Para otros usos de este término, véase Leyenda (desambiguación).
Pintura del rey Arturo por Charles Ernest Butler; su figura es central en el ciclo de leyendas denominado Materia de
Bretaña.[1]
La leyenda es una narración sobre hechos sobrenaturales y naturales o una mezcla de ambos que se transmite de
generación en generación, de forma oral o escrita.
Se ubica en un tiempo y lugar similar al de los miembros de una comunidad, lo que aporta cierta verosimilitud al
relato. Pueden presentarse elementos sobrenaturales como milagros, criaturas feéricas o de ultratumba etc. Y estos
sucesos se presentan como reales y forman parte de la visión del mundo propia de la comunidad en la que se
origina.
En su proceso de transmisión a través de la tradición oral, las leyendas experimentan a menudo supresiones,
añadiduras o modificaciones culturales que originan todo un mundo de variantes. Una de las más comunes es la
"cristianización" de leyendas paganas, o su adaptación a la visión infantil, degradándose a ser simple folclore pero
gracias a ello perdurando, aunque de una forma desfigurada, ya que el cambio de los tiempos ha reducido a este
ámbito las antiguas cosmovisiones, creencias y costumbres.
Concepto
Los hermanos Grimm definieron la leyenda como un relato folclórico con bases históricas.[2] Una definición
profesional moderna ha sido propuesta por el folclorista Timothy R. Tangherlini en 1990 a finales del siglo XX:[3]
Típicamente, la leyenda es una narración tradicional corta que consta de un solo episodio, altamente
ecotipificada,[4] realizada de modo conversacional, que refleja una representación psicológica simbólica de la
creencia popular y de las experiencias colectivas y que sirve de reafirmación de los valores comúnmente
aceptados por el grupo a cuya tradición pertenece.
Contrariamente al mito, que se ocupa de dioses,[5] la leyenda se ocupa de hombres que representan arquetipos
(tipos humanos característicos), como el del héroe o el anciano sabio, como se aprecia por las leyendas heroicas
griegas y en las artúricas.[6]
Etimología e historia
Los gigantes Mata y Grifone, que se celebran en las calles de Messina la segunda semana de agosto, según la
leyenda, son los fundadores de la ciudad siciliana.
Gracias a la Leyenda dorada se difundieron ciertos episodios hagiográficos que tuvieron gran éxito iconográfico,
como el de la lucha de San Jorge contra el dragón.
La palabra leyenda proviene del verbo latino legere, cuyo significado variaba entre escoger (acepción de la que
proviene elegir) y leer.[7] En el latín medieval, se usó el gerundivo de este verbo, legenda, con el significado de
(algo) para ser leído cuando el término se aplicaba, sobre todo en el catolicismo, a las hagiografías o biografías de
los santos.[8] Por ejemplo, Santiago de la Vorágine compuso su Legenda aurea como un santoral con la vida y
milagros de unos 180 mártires y santos, aunque con tan poca precisión histórica y filológica y con unas etimologías
tan fantásticas que poco a poco fue perdiendo crédito, salvo entre pintores e ilustradores fascinados por su
imaginación, que estimuló la iconografía. Él se fundaba en los evangelios canónicos, los apócrifos y en escritos de
Agustín de Hipona y Gregorio de Tours, entre otros.[9]
Con la llegada de la Reforma Protestante del siglo XVI el término leyenda cobró un nuevo carácter de narración no
histórica. Los protestantes ingleses presentan una nota de contraste entre los santos y mártires "reales" de la
reforma, cuyos relatos "auténticos" figuraban en El libro de los mártires de John Foxe, frente a los fantasiosos
relatos de la hagiografía católica.[10] De esta forma, la leyenda gana su connotación moderna de narración
indocumentada y espuria. Y así es muy probable que, en lengua española, la moderna concepción de leyenda y de
lo legendario haya sido tomada de estos modelos ingleses, especialmente desde 1850.[11]
El término acaba englobando también a producciones literarias cultas del romanticismo que, aunque se inspiran
en tradiciones populares o en motivos característicos de éstas, no son relatos tradicionales. Varios autores de este
período escribieron leyendas literarias de este tipo tanto en prosa como en verso. Los más celebrados fueron el
duque de Rivas, José Zorrilla, Gustavo Adolfo Bécquer y José Joaquín de Mora.