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Eldocuu 6

El documento analiza el desarrollo desigual de las economías francesa y británica hasta la Revolución Industrial, destacando cómo Gran Bretaña superó a Francia en comercio y producción. Se argumenta que la Revolución Industrial fue impulsada por nuevas relaciones comerciales con colonias y economías dependientes, así como por la creación de un mercado para productos ultramarinos. La expansión del comercio británico, especialmente en el contexto de la esclavitud y la explotación colonial, fue fundamental para su crecimiento industrial en el siglo XIX.

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El documento analiza el desarrollo desigual de las economías francesa y británica hasta la Revolución Industrial, destacando cómo Gran Bretaña superó a Francia en comercio y producción. Se argumenta que la Revolución Industrial fue impulsada por nuevas relaciones comerciales con colonias y economías dependientes, así como por la creación de un mercado para productos ultramarinos. La expansión del comercio británico, especialmente en el contexto de la esclavitud y la explotación colonial, fue fundamental para su crecimiento industrial en el siglo XIX.

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qrqrqrvasto aparato financiero y comercial, y sus colonias.

Los franceses, aunque su desarrollo


corría parejo con el de los ingleses (cuando estos no se lo impedían con la guerra), no pudieron
reconquistar el terreno perdido en la gran época de depresión económica, el siglo XVII.
En cifras absolutas, y hasta la Revolución Industrial, ambos países podían aparecer como
potencias de tamaño equivalente, pero, aun entonces, tanto el comercio como los productos per
cápita franceses estaban muy lejos de los británicos.
Pero esto no explica por qué el estallido industrial sobrevino cuando lo hizo, en el último tercio
o cuarto del siglo XVIII. La respuesta precisa a esta cuestión aún es incierta, pero es claro que solo
podemos hallarla volviendo la vista hacia la economía general europea o "mundial" de la que Gran
Bretaña formaba parte; es decir, a las zonas “adelantadas” (la mayor parte) de la Europa occidental
y sus relaciones con las economías coloniales y semicoloniales dependientes, los asociados
comerciales marginales y las zonas aún no involucradas sustancialmente en el sistema europeo de
intercambios económicos.
El modelo tradicional de expansión europea —mediterráneo, y cimentado en comerciantes
italianos y sus socios, conquistadores españoles y portugueses; o báltico, y basado en las ciudades-
estado alemanas— había periclitado en la gran depresión económica del siglo XVII.
Los nuevos centros de expansión eran los Estados marítimos que bordeaban el mar del Norte y
el Atlántico Norte. El nuevo tipo de relaciones establecido entre las zonas “adelantadas” y el resto
del mundo tendió constantemente, a diferencia del viejo, a intensificar y ensanchar los flujos del
comercio. La poderosa, creciente y dinámica corriente de comercio ultramarino que arrastró con
ella a las nacientes industrias europeas —y que, de hecho, algunas veces las creó— era difícilmente
imaginable sin este cambio, que se apoyaba en tres aspectos:
1. En Europa, en la constitución de un mercado para productos ultramarinos de uso diario,
mercado que podía ensancharse a medida que estos productos fueran disponibles en mayores
cantidades y a más bajo costo. Azúcar, té, café, tabaco y productos similares, en lugar de oro y
especias, eran ahora las importaciones características de los trópicos, del mismo modo que, en lugar
de pieles, ahora se importaba del este europeo trigo, lino, hierro, cáñamo y madera.
2. En ultramar, en la creación de sistemas económicos para la producción de tales artículos
(como, por ejemplo, plantaciones basadas en el trabajo de esclavos).
3. Y en la conquista de colonias destinadas a satisfacer las ventajas económicas de sus
propietarios europeos.
(…)
Detrás de la Revolución Industrial inglesa está esa proyección en los mercados coloniales y
"subdesarrollados” de ultramar y la victoriosa lucha para impedir que los demás accedieran a ellos.
Gran Bretaña los derrotó en Oriente: en 1766 las ventas británicas superaron ampliamente a las de
los holandeses en el comercio con China. Y también en Occidente: hacia 1780, más de la mitad de
los esclavos desarraigados de África (casi el doble del tráfico francés) aportaba beneficios a los
esclavistas británicos. Todo ello en beneficio de las mercancías británicas.
(…)
La economía industrial británica creció a partir del comercio, y especialmente del comercio con el
mundo subdesarrollado. A todo lo largo del siglo XIX iba a conservar este peculiar modelo
histórico: el comercio y edadad

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