GUÍA DE LABORATORIO Y/O TALLER
1. DATOS INFORMATIVOS
UNIDAD ACADEMICA: Universidad
politécnica salesiana
GRADO: 1
Nombre: Alexander Chulli
CARRERA: Fisioterapia
ASIGNATURA/MÓDULO:
Morfofisiología 1
Nivel: 1
GUÍA DE PRACTICA NÚMERO: 1
TEMA: Anatomía del corazón
2. OBJETIVO DE LA PRÁCTICA:
El objetivo de la práctica fue comprender e identificar y reconocer las estructuras
anatómicas del corazón externas como internas a través de la disección, se buscó identificar,
describir y establecer una explicación entre las diferentes partes que conforman el corazón.
Esta práctica nos permitió a los estudiantes reforzar sus conocimientos teóricos adquiridos en
clase, facilitando la conexión entre la estructura y función del corazón mediante la
observación directa y el análisis practico.
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3. OBJETIVOS ESPECÍFICOS:
Reconocer y explicar anatómicamente las partes externas e internas y función del
corazón y su importancia que tiene en los seres humanos.
Con la ayuda de un corazón (chancho), logramos identificar con precisión las
estructuras anatómicas externas e internas del corazón durante la práctica de disección.
Diferenciar las cavidades, válvulas, vasos sanguíneos y demás elementos del corazón
mediante la observación directa y practica en laboratorio.
4. MATERIALES Y EQUIPOS:
Corazón del chancho
Pulmones de chancho
Materiales Disección
1. Tijera de disección
2. Bisturí con hoja N. 10 u 11
3. 1 pinza anatómica
4. Bandeja plástica o metálica grande
5. Riñonera
6. Jeringa de 60 ml
7. Trozo de Manguera delgada
Protección personal
1. Bata desechable (o mandil)
3
2. Guantes de látex (de manejo)
3. Mascarilla Quirúrgica
4. Toallas de papel
5. 2 fundas de basura
6. Frasco con agua y jabón
[Link]
Ingresamos al laboratorio, la licenciada nos dio recomendaciones y el tema del que
íbamos hablar y practicar, anatomía del corazón y disección.
La licenciada brindo recomendaciones de seguridad para empezar la práctica:
Anatomía del corazón, preparamos los equipos de disección y materiales, colocamos el
corazón en una bandeja para proteger el área de trabajo y evitar cualquier tipo de
contaminación en el laboratorio de práctica.
Procedimos a la disección del corazón con un corte coronal que nos indicó la
licenciada con los instrumentos adecuados y de manera cuidadosa para que no pase ningún
accidente durante la práctica, logramos hacer el corte coronal que se dividió en parte anterior
y parte posterior, para así identificar las estructuras principales del corazón: aurículas,
ventrículos derechos, ventrículos izquierdos, válvulas cardiacas (tricúspide, mitral, pulmonar
y aórtica) y vasos sanguinos, durante esta observación la licenciada nos fue explicando
detalladamente cada una de las partes observadas en el corazón de chancho por cada mesón,
lo que nos ayudó a comprender de forma práctica y teórica la anatomía cardíaca, además
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identificamos la similitud que tiene un corazón humano y de chancho siendo una excelente
herramienta de trabajo para nuestro aprendizaje.
Finalizamos colocando el corazón de chancho en una funda de basura y limpiando el
área de trabajo y libre de residuos.
6. Conclusiones
La práctica nos ayudó a comprender de mejor manera la anatomía cardíaca mediante
un corazón de cerdo.
En conclusión, al cortar el corazón en un plano coronal, pudimos observar la
estructura de cómo está formado nuestro corazón por cavidades y válvulas.
Esta práctica ayudo al desarrollo de habilidades, técnicas y manejo de instrumentos de
disección, también la importancia de trabajar en equipo.
7. Recomendaciones
Entrar con el equipo adecuado al laboratorio de Morfofisiología.
Realizar una lectura previa del tema sería fundamental para comprender la clase de
mejor manera, antes de la práctica para tener una base teórica que facilite la identificación de
su función y comprender mejor el tema.
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Seguir estrictamente las normas de seguridad y el uso adecuado de los instrumentos
de disección para evitar cualquier accidente en el laboratorio.
8. Anexos
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9. Referencias bibliográficas
Tortora, G. J., & Derrickson, B. H. (2019). Principios de anatomía y fisiología (15ª
ed.). Editorial Médica Panamericana
Guyton, A. C., & Hall, J. E. (2021). Textbook of Medical Physiology (14° ed.).
Ámsterdam: Elsevier.
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ANATOMÍA Y FISIOLOGÍA CARDIOVASCULAR
NAVARRETE MORALES JORGE ESTEBAN
CHULLI YEPEZ LENIN ALEXANDER
MORFOFISIOLOGÍA
MSc. Belén Jessica Calderón Llumiquinga
Nivel: 1 Grupo: 1
8 de junio del 2025
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Contenido
MORFOFISIOLOGÍA....................................................................................................1
INTRODUCCIÓN.........................................................................................................3
MARCO TEÓRICO.......................................................................................................3
MORFOLOGIA CARDIACA...................................................................................3
UBICACIÓN CARDIACA........................................................................................7
FUNCIONES INHERENTES....................................................................................8
CONCLUSIONES.......................................................................................................11
RECOMENDACIONES..............................................................................................12
BIBLIOGRAFÍA..........................................................................................................14
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INTRODUCCIÓN
El corazón humano, una bomba muscular tetra-cavitaria de magnitud equiparable al
puño individual, representa la entidad biomédica pivotal del sistema circulatorio. Su cadencia
pulsátil, ininterrumpida desde las primeras etapas del desarrollo embrionario y sostenida a lo
largo de toda la vida, garantiza la propulsión constante de la volemia a través de los
intrincados circuitos pulmonar y sistémico. Esta dinámica circulatoria es imperativa para la
nutrición celular, el suministro continuo de los requerimientos oxigenatorios y la eficiente
evacuación de los metabolitos de desecho, elementos esenciales para el mantenimiento de la
homeostasis y la vida misma. La complejidad y la vitalidad inherente a este órgano lo
convierten en un objeto de estudio fundamental en las ciencias de la salud, desde la anatomía
macroscópica hasta la fisiología molecular.
La profundización en la configuración anatómica cardíaca no solo constituye un pilar
inmutable de la morfofisiología, al revelar la interrelación intrínseca entre forma y función,
sino que también es un prerrequisito indispensable para la dilucidación de su funcionalidad
compleja. Este conocimiento anatómico es la base para comprender cómo el corazón, a través
de la contracción coordinada de sus cavidades y la operación precisa de sus válvulas,
mantiene el gasto cardíaco, regula la presión arterial y se adapta a las diversas demandas
metabólicas del organismo en situaciones de reposo y esfuerzo.
MARCO TEÓRICO
MORFOLOGIA CARDIACA
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El corazón humano se configura como una estructura muscular hueca con
configuración cónica invertida con un peso oscilante entre 280 y 340 gramos en sujetos
masculinos adultos y de 230 a 280 gramos en individuos adultos femeninos (Agur & Dalley,
2017). Su protección y contención están provistas por el pericardio, un saco fibroseroso
bilaminar que, además de su función protectora, limita el desplazamiento cardiaco excesivo
dentro del mediastino. La capa más externa, el pericardio fibroso, encargada de fijar el
corazón al diafragma, al esternón y a los grandes vasos. Internamente, el pericardio se
subdivide en una lámina parietal, íntimamente adherida al pericardio fibroso, y una lámina
visceral, comúnmente conocida como epicardio, que recubre directamente la superficie
externa del miocardio. Entre estas dos láminas serosas se delimita la cavidad pericárdica, la
cual contiene un volumen mínimo de líquido pericárdico de unos 15 a 50 mL. La función
primordial de este líquido es la reducción de la fricción durante el ciclo de contracción
constante del órgano, facilitando el movimiento cardíaco (McMinn, R., Hutchings, & Logan,
2017) (Standring, 2015).
La superficie externa del miocardio se halla surcada por depresiones notorias que
delimitan las divisiones entre sus cuatro cavidades y, simultáneamente, alojan los vasos
principales de la circulación coronaria. El surco coronario, o auriculoventricular, es una
depresión circunferencial que establece la discontinuidad anatómica entre las aurículas y los
ventrículos. Este surco funciona de trayecto para la arteria coronaria derecha, el seno
coronario y un segmento de la arteria circunfleja. Las depresiones interventriculares anterior
y posterior constituyen invaginaciones longitudinales que segmentan las superficies ventral y
dorsal de los ventrículos, respectivamente, indicando la ubicación subyacente del septo
interventricular (Sobotta, 2018). La depresión interventricular anterior aloja la arteria
descendente anterior, una rama de la coronaria izquierda, mientras que la depresión
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interventricular posterior habitualmente contiene la arteria descendente posterior, marcando
de este modo los límites externos de las cámaras cardíacas.
El corazón se compone de cuatro cavidades funcionalmente interconectadas para la
secuencia eficiente del flujo sanguíneo. Las aurículas, cámaras superiores de paredes más
atenuadas y menor volumen, operan como receptáculos para el retorno venoso. La aurícula
derecha recibe afluencias hemáticas desoxigenadas de la vena cava superior, que drena la
porción superior del cuerpo, la vena cava inferior, encargada de drena la porción inferior del
cuerpo, y el seno coronario, que drena el propio miocardio. Sus características internas
incluyen la crista terminalis, una cresta muscular que demarca una porción posterior lisa (el
seno de las cavas) de una porción anterior más rugosa, provista de músculos pectíneos. La
aurícula izquierda acoge el influjo de sangre oxigenada proveniente de las cuatro venas
pulmonares siendo su superficie mayormente lisa, con la excepción de los músculos
pectíneos limitados a su orejuela. En contraste, los ventrículos, cavidades inferiores con
paredes de mayor espesor y capacidad de bombeo, funcionan como elementos de propulsión.
El ventrículo derecho expulsa la sangre desoxigenada hacia la circulación pulmonar, mientras
que el ventrículo izquierdo la impulsa, ya oxigenada, hacia la circulación sistémica.
La organización espacial interna del corazón es fundamental para asegurar un flujo
hemático estrictamente unidireccional y eficiente, impidiendo el conmixtión de sangre
oxigenada y desoxigenada. El septo interauricular es una pared delgada que segrega la
aurícula derecha de la aurícula izquierda. Durante la ontogenia fetal, esta estructura presenta
el foramen oval, una comunicación que habitualmente se oblitera post-nacimiento, formando
la fosa oval (Tortora & Derrickson , 2006). El septo interventricular es una robusta pared
muscular que disocia el ventrículo derecho del ventrículo izquierdo. Constituye una
estructura vital que previene el cortocircuito sanguíneo entre ambas circulaciones, lo cual es
esencial para el mantenimiento de presiones y saturaciones oxigenatorias adecuadas en cada
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sistema; su porción muscular es notablemente más gruesa que su pequeña porción
membranosa (BoroN & Boulpaep, 2017).
La aurícula derecha (AD) transfiere el flujo hemático desoxigenado hacia el
ventrículo derecho a través de la válvula tricúspide, una válvula auriculoventricular provista
de tres valvas, la anterior, posterior y septal, que se fijan a las cuerdas tendinosas y músculos
papilares. El ventrículo derecho (VD) presenta una configuración transversa en forma de
creciente, adaptada para bombear sangre a la circulación pulmonar de baja resistencia. Sus
paries internos están revestidos por trabéculas carnosas, que son proyecciones musculares
irregulares, y músculos papilares (anterior, posterior y septal) que se conectan a las valvas de
la válvula tricúspide mediante cuerdas tendinosas. Estas estructuras impiden la protrusión de
las valvas hacia la aurícula durante la fase sistólica ventricular, asegurando la competencia
valvular. La sangre se expulsa hacia el tronco pulmonar a través de la válvula pulmonar, una
válvula semilunar compuesta por tres valvas (anterior, derecha e izquierda) (Rohen, Yokochi,
& Lütjen-Drecoll, 2016).
La aurícula izquierda (AI) transfiere sangre oxigenada hacia el ventrículo izquierdo a
través de la válvula mitral (o bicúspide), una válvula auriculoventricular con dos valvas
(anterior y posterior), ancladas también por cuerdas tendinosas y músculos papilares (Hansen,
2018) (Gilroy, MacPherson, & Ross, 2021). La integridad funcional de esta válvula es
fundamental, puesto que su disfunción configura una de las cardiovalvulopatías de mayor
prevalencia. El ventrículo izquierdo (VI) posee los paries de mayor grosor del corazón, una
característica morfológica que se correlaciona con la elevada presión intracameral necesaria
para impulsar la sangre hacia la vasta circulación sistémica. Su morfología es más cónica o
elipsoidal. Similar al ventrículo derecho, exhibe trabéculas carnosas prominentes y dos
prominentes músculos papilares (anterior y posterior) que aseguran la competencia de la
válvula mitral. La sangre oxigenada es eyectada hacia la aorta a través de la válvula aórtica,
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una válvula semilunar con tres valvas (Standring, 2015) (Guyton & Hall, 2020). Las cúspides
de las válvulas semilunares son estructuras en forma de bolsa que se llenan de sangre durante
la diástole, facilitando su cierre hermético. El esqueleto fibroso del corazón, una estructura de
tejido conectivo denso y no conductor de electricidad, proporciona un marco para el anclaje
de las valvas valvulares y los músculos cardíacos, además de funcionar como un aislante
eléctrico entre las aurículas y los ventrículos, excepto por las vías de conducción específicas
(Netter, 2014).
UBICACIÓN CARDIACA
La posición topográfica del corazón en el tórax reviste una importancia capital para su
acción fisiológica y sus interacciones con las adyacentes estructuras mediastínicas. El órgano
cardiaco se ubica en el mediastino medio, un compartimento torácico delimitado
ventralmente por el esternón, dorsalmente por las vértebras torácicas (T5 y T8) y lateralmente
por las membranas pleurales. Inferiormente, reposa sobre el diafragma, y superiormente, se
relaciona con la bifurcación de la tráquea y el arco aórtico. La orientación del eje longitudinal
cardiaco dista de ser estrictamente vertical, inclinándose significativamente hacia la
izquierda, ventral y caudal. Aproximadamente dos tercios de la masa miocárdica se sitúan a
la izquierda de la línea medioesternal (Putz & Pabst, 2004).
La base cardíaca adopta una dirección póstero-superior y dextral, siendo conformada
mayoritariamente por la aurícula izquierda y una porción de la aurícula derecha, además de
ser el punto de emergencia de los grandes vasos eferentes, como la aorta y el tronco
pulmonar, que ascienden desde ella. El vértice (ápex) cardíaco se proyecta ántero-
inferiormente y sinistralmente, representando la extremidad más inferolateral del ventrículo
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izquierdo. Esta punta es palpable en la pared costal, específicamente en el quinto espacio
intercostal izquierdo, a una distancia aproximada de 8-9 cm de la línea medioclavicular,
identificándose como el ictus cordis o punto de máximo impulso, cuya localización puede
variar ligeramente con la postura y la fase de la respiración (Palastanga, Field, & Soames,
2012). Esta disposición espacial optimiza la eficacia del ventrículo izquierdo en la eyección
de sangre hacia la aorta ascendente, la cual describe una curvatura craneal y dextral.
FUNCIONES INHERENTES
La pared miocárdica se estratifica en tres capas concéntricas, cada una con roles
funcionales distintivos. El epicardio constituye la túnica más externa, también identificada
como la lámina visceral del pericardio seroso. Se compone de tejido conectivo laxo y una
monocapa de mesotelio. Incorpora tejido adiposo (especialmente a lo largo de los surcos
coronarios), los principales vasos coronarios y fibras nerviosas. Su superficie lisa disminuye
la fricción durante la contracción cardíaca, facilitando el movimiento del corazón dentro del
saco pericárdico (Ross & Pawlina, 2016). El miocardio es la capa media y funcionalmente
preeminente, conformada por músculo cardíaco estriado. Es el componente responsable de la
contracción y relajación del corazón. El grosor de esta capa manifiesta una notable
variabilidad entre las cavidades, alcanzando su máxima expresión en el ventrículo izquierdo,
en consonancia con la magnitud de la presión que debe generar para la circulación sistémica.
Los cardiomiocitos, o células del músculo cardíaco, son células ramificadas, mono- o
binucleadas, interconectadas por discos intercalares. Estas uniones especializadas presentan
desmosomas, que confieren cohesión mecánica, resistiendo fuerzas de tracción y asegurando
la integridad estructural del tejido durante la contracción, y uniones GAP, uniones
comunicantes que permiten una veloz difusión iónica, estableciendo un sincitio eléctrico que
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facilita la rápida propagación del impulso y una contracción coordinada. (Geneser, 2012)
(Junqueira & Carneiro, 2005). El endocardio es la capa más interna, una delgada membrana
que tapiza todas las cavidades cardíacas y las superficies valvulares. Se compone de una capa
de endotelio, epitelio escamoso simple, sustentada por una delgada lámina de tejido
conectivo. Su superficie lisa minimiza la resistencia al flujo hemático y previene la
trombogénesis intravascular, dada su propiedad antitrombótica (Ross & Pawlina, 2016)
(Kierszenbaum & Tres, 2021).
La inherente capacidad del corazón para generar un latido rítmico, independiente de la
inervación nerviosa extrínseca, reside en su sistema de conducción intrínseco. Esta red
especializada de cardiomiocitos modificados genera y propaga eficientemente los impulsos
eléctricos. El nódulo sinoauricular (SA), emplazado en la porción superior de la pared de la
aurícula derecha, contiguo a la desembocadura de la VCS, es reconocido como el marcapasos
fisiológico del corazón. Genera impulsos eléctricos a una frecuencia intrínseca de 60-100
latidos por minuto, estableciendo el ritmo sinusal normal (Levick, 2013).
El impulso se disemina desde el nódulo SA a través de las aurículas, por vías
internodales, induciendo su contracción coordinada, y ulteriormente converge en el nódulo
auriculoventricular (AV), situado en la porción inferior del septo interauricular, próximo al
orificio del seno coronario. En este punto, el impulso experimenta un retardo fisiológico
transitorio, conocido como retardo AV. Este lapso permite que las aurículas completen su
contracción y vacíen su contenido hemático en los ventrículos antes de la subsecuente
despolarización y contracción ventricular, optimizando el llenado ventricular (Tortora &
Derrickson , 2006).
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Desde el nódulo AV, el impulso transita a través del Haz de His (o fascículo AV), el
cual atraviesa el esqueleto fibroso, una barrera eléctrica que aísla las aurículas de los
ventrículos, excepto por esta vía de conducción especializada, y se dicotomiza en las ramas
derecha e izquierda del Haz de His en el septo interventricular. La rama izquierda es más
robusta y se subdivide en fascículos anterior, posterior y septal. Estas ramas se subdividen en
una red de fibras de Purkinje, las cuales se extienden con gran celeridad por la totalidad del
miocardio ventricular (subendocárdicamente). Esta rápida propagación garantiza una
despolarización ventricular casi simultánea, resultando en una contracción ventricular
coordinada y de máxima eficiencia propulsora, desde el ápex hacia la base (Kandel,
Schwartz, & Jessell, 2013). A pesar de la autonomía intrínseca del sistema de conducción, la
frecuencia cardíaca es modulada por el sistema nervioso autónomo: el componente simpático
incrementa la frecuencia cardíaca (efecto cronotrópico positivo) y la fuerza contráctil (efecto
inotrópico positivo), mientras que el componente parasimpático la disminuye (mediado por el
nervio vago), ajustando dinámicamente la función cardíaca a las necesidades metabólicas del
organismo (Bear, Connors, & Paradiso, 2016) (Purves, y otros, 2018).
El tejido miocárdico, caracterizado por su incesante actividad metabólica y su
considerable requerimiento de oxígeno y nutrientes, no obtiene estos elementos directamente
de la sangre que fluye por sus cavidades internas. Por consiguiente, su propia nutrición se
efectúa mediante un sistema vascular especializado: la circulación coronaria. La arteria
coronaria derecha (ACD) y la arteria coronaria izquierda (ACI) constituyen los dos vasos
primarios que se desprenden de la aorta ascendente, inmediatamente superior a las valvas de
la válvula aórtica (Netter, 2014). La disposición de estas arterias es fundamental para la
viabilidad del tejido miocárdico.
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La arteria coronaria izquierda es un conducto de escasa longitud que se divide en dos
ramas distintas: la arteria descendente anterior (DAI), también conocida como
interventricular anterior, que discurre por la depresión interventricular anterior y vasculariza
la mayor parte del septo interventricular y la pared anterior del ventrículo izquierdo.
Clínicamente, esta arteria se asocia con la mayor incidencia de infartos de miocardio extensos
debido a la gran área de miocardio que irriga (Standring, 2015). La segunda rama es la arteria
circunfleja, que recorre el surco coronario hacia la izquierda y aporta irrigación a la aurícula
izquierda y las paredes lateral y posterior del ventrículo izquierdo.
La arteria coronaria derecha se distribuye a lo largo del surco coronario hacia la
derecha y, en la mayoría de los individuos (condición de dominancia derecha, donde la ACD
emite la arteria descendente posterior), da origen a la arteria descendente posterior (ADP).
Esta última vasculariza el tercio posterior del septo interventricular y porciones de ambos
ventrículos. Adicionalmente, la ACD irriga el nódulo SA y, en la mayoría de los casos, el
nódulo AV, lo que la hace crucial para el mantenimiento del ritmo cardíaco (Schulte,
Schumacher, Schünke, Ross, & Lamperti, 2016) (Sobotta, 2018).
El drenaje venoso del miocardio se lleva a cabo principalmente a través del seno
coronario, una vena de gran calibre ubicada en el surco coronario posterior, la cual recolecta
la sangre desoxigenada de la mayoría de las venas cardíacas (vena cardíaca magna, vena
cardíaca media, vena cardíaca menor) y se vacía directamente en la aurícula derecha (Gray,
2018). Las venas cardíacas anteriores drenan directamente en la aurícula derecha, mientras
que las venas de Tebesio (venae cordis minimae) son pequeñas venas que se abren
directamente en las cavidades cardíacas. Las patologías que comprometen este sistema
vascular, como la aterosclerosis coronaria, representan las causas predominantes de la
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cardiopatía isquémica, pudiendo precipitar la isquemia (déficit de aporte sanguíneo y
oxigenatorio a un tejido) o el infarto de miocardio (necrosis del tejido cardíaco resultante de
isquemia prolongada), con repercusiones potencialmente letales para la función cardíaca y la
viabilidad sistémica.
CONCLUSIONES
El escrutinio de la anatomía del corazón humano revela una estructura de complejidad
eximia y funcionalidad magistral, intrínsecamente diseñada para su rol vital como propulsor
central del sistema circulatorio. Su ubicación mediastínica oblicua, que optimiza su mecánica
y las interacciones con las estructuras torácicas circundantes, y su configuración interna
multicavitaria, separada por septos y regulada por un sistema valvular de precisión
biomecánica, son elementos estructurales determinantes para el flujo hemático unidireccional
y la optimización del ciclo cardíaco, factores esenciales para la perfusión sistémica integral.
El miocardio, con su distintiva histología de cardiomiocitos interconectados por
discos intercalares, posibilita una contracción celular sinérgica. Paralelamente, el sistema de
conducción eléctrico intrínseco confiere al corazón su automatismo y la propagación
coordinada del impulso, dictando la cadencia cardíaca. Finalmente, la circulación coronaria,
con su red arterial y venosa especializada, garantiza el soporte metabólico indispensable para
un órgano en actividad ininterrumpida. La aprehensión exhaustiva de esta anatomía
constituye un imperativo epistemológico para la comprensión cabal de su fisiología
propulsora, sus mecanismos de regulación y la etiopatogenia de las diversas afecciones que,
al comprometer su configuración estructural, menoscaban su función vital.
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RECOMENDACIONES
Emplear modelos anatómicos o símiles orgánicos, modalidades cruciales para una
aprehensión espacial precisa de las cavidades, las relaciones valvulares y los grandes vasos
cardíacos.
La experiencia con símiles orgánicos, la manipulación directa del tejido real, la
palpación de sus texturas y la observación de su estructura tridimensional ofrecen una
perspectiva que ningún libro puede replicar. Al identificar las válvulas, los músculos
papilares, las trabéculas carnosas y los grandes vasos en un espécimen real, se consolida el
conocimiento teórico y se comprenden mejor las variaciones que pueden existir. Estas
modalidades son, sin duda, pilares para una comprensión morfológica que se traduce
directamente en una mejor interpretación de imágenes médicas y de la función cardíaca.
Involucrarse en sesiones donde se correlacionen hallazgos anatómicos post-mortem
(autopsias) o quirúrgicos con las manifestaciones clínicas y diagnósticos por imagen. Esta
práctica integra el conocimiento anatómico con la realidad patológica y terapéutica.
Se debe comprender el papel de las proteínas contráctiles clave (actina y miosina) y
cómo su interacción genera fuerza. Es igualmente importante el estudio detallado de la
regulación por calcio: cómo entra el calcio a la célula, cómo se libera del retículo
sarcoplásmico, cómo interactúa con las proteínas reguladoras (troponina y tropomiosina) para
iniciar el ciclo de contracción y cómo se recaptura para permitir la relajación. Además, la
función de los canales iónicos en la membrana celular del cardiomiocito es vital para generar
y propagar el potencial de acción cardíaco, la señal eléctrica que inicia cada latido. Una
comprensión sólida de estos mecanismos moleculares es crucial para entender fenómenos
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como la inotropía (fuerza de contracción), el automatismo y las bases de diversas arritmias
cardíacas.
BIBLIOGRAFÍA
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