Solución de las dificultades de los
antiguos
“Que sólo de esta manera se pueden resolver las dificultades de los
antiguos, lo vamos a mostrar ahora. Los que primero filosofaron al
indagar sobre la verdad y la naturaleza de las cosas se extraviaron,
como empujados hacia un camino equivocado por inexperiencia, y
dijeron que ninguna cosa puede generarse o destruirse, pues lo
generado tendría que llegar a ser o del ser o del no-ser, pero ambas
alternativas son imposibles; porque de lo que es no puede llegar a
ser, puesto que ya es, y de lo que no es nada puede llegar a ser,
puesto que tendría que haber algo subyacente. Y así, extremando las
consecuencias inmediatas, llegaron a afirmar que no existe la
multiplicidad, sino sólo el Ser mismo. Tal fue la opinión que adoptaron
por las razones expuestas. Nosotros, por el contrario, decimos que
“llegar a ser de lo que es o de lo que no es” o “lo que no es o lo que
es ejerce o experimenta alguna acción, o llega a ser algo particular”
en nada se diferencia del médico que ejerce o experimenta alguna
acción, o de algo que llega a ser por obra del médico. Porque, así
como estas expresiones tienen un doble sentido, es claro que cuando
se dice “de lo que es” o “lo que es ejerce o experimenta alguna
acción” también tienen doble sentido. Así, un médico construye una
casa, no en cuanto médico, sino en tanto que constructor, y llega a
ser canoso no en cuanto médico, sino en tanto que tenía pelo negro;
pero en cuanto médico, cura o pierde la capacidad de curar. Y puesto
que hablamos con toda propiedad cuando decimos que el médico
ejerce o experimenta algo, o que por obra del médico algo llega a ser,
sólo si en tanto que médico actúa o experimenta o llega a ser algo, es
claro que decir “algo llega a ser de lo que no es” significa “de lo que
no es en tanto que no es”. Pero ellos, al no hacer estas distinciones,
se extraviaron y de este error pasaron a otro mayor: pensaron que
ninguna cosa llega a ser o es de otras, y suprimieron así toda
generación. También nosotros afirmamos que, en sentido absoluto,
nada llega a ser de lo que no es, pero que de algún modo hay un
llegar a ser de lo que no es, a saber, por accidente; pues una cosa
llega a ser de la privación, que es de suyo un no-ser, no de un
constitutivo suyo. Pero esto produce estupor y parece imposible que
algo llegue a ser así, de lo que no es. Y de la misma manera
afirmamos que nada llega a ser de lo que es, y que lo que es no llega
a ser, salvo por accidente. Así esto también puede suceder: que el
animal llegue a ser del animal, y un animal particular de un animal
particular, como un perro de un caballo. Porque el perro llegaría a ser
no sólo de un animal particular, sino también del animal, aunque no
en tanto que animal, pues esto ya le pertenecía. Pero si algo llegase a
ser un animal y no sentido accidental, no sería entonces de un
animal, y si fuese un ente, no sería del ente, ni tampoco del no ente;
porque ya hemos dicho que “de lo que no es” significa “de lo que no
es en tanto que no es”. Con esto no negamos que “toda cosa es o no
es”. Esta es, pues, una manera de resolver la dificultad. Pero hay
otra, ya que podemos hablar de una misma cosa con respecto a su
potencialidad y con respecto a su actualidad; esto se ha determinado
con más precisión en otro lugar. Así, según se ha dicho, se resuelven
las dificultades que les forzaron a hacer las supresiones de que
hemos hablado; pues fue por ellas por las que los antiguos se
apartaron del camino de la generación, la destrucción y el cambio en
general. Les habría bastado con mirar esta naturaleza para que se
disipase toda su ignorancia”. (Aristóteles, Física I, 8, 91a-91b).
- “(1) Acto es, pues, que la cosa exista, pero no como decimos que
existe en potencia. Decimos que existe en potencia, por ejemplo, el
Hermes en la madera y la semirrecta en la recta entera, ya que
podría ser extraída de ella, y el que sabe, pero no está ejercitando su
saber, sí es capaz de ejercitarlo. Lo otro, por su parte, (decimos que
está) en acto. Lo que queremos decir queda aclarado por medio de la
inducción a partir de los casos particulares, y no es preciso buscar
una definición de todo, sino que, a veces, basta con captar la analogía
en su conjunto: que en la relación en que se halla el que edifica
respecto del que puede edificar se halla también el que está
despierto respecto del que está dormido, y el que está viendo
respecto del que tiene los ojos cerrados, pero tiene vista, y lo ya
separado de la materia respecto de la materia, y lo ya elaborado
respecto de lo que está aún sin elaborar. Quede el acto separado del
lado de uno de los miembros de esta distinción y lo posible o capaz,
del otro […]. (2) Puesto que ninguna de las acciones que tienen
término constituye el fin, sino algo relativo al fin, como del adelgazar
lo es la delgadez y el sujeto, mientras está adelgazando, está en
movimiento en cuanto que aún no se da aquello para lo cual es el
movimiento, ninguna de ellas es propiamente acción o, al menos, no
es acción perfecta (ya que no es el fin). En ésta, por el contrario, se
da el fin y la acción. Así, por ejemplo, uno sigue viendo (cuando ya ha
visto) y medita (cuando ya ha meditado) y piensa cuando ya ha
pensado, pero no sigue aprendiendo cuando ya ha aprendido, no
sigue sanando cuando ya ha sanado. Uno sigue viviendo bien cuando
ya ha vivido bien, y sigue sintiéndose feliz cuando ya se ha sentido
feliz. Si no, deberían cesar en un momento determinado, como
cuando uno adelgaza. Pero no es éste el caso, sino que se vive y se
ha vivido. Pues bien, de ellos los unos han de denominarse
movimientos y los otros, actos. Y es que todo movimiento es
imperfecto: adelgazar, aprender, ir a un sitio, edificar. Éstos son
movimientos y, ciertamente, imperfectos. En efecto, no se va a un
sitio cuando ya se ha ido a él, ni se edifica cuando ya se ha edificado,
ni se llega a ser algo cuando ya se ha llegado a ser o está uno en
movimiento cuando ya se ha movido, sino que son cosas distintas, y
también lo son mover y haber movido. Por el contrario, uno mismo ha
visto y sigue viendo, piensa y ha pensado. A esto lo llamo yo acto, y a
lo otro, movimiento. A partir de estas y otras consideraciones
semejantes, quédanos aclarado qué es y qué características tiene lo
que es en acto”. (Aristóteles, Metafísica IX, 3, 1048b).