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Eldocuu 2

La Reforma protestante no es responsable de la Revolución Industrial, ya que esta ocurrió más de dos siglos después y no todos los países protestantes se industrializaron. La industrialización británica se debió a un mercado nacional unificado y un sector manufacturero desarrollado, no a factores políticos o religiosos. El verdadero desafío fue la relación entre la obtención de beneficios y la innovación tecnológica, donde el enfoque en el beneficio no siempre impulsa la innovación necesaria para el desarrollo industrial.

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La Reforma protestante no es responsable de la Revolución Industrial, ya que esta ocurrió más de dos siglos después y no todos los países protestantes se industrializaron. La industrialización británica se debió a un mercado nacional unificado y un sector manufacturero desarrollado, no a factores políticos o religiosos. El verdadero desafío fue la relación entre la obtención de beneficios y la innovación tecnológica, donde el enfoque en el beneficio no siempre impulsa la innovación necesaria para el desarrollo industrial.

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Tampoco puede hacerse responsable a la Reforma protestante, ya fuera directamente o por vía de

cierto “espíritu capitalista” especial u otro cambio en la actitud económica inducido por el
protestantismo; ni tampoco explica por qué tuvo lugar en Inglaterra y no en Francia. La Reforma
protestante tuvo lugar más de dos siglos antes que la Revolución Industrial. De ningún modo todos
los países que se convirtieron al protestantismo fueron luego pioneros de esa revolución y —por
poner un ejemplo fácil— las zonas de los Países Bajos que permanecieron católicas (Bélgica) se
industrializaron antes que las que se hicieron protestantes (Holanda).
Finalmente, también deben rechazarse los factores puramente políticos. En la segunda mitad del
siglo XVIII prácticamente todos los gobiernos de Europa querían industrializarse, pero solo lo
consiguió el británico.
(…)
Rechazar estos factores como explicaciones simples, exclusivas o primarias no es, desde luego,
negarles toda importancia.
(…)
El país no era simplemente una economía de mercado —es decir, una economía en la que se
compran y venden la mayoría de bienes y servicios—, sino que en muchos aspectos constituía un
solo mercado nacional. Y además poseía un extenso sector manufacturero altamente desarrollado y
un aparato comercial todavía más desarrollado.
(…)
Los problemas tecnológicos de la primera Revolución Industrial fueron francamente sencillos.
No requirieron trabajadores con cualificaciones científicas especializadas, sino meramente los
hombres suficientes, de ilustración normal, que estuvieran familiarizados con instrumentos
mecánicos sencillos y el trabajo de los metales, y poseyeran experiencia práctica y cierta dosis de
iniciativa.
Muchas de las nuevas inversiones técnicas y establecimientos productivos (…) requerían poca
inversión inicial y su expansión podía financiarse con los beneficios acumulados. El desarrollo
industrial estaba dentro de las capacidades de una multiplicidad de pequeños empresarios y
artesanos cualificados tradicionales. Ningún país del siglo XX que emprenda la industrialización
tiene, o puede tener, algo parecido a estas ventajas.
El problema referido al origen de la Revolución Industrial que aquí nos concierne no es, por
tanto, cómo se acumuló el material de la explosión económica, sino cómo se prendió la mecha.
(…)
El acertijo reside en las relaciones entre la obtención de beneficios y las innovaciones
tecnológicas. Con frecuencia se acepta que una economía de empresa privada tiene una tendencia
automática hacia la innovación, pero esto no es así. Solo tiende hacia el beneficio. (…) El mercado
disponible y futuro —el mercado que determina lo que debe producir un negociante— consiste en
los ricos, que piden artículos de lujo en pequeñas cantidades, pero con un elevado margen de
beneficio por cada venta.
(…)

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