CONTROL DEL EMPASTE EN INVERNADA
Med. Vet. [Link]. Patricio Davies, Vet. Alicia Dillon e Ing. Agr. [Link]. Daniel G. Méndez. 2002. INTA,
EEA Gral. Villegas, Área Investigación. Publicación Técnica 34:1-14.
[Link]
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RESUMEN
La tendencia hacia la intensificación en el uso del pasto ha producido un incremento del riesgo de ocurrencia
de meteorismo espumoso (empaste) en los sistemas pastoriles de invernada que utilizan a la alfalfa como base de
sus mezclas forrajeras. Las pérdidas sufridas por los sistemas de producción en el país no han sido medidas, pero
en base a algunas mediciones parciales, se estiman altas.
Sin embargo, los mecanismos que operan en la aparición del problema son bien conocidos y se dispone de
herramientas tecnológicas como para lograr un aceptable nivel de convivencia con el problema. Al respecto se
destaca la importancia de conocer los factores de riesgo relacionados a la aparición del problema, ya que existe un
importante margen de acción a nivel del manejo cotidiano de los animales en pastoreo y de los recursos forrajeros
como para reducir al mínimo el riesgo.
En cuanto a la utilización de productos específicos, la aplicación de tensioactivos asperjados en las pasturas es
la técnica actualmente más difundida, con la que se obtiene un alto nivel del eficacia en el control del empaste.
1. INTRODUCCIÓN
Frente a otras actividades de las empresas agropecuarias pampeanas, los sistemas ganaderos se ven sujetos a un
elevado nivel de exigencia en cuanto a rentabilidad. Esto ha generado la necesidad de intensificar el uso de los
recursos forrajeros, apuntando a aumentar los niveles de producción y la calidad de los mismos.
La principal especie forrajera que responde a esta necesidad es la alfalfa, ampliamente difundida en grandes
áreas de producción de carne y leche de la Argentina (4.9 millones de hectáreas (INDEC, 1993), en pasturas puras
o en mezclas con otras especies. Los altos niveles de producción que es capaz de generar esta forrajera están
asociados al problema del empaste (meteorismo espumoso de los vacunos), que se ha extendido a gran parte del
período de utilización de la alfalfa, sobre todo con la difusión de cultivares con bajo o nulo reposo invernal.
El empaste produce considerables pérdidas económicas a nivel mundial. En los últimos años, los países más
avanzados en el estudio del problema ([Link]., Australia y Nueva Zelandia) han calculado pérdidas por U$S 310,
U$S 180 y U$S 25 millones anuales (Bryant, 1991; Laby, 1991). En Argentina no se dispone de una estimación
precisa de las mismas, pero se consideran altas en función de algunas estimaciones parciales (Correa Luna y otros,
1991; Fay y otros, 1992).
A las pérdidas directas causadas por la muerte de los animales se suman las indirectas, como las originadas por
un grado moderado de meteorismo, que puede provocar una disminución del 40% en producción de carne y del
10% en producción de leche, según lo informado por autores de otros países (Howarth y otros, 1986). También
deben considerarse las pérdidas emergentes por no utilizar especies forrajeras valiosas o hacerlo cuando han
perdido calidad. En relación con la prevención del empaste, a los costos originados en diversos ítems (productos,
maquinaria, horas/hombre) se agrega el alto nivel de stress que este problema provoca al encargado o propietario
de los animales expuestos.
2. OCURRENCIA DE EMPASTE
El forraje consumido está sujeto, en el rumen de los vacunos, a un proceso de fermentación por la flora
(microorganismos que viven normalmente allí). Como parte de los productos de la fermentación se originan gases
(anhídrido carbónico y metano) que normalmente se separan del resto del contenido ruminal y son eructados.
Las leguminosas meteorizantes como alfalfa, trébol blanco y trébol rojo, con muy buena calidad, tienen alta
velocidad inicial de digestión (25-30% más rápida que la de especies no meteorizantes) que produce un elevado
volumen de gases y acumulación de gran cantidad de partículas vegetales en el rumen (Howarth y otros, 1983).
Éstas, junto con otros productos (proteínas vegetales, polisacáridos microbianos), dan origen a una masa
espumosa formada por pequeñas burbujas estables que retienen los gases y provocan un aumento progresivo de la
presión en el rumen, produciendo desde una disminución en el consumo -en los casos leves hasta la muerte por
asfixia, en los cuadros graves (Howarth y otros, 1986).
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3. FACTORES DE RIESGO
Los factores de riesgo involucrados en la aparición del empaste se relacionan con la pastura, el animal, el
manejo y las condiciones ambientales (Fig. l).
3.1. COMPOSICIÓN DE LA MEZCLA FORRAJERA
Entre las leguminosas meteorizantes la alfalfa es la más peligrosa, seguida por los tréboles blanco y rojo. El
predominio de estas especies en la pastura aumenta el riesgo de empaste, por lo que se recomienda que en la
consociación las gramíneas representen el 50% o más del forraje disponible (Howarth, 1975; Carruthers, 1991).
3.2. ESTADO FENOLÓGICO
El estado de madurez (estado fenológico) en el que se encuentra la alfalfa en un momento dado es la variable
que mejor se asocia con la aparición del empaste (Howarth y Horn, 1984). En estados tempranos (vegetativo) el
pasto disponible presenta una alta relación hoja:tallo (más de 2.0), un elevado contenido de proteína bruta (más de
20%), bajo contenido de pared celular (40%) y una gran fragilidad de las hojas, características que se relacionan
directamente con un alto nivel de riesgo de empaste.
El potencial meteorizante de la alfalfa disminuye a medida que madura debido a una disminución de la
concentración de proteínas (alrededor de 18 % en 10% de floración), un aumento en la pared celular (50% en 10%
de floración) y principalmente a un descenso de la relación hoja:tallo (1.30 en el principio de la floración). Si
bien la pastura es menos peligrosa cuando está "pasada", también disminuye su calidad y, por consiguiente, su
valor nutritivo (Sanderson y Wedin, 1989).
3.3. SUSCEPTIBILIDAD DE LOS ANIMALES
Con respecto a los animales, existe una susceptibilidad individual frente al empaste, que es hereditaria (Morris,
C. A., 1991). Las diferencias observadas entre razas no son tan importantes como las que ocurren entre
individuos de una misma raza. En este sentido se ha observado una mayor susceptibilidad en los animales
jóvenes, que tiene relación con el mayor volumen del rumen con respecto al resto del cuerpo. Este argumento
también podría explicar la menor susceptibilidad observada entre novillos de razas índicas con respecto a aquellos
de razas británicas (Latimori y otros, 1995). En cuanto a las diferencias identificadas en los animales propensos a
empastar, en general se ha visto menor producción de saliva y un ambiente ruminal de composición característica
(mayores concentraciones de proteínas solubles, clorofila y partículas de forraje en digestión, menor pH ruminal y
mayor capacidad de producir gas). Sumado a esto se halló una tasa de pasaje más lenta del contenido ruminal, que
resulta ser una característica importante ya que es factible, como se verá más adelante, operar sobre la misma a
través del manejo de la alimentación para disminuir el riesgo de empaste.
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3.4. MANEJO DE LA ALIMENTACIÓN
El ayuno previo al pastoreo, por ejemplo cuando se retiran los animales de la pastura durante la noche, provoca
niveles de consumo más altos al reingresar los animales y por consiguiente, mayor peligro de empaste. Al
respecto, se ha encontrado una disminución de la actividad de degradación de proteínas en el rumen de animales
ayunados, lo que favorece la persistencia de las espuma (Fay y otros, 1986). En los sistemas de pastoreo rotativo
suele darse esta situación, aunque en magnitud variable según el caso, en función del nivel de pasto asignado a
cada animal que, si es bajo, puede derivar en baja disponibilidad de forraje hacia el final de la utilización de cada
franja.
La alimentación previa contribuye a determinar las características del ambiente ruminal, haciendo que el
mismo esté más o menos "predispuesto" al empaste: cuando el animal consume leguminosas de muy alta calidad,
en el rumen se establece una fase de material particulado fino que facilita la estabilización de la espuma cada vez
que el animal come (Howarth y otros, 1983). Esta es una razón por la cual se recomienda la sustitución del forraje
base como medida para el control del empaste. En efecto, la suplementación con fibra de alta calidad, como el
silaje de maíz (Bretschneider, 2000) y con concentrados, como los granos, contribuye a disminuir el riesgo.
3.5. CLIMA
La tasa de crecimiento del pasto está asociada con el clima. Es así que los períodos de temperaturas
moderadas, alta radiación solar y humedad, son de mayor riesgo (Walgenbach y otros, 198l).
También son de alto riesgo las etapas con sequía, sobre todo en pasturas mixtas con alfalfa, debido a la mayor
capacidad de crecimiento de ésta con respecto a las gramíneas. Estas últimas también pueden sufrir pérdidas de
plantas por estrés hídrico, dejando así espacios vacíos que muchas veces son ocupados por el trébol blanco,
integrante habitual -por siembra o naturalmente- de las mezclas y con alto potencial meteorizante.
Las heladas o el rocío aumentan la fragilidad celular de las hojas y facilitan la masticación y, por consiguiente,
la rápida disponibilidad de los componentes solubles del pasto en el rumen, lo que incremento el riesgo de
empaste (Majak y otros, 1995).
4. ELEMENTOS PARA LA INTEGRACIÓN DE UNA ESTRATEGIA DE PREVENCIÓN Y CONTROL
En vista de la diversidad de factores que intervienen en la aparición del empaste, lograr una prevención eficaz
es un problema recurrente en cada ciclo de utilización de las pasturas ya que, en la práctica, las "recetas" suelen
tener resultados variables.
En condiciones de campo, el factor central en el armado de una estrategia preventiva es la elección de alguna
de las técnicas o de los insumos de eficacia comprobada que están disponibles. No obstante esto, existe un
importante margen de acción en lo referente a la composición de la pastura, al manejo de la alimentación (sistema
de pastoreo y suplementación) y al entrenamiento del personal entre otros aspectos que, si bien no tienen por si
mismos un alto nivel de eficacia, son imprescindibles para disminuir el umbral de riesgo y deben ser
complementarios al uso de insumos.
En lo referente al manejo, los puntos relevantes son:
4. 1. VIGILANCIA DE LAS TROPAS
Para tener éxito en la prevención del empaste, sobre todo en el manejo de tropas grandes, es necesario que el
personal de ganadería tenga un alto nivel de dedicación y también experiencia, que es fundamental tanto al
prevenir como al actuar sobre los animales afectados. Este personal debe tomar decisiones precisas en cuanto al
manejo del pastoreo y los animales (por ejemplo, determinar el tiempo de permanencia en cada franja en función
del forraje remanente para evitar grandes variaciones en el consumo; detectar precozmente el problema
observando a los animales y decidir cuándo moverlos; identificar a los animales susceptibles). Así se pueden
enfrentar con éxito las situaciones de riesgo, que es máximo en las primeras horas luego del ingreso a una nueva
franja.
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4.2. DETECCIÓN DE ANIMALES SUSCEPTIBLES
En todos los rodeos existe un porcentaje usualmente bajo de animales muy susceptibles que deben ser
identificados para poder apartarlos, facilitando así el manejo del resto de la tropa. En función de los objetivos de
producción, estos animales pueden integrar una tropa de invernada lenta, cosechando el excedente de menor
calidad que deja la tropa rápida, o bien utilizando recursos forrajeros con baja participación de alfalfa o, por el
contrario, entrar en un planteo intensivo con alimentación a corral, pasando por las distintas combinaciones de
alternativas. Lo importante es no supeditar el manejo de toda la tropa a la existencia de este factor, que impide
una solución razonable del problema.
4.3. MANEJO DEL PASTOREO
4.3.1. CONSUMO Y CALIDAD DEL FORRAJE
En un esquema que apunte a altas performances se debe mantener, tanto como sea posible, una dieta constante
en calidad y cantidad para alcanzar altos niveles de consumo y evitar los altibajos que, al provocar cambios
drásticos en el ambiente ruminal de los animales, aumentan el riesgo de empaste (Majak y otros, 1995).
Este objetivo es factible de lograr utilizando alfalfa en prefloración con un esquema de pastoreo donde los
cambios de franja se produzcan a intervalos cortos, lo que permite controlar mejor la cantidad de forraje
disponible.
También se debe trabajar con cargas moderadas, es decir, con un nivel de asignación diaria aproximado del 3
% del peso vivo (que para un animal de 300 kg es equivalente a 9 kg de materia seca de pasto por día). En
términos de eficiencia de cosecha esto representa un techo del 55-60 %, que sería la máxima utilización de este
tipo de pasturas que permite mantener un alto nivel de calidad de la dieta.
Al mismo tiempo, y en cuanto al manejo del pastoreo, se puede implementar un esquema de bajo riesgo
realizando los cambios de franja durante el día, preferentemente después del mediodía, para hacer el "despunte"
bajo vigilancia y al atardecer volver los animales hacia la franja anterior para pasar la noche en un lugar seguro,
con disponibilidad suficiente como para mantener el nivel de consumo sin restricciones. Este sistema permite
tener un nivel de llenado ruminal más parejo en el tiempo y que los animales pasen a la próxima franja sin
excesivo apetito.
4.3.2. SISTEMA DE PASTOREO, EXPERIENCIA EN LA EEA INTA GRAL. VILLEGAS
La eficacia de la intensificación del pastoreo en la disminución del riesgo de empaste, se demostró en una
experiencia realizada en la EEA INTA Gral. Villegas (Davies y otros, 2000) sobre una pastura base alfalfa, que se
utilizó con un nivel de asignación de forraje equivalente al 3,5 % del p.v. Se comparó un sistema de pastoreo
tradicional en los planteos de invernada (3-4 días de permanencia en cada franja,) versus un sistema intensivo de
pastoreo diario, en donde cada franja estaba dividida en cuatro sectores que se utilizaban sucesivamente cada dos
horas, con lo que se lograba el pastoreo del horizonte superficial de la pastura durante la mayor parte del día y los
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animales disponían del forraje menos peligroso para la noche. El nivel de grado de empaste, medido en una
escala de 0 a 5 (Fig. 2), fue significativamente menor en el pastoreo intensivo (1.05) con respecto al pastoreo
tradicional (1.44). La incidencia de meteorismo (relación entre los animales afectados y el total) no fue diferente
entre tratamientos (85%) y el momento del día no influyó en la presentación del problema.
4.3.3 ALTERACIONES DEL SISTEMA
Es fundamental mantener el esquema de pastoreo con la menor cantidad posible de alteraciones, por lo que se
deben programar todos los movimientos de los animales. En las épocas de alto riesgo, se deben evitar los
encierres prolongados para el manejo sanitario o pesadas y, en caso de ser necesarios, conviene hacer tropas
pequeñas para que los animales no se desbasten.
4.3.4. SELECCIÓN DEL FORRAJE EN PASTOREO
Tradicionalmente se ha recomendado restringir la capacidad de selección de los animales pastoreando con un
bajo nivel de asignación, para lograr altas eficiencias de cosecha (70-80%). Esto es lo indicado cuando se utiliza
alfalfa en avanzado estado de floración, por que el pastoreo con alta carga impide que el animal seleccione los
rebrotes basales con alto riesgo de empaste. En este caso la dieta consumida no tendría la calidad requerida para
sostener altos ritmos de engorde.
Cuando se trata de alfalfa en estados fenológicos más tempranos, si bien este manejo evita que los animales
seleccionen el estrato superior, que es el más peligroso, en condiciones de campo este sistema de pastoreo suele
provocar restricciones en el consumo que aumentan el riesgo de empaste, según lo comentado en el punto 3.4.
4.3.5. PASTOREO CON LLUVIA, ROCÍO O HELADAS
Se debe evitar el pastoreo con lluvia, rocío o heladas, con el objetivo de restringir el ingreso excesivo de agua
en el rumen, que predispone a la formación de grandes volúmenes de espuma. Además, el pasto se toma más
frágil y se mastica más fácilmente, disminuyendo el estímulo para la salivación (la saliva actúa como
antiespumante en el rumen).
Si los fenómenos meteorológicos obligan a sacar la hacienda de la pastura, se debe tener la provisión de
reservas forrajeras de alta calidad (preferentemente silajes, por el aporte de volumen) calculada de antemano para
sobrellevar estas eventualidades. Al retomar el esquema de pastoreo, es necesario tener en cuenta que, si los
cambios en la dieta fueron muy pronunciados, el rumen no recupera rápidamente las condiciones ideales por lo
que, en las primeras horas, se debe extremar la vigilancia de los animales (Fay y otros, 1986).
4.4. SUPLEMENTACIÓN CON ALIMENTOS FIBROSOS DE ALTA CALIDAD
La sustitución de forraje peligroso por otro alimento que aporte volumen y calidad es una herramienta
tradicionalmente recomendada y eficaz en la prevención del empaste. Normalmente se propone la utilización de
heno de pasturas pero la calidad de esta reserva suele ser muy variable y en condiciones de campo por lo general
es baja (alrededor del 50% de digestibilidad). Dado que la sustitución de pastura por este forraje puede originar
una depresión del consumo y afectar la performance de los animales, es conveniente disponer de otro tipo de
reservas. Para el caso es adecuado el silaje de maíz, cuya calidad es más alta y estable (65% de digestibilidad) que
la del heno.
Bretschneider (2000), probó la suplementación con silaje de maíz a niveles equivalentes al 0.5 y al 1 % del
peso vivo y registró un grado de empaste de 1.8 y 1.5, sin diferencias entre niveles de suplementación mientras
que el testigo alcanzó un grado de 2.7, demostrando la eficacia de la técnica en el control del empaste.
Esta alternativa no es la más adecuada en las épocas de mayor crecimiento de la alfalfa, donde la sustitución de
forraje de alta calidad por suplemento puede afectar la eficiencia de utilización del pasto. Tal como ocurre con
otras, esta práctica puede integrar estratégicamente un esquema preventivo.
Al margen de lo anterior, el silaje es de gran ayuda para cubrir eventualidades tales como las lluvias, que
complican la prevención del empaste en la mayoría de los casos. En tales circunstancias, se puede pasar del
pastoreo a la alimentación con silaje en confinamiento sin necesidad de realizar acostumbramiento a la nueva
dieta y, al restablecerse las condiciones normales, volver rápidamente al pastoreo.
4.5. COMPOSICIÓN DE LA PASTURA
Como se dijo antes, se ha establecido que las pasturas con alta proporción de gramíneas (mayor de 50%) son
menos peligrosas, lo que sugiere que disminuir el stand de plantas de alfalfa a la siembra ayudaría a bajar el nivel
de riesgo de empaste. Una primera objeción a esto se relaciona con la productividad primaria de las pasturas
consociadas, que depende en gran medida de la participación de la alfalfa. Por otra parte, en condiciones de carga
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moderada no necesariamente disminuye la proporción de aquélla en la dieta ya que los animales pueden ejercer un
alto nivel de selección.
En este sentido, existen recomendaciones sobre modificar la distribución de las especies en la pastura para
disminuir la selectividad de los animales, es decir tratando de evitar que las leguminosas queden aisladas y, por
consiguiente, fácilmente accesibles. Pero esta práctica sólo podría tener éxito sembrando gramíneas y
leguminosas en la misma línea; aún así, la época del año y las condiciones climáticas inducen distintas
velocidades de crecimiento en las forrajeras que, por otra parte, concentran la mayor parte de su biomasa a
diferentes alturas.
En las pasturas en base a alfalfa, la presencia de trébol blanco -que suele darse en manchones, generalmente
cuando comienzan a perderse otras especies- puede complicar el manejo preventivo cuando se usan productos
aplicados por aspersión, ya que se torna difícil penetrar el perfil de la pastura hasta los niveles más basales. Esta
característica lo hace poco deseable para su inclusión en las mezclas teniendo en cuenta que, a cambio, su aporte
productivo no es tan importante.
5. USO DE TÉCNICAS E INSUMOS EN LA PREVENCIÓN DEL EMPASTE
Dada la variabilidad del problema, siempre conviene anticipar medidas apuntando al máximo nivel de
seguridad y basar la estrategia en alguna de las alternativas técnicas o de insumos disponibles.
La elección dependerá de las posibilidades operativas y económicas de cada empresa pero siempre se debe
tener en cuenta en la decisión el nivel de eficacia del procedimiento o del producto elegido. Una consideración
adicional debe hacerse con respecto a las técnicas que implican trabajos sobre la pastura. En este caso, cuanto
mayor sea la receptividad del recurso forrajero, menor será el costo de aplicación de la técnica, ya que se diluirá
en una mayor cantidad de animales por unidad de superficie. Cabe aclarar que el concepto de receptividad apunta,
en este caso, a tener un elevado stand de alfalfa en la pastura, que resulta en un alto aporte de forraje de buena
calidad y no a utilizar la pastura con un alto nivel de acumulación de materia seca ("pasada") que seguramente
tendrá una calidad inferior a la deseada.
5.1. PREMARCHITADO DEL FORRAJE
Una técnica que se adapta bien a los planteos intensivos, por la demanda de maquinaria, personal y tiempo que
requiere, es el marchitamiento del forraje por corte o por aplicación de un desecante, que resulta muy eficaz para
prevenir el empaste en tanto se use el procedimiento correcto en cada caso. Esta técnica puede producir pérdidas
en cantidad y/o calidad de forraje de magnitud variable que dependen de la forma de aplicación de las mismas.
5.1.1. MARCHITAMIENTO POR CORTE
En el marchitamiento por corte, el forraje se corta y se deja orear en las andanas el tiempo suficiente para que
alcance un contenido de agua inferior al 50%, que equivale al punto en el que luego de apretar un manojo de
alfalfa con el puño, ésta se expande lentamente y no queda humedad en la mano. El tiempo de oreo varía en
función de la temperatura y la humedad relativa del ambiente; como un ejemplo, con 28º C de temperatura media
y 66 % de humedad relativa, el mencionado punto se alcanzó, en una alfalfa pura en comienzos de notación, a las
15 hs. El tiempo de oreo se puede acelerar con el uso de maquinaria de corte con rodillos acondicionadores, por
lo que el uso de estos dispositivos es recomendable. Cuanto más rápido sea el proceso, más fácil resulta mantener
la calidad original de la alfalfa, ya que las pérdidas por respiración o, eventualmente, por lavado son menores.
Con este criterio, la superficie a cortar debe ser calculada para no más de dos días de utilización. Al respecto,
Allí y otros (1985) midieron entre las 0 y las 52 hs desde el momento del corte una disminución del contenido de
proteína cruda ( 18.5 a 15.1 %), carbohidratos totales (9.1 a 8.0 %) y carbohidratos solubles (44.6 a 37.3 %) que
atribuyeron , en el caso de los carbohidratos a la respiración post-corte y a la caída de hojas en la manipulación
del forraje al enfardarlo y en el caso de las proteínas, a este último factor. Cuando los animales remueven el
forraje al pastorear directamente de las andanas, se produce un efecto similar al descripto.
Como esta técnica se basa en el consumo directo, durante los primeros días se puede observar una disminución
del mismo, pero al acostumbrarse los animales, el consumo resulta igual o superior al esperable con la utilización
de la alfalfa en pie (Guaita y Gallardo, 1997). De lo anterior se desprende la conveniencia de realizar esta práctica
en forma continua. Además de prevenir el empaste, el corte sistemático de la pastura permite mantener una
adecuada limpieza de la misma, que es importante para la obtención de reservas forrajeras de alta calidad.
Un aspecto adicional a verificar es la existencia de sectores de la parcela con trébol blanco o rebrotes de alfalfa
que no hayan sido cortados y que puedan representar riesgo de empaste cuando los animales ingresan al pastoreo.
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5.1.2. DESECAMIENTO CON HERBICIDAS.
El desecamiento con herbicidas es una alternativa al método anterior que genera menos complicaciones
operativas y también es de alta efectividad si se realiza adecuadamente. Uno de los productos más usados es el
paraquat, que es asperjado sobre la pastura 48 horas antes del pastoreo, en dosis que oscilan entre 150 y 250 ml
por hectárea (del formulado al 27.6%), según se use o no un agente humectante (surfactante no iónico al 0.2%)
(Latimori y otros, 1992). El agente humectante facilita el contacto del producto con las hojas por lo cual su uso es
recomendable. El paraquat debe ser aplicado en condiciones de alta luminosidad y sin agua sobre la superficie de
las hojas (rocío, lluvia). Se usa un volumen de agua de 100 a 120 litros por hectárea, con una presión de 45 libras.
Es conveniente efectuar la aplicación con equipos que copien el terreno, para evitar el "cabeceo" de los botalones
que provoca que queden áreas sin tratamiento y utilizar la tecnología antideriva que facilita la aplicación del
producto, con lo que queda en claro la importancia de lograr una buena calidad de aplicación, es decir,
uniformidad en la distribución y buen mojado en los niveles inferiores de la pastura. Esto es especialmente
importante cuando hay trébol blanco o gran cantidad de rebrotes basales en la alfalfa.
Por otra parte, es necesario tener en cuenta que el forraje tratado con paraquat sufrirá una disminución en su
calidad nutricional. Al respecto se ha medido una caída de la digestibilidad de las hojas de alfalfa tratada con el
mencionado producto, resultando en un valor de 70% versus 75.2% del forraje sin tratar (Davies, 1994). Por otra
parte Latimori y otros, 1997, hallaron que como consecuencia del desecamiento ocurre pérdida de hojas y
midieron en alfalfa desecada 98 kg de hojas caídas por hectárea versus 65 kg registrados en la alfalfa sin tratar.
Los autores también observaron que el efecto de volteo de las hojas por lluvia aumentó las pérdidas (358 kg por
hectárea en alfalfa desecada versus 67 kg en alfalfa sin tratar, con una precipitación de 141 mm). El efecto
descripto se asoció con una disminución de la performance de los animales evaluada sobre dicho recurso
forrajero, lo que lleva a pensar que, si bien la técnica utilizada no tendría otras restricciones (se constató que no
genera contaminación del producto) no es muy compatible con los objetivos de alta producción de carne de los
sistemas intensivos.
5.2. PRODUCTOS ANTIEMPASTE.
En el mercado se dispone de tensioactivos sintéticos (poloxaleno, alcohol etoxilado), antiespumantes
(dimetilpolisiloxano, aceites vegetales, grasas animales emulsionadas, vaselina líquida) y antibióticos realizar
(ionóforos), que han demostrado distintos niveles de eficacia en la prevención y control del empaste. Todos estos
productos pueden suministrarse en forma individual o colectiva (Cuadro 1 ).
Como se puntualizó antes, en la elección de un producto no debería considerarse solamente el costo ya que un
producto barato, pero de baja eficacia, puede resultar muy caro en función de las pérdidas productivas que
ocasione su utilización.
Además, hay que pensar en ajustar una técnica de suministro cuyo costo también debe ser considerado en la
comparación de alternativas, incluyendo horas/hombre y uso de maquinaria. Si bien estos factores inciden de
modo importante en el costo total, al realizar el cálculo por dosis las diferencias -entre los productos mas eficaces-
tienden a nivelarse.
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5.2.1. ANTIESPUMANTES
Los aceites vegetales y minerales y el sebo emulsionado se cuentan entre los primeros antiespumantes
utilizados para controlar el empaste. En el país, los más difundidos son las siliconas (dimetilpolisiloxano), que
tienen un bajo costo por dosis. El método de suministro tradicional ha sido el de agregarlas en el agua de bebida,
asegurando la concentración del producto en el agua con dosificadores automáticos o mediante el cierre del paso
de agua al bebedero cada vez que se prepara la mezcla. El sistema resulta poco confiable ya que el consumo de
agua por los animales es muy variable y depende del contenido de agua del forraje, de la existencia de fuentes
alternativas (charcos) y de las condiciones ambientales (lluvias y temperaturas), lo que obliga a realizar frecuentes
estimaciones del consumo para corregir la dosis. La dosificación individual brinda resultados aceptables si se
realiza con la frecuencia adecuada, pero obviamente no es practicable en un sistema de producción pastoril de
carne
5.2.2. TENSIOACTIVOS
Los tensioactivos han demostrado ser, cualquiera sea la vía de suministro, más eficaces y de efecto más
persistente que los antiespumantes (Laby, 1991). En el mercado local se dispone de poloxaleno y sus derivados,
los plurónicos y el alcohol etoxilado, formulados como líquidos y en polvo.
[Link]. TENSIOACTIVOS EN EL AGUA DE BEBIDA
El suministro de estos productos en el agua de bebida tiene las mismas restricciones mencionadas en el punto
anterior. Cuando la dosificación y el consumo de agua están bien controlados, el uso de estos productos puede
tener un impacto muy positivo en la prevención y el control del empaste.
[Link].1. UTILIZACIÓN DE UN PLURÓNICO EN EL AGUA DE BEBIDA, EXPERIENCIA EN LA EEA
INTA GRAL. VILLEGAS
En la EEA Gral. Villegas se probó, durante 52 días un plurónico formulado comercialmente sobre la base de
melaza, que fue suministrado en los bebederos de los animales (Davies y otros, 1997). Se utilizaron novillos de
tipo británico con un peso vivo inicial de 292 kg, en un sistema de pastoreo rotativo con un día y medio de
permanencia en cada franja y 30 de descanso y un nivel de asignación de forraje equivalente al 2.5% del peso
vivo. El grupo que consumió agua con plurónico tuvo una menor incidencia y severidad del empaste; este efecto
se reflejó en una mejora de la ganancias de peso, que fue de 0.903 kg/animal/día versus 0.246 kg/animal/ día del
grupo testigo.
[Link]. TENSIOACTIVOS ASPERJADOS EN LA PASTURA
La forma de aplicación más difundida en los sistemas de invernada pastoril es por aspersión con equipos
terrestres; en este caso, al igual que con los desecantes, la eficacia depende de una buena calidad en el
procedimiento. Una vez aplicado el producto, los animales pueden ingresar a la pastura inmediatamente y es
conveniente no esperar más de uno o dos días para iniciar el pastoreo ya que, en función de las condiciones
climáticas, puede ocurrir un escurrimiento del producto. La dosis se ajusta en función de la cantidad de animales
y los días de permanencia en cada franja, es decir que si los animales permanecen tres días en cada franja, se debe
preparar la mezcla con la cantidad de producto equivalente a tres dosis por animal.
Dado que la aplicación encarece el costo por dosis, en experiencias de campo se ha intentado reducir la
incidencia del mismo realizando el asperjado en una superficie menor a la de la franja de pastoreo, pero sin
disminuir la dosis de producto. Los resultados informados han sido variables.
[Link].1. ASPERSIÓN DE UN TENSIOACTIVO EN SUPERFICIE REDUCIDA, EXPERIENCIA EN LA
EEA INTA GRAL. VILLEGAS
Para aislar el efecto de los diversos factores que pueden producir la variación en los resultados de la técnica
antes mencionada, en la EEA Gral. Villegas se llevó a cabo una prueba (Davies y otros, 2001) utilizando, en una
pastura base alfalfa, un sistema de pastoreo rotativo con 3 días de permanencia en cada franja y un nivel de
asignación de forraje equivalente al 3.0 % del p.v. Los tratamientos consistieron en pastoreo según el esquema
prefijado (testigo) versus el mismo sistema más la aplicación de un agente tensioactivo comercial (alcohol
etoxilado 25% p.a.) a dosis de marbete calculada para el total de animales, aplicada en la mitad de la superficie de
cada franja de pastoreo (tratado). Los animales pastoreaban la mitad del tiempo en dicha superficie (o subfranja)
y luego accedían a la mitad restante, que no había sido pulverizada.
Mientras los animales tratados consumían forraje asperjado con el tensioactivo, el grado de empaste y la
incidencia fueron significativamente superiores en el testigo (2.30 y 61.5% versus 2.10 y 38.5%). Al ingresar los
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dos grupos a la segunda subfranja, ninguna de las variables fue significativamente diferente entre tratamientos
(promedios: 1.90 y 44.6%).
En conclusión, la pulverización del tensioactivo en una superficie reducida de la pastura no fue efectiva para
disminuir la incidencia y la severidad del empaste.
5.2.3. IONÓFOROS
En el mercado local se ofrecen productos en base a monensina, un modificador de la fauna ruminal, que se usa
a una dosis máxima de 300 mg por animal y por día. Se presenta en polvo para suministrar en la ración o en
cápsulas de liberación lenta que se colocan en el rumen.
En el primer caso, hay que controlar que el mezclado sea homogéneo para evitar intoxicaciones por
sobredosificación y lograr un consumo parejo del producto, que asegure la eficacia de la técnica.
El suministro en cápsulas intraruminales es adecuado para los sistemas de producción Pastoriles en cuanto a la
facilidad de uso pero no asegura prevención total. Según los fabricantes su eficacia es del 80% (previene el 80%
de las muertes por empaste) y la duración de los bolos es de aproximadamente 100 días (Lowe, 1991). Esto puede
configurar una ventaja en algunos casos, pero en aquellos en que el período de exposición es más corto resulta en
una pérdida económica ya que los bolos no son recuperables.
5.3. UTILIZACIÓN DE LEGUMINOSAS DE BAJO POTENCIAL METEORIZANTE
Las Leguminosas que no son meteorizantes (Lotus sp., Vicia sp.) no se adecuan a los requerimientos de
producción de materia seca que presentan la mayoría de los sistemas de invernada.
Por otra parte, existen a nivel nacional e internacional líneas de investigación con el objetivo de lograr material
genético de alfalfa con bajo potencial meteorizante. En el país, el INTA desarrolla un programa de mejoramiento
genético cuyo objetivo es lograr alfalfas de alta producción con baja velocidad inicial de digestión. En Australia,
en cambio, se trabaja actualmente en la inclusión de un gen para la producción de taninos. Estos compuestos
producen el efecto de precipitar las proteínas presentes en el rumen y disminuir el potencial espumígeno en el
ambiente del rumen. Hasta el momento, los materiales logrados se encuentran en evaluación a nivel experimental.
6. TRATAMIENTO DE LOS ANIMALES EMPASTADOS
El tipo de tratamiento del empaste depende del grado de meteorización que presenten los animales.
En una escala de 0 a 5 que abarca desde el estado normal hasta la muerte (Fig. 2), los animales con un grado de
meteorización leve (2) deben ser vigilados. Si la meteorización avanza a un grado moderado (3), deben ser
retirados de la pastura en forma lenta y aguardar a que se deshinchen, lo que generalmente ocurre dos o tres horas
después. Además, la recomendación tradicional especifica suministrar un tensioactivo por vía oral o
intrarruminal, en dosis de tratamiento y en un vehículo de 100 ml de agua para favorecer la difusión del producto
en el rumen, pero esta medida es impracticable en la mayoría de los casos a campo ya que implica correr a los
animales para sujetarlos, lo que puede resultar contraproducente.
Con respecto a los animales que presenten una meteorización grave (4) con síntomas de asfixia, se debe
realizar una incisión con un cuchillo preparado especialmente (hoja de 10- 15 cm, con punta aguda y 4 cm de
ancho en la base de la hoja), en el centro de la fosa paralumbar izquierda, o "hueco del vacío", para provocar la
salida del gas libre. Si el volumen de espuma es muy grande, esta medida puede resultar insuficiente, en cuyo
caso debe agrandarse la incisión hasta el tamaño de un puño para extraer contenido ruminal hasta aliviar la
presión. Luego de esta maniobra, un Veterinario debe realizar una limpieza de la herida, sutura y medicación para
evitar infecciones posteriores. Este procedimiento debe ser realizado en todos los casos, teniendo en cuenta que
un alto porcentaje de los animales punzados muere por esta causa.
7. CONCLUSIONES
La importancia de la alfalfa como recurso forrajero de alta calidad en los sistemas intensivos de producción de
carne obliga al productor a convivir con el empaste.
Si se tienen en cuenta los factores que modifican el riesgo y se conocen los criterios que aseguran la eficacia de
una determinada técnica de prevención, se puede lograr un razonable nivel de control del problema.
La selección de una estrategia preventiva debe responder a las posibilidades operativas y económicas de cada
empresa. En las condiciones en las que generalmente se trabaja en nuestros sistemas, y debido a la dificultad para
predecir la aparición del empaste, siempre conviene prever medidas apuntando al máximo nivel de riesgo. A la
estrategia elegida se le debe sumar calidad de aplicación y continuidad en su ejecución, asignando alto valor a la
experiencia del personal involucrado.
El uso de tensioactivos rociados sobre la pastura se adapta a los recursos disponibles en la mayoría de los
sistemas de invernada; esta técnica ofrece muy buenos resultados y usada en combinación con las medidas de
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manejo que aumentan la eficacia en la prevención (adecuado horario de entrada a una nueva franja, evitar el
ayuno, etc), constituye actualmente una alternativa tecnológica viable para enfrentar el problema.
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