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El libro *La conducción del niño* de Elena G. de White aborda la formación del carácter infantil desde una perspectiva cristiana, enfatizando la responsabilidad de los padres como educadores y la importancia de la disciplina redentora. White sostiene que la educación debe integrar la religión como fundamento del desarrollo integral del niño, proponiendo que la crianza es una tarea sagrada y un acto de fe. La obra invita a repensar la educación como un compromiso con la eternidad y el desarrollo de virtudes alineadas con los principios del Reino de Dios.

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El libro *La conducción del niño* de Elena G. de White aborda la formación del carácter infantil desde una perspectiva cristiana, enfatizando la responsabilidad de los padres como educadores y la importancia de la disciplina redentora. White sostiene que la educación debe integrar la religión como fundamento del desarrollo integral del niño, proponiendo que la crianza es una tarea sagrada y un acto de fe. La obra invita a repensar la educación como un compromiso con la eternidad y el desarrollo de virtudes alineadas con los principios del Reino de Dios.

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Formación del carácter infantil desde

una perspectiva cristiana: Análisis de


*La conducción del niño* de Elena G.
de White
Introducción
*La conducción del niño*, escrito por Elena G. de White, es un tratado profundamente
espiritual que aborda la formación del carácter, la educación moral y el desarrollo integral
de los niños desde una cosmovisión cristiana. Como una figura central en el movimiento
adventista del séptimo día, White ofrece una serie de consejos dirigidos a padres, maestros
y líderes religiosos con el fin de guiar el crecimiento físico, emocional, intelectual y
espiritual de los más jóvenes. Esta obra no es meramente una guía práctica, sino una
expresión teológica que vincula la crianza infantil con el plan redentor de Dios. En esta
composición se analizarán tres ejes fundamentales: el papel de los padres como educadores,
la importancia de la disciplina redentora y la centralidad de la religión en la educación del
niño.

Desarrollo

1. La responsabilidad de los padres como formadores del carácter


Uno de los principales planteamientos de Elena G. de White es la responsabilidad moral y
espiritual que recae sobre los padres en la formación del carácter infantil. Según White, los
padres no solo tienen la función de alimentar o proteger, sino de modelar a sus hijos según
los principios del cielo. La autora insiste en que la educación comienza en el hogar y debe
orientarse hacia el desarrollo de virtudes como la obediencia, la pureza, la humildad y la
reverencia a Dios.

White argumenta que “el carácter que se forme en la infancia determinará el destino eterno
del niño”, lo cual resalta la visión escatológica de su pedagogía. Esta idea implica que la
crianza es una tarea sagrada, donde los padres se convierten en co-participantes del plan de
salvación. En este sentido, la familia es considerada una pequeña iglesia y el hogar, un lugar
de culto. Esta visión convierte la paternidad en un llamado divino más que en una mera
función social.

2. Disciplina con amor: una herramienta para la redención


Otro aspecto clave de *La conducción del niño* es el enfoque de la disciplina. Para White,
disciplinar no equivale a castigar con severidad, sino a corregir con ternura y firmeza con el
fin de salvar al niño del error y conducirlo al bien. El uso de la disciplina se presenta como
un acto de amor, guiado por el autocontrol de los adultos y el deseo de formar hábitos
correctos. White denuncia tanto la permisividad excesiva como el autoritarismo,
argumentando que ambos extremos destruyen la voluntad del niño o la deforman.

La autora subraya que los padres deben enseñar a sus hijos a obedecer no por miedo, sino
por convicción, apelando al desarrollo de una conciencia moral. Este enfoque,
profundamente humanista aunque enmarcado en la fe, propone una pedagogía que forma
seres autónomos, responsables y sensibles a la voz de Dios. Así, el objetivo de la disciplina
no es el control, sino la redención.

3. Educación religiosa como fundamento del desarrollo integral


El tercer eje que recorre el texto es la centralidad de la religión en el proceso educativo.
White considera que el conocimiento de Dios, la familiarización con la Biblia y la oración
constante son los pilares sobre los cuales se edifica un carácter sólido. Para ella, la
educación secular carece de poder transformador si no está guiada por los principios
divinos. Por eso insiste en la necesidad de integrar la instrucción académica con la
formación espiritual.

En su visión, la fe no debe ser una materia adicional, sino la atmósfera que envuelve todo el
proceso formativo. Este principio es revolucionario en tanto propone que la espiritualidad
no es un complemento, sino el eje estructurante del desarrollo humano. Así, el niño no se
educa únicamente para ser un buen ciudadano, sino para reflejar el carácter de Cristo.

Conclusión
*La conducción del niño* es una obra que ofrece una visión integral y trascendente de la
crianza infantil. Su valor radica en la profundidad espiritual con la que aborda temas
pedagógicos y en su llamado a formar generaciones capaces de vivir conforme a los
principios del Reino de Dios. Elena G. de White no solo entrega consejos prácticos, sino una
cosmovisión que reubica la educación infantil dentro del gran conflicto entre el bien y el
mal. Esta perspectiva, aunque enraizada en una teología específica, sigue ofreciendo hoy
una reflexión poderosa sobre el papel de la familia, la ética del amor en la disciplina y la
formación de una niñez con propósito y esperanza. En un mundo fragmentado y
secularizado, las ideas de White invitan a reconsiderar la educación no solo como un
derecho o una técnica, sino como un acto de fe y un compromiso con la eternidad.

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