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Actividad 2 Modulo 3

El documento ofrece consejos para gestionar conflictos en el aula, definiendo el conflicto como un desacuerdo entre personas con intereses incompatibles. Se destacan claves como la prevención, la comunicación efectiva, el control del aula, la preparación de los alumnos en la gestión de conflictos, y la mediación. Además, se enfatiza la importancia de un enfoque coordinado entre docentes y el seguimiento de las situaciones conflictivas para asegurar una resolución duradera.

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Actividad 2 Modulo 3

El documento ofrece consejos para gestionar conflictos en el aula, definiendo el conflicto como un desacuerdo entre personas con intereses incompatibles. Se destacan claves como la prevención, la comunicación efectiva, el control del aula, la preparación de los alumnos en la gestión de conflictos, y la mediación. Además, se enfatiza la importancia de un enfoque coordinado entre docentes y el seguimiento de las situaciones conflictivas para asegurar una resolución duradera.

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Actividad 2 MF 1444

CONSEJOS PARA GESTIONAR LOS CONFLICTOS EN EL AULA

Definición de conflicto:

Los conflictos implican situaciones en las que dos o más personas


tienen un desacuerdo o se encuentran en oposición porque sus intereses
o intenciones resultan incompatibles.

En el aula, pueden darse conflictos entre el profesor y los alumnos o


entre los propios alumnos, y tanto unos como otros pueden generar un
clima que dificulte el desarrollo de las clases y la labor como docente. Sin
embargo, si se afrontan de manera adecuada, pueden contribuir a
mejorar la relación entre las personas enfrentadas y en el grupo donde se
integren, abriendo nuevos caminos y posibilidades de avanzar.

Claves para afrontar el conflicto

Trabajar en la prevención. Crear un buen ambiente en el aula y una


adecuada disciplina pueden ayudar a evitar el inicio de conflictos.

Actuar de manera individual con los alumnos que puedan presentar


problemas o dificultades, practicar el refuerzo positivo, educar en valores,
favorecer el desarrollo de habilidades emocionales y de competencia
social a través de actividades grupales.

Fomenta y cuida la comunicación. Tanto la comunicación verbal como la


no verbal marcan las relaciones en el aula. Trabajar las habilidades
comunicativas de los alumnos y las del propio docente, puesto que de
ellas depende en buena medida que en el aula haya un clima de
tranquilidad o de crispación.

Cuando el conflicto ya se ha desarrollado, la comunicación también


puede ser la llave para afrontarlo con calma, mediante el diálogo y la
escucha activa de las partes implicadas.
Mantén el control del aula. Aunque el diálogo y la colaboración entre
alumnos y docentes son importantes, es prioritario que estos últimos
marquen el ritmo y el desarrollo de la clase. Ante problemas de conducta
o faltas de disciplina en el aula, mantener el control de la misma sin
alterarse, evitando el enfrentamiento directo o la discusión.

Es absolutamente necesario responder con calma y rotundidad y, si el


conflicto se repite, hablar con el alumno o alumnos implicados de manera
individual, fuera de clase, donde los estudiantes conflictivos no se sientan
tan protegidos, y así será más fácil reconducir su conducta.

Preparar a los alumnos en la gestión de conflictos. Si los estudiantes están


preparados para analizar, afrontar y resolver los problemas que les surjan
conseguirán que muchos conflictos se zanjen antes de agravarse.

Analizar la naturaleza, gravedad y persistencia del conflicto. En el aula


pueden darse diversos tipos de conflictos (curriculares, sociales, culturales
o relacionales) y en distintos grados de intensidad. Es importante
identificar el origen del conflicto, el problema concreto, ¿quién está
implicado? ¿cuáles son las necesidades e intereses de todas las partes
del conflicto?

Poner en práctica distintas dinámicas de resolución de conflictos. Según el


tipo de conflicto a resolver o la edad de los alumnos, las medidas para
solucionarlo pueden variar. Tras analizar la situación, optar por la dinámica
o actividad que se considere más adecuada.

Buscar soluciones concretas, constructivas y duraderas al problema. En


vez de enfocar el conflicto desde las posturas de quienes lo protagonizan,
analizar los intereses y necesidades de cada uno y, en un ambiente de
negociación, ayudar a cada uno a reflexionar sobre la situación y
armonizar sus posiciones. Profundizar en las causas del conflicto y no
solucionarlo de manera superficial o temporal ni limitarte a dar la razón a
una de las partes, sino encontrar las claves para atajarlo y resolverlo a
largo plazo.

Recurrir a la mediación. Cuando las partes implicadas en un conflicto no


consiguen resolverlo por sí mismas, se puede poner en práctica esta
herramienta, muy útil para los enfrentamientos entre alumnos donde el
docente ejerce de mediador. El papel del docente en este caso es
favorecer el proceso y ayudar así a las partes a tomar decisiones y llegar a
un acuerdo: reunir a los implicados en el conflicto, escuchar sus opiniones
y su versión, promover el diálogo entre los implicados e invitarlos a buscar
soluciones. También se puede optar por poner en práctica la mediación
entre iguales, donde el mediador es otro alumno no implicado en el
conflicto. En cualquiera de los casos, se trata de una técnica muy
interesante porque se basa en la comunicación, la autonomía y la
igualdad y, por lo tanto, es una buena alternativa a los castigos y
sanciones. Además, al aceptar los protagonistas sus propias resoluciones,
es más probable que sean justas y equitativas y los actores se
comprometan con ellas y las cumplan.

Actuar de manera coordinada. Cuando hay un alumno o un grupo o clase


que genera conflictos es importante diseñar una estrategia compartida
con el resto de profesores, de modo que el problema se afronte de manera
transversal y coordinada. Así, unos y otros docentes compartirán los
mismos criterios, avanzarán en la misma dirección y contribuirán a
reforzar la resolución del conflicto. En los casos más graves o cuando así
lo decida el equipo docente, puede ser necesario involucrar también en
este plan coordinado a la familia, como parte esencial de la educación del
niño.
Hacer un seguimiento. Los actos de violencia y otros conflictos requieren
cierto seguimiento. No se puede descuidar la situación una vez resuelta,
prestar atención a cómo evoluciona y, ante cualquier indicio de que el
conflicto resurja, actuar para atajarlo y reforzar las normas o las
soluciones consensuadas.
Laura Fernández Peñas

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