La Leyenda de La Llorona
Hace muchos años, en un pueblo cercano a un río, vivía una mujer hermosa llamada María.
Era tan bella que todos los hombres del lugar quedaban hechizados con solo verla. Pero
María era orgullosa, y solo aceptó casarse con un apuesto caballero de sangre noble, con
quien tuvo dos hijos.
Al principio, vivían felices. Pero con el tiempo, su esposo comenzó a alejarse. Viajaba por
largas temporadas y, cuando regresaba, apenas hablaba con María. Su amor se fue
apagando. Un día, María lo vio pasear por el pueblo con otra mujer, ignorando por completo
a sus hijos.
Cegada por el dolor, la rabia y los celos, María cometió un acto terrible: llevó a sus hijos al
río… y en un arrebato de desesperación, los arrojó al agua, dejándolos a merced de la
corriente.
Apenas el agua se los llevó, María despertó del horror que había cometido. Corrió por la
orilla, gritando desesperada:
—¡Ay, mis hijos! ¡Mis hijos!
Pero ya era demasiado tarde.
La leyenda dice que María enloqueció del dolor y murió poco después, sola y sin consuelo.
Desde entonces, su espíritu no encontró paz, y quedó condenado a vagar por ríos, lagos y
caminos solitarios, llorando eternamente por sus hijos perdidos.
Los que la han visto, aseguran que es una figura alta y delgada, vestida de blanco, con el
rostro cubierto. Su voz es un lamento lastimero que hiela la sangre:
—¡Ay, mis hijos!
Se dice que si escuchas su llanto cerca, no hay peligro…
Pero si lo escuchas lejos… ¡huye, porque puede estar justo detrás de ti!
Advertencia de la leyenda
En muchos pueblos de México y América Latina, los padres cuentan esta historia a sus hijos
para enseñarles a no salir de noche, a respetar el río, y a recordar que el dolor y la culpa
pueden convertirse en cadenas eternas para el alma.