fantasías eróticas como factor que desestabiliza
además el territorio del arte, la escritura y el lenguaje.

3. En este apartado se analizarán las fantasías primarias derivadas de la represión


sexual propuesta en los primeros textos de Freud. Más adelante, se ampliará el con-
cepto de erotismo en relación a la teoría de las pulsiones en contraste con Bataille.
4. La difusión de las ideas de Freud en el Río de la Plata se institucionaliza con la
creación de la Asociación Psicoanalítica Argentina en 1942. Mariano Plotkin señala
la importancia del contexto social, cultural y político que hizo posible su divulgación
y enfatiza el carácter autogenerador de las lecturas locales en la región. Es impor-
tante anotar este elemento de divulgación que excede el campo profesional porque
coincide con el período de producción de las obras de Somers y permite explicar la
incidencia de estos primeros textos psicoanalíticos en su escritura. Posteriormente
se avanzará con esta circulación en la década del 60 mediante la intervención de
Masotta, quien populariza la vertiente lacaniana del psicoanálisis.

ISSN: 1390-0102; e-ISSN: 2600-5751 Kipus / 11

[Link] 11 29/11/21 12:45


Kipus 50, julio-diciembre 2021

REBECA, LA QUE ANDA

En primer lugar hay que decir que la Gradiva es un texto que Freud
escribe en 1907, poco después de publicar La interpretación de los sueños
(1900) —de ahí la vinculación entre lo onírico y el delirio—; y justo antes
de elaborar las pautas teóricas que lo llevarán a examinar el famoso concep-
to de lo siniestro.5 En varios sentidos, la Gradiva funciona como precursor
de su estudio acerca de los mecanismos de la represión, donde analiza la
emergencia del inconsciente y las relaciones entre lo reprimido y el lengua-
je. Este primer acercamiento a lo reprimido nos permitirá analizar cómo la
transformación de Rebeca Linke opera en las fantasías sexuales primarias
de los habitantes del pueblo, de qué manera lo reprimido libera la fuerza
erótica capaz de transgredir las normas culturales y políticas del género y
qué efectos produce también en el género literario, ya que confronta, a
partir de lo siniestro, los límites del realismo.
Al desentrañar la locura de Norbert Hanold, Freud enumera los
rasgos que le permiten distinguir los mecanismos represivos de los afectos
sexuales y las formas en las que el inconsciente se hace presente. El prota-
gonista de la historia de Jensen desplaza el objeto de deseo real, una joven
vecina que fuera su amiga de la infancia, hacia un bajorrelieve femenino en
el que intuye cierto parentesco registrado en su forma de andar. Mediante
esa proyección comienza un proceso en el que el joven desentierra algo
olvidado, los juegos de infancia en donde se enfocaba su libido, y un doble
desplazamiento que va del pasado al presente y de Alemania a Pompeya.
Esta distorsión temporal y geográfica se completa con las representaciones
deformadas y los consiguientes disfraces que ese recuerdo adquiere para
salir a la luz. Lo reprimido se manifiesta entonces a través de un desvío
que, en esta instancia, Freud identifica como fantasías precursoras del de-
lirio: “Son sustitutos y retoños de unos recuerdos reprimidos a los que
cierta resistencia no permite llegar a la conciencia, no obstante lo cual con-

5. Al estudiar el contenido del inconsciente y la lógica de la represión, Freud atraviesa


distintas fases. En este análisis nos basaremos en sus primeros textos, la “Gradiva”
y “Lo siniestro”, en donde el inconsciente se interpreta a través de lo sexual reprimi-
do y el delirio como un desvío que protege al sujeto de la angustia generada por el
deseo. Posteriormente habrá una elaboración más profunda acerca de la relación
del eros con la pulsión de muerte que aquí Freud todavía no había desarrollado.

12 / Kipus ISSN: 1390-0102; e-ISSN: 2600-5751

[Link] 12 29/11/21 12:45


Kipus 50, julio-diciembre 2021

siguen devenir conscientes toda vez que arreglan cuentas con esa censura
de la resistencia mediante unas alteraciones y desfiguraciones” (1907). La
misma lógica onírica que organiza las proyecciones y desplazamientos en
el sueño opera en la construcción de esas fantasías que manifiestan la re-
presión, “por la cual algo anímico se vuelve inasequible y al mismo tiempo
se conserva” (1907) de manera fantasiosa, es decir, a través del disfraz.
Esas deformaciones sirven para descubrir las máscaras mediante las
que el sujeto esconde lo reprimido pero a la vez lo señala. Se trata de sen-
timientos percibidos a través de representaciones que necesitan ser desci-
fradas. En primer lugar, Hanold nombra a la mujer que lo atrae, la ubica
en un escenario y le da una historia. Todo ello apunta hacia el pasado: Gra-
diva, un nombre griego que remite a la antigüedad clásica y un sueño que
la traslada a las ruinas de Pompeya, correlato de su interés en la actividad
que realiza, la arqueología. Hay algo en el cuerpo de Gradiva que lo atrae,
la única parte que deja al descubierto, un mínimo desnudo que muestra la
punta de un pie asomado por debajo de su túnica y que mantiene casi en
el aire para iniciar el andar. A lo largo de la historia, los desplazamientos
se suceden gradualmente desde el sueño, pasando por las fantasías con el
mundo clásico, hasta las alucinaciones que lo persiguen en la vigilia. Así es
como Norbert se encuentra con su Gradiva en las ruinas del templo pom-
peyano, sin reconocer a Zoe, la joven real de sus aflicciones. Esta mujer, a
través del erotismo que despierta, conduce a Norbert hacia la curación y
reordena los elementos de su delirio.
Lo que me interesa de este análisis es aislar las condiciones en que
lo reprimido emerge y diferenciar las representaciones que adopta el de-
lirio para intervenir en lo real. Lo primero, porque lo reprimido como
emergente de lo siniestro permite vincular las apariciones del inconsciente
con la transgresión de barreras que individualmente liberan al sujeto de la
censura de la conciencia, pero que también confrontan las normas socia-
les, políticas y culturales de lo común. En este sentido, el aprendizaje que
realiza el joven, la revelación disruptiva del erotismo reprimido en su in-
consciente es el mismo ejercicio que plantea Rebeca Linke en su transfor-
mación como “mujer sin cabeza” y en su aproximación a los otros, los del
pueblo, esa “pobre gente” atrapada en las convenciones de un “estúpido
juego doméstico” (Somers 2009, 32). Lo segundo, establece la capacidad
inventiva del delirio que, lejos de sumergirse en la locura, se derrama sobre
las verdades adquiridas para destruirlas y reinventarlas. En esta instancia,

ISSN: 1390-0102; e-ISSN: 2600-5751 Kipus / 13

[Link] 13 29/11/21 12:45


Kipus 50, julio-diciembre 2021

Freud es muy claro al establecer que los indicios anímicos que movilizan
el delirio aparecen como representaciones; en tanto imágenes sustituyen
al objeto que reprimen, y en tanto lenguaje, descomponen la relación con
la lógica referencial creando una narración propia que ensambla su delirio
dándole coherencia. El sistema se articula vinculando elementos que fun-
cionan, como la gramática del inconsciente, construyendo su propia vero-
similitud fuera de la lógica racional. En el relato delirante, la arbitrariedad
de la lengua está a disposición del sujeto que se enfrenta a la sociedad en su
propio delirio, al punto de dejar que las fantasías determinen sus acciones.6
Dos instancias marcan la lectura del sistema delirante: por un lado,
saber leer los signos de lo reprimido, ubicándolos en su nuevo sistema de
significación; por otro, entender la narración delirante mediante la cual el su-
jeto “encuentra” sentido para su propia historia. En esta dimensión, la verdad
oculta en las fantasías se revela como un hecho del lenguaje que ha perdido la
rigurosidad de las convenciones. Partimos entonces de la representación pro-
pia de las imágenes para llegar a la representación propia del signo lingüístico.
El sueño condensa gran parte de las imágenes en el delirio de Nor-
bert y también envuelve la primera aparición de la mujer desnuda. Sin
embargo, aquí la fantasía se sostiene porque la mujer, Rebeca Linke, se
presenta en el lecho matrimonial de Nataniel como Eva, la mujer soñada
por Adán, pero también como la posibilidad de abandonar las reglas y de
resistirse a las normas establecidas.

—Ven toca, estoy desnuda. Tomé mi libertad y salí. He dejado los códi-
gos atrás, las zarzas me arañaron por eso. El bosque me lanzó el alien-
to a la cara, la serpiente quiso intentar la sucia historia de la fruta. Eran
las mismas cosas de antes, de cuando yo les pertenecía. (27)

6. Freud no hace explícita la estructura simbólica de las fantasías en torno al lenguaje,


una precisión que más tarde elabora Lacan cuando afirma que lo reprimido es siem-
pre dialectizable y está articulado en lo simbólico de forma tal que retorna cifrado
pero legible (Delgado 2019, 13). En la Gradiva solo se ocupa de mostrar la tensión
entre el modo en que las imágenes ordenan la realidad del sujeto en el delirio, un
modo que siempre tiene que ver con la negociación. “Es que los síntomas del deli-
rio —tanto fantasías como acciones— son el resultado de dos corrientes anímicas,
y en un compromiso se toman en cuenta las demandas de cada una de las otras;
y por lo demás, cada una de ellas ha debido renunciar a un fragmento de lo que
quería conseguir (Freud 1907).

14 / Kipus ISSN: 1390-0102; e-ISSN: 2600-5751

[Link] 14 29/11/21 12:45


Kipus 50, julio-diciembre 2021

Aquí la libertad sexual se inscribe como reescritura del mito que


se atreve a cuestionar la verdad, proponiendo lo incierto y la inquietud
desestabilizadora del deseo. La identidad abierta a lo erótico se diversifica,
busca los sentidos del cuerpo: “Si me aspiraras los cabellos, las axilas, verías
que somos por todas partes dos mujeres” (28), pero también cuerpos de
sentido acordes a esta nueva identidad plural. “Yo quisiera saber cómo soy,
cómo seríamos en ti las mujeres intactas que me habitan... Pero no nece-
sitas comprenderlo, debe ser todo más dulce de ese modo, sin completar
su sentido...” (27).
Esa dimensión irreal se repite en el encuentro con los mellizos que
la perciben desde la lejanía como un espejismo del campo. “Ninguno de
ellos ignoraba, por ejemplo, que jamás había existido árbol ni cosa pare-
cida en cierto lugar, justamente donde acababa de nacer uno. Detuvieron
la marcha para enfocar mejor y echaron de ver que aquello se movía como
si desplazara sus raíces” (37-8). Convertida en árbol, objeto fantasma o
alucinación, la mujer los golpea “martillando el cerebro con su insólito
realismo” (38). A pesar del retraso mental, o quizá por eso, los gemelos
reconocen en ella el cumplimiento de sus fantasías, “Una hembra especta-
cular como aquella, surgiendo de la tierra o del lavabo, o de la ventana de
enfrente, para ofrecerse así como inmolándose, lo que el hambre y la sed
de consumir otro cuerpo es capaz de inventarse (38). Menos el mito que
el eros liberado, la mujer representa una verdad que ahora se escribe en lo
real. La fuerza de las fantasías señala el reconocimiento de lo reprimido, de
ahí que su manifestación todavía conserve la distorsión propia del delirio,
una forma dislocada entre la aparición, el fantasma o el ensueño imposible
de ser concebida desde la razón.7
Por otro lado, la confusión de la mujer con el árbol repite otro sínto-
ma de lo reprimido. Según Freud, la animación de lo inanimado es también
una característica de las fantasías precursoras del delirio. En el relato de
Jensen se da en la revivificación de un bajorrelieve de la antigüedad clásica;
en la novela de Somers se produce con el renacer de Amanda en Rebeca,
esa mujer integrada que se encastra su cabeza y vuelve a andar dejándose
poseer por una nueva identidad, “Un crecimiento interior como el de la

7. En el desarrollo de la trama, esta irrealidad asociada a lo onírico o a la alucinación se


complementa con la necesidad de hallar pruebas empíricas de su existencia. La uña
esmaltada, la manzana podrida, la taza que cae estrepitosamente cuando la esposa
percibe a la intrusa, son marcas de que esa intervención fantástica ha invadido lo real.

ISSN: 1390-0102; e-ISSN: 2600-5751 Kipus / 15

[Link] 15 29/11/21 12:45


Kipus 50, julio-diciembre 2021

primera onda láctea la estaba poseyendo” (20). Esta vuelta a la vida implica
un desdoblamiento que Freud identifica también como parte del delirio.
El tema del doble está fuertemente avalado en la identificación Gradiva/
Zoe y, en gran medida, es marcado como principio conductor del delirio
de Norbert. En el caso de Rebeca/Amanda, el doble se multiplica porque
la identidad cambia al ritmo del deambular de la mujer que persigue a los
habitantes del pueblo con variadas y conflictivas mutaciones. Después de
ser Amanda para sí misma y frente al espejo, se transforma en Eva, Godiva,
Gradiva y Friné, generando en los otros el regreso de lo reprimido. Lo que
hace la energía erótica de la mujer es denunciar la estructura artificial de las
reglas, cuestionarlas y cambiarlas para que otro estado sea posible:

Sentirse hombres distintos, como si por haber emigrado de su piel es-


tuviesen poblando otro ser más recio, menos comprometido. Es de ahí
de donde arranca el verdadero desasosiego, haber perdido el miedo
codificado... Es enorme eso de sentir ahora la sangre que bulle como
único pilar de la fe, que al fin consiste solo en la confianza que los lleva
a autodeterminarse, pero sin convenciones angustiosas. (52)

Lo siniestro es parte de ese “miedo codificado” reconocido a partir


del erotismo que la mujer desentierra y que, al ser reconocido como parte
de lo reprimido, se quiebra.
Hasta aquí tenemos un sistema de signos que sostienen el delirio,
imágenes o fantasías que revelan lo reprimido. Sin embargo, es necesario
hallar el tejido lingüístico a partir del cual esas representaciones “signifi-
can”. Las fantasías distorsionadas en donde emerge lo inconsciente deter-
minan otro vínculo con lo real en el que el sujeto acomoda lo reprimido
dándole un sentido. Por eso, para el caso clínico es importante reconocer
el orden lógico del delirio que no se compara con la realidad, sino que
arma una realidad otra. Hasta que lo reprimido no se vuelva consciente, el
sujeto seguirá en la dimensión de su propio delirio.8 De ahí que la ciencia
busque el emergente y redirija el sentido para que vuelva a su “normali-
dad”. En el caso de Norbert, es la misma Zoe quien desactiva las fanta-

8. Posteriormente Freud hará referencias al modo en que el delirio reconstruye o niega


el vínculo con lo real en la psicosis y la neurosis. En ellas, el delirio es una pieza
sustituta que se coloca donde el yo experimenta una falla con la realidad. El delirio
funciona para enmascarar esa falla fundamental reconstruyendo el universo del su-
jeto (Delgado 2019, 208).

16 / Kipus ISSN: 1390-0102; e-ISSN: 2600-5751

[Link] 16 29/11/21 12:45


Kipus 50, julio-diciembre 2021

sías primarias del joven aceptando, en un principio, la narración delirante


como un juego de reconocimiento. Sin embargo, el efecto de alucinación
se desvanece con la fuerza singular de la palabra. Como en un conjuro, el
lenguaje mismo rompe el hechizo y la fantasía se acomoda a lo real. Zoe
simplemente pronuncia un saludo en alemán, descorriendo el velo de los
desplazamientos. A partir de allí se decodifica el delirio, la identificación
Gradiva/Zoe, el afecto reprimido de la infancia, la pulsión erótica censura-
da en el recuerdo y los traslados de Alemania a Pompeya son nuevamente
ordenados; la curación llega de la mano del eros —del amor de Zoe—,
pero junto con el sentido común de las palabras.
En La mujer desnuda, la pulsión erótica que el mundo censura es
también expresión del libre albedrío que el erotismo potencia. Por esto,
las imágenes del delirio persisten en su lógica y luchan por cambiar el sis-
tema de significación. No solo requieren otro tipo de lenguaje, sino que
plantean, a través de la arbitrariedad lingüística, la falsedad de las verdades
consagradas. En esta negociación se vuelve siempre al conflicto de la enun-
ciación: es la mujer desnuda la que se expresa en otro lenguaje, “Aquel
lenguaje sin traducción era algo que había que respetar aun sin compren-
derlo” (82), frente a la gente del pueblo que al intentar comprenderlo fra-
casa, “siempre sin recobrar nada más que las palabras comunes desgastadas
por el uso” (90) o que tienen que recurrir al lenguaje de la ficción para
articular la fuerza erótica hasta entonces reprimida:

Es claro que todo aquello era un pasaje vedado en materia de palabras.


De obligarla alguien a expresarlo de viva voz, hubiera necesitado un lé-
xico de novela, como el de las que solía frecuentar en su adolescencia,
admirándose entonces de la combinación de mosaicos y vidrios de colo-
res que podían conseguirse en base a los elementos tan simples con que
otros se arreglaban para decir las cosas. Pero terminó, eso sí, formándo-
se una idea de lo esencial, las causas del fenómeno. Y eso, no como cosa
de folletines, precisamente, sino de la verdad que a una le toca vivir de un
momento a otro, y con la que se escribirían relatos extraordinarios. (48)

Para Antonia, las fantasías no se traducen al lenguaje del folletín


porque persisten en lo real. Hay una doble verdad que perdura, la del
erotismo representado en la mujer desnuda y la del libre albedrío que des-
pierta, una agencia que hasta entonces no había podido reconocer como
propia. Por eso, el relato de la mujer ronda los límites del sentido haciendo
que las palabras gastadas pierdan el automatismo que cubre de certeza las

ISSN: 1390-0102; e-ISSN: 2600-5751 Kipus / 17

[Link] 17 29/11/21 12:45


Kipus 50, julio-diciembre 2021

verdades adquiridas. Solo así puede afirmar la verdadera existencia del de-
seo que logrará expresar, a través de metáforas y de figuras bíblicas, cuando
lo recupere por medio de la evocación de sus propias fantasías.
Desde esta perspectiva, la novela no plantea la curación clínica del
delirio, sino todo lo contrario. Aspira a construir otro orden del sentido en
el que las fantasías formen lo real como contracara de las verdades impues-
tas. De ahí que la mujer desnuda como representación de lo prohibido ten-
ga que ser narrada más de una vez. Por esta razón, no alcanzan las pruebas
empíricas de su existencia, la uña esmaltada hallada en las crines del caballo
o la manzana mordida que los niños rescatan y se disputan, sino que la
mujer desnuda existe en los márgenes de una historia. Es en el relato en
donde la verdadera materialidad de las fantasías ocurre. Como los hechos
del lenguaje que según Barthes enmarcan el relato amoroso, las historias
bordean el límite de la significación, tanto en el relato lésbico que Nataniel
exige de su esposa como en la confesión que esta última realiza ante el
cura del pueblo en la que pone de manifiesto la afección sexual reprimida
en su infancia. En estas dos oportunidades se hace evidente la falta de un
significante que exprese lo que estaba reprimido. Como el afecto sexual
que Hanold tenía olvidado, las fantasías primarias de la gente del pueblo
afloran a través de historias imposibles de contar en el lenguaje común. La
primera vez, Nataniel le pide a su esposa que rememore una relación amo-
rosa que ella tuvo en su infancia. El erotismo de la escena se revela como
la imposición de una fantasía lésbica. “Y ahora, tendrás que llamarla —me
dijo de pronto— a tu mejor amiga del colegio, aunque haga años que no
la hayas visto. Todas han tenido una que era la preferida, ¿no es así? La lla-
marás primero por su nombre y luego me dirás cómo era, qué hacía... (58).
Así su esposa se deja conducir por la pulsión erótica que la lleva a realizar
sus propias fantasías, liberándose también de las ataduras morales:

Y yo empecé a llamar, a llamar, siempre con los terribles dedos en el


cuello. Y no sabía ya en qué número de veces iba, cuando el estropajo
se me cayó de las manos y volví a sentir que Claudina no tenía peque-
ños senos como todas las demás, sino un pecho duro como de tablas
bajo la blusa y que su corazón me estaba golpeando como un martillo
envuelto. Él empezó a aflojar los dedos y yo a perderme, a dejar que
la vagabunda desnuda que en ese momento tenía una cara definida
entrase como un fantasma por la ventana a repartir lo nuestro, en las
formas que nunca había conocido, y de las que no me creía capaz. (62)

18 / Kipus ISSN: 1390-0102; e-ISSN: 2600-5751

[Link] 18 29/11/21 12:45


Kipus 50, julio-diciembre 2021

No importa tanto si Claudina existió o si Antonia reprimió su deseo


infantil, sino la ruptura que ese relato desata no solo en el marco de lo que
está permitido hacer, sino también en las posibilidades de expresión. Esas
palabras utilizadas para designar lo común, “la vida a pequeña escala”, que
se comportan siempre de la misma manera “en tanto sirven a la necesidad
de hablar para llamar al pan y al vino por sus nombres” (59), no pueden
volver a ordenar el delirio. Por esta razón, la pulsión erótica que emerge a
través de la mujer desnuda permanece flotando en la inestabilidad de la re-
presentación, tanto como referente —es Eva, Gradiva y Claudina— como
en la imprecisión del lenguaje, “eso que no sé cómo se nombra”, pero se
asocia al placer “porque el cielo se llama cielo, simplemente. Lo otro he-
cho así, no tendrá nombre que uno conozca, pero anticipa el cielo” (63).
Eso que se desconoce es lo que retorna de lo reprimido y vuelve desde el
pasado para quedarse.

LO SINIESTRO DEL SURREALISMO

La obra de Armonía Somers ha sido incluida en los estudios sobre


la vanguardia, especialmente en relación al surrealismo. La mayor parte
de la crítica resalta los elementos que le son propios: la ilusión onírica, la
confusión entre lo real y lo imaginado, la alteración del lenguaje que pri-
vilegia el signo sobre el referente (véase Rodríguez-Villamil 1990). Entre
este repertorio de imágenes se destaca una zona menos celebratoria y más
escabrosa que explora el territorio de la muerte y la destrucción. Las fan-
tasías primitivas centradas esencialmente en la pulsión sexual descubren un
principio que, lejos de producir la liberación esperada, se asocia a la vida
de una manera contradictoria. Esta nueva apreciación bordea otro sentido
de lo reprimido que Freud desarrolla posteriormente en su ensayo sobre
lo siniestro. No se trata únicamente de reconocer cuáles son las formas
en que el inconsciente reprimido sale a la luz, sino de hallar su principio
activo, una fuerza o pulsión que sea la responsable de que esos fenómenos
ocultos se vuelvan siniestros. En la Gradiva hay un esbozo de este motor
que hace posibles las apariciones: una réplica de lo semejante que se repite
en el doble y en la compulsión con la que Norbert enhebra las acciones
de su delirio. Sin embargo, es a partir del relato de Hoffmann, El hombre
de arena, que Freud profundiza en lo siniestro para alcanzar a estructurar

ISSN: 1390-0102; e-ISSN: 2600-5751 Kipus / 19

[Link] 19 29/11/21 12:45


Kipus 50, julio-diciembre 2021

la dinámica del principio del placer y a elaborar su teoría de las pulsiones.


Todo lo relativo al erotismo se expande entonces desde el psicoanálisis
hacia otras prácticas estéticas dentro de las que la experimentación van-
guardista se destaca por su creciente interés en desentrañar la capacidad
disruptiva de la sexualidad.
Desde la crítica literaria, lo siniestro ha sido un concepto signifi-
cativo para explicar la génesis del relato fantástico, pero su productividad
teórica traspasa los límites del género cuando se examina el fuerte vínculo
que lo une a las vanguardias. Hal Foster estudió la relación intrínseca en-
tre el psicoanálisis y el surrealismo que, contemporáneamente, interrogan
los aspectos ocultos de la subjetividad buscando además desnaturalizar las
prácticas que limitan al individuo en su accionar social. De esta manera,
recupera el trabajo surrealista enfocado en la crisis de la representación y
lo rescata como un movimiento importante para pensar la autocrítica de
la vanguardia.9 Lo que distingue al surrealismo y logra condensar su gran
heterogeneidad ideológica es la unión dialéctica que encarna lo siniestro,
aquello que nombra lo extraño familiar y, al mismo tiempo, expone la
relación íntima y contradictoria entre la prohibición y el deseo, entre la
represión y el goce, entre las pulsiones de vida y muerte. Como principio
estructurador de esta vanguardia, lo siniestro condensa la mutua preocu-
pación por “los eventos en los que la materia reprimida regresa de manera
tal que desestabiliza la identidad unitaria, las normas estéticas y el orden
social” (Foster 2008, 18). En este territorio común, lo siniestro permitirá
establecer los efectos que el retorno de lo reprimido tiene tanto en la cons-
trucción de la subjetividad como en la reestructuración de su acontecer
social, pero además servirá para complejizar los modos de apropiación que
el surrealismo implementó sobre la materia inconsciente que recién empe-
zaba a ser teorizada. Me interesa establecer la diferencia en las formas de
interpretar las apariciones del inconsciente porque en ellas radica la ope-
ratividad del regreso de lo reprimido. En principio, para los surrealistas,
el inconsciente funciona como campo magnético en el que la asociación
de ideas permite regresar a un estadio primitivo que evade la censura de la

9. Antes de El retorno de lo real, su clásico libro sobre la teorización vanguardista,


Foster analiza el rol singular del surrealismo en la línea crítica de las vanguardias.
En Belleza compulsiva propone que lo siniestro es el principio estructurador de este
movimiento que se caracterizó por tratar de cohesionar las tensiones internas que
orientan la conservación de la vida y la tendencia destructiva de la muerte.

20 / Kipus ISSN: 1390-0102; e-ISSN: 2600-5751

[Link] 20 29/11/21 12:45


Kipus 50, julio-diciembre 2021

razón. Recuperar la inocencia del niño o de las culturas primitivas implica


recobrar un vínculo diferente con la sexualidad. Por esta razón, la pulsión
erótica que salta a la vista en las obras surrealistas no es una mera ocu-
rrencia presente contra la moral conservadora, sino una investigación de
la subjetividad que explora el inconsciente a partir de las fantasías primor-
diales de una etapa originaria o previa. En esta instancia, lo siniestro como
manifestación de un objeto extraño en el que se reconoce algo familiar
adquiere relevancia, menos por la deformación de lo conocido que por el
reconocimiento de la fantasía primitiva que aparece. Lo que importa no es
lo que regresa sino desde dónde, de qué manera el erotismo retorna para
cumplir el deseo o cuestionar el orden establecido en un tiempo presente
pero que se remonta al pasado conocido aunque distorsionado.
Algo de estas representaciones hemos examinado como parte de las
fantasías precursoras del delirio desarrolladas en la Gradiva, pero si reto-
mamos estas apariciones desde lo siniestro podremos distinguir cuál es el
vínculo estrecho entre lo reprimido y la sexualidad. En su famoso estudio,
Freud recurre a la etimología para explorar los alcances del término. Pero
se detiene particularmente en aquellos significados que relacionan lo un-
canny con las fantasías primordiales fundadas en la infancia, ellas mismas
producto de una experiencia siniestra en torno a lo sexual. El miedo a la
castración, el complejo de Edipo, la añoranza de la vida intrauterina, el
trauma de presenciar o intuir la relación sexual entre los padres, todas estas
fantasías primarias proceden y se construyen en la infancia. De ahí que no
siempre se pueda diferenciar entre el estado infantil y el primitivo:

Lo siniestro en las vivencias se da cuando complejos infantiles reprimi-


dos son reanimados por una impresión exterior o cuando convicciones
primitivas superadas parecen hallar una nueva confirmación [...] ambas
formas de lo siniestro aquí discernidas no siempre se presentan se-
paradas en las vivencias. Si se tiene en cuenta que las convicciones
primitivas están íntimamente vinculadas a los complejos infantiles y que
en realidad arraigan en ellos, no causará gran asombro ver cómo se
confunden sus límites. (Freud 1919)

Por otro lado, el oxímoron implicado en lo siniestro tiene además


una ubicación en el cuerpo. Entre los ambiguos significados de la palabra,
Freud se detiene particularmente en uno que hace referencia a las fantasías
primarias construidas en torno a los órganos sexuales de la mujer. Allí, lo

ISSN: 1390-0102; e-ISSN: 2600-5751 Kipus / 21

[Link] 21 29/11/21 12:45


Kipus 50, julio-diciembre 2021

siniestro se localiza en el lugar deseado y perdido del útero materno. Así


lo señala Foster desde el mismo texto de Freud:

Este lugar unheimlich [siniestro], sin embargo, es la entrada del heim


[hogar] previo de todo ser humano, del lugar en el que todos moraron
había una vez y en el comienzo. Hay una expresión graciosa: “El amor
es añorar el hogar”; y cuando un hombre sueña con el lugar o un país
y aún en el sueño se dice a sí mismo, “este lugar me es familiar, ya es-
tuve aquí”, podemos interpretar el lugar como el cuerpo o los órganos
genitales de su madre. También en este caso, lo unheimlich es lo que
alguna vez fue heimlich, hogareño, familiar; el prefijo “un-” es el indicio
de la represión. (Foster 2008, 39)

El sueño proyecta lo siniestro en el hogar y, mediante una regresión


en el tiempo, eso que era familiar aparece en el pasado y en el terreno de
la añoranza. Se plantea entonces una coordenada temporal, la tendencia a
regresar a un estadio previo marcado por la represión y lo siniestro.
Esta fantasía en torno a la vida intrauterina está presente también en
la novela de Somers: Rebeca Linke, a punto de cumplir sus treinta años,
baja del tren en el que algunas percepciones ya han sido distorsionadas
por el registro onírico, atraviesa un “paisaje fabuloso” que contiene un
bosque cetáceo y un río zigzagueante, para llegar a su casa de campo a
la que podríamos llamar hogar. “Y fue así como entró en esa casa aquella
noche, completamente despojada de todo vínculo anterior, y casi con la
sensación de un regreso a la matriz primitiva, desde donde se podría vol-
ver alguna vez, pero ya con infinitas precauciones” (Somers 2009, 17; én-
fasis añadido). Aquí se narra la desnudez de la mujer que, en la intimidad
del cuarto, se despoja de su abrigo para mostrar que ha viajado como ha
llegado al mundo, “despojada de todo vínculo anterior” y con la añoranza
del útero materno, “un regreso a la matriz primitiva” que es órgano de
reproducción pero también germen de los múltiples avatares en los que el
ser se construye y deviene. Una matriz que es el hogar añorado al que se
puede siempre regresar —la posibilidad de un nuevo renacer— pero con la
certeza de que lo conocido se encuentra también alterado y, por lo tanto,
susceptible de ser modificado.
Este retorno al útero materno impulsa la transformación genérica
que se inicia aun antes de la decapitación surrealista de la mujer. La pér-
dida de la cabeza completa, la metáfora del terreno inquietante en el que

22 / Kipus ISSN: 1390-0102; e-ISSN: 2600-5751

[Link] 22 29/11/21 12:45


Kipus 50, julio-diciembre 2021

se adentrará la protagonista. Preparada de ese modo, Rebeca se lanza a


reconocer la experiencia interior de lo siniestro:

Y fue en aquel instante en la pradera que comenzó la noche de la mujer,


su primera noche poseída. Rebeca Linke sufrió un repentino vértigo.
Quiso dominarlo aferrándose a algo. No había nada próximo. Las es-
trellas amontonadas cual si se soldasen por las puntas, brillaban de-
masiado lejos. Pero aún en la humillación de tal estado, no alcanzó a
abandonarla su asombro. Aquello ilimitado, lleno de posibilidades para
el albedrío, mucho más libre que las dudosas cosas del cielo, era la
noche propia. (22; énfasis añadido)

Esta escena relata un comienzo en el que la mujer se acerca a las


cosas conocidas como si fuera la primera vez, distorsionadas por ese ex-
trañamiento que también produce lo siniestro en la representación de lo
cotidiano. La noche, registro del gótico, escenario inconsciente del surrea-
lismo, es más un estado que una ocurrencia del tiempo. Una emoción psí-
quica predestinada a percibir lo reprimido que, en ese preciso momento,
se entrega a la libido en el descubrimiento de su propio cuerpo:

Sin embargo, esta vez le pareció encontrar algo que jamás había sospe-
chado llevar consigo en sus propias manos. Luego las bajó, se acarició
a sí misma el flanco. A medida que caminaba iba sintiendo el mecanismo
del hueso oculto, algo tan recio y cubierto en forma tan sencilla. Eran, en
suma, experiencias de inventario minúsculo, pero capaces de sustituir el
viejo miedo por un desacatamiento absoluto de sus riesgos. (22-3)

Reencontrarse con ese estado previo, anterior a la conciencia, “des-


pués de una inmensidad de olvido” (24), es también aparecer desnuda; re-
conocer un cuerpo capaz de contener las fantasías primordiales que activan
el impulso sexual no solo para transformar la subjetividad, sino para atacar
el entramado social al que esta se somete. Con la liviandad de su cuerpo
libre, la mujer está lista para enfrentar su propia noche acechando, como
los fantasmas, la calma gastada de los moradores del pueblo.

EL PLACER QUE SE REPITE

Descifrar el enigma de la sexualidad, que en la Gradiva sirvió para re-


ordenar el delirio de Norbert y en El hombre de arena para registrar el miedo

ISSN: 1390-0102; e-ISSN: 2600-5751 Kipus / 23

[Link] 23 29/11/21 12:45


Kipus 50, julio-diciembre 2021

a la castración cifrado en la ceguera, es un primer paso en la identificación


de lo siniestro. Sin embargo, Freud busca determinar cuál es el principio
activo que rige la aparición de esos fenómenos extrañados y demonizados
por la represión. Pensando en la réplica del doble y en el automatismo de las
imágenes inconscientes, ese motor aparece en la lógica de la repetición. Es
en la reiteración de lo semejante en donde reside lo siniestro, una lógica que
repite el mismo vacío de la representación y que reproduce la angustia del
trauma. Desde esta perspectiva, lo que produce la sensación de lo siniestro
no está en el hecho reprimido que se manifiesta sino en su insistencia:

Me limito, pues, a señalar que la actividad psíquica inconsciente está


dominada por un automatismo o impulso de repetición compulsiva,
inherente, con toda probabilidad, a la esencia misma de los instintos,
provisto de poderío suficiente para sobreponerse al principio del placer,
un impulso que confiere a ciertas manifestaciones de la vida psíquica
un carácter demoníaco, que aun se manifiesta con gran nitidez en las
tendencias del niño pequeño y que domina parte del curso que sigue el
psicoanálisis del neurótico. Todas nuestras consideraciones preceden-
tes nos disponen para aceptar que se sentirá como siniestro cuanto sea
susceptible de evocar este impulso de repetición interior. (Freud 1919)

Bajo la repetición involuntaria o compulsiva, lo semejante regresa


como algo siniestro, evidenciando el trauma, ya que lo que regresa vuelve
desfamiliarizado y vacío del sentido primitivo.10 Esa ausencia confronta al
sujeto con la pérdida que en última instancia acontece con la muerte.
En la novela, las apariciones de la mujer replican el automatismo con el
que las fantasías se repiten compulsivamente. La primera vez, ante Nataniel,
y después; en el campo ante los mellizos, como lady Godiva ante el caballo,
en las historias inventadas por los niños alrededor de la manzana mordida,
ante el cura en forma de alucinación multiplicada y hacia el final con Juan
entregándose a Friné; estas mujeres afrontan la repetición para descomponer
el mito. En cierto sentido, el automatismo denuncia la naturalización de las
certezas y la inútil legitimidad de los actos basados en imposiciones cultura-
les. La mujer elige el libre albedrío, aunque este le suponga la marginalidad

10. Aquí Freud centra sus observaciones en el juego de los niños que repiten esque-
mas mecánicamente para sustituir la ausencia de la madre y en los soldados que al
regresar de la guerra repiten su entrenamiento ahora inútil para manejar el trauma.
En ambos, el sentido se pierde y solo queda la repetición de formas en el vacío.

24 / Kipus ISSN: 1390-0102; e-ISSN: 2600-5751

[Link] 24 29/11/21 12:45


Kipus 50, julio-diciembre 2021

o la locura. En este sentido, sus apariciones reproducen la diversidad sexual


de todas las mujeres que encarna. Por eso, esta repetición, que solo es invo-
luntaria y compulsiva para los habitantes del pueblo, se resiste a copiar la del
mito buscando una reacción inversa. No se trata de adormecer la conciencia
a través de hábitos adquiridos, sino de destruirlos negándose a reconocer en
ellos una única verdad y una única manera de contarla:

Por obra y gracia del nuevo programa, nada podría inquietarla ya, ni si-
quiera la serpiente del mito, vieja y a no dudar sin colmillos, aunque con
las pretensiones de renovar la intriga. No querría siendo la poseedora
de su propia noche, encontrarse en historias vividas después de tanto
tiempo, y menos a sabiendas del final, el desgraciado capítulo moder-
no. (Somers 2009, 24)

La ventaja de “devanar un historial de absurdos” (24) consiste en


no volver a armar ninguna historia; “sin atar cabos” (25), el sentido per-
manece como potencia, no cristaliza en la unicidad del referente, por lo
tanto, queda desligado de la interpretación unívoca con la que se contro-
lan las conductas y se dictan las leyes comunitarias:

Desde que no tenía conciencia de molde convencional, no se encena-


gaba. Qué invento inútil la conciencia, pensó. Hubiera podido darle otras
bases a esa creación terrible fundándose en sus actuales datos. Mas
para ello iba a ser preciso teorizar, reducir el estado personal a normas
compartidas o rechazadas, pero siempre reglas a transferirse para el uso
del término medio. Y empezarían de nuevo el falseamiento, la angustia
de convencer, aquel estúpido juego doméstico de la pobre gente. (32)

Si se quiere, el nuevo estado que libera lo reprimido debería ex-


presarse en otro tipo de lenguaje, quizá menos anclado al afuera y más
articulado a lo simbólico, una gramática propia que desmienta lo real en el
discurso multifacético del delirio. Un lenguaje que solo hace sentido para
el que lo crea y descubre. Un lenguaje que destruye las reglas y persiste en
su singularidad. “A sus espaldas, pensó mientras continuaba avanzando,
las cosas deberían insistir en sus esquemas, repitiéndose hasta gastarse,
pero sin que se intentaran nuevas fórmulas para sustituirlas” (34). Este va-
cío productivo y significante de la mujer esquiva el desgaste de las palabras
comunes donde “las cosas y las imágenes parecían reivindicar por la fuerza
de la costumbre su derecho al sitio normal” (21).

ISSN: 1390-0102; e-ISSN: 2600-5751 Kipus / 25

[Link] 25 29/11/21 12:45


Kipus 50, julio-diciembre 2021

Por otro lado, detrás de la visión freudiana del automatismo está


la doble articulación con lo siniestro. En primera instancia, el autómata
recuerda el vínculo mecánico con lo inerte; pero, además, esa repetición
compulsiva que esconde lo inconsciente confronta al sujeto con la pérdida
y la muerte. Contrariamente a la voluntad liberadora que el surrealismo
quiso ver en la escritura automática, esta compulsión a la repetición se liga
más a la destrucción que a la coherencia. Por eso, la práctica automática:

Dejó al descubierto un mecanismo compulsivo que amenazó al sujeto


literalmente con la desagregation (desagregación), y al hacerlo, señaló
un inconsciente muy diferente al que proyectaba el surrealismo bretonia-
no, un inconsciente que nada tenía de unidad o liberación, sino que era
primordialmente conflictivo e instintivamente repetitivo. (Foster 2008, 34)

Esta interpretación señala dos posiciones contrarias en la actitud


que las vanguardias tuvieron con respecto al automatismo. De la libre
asociación que el surrealismo pondera como reunión de opuestos y ena-
jenación de la razón, a la automatización de la percepción denunciada y
combatida por el formalismo ruso, La mujer desnuda se ubica del lado de
la singularización. Más que la liberación de las fuerzas del inconsciente, la
mecánica de la repetición obtura la singularidad de lo percibido. De ahí
que el automatismo de La mujer desnuda se incline por mostrar lo que hay
de extrañamiento en esas fantasías. Por un lado, se desautomatiza la per-
cepción de la sexualidad mediante el extrañamiento con que se enmascara
lo reprimido; por otro, se rompe la unívoca interpretación del mito que
asume su propia esencia ficcional y por ende su falsa verdad.
Pero lo que sí toma del automatismo “siniestro” practicado por al-
gunos surrealistas es su vínculo con la muerte porque esa repetición intuye
su regreso. En esta instancia Freud reelabora su teoría de las pulsiones
incorporando la pulsión de muerte como parte inherente a la pulsión de
vida, “un deseo intrínseco de la vida orgánica de restaurar el estado an-
terior de las cosas”, y como lo inorgánico precede a lo orgánico, arriba a
una idea menos trágica del destino, “la finalidad de toda vida es la muerte”
(43). Este final de lo orgánico plantea un sentido circular para la vida que
no se proyecta hacia adelante sino que vuelve al punto de inicio, donde la
espera el sentimiento uncanny de reconocerse en la muerte.11

11. La idea de la muerte como algo previo a la vida también está implícita en la teoría

26 / Kipus ISSN: 1390-0102; e-ISSN: 2600-5751

[Link] 26 29/11/21 12:45


Kipus 50, julio-diciembre 2021

Esta idea de la muerte como anterior a la vida plantea además una


dimensión distinta para la sexualidad. La pulsión erótica entendida desde
lo siniestro puede apoyar la compensación del sujeto ante la pérdida o el
trauma, o a la inversa, mediante la compulsión puede motivar la disfun-
ción y la muerte. Esta contradicción interna complejiza la percepción del
erotismo aun en las vanguardias, ya que, oculta tras la exposición de una
sexualidad más liberada se halla la oscuridad de la destrucción. Lo siniestro
acecha en el fondo celebratorio del principio del placer preanunciando ese
más allá que señala a la muerte. Para el surrealismo que digiere esta parte
de la explicación psicoanalítica, la teoría de las pulsiones funciona como
emergente de la compleja ubicación que tiene lo inconsciente dentro de
la buscada exploración de la subjetividad. Introducirse en la lógica opo-
sicional del eros y el thanatos implica reconocer la estrecha relación que
existe entre la vida y la destrucción.12 La parte más abyecta y siniestra del
surrealismo exhibe ese reconocimiento: que lo sexual expande la vida úni-
camente al hermanarse con la muerte.
Esta idea está presente también en La mujer desnuda. Cada apari-
ción muestra las fantasías primitivas de un eros que supone la muerte. Por
eso, Eva, Friné o Gradiva no son solo un empoderamiento de la subjeti-
vidad o una amenaza contra los hábitos adquiridos, sino un emisario que
anticipa la destrucción; un regreso liberador hacia la niñez y lo primitivo,
pero que tiene como meta final el retorno de la vida a lo inerte. Sucede
con la inmolación del cura que se arroja al fuego luego de haber recupera-
do la sensibilidad artística y lo sensual que en él despierta la mujer; sucede
con Juan, quien es sacrificado por la turba después de entregarse a eso

del erotismo de Georges Bataille, quien considera que: “Somos seres discontinuos,
individuos que mueren aisladamente en una aventura ininteligible; pero nos queda
la nostalgia de la continuidad perdida” (2007, 19). Sin embargo, para este autor, el
sexo no se une a la vida por inclinación a la reproducción o a la conservación sino
que, por el contrario, se vincula a la muerte en el gasto donde se extenúa el goce.
Lejos de Freud pero también de Breton y otros surrealistas que le adjudican un
lugar siniestro, la muerte es “felizmente” parte de la vida y se encuentra imbricada
en cada acto sexual.
12. Esta idea no necesariamente debe ser negativa. Bataille propone que mediante el
ejercicio de la sexualidad el sujeto llega al límite de su ser, donde se desintegra en el
otro y reconoce su propio vacío. En este sentido, el erotismo prepara al sujeto para
llegar a una muerte “contenta” porque la contiene dentro de sí, ya que la experiencia
sexual acepta la prohibición y la transgrede, pero al mismo tiempo accede al ser
soberano solo a partir de aceptar su disolución.

ISSN: 1390-0102; e-ISSN: 2600-5751 Kipus / 27

[Link] 27 29/11/21 12:45


Kipus 50, julio-diciembre 2021

reprimido que fue en él la mujer desnuda; y sucede con Ofelia, la última


encarnación de lo femenino, cuerpo desnudo que recibe el río, “no como
acabando de descubrirla sino como quien en realidad sabe que ha llegado
el momento de algo, algo que no puede ocurrir sino en su minuto prese-
ñalado (Somers 2009, 122). Hacia el final, las fantasías disfrazan el regreso
de la vida a la muerte y, en este acontecer, también la novela revela su cos-
tado surrealista. No se trata de una mera exhibición de recursos oníricos o
de juegos lingüísticos, sino de un salto que supera la angustia; la capacidad
de mirar hacia el abismo para descubrir que, eso siniestro o abyecto que
producía temor está dentro de uno mismo y nos convoca. h

Lista de referencias

Bataille, Georges. 2007. El erotismo. Barcelona: Tusquet Editores.


Delgado, Gonzalo. 2019. “Estructura psicótica y escala del delirio en Freud, Lacan
y Maleval”. Montevideo: Universidad de la República Uruguay. [Link]
[Link]/sites/default/files/Trabajos%20finales/%20Archivos/tfg_gon-
zalo_delgado_estructura_psicotica_y_escala_del_delirio.pdf.
Femenías, María Luisa. 2002-2003. “Armonía Somers: la difícil andadura de una
obra”. Orbis Tertius. 2008-2009, n.º 8-9: 1-16. [Link]
[Link]/.
Foster, Hal. 2008. Belleza compulsiva. Traducido por Tamara Stuby. Buenos Aires:
Adriana Hidalgo.
Freud, Sigmund. 1907. “El delirio y los sueños en la Gradiva de Jensen”.
En Obras completas. Vol. 9. [Link]
le/536244/5055-Eldelirio...[Link].
___. 1919. “Lo siniestro”. En Obras completas, CIX. [Link]
coeduc/chasqueweb/psicanalise/[Link].
Plotkin, Mariano. 2003. Freud en las Pampas. Orígenes y desarrollo de una cultura
psicoanalítica en Argentina (1910-1983). Traducido por Marcela Borinsky.
Buenos Aires: Sudamericana.
Rama, Ángel. 1966. Aquí, cien años de raros. Prólogo y selección de Ángel Rama.
Montevideo: Arca.
Rodríguez-Villamil, Ana María. 1990. Elementos fantásticos en la narrativa de Ar-
monía Somers. Montevideo: Ediciones Banda Oriental.
Somers, Armonía. 2009. La mujer desnuda. Buenos Aires: El Cuenco de Plata.

28 / Kipus ISSN: 1390-0102; e-ISSN: 2600-5751

[Link] 28 29/11/21 12:45

También podría gustarte