Foucault
Foucault
“La investigación sobre el poder tiene q ser hacia la dominación (no soberanía), operadores
materiales, formas de sometimiento, las conexiones o usos de los sistemas locales de ese
sometimiento, y x fin, hacia los dispositivos de saber”
➢La teoría política clásica: El poder es como una posesión contractualmente regulada o
violentamente adquirida que justifica o autoriza la soberanía política en el ejercicio del poder
representativo. Siguiendo el modelo del contrato jurídico, imagina la posesión del poder como
una transferencia de derechos.
➢La teoría marxista: Una clase en posesión del poder que utiliza medios aparentemente
adecuados para imponer prohibiciones e instrucciones que permiten su dominio. Partiendo de
un modelo estatalista, el poder como una apropiación del aparato del Estado.
Su crítica a ambas es q están ligadas a una concepción del poder pre-moderna y carecen de
conceptos capaces de entender mecanismos de integración social de las sociedades
desarrolladas.
Foucault propone un modelo estratégico del poder: La adquisición y mantenimiento del poder
social NO es una apropiación o ejercicio unilateral de derechos bajo la forma de un decreto o
de medios coactivos, sino más bien según el modelo de una lucha continúa entre actores
sociales.
El ejercicio de poder es un “modo de acción de algunos sobre algunos otros”. NO EXISTE algo
llamado “EL PODER”, universal. SÓLO EXISTE EL PODER QUE EJERCEN “UNOS” SOBRE “OTROS”.
El poder solo existe en ACTO, apoyándose sobre estructuras permanentes.
El poder no es una especie de consentimiento (no impide que sea condición para una relación
d poder) no es una renuncia a una libertad, transferencia de derechos, poder delegado a unos
cuantos. La relación de poder puede ser el efecto de un consentimiento, pero NO es por
naturaleza la manifestación de un consenso.
Foucault insiste en una mirada capaz de explicar el poder como un SISTEMA DE DOMINACIÓN
SOCIAL. Parte de la idea de q la emergencia de relaciones de dominación social es un proceso
en el que las diferentes posiciones de poder en diferentes emplazamientos se conectan como
en una red dentro de un sistema carente de centro.
Por lo tanto, un orden de dominación social, NO puede ser gobernado por la actividad
centralizada de un aparato político (Estado, partido, etc.), solo puede mantenerse en una
dispuesta en la que pueda continuar regulando exitosamente las situaciones conflictivas de la
acción.
◆El Método para analizar el Poder
En el proyecto de análisis de Foucault, el interés está puesto en conocer las relaciones y los
operadores de la dominación social: MODOS de las relaciones de poder y dominación histórica
y empíricamente. Indagar técnicas q muestran el carácter productivo del poder por encima del
represivo.
NO se trata de preguntar a los sujetos cómo, por qué y en nombre de qué derechos pueden
aceptar dejarse someter, sino mostrar CÓMO las relaciones de sometimiento “hacen a los
sujetos y a sus modos de sumisión”.
No se trata de analizar las formas regladas y legítimas del poder en su centro (mecanismos
generales o efectos en conjunto). Se trata de captar el poder en sus extremos, en sus últimos
lineamientos, en sus formas e instituciones más regionales, donde ese poder, al desbordar las
reglas del derecho que lo organizan y delimitan se prolonga, y se inviste en una de las
instituciones, cobra cuerpo en una de las técnicas y se da instrumentos materiales de
invención, eventualmente incluso violentos.
No se debe analizar el poder desde la intención o la decisión, el lado interno ¿Quién tiene el
poder?. Si no, x el lado en q su intención (si la hay) se inviste dentro de prácticas reales y
efectivas: su cara externa, su objeto, su“blanco”, su campo de aplicación, es decir, donde se
implanta y produce efectos reales.
En lugar de quien y con qué propósito lo ejerce, Foucault se pregunta por el cómo se despliega
el poder, mecanismos x los q produce cuerpos, rs, y tecnologías del mismo, cuál es el blanco al
que se dirige. Privilegia la cuestión del cómo se ejerce el poder.
Foucault no ignora que existen formas de dominación global, sino que insiste en que analizar el
poder enfocando tecnologías locales y múltiples, que tienen su propia historia, trayectoria y sus
técnicas. Hay que ir desde abajo hacia arriba, indagando las formas del poder y sus
modulaciones. Pues, el poder es siempre una forma particular y definida de colisiones
momentáneas y continuamente repetidas de múltiples, autónomas y locales tecnologías de
poder, que funcionan en cadena o redes.
No hacer una deducción del poder que parta del centro y trate de ver hasta donde se prolonga
por abajo, en qué medida se reproduce y extiende hasta los elementos más atomistas. No
desconoce el modo de operación ideológico y represivo del poder, sin embargo, propone un
análisis novedoso. Los métodos de poder en las sociedades modernas se definen por su
efectividad productiva y por sus estrategias. Que ciertas tecnologías de poder puedan
provocar efectos productivos en vez de represivos implica para su teoría social una especial
conexión entre conceptos como NORMA, CUERPO Y SABER.
El concepto de NORMA es la expresión q usa para describir el objetivo de ese método de
poner que asume funciones productivas. Las técnicas de poder de este tipo NO se dirigen a
suprimir los comportamientos o los objetivos de la acción estratégica del oponente, sino por el
contrario; se orienta a NORMALIZAR los modos de comportamiento a través de un
disciplinamiento continuo, que permite fijarlos y estabilizarlos. Se trata de producir
comportamientos normalizados o socialmente impuestos.
El ámbito al que se dirigen estas modernas técnicas de poder es el CUERPO. No son solo
capaces de suprimir o controlar la conducta de los cuerpos humanos, sino también de
producirlos de forma sistemática.
La producción y creación de la conducta significa para Foucault, por un lado dar a una
motricidad corporal originariamente inestable y fluida, la forma cerrada de un esquema
uniforme de conducta por medio de un disciplinamiento incesante.
Disciplina corporal (Vigilar y Castigar. Nacimiento de la Prisión 1975). En este texto examina el
vínculo INSTITUCIONAL de dos aparatos disciplinarios que nacieron independientes: es castigo
y la prisión.
Ambas obras muestran que: las técnicas de poder modernas tienen posibilidades casi
ilimitadas de control de los comportamientos y capacidad de auto-optimización constante, y
sólo pueden ser entendidos analizando las instituciones(estructuras complejas de posiciones
de poder) como la prisión, la fábrica, etc.
Además señala que el disciplinamiento y la administración de los procesos orgánicos solo son
posibles por el conocimiento de los seres humanos producido desde múltiples areas de
conocimiento. Esto nos conduce a una tercera categoría de análisis de la productividad de las
técnicas modernas de poder: el concepto de SABER.
Foucault se propone mostrar cómo las prácticas sociales pueden llegar a engendrar dominios
de saber que no sólo hacen que aparezcan nuevos objetos, conceptos y técnicas, sino también
formas y sujetos nuevos de conocimiento. El mismo sujeto de conocimiento posee una historia,
relación del sujeto con el objeto, o más claramente, la verdad misma tiene una historia.
A partir de dicha afirmación, Foucault entiende que puede formularse una doble historia de la
verdad:
➢La otra es aquella que se formula en otros sitios de la sociedad, donde se definen ciertas
reglas de juego, y surgen nuevas subjetividades, dominios de objetos, tipos de saberes. Las
prácticas judiciales constituyen uno de estos sitios.
El ANÁLISIS DEL PODER consiste en tratar de captar sus mecanismos entre dos referencias o
dos límites:
El interrogante sería ¿cuáles son las reglas de derecho que las relaciones de poder ponen en
acción para producir discursos de verdad? ¿Cuál es el tipo de poder susceptible de producir
discursos de verdad que, en una sociedad como la nuestra, están dotados de efectos tan
poderosos?
De allí que para él no puede escindirse la relación entre poder, derecho y verdad.
La intensidad de la relación se expresa en una dinámica de poder q no para de cuestionar,
cuestionarnos. Institucionaliza la búsqueda de la verdad.
Tenemos que producir la verdad del mismo modo que producir riquezas, y tenemos que
producir una para poder producir las otras. Y por otro lado, estamos igual sometidos a la
VERDAD, en el sentido de q es LEY; el que decide, es el discurso verdadero; vehiculiza, propulsa
efectos de poder.
Sobre dominación y el sometimiento, Foucault indaga cada uno de sus objetos, entre ellos el
derecho, asumiendo una serie de precauciones de método:
❖En primer lugar: No analizar las formas regladas y legitimas en sus mecanismos grales, si no
el poder en sus extremos y sus instituciones locales, sobre todo donde ese poder, al desbordar
las reglas de derecho, se prolonga, más allá de ellas, se inviste de unas instituciones, cobra
cuerpo en técnicas y se da instrumentos de intervención, eventualmente incluso violentos.
Ejemplo: en vez de procurar saber dónde y cómo se funda el poder punitivo en la soberania,
hay que tratar de ver cómo el poder de castigar, cobra cuerpo en cierta cantidad de
instituciones locales, ya fuera el suplicio o la prisión, y esto en el mundo a la vez institucional,
físico, reglamentario y violento de los aparatos concretos del castigo.
❖En segundo lugar: abandonar la idea de racionalidad y verdad universal, por un derecho
afectado por la disimetría y como privilegio a mantener o restablecer. El objetivo es visibilizar el
pasado de las luchas reales: las victorias o las derrotas enmascaradas bajo las instituciones o
legislaciones.
❖En tercer lugar: Estudiar la relación derecho-poder porque se inviste por completo dentro de
las prácticas reales y efectivas; estudiarlo en su cara externa (su objeto), donde se implanta y
produce sus efectos reales.
❖En cuarto lugar: Biopolitica/biopoder indagar la intervención cada vez más intensa del poder
y el derecho sobre la manera de vivir y cómo de la vida, “controlar sus accidentes, sus riegos,
sus deficiencias”.
❖En quinto lugar: la teoría es pertinente para fundar prácticas alternativas de derecho porque
muestra las opciones de política jurídica silenciadas, sujetas por el régimen de producción de
verdad jurídica dominante y operativa en un momento histórico.
FINALMENTE: El objetivo de esta perspectiva es recuperar la sangre que se secó en los códigos
y, por consiguiente, no el absoluto del derecho bajo la fugacidad de la historia: no referir la
relatividad de la historia bajo al absoluto de la ley o la verdad, sino reencontrar, bajo la
estabilidad del derecho el infinito de la historia, bajo la fórmula de la ley, los gritos de guerra, el
equilibrio de justicia, la disimetría de las fuerzas. En un campo histórico q ni siquiera se puede
calificar de relativo, pq no está en relación con ningún absoluto, en cierto modo se irrelativiza
un infinito de la historia, el de la eterna disolución en unos mecanismos y acontecimientos q
son los de la fuerza, el poder y la guerra.
➢Los efectos de verdad que este poder produce, y que a su vez reproducen ese poder.
Foucault se pregunta: ¿Qué reglas de derecho ponen en marcha las relaciones de poder
para producir discursos de verdad?, o bien, ¿Qué tipo de poder es susceptible de producir
discursos de verdad que están dotados de efectos tan poderosos?
NO HAY EJERCICIO DE PODER SIN UNA ECONOMÍA DE LOS DISCURSOS DE VERDAD QUE
FUNCIONES EN Y A PARTIR DE ESTA PAREJA. ESTAMOS SOMETIDOS A LA PRODUCCION DE LA
VERDAD DESDE EL PODER Y NO PODEMOS EJERCITAR EL PODER MÁS QUE A TRAVÉS DE LA
PRODUCCIÓN DE LA VERDAD.
En nuestra sociedad: Por la relación poder, DD, verdad, estamos constreñidos a producir la
verdad desde el poder que la exige, que la necesita para funcionar: tenemos (obligados) que
decir la verdad; o a encontrarla. El poder no deja de indagar, institucionaliza la pesquisa de la
verdad, la profesionaliza o recompensa.
Un principio general, en las relaciones entre derecho y poder: En las sociedades occidentales, y
desde la Edad Media, el pensamiento jurídico se ha desarrollado alrededor del poder real. A
petición del poder real (rey personaje principal), en su provecho y para servirle de instrumento
o de justificación, se ha construido el edificio jurídico de nuestras sociedades. La resurrección
del DD romano, con la caída del imperio, ha sido un instrumento constitutivo del poder
monarquico autoritario, adm y absolutista. Cuando este edificio jurídico se escape al control
real, y esté en contra suya, lo que se cuestionará son los LÍMITES de ese poder, y sus
prerrogativas.
La teoría del derecho, desde la Edad Media, tiene el papel de fijar la legitimidad del poder, es
decir, que el principal problema es el de la soberanía.
Decir que la soberanía es el problema central del derecho en las sociedades occidentales,
quiere decir, que el discurso y la técnica del derecho han tenido la función de disolver en el
interior del poder la dominación para hacer aparecer en su lugar dos cosas:
El sistema del derecho está centrado en el rey, que enmascara la dominación y sus
consecuencias.
El Proyecto general de Foucault era invertir la dirección de análisis del discurso del derecho.
Intenta hacer valer lo contrario, el hecho de la dominación, y mostrar: no solo cómo el derecho
es el instrumento de esta dominación sino también cómo, hasta dónde y bajo que formas el
derecho (no solo como ley sino el conjunto de aparatos, instituciones, reglamentos q se aplican
al DD) transmite, funcionaliza relaciones que no son exclusivamente relaciones de soberanía
sino de dominación (no como dominación global de unos sobre otros, sino las múltiples formas
de dominación en el interior de la sociedad). Por lo tanto: no el rey en su posición central sino
los sujetos en sus relaciones recíprocas. No la soberanía en su edificio específico, sino los
múltiples sometimientos dentro del cuerpo social.
Primera: No se trata de analizar las formas reguladas y legítimas del poder en su centro, sus
mecanismos generales y sus efectos constantes. Si no, al poder en sus extremidades, en sus
formas e instituciones más regionales, por encima de reglas de derecho que lo organizan o
delimitan, se inviste en instituciones y adopta la forma de técnicas y proporciona instrumentos
de intervención material, eventualmente incluso violentos, ejemplo el suplicio o encierro
carcelario. Asir siempre al poder en los límites menos jurídicos de su ejercicio.
No preguntarse ¿Quién detenta el poder, por que lo quieren y que buscan? Sino CÓMO
FUNCIONAN LAS COSAS AL NIVEL DEL PROCESO DE SOMETIMIENTO, o aquellos procesos
continuos que someten los cuerpos, guían los gestos, rigen los comportamientos, etc.
El poder no es algo dividido, mas bien circula, o funciona en cadena. Nunca está localizado.
El poder funciona a través de una organización reticular. Y en sus redes no solo circulan los
individuos, sino que además están siempre en situación de sufrir o ejercitar ese poder, no son
nunca el blanco inerte o consintiente del poder ni son siempre los elementos de conexión.
PREGUNTAR
El sujeto no es materia inerte sobre la que se aplicaría o en contra de la que golpearía el poder.
En la práctica, lo que hace que un cuerpo, unos gestos, unos discursos, unos deseos, sean
identificados y como individuos, es en sí uno de los primeros efectos del poder. El individuo no
es el vis-a-vis del poder, es uno de sus primeros efectos. Es un efecto del poder, y al mismo
tiempo y en la misma medida, el elemento de conexión. El poder circula a través del individuo
que ha constituido.
Cuarta: El poder se libera, circula, forma redes, SÓLO hasta cierto punto. Todos tenemos algo
de poder en el cuerpo pero no es la cosa mejor distribuida (o democrática o anarquica) del
mundo, si bien lo sea en cierta medida.
Lo importante NO es hacer una deducción de un poder desde el centro y ver hasta donde se
prolonga, hacia abajo, ni en qué medida se reproduce. Si no, hacer un análisis ascendente del
poder, arrancar de los mecanismos de poder más infinitesimales, que tienen su propia historia,
técnica y ver cómo han sido y todavía están colonizados, utilizados, transformados etc., por
otros más generales y por formas de dominación global.
La dominación global no repercute hacia abajo, hay que analizar la manera cómo los
fenómenos de poder funcionan en los niveles más bajos, mostrar cómo estos procedimientos
se desplazan pero sobre todo cómo son investidos y anexionados por fenómenos más
globales y cómo esos poderes más generales o beneficios económicos pueden insertarse en
el juego de estas tecnologías al mismo tiempo relativamente autónomas e infinitesimales del
poder.
Por Ejemplo: con respecto a la locura, el análisis descendente (que se debe desconfiar) podría
decir que la burguesía se ha vuelto, a partir del siglo XVI XVII, la clase dominante. Por efecto, es
fácil mostrar que, el loco es un inútil para la producción industrial, por lo que la burguesía se
vio obligada a deshacerse de él. Se podría decir lo mismo respecto a la sexualidad infantil.
Habiéndose vuelto el cuerpo humano esencialmente fuerza productiva, todas las formas de
dispendio que eran irreductibles a la constitución de las fuerzas productivas, manifestándose
por consiguiente en su inutilidad, fueron vedadas o excluidas.
Estas deducciones son siempre posibles y son verdaderas y falsas al mismo tiempo. Fácilmente
se podría demostrar lo contrario; partiendo del principio de que la burguesía llega a ser una
clase dominante, los controles de sexualidad no eran absolutamente deseables. Por el
contrario, habría la necesidad de un aprendizaje sexual, en la medida en que en último término
se trataba de reconstruir una fuerza-trabajo, cuyo estatuto óptimo era el de ser infinita: cuanto
mayor fuese la fuerza-trabajo, más plenamente y mejor hubiese podido funcionar el sistema de
producción capitalista.
Hay que hacer lo contrario: ver como históricamente, desde abajo han podido funcionar los
mecanismos de control. En cuanto a la exclusión de la locura o la represión de la sexualidad
infantil: ver cómo, al nivel real de la familia, del entorno inmediato, de los puntos más
pequeños de la sociedad, estos fenómenos de represión o de exclusión, tuvieron su lógica,
han respondido a necesidades. Es decir; mostrar cuáles han sido sus agentes reales, no
buscarlos en la burguesía en general, sino en los agentes directos (padres, médicos,
pedagogos), y cómo estos mecanismos de poder, en un momento, y tras determinadas
transformaciones, han empezado a volverse económicamente ventajosos y políticamente
útiles. De este modo, se mostraria q en el fondo, la burguesía ha necesitado, o el sistema ha
encontrado su propio interés, no en la exclusión de los locos o en la prohibición de la
masturbación infantil (el sistema burgues podría tolerar lo contrario), sino más bien en la
técnica y en el procedimiento mismo de la exclusión.
Se podría decir que no ha sido la burguesía la que ha pensado que la locura debía ser excluida
o la sexualidad infantil reprimida, sino más bien, los mecanismos de exclusión de la locura, la
vigilancia de la sexualidad infantil, llegado un cierto momento razones, pusieron de manifiesto
un provecho económico, una utilidad política y, de golpe, se encontraron naturalmente
colonizados y sostenidos por mecanismos globales, por el sistema del Estado, así los
mecanismos terminan formando parte del conjunto.
Quinta: Es muy posible que las grandes maquinas de poder esten acompañadas de
producciones ideológicas ej una ideología de la educación, pero en el fondo NO creo que lo
que se formen sean ideologías: es mucho menos y mucho más.
➢SXVI y SXVII para las guerras de religión ha sido un arma que ha circulado de un campo al
otro, utilizada en un sentido o en otro, ya sea para limitar o reforzar el poder real. Funciona en
manos, por ej, de católicos monárquicos y protestantes antimonárquicos.
Ha sido el gran instrumento de la lucha política y teórica en torno a los sistemas de poder.
En el siglo XVIII sigue siendo esta teoría de la soberanía, reactivada x el DD romano, sobre todo
en Rousseau, la imperante, ahora con una cuarta función:
Siguiendo estos 4 papeles nos damos cuenta dé una cosa: mientras duró la sociedad feudal, los
problemas a los que se refería la teoría cubrían la mecánica general del poder, el modo en que
se ejercía hasta los niveles más bajos a partir de los más altos. Es decir, la relación de
soberanía, recubría la totalidad del cuerpo social. El modo de ejercitarse el poder podía ser
transcripto en la relación soberano-súbdito.
Pero en los siglos XVII-XVIII se inventó una nueva mecánica de poder, con procedimientos
singulares, instrumentos nuevos, incompatibles con las relaciones de soberanía. Esta forma se
apoya más sobre los cuerpos y lo q hacen que sobre la tierra y sus productos. Extrae de los
cuerpos tiempo y trabajo más que bienes y riqueza.
Este tipo de poder se opone a la mecánica de poder que intentaba describir la teoría de la
soberanía. La teoría está ligada a una forma de poder que se ejerce sobre la tierra y sus
productos. Se refiere al desplazamiento y apropiación por parte del poder de los bienes y la
riqueza.
No permite codificar una vigilancia continua, permite fundar el poder en torno a la existencia
física del soberano, pero no a partir de los sistemas continuos de control.
Este NUEVO TIPO DE PODER: es una de las grandes invenciones de la sociedad burguesa. Ha
sido fundamental en la constitución del capitalismo industrial y su tipo de sociedad. Este poder
no soberano es el PODER DISCIPLINARIO.
El poder disciplinario, heterogéneo, tendría que haber desaparecido el gran edificio jurídico de
la teoría. Pero en realidad; ha continuado existiendo, no solo como ideología del derecho, sino
organizando los códigos jurídicos de Europa del siglo XIX a partir de los códigos napoleónicos.
¿Por qué ha persistido como ideología y como principio organizador de los códigos? Pueden ser
2 las razones;
Ha sido, en el siglo XVIII y XIX un instrumento crítico contra la monarquía y contra los
obstáculos a la sociedad disciplinaria.
Los sistemas jurídicos (ya se trate de las teorías o de los códigos), han permitido una
democratización de la soberanía con la constitución de un derecho político articulado sobre la
soberanía colectiva, pero que se fijaba mediante los mecanismos de la coacción disciplinaria.
Desde el momento que las constricciones disciplinarias tenían que ejercerse como
mecanismos de dominación y estar al mismo tiempo escondidas como ejercicio efectivo del
poder, era necesario que la teoría de la soberanía estuviese en el aparato jurídico y fuese
reactivada por los códigos.
En las sociedades modernas, desde el siglo XIX, tenemos una legislación, una organización del
derecho público articulado en torno al principio del cuerpo social y de la delegación por parte
de cada uno. Pero por otro lado, tenemos también una cuadriculación compacta de coacciones
disciplinarias que aseguran la cohesión de ese mismo cuerpo social. PERO ESTA
CUADRICULACIÓN NO PUEDE, EN NINGÚN CASO, TRANSCRIBIRSE EN EL INTERIOR DE ESTE
DERECHO QUE ES, SIN EMBARGO, SU COMPAÑERO NECESARIO.
Un derecho de soberanía y una mecánica de la disciplina: entre estos dos límites, cree
Foucault,se juega el ejercicio de poder. Pero estos límites son tan HETEROGÉNEOS que
NO pueden reducirse el uno al otro. Los poderes se ejercitan en las sociedades modernas a
través, a partir y en el mismo juego de esta heterogeneidad entre un derecho público de
la soberanía y una mecánica polimorfa de las disciplinas. Lo cual no quiere decir que exista
por una parte: un sistema de derecho docto y explícito (de soberanía); y además, las
disciplinas oscuras. ESTAS DISCIPLINAS TIENEN SU DISCURSO. SON CREADORAS DE APARATOS
DE SABER Y DE MÚLTIPLES DOMINACIONES DE CONOCIMIENTO. Son inventivas de los aparatos
que forman saber y conocimientos.
Las DISCIPLINAS son portadoras de un discurso, que no es el del derecho, es extraño a la ley. Es
el discurso de la REGLA, no de la regla jurídica derivada de la soberanía, sino de la regla natural,
es decir, la NORMA. Definirán un código (no de la ley) de la normalización: se referirán al
campo de las ciencias humanas y su jurisprudencia será la de un saber clínico.
Las normalizaciones disciplinarias van a chocar siempre con los sistemas jurídicos de soberanía.
Cada día aparecen más incompatibles. Es necesario un discurso arbitrador, un tipo de saber y
poder que la sacralización científica volvería neutro.
Por esto: contra las usurpaciones de la mecánica disciplinaria, contra la exaltación de un poder
ligado al saber científico, el único recurso es el de un derecho organizado alrededor de la
soberanía y articulado sobre este viejo principio.
Cuando se quiere objetar algo contra de las disciplinas y todos los efectos de poder y de saber
que implican ¿qué se hace concretamente en la vida, que hacen los sindicatos, la
magistratura y otras instituciones si no es invocar este derecho formal, burgués, que en
realidad es el derecho de la soberanía? Foucault cree que nos encontramos en una especie de
“Callejón sin salida”: no es recurriendo a la soberanía en contra de las disciplinas para limitar
los efectos de ese poder, porque soberanía y disciplina, son las dos caras constitutivas de los
mecanismos generales del poder en nuestra sociedad.
A decir verdad: para luchar contra las disciplinas en la búsqueda de un poder no disciplinario,
no se tendría que volver al viejo derecho de la soberanía, sino ir hacia un nuevo derecho
ANTIDISCIPLINARIO, liberado del principio de la soberanía.
1.Deportar, expulsar, enviar fuera de las fronteras, impedir el paso a determinados lugares,
destruir la casa, borrar el lugar de nacimiento, confiscar los bienes y propiedades.
3.Exponer, marcar, herir, amputar, señalar con cicatriz, marcar con un signo un rostro o la
espalda, apoderarse del cuerpo y grabar en el marcas de poder.
4.Encerrar.
Se hablaba así de sociedades de destierro (sociedad griega); sociedades de rescate (sociedad
germánica), sociedades que imponían marcas infamantes (occidentales a finales de la Edad
Media) y sociedades que encierran (como la nuestra).
En NUESTRA SOCIEDAD ha prevalecido el encierro sólo desde finales de siglo XVIII. La condena
a prisión no forma parte del sistema penal europeo antes d las reformas de 1780-1820.
Los juristas del Siglo XVIII son unánimes: “La prisión, desde nuestro derecho civil, NO puede ser
contemplada como pena, se trata más bien de actos de autoridad y la justicia ordinaria no hace
uso de este tipo de condena”.
Sin embargo, esta insistencia de la época en negar carácter penal al encarcelamiento, indica
incertidumbre. Los encarcelamientos de los siglos XVI Y XVII estaban al margen del sistema
penal, pese a su progresiva aproximación:
Desde que se impuso esta penalidad fue objeto de CRÍTICAS, formuladas a partir de principios
fundamentales y los posibles disfuncionamientos que la prisión podía inducir al sistema penal y
a la sociedad en general:
➔La prisión impide al poder judicial controlar y verificar la aplicación de las penas. Se decía que
la ley no penetra en las cárceles.
➔Al mezclar a los condenados unos con otros, diferentes y que estaban aislados, contribuye a
crear una comunidad homogénea de criminales que se solidarizan en el encierro y continuarán
siendo solidarios en el exterior. La prisión “fabrica” un verdadero ejército de enemigos
interiores.
➔Al proporcionar a los condenados abrigo, alimentación, vestidos y trabajo, les procura
condiciones preferibles muchas veces a las de los obreros. No solo constituye un efecto de
disuasión sino que es un reclamo para la delincuencia.
➔De la prisión salen personas marcadas por malos hábitos y por la infamia, que los aboca
definitivamente a la criminalidad.
La prisión se vio denunciada como un instrumento que fabrica a los que esta justicia enviará y
reenviará a prisión.
Imaginar una alternativa a la prisión, que conserve sus efectos provisorios (segregación de los
criminales, su separación de la sociedad) y que suprima las consecuencias peligrosas (su
retorno). Se retoma el viejo sistema de la deportación pero la deportación-colonización no
sustituirá al encarcelamiento y jugará un papel complejo en los circuitos controlados de la
delincuencia.
Reformar el sistema interno de la prisión para q deje de fabricar ese ejercito de sujetos
convertidos en un peligro interior. Se hablo en Europa de una “Reforma Penitenciaria”, que
comprendía 3 aspectos fundamentales: aislamiento complejo o parcial de los detenidos en el
interior de las prisiones; moralización de los condenados mediante el trabajo, la instrucción, la
religión y reducción de penas; desarrollo de instituciones parapenales de prevención,
recuperación o de control. No modificaron los disfuncionamientos.
¿Cómo ha sido posible ese cambio? ¿Cómo los efectos denunciados han pasado a ser datos
para un análisis científico de la criminalidad? ¿qué ha sucedido para que la cárcel, institución
criticada, entre al campo institucional al punto q sus efectos se hagan antropológicos?¿cuál es
la razón de ser de la prisión, a que exigencia funcional responde?
Plantear esta cuestión es difícil de responder, sobre todo cuando se percibe mal la génesis
“ideológica” de la institución. Si se busca criticar a la teoría penal con la q vino la prisión, habría
q analizar las teorías penales de la 2da mitad del siglo XVIII y esto proporciona resultados
sorprendentes:
Ninguno de los grandes reformadores y juristas, proponen la prisión como penal universal. De
forma general, el criminal es enemigo de la sociedad, lo que implica la sustitución del litigio,
por una persecución pública. Los reformadores intentaron definir crimen, el papel de la
defensa pública y la necesidad de un castigo solo por interés de la sociedad o la necesidad
de protegerla. El criminal atenta principalmente contra la sociedad, al romper el pacto social se
hace su enemigo interior. De este principio derivan consecuencias:
➢Cada sociedad debe modular, según sus necesidades, la escala de las penas. Cuanto más
débil sea una sociedad, tanto más deberá protegerse y mostrarse severa. No hay modelo
universal de penalidad, sino una relatividad esencial de las penas.
➢La pena debe calcularse de tal forma que asegure que sea de proporción justa con el crimen.
Toda severidad complementaria se convierte en abuso de poder. La justicia de la pena radica en
su economía. Toda severidad complementaria a proteger la sociedad es abuso de poder.
➢El papel de la pena está vertido al exterior y al futuro: impedir que el crimen recomience. La
certeza e inevitabilidad de la pena, más que su severidad, constituye su eficacia. Poner al
culpable en la situación para q no pueda hacer daño y preservar a las personas.
Pero por esos principios no se puede deducir lo q pasa con la practica penal, ósea universalizar
la prisión como forma gral de castigo. Se proponían modelos punitivos distintos.
Uno de estos modelos tiene que ver con la INFAMIA (efectos de la opinión pública). Es una
pena perfecta, es la reacción inmediata de la sociedad misma, varía en cada una, está graduada
según la nocividad del crimen, puede ser revocada mediante una rehabilitación pública y
alcanza solo al culpable. Se ajusta al crimen sin necesidad de un código, tribunal, y sin riesgo de
ser instrumentalizada por un poder público. El triunfo de una buena legislación se produce
cuando la opinión publica es tan fuerte para castigar x si misma los delitos. El honor como
única ley.
Otro modelo considerado fue el de la LEY DE TALIÓN. Al imponer al culpable un castigo del
mismo tipo y gravedad que el crimen cometido, se tiene la seguridad de una penalidad
graduada y proporcional. Es rápida e inevitable, haciendo inútil el crimen. El beneficio del
delito es reducido a cero. No fue detallada pero sirvió para definir otros castigos ej penas
corporales para atentados cona personas, penas pecuniarias para injurias.
En todos la PRISION figura como una de las penas posible, sea como condición de trabajo
forzado o como pena de talión para atentados contra la libertad. Pero NO como la forma
general de la penalidad ni como condición para una transformación psicológica y moral del
delincuente.
Los teóricos concederán este papel en el siglo XIX. “EN LAS SOCIEDADES CIVILIZADAS LA PENA
DE PRISIÓN ES LA PENA POR EXCELENCIA, Y EL TRABAJO ES UNA TENDENCIA MORAL”. Aparece
como instrumento principal de la penalidad.
La practica de la prisión no nacio con la teoría penal, se impuso a ella desde afuera, y esta se
vio obligada a realizar un reajuste interior para justificarla. Ejemplo: Ventajas de dividirse en
grados por gravedad del delito, impedir reincidencia, corregir, evitar revelación contra la ley.
- Si bien es verdad que el encierro es controlado por el poder político y escapa a la justicia
oficial, no es el instrumento exclusivo del poder arbitrario y absoluto.
El estudio de las órdenes reales de encierro muestra que eran, en su mayoría, solicitadas por
los padres de familia, comunidades territoriales, religiosas, etc., contra individuos que
provocaban a su juicio cualquier molestia. Eran un control local: Capilar.
También están las sociedades de Inglaterra desde fines del SXVIII, animadas x disidentes q
denunciaban a los individuos por conductas desviadas, resistencia al trabajo, etc. Es diferente
el control q realizan con las ordenes reales. Las soc inglesas son independientes del estado, aun
mas estaban contra la inmoralidad de los poderosos. El rigorismo era también un modo de
evitar la justicia penal MUY rigurosa (la legislación penal inglesa, un caos ensangrentado,
incluía mas casos de pena capital q ningun otro código europeo). En Francia, por el contrario, el
control estaba ligado a un aparato del estado organizado x la policía.
En Inglaterra (últimos años del s XVIII, Gordon Riots, rev francesa) surgieron nuevas soc de
moralización de reclutamiento mas aristocráticos (algunas poseían equipo militar). Solicitaban
intervención del poder real, la aprobación de una nueva legislación y org d una policía.
➔ Civilizaciones del espectáculo, del sacrificio y del ritual, en las que la forma arquitectónica
privilegiada era el teatro, donde se trataba de proporcionar a todos el espectáculo de un
acontecimiento único.
Ejemplo:
La revolución francesa, muestra q el aparato político de una nación esta al alcance popular.
Motines de subsistencia, contra los impuestos y el reclutamiento, ya no son limitados a atentar
contra el representante político, si no q desmantelan sus estructuras y distribución, pueden
cuestionar su propiedad y ejercicio.
La forma más importante del nuevo ilegalismo, se encuentra posiblemente en otro lugar. Se
refiere menos a la materialidad del aparato de producción, que al propio cuerpo del obrero y a
cómo se utiliza en los aparatos de producción.
De ahí proviene toda una legislación creadora de nuevos delitos, así como una serie de
medidas que, sin ser totalmente coactivas, introducen una DOMESTICACIÓN DEL
COMPORTAMIENTO (ej.: caja de ahorros, promoción del matrimonio, prohibición de loterías,
etc.). Se derivan organismos de control o presión (asociaciones filantrópicas, patronatos). Así,
toda una gigante campaña de moralización obrera. Esta campaña señala la delincuencia como
la prolongación de la irregularidad, encubriendo la marginación provocada x los mecanismos
de control con un estatuto de carácter psicológico y moral.
CONCLUSIONES:
1.Las formas de penalidad que aparecen en 1760 y 1840 no están ligadas a una renovación de
la percepción moral. Si bien el régimen de penas se dulcificó, desaparecieron por ej delitos
religiosos, las propias infracciones permanecieron idénticas. Lo que ha producido la gran
renovación de la época es un problema relativo al cuerpo y a la materialidad: Es una cuestión
de física: Una nueva forma de materialidad adoptada x el aparato de producción, un nuevo
contacto con quienes lo hacen funcionar.
La historia de la penalidad en los comienzos del siglo XIX es más bien un capítulo de la historia
del cuerpo, la evolución de la moral es ante todo la historia del cuerpo:
2.La transformación de la penalidad no forma solo parte de la historia del cuerpo, sino de una
historia de las relaciones entre el poder político y los cuerpos. La coacción ejercida sobre los
cuerpos, su control,el modo de ese poder para ejercerse sobre ellos, la forma de utilizarlos,
está en la base del cambio que sufrió la penalidad.
Sería preciso escribir una “física” del poder, que comprende: una óptica, órgano de vigilancia
generalizada y constante. Todo debe ser observado, transmitido: organización de la policía,
institucionalización de un sistema de archivos (con fichas individuales), establecimiento de un
panoptismo.
El panoptismo, la disciplina y la normalización caracterizan esta nueva fijación del poder sobre
los cuerpos del siglo XIX. Y el sujeto psicológico (objeto d un posible conocimiento, aprendizaje,
corrección) no es más que el reverso de este proceso de sometimiento. Nace en el punto de
confluencia del poder y del cuerpo, es el efecto de una física política.
Resumen.
Los años 70 son el período más militante de Foucault. Un concepto para entender el
nacimiento de la prisión y de la delincuencia, es el de los ilegalismos. El propósito es ver la
influencia que, en el desarrollo del concepto de ilegalismos, tuvieron las lecturas de la obra de
E.P. Thompson por parte de Foucault: Concepto como el motín de subsistencia y los
ilegalismos.
Introducción
Detrás de estos ilegalismos que siempre existieron está, según Foucault, un temor de la
burguesía por un nuevo régimen de propiedad y producción que ponía sus propiedades,
riquezas, “a disposición” de las clases populares y las convierte en una amenaza potencial,
siempre dispuestos al robo y la depredación, contra la q se erige una nueva penalidad.
Ambos esbozan sus teorías del motín y de los ilegalismos como reacción a una terminología
que consideran insuficiente, la tradicional designación de “sediciones de la plebe” a los
alzamientos populares de los siglos XVII y XVIII. Así, Foucault admite su error por haber
utilizado la expresión “plebe sediciosa” y propone sustituirla por un concepto más amplio:
“ilegalismo popular” que engloba no solo a la sedición sino a una pluralidad de prácticas.
Durante muchos años, explica Thompson, el motín ha sido explicado como una reacción
espontánea, violenta, o instintiva de las clases populares ante situaciones de escasez q
terminan en hambrunas. Esto equiparaba el motín con un mero acto de rapacería privándole
de cualquier connotación moral o legitimadora.
Frente a esta percepción simplificadora Thompson defiende al motín como una acción de
masas moralizadora, con apoyo popular, una respuesta de las clases populares frente a las
políticas desregularizadoras de un naciente liberalismo, desprovistas de ética o moral. El motín
de subsistencia significa una apuesta por una economía moral que aboga por la defensa de los
intereses de los más necesitados (o, al menos, garantiza su supervivencia).
Para analizar el papel que tuvieron estos motines de subsistencia, Thompson analiza el mismo
fenómeno q Foucault: el distinto tratamiento del suministro de grano en periodos de escasez
en el siglo XVIII. Analiza Thompson el paso de una economía paternalista y reguladora, moral
que proponía una intervención para asegurar la subsistencia de los más necesitados, a una
desregularizada, liberal que defiende la no intervención y la autorregulación del mercado.
Durante todo el siglo XVIII: Levantamientos por el incremento del precio del grano, q hacia q
suban los precios del pan, sustento básico de los sectores más populares. Esos aumentos no
eran por fenómenos naturales (a veces sí), sino a los q acumulaban grandes cantidades de
grano para especular con el precio y luego modificarlo.
Con el ascenso del liberalismo llegan nuevos modos de producción, el triunfo del laissez faire
llevó la desaparición de la intervención del Estado en lo económico, y el abandono de cualquier
criterio ético moral que pudiera guiar la economía ej normas que prohibían la usura o la
acumulación en tiempos de escasez fueron derogadas hacia finales del siglo XVIII.
La no interferencia del Estado en la economía trajo una nueva forma de afrontar la escasez. De
acuerdo con la visión desmoralizada, no es algo necesariamente malo sino un fenómeno socio-
económico que el mercado se encargará de gestionar. Así, siguiendo las teorías a Smith, se
pretende la exoneración de cualquier tipo de culpa a los acumuladores de grano como
responsables de estas crisis.
El motín es una reacción no solo contra el hambre, también contra ese nuevo sistema
económico desmoralizado. No solo tiene una finalidad económica ese “alboroto”, hay ira y
resentimiento frente a los acaparadores enriquecidos a costa del hambre, una demanda de una
regulación más justa y una cierta nostalgia de un viejo orden. A nivel popular los motines eran
actos de justicia, y sus líderes se tenían como héroes».
El motín tradicionalmente era una simple revuelta popular por rabia y la desesperación por una
subida de precios que desembocaba en saqueo o rapiña.
Thompson hizo un análisis de motines en Inglaterra en el siglo XVIII: Detrás de estos
“alzamientos” no se escondía un mero disturbio, sino una modificación del sistema de fijación
de precios. Sr apropian no del trigo sino de los molinos (a veces destruyéndolos) q producían el
pan para revertir todo el proceso de producción y distribución.
El estallido de un motín produce una situación de caos, convierte una situación alarmante en
calamitosa y amenaza con agravar esta aún más. Por ello, las autoridades se apresuran a
prevenirlo o sofocarlo. La mera amenaza del motín muchas veces servía como instrumento de
presión o negociación: entre el precio desregulado de mercado y el precio “moral” demandado
por la multitud, alcanzándose normalmente un precio medio.
Estos motines que en el siglo XVIII eran protestas sociales sin una clara articulación política
cambiarán de naturaleza en el siglo XIX. Los motines populares se contagian de las revueltas
obreras, organizaciones de trabajadores y sindicatos, se articularán ya políticamente. Si, como
vimos, en el siglo XVIII la forma de sofocar el motín era llegar a un “término medio”, ahora la
única manera es la represión q resultaba legitimada, para autoridades centrales y locales, por
el triunfo de una nueva ideología de economía política.
Con el objeto de sofocarlos la burguesía impuso una estrategia represiva de penalidad punitiva
y carcelaria centralizada en el Estado. Frente a las reivindicaciones éticas y morales de los
motines, Thompson opone un Estado monopolizado por la burguesía.
Foucault apunta a superar esa concepción del sistema penal como un instrumento meramente
represivo de las movilizaciones obreras y populares.
La ilegalidad es más bien la culminación del ilegalismo, su punto final, aquello que resuelve y
termina la lucha que los ilegalismos provocan.
El ilegalismo es siempre una tensión, una lucha, un agónico combate por trazar estas líneas de
la ilegalidad.
Para el análisis del nacimiento de la prisión se centra en la proliferación de los ilegalismos y en
el temor que estos inspiran en un determinado momento —en la segunda mitad del siglo XVIII
y principios del XIX— en la naciente burguesía industrial. La gestión diferencial de estos
ilegalismos, sostiene Foucault influido por historiadores marxistas ingleses, es una gestión
clasista, forma parte de una penalidad de clase.
Durante todo el siglo XVII y XVIII han convivido en un tenso equilibrio, una pluralidad de
ilegalismos, ya como costumbre socialmente aceptada. Cada clase tenía sus ilegalismos propios
que entraban en conflicto o convivencia con los de los otros grupos. Son perfectamente
identificables ilegalismos propios de los artesanos, los agricultores, los comerciantes, los nobles
e incluso del ejército y la policía.
Los ilegalismos populares eran tolerados y hasta fomentados por la burguesía pq eran la misma
lucha contra el monarca: Evitar los impuestos con los que la Corona trataba de sufragar sus
gastos.
Pero, la relación entre los ilegalismos de las distintas clases sociales, está marcada por un
equilibrio en permanente conflicto. En este primer momento de los ilegalismos, estos transitan
entre lo económico (obtención de un beneficio económico) y lo político (quebranto de una ley
o la elusión de un reglamento).
Foucault menciona motines de subsistencia durante el siglo XVIII como una reacción de las
clases más desfavorecidas a la nueva legislación burguesa, para volver a aquella en la q la ética
y la moral tenían cabida en la práctica económica. Son para Foucault un ilegalismo más de los
que se producen a lo largo del siglo XVIII.
Estos ilegalismos no son una mera reacción a una nueva legalidad, «no se puede analizar una
ley o una prohibición sin situarlas en el campo real del ilegalismo dentro del cual funcionan,
una ley solo funciona dentro de un campo de ilegalismo que se practica y que la sostiene». El
legalismo y ley encuadrados en un mismo contexto histórico en el que interactúan.
El ilegalismo no es una mera negatividad, de acuerdo con François Boullant: «El ilegalismo no
es un accidente. Es un elemento positivo del funcionamiento social, cuyo rol está previsto en la
estrategia general de la sociedad».
El equilibrio de los ilegalismos quiebra con el ascenso de la burguesía como clase social
dominante, cambio del modelo productivo y de propiedad. Este “cambio de titularidad” del
poder económico y político supuso un cambio en las estructuras de poder, adaptadas ahora a
las demandas económicas burguesas. Los ilegalismos tolerados comienzan a verse como
amenazante para el contexto socioeconómico.
Ahora el problema se ubica en un solo tipo de ilegalismos: Los ilegalismos populares. Estos
ponían su blanco en la propiedad privada y el nuevo régimen de producción y son intolerables
para la nueva clase gobernante que ha de perseguirlos y sancionarlos. Las clases populares son
ahora un peligro para el régimen de propiedad burgués. Todo trabajador es un criminal a la
espera para rapiñar. El obrero asalariado ha sustituido al artesano. Así, si el ilegalismo propio
de ese gremio artesanal eran pequeños fraudes y pillajes, ahora, debido al cambio en la
propiedad, los ilegalismos más temidos son los robos y la depredación de las propiedades de
los burgueses.
Los ilegalismos no están todavía articulados políticamente, no existe todavía una acción
conjunta organizada según un eje político o sindical.
*Apropiación definitiva a finales del siglo XVIII, por la burguesía del aparato penal: Así
identificar el ilegalismo popular, sancionar algunos y administrar otros.
*La disipación, disolución de la fuerza de trabajo, la pérdida de tiempo por el obrero (la
ociosidad para escapar a la obligación del trabajo, porque evita dejarse retener por el aparato
de producción) y la pereza son un ilegalismo más. De esta forma, el aparato disciplinario
también combate “vicios” como el absentismo, el vagabundeo, la impuntualidad, etc. Toda
conducta que suponga un menoscabo de la fuerza de trabajo que es ahora también propiedad
del empleador, es considerada un ilegalismo. Estos mecanismos para combatir los ilegalismos
productivos no son meramente represivos sino productores de sujetos dóciles y útiles para un
sistema productivo que demanda mano de obra. En la cima de este sistema disciplinario se
encuentra la prisión.
Si esto terminase así, el origen de la prisión como tecnología para combatir los ilegalismos q
amenazan la propiedad tendría solo carácter económico, un origen monocausal. Foucault va un
paso más allá, el elemento moralizador (en estrecha relación con el económico-productivo).
Así, comportamientos que la burguesía estimaba como moralmente perniciosos (para el orden
productivo) son convertidos en actos ilegales.
La teoría de los ilegalismos tiene entonces una triple raíz moral, política y económica. En esta
batalla por los ilegalismos, fueron necesarias batallas morales con blanco en las clases
populares para que la burguesía se hiciese dueña de los ilegalismos».
Los reformadores del siglo XIX no escatimarán en descalificaciones hacia esas clases populares
como depositarias de todo tipo de vicios, defectos e inmoralidades.
La ilegalidad viene de la clase obrera que rompe el pacto social y se niega al proceso
productivo, así pone en peligro la estabilidad social. El sistema penitenciario dividirá a las
poblaciones en dos clases:
Esta es una diferencia esencial con la teoría del motín de subsistencia de Thompson: El sistema
penal y la prisión solo tendrían una misión represiva y coactiva de esos movimientos
insurreccionales en los que los amotinados entrecruzarían sus demandas con los movimientos
obreros.
Los ilegalismos populares suponían dos amenazas: El robo o la depredación y disipación del
trabajo o el derroche de fuerza de trabajo, fundamental para el desarrollo del capitalismo.
Implicaban disminución de la ganancia del empleador, un lucro cesante para este.
El empresario compra con el salario la fuerza de trabajo del obrero para convertirla en fuerza
productiva. Esta fuerza ahora es de su propiedad, por tanto, cualquier ataque o menoscabo de
ella constituye en realidad un ilegalismo contra la propiedad.
Es esta nueva relación entre el cuerpo del obrero, la fuerza de trabajo y la propiedad burguesa,
la que propiciará la aparición a finales del siglo XVIII y principios del XIX del ilegalismo de la
disipación: La negativa del trabajador a integrar su fuerza de trabajo en el sistema productivo y
convertirla así en fuerza productiva.
La pereza es un elemento esencial: Negativa a trabajar en las condiciones impuestas, la
ociosidad, la dispersión, etc.
Este ilegalismo tiene su blanco en la fijación del obrero al sistema productivo. La disipación es
el paso previo a la depredación, es un ilegalismo más suave, moral. Es un derroche de fuerza de
trabajo al q apunta toda empresa de moralización de la clase obrera que tiene en la prisión su
último escalón.
El inmoralismo obrero entonces tiene que ver con su lugar en el sistema productivo, con la no
aceptación de las condiciones de empleo dictadas por la burguesía y con el derroche de la
fuerza de trabajo.
Esta penalización forma parte, según Foucault, de un proceso más amplio de moralización y
disciplinamiento de los trabajadores. La batalla por los ilegalismos es una batalla de clase, en
palabras de Didier Fassim:
En el siglo XIX sin embargo, con el desarrollo del capitalismo y la consolidación de la burguesía,
los ilegalismos de la clase baja empezaron a ser vistos como peligrosos para la propiedad y
producción, y por tanto convertidos en ilegales y penalizados, mientras que los ilegalismos de
la clase alta proliferaron con completa impunidad. En consecuencia el sistema penal pasó a ser
un instrumento esencial de control de la clase trabajadora. La prisión sirvió para garantizar la
exclusión, la vigilancia y la disciplina de los miembros indeseables de la sociedad.
Finales del siglo XVIII: Se rompe ese equilibrio entre los ilegalismos del Antiguo Régimen. La
reforma penal de esos años es dentro de este proceso de lucha contra los ilegalismos.
Durante la primera mitad del siglo XIX: Con la situación político-social, las Revoluciones de
1848 aparecen nuevos ilegalismos que se articularán con demandas políticas, luchas sociales
que combaten los nuevos regímenes, la industrialización y sus consecuencias y la nueva
explotación laboral. Movimientos políticos y revolucionarios se articulan con ilegalismos ya
existentes para hacer un mismo frente común.
Los nuevos ilegalismos de carácter político suponen pues un ataque al régimen de propiedad
burgués y al sistema de explotación laboral que lo sostiene, ej absentismo, las huelgas, el
abandono del trabajo, destrozos de máquinas, etc.
Los ilegalismos ya no son algo reducido a la marginalidad, son articulados por reivindicaciones
políticas, generalizándose.
Los nuevos modos de propiedad, el sistema laboral y las crisis económicas que sumen a la
población en una situación de miseria provocan que tanto las reivindicaciones de un
campesinado en horas bajas, como las de una clase obrera industrial en una situación
miserable, se entrecrucen con la delincuencia.
Esta articulación de las practicas delincuenciales con las luchas sociales y políticas no
constituye todavía en el siglo XIX un «ilegalismo masivo, político y social a la vez pero sí un
esbozo pre-revolucionario que infunde temor en la clase propietaria.
El crimen es una característica exclusiva de una clase social determinada: La clase obrera.
Durante todo el curso de 1973 el tema de los ilegalismos se relacionaba con la moralización de
la clase trabajadora. La interrelación entre penalidad y moralidad confluye en lo penitenciario.
Este elemento penitenciario q culmina con la prisión, responde no a propósitos humanitarios,
sino a una voluntad de la burguesía de combatir los ilegalismos populares y administrarlos. Está
dispuesto para la fabricación de individuos dóciles y útiles que la expansión del capitalismo
industrial demandaba para sus fábricas. Transformar el tiempo de vida del obrero en fuerza de
trabajo.
En 1975 Foucault publica Vigilar y Castigar, toma cierta distancia con la dimensión moralizadora
de los ilegalismos de 1973. Lo hará desde una perspectiva politizada, el ilegalismo como modo
de lucha política y social y la estrecha relación entre ilegalismo, prisión y fabricación de la
delincuencia. Para ello Foucault se situará a principio del siglo XIX.
El peligro ya no proviene del vagabundo errante que con su conducta improductiva y sin hogar
fijo hace difícil su vigilancia y control, sino del obrero, del trabajador mismo en contacto con los
medios de producción y con posibilidad de organización y sindicación.
La precariedad en la que queda sumido el campesinado con estas nuevas leyes de propiedad
propicia la proliferación de ilegalismos populares que desembocan en “bandidaje político”. Esta
articulación de las practicas delincuenciales con las luchas sociales y políticas no constituye
todavía a principios del siglo XIX un «ilegalismo masivo, político y social a la vez pero sí un
esbozo pre-revolucionario que infunde un verdadero temor en la clase propietaria.
En 1975 el estudio de los ilegalismos aparece, como hemos dicho, en estrecha relación con
otro fenómeno en cuya fabricación tiene una gran importancia la prisión, nos referimos
naturalmente a la delincuencia. El éxito de la prisión, sostiene Foucault, ha sido la creación de
un nuevo ilegalismo, el de la delincuencia, que ha eclipsado a todos los demás.
Estos delincuentes (obreros) sin más salida que la colaboración con la policía pues la prisión,
según Foucault, lejos de rehabilitar lo que propicia es el aislamiento social, se infiltrarán en
partidos políticos, sindicatos, movimientos huelguistas, etc, como confidentes policiales y para
boicotear protestas o reivindicaciones. Estas infiltraciones tuvieron una gran importancia en los
años siguientes a las revoluciones de 1848.
La prisión y la delincuencia forman parte de una estrategia mucho más amplia: La lucha por la
criminalización de cualquier demanda obrera reduciéndolo a simples actos de delincuencia.
La finalidad: Generar «una verdadera táctica de confusión cuyo fin era crear un estado de
conflicto permanente»
La prisión por tanto, según la interpretación foucaultiana, no tiene por objetivo la desaparición
de la delincuencia. No es un fracaso no haber contribuido ni la reducción de delincuentes sino
su principal logro. Se ha constatado que la prisión no reduce la delincuencia e incluso fomenta
la reincidencia. La misión de esta institución, según Foucault, no es terminar con los
ilegalismos sino administrarlos, distribuirlos y gestionarlos. En palabras del francés:
Esta gestión de los ilegalismos apunta a una de las características de la prisión neoliberal:
«la buena política penal no apunta a una extinción del crimen, sino a instaurar un equilibrio
(cambiante) entre curvas de oferta del crimen y demanda negativa».
La prisión neoliberal combinará las tecnologías disciplinarias individualizantes con la gestión de
poblaciones característica de la gubernamentalidad.
La cárcel no es el instrumento del DD penal para luchar contra los ilegalismos si no para
reacondicionar el campo de los ilegalismos, para producir una cierta forma de ilegalismo
profesional, la delincuencia, por un lado sobre los ilegalismos populares y, por otro,
instrumento al ilegalismo de la clase en el poder. La cárcel no es, pues, un inhibidor de la
delincuencia o de los ilegalismos; es un redistribuidor de ilegalismos.
En definitiva, en Vigilar y castigar el tema de los ilegalismos es político. Será a principios del
siglo XIX cuando las luchas obreras sean demandas políticas. Ilegalismos como la
desobediencia, la huelga o el quiebre normativo serán en torno a luchas políticas, siendo un
desafío al orden burgués.
Los ilegalismos populares, arma de lucha política, contra un régimen de propiedad de clase y la
legalidad que lo sustenta. Pese a no organizarse, atemorizaron a la clase burguesa que difundió
una imagen inmoral de los obreros, y es por esa degradación moral, por su natural tendencia al
crimen x lo q debe ser vigilada, moralizada y disciplinada.
4. Conclusiones
Ilegalismo: En la primera mitad de los 70s, sirve para entender el nacimiento de la prisión como
El sistema penal surgido al amparo de esta monopolización del ilegalismo que recaía en los
trabajadores tendrá entonces la doble función:
El éxito y la permanencia de la prisión a través de los siglos, nos revela la importancia que, aun
hoy en día, desempeña la gestión de los ilegalismos en la penalidad neoliberal.