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Obras Teatrales

Una obra teatral es una manifestación artística que combina texto literario y espectáculo escénico, centrada en la acción y el diálogo entre personajes. A lo largo del tiempo, diversas visiones han definido el teatro, desde la purificación emocional propuesta por Aristóteles hasta la reflexión crítica de Brecht y el poder transformador de Lorca. Las obras teatrales se clasifican en varios géneros, como tragedia, comedia y musical, y poseen características distintivas que las diferencian de otros géneros artísticos.

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Obras Teatrales

Una obra teatral es una manifestación artística que combina texto literario y espectáculo escénico, centrada en la acción y el diálogo entre personajes. A lo largo del tiempo, diversas visiones han definido el teatro, desde la purificación emocional propuesta por Aristóteles hasta la reflexión crítica de Brecht y el poder transformador de Lorca. Las obras teatrales se clasifican en varios géneros, como tragedia, comedia y musical, y poseen características distintivas que las diferencian de otros géneros artísticos.

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Obras teatrales

Definición

Una obra teatral es una manifestación artística que se caracteriza por su naturaleza dual, ya
que funciona tanto como un texto literario el guion o drama como un espectáculo escénico
representado ante un público. Su esencia reside en la acción y el diálogo entre personajes,
quienes cobran vida a través de los actores en un espacio teatral específico.

A lo largo del tiempo, diversas visiones han contribuido a definir el teatro y su función.
Aristóteles (Aristóteles & Clota, 2000), consideraba el drama y en particular la tragedia como
una forma de imitación de acciones humanas relevantes, cuyo propósito era generar una
purificación emocional en el espectador. Según él, la tragedia es la representación de una
acción seria y completa que, mediante el lenguaje poético y la puesta en escena, despierta
compasión y temor, logrando así la liberación de esas emociones.

Siglos más tarde, Bertolt Brecht (Nino, 2015), planteó una visión distinta, afirmando que el
teatro debía ir más allá del mero entretenimiento para provocar una reflexión crítica en el
público. Aunque reconocía el valor del teatro como forma de diversión, lo consideraba
también una herramienta para el análisis social y el cuestionamiento de la realidad. En este
sentido, el teatro mostraba hechos humanos reales o ficticios con la intención de despertar
conciencia en los espectadores.

Federico García Lorca, por su parte, subrayaba el poder transformador del teatro al señalar
que este es una forma de poesía que abandona el libro para cobrar vida a través de los cuerpos
y voces de los actores. Para él, el teatro convertía la palabra escrita en una experiencia
humana y directa, llena de emoción y presencia.

Autores como Patrice Pavis (Pavis, 1996) han destacado que el teatro no es solo literatura ni
solo espectáculo, sino un arte complejo que combina elementos de la ejecución con formas de
representación simbólica Esta visión enfatiza el carácter multidisciplinario del teatro, donde
múltiples lenguajes escénicos se integran para crear una experiencia total.

Tipos de obras teatrales

Existen diversos tipos de obras teatrales, cada una con sus propias características, estilos y
propósitos. A continuación, se presentan algunos de los tipos más comunes de obras teatrales:

1. Tragedia: La tragedia es un género que aborda temas serios y profundos, a menudo


relacionados con el sufrimiento humano, la fatalidad y la moralidad. Los personajes
suelen enfrentarse a conflictos internos y externos que conducen a un desenlace
trágico.
Ejemplo:
- Hamlet de William Shakespeare.
2. Comedia: La comedia se centra en situaciones humorísticas y busca provocar la risa
en el público. Puede incluir malentendidos, enredos y personajes cómicos. A menudo,
las comedias abordan temas de la vida cotidiana y las relaciones humanas.
Ejemplo:
- El sueño de una noche de veranode William Shakespeare.
3. Drama: El drama es un género que combina elementos de la tragedia y la comedia,
explorando conflictos humanos y emocionales. Las obras dramáticas pueden ser serias
o tener momentos de humor, y suelen centrarse en las relaciones interpersonales.
Ejemplo:
- La casa de Bernarda Alba de Federico García Lorca.
4. Musical: Los musicales combinan la actuación con la música y la danza. Las
canciones son una parte integral de la narrativa y ayudan a desarrollar la trama y los
personajes. Este tipo de obra es popular en el teatro contemporáneo.
Ejemplo:
- Hamilton de Lin-Manuel Miranda.
5. Farsa: La farsa es una forma de comedia que utiliza situaciones absurdas,
exageraciones y humor físico. Se basa en el enredo y la confusión, y a menudo
presenta personajes estereotipados.
Ejemplo:
- La importancia de llamarse Ernesto de Oscar Wilde.
6. Teatro del absurdo: Este tipo de teatro se caracteriza por la representación de
situaciones ilógicas y la exploración de la falta de sentido de la existencia humana.
Los diálogos suelen ser fragmentados y la trama puede ser no lineal.
Ejemplo:
- Esperando a Godot de Samuel Beckett.
7. Teatro histórico: Las obras de teatro histórico se basan en eventos, personajes o
períodos históricos. A menudo, se utilizan para explorar temas contemporáneos a
través de la lente del pasado.
Ejemplo:
- El rey Lear de William Shakespeare
8. Teatro de denuncia: Este tipo de teatro busca abordar y criticar problemas sociales,
políticos o culturales. A menudo, se utiliza como una herramienta para generar
conciencia y provocar la reflexión en el público.
Ejemplo:
- Los miserables de Victor Hugo (adaptaciones teatrales).
9. Teatro infantil: Las obras dirigidas a un público infantil suelen ser educativas y
entretenidas, utilizando elementos de fantasía y personajes coloridos. Estas obras
pueden incluir lecciones morales y valores.
Ejemplo:
- El mago de Oz (adaptaciones teatrales).
10. Teatro experimental: Este tipo de teatro desafía las convenciones tradicionales y
busca innovar en la forma y el contenido. Puede incluir elementos multimedia,
interactividad y enfoques no lineales.
Ejemplo:
- Obras de compañías de teatro contemporáneo que experimentan con la forma
y el espacio.
Características de una obra teatral

Las obras teatrales tienen características distintivas que las diferencian de otros géneros
literarios y artísticos. A continuación, se presentan algunas de las características más
importantes de una obra teatral:
1. Diálogo: El diálogo es el medio principal a través del cual se desarrolla la acción y se
revelan los personajes. A diferencia de la prosa, en el teatro, los personajes se
comunican principalmente a través de conversaciones.
2. Estructura: Las obras teatrales suelen estar organizadas en actos y escenas. Esta
estructura permite un desarrollo claro de la trama y facilita la transición entre
diferentes momentos de la historia.
3. Personajes: Los personajes son fundamentales en una obra teatral. Cada personaje
tiene su propia personalidad, motivaciones y conflictos, que se desarrollan a lo largo
de la obra. La interacción entre los personajes es clave para el avance de la trama.
4. Acotaciones: Las acotaciones son instrucciones del autor que indican cómo deben
actuar los personajes, el tono de voz, la ambientación y otros aspectos técnicos. Estas
notas son esenciales para la interpretación y la puesta en escena de la obra.
5. Temática: Las obras teatrales abordan una variedad de temas, desde cuestiones
sociales y políticas hasta exploraciones de la condición humana. La temática puede
ser profunda y reflexiva, invitando al público a la reflexión.
6. Espacio Escénico: El teatro se desarrolla en un espacio físico, que puede ser un
escenario tradicional o un espacio alternativo. La escenografía, la iluminación y el
vestuario son elementos visuales que contribuyen a la atmósfera de la obra.
7. Actuación: La actuación es un componente esencial del teatro. Los actores interpretan
a los personajes, transmitiendo emociones y acciones a través de su desempeño físico
y vocal. La calidad de la actuación puede influir significativamente en la recepción de
la obra.
8. Inmediatez: A diferencia de la literatura escrita, el teatro es una forma de arte en
vivo. La inmediatez de la actuación en el escenario crea una conexión única entre los
actores y el público, generando una experiencia compartida.
9. Conflicto: El conflicto es un elemento central en la mayoría de las obras teatrales.
Puede ser interno (dentro de un personaje) o externo (entre personajes o entre un
personaje y su entorno). El conflicto impulsa la trama y mantiene el interés del
público.
10. Emoción: Las obras teatrales buscan evocar emociones en el público, ya sea a través
de la comedia, la tragedia o una combinación de ambos. La capacidad de conectar
emocionalmente con la audiencia es una característica fundamental del teatro.
11. Géneros: Las obras teatrales pueden clasificarse en diferentes géneros, como la
tragedia, la comedia, el drama, el musical, entre otros. Cada género tiene sus propias
convenciones y características.

Origen de las obras teatrales


El teatro es una de las formas artísticas más antiguas de la humanidad, con una historia que se
remonta a miles de años. Se cree que surgió entre los siglos V y VI a. C., en el seno de las
culturas griega y romana. En esos tiempos, las obras teatrales se realizaban al aire libre y
tenían un propósito tanto lúdico como formativo para la sociedad.
En la Antigua Grecia, el teatro estaba profundamente ligado a las celebraciones religiosas en
honor al dios Dionisio. Autores como Sófocles, Esquilo y Eurípides fueron pioneros del
drama y establecieron las bases de lo que hoy conocemos como teatro. Más adelante, los
romanos aportaron nuevas formas escénicas y expandieron el alcance del teatro a un público
más amplio.
Con el paso del tiempo, esta disciplina artística ha atravesado múltiples transformaciones,
adecuándose a los contextos culturales y sociales de cada época:
Durante la Edad Media, se popularizaron las obras de carácter moralista, que transmitían
enseñanzas religiosas y buscaban reforzar la fe cristiana en los espectadores.
En el Renacimiento, el teatro experimentó una etapa de esplendor, abordando temáticas
humanas, sociales y políticas. Se recuperaron elementos clásicos y surgieron dramaturgos de
gran relevancia como Shakespeare, Molière y Lope de Vega, quienes llevaron el arte teatral a
niveles de gran sofisticación.
En tiempos modernos, el teatro ha continuado reinventándose, adaptándose a las
transformaciones sociales y culturales. Ha integrado otras expresiones como la música, el
cine y la danza, dando lugar a propuestas escénicas innovadoras y multidisciplinarias.
Además, en la actualidad, el uso de tecnologías avanzadas ha potenciado la puesta en escena
con efectos visuales, escenografías digitales, iluminación de última generación y sonido
envolvente, lo que permite crear funciones más impactantes y envolventes.

Elementos de una obra teatral

1. Actos y escenas: Una obra teatral se divide generalmente en actos y escenas. Los
actos marcan las grandes secciones de la trama, mientras que las escenas son
divisiones más breves dentro de esos actos. Esta organización ayuda tanto a los
actores como al director a construir la narrativa con claridad y facilita que el público
siga la historia con mayor comprensión.
2. Diálogos: Los diálogos son el corazón de cualquier obra de teatro. A través de ellos,
los personajes se comunican, revelan su mundo interior, sus deseos, conflictos y
emociones. El dramaturgo elige cuidadosamente cada línea para transmitir
sentimientos, generar tensión y hacer avanzar la trama. Un buen diálogo da vida a los
personajes y mantiene cautiva a la audiencia.
3. Personajes: Los personajes son el motor de la historia. A medida que enfrentan
obstáculos, evolucionan y se relacionan entre sí, el público se conecta
emocionalmente con ellos. El protagonista, el antagonista y los personajes
secundarios cumplen funciones específicas en el desarrollo de la obra, enriqueciendo
la narrativa y creando una red de relaciones complejas.
4. Espacio escénico: Este elemento abarca todo el entorno visual donde se desarrolla la
acción: escenografía, utilería y efectos visuales. El espacio escénico transporta al
espectador a diferentes lugares y épocas, y también influye en cómo se relacionan los
personajes entre sí. Es fundamental para crear una atmósfera coherente con la historia.
5. Vestuario y maquillaje: Tanto el vestuario como el maquillaje ayudan a definir la
época, el contexto y la personalidad de los personajes. Estos elementos permiten que
los actores se transformen completamente en sus roles, y ayudan al público a
sumergirse en la ficción teatral, favoreciendo la credibilidad de lo que ocurre en
escena.
6. Dirección: La dirección es clave en la realización de una obra. El director guía a los
actores y toma decisiones sobre la puesta en escena para materializar la visión del
dramaturgo. Coordina todos los elementos escénicos y actorales para lograr una
presentación coherente, dinámica y efectiva.
7. Sonido y música: La ambientación sonora es un componente esencial para crear
emociones y marcar el ritmo dramático. La música, los efectos especiales y los
sonidos incidentales ayudan a reforzar el tono de la obra, intensificar momentos clave
y acompañar las emociones del público a lo largo de la historia.

Estructura de una obra teatral

La estructura de una obra teatral está pensada para organizar el desarrollo de la acción de
manera clara y coherente. Generalmente se divide en actos y escenas. Los actos son las partes
mayores; suelen representar diferentes momentos o etapas del conflicto y tienen un principio,
un desarrollo y un fin. Pueden estar separados por pausas o intermedios, especialmente en
obras más largas.
Dentro de cada acto encontramos las escenas, que cambian cada vez que entra o sale un
personaje o cuando se produce un cambio significativo en el espacio o el tiempo de la acción.
Las escenas permiten que la trama avance de manera dinámica y ayudan a centrar la atención
del espectador en momentos específicos.
Toda obra teatral contiene también una exposición, donde se introducen los personajes, el
espacio escénico y el conflicto inicial. Luego, en el nudo o desarrollo, los personajes
enfrentan una serie de obstáculos que van intensificando la tensión dramática. Esta parte
culmina en el clímax, el momento de mayor intensidad emocional o de giro inesperado en la
historia. Finalmente, el desenlace ofrece una resolución, que puede ser feliz, trágica o abierta,
según el enfoque del autor.

Importancia de las obras teatrales

Las obras teatrales tienen una importancia artística, educativa y cultural que ha perdurado
durante siglos. En primer lugar, permiten expresar emociones profundas, situaciones
humanas universales y conflictos éticos, sociales o personales que invitan al espectador a
reflexionar. A través del diálogo y la acción, el teatro se convierte en una herramienta
poderosa para representar la condición humana.
Además, el teatro cumple una función social: actúa como un espejo de la sociedad, mostrando
sus virtudes y defectos, lo que permite a los espectadores tomar conciencia de su entorno y de
sí mismos. También es una forma de preservar la memoria colectiva y de transmitir valores,
tradiciones y costumbres, tanto en contextos históricos como contemporáneos.
El teatro fomenta la participación, la creatividad, la imaginación y el trabajo colaborativo,
tanto en quienes lo crean como en quienes lo disfrutan. Por último, tiene un alto valor
pedagógico: mejora la comunicación oral, la empatía, la comprensión lectora y el
pensamiento crítico.
La necesidad de una creación ética dentro del teatro

El teatro es un arte escénico que conjunta diversidad de disciplinas artísticas. Es un universo


de posibilidades en el que la ficción nos hace cuestionar la vida, por lo cual no está cerrado o
terminado, más bien, es transformador:
Gadamer aconseja alejarse de la visión del arte como obra cerrada y consolidada para
aproximarse a otra visión, dinámica, en que la obra es entendida como proceso de
construcción y reconstrucción continuas. Desde este punto de vista la obra de arte nunca ha
sido sino que es, en continua transición, tanto para creadores como para receptores (Argullol,
1991: 11).

El fenómeno escénico es un proceso de construcción y reconstrucción continuo, nunca se


acaba la posibilidad de seguir comprendiendo e interpretando. Se puede observar una misma
pieza teatral y la experiencia siempre será distinta, seguirá el debate y surgirán nuevas
preguntas y respuestas.

Esa eternidad o atemporalidad nos lleva o se esperaría que nos llevara a reflexiones
continuas. Según Gadamer (1991: 21), se haya “la posibilidad de reconocernos a nosotros
mismos”; eso ya es un trabajo de pregunta, un ejercicio filosófico. Pues reconocer significa
que algo que ya se conoce vuelve a conocerse (Gadamer, 1991), ese algo es el humano, que
se piensa y se vuelve a pensar al dialogar consigo y con el otro. El teatro es un espejo para
observarse en todo el esplendor, con los aspectos buenos y malos:
Llegar al otro a través de la palabra y del esfuerzo del concepto (Hegel). Para eso es necesario
el olvido de sí mismo, lo que según Gadamer constituye una de las grandes bendiciones del
arte y una de las grandes promesas de la religión (Aguilar, 2004: 64).
Esta prioridad de escuchar al otro es el material de creación, pues es necesario ser consciente
de la humanidad para hablar de ella. De ahí que el diálogo comienza desde la concepción del
texto dramático y continúa durante todo el proceso creativo. Se establece la dinámica del
contacto con el espectador durante las representaciones y se deja en él la semilla para que
dialogue con sus semejantes. Ya lo decía Gadamer (1993) citado en Fernández Labastida
(2006: 63-64): “hablar es un hablar conjunto, y esto crea algo común”. Se busca un encuentro
de los individuos.
Gadamer (1991: 21) halla un significado interesante al ver al arte como una fiesta, pues es “el
lugar donde se recupera la comunicación de todos con todos”, el reencuentro con el otro,
volver a escucharlo, volver a hablar con él. Una forma de relacionarse que genera resultados
en la vida cotidiana. Esta idea es tan profunda en Gadamer (1977) que expone que los
productos del arte están solo para hablarnos, su dinámica es comunicar. Su fin es entrar en
contacto con otro humano. Se entiende que, de cierta forma, está vivo.
El espectador realiza el teatro en un sentido: desde la butaca hacia el escenario; el actor lo
hace en dirección contraria: desde el escenario hacia las butacas. Para el primero el escenario
es impresión, mientras que para el segundo es expresión (Bujvald, 2011: 13-14).
La impresión y la expresión integran una dicotomía que no debería ser separada. El actor no
representa si nadie está en la sala para recibir lo expresado, el auditorio no puede observar las
tablas vacías y decir que es un espectáculo teatral si nadie le expresa. A diferencia de otras
disciplinas artísticas, ambos seres deben estar presentes durante todo el fenómeno escénico,
no pueden obviarse ni minimizarse, de ahí que el diálogo y la comunicación estén vivos.
Se le habla a un ente vivo que pertenece a la sociedad para cambiar su perspectiva sobre los
hechos que les suceden a todos y los imposibilitan como seres humanos. Hay una necesidad
de hablar de ellos y no de banalidades ni de amarillismos:
La actividad del espectador no puede ser estudiada únicamente como una decodificación
perceptiva de un espectáculo, sino que debe ser afrontada en la complejidad de la experiencia,
en la que entran en juego no solo las dinámicas perceptivas, sino también las memorias, los
sistemas de aprendizaje, los condicionamientos culturales, el bagaje emotivo de cada uno de
los espectadores. Sería más correcto hablar de experiencia y no de percepción (Sofia, 2015:
122).
Los receptores son complejos, por lo cual hay que hablarles como los seres inteligentes que
son. Se merecen observar piezas teatrales que los lleven al límite de su ser. Además, Gabriele
Sofia (2015) expone, la persona tiene un bagaje propio; no es un papel en blanco que se llena,
más bien, es un tejido de experiencias que se entrelazan con las nuevas que surgen de lo visto
en escena.
La pieza teatral es un punto nuevo de conocimientos y sensaciones que llegan para modificar
el ser, para confrontarlo. El hecho de que existan obras gratificantes, donde el individuo se
sienta satisfecho con no pensar y dejarse entretener unos minutos, no quiere decir que las
necesite, pues,
de entre todos, el evento performativo, es decir, el evento escénico, es el que más llama al
espectador a elegir, a tomar decisiones, a hacer asociaciones, a construir el propio recorrido
dentro de la relación actor y espectador, a lo que podemos llamar relación performativa. El
objetivo del actor no consiste en construir una experiencia planificada y cerrada para el
espectador, sino más bien en sugerir fugas, asociaciones, yuxtaposiciones, elecciones de
imaginación (Sofia, 2015: 122).
El objetivo de esa relación performativa de la que habla Sofia es sugerir, presentar un
panorama para que el público conozca y decida a partir de él. No es para entretener, como la
palabra lo dice, entre tanto, entre que llega algo. En este caso, el fenómeno teatral es un
espacio donde ambas partes se hablan, se escuchan y conviven en plenitud.
Dubatti compara la vida y el teatro, puesto que el segundo, además de alimentarse de la
primera para su creación, solo existe mientras la vida ocurre; no es una pintura, una escultura
o un cortometraje, siempre existentes para ser observados. La representación dramática vive
cada vez que se observa, es un acontecimiento que no se repite, por lo cual el diálogo que
surge de ese acontecer también es único y está vivo.
Llamamos convivio teatral a la reunión de artistas, técnicos y espectadores en una encrucijada
territorial y temporal cotidiana (una sala, la calle, un bar, una casa, etc., en el tiempo
presente) En tanto acontecimiento, el teatro es algo que existe mientras sucede, y en tanto
cultura viviente no admite captura o cristalización en formatos tecnológicos. Como la vida, el
teatro no puede ser apresado en estructuras in vitro, no puede ser enlatado (Dubatti, 2015:
45).
Gadamer (1977) dice: queda en manos del receptor lo que haga con lo que tiene delante. Sin
embargo, la responsabilidad de llenarle las manos con conocimiento de causa recae en los
artistas; ellos toman la decisión de compartir su saber y su humanidad. Porque el arte
contiene un trabajo filosófico.
La labor del artista es una mezcla entre propuesta y apuesta, “lo maravilloso y misterioso del
arte es […] que abre un campo de juego a la libertad para el desarrollo de nuestra capacidad
de conocer” (Gadamer, 1977: 86). Es una manera distinta, fuera de lo común, y a la vez
complementaria, de llegar a un razonamiento. Su motor es la libertad de pensar, de actuar, de
decir y de crear.
Las reflexiones gadamerianas tienen una proximidad interesante con el arte y el quehacer
escénico; ya que interpretar es un hecho básico para la creación teatral. El dramaturgo
interpreta la realidad para escribir; el director al texto, para crear un universo; los actores y
actrices, a los personajes; a su vez, el espectador interpreta lo que ve. Esto resulta en una
comprensión del mundo:
Ya que la experiencia de la obra de arte implica un comprender, esto es, representa por sí
misma un fenómeno hermenéutico y desde luego no en el sentido de un método científico. Al
contrario, el comprender forma parte del encuentro con la obra de arte, de manera que esta
pertenencia solo podrá ser iluminada partiendo del modo de ser de laobra de arte (Gadamer,
1977: 142).
El quehacer escénico no es entretenimiento, no debe serlo. El trabajo teatral debe procurar
encontrarse con la humanidad para hablar de ella, con ella y para ella. De tal manera que los
espectadores se confronten con las verdades de la vida; al igual que los creadores escénicos,
quienes tuvieron que buscar en lo profundo de su ser para hablar de ellas.
El teatro “no es otra cosa sino el deseo del hombre de verse por dentro estando fuera de sí
mismo” (Ruelas, 2008: 16). Es una comunión casi mística de todos para seguir conociéndose.
Es medio y espacio para generar, con risas y llantos, algunas huellas en las personas y
trasciendan en su paradigma del mundo “la solidaridad es el presupuesto básico para la
creación de convicciones comunes. Para que puedan existir la comprensión, la solidaridad y
la unidad entre los hombres es necesario escuchar” (Aguilar, 2004: 64).

Personajes de una obra teatral

En una obra teatral, los personajes son el elemento fundamental que da vida a la historia. A
diferencia de la narrativa, donde el narrador puede contar lo que sucede, en el teatro son los
personajes, a través de sus palabras, gestos y acciones, quienes construyen el universo
dramático. Cada personaje está diseñado con un propósito específico: encarnar emociones,
ideas, valores o conflictos que el dramaturgo desea transmitir.
Protagonista
El protagonista es el eje central de la obra. Es quien sostiene el conflicto principal, ya sea
externo o interno. A través de sus acciones, decisiones y relaciones con los demás personajes,
la trama se va desarrollando. Este personaje suele tener una meta clara o un deseo profundo
que lo impulsa a actuar, lo que lo lleva a enfrentarse con diferentes obstáculos. Su
complejidad psicológica es crucial: puede tener dudas, contradicciones o momentos de
transformación que lo hacen más humano y cercano al espectador.
Además, el protagonista no siempre es un "héroe" en el sentido clásico. Puede ser un
personaje trágico, como Hamlet, que lucha consigo mismo, o un personaje cómico, que
genera humor a través de su torpeza o situaciones absurdas. Lo importante es que sea el foco
emocional y narrativo de la obra, aquel con quien el público se identifica o a quien observa
con mayor atención.

Antagonista
El antagonista cumple la función de oponerse al protagonista. Este personaje representa el
conflicto o la fuerza contraria que impide que el protagonista logre sus objetivos. Su papel es
generar tensión, hacer avanzar la acción y poner a prueba al personaje principal. A menudo se
lo asocia con el “villano”, pero esta simplificación no siempre es correcta. Un antagonista
bien construido tiene motivaciones propias, complejidad moral y puede incluso tener razones
justificadas para actuar como lo hace.
En algunas obras, el antagonista puede no ser una persona específica, sino una situación
(como la guerra o la pobreza), una institución (como el Estado o la Iglesia), o incluso un
conflicto interno del protagonista (como el miedo, la culpa o la locura). Esto enriquece el
texto dramático, ya que presenta obstáculos más profundos y abstractos.

Personajes secundarios
Los personajes secundarios tienen un papel menos destacado que el protagonista y el
antagonista, pero son esenciales para sostener la historia. Pueden ser aliados, enemigos
menores, confidentes, familiares, sirvientes, etc. Su función es ampliar el mundo de la obra,
aportar información, motivar decisiones del protagonista o revelar aspectos ocultos de su
personalidad.
Algunos personajes secundarios pueden tener un arco de transformación propio, aunque más
breve o sutil. También pueden representar subtemas de la obra, aportar momentos de alivio
cómico o dramatismo, o enriquecer el contexto social y emocional de la trama.

Figurantes
Los figurantes o extras son personajes sin desarrollo dramático. No suelen tener diálogo, o si
lo tienen, es mínimo y no influye en el conflicto principal. Su papel es principalmente
escenográfico: ayudan a poblar el escenario y dar credibilidad a las escenas. Por ejemplo, en
una plaza pública, pueden aparecer como vendedores, niños, ancianos o transeúntes que no
intervienen directamente, pero crean el ambiente necesario para que la acción tenga
verosimilitud.
Aunque no son protagonistas de la historia, su presencia refuerza el mundo ficticio y apoya la
construcción del espacio dramático. En algunas puestas en escena modernas, los figurantes
pueden adquirir una función simbólica o estilizada, según la visión del director.
Coro (en el teatro clásico)
El coro es una figura típica del teatro griego antiguo, aunque ha sido retomado por obras
modernas con funciones renovadas. Originalmente, era un conjunto de personajes que no
participaban directamente en la acción, pero la observaban y la comentaban. A veces
narraban lo ocurrido fuera de escena, expresaban juicios morales o representaban la voz del
pueblo o de los dioses.
El coro funcionaba como un puente entre los personajes y el público, ayudando a interpretar
el sentido de lo que se veía en escena. Podía hablar al unísono o alternarse con el diálogo de
los actores. En algunas obras contemporáneas, el coro ha sido adaptado como una figura
colectiva que rompe la cuarta pared o introduce elementos narrativos desde una perspectiva
externa.

Estrategias
1. Lectura en voz alta con roles asignados: Esta estrategia permite vivir el texto
dramático de forma activa. Al interpretar en voz alta los personajes, se entiende mejor
la entonación, el ritmo del diálogo y la emoción que transmite cada línea. Ayuda a
conectar con los sentimientos de los personajes y con las intenciones del autor.
2. Análisis de conflictos y relaciones: Identificar el conflicto principal y los
secundarios permite entender la estructura interna de la obra. Analizar las relaciones
entre personajes, sus motivaciones y cómo evolucionan a lo largo de la trama facilita
una comprensión más profunda del mensaje.
3. Ubicación temporal y espacial de la historia: Investigar el contexto histórico,
político y social en el que se desarrolla la obra ofrece claves interpretativas
importantes. Por ejemplo, saber si la obra fue escrita en un contexto de guerra,
opresión o cambio social puede dar sentido a muchas decisiones de los personajes.
4. Creación de fichas de personajes: Hacer una ficha detallada por personaje (con
información como edad, historia, forma de hablar, motivaciones, objetivos, etc.)
permite adentrarse más en su psicología y facilita su representación en escena.
También ayuda a notar cómo sus acciones impactan en la trama general.
5. Propuesta escénica creativa: Imaginar cómo se montaría la obra en un escenario
(iluminación, escenografía, música, vestuario) ayuda a visualizarla como un todo.
Esta estrategia integra los elementos visuales y sensoriales que complementan el texto
escrito y enriquecen la experiencia teatral.
6. Debate o foro post-lectura: Al compartir opiniones con otros sobre la obra, se
pueden descubrir múltiples interpretaciones y perspectivas. El teatro está hecho para
generar preguntas más que respuestas, por lo que debatir sobre los temas tratados
profundiza el análisis crítico.
7. Improvisación de escenas alternativas: Imaginar qué pasaría si los personajes
tomaran decisiones distintas permite explorar otras posibilidades narrativas. Esta
estrategia desarrolla la creatividad, el pensamiento lateral y una mejor comprensión
del conflicto dramático.
Referencias:

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