Patricia García Menéndez Unidad 4
UNIDAD 4
PRINCIPALES TEORÍAS ÉTICAS Y FUNDAMENTOS FILOSÓFICOS
DEL ESTADO
"Idiota: del griego idiotés, utilizado para referirse a quien no se metía en política,
preocupado tan sólo en lo suyo, incapaz de ofrecer nada a los demás". Fernando
Savater.
1ª PARTE: ÉTICA
1. Introducción.
Los animales no racionales están en gran medida “programados”
para responder de una determinada manera ante los estímulos que les
llegan del medio ambiente y ajustarse a él. Sin embargo, el ser humano
posee una característica que lo separa radicalmente del resto de animales:
la libertad, la capacidad de romper en cada momento con la cadena
estímulo-respuesta, e introducir diversas posibilidades de acción. Esta
libertad es la que hace al hombre responsable de sus actos: nos obliga a
elegir y luego a justificar nuestras elecciones.
En este contexto, se nos plantea una de las grandes preguntas de la
filosofía: ¿Cómo debo comportarme? ¿Qué es lo correcto? Más
concretamente, estaríamos en el ámbito de la ética.
¿Es lo mismo ética y moral? En la práctica, utilizamos los términos
“moral” y “ética” de forma casi sinónima. Pero el lenguaje filosófico suele
distinguir entre estos dos términos, de la siguiente manera:
Moral: constituye el conjunto de normas, creencias y prácticas
asociadas a esas normas que un grupo social tiene en común.
Ética: es la reflexión filosófica, abstracta, sobre la moral, que trata de
aclarar y dar las razones de vigencia de la moral.
Por tanto, la ética es una reflexión sobre la moral. Se cuestiona qué
es la moral, en qué consiste y, sobre todo, por qué debemos ser morales.
Esta última cuestión es lo que se conoce como el problema de la
fundamentación de la moral. Fundamentar significa mostrar las razones que
hacen que algo sea coherente, razonable y no arbitrario. Por ejemplo ¿por
qué haces deporte? Por ocio, salud, dinero, estética... Del mismo modo,
1
Patricia García Menéndez Unidad 4
podemos preguntarnos por las razones para ser morales. En este sentido,
uno de los interrogantes centrales de la ética es el que tiene que ver con la
fundamentación de la moral. Es decir, con la respuesta a la pregunta ¿POR
QUÉ DEBO SER MORAL? ¿POR QUÉ DEBO ACEPTAR LOS PRINCIPIOS Y
NORMAS QUE ESTABLECE LA MORALIDAD? La reflexión ética nos ayuda a
comprender estas cuestiones, a buscar razones para actuar o pensar de
determinada manera y para justificar nuestras acciones y pensamientos.
2. Teorías éticas.
El filósofo Immanuel Kant, describió dos tipos de teorías éticas. Como
buen filósofo, antes de realizar su propia propuesta ética estudió las teorías
precedentes. Y se dio cuenta de que todas ellas tenían algo en común. En
todos los casos, establecían que la vida humana tenía una finalidad. Para
algunos, ésta era lograr más perfección. Para otras, adecuarnos a la
voluntad de Dios. Para la mayoría, sin embargo, era alcanzar la felicidad. Si
los seres humanos tenemos como finalidad en esta vida ser felices, la ética,
trata de ayudarnos a lograrla, indicándonos qué reglas o normas
deberíamos seguir para ello. Kant llamó “éticas materiales” a estas teorías,
porque se establecen en torno a una materia, a un fin que guía nuestro
comportamiento y establecen las pautas para alcanzarlo.
Las primeras teorías que vamos a ver, son materiales. Pero Kant
pensaba que la ética no debía regirse por una finalidad concreta; nos tiene
que indicar cuál es nuestro deber. Y éste no debemos cumplirlo porque nos
conduce a algún fin concreto, como la felicidad. El deber es bueno por sí
mismo. Cuando lleguemos a Kant, ya explicaremos esto con más
detenimiento. De momento, nos basta con saber que definió a su ética
como una “ética formal”.
3. Aristóteles.
Aristóteles fue un filósofo griego que vivió en el siglo IV a.C. Su
maestro Platón ya había hablado sobre cuestiones éticas, pero Aristóteles
fue el primero en crear una disciplina con un contenido específico que podía
ser enseñado.
2
Patricia García Menéndez Unidad 4
Este pensador creía que todas las cosas tienen una finalidad. La de
un cuchillo es cortar; la de una jarra, contener un líquido; el ojo está hecho
para ver; pero ¿cuál es la finalidad del ser humano? Aristóteles lo tenía
claro: la felicidad. Estamos en este mundo para ser felices. Por lo tanto, la
ética tiene que hacer propia esta finalidad. Nuestros pensamientos y
nuestras acciones deben tener un solo objetivo: nuestra felicidad. La ética
tiene que ayudarnos a ello, enseñarlos los medios para alcanzarla. Propone,
al igual que Sócrates, una ética eudemonista (del griego εὐδαιμονία:
felicidad, dicha.)
Sócrates pensaba, como ya vimos en la primera unidad, que para ser
feliz hay que ser bueno, obrar correctamente. La felicidad se obtiene
haciendo el bien. Quien conoce el bien, actúa bien, Y quien actúa mal, es
por ignorancia. A esta postura se la denomina intelectualismo moral.
Aristóteles, por su parte, piensa que la teoría nos ayuda a
orientarnos, pero sólo sabremos lo que es correcto y lo que no mediante un
procedimiento de ensayo-error, mediante la práctica.
Concretamente, según Aristóteles, la forma de alcanzar la felicidad es
mediante el ejercicio de la virtud (areté, en griego); es decir, el ejercicio de
su función de forma excelente. Por ejemplo: las virtudes del artesano serán
aquellas que le hagan ser mejor artesano. ¿Y las del ser humano, en
general? Según Aristóteles, existen dos tipos de virtudes:
a) Virtudes dianoéticas (o intelectuales): son propias de la parte racional del
alma, se basan en el ejercicio del conocimiento y proporcionan la felicidad
absoluta.
b) Virtudes éticas (o morales): son propias de la parte irracional del alma (el
ser humano no se agota en la capacidad de conocer, también tiene
sentimientos, deseos, placeres) y consisten en la capacidad de ser
moderados, prudentes. Su ejercicio proporciona una felicidad relativa.
El hombre prudente es aquel que es capaz de encontrar el término
medio entre posiciones extremas, entre dos vicios, uno por exceso y otro
por defecto. Por ejemplo: el valor es el término medio entre la cobardía y la
temeridad, la generosidad es el término medio entre la prodigalidad (gasto
excesivo, despilfarro) y la avaricia, etc. Por tanto, la virtud se establece
como un uso mesurado de las pasiones. Ahora bien, el término medio no es
3
Patricia García Menéndez Unidad 4
algo prefijado de antemano, no es una fórmula universal, sino que es algo
subjetivo y circunstancial.
4. Epicureísmo y Estoicismo.
En el periodo helenístico, que abarca desde la muerte de Alejandro
Magno (323 a. C.) hasta la invasión de Macedonia por los romanos (148 a.
C), comienza la decadencia de las polis griegas y el principio del Imperio
romano. El bienestar y la felicidad individual se convierten en algo
prioritario frente a lo social. Por esta razón, la parte de la filosofía que más
se desarrolla en este período es la ética y, más concretamente, la
propuesta de dos grandes escuelas filosóficas como el epicureísmo y el
estoicismo (“el sabio no sólo es el que sabe, sino el que sabe vivir bien”). La
primera (epicureísmo) toma su nombre de su fundador, Epicuro de Samos
(341-270 a. C.), quien proponía la realización de la vida buena y feliz, lo
que pasa por buscar el placer y evitar el dolor. Este placer no debía
limitarse sólo al cuerpo, sino que debía ser también intelectual. Además,
sostiene que hay que administrar inteligentemente el placer y dolor: en
ocasiones debemos rechazar placeres a los que les siguen sufrimientos
mayores y aceptar dolores cuando se siguen de placeres mayores. La
finalidad de la filosofía de Epicuro no era teórica, sino más bien práctica.
Buscaba sobre todo procurar el sosiego necesario, la tranquilidad mental
(“ataraxia”) para una vida feliz y placentera en la que los temores al
destino, los dioses o la muerte quedaran definitivamente eliminados. La
muerte, sostiene, no debe temerse: mientras vivimos no está presente y
cuando está presente nosotros no estamos ya.
En el Estoicismo destacan su fundador, el griego Zenón de Citio (333-
264 a. C.) y otros pensadores como los romanos Séneca (4 a. C.-65 d. C.) y
Marco Aurelio (121-180 d. C). Zenón parte de una concepción determinista
del mundo. Esto significa que el destino está ya marcado, no somos libres:
lo que ocurrió en el pasado, en consecuencia, no podría haber ocurrido de
otro modo. No tiene sentido preocuparnos por aquello que no está en
nuestras manos cambiar. Ser feliz consiste en comprender esto: lo que no
podemos cambiar, aceptémoslo.
Defiende que se puede alcanzar una vida feliz y tranquila si se vive
conforme a la razón y al margen de las comodidades, los placeres y las
4
Patricia García Menéndez Unidad 4
pasiones. La razón proporciona autocontrol ante las desviaciones de las
pasiones. Todo cuanto nos ata a una persona o a un objeto en este mundo,
todo amor que sintamos, se convertirá en dolor cuando lo perdamos. Por
eso, el sabio (aquel que quiere ser feliz) busca la autarquía y no quiere
depender de nada ni de nadie; por eso, también evita toda pasión o deseo.
Busca tener dominio de sí mismo, la fuerza y el valor suficientes para
liberarse de las pasiones. La felicidad es un estado de tranquilidad, no de
exaltación; es la ausencia de pasiones (apátheia).
5. El Utilitarismo.
Se denomina Utilitarismo a una doctrina ideada por Jeremy Bentham
(1748-1832) según la cual es útil todo aquello que contribuya a nuestra
felicidad. Y la felicidad, al igual que en las teorías éticas anteriores, es el fin
del ser humano y aquello que una teoría ética debe ayudar a conseguir.
Bentham buscó una norma a la que pudiéramos acudir en cualquier
situación de nuestra vida para actuar éticamente y llegó a la siguiente: “la
mayor felicidad de la mayoría es la medida de lo bueno y de lo malo”. Una
acción es buena cuando haga feliz al mayor número de personas posible. Es
decir, le da un carácter social a la teoría de Epicuro: ser feliz significa, para
Bentham, tener mayor cantidad de placer (y menor cantidad de dolor) para
el mayor número de personas posible. Este principio, aplicado a la vida
social, ha sido responsable del desarrollo de la economía del bienestar y de
una gran cantidad de reformas sociales.
John Stuart Mill (1806-1873), que fue otro pensador utilitarista
importante. Parte de las ideas de Bentham, pero piensa que Bentham
cometió el error de considerar el placer como un problema de carácter
cuantitativo, y no cualitativo y de homogeneizar todos los placeres.
Existe, según Mill, una jerarquía de los placeres, de forma que
habría placeres inferiores y superiores. La felicidad no podrá
alcanzarse en ningún caso al satisfacer simplemente las necesidades
básicas, sino que deberá incluir también esos placeres que considera
superiores, vinculados a unas facultades más elevadas. Sería el caso
de todo aquello que tenga que ver con ciertas necesidades morales,
creativas, intelectuales y, en definitiva, con cierto tipo de cultura o
gusto refinado. Los placeres intelectuales son los más propiamente
5
Patricia García Menéndez Unidad 4
humanos, razón por la cual siempre serán más deseables que los
corporales. Esta idea queda perfectamente expresada en la famosa frase de
Mill: “Es mejor ser un ser humano insatisfecho que un cerdo satisfecho;
mejor un Sócrates insatisfecho que un tonto satisfecho”).
6. Kant.
“¿Qué debemos hacer?”: Esta es la pregunta que Kant creía que toda
ética debía responder. Las anteriores teorías que hemos visto relacionaban
esta pregunta con un fin concreto, con la felicidad, de modo que la
pregunta quedaba así: “¿Qué debemos hacer… para ser felices?”.
Kant, sin embargo, cree que la moral tiene que ver con el deber. Pero
el deber ha de cumplirse por sí mismo, y no en relación a un fin. No
debemos actuar bien para ser felices. Debemos actuar porque es nuestro
deber. Esta idea la lleva hasta el extremo: imaginemos una madre que
amamanta a su hijo. Esa acción es buena, nadie lo duda. Es una acción
conforme al deber. La madre cumple su deber, pero lo cumple por
inclinación, porque naturalmente tiende a preocuparse por su bebé, de
forma instintiva. Las acciones moralmente buenas para Kant son aquellas
que se hacen por deber; por ejemplo: aquel que da limosna a los pobres
no por pena (inclinación), sino porque cree que es su deber, o el
comerciante que cobra precios justos, no por ganar clientes (inclinación),
sino porque cree que es su deber.
Mientras que para el Utilitarismo lo importante de una acción son las
consecuencias (producir la mayor felicidad posible), para Kant es la
intención. Una acción es buena si la intención también lo es. Las
consecuencias no importan. Por eso, la ética ha de lograr que el individuo
tenga una voluntad buena. ¿Y qué es una voluntad buena? Una voluntad
que no actúa por inclinación, sino por deber.
Ahora toca dar el siguiente paso: ¿qué es ese deber que tenemos que
cumplir? El deber moral, en primer lugar, tiene que ser una ley, algo que si
todos actuáramos de forma racional haríamos necesariamente. Tiene que
ser una norma que esté inscrita en nuestra razón. Con lo cual, no hace falta
ser un sabio o un erudito para conocerla. Cualquiera sin ningún tipo de
estudios debería ser capaz de encontrarla en sí mismo. El “saber moral
6
Patricia García Menéndez Unidad 4
vulgar”, ese saber popular, muestra ese conocimiento, aunque de una
forma parcial. Quien lo tiene sabe que hay ciertas cosas están bien y otras
están mal, aunque no sepa explicar las razones por las que esto es así. Kant
quiere, precisamente, indagar en esas razones, conocer esa ley que nos
mueve a actuar, cuando somos racionales, de forma moral.
Ese deber moral es un imperativo, una obligación para cualquier
persona racional. Como ya hemos visto, no debe cumplirse por conducirnos
a un fin determinado. Si cumplimos nuestro deber para, por ejemplo, ser
felices, sería un imperativo hipotético. Pero el imperativo moral debe ser
incondicionado, un imperativo categórico.
El deber moral, por tanto, es un imperativo categórico, un mandato
que, ante cualquier situación, nos muestra cómo tendríamos de actuar
moralmente. ¿Cuál es este mandato? Kant lo formuló de tres formas
distintas, cada una de las cuales enfatizaba un aspecto importante del
mismo.
- Según la primera formulación, tenemos que actuar según una
máxima o norma que querríamos que fuera universalizable (para
toda persona y en todo momento). Mentir, no mantener las promesas
o no ser buenos con el prójimo pueden parecer buenos en ciertas
ocasiones para salir de una situación difícil. Pero ¿querríamos que
fueran universalizables, que todo el mundo mintiera o no mantuviera
sus promesas? Si respondemos que no, estas acciones no son
morales.
- La segunda formulación dice: obra de tal modo que uses a la
humanidad -tanto en general como en ti mismo y en los otros- como
un fin y nunca como un medio. Esto significa que en nuestras
acciones no debemos nunca utilizar a una persona como un medio
para algo. Hacer lo contrario sería no respetar su dignidad.
- Según la tercera formulación, esta ley está en nosotros mismos. Por
tanto, el deber moral no puede ser heterónomo (una ley que nos
imponen desde fuera) sino que es autónomo (una ley que está en
nosotros mismos). Una voluntad buena es una voluntad
7
Patricia García Menéndez Unidad 4
autónoma. Esta sería la tercera formulación del imperativo
categórico.
2ª PARTE: POLÍTICA (FUNDAMENTOS FILOSÓFICOS DEL ESTADO)
1. Introducción.
Desde los primeros tiempos de la filosofía, la realidad social del ser
humano ha sido uno de los temas fundamentales de preocupación de los
filósofos. Los primeros filósofos griegos, como Platón o Aristóteles,
consideraron que la esencia del hombre es la de ser fundamentalmente un
ser social. Platón dirá que la naturaleza ha hecho al ser humano el más débil
de los animales, de forma que necesita necesariamente de los demás para
subsistir.
Aristóteles, en la misma línea, será el primero en hablar del hombre
como un zoón politikón, es decir, como un “animal político”. Para Aristóteles
la sociedad es una exigencia de la naturaleza humana. Sólo dentro de la
sociedad el hombre puede alcanzar su finalidad y perfección, es decir,
conseguir la felicidad. Sólo los animales o los dioses, dice Aristóteles,
pueden vivir sin sociedad. Además, la sociedad para Aristóteles es un
privilegio exclusivo del ser humano. Sólo él está dotado de razón para
conocer lo justo y lo injusto, el bien y el mal, y de lenguaje para hacer
posible la vida en común. La sociedad humana, ya desde Aristóteles, se
caracteriza por ser la única racional. Dice este filósofo en su obra La
política:
"El ser humano es un ser social por naturaleza, y el insocial por naturaleza y
no por azar o es mal humano o más que humano (...) el que no puede vivir
en sociedad, o no necesita nada por su propia suficiencia, no es miembro de
la sociedad, sino una bestia o un dios (…) Sólo el hombre, entre los
animales, posee la palabra. La voz es una indicación del dolor y del placer;
por eso la tienen los otros animales. En cambio, la palabra existe para mani-
festar lo conveniente y lo dañino, así como lo justo y lo injusto y las demás
apreciaciones. La participación comunitaria en éstas funda la casa familiar y
la ciudad”
Las sociedades humanas implican la interacción entre los seres
humanos que las componen, y estos seres humanos, tienen la libertad para
decidir un determinado curso de acción para la obtención de unos fines y
facilitar la convivencia. En consecuencia, es necesario que exista una forma
de organizar las libertades individuales de forma que la vida y el progreso
sean posibles. Ese es el objetivo de la política.
8
Patricia García Menéndez Unidad 4
El término política procede del griego polis, que significaba ciudad o
comunidad independiente y autogobernada (las llamadas ciudades-estado).
En sentido amplio, política será toda la actividad que tiene que ver con la
vida de las polis, de las sociedades humanas. Por lo tanto serán políticas
todas las decisiones que se toman en un grupo de amigos, una familia, una
asociación o un barrio, por ejemplo. Todos somos seres sociales, vivimos
necesariamente dentro de sociedades, y en ese sentido, como ya vimos que
decía Aristóteles, todos somos seres políticos. En sentido estricto, sin
embargo, se suele reservar ese término para las relaciones y las decisiones
que se toman dentro del Estado, encaminadas a decidir cómo ha de
desarrollarse la convivencia.
2. Tipos de gobierno.
Tenemos que vivir en sociedad, pero hay muchas formas de sociedad
distinta. Aristóteles se propuso clasificarlos y lo hizo según el tipo de
gobierno que tuvieran.
Dividió los tipos de gobierno en seis tipos, según el número de
gobernantes (uno, varios o todos) y según lo que buscaban (el bien
común o el bien particular).
Cuando lo que se busca es el bien común, en el caso de que gobierne
uno solo, a esa forma de gobierno se la denomina monarquía (“gobierno
de uno”). Si son varios los que están en el poder, y lo hacen con la venia del
pueblo, se llamará aristocracia (“el poder o gobierno de los mejores”). Y si
gobiernan muchos con respeto a la ley y buscando el bien común
tendremos una democracia asamblearia.
En el caso de que el gobierno busque el interés particular, su propio
beneficio, lo llamamos tiranía cuando se trata de un solo individuos;
oligarquía si se trata de varios. Y cuando se suponga que gobiernan todos
pero en realidad sean manejados por un grupo de interesados (demagogos)
se denominará demagogia.
Hay que decir que a Aristóteles no le convence ninguna de estas
formas de gobierno. Así que diseña una forma más estable en que no haya
muchas personas ricas ni muchas pobres. Porque si ocurre lo primero, los
ricos se harán fácilmente con el poder y someterán a los pobres. Pero si hay
muchos pobres tampoco habrá estabilidad: los ricos seguirán teniendo la
9
Patricia García Menéndez Unidad 4
posibilidad de comprar a los gobernantes, pero esta vez, habiendo una
mayoría de pobres, cuando no aguanten más, habrá revueltas violentas.
Derrocarán al gobierno, y vuelta a empezar.
Estas son las razones por las que Aristóteles cree que hay que
fomentar la clase media. Habrá una asamblea en la que cada sector de la
sociedad tendrá su representación, en proporciones similares, y que tendrá
el consentimiento del pueblo para tomar sus decisiones y que buscará el
bien común.
3. Teorías del contrato social.
En la Edad Media se trató de legitimar el poder político también en el
orden natural. Santo Tomás, por ejemplo, en el siglo XIII, habló de la ley
natural como el ordenamiento de la realidad y la sociedad ordenado por
Dios, en el que se fundamenta el orden político. Los Estados medievales,
por lo tanto, recurrirán a Dios como legitimador último del poder político: el
soberano procede de una estirpe seleccionada por Dios para detentar el
poder político, y por lo tanto debe ser servido y obedecido.
En el Renacimiento (s. XVI) se produce un profundo cambio en la
forma en que se entiende el conjunto del Universo. Las visiones religiosas
del mundo propias de la Edad Media se secularizan, y se sustituyen por
explicaciones racionales. El hombre moderno tiene entonces que concebirse
a sí mismo y al orden social y político de una forma nueva. Sólo la razón
podrá explicar el origen del poder político: es necesario encontrar una
nueva forma de explicar qué es el Estado, si es o no necesario, cómo
aparece, y por qué debe ser obedecido, es decir, dónde reside su
legitimidad. Surgen entonces las teorías del contrato social. Estas teorías
fueron presentadas durante los siglos XVII y XVIII, aunque existen algunos
antecedentes en la filosofía anterior. Vamos a estudiar las tres teorías
contractualistas más conocidas: las de Thomas Hobbes (1588-1679), John
Locke (1632-1704) y Jean-Jacques Rousseau (1712-1778). Por último
visitaremos una adaptación contemporánea de las teorías del contrato, la
de John Rawls (1921-2002). Las tres teorías del contrato clásicas parten de
los siguientes supuestos:
10
Patricia García Menéndez Unidad 4
La sociedad no es el estado natural del hombre, es decir, el hombre
no es social por naturaleza. Existió un tiempo en el que el hombre no
se agrupaba en Estados. Surge así la hipótesis del estado de
naturaleza: una ficción que describe una situación ideal en la que no
existe el Estado. No se trata de un período histórico, sino de imaginar
cómo sería el ser humano si no se organizase en sociedades. Cada
uno de estos autores imagina un estado de naturaleza diferente.
Como estas situaciones naturales no son viables, es necesario que se
produzca un contrato o pacto, en el que los seres humanos acuerdan
cómo se van a organizar en sociedad. A este pacto se lo denomina
contrato social. También en cada autor adquiere una forma
diferente.
Las reglas del pacto social configuran el tipo de Estado resultante.
3.1. Thomas Hobbes: el contrato de sumisión
Hobbes es un pensador de origen inglés, y es el primero en utilizar
con claridad la noción de contrato social:
Estado de naturaleza: Hobbes defiende el individualismo absoluto:
cada hombre es independiente de los demás, y por tanto en una
situación sin Estado ni ley, cada uno trataría de conseguir el poder y sus
propios intereses sin tener en cuenta los de los demás. El hombre para
Hobbes es fundamentalmente un animal que lucha contra los demás por
su supervivencia. Utilizó una frase de Plauto para expresarlo: “El hombre
es un lobo para el hombre”. Sin orden ni Estado, la situación
desembocaría en una lucha de todos contra todos.
Contrato social: Pero el hombre es un animal racional, y se da cuenta
de que una situación así sólo puede llevarle a la destrucción. Decide
entonces elaborar un pacto por el que todos los ciudadanos acuerdan
renunciar al ejercicio de su poder, es decir, a su libertad, y transferirlo a
una sola autoridad soberana. Los hombres deciden que sólo uno de ellos
debe tener poder para ejercer la violencia legítima para hacer cumplir las
leyes, y debe defender la paz y la seguridad de todos. Se convierten así
en súbditos. El Estado que defiende Hobbes es el Estado absoluto, en
el que todo el poder se concentra en el monarca. La cesión de derechos
que supone el pacto es irrevocable e irreversible.
11
Patricia García Menéndez Unidad 4
3.2. John Locke: el contrato liberal
La visión de la naturaleza humana del pensador y político inglés
Locke es mucho más optimista que la de Hobbes.
Estado de naturaleza: en el estado de naturaleza los hombres tienen
unos derechos que son inalienables: derecho a la vida, a la libertad y a la
propiedad. Son previos a cualquier estado. El derecho de cada hombre
sólo está limitado por el derecho de los demás. Y en caso de conflicto,
cada cual velaría por sus propios intereses. Pero tomar la justicia por
cuenta propia no es seguro ni estable, por lo que se hace necesario un
contrato que establezca el paso al estado civil.
Contrato social: supone el abandono del estado de naturaleza
mediante un pacto para unirse y vivir en comunidad, renunciando a
tomarse la justicia por su mano. Sólo el Estado tendrá poder para
castigar los delitos contra los derechos naturales del hombre. Se crea
entonces la sociedad civil. El pacto no es absoluto y no es irrevocable:
los gobiernos pueden ser cambiados si no defienden bien los derechos
de todos. Locke es partidario de que el Estado tenga una función mínima
en la vida de los ciudadanos. Este pensador es defensor de un Estado
liberal, base de la mayoría de democracias universales.
3.3. Jean-Jacques Rousseau: el Estado democrático
Rousseau, autor nacido en el estado libre de Ginebra, parte de una
concepción del hombre radicalmente opuesta a la de Hobbes. El hombre es
fundamentalmente bueno, y es la sociedad la que le corrompe.
Estado de naturaleza: Es un estado previo a cualquier tipo de
civilización, e incluso previo al lenguaje. En este estado el hombre vive
en contacto directo con la naturaleza, siguiendo el modelo ideal del
“buen salvaje” (en el que se inspiraría Daniel Defoe para elaborar su
novela Robinson Crusoe). Es un ser bueno, pacífico, libre y solitario. Este
estado ideal se rompe cuando aparece la propiedad privada. La
propiedad privada separa a los hombres porque entre ellos aparecen
desigualdades. Unos se convierten en esclavos de otros y pierden la
libertad:
“El primer hombre a quien, cercando un terreno, se le ocurrió decir ‘esto
es mío’ y halló gentes lo bastante simple para creerle fue el verdadero
fundador de la sociedad civil. Nadie les dijo ‘los frutos son de todos y la
tierra no es de nadie’”
12
Patricia García Menéndez Unidad 4
Contrato social: Para eliminar las desigualdades es necesario un pacto
entre los individuos. En el contrato se acuerda renunciar a la voluntad
individual para construir una voluntad general que defiende el interés
de todos. La libertad individual, así, no sufre ninguna merma: todos
siguen siendo tan libres como en el estado natural. Para Rousseau el
único régimen político legítimo es el democrático.
3.4. John Rawls: el neocontractualismo
Por último, nos detendremos para examinar brevemente una de las
formulaciones contemporáneas de la teoría del contrato social. John Rawls
(Estados Unidos, 1921-2002) publicó en 1971 su obra Una teoría de la
justicia, en la que pretendía reelaborar la teoría del contrato social para
adaptarla a las sociedades democráticas modernas. Rawls entiende que el
pacto por el cual se acuerdan las bases que regirán la justicia y la sociedad
debe estar presidido por un “velo de ignorancia”: los que realizan el acuerdo
desconocen por completo el lugar que ocupan en la sociedad, la clase y el
estatus social que van a ocupar, hasta las capacidades personales de cada
uno. De esta manera, cuando traten de elegir principios de justicia que rijan
la sociedad, se asegurarán de buscar los más justos para todos y para
siempre, puesto que desconocen cómo les van a afectar en la sociedad real
(por ejemplo, si uno no sabe si le va a tocar ser rico o pobre, elegirá
principios que favorezcan a los menos privilegiados). La sociedad que surja
de este pacto se basará en dos principios:
Principio de igualdad: “Toda persona posee igual derecho a la más
amplia libertad compatible con una igual libertad para todos”.
Principio de diferencia: “Las desigualdades sólo se pueden aceptar si
es razonable esperar, primero, que actuarán en beneficio de todos, y
segundo, que las posiciones o los oficios a los que se vinculan están
abiertos a todos”.
El primer principio asegura unas libertades básicas iguales para
todos, y el segundo acepta las desigualdades sólo cuando sean justas, es
decir, cuando formen parte de un sistema social que favorezca el interés de
los menos afortunados.
13
Patricia García Menéndez Unidad 4
Autor Estado de Tipo de contrato Estado resultante
Naturaleza social
Thomas Hobbes Individualista. El Contrato de sumisión: se Estado absoluto
hombre es un lobo para acuerda la renuncia a la
el hombre. Lucha de libertad. Sólo el soberano
todos contra todos. tendrá el poder
John Locke Hay derechos Contrato liberal: se Estado liberal
inalienables: vida, acuerda delegar en el
libertad y propiedad Estado la defensa de los
derechos de todos
Jean-Jacques Rousseau Ideal del “buen salvaje”. Se crea una voluntad Estado democrático
Se rompe por la general que defiende el
propiedad privada interés de todos
John Rawls Velo de ignorancia Estado democrático
regido por dos
principios: el de
igualdad y el de la
diferencia
4. Las formas básicas del Estado
Hemos visto cómo las distintas formas de explicar el origen del
Estado justifican distintas formas de organización política (Estado absoluto,
liberal o democrático). Ahora analizaremos las dos tradiciones políticas que
han dado lugar a la mayoría de los Estados modernos.
4.1. El estado liberal
La tradición política conocida como liberalismo nació en el siglo XVII
precisamente como oposición a los sistemas absolutistas del Antiguo
Régimen tiránicos, y afirma que todos los miembros de una sociedad,
incluidos los gobernantes y el monarca, han de someterse a la ley que
emana de la soberanía popular.
La base teórica del liberalismo la pusieron autores como Locke, del
que ya ha hemos hablado, y Montesquieu, del que hablaremos en este
apartado. Veamos algunas de las características básicas del Estado liberal:
Recordemos que Locke defendía que el individuo tiene tres derechos
básicos e inalienables, el derecho a la vida, la libertad y la propiedad. La
función del Estado consiste en proteger estos derechos, y no está
legitimado para intervenir de ninguna otra forma en la sociedad. De aquí
se sigue que el Estado debe ser neutro con respecto a los ámbitos
privados del ciudadano, como la libertad religiosa y de pensamiento.
14
Patricia García Menéndez Unidad 4
El Estado liberal debe ser un Estado constitucional: un Estado donde
existe una Constitución, es decir, un conjunto de normas fundamentales
que limitan los poderes estatales con el fin de evitar los abusos de los
gobernantes. Los poderes públicos deben estar sometidos a la ley. Por
eso el Estado liberal es un estado de derecho, lo que quiere decir que
todas personas, incluidos los gobernantes, están sometidos a las mismas
leyes.
Montesquieu propone en el siglo XVIII la separación de poderes con el fin
de evitar la concentración de poder en unas únicas manos. El Estado
liberal se divide en tres poderes independientes:
o Poder legislativo: se ocupa de aprobar las leyes y lo ejerce el
Parlamento. Estas leyes obligan a todos los miembros del Estado
por igual (incluidos los propios legisladores). Deben ser
compatibles entre sí y no pueden ser incompatibles con los
principios básicos de la Constitución.
o Poder ejecutivo: se encarga de ejecutar las leyes y lo ejecuta el
gobierno que ha sido elegido por los ciudadanos. Este gobierno
también tiene el deber de respetar las leyes dictadas por el poder
legislativo.
o Poder judicial: los tribunales de justicia se encargan de hacer
cumplir las leyes. Se compone por el cuerpo de jueces y es el que
debe sancionar a quien no cumpla las leyes. Al poder judicial se
accede a través de carrera profesional.
El Estado liberal de derecho se convierte en Estado liberal y democrático
de derecho cuando se añade que el sufragio universal y la regla de las
mayorías como mecanismos más convenientes para controlar al poder
público y alcanzar sus fines. De la democracia hablaremos con más
detalle más adelante en el apartado 6 de esta unidad.
Recordaremos de nuevo que la principal función del Estado según el
liberalismo es garantizar la igualdad de derechos y oportunidades de los
individuos, y el ejercicio de dichos derechos y oportunidades, con una
mínima intervención del Estado en la sociedad. Este liberalismo político
deriva así en liberalismo económico, que pretende que el mercado es el
mecanismo básico de equilibrio de la sociedad, que marca los precios de
las mercancías y distribuye equitativamente los beneficios. Según el
15
Patricia García Menéndez Unidad 4
liberalismo económico, el Estado se tiene que limitar a garantizar la
libertad del mercado, sin intervenir en él.
4.2. El estado social
El liberalismo político colocaba al individuo como centro de la política,
y elaboraba un modelo de Estado basado en la intervención mínima en la
vida de la sociedad, la justa para garantizar los derechos de todos y permitir
al mercado ejercer sus labores de equilibrador de la sociedad.
La nueva forma de Estado que propone la tradición socialista
inaugurada por Karl Marx, por el contrario, coloca a la sociedad como centro
de la acción política, y sacrifica la libertad para conseguir la igualdad
efectiva de todos los ciudadanos.
Este modelo de estado se apoya en las ideas de Karl Marx (1818-
1883), y fue desarrollado sobre todo por Lenin (1870-1924) y aplicado en la
Unión Soviética y otros regímenes comunistas en todo el mundo. Considera
que el Estado liberal sirve a los intereses de las clases dominantes, y para
conseguir la igualdad real de todos los ciudadanos propone la creación de
un Estado muy fuerte que interviene en todos los ámbitos de la vida
social. Propone la supresión del mercado y socialización de los medios
de producción y también la abolición de la propiedad privada y, con
ella, de la diferencia de clases sociales.
La realidad es que los Estados comunistas tomaron finalmente la
forma de Estados totalitarios, que son la antítesis de los Estados de
derecho. En los Estados totalitarios las leyes existen, pero no respetan los
derechos de los ciudadanos. No existe la posibilidad de influir
democráticamente en la elaboración de las leyes, ni de oponerse a ellas. Los
Estados totalitarios sustituyen la pluralidad de partidos políticos propia de
las democracias por un partido único, y el control social es absoluto
(utilizando medios como la educación o la propaganda, y la persecución de
cualquier disidencia). No sólo los regímenes comunistas adoptaron formas
totalitarias, también fueron estados totalitarios la Alemania nazi o gobiernos
militares como el de Pinochet en Chile.
4.3. El estado social de derecho
El estado social de derecho surge también de la tradición socialista, pero
aunque propone una mayor intervención del Estado para asegurar la
igualdad social, conserva las bases democráticas y liberales del estado.
16
Patricia García Menéndez Unidad 4
Desde el siglo XIX hasta nuestros días, el Estado ha ido asumiendo un
papel cada vez más activo en la sociedad civil, principalmente en dos
direcciones:
o Para conseguir la justicia social y hacer real la igualdad de
oportunidades, los Estados han ido expandiendo de forma progresiva
los servicios sociales: educación, asistencia médica, protección de la
tercera edad, de los desempleados y los grupos más débiles,
redistribución de la riqueza mediante la política fiscal (los impuestos),
seguridad social, pensiones de jubilación…
o Para equilibrar el sistema económico es necesario el control estatal
que evita las crisis económicas, mediante políticas de pleno empleo,
creación de empresas estatales, gasto público…
A esta forma de Estado que se impone en el mundo a partir de la
Segunda Guerra Mundial se la ha llamado también estado del bienestar.
Esta forma de Estado trata de garantizar la protección de los Derechos
Humanos, especialmente, los derechos sociales, económicos y culturales, y
combina una economía mixta (pública y privada), una política liberal y un
sector de bienestar social.
5. La democracia.
Democracia es un término griego que significa “gobierno del pueblo”.
La primera forma de democracia se dio en Atenas durante los siglos V y IV
a. C. Era una forma de democracia directa (los ciudadanos atenienses
podían y debían participar personalmente en la toma de decisiones de la
ciudad). Posteriormente, la democracia vuelve a surgir en el siglo XIX, de la
mano ya de los regímenes políticos liberales. Se tratará entonces de
democracias representativas. Actualmente, es el sistema político más
extendido, implantado en más de la mitad de los países del mundo.
La democracia representativa es aquella en la que los ciudadanos no
participan directamente en el gobierno, sino que eligen a los que serán sus
representantes en éste. Estos representantes están agrupados en partidos
políticos. Los elementos básicos de las democracias contemporáneas son:
Sufragio universal. Todas las personas mayores de edad tienen
derecho al voto con independencia de su sexo, raza, religión o clase
social. En España se obtiene en 1931, aunque es revocado durante el
franquismo. Con anterioridad se admitía sólo el sufragio censitario
(limitado a los individuos con un determinado nivel de renta o clase
17
Patricia García Menéndez Unidad 4
social) o el sufragio masculino (limitado a los hombres mayores de
edad).
Sistema de partidos: Los ciudadanos eligen a sus representantes entre
los miembros de los partidos políticos. Éstos tienen como funciones
básicas integrar a los ciudadanos en la vida pública, transmitir las
necesidades sociales al Estado y simplificar los problemas políticos para
facilitar a los ciudadanos la orientación política. Pero el sistema de
partidos políticos también impone sus limitaciones a la democracia: los
partidos exigen a sus representantes políticos disciplina de partido, de
modo que suelan defender antes las posturas de su partido que las
exigencias directas de la ciudadanía. Algunos teóricos de la democracia
hablan incluso de “democracia de partidos” en lugar de “democracia
representativa”.
Norma de las mayorías: Es un mecanismo básico de la democracia,
según la cual la mayoría tiene derecho a que se adopte su posición
cuando existen diversas propuestas. Sin embargo, no debemos confundir
democracia con decisión mayoritaria. El principio básico de la
democracia es el derecho igual de cada uno a elegir gobernar su propia
existencia, y la norma de las mayorías debe respetarlo. Debe tener, por
lo tanto, los siguientes límites:
o Los derechos individuales, que no pueden someterse a votación
(por ejemplo, un parlamento democrático no podría adoptar una
norma que exigiera la eliminación de una parte de la población,
aunque lo hiciera por mayoría).
o Los derechos de las minorías a defender su posición.
o La naturaleza de cada actividad social. No todas las actividades
sociales pueden funcionar según la norma de las mayorías,
muchas exigen una preparación específica para su manejo. Por
ejemplo, no se puede regir un hospital o un instituto por la norma
de las mayorías, es necesario que existan expertos que sean los
responsables de su buen funcionamiento.
o Entre los derechos individuales debemos incluir la objeción de
conciencia, que es el derecho de los individuos a no cumplir
determinadas leyes que repugnan a su conciencia (por ejemplo, el
derecho a no cumplir el servicio militar obligatorio). La objeción
de conciencia ha de estar regulada legalmente para hacer
18
Patricia García Menéndez Unidad 4
compatible este derecho con el del resto de ciudadanos afectados
por la objeción. También existe la desobediencia civil no
violenta, que es una forma de negarse a cumplir las leyes no
reconocida legalmente. Son ejemplos de esta desobediencia civil
no violenta los encierros o acampadas ilegales para reivindicar
algún derecho o exigir ayuda a los países pobres, por ejemplo, o la
objeción fiscal (negarse a pagar impuestos para protestar por
algún uso que se les dé, por ejemplo el militar). El objetivo de
estos actos es concienciar sobre algún tema a la opinión pública, y
esto sólo se logra si se hace de un modo público, no violento y
educativo.
En la actualidad, en España tenemos una democracia parlamentaria:
en este modelo de democracia las elecciones sirven para elegir al
Parlamento, que es la institución que se encarga del poder legislativo. El
Parlamento, a su vez, elige al Presidente del Gobierno. El Gobierno (el
presidente y los ministros elegidos por él), ejerce el poder ejecutivo. Por
último, los Tribunales de justicia son independientes del Parlamento y el
Gobierno, y se encargan de hacer cumplir las leyes. Este modelo tiene la
ventaja de que asegura gobiernos estables, al ser elegido el Presidente del
Gobierno por el Parlamento. El inconveniente es que la función de control
del Gobierno por parte del Parlamento está limitada, al no ser ambos
completamente independientes. El Jefe del Estado es diferente del
Presidente del Gobierno, y ejerce las funciones representativas de la nación.
España es una monarquía parlamentaria, porque es una democracia
parlamentaria cuyo Jefe del Estado es el rey.
También existe la democracia presidencialista: hay una
independencia absoluta del poder ejecutivo y el legislativo, porque el
Presidente del Gobierno y el Parlamento se eligen en elecciones
diferentes. Se plantea el inconveniente de que puede darse la situación de
que el Presidente del Gobierno y el Parlamento pertenezcan a partidos
diferentes, lo que provoque conflictos a la hora de gobernar. La ventaja es
que la total independencia de los dos poderes hace que tengan
necesariamente que negociar para gobernar, dificultando que se produzcan
abusos por parte de uno de los dos. Estados Unidos es un ejemplo de
democracia presidencialista.
19
Patricia García Menéndez Unidad 4
Existe un término medio entre las dos, la democracia
semipresidencialista, en el que existe un jefe del Estado o presidente
elegido directamente por la ciudadanía, y también un jefe del Gobierno
elegido por el Parlamento. El jefe del Estado, además de las funciones
representativas, también tiene poderes ejecutivos. Francia es un ejemplo de
democracia semipresidencialista.
20