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Informe Del Corzón 1

La guía de laboratorio detalla una práctica de disección del corazón de chancho para que los estudiantes de fisioterapia comprendan su anatomía. Se identificaron y describieron las estructuras internas y externas del corazón, reforzando conocimientos teóricos y prácticos. La práctica también enfatizó la importancia de la seguridad y el uso adecuado de los instrumentos de disección.

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Informe Del Corzón 1

La guía de laboratorio detalla una práctica de disección del corazón de chancho para que los estudiantes de fisioterapia comprendan su anatomía. Se identificaron y describieron las estructuras internas y externas del corazón, reforzando conocimientos teóricos y prácticos. La práctica también enfatizó la importancia de la seguridad y el uso adecuado de los instrumentos de disección.

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GUÍA DE LABORATORIO Y/O TALLER

1. DATOS INFORMATIVOS

UNIDAD ACADEMICA: Universidad

politécnica salesiana

GRADO: 1

Nombre: Alexander Chulli

CARRERA: Fisioterapia

ASIGNATURA/MÓDULO:

Morfofisiología 1

Nivel: 1

GUÍA DE PRACTICA NÚMERO: 1

TEMA: Anatomía del corazón

2. OBJETIVO DE LA PRÁCTICA:

El objetivo de la práctica fue comprender e identificar y reconocer las estructuras

anatómicas del corazón externas como internas a través de la disección, se buscó identificar,

describir y establecer una explicación entre las diferentes partes que conforman el corazón.

Esta práctica nos permitió a los estudiantes reforzar sus conocimientos teóricos adquiridos en

clase, facilitando la conexión entre la estructura y función del corazón mediante la

observación directa y el análisis practico.


2

3. OBJETIVOS ESPECÍFICOS:

Reconocer y explicar anatómicamente las partes externas e internas y función del

corazón y su importancia que tiene en los seres humanos.

Con la ayuda de un corazón (chancho), logramos identificar con precisión las

estructuras anatómicas externas e internas del corazón durante la práctica de disección.

Diferenciar las cavidades, válvulas, vasos sanguíneos y demás elementos del corazón

mediante la observación directa y practica en laboratorio.

4. MATERIALES Y EQUIPOS:

Corazón del chancho

Pulmones de chancho

Materiales Disección

1. Tijera de disección

2. Bisturí con hoja N. 10 u 11

3. 1 pinza anatómica

4. Bandeja plástica o metálica grande

5. Riñonera

6. Jeringa de 60 ml

7. Trozo de Manguera delgada

Protección personal

1. Bata desechable (o mandil)


3

2. Guantes de látex (de manejo)

3. Mascarilla Quirúrgica

4. Toallas de papel

5. 2 fundas de basura

6. Frasco con agua y jabón

[Link]

Ingresamos al laboratorio, la licenciada nos dio recomendaciones y el tema del que

íbamos hablar y practicar, anatomía del corazón y disección.

La licenciada brindo recomendaciones de seguridad para empezar la práctica:

Anatomía del corazón, preparamos los equipos de disección y materiales, colocamos el

corazón en una bandeja para proteger el área de trabajo y evitar cualquier tipo de

contaminación en el laboratorio de práctica.

Procedimos a la disección del corazón con un corte coronal que nos indicó la

licenciada con los instrumentos adecuados y de manera cuidadosa para que no pase ningún

accidente durante la práctica, logramos hacer el corte coronal que se dividió en parte anterior

y parte posterior, para así identificar las estructuras principales del corazón: aurículas,

ventrículos derechos, ventrículos izquierdos, válvulas cardiacas (tricúspide, mitral, pulmonar

y aórtica) y vasos sanguinos, durante esta observación la licenciada nos fue explicando

detalladamente cada una de las partes observadas en el corazón de chancho por cada mesón,

lo que nos ayudó a comprender de forma práctica y teórica la anatomía cardíaca, además
4

identificamos la similitud que tiene un corazón humano y de chancho siendo una excelente

herramienta de trabajo para nuestro aprendizaje.

Finalizamos colocando el corazón de chancho en una funda de basura y limpiando el

área de trabajo y libre de residuos.

6. Conclusiones

La práctica nos ayudó a comprender de mejor manera la anatomía cardíaca mediante

un corazón de cerdo.

En conclusión, al cortar el corazón en un plano coronal, pudimos observar la

estructura de cómo está formado nuestro corazón por cavidades y válvulas.

Esta práctica ayudo al desarrollo de habilidades, técnicas y manejo de instrumentos de

disección, también la importancia de trabajar en equipo.

7. Recomendaciones

Entrar con el equipo adecuado al laboratorio de Morfofisiología.

Realizar una lectura previa del tema sería fundamental para comprender la clase de

mejor manera, antes de la práctica para tener una base teórica que facilite la identificación de

su función y comprender mejor el tema.


5

Seguir estrictamente las normas de seguridad y el uso adecuado de los instrumentos

de disección para evitar cualquier accidente en el laboratorio.

8. Anexos
6

9. Referencias bibliográficas

Tortora, G. J., & Derrickson, B. H. (2019). Principios de anatomía y fisiología (15ª

ed.). Editorial Médica Panamericana

Guyton, A. C., & Hall, J. E. (2021). Textbook of Medical Physiology (14° ed.).

Ámsterdam: Elsevier.
7

ANATOMÍA Y FISIOLOGÍA CARDIOVASCULAR

NAVARRETE MORALES JORGE ESTEBAN

CHULLI YEPEZ LENIN ALEXANDER

MORFOFISIOLOGÍA

MSc. Belén Jessica Calderón Llumiquinga

Nivel: 1 Grupo: 1

8 de junio del 2025


8

Contenido

MORFOFISIOLOGÍA....................................................................................................1

INTRODUCCIÓN.........................................................................................................3

MARCO TEÓRICO.......................................................................................................3

MORFOLOGIA CARDIACA...................................................................................3

UBICACIÓN CARDIACA........................................................................................7

FUNCIONES INHERENTES....................................................................................8

CONCLUSIONES.......................................................................................................11

RECOMENDACIONES..............................................................................................12

BIBLIOGRAFÍA..........................................................................................................14
9

INTRODUCCIÓN

El corazón humano, una bomba muscular tetra-cavitaria de magnitud equiparable al

puño individual, representa la entidad biomédica pivotal del sistema circulatorio. Su cadencia

pulsátil, ininterrumpida desde las primeras etapas del desarrollo embrionario y sostenida a lo

largo de toda la vida, garantiza la propulsión constante de la volemia a través de los

intrincados circuitos pulmonar y sistémico. Esta dinámica circulatoria es imperativa para la

nutrición celular, el suministro continuo de los requerimientos oxigenatorios y la eficiente

evacuación de los metabolitos de desecho, elementos esenciales para el mantenimiento de la

homeostasis y la vida misma. La complejidad y la vitalidad inherente a este órgano lo

convierten en un objeto de estudio fundamental en las ciencias de la salud, desde la anatomía

macroscópica hasta la fisiología molecular.

La profundización en la configuración anatómica cardíaca no solo constituye un pilar

inmutable de la morfofisiología, al revelar la interrelación intrínseca entre forma y función,

sino que también es un prerrequisito indispensable para la dilucidación de su funcionalidad

compleja. Este conocimiento anatómico es la base para comprender cómo el corazón, a través

de la contracción coordinada de sus cavidades y la operación precisa de sus válvulas,

mantiene el gasto cardíaco, regula la presión arterial y se adapta a las diversas demandas

metabólicas del organismo en situaciones de reposo y esfuerzo.

MARCO TEÓRICO

MORFOLOGIA CARDIACA
10

El corazón humano se configura como una estructura muscular hueca con

configuración cónica invertida con un peso oscilante entre 280 y 340 gramos en sujetos

masculinos adultos y de 230 a 280 gramos en individuos adultos femeninos (Agur & Dalley,

2017). Su protección y contención están provistas por el pericardio, un saco fibroseroso

bilaminar que, además de su función protectora, limita el desplazamiento cardiaco excesivo

dentro del mediastino. La capa más externa, el pericardio fibroso, encargada de fijar el

corazón al diafragma, al esternón y a los grandes vasos. Internamente, el pericardio se

subdivide en una lámina parietal, íntimamente adherida al pericardio fibroso, y una lámina

visceral, comúnmente conocida como epicardio, que recubre directamente la superficie

externa del miocardio. Entre estas dos láminas serosas se delimita la cavidad pericárdica, la

cual contiene un volumen mínimo de líquido pericárdico de unos 15 a 50 mL. La función

primordial de este líquido es la reducción de la fricción durante el ciclo de contracción

constante del órgano, facilitando el movimiento cardíaco (McMinn, R., Hutchings, & Logan,

2017) (Standring, 2015).

La superficie externa del miocardio se halla surcada por depresiones notorias que

delimitan las divisiones entre sus cuatro cavidades y, simultáneamente, alojan los vasos

principales de la circulación coronaria. El surco coronario, o auriculoventricular, es una

depresión circunferencial que establece la discontinuidad anatómica entre las aurículas y los

ventrículos. Este surco funciona de trayecto para la arteria coronaria derecha, el seno

coronario y un segmento de la arteria circunfleja. Las depresiones interventriculares anterior

y posterior constituyen invaginaciones longitudinales que segmentan las superficies ventral y

dorsal de los ventrículos, respectivamente, indicando la ubicación subyacente del septo

interventricular (Sobotta, 2018). La depresión interventricular anterior aloja la arteria

descendente anterior, una rama de la coronaria izquierda, mientras que la depresión


11

interventricular posterior habitualmente contiene la arteria descendente posterior, marcando

de este modo los límites externos de las cámaras cardíacas.

El corazón se compone de cuatro cavidades funcionalmente interconectadas para la

secuencia eficiente del flujo sanguíneo. Las aurículas, cámaras superiores de paredes más

atenuadas y menor volumen, operan como receptáculos para el retorno venoso. La aurícula

derecha recibe afluencias hemáticas desoxigenadas de la vena cava superior, que drena la

porción superior del cuerpo, la vena cava inferior, encargada de drena la porción inferior del

cuerpo, y el seno coronario, que drena el propio miocardio. Sus características internas

incluyen la crista terminalis, una cresta muscular que demarca una porción posterior lisa (el

seno de las cavas) de una porción anterior más rugosa, provista de músculos pectíneos. La

aurícula izquierda acoge el influjo de sangre oxigenada proveniente de las cuatro venas

pulmonares siendo su superficie mayormente lisa, con la excepción de los músculos

pectíneos limitados a su orejuela. En contraste, los ventrículos, cavidades inferiores con

paredes de mayor espesor y capacidad de bombeo, funcionan como elementos de propulsión.

El ventrículo derecho expulsa la sangre desoxigenada hacia la circulación pulmonar, mientras

que el ventrículo izquierdo la impulsa, ya oxigenada, hacia la circulación sistémica.

La organización espacial interna del corazón es fundamental para asegurar un flujo

hemático estrictamente unidireccional y eficiente, impidiendo el conmixtión de sangre

oxigenada y desoxigenada. El septo interauricular es una pared delgada que segrega la

aurícula derecha de la aurícula izquierda. Durante la ontogenia fetal, esta estructura presenta

el foramen oval, una comunicación que habitualmente se oblitera post-nacimiento, formando

la fosa oval (Tortora & Derrickson , 2006). El septo interventricular es una robusta pared

muscular que disocia el ventrículo derecho del ventrículo izquierdo. Constituye una

estructura vital que previene el cortocircuito sanguíneo entre ambas circulaciones, lo cual es

esencial para el mantenimiento de presiones y saturaciones oxigenatorias adecuadas en cada


12

sistema; su porción muscular es notablemente más gruesa que su pequeña porción

membranosa (BoroN & Boulpaep, 2017).

La aurícula derecha (AD) transfiere el flujo hemático desoxigenado hacia el

ventrículo derecho a través de la válvula tricúspide, una válvula auriculoventricular provista

de tres valvas, la anterior, posterior y septal, que se fijan a las cuerdas tendinosas y músculos

papilares. El ventrículo derecho (VD) presenta una configuración transversa en forma de

creciente, adaptada para bombear sangre a la circulación pulmonar de baja resistencia. Sus

paries internos están revestidos por trabéculas carnosas, que son proyecciones musculares

irregulares, y músculos papilares (anterior, posterior y septal) que se conectan a las valvas de

la válvula tricúspide mediante cuerdas tendinosas. Estas estructuras impiden la protrusión de

las valvas hacia la aurícula durante la fase sistólica ventricular, asegurando la competencia

valvular. La sangre se expulsa hacia el tronco pulmonar a través de la válvula pulmonar, una

válvula semilunar compuesta por tres valvas (anterior, derecha e izquierda) (Rohen, Yokochi,

& Lütjen-Drecoll, 2016).

La aurícula izquierda (AI) transfiere sangre oxigenada hacia el ventrículo izquierdo a

través de la válvula mitral (o bicúspide), una válvula auriculoventricular con dos valvas

(anterior y posterior), ancladas también por cuerdas tendinosas y músculos papilares (Hansen,

2018) (Gilroy, MacPherson, & Ross, 2021). La integridad funcional de esta válvula es

fundamental, puesto que su disfunción configura una de las cardiovalvulopatías de mayor

prevalencia. El ventrículo izquierdo (VI) posee los paries de mayor grosor del corazón, una

característica morfológica que se correlaciona con la elevada presión intracameral necesaria

para impulsar la sangre hacia la vasta circulación sistémica. Su morfología es más cónica o

elipsoidal. Similar al ventrículo derecho, exhibe trabéculas carnosas prominentes y dos

prominentes músculos papilares (anterior y posterior) que aseguran la competencia de la

válvula mitral. La sangre oxigenada es eyectada hacia la aorta a través de la válvula aórtica,
13

una válvula semilunar con tres valvas (Standring, 2015) (Guyton & Hall, 2020). Las cúspides

de las válvulas semilunares son estructuras en forma de bolsa que se llenan de sangre durante

la diástole, facilitando su cierre hermético. El esqueleto fibroso del corazón, una estructura de

tejido conectivo denso y no conductor de electricidad, proporciona un marco para el anclaje

de las valvas valvulares y los músculos cardíacos, además de funcionar como un aislante

eléctrico entre las aurículas y los ventrículos, excepto por las vías de conducción específicas

(Netter, 2014).

UBICACIÓN CARDIACA

La posición topográfica del corazón en el tórax reviste una importancia capital para su

acción fisiológica y sus interacciones con las adyacentes estructuras mediastínicas. El órgano

cardiaco se ubica en el mediastino medio, un compartimento torácico delimitado

ventralmente por el esternón, dorsalmente por las vértebras torácicas (T5 y T8) y lateralmente

por las membranas pleurales. Inferiormente, reposa sobre el diafragma, y superiormente, se

relaciona con la bifurcación de la tráquea y el arco aórtico. La orientación del eje longitudinal

cardiaco dista de ser estrictamente vertical, inclinándose significativamente hacia la

izquierda, ventral y caudal. Aproximadamente dos tercios de la masa miocárdica se sitúan a

la izquierda de la línea medioesternal (Putz & Pabst, 2004).

La base cardíaca adopta una dirección póstero-superior y dextral, siendo conformada

mayoritariamente por la aurícula izquierda y una porción de la aurícula derecha, además de

ser el punto de emergencia de los grandes vasos eferentes, como la aorta y el tronco

pulmonar, que ascienden desde ella. El vértice (ápex) cardíaco se proyecta ántero-

inferiormente y sinistralmente, representando la extremidad más inferolateral del ventrículo


14

izquierdo. Esta punta es palpable en la pared costal, específicamente en el quinto espacio

intercostal izquierdo, a una distancia aproximada de 8-9 cm de la línea medioclavicular,

identificándose como el ictus cordis o punto de máximo impulso, cuya localización puede

variar ligeramente con la postura y la fase de la respiración (Palastanga, Field, & Soames,

2012). Esta disposición espacial optimiza la eficacia del ventrículo izquierdo en la eyección

de sangre hacia la aorta ascendente, la cual describe una curvatura craneal y dextral.

FUNCIONES INHERENTES

La pared miocárdica se estratifica en tres capas concéntricas, cada una con roles

funcionales distintivos. El epicardio constituye la túnica más externa, también identificada

como la lámina visceral del pericardio seroso. Se compone de tejido conectivo laxo y una

monocapa de mesotelio. Incorpora tejido adiposo (especialmente a lo largo de los surcos

coronarios), los principales vasos coronarios y fibras nerviosas. Su superficie lisa disminuye

la fricción durante la contracción cardíaca, facilitando el movimiento del corazón dentro del

saco pericárdico (Ross & Pawlina, 2016). El miocardio es la capa media y funcionalmente

preeminente, conformada por músculo cardíaco estriado. Es el componente responsable de la

contracción y relajación del corazón. El grosor de esta capa manifiesta una notable

variabilidad entre las cavidades, alcanzando su máxima expresión en el ventrículo izquierdo,

en consonancia con la magnitud de la presión que debe generar para la circulación sistémica.

Los cardiomiocitos, o células del músculo cardíaco, son células ramificadas, mono- o

binucleadas, interconectadas por discos intercalares. Estas uniones especializadas presentan

desmosomas, que confieren cohesión mecánica, resistiendo fuerzas de tracción y asegurando

la integridad estructural del tejido durante la contracción, y uniones GAP, uniones

comunicantes que permiten una veloz difusión iónica, estableciendo un sincitio eléctrico que
15

facilita la rápida propagación del impulso y una contracción coordinada. (Geneser, 2012)

(Junqueira & Carneiro, 2005). El endocardio es la capa más interna, una delgada membrana

que tapiza todas las cavidades cardíacas y las superficies valvulares. Se compone de una capa

de endotelio, epitelio escamoso simple, sustentada por una delgada lámina de tejido

conectivo. Su superficie lisa minimiza la resistencia al flujo hemático y previene la

trombogénesis intravascular, dada su propiedad antitrombótica (Ross & Pawlina, 2016)

(Kierszenbaum & Tres, 2021).

La inherente capacidad del corazón para generar un latido rítmico, independiente de la

inervación nerviosa extrínseca, reside en su sistema de conducción intrínseco. Esta red

especializada de cardiomiocitos modificados genera y propaga eficientemente los impulsos

eléctricos. El nódulo sinoauricular (SA), emplazado en la porción superior de la pared de la

aurícula derecha, contiguo a la desembocadura de la VCS, es reconocido como el marcapasos

fisiológico del corazón. Genera impulsos eléctricos a una frecuencia intrínseca de 60-100

latidos por minuto, estableciendo el ritmo sinusal normal (Levick, 2013).

El impulso se disemina desde el nódulo SA a través de las aurículas, por vías

internodales, induciendo su contracción coordinada, y ulteriormente converge en el nódulo

auriculoventricular (AV), situado en la porción inferior del septo interauricular, próximo al

orificio del seno coronario. En este punto, el impulso experimenta un retardo fisiológico

transitorio, conocido como retardo AV. Este lapso permite que las aurículas completen su

contracción y vacíen su contenido hemático en los ventrículos antes de la subsecuente

despolarización y contracción ventricular, optimizando el llenado ventricular (Tortora &

Derrickson , 2006).
16

Desde el nódulo AV, el impulso transita a través del Haz de His (o fascículo AV), el

cual atraviesa el esqueleto fibroso, una barrera eléctrica que aísla las aurículas de los

ventrículos, excepto por esta vía de conducción especializada, y se dicotomiza en las ramas

derecha e izquierda del Haz de His en el septo interventricular. La rama izquierda es más

robusta y se subdivide en fascículos anterior, posterior y septal. Estas ramas se subdividen en

una red de fibras de Purkinje, las cuales se extienden con gran celeridad por la totalidad del

miocardio ventricular (subendocárdicamente). Esta rápida propagación garantiza una

despolarización ventricular casi simultánea, resultando en una contracción ventricular

coordinada y de máxima eficiencia propulsora, desde el ápex hacia la base (Kandel,

Schwartz, & Jessell, 2013). A pesar de la autonomía intrínseca del sistema de conducción, la

frecuencia cardíaca es modulada por el sistema nervioso autónomo: el componente simpático

incrementa la frecuencia cardíaca (efecto cronotrópico positivo) y la fuerza contráctil (efecto

inotrópico positivo), mientras que el componente parasimpático la disminuye (mediado por el

nervio vago), ajustando dinámicamente la función cardíaca a las necesidades metabólicas del

organismo (Bear, Connors, & Paradiso, 2016) (Purves, y otros, 2018).

El tejido miocárdico, caracterizado por su incesante actividad metabólica y su

considerable requerimiento de oxígeno y nutrientes, no obtiene estos elementos directamente

de la sangre que fluye por sus cavidades internas. Por consiguiente, su propia nutrición se

efectúa mediante un sistema vascular especializado: la circulación coronaria. La arteria

coronaria derecha (ACD) y la arteria coronaria izquierda (ACI) constituyen los dos vasos

primarios que se desprenden de la aorta ascendente, inmediatamente superior a las valvas de

la válvula aórtica (Netter, 2014). La disposición de estas arterias es fundamental para la

viabilidad del tejido miocárdico.


17

La arteria coronaria izquierda es un conducto de escasa longitud que se divide en dos

ramas distintas: la arteria descendente anterior (DAI), también conocida como

interventricular anterior, que discurre por la depresión interventricular anterior y vasculariza

la mayor parte del septo interventricular y la pared anterior del ventrículo izquierdo.

Clínicamente, esta arteria se asocia con la mayor incidencia de infartos de miocardio extensos

debido a la gran área de miocardio que irriga (Standring, 2015). La segunda rama es la arteria

circunfleja, que recorre el surco coronario hacia la izquierda y aporta irrigación a la aurícula

izquierda y las paredes lateral y posterior del ventrículo izquierdo.

La arteria coronaria derecha se distribuye a lo largo del surco coronario hacia la

derecha y, en la mayoría de los individuos (condición de dominancia derecha, donde la ACD

emite la arteria descendente posterior), da origen a la arteria descendente posterior (ADP).

Esta última vasculariza el tercio posterior del septo interventricular y porciones de ambos

ventrículos. Adicionalmente, la ACD irriga el nódulo SA y, en la mayoría de los casos, el

nódulo AV, lo que la hace crucial para el mantenimiento del ritmo cardíaco (Schulte,

Schumacher, Schünke, Ross, & Lamperti, 2016) (Sobotta, 2018).

El drenaje venoso del miocardio se lleva a cabo principalmente a través del seno

coronario, una vena de gran calibre ubicada en el surco coronario posterior, la cual recolecta

la sangre desoxigenada de la mayoría de las venas cardíacas (vena cardíaca magna, vena

cardíaca media, vena cardíaca menor) y se vacía directamente en la aurícula derecha (Gray,

2018). Las venas cardíacas anteriores drenan directamente en la aurícula derecha, mientras

que las venas de Tebesio (venae cordis minimae) son pequeñas venas que se abren

directamente en las cavidades cardíacas. Las patologías que comprometen este sistema

vascular, como la aterosclerosis coronaria, representan las causas predominantes de la


18

cardiopatía isquémica, pudiendo precipitar la isquemia (déficit de aporte sanguíneo y

oxigenatorio a un tejido) o el infarto de miocardio (necrosis del tejido cardíaco resultante de

isquemia prolongada), con repercusiones potencialmente letales para la función cardíaca y la

viabilidad sistémica.

CONCLUSIONES

El escrutinio de la anatomía del corazón humano revela una estructura de complejidad

eximia y funcionalidad magistral, intrínsecamente diseñada para su rol vital como propulsor

central del sistema circulatorio. Su ubicación mediastínica oblicua, que optimiza su mecánica

y las interacciones con las estructuras torácicas circundantes, y su configuración interna

multicavitaria, separada por septos y regulada por un sistema valvular de precisión

biomecánica, son elementos estructurales determinantes para el flujo hemático unidireccional

y la optimización del ciclo cardíaco, factores esenciales para la perfusión sistémica integral.

El miocardio, con su distintiva histología de cardiomiocitos interconectados por

discos intercalares, posibilita una contracción celular sinérgica. Paralelamente, el sistema de

conducción eléctrico intrínseco confiere al corazón su automatismo y la propagación

coordinada del impulso, dictando la cadencia cardíaca. Finalmente, la circulación coronaria,

con su red arterial y venosa especializada, garantiza el soporte metabólico indispensable para

un órgano en actividad ininterrumpida. La aprehensión exhaustiva de esta anatomía

constituye un imperativo epistemológico para la comprensión cabal de su fisiología

propulsora, sus mecanismos de regulación y la etiopatogenia de las diversas afecciones que,

al comprometer su configuración estructural, menoscaban su función vital.


19

RECOMENDACIONES

Emplear modelos anatómicos o símiles orgánicos, modalidades cruciales para una

aprehensión espacial precisa de las cavidades, las relaciones valvulares y los grandes vasos

cardíacos.

La experiencia con símiles orgánicos, la manipulación directa del tejido real, la

palpación de sus texturas y la observación de su estructura tridimensional ofrecen una

perspectiva que ningún libro puede replicar. Al identificar las válvulas, los músculos

papilares, las trabéculas carnosas y los grandes vasos en un espécimen real, se consolida el

conocimiento teórico y se comprenden mejor las variaciones que pueden existir. Estas

modalidades son, sin duda, pilares para una comprensión morfológica que se traduce

directamente en una mejor interpretación de imágenes médicas y de la función cardíaca.

Involucrarse en sesiones donde se correlacionen hallazgos anatómicos post-mortem

(autopsias) o quirúrgicos con las manifestaciones clínicas y diagnósticos por imagen. Esta

práctica integra el conocimiento anatómico con la realidad patológica y terapéutica.

Se debe comprender el papel de las proteínas contráctiles clave (actina y miosina) y

cómo su interacción genera fuerza. Es igualmente importante el estudio detallado de la

regulación por calcio: cómo entra el calcio a la célula, cómo se libera del retículo

sarcoplásmico, cómo interactúa con las proteínas reguladoras (troponina y tropomiosina) para

iniciar el ciclo de contracción y cómo se recaptura para permitir la relajación. Además, la

función de los canales iónicos en la membrana celular del cardiomiocito es vital para generar

y propagar el potencial de acción cardíaco, la señal eléctrica que inicia cada latido. Una

comprensión sólida de estos mecanismos moleculares es crucial para entender fenómenos


20

como la inotropía (fuerza de contracción), el automatismo y las bases de diversas arritmias

cardíacas.

BIBLIOGRAFÍA

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