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1180-Texto Del Artã Culo-6665-1-10-20250131

El documento examina la violencia sistemática contra la población travesti durante la dictadura cívico-militar en Argentina y su persistencia en la transición democrática. A través de testimonios y archivos, se analizan las violencias de género y sexual, así como las luchas por la memoria y la representación del colectivo travesti. Se argumenta que la verdadera democracia para este grupo comenzó con la Ley de Identidad de Género en 2012, evidenciando la continuidad de la represión estatal y social hacia las disidencias sexuales.

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1180-Texto Del Artã Culo-6665-1-10-20250131

El documento examina la violencia sistemática contra la población travesti durante la dictadura cívico-militar en Argentina y su persistencia en la transición democrática. A través de testimonios y archivos, se analizan las violencias de género y sexual, así como las luchas por la memoria y la representación del colectivo travesti. Se argumenta que la verdadera democracia para este grupo comenzó con la Ley de Identidad de Género en 2012, evidenciando la continuidad de la represión estatal y social hacia las disidencias sexuales.

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LA PANAMERICANA.

NARRACIONES DE LA VIOLENCIA
CONTRA LA POBLACIÓN TRAVESTI
EN LA TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA
ARGENTINA

Lucía Nuñez Lodwick


Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET)
Escuela Interdisciplinaria de Altos Estudios Sociales,
Universidad Nacional de San Martín (IDAES, UNSAM)
Argentina
Aceptado para publicación 5 de diciembre 2024

Resumen
Este trabajo integra un proyecto de investigación posdoctoral centrado en las memorias
del activismo sexo-disidente sobre la última dictadura cívico-militar y la transición de-
mocrática en Argentina. Indaga en las violencias específicas perpetradas contra ese co-
lectivo que transgredía las normas morales de género bajo el terrorismo de Estado, así
como en las posibilidades de fuga de las agentes. A través del trabajo de archivo con fuen-
tes periodísticas que narraron el horror y testimonios de las protagonistas (como una
puesta en escena de la historia) se reflexiona en torno a violencia, las representaciones
sobre el travestismo, las construcciones de verdad y la potencia afectiva, política y estéti-
ca de los archivos personales del colectivo travesti en dictadura.
Palabras clave: travesticidios, dictadura, género, archivo.

Memorias Disidentes. V. 2, Nº 3. Enero 2025. ISSN: 3008-7716 ~ 100


LA PANAMERICANA. NARRATIONS OF VIOLENCE AGAINST THE TRANSVESTITE POPULATION
DURING THE ARGENTINE DEMOCRATIC TRANSITION

Abstract
This work is part of a postdoctoral research project focused on the memories of dissident
sex-activism about the last civil-military dictatorship and the democratic transition in
Argentina. It investigates the specific violence perpetrated against this collective that
transgressed the moral norms of gender under state terrorism, as well as the possibilities
of escape of the agents. Through archival work with journal sources that narrated the
horror and testimonies of the protagonists (as a staging of history) it reflects on violence,
representations of transvestism, constructions of truth and the affective, political and
aesthetic power of the personal archives of the transvestite collective during the dicta-
torship.
Keywords: transvesticides, dictatorship, gender, archive.

LA PANAMERICANA. NARRAÇÕES DE VIOLÊNCIA CONTRA A POPULAÇÃO TRAVESTITA


DURANTE A TRANSIÇÃO DEMOCRÁTICA ARGENTINA

Resumo
Este trabalho faz parte de umprojeto de pesquisa de pós-doutoradofocadonasmemórias
do ativismo sexual dissidente sobre a última ditadura civil-militar e a transição demo-
crática na Argentina. Investiga a violência específica perpetrada contra essecoletivo que
transgrediu as normas morais de gênerosob o terrorismo de Estado, bem como as possi-
bilidades de fuga dos agentes. Por meio do trabalho de arquivocomfontes de periódicos
que narraram o horror e os testemunhos dos protagonistas (como encenação da história)
reflete sobre a violência, as representações do travestismo, as construções da verdade
e o poder afetivo, político e estético dos arquivospessoais do coletivo travesti durante a
ditadura.
Palavras-chave: travesticídios, ditadura, gênero, arquivo.

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Género y Dictadura
Al igual que en otros países del cono sur, en Argentina en la década del 70 del siglo XX se
instauró un gobierno totalitario auto-denominado “Proceso de Reorganización Nacional”
(1976-1983), se trató de una dictadura cívico-eclesiástico-militar que con aspiraciones de
refundar el orden social (Garretón, 1985; O’Donnell, 1982; Sidicaro 1996) instauró el terror
ejecutando un plan sistemático de represión a la población considerada subversiva.
En Argentina la política ideológica de la última dictadura cívico-eclesiástico-mili-
tar exacerbó los roles estereotipados de sexo-género presentes en el imaginario social.
Desde la consolidación del Estado nación, la mujer-madre fue la depositaria de la función
social de la reproducción, y a través de dicho rol fue la encargada de la conservación de la
pureza racial y la formación ciudadana mediante la transmisión de valores morales y pa-
trióticos. Según Valeria Parra, bajo la dictadura “se exaltaron las funciones reproductivas
y domésticas de las mujeres, relegándolas al espacio privado, pero otorgándoles supre-
macía en tanto garantes de la unidad familiar, como “célula básica de la sociedad” (2016,
p.1). En trabajos previos a partir de archivos policiales he sugerido que en el imaginario
social impuesto por el régimen “el precepto de la maternidad obligatoria para las muje-
res también implicó la construcción de una alteridad abyecta de identidades y prácticas
que transgredieron dichas imposiciones: la homosexualidad, el aborto y la prostitución”
(Nuñez Lodwick, 2023, p.220)
Si bien, como adelanté más arriba, la dictadura impuso un régimen del terror gene-
ral basado en un plan sistemático para aniquilar a sectores de la población mediante la
práctica constante de secuestros, detenciones ilegales, desapariciones, torturas, violacio-
nes, asesinatos y desintegración familiar; también ejerció una violencia específica contra
las mujeres detenidas mediante la tortura, el abuso sexual, la violación, el sometimiento
a servidumbre (Garrido et al., 2015, p.228).
Pilar Calveiro (2004) explicó que en la construcción de lo subversivo
Las mujeres ostentaban una enorme liberalidad sexual, eran malas amas de casa, malas
madres, malas esposas y particularmente crueles. En la relación de pareja eran dominantes
y tendían a involucrarse con hombres menores que ellas para manipularlos. El prototipo
construido correspondía perfectamente con la descripción que hizo un suboficial chileno,
ex alumno de la Escuela de las Américas, como muchos militares argentinos: “...cuando una
mujer era guerrillera, era muy peligrosa: en eso insistían mucho (los instructores de la Escue-
la), que las mujeres eran extremadamente peligrosas. Siempre eran apasionadas y prostitutas, y
buscaban hombres”. (p. 56, las cursivas son añadidas)

Desde la provincia argentina de Mendoza, Laura Rodríguez Agüero (2019) argumen-


tó que durante el terrorismo de Estado “la violencia sexual aplicada de modo <rutinario>
a mujeres en situación de prostitución durante décadas, parece haberse trasladado y con-
vertido en algo habitual” (p.12).

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En esta línea, a partir del trabajo archivístico sobre documentación policial, Ana
Cecilia Solari Paz (2021) afirma que “el objetivo de la última dictadura no fue única-
mente ‘perseguir y reprimir’ a las disidencias político-ideológicas, sino que también
hay señales de ‘persecución y represión’ hacia las disidencias sexo-genéricas” (p.3), lo
que da cuenta de un complejo andamiaje policial destinado a combatir la amoralidad.
Desde este cruce entre género y persecución, analicé cómo mientras las lesbianas eran
sometidas a violaciones correctivas, la población travesti trans fue víctima y testigo del
ejercicio de la violencia sexual contra sujetxs feminizadxs. Como trabajé en artículos
previos “un dato relevante consiste en visibilizar que las personas travestis detenidas
en centros clandestinos eran obligadas a realizar tareas forzadas de servicio doméstico
y en ese rol fueron testigo de detenciones, torturas, partos clandestinos, entre otras”
(Nuñez Lodwick, 2022: 472).
A veces nos sacaban para hacer toda la limpieza de la comisaría y también muchas veces
nos sacaban para hacer servicios sexuales a las policías, venían a la noche y decían vos tenés
que salir. ¿A dónde vamos? Vos vení y nada más, y bueno cuando llegabas allá te encon-
trabas con que tenías que atender a todas las guardias. Empezando por el jefe de la guardia
hasta el más rasca de todos, así que no tenías opción de decir no y capaz que, si decías
“no, no voy a hacerlo” y te cagaban a palos y te lo hacían igual. Y te tiraron al calabozo
después, por ahí si hacíamos un servicio sexual teníamos acceso a que nos den algo de
comida, también porque en ese tiempo no te daban nada de comer, absolutamente nada.
(Magalí Muñiz, Testimonio Archivo de la Memoria Trans, en adelante AMT, 2022. [Las
cursivas son añadidas])

Como afirma Adriana González Mateos (2018),


la violencia sexual y de género fue una dimensión crucial del terrorismo de Estado, discer-
nible en muchos niveles. Los represores ejercían un papel de potencia y dominio masculino
que se reiteraba incluso en el uso de aparatos similares al pene, como las picanas; las muje-
res que formaban parte de los cuerpos represores se asimilaban a los hombres, compartían
sus valores, actuaban como ellos y hasta procuraban ser más brutales. (p. 4)

Los testimonios develan que los cuerpos feminizados fueron objeto de torturas de
carácter sexual. Según Milena Páramo Bernal y Cristina Zurutuza (2015) “para torturar
se puede elegir cualquier parte del cuerpo. Elegir específicamente el lugar de lo sexual
es una agresión aparte. Se violenta otro lugar de tu intimidad” (p. 12). Por lo tanto, las
formas de violencia sexual ejercidas durante el terrorismo de Estado constituyen delitos
que atentan contra la integridad sexual de las víctimas, entendiendo esta tortura como
crimen de lesa humanidad.
Por su parte, Débora D´Antonio (2015) afirma que, en los contextos de encierro, el
objetivo del régimen de aniquilar ideológicamente a los/as detenidos/as se articuló con
el sistema sexo-género en una destrucción subjetiva que incluyó, tanto la destrucción del
cuerpo físico, como del cuerpo simbólico.

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Mientras las mujeres detenidas fueron objeto de torturas y vejaciones sexuales, los
militares proclamaban en sus discursos públicos la centralidad de las madres como pila-
res fundamentales de la familia, garantes de los roles de género y reproducción.
La representación de la disidencia sexual en la dictadura argentina ha sido escasa-
mente abordada por las Ciencias Sociales. Flavio Rapisardi y Alejandro Modarelli (2001)
expresan que la persecución hacia la diversidad de géneros en la dictadura se produjo a
través del control policial. Sin embargo, mis trabajos previos demuestran que la pobla-
ción travesti, especialmente hostigada mediante los edictos policiales, también tuvo una
circulación específica en los circuitos de detención: comisarías y centros clandestinos de
detención, tortura y exterminio (CCDTYE). Ergo,
el período dictatorial impuso un contexto opresivo para quien desobedeciera la norma so-
cial y sexual de la época que adquirió formas diferenciadas entre personas cis y trans. La
mutación en las formas de persecución y violencia para cada colectivo implicó a su vez
estrategias de resistencia, modos de habitar en esas fisuras y circulaciones espaciales dife-
renciadas. (Nuñez Lodwick, 2022, p.471)

Narrativas de la violencia contra la población LGBTIQ+


en la transición democrática
Las Ciencias Sociales han definido la transición democrática como el período que emerge
a partir de la crisis del régimen autoritario y la posterior desaparición del peligro de re-
torno a dicho pasado despótico. Según Claudia Feld y Marina Franco (2015), la transición
fue un proceso incierto, no cerrado, con continuidades respecto del período anterior, en
el que los posicionamientos de los distintos actores eran cambiantes y los límites de lo
enunciable eran porosos.
En este aspecto, la categoría democracia es puesta en crisis por el activismo travesti
trans al afirmar que las personas de dicho colectivo accedieron a la ciudadanía décadas
más tarde, recién a partir de la sanción de la Ley de identidad de género (Ley 26743/2012).
Nosotras recién tuvimos democracia después del 2012 porque anteriormente no sabíamos
lo que era esa palabra o qué significaba para la democracia porque digamos igual íbamos
presas nosotras estando democracia, éramos perseguidas, éramos coimeadas, éramos gol-
peadas, éramos cortadas el pelo seguía todo lo mismo que los policías como que quedaron
con ese poder que tenían en la dictadura hacia nosotras y siguieron igual. (Magalí Muñiz, Testi-
monio AMT 2022. [Las cursivas son añadidas])

Mirá que hipócrita era el gobierno de 1983, ya que decían que estábamos en democracia,
pero nosotras nunca tuvimos democracia. (…) nos llevaban al calabozo en Devoto, nos cor-
taban el pelo, nos violaban, nos quemaban con agua hirviendo, nos pegaban. Era una tortu-
ra. (Patricia Rasmussen. Testimonio AMT)

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Porque hubo un cambio después de la Ley de Identidad de Género, vos tenés como una línea
de tiempo. Podés decir “antes de la Ley de Identidad de Género me pasaba esto, después de
la Ley de Identidad de Género nos pasó esto otro. (María Belén Correa. Testimonio AMT)

Por lo tanto, con el recorte temporal elegido procuro indagar en la permanencia en


el espacio público democrático de las violencias que el terrorismo de Estado había pro-
fundizado contra la población travesti-trans.Actores políticos como la policía y la Iglesia
católica sostuvieron, tanto durante la dictadura como en la transición democrática, un
discurso centrado en “la necesidad de sanear al país de la propagación y existencia de
ideologías subversivas y anticristianas consideradas enemigas de la familia y alentadoras
de patologías e inmoralidades sexuales” (Gudiño Bessone, 2017, p.54). Dichos relatos enal-
tecieron la familia nuclear y la sexualidad heterosexual a partir de su relación con la uni-
dad e higiene moral de la nación. Con el ascenso de Raúl Alfonsín en 1983 se produjeron
tensiones y conflictos entre la iglesia y los partidos políticos. Según el autor,
para la Iglesia Católica, la vuelta a la democracia de la mano de la UCR significaba el peligro de
disolución de la institución de la familia y el avance de inmoralidades sexuales representadas
en la exaltación de la pornografía, la homosexualidad y la cultura de la contracepción. (p.57)

Si bien la persecución estatal a las sexualidades disidentes se produjo en todo el


siglo XX de forma constante, hubo períodos en los que se intensificó (López Perea, 2018).
En los años 80 del siglo XX, mientras se producía el destape mediático y se comenzaban a
visibilizar los temas que la dictadura había prohibido, no sólo en términos políticos sino
morales, se intensificaron las denominadas campañas de moralización. Según Claudia
Feld, con el destape resurgió todo lo que había sido percibido como “amoral” por las fuer-
zas armadas: los desnudos, el sexo, las “malas palabras” (Feld, 2015, p. 291).
La continuidad de la persecución a la homosexualidad y el travestismo, concebido
como su forma más extrema, se ejecutó mediante los edictos policiales y las figuras pena-
les. Los edictos contravencionales promulgados en la provincia de Buenos Aires en el año
1973 promovieron la detención policial por “homosexualidad”, por “ofrecer sexo en la vía
pública” (prostitución/trabajo sexual) y “por vestirse con ropas del sexo opuesto”. La per-
manencia de las razzias durante la transición democrática fue interpretada tanto como
“producto de una lógica burocrática por parte de las fuerzas policiales que necesitaban
hacer número en sus registros, (…) como un mecanismo heredado de la dictadura que el
nuevo gobierno constitucional no había desarticulado” (López Perea, 2018, p. 1040). Los
arrestos, el hostigamiento y la corrupción policial marcaron la década posterior signada
por la violencia contra el colectivo trans. En ese contexto abordaré la Masacre de la Pana-
mericana como hito en la historia del colectivo travesti trans en Argentina.

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Panamericana. Oro y Sangre

Si yo tuviera que definir la Panamericana,


yo diría dos palabras: oro y sangre.
Magalí Muñiz en Sosa Villada (2021).

Las reflexiones presentadas en este apartado se nutren del trabajo de archivo sobre pren-
sa gráfica, fuentes policiales y archivos personales de la comunidad travesti trans del pe-
ríodo seleccionado. También se nutre de entrevistas en profundidad realizadas a travestis
trans sobrevivientes de la dictadura cívico-eclesiástico-militar argentina. En este caso,
centrada en “la Panamericana”.
En la década del 1940 comienza a construirse la autopista Panamericana con el ob-
jetivo de conectar al norte de la ciudad. Según Butiérrez y Simonetto (2020, s/p)
a veces narrada como “la ruta de la muerte” fue un campo de batalla asfaltado en donde
se disputaban los límites sexuales de la nueva Argentina. Allí las prostitutas, los fiolos,
la cana, los clientes acalorados, las travestis, los acartonados párrocos y las miradas de
lectores y televidentes debatieron sobre SIDA, escándalo, prostitución, homosexualidad,
religión y democracia.

Se conoció como la Masacre de la Panamericana (1983-1993) a una serie sistemática de


hechos de violencia institucional y civil que se aplicó sobre las travestis que ejercían la
prostitución/ trabajo sexual a lo largo de esa autopista que separa la Ciudad Autónoma
de Buenos Aires y recorre varios partidos de la zona norte del conurbano de la provincia
homónima. Para Álvarez fue “su carácter liminal lo que la hizo exitosa entre las travestis
ya que les permitía cruzar de un distrito a otro en pocos metros” (p.59).
Según Ana Gabriela Álvarez (2017), “la primera zona de prostitución exclusivamente
travesti en Buenos Aires fue “la Panamericana” (p.49). La masacre como acontecimiento
marca un hito en la historia del activismo travesti. Si bien las protagonistas fueron vícti-
mas de representaciones estereotipadas de la masculinidad/feminidad en la prensa de la
época; es a partir de esta denuncia que algunas referentes testimoniaron en los medios
de comunicación sobre aquellas violencias, introduciendo “una curva en el ocultamien-
to que hasta entonces había de las travestis como sujetos” (Berkins, 2003, p. 61). De este
modo, puede decirse que las travestis se tornaron visibles.
La policía fue un actor central en el ejercicio de la violencia sistemática contra la
comunidad travesti trans, un rol que estuvo legitimado bajo la estructura para-legal de
los edictos policiales. En Buenos Aires, estos dispositivos funcionaron entre 1948 y 1998,
excediendo los límites temporales de la última dictadura y generaban coacción, corrup-
ción e impunidad policial en el abordaje a las personas en la vía pública, debido a que los
mismos funcionaban como modos de control social y de disciplinamiento. Dicha violencia

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afectaba principalmente a la comunidad travesti trans y a las mujeres cis que ejercían la
prostitución/ trabajo sexual en la vía pública.
Respecto a esta violencia dirigida contra travestis, trans y personas en prostitución,
Dora Barrancos (1999), a poco de la sanción del decreto que derogaba estas prácticas en
la Ciudad de Buenos Aires afirmaba que, derogar los edictos policiales era importante
porque los mismos condenaban a una persona por lo que era o por la impresión que daba,
y no por lo que hacía. Esto fortalecía la estigmatización social en torno a dicha población,
prefigurando “status subjetivos directamente incriminables” (Barrancos, 1999, p.57).
Si bien la institución policial históricamente se ha construido como actor responsa-
ble de las funciones de la represión del delito y el resguardo del orden social; combatir la
conducta “desviada” se consolida como una tarea de protección del orden colectivo frente
al peligro de la “desintegración social”.
La persecución constante se profundizó durante la última dictadura argentina a par-
tir de detenciones arbitrarias, golpizas, secuestros, tiroteos, torturas y persecuciones, que
dejaron un tendal de travestis trans muertas a la vera de la autopista (Castillo, 2023). Una
de las causas de muerte más comunes era a raíz de las persecuciones policiales: muchas
de las compañeras morían atropelladas cuando cruzaban la autopista en los intentos de
escapar de los patrulleros que, se sospecha, a veces eran los mismos que las atropellaban.
Las diferentes narrativas puestas en juego en los medios de comunicación y la me-
moria de la comunidad travesti trans muestran una disputa en torno a la verdad. Según
María Belén Correa, Fundadora del Archivo de la Memoria Trans (en adelante AMT), “En
la Panamericana se mezclaban en aquella época los supuestos accidentes de chicas que
morían al cruzar la ruta, para escapar de la policía, con los asesinatos” (Aguirre, 2021).

La violencia contra las travestis en los discursos mediáticos


El trabajo de archivo realizado (durante 2022-2024) sobre un corpus que incluyó documen-
tos institucionales de las fuerzas policiales de Buenos Aires y prensa gráfica de alcance
nacional, apeló no sólo a un análisis discursivo (Bajtin, 1982) a nivel de contenidos (Alon-
so, 1998; López Aranguren, 1986) sino también una exploración a nivel social que concibe
al discurso como producto y parte de la interacción (Wodak y Meyer, 2003). Entendiendo
que existe una relación entre las formas del orden social y los mecanismos de construc-
ción (y desconstrucción) de los imaginarios sociales que estructuran la vida cotidiana
de las personas, los medios son concebidos como dispositivos que (re)producen imágenes
sobre la vida social (Hall, 1980), significados y valores.
En las fuentes estudiadas los textos e imágenes son entendidos como territorios
simbólicos de comunicación cargados de significantes sociales que permiten la compren-
sión del mundo. Como afirma Joaquín Insausti en su estudio sobre la irrupción de las
identidades travestis y gays: “El discurso de los medios de comunicación repone las posi-

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ciones de médicos y policías, aunque también, con sus mediaciones, da voz a las maricas
y a los intelectuales queer del periodo” (2023, p.425).
Para abordar la Panamericana como acontecimiento me centraré en el análisis de la
prensa gráfica (Diario Crónica y Revista Esto!). Dicho análisis da cuenta, en primer lugar,
de la (re)producción de una representación estereotipada de la identidad travesti. Por un
lado, aparecen descripciones ligadas al disfraz como “hombre convertido en mujer” o “el
muchacho se ha convertido en una encantadora vedette”. El recurrente uso del pronombre
femenino entrecomillado como herramienta discursiva da cuenta de un ejercicio de dis-
tanciamiento, o mofa, por parte del enunciador. Además, las enunciaciones de la prensa re-
curren a la burla fálica con expresiones que refuerzan esta lejanía como: “la policía apretó
el pomo cuando elegían a la reina travesti”. En un análisis de la cultura popular argentina
en la dictadura/posdictadura, Marcelo Raffin analiza cómo las figuras del gay y la travesti
en el cine de la época fueron “confinadas inexorablemente a una identidad degradada y
objeto de burla, grotesco y desprecio, y a través de su espejo delimitando prescriptivamen-
te la sexualidad heterosexual” (2008, p. 234) propiciando así una “inclusión excluyente”.
Por otro lado, los textos analizados en la prensa gráfica exhiben afirmaciones como
“señores sospechosos” o “los travestis hacen demasiado bochinche” que dan cuenta de la
asociación de la identidad a la inmoralidad y el escándalo en la vía pública. El travestismo
era también vinculado a la prostitución, el delito y el peligro social. En dicha narrativa,
los medios de comunicación afirmaban que había un marco de degradación moral en que
se desenvolvía la prostitución/trabajo sexual en la Panamericana, y no dudaban de eti-
quetar a las personas que la ejercían como “delincuentes”.
Las representaciones que vinculaban travestismo y enfermedad, asociados a su-
puestos “trastornos psicopatológicos, psicopáticos o psicóticos”, “alteraciones”, “signos
degenerativos”, se exhibían en la prensa como explicaciones de la conducta desviada. Del
mismo modo, las “inclinaciones” al travestismo eran explicadas a partir del abandono
familiar y la falta de una figura materna.
En este sentido, al ser definidas como “portadoras de sida” los diarios reprodujeron
discursos de cuerpos infectados que despertaban tanto temor al contagio que hasta los
bomberos la “recogieron con guantes” (Figura 1).

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Figura 1. Revista Esto! Nota del 21 de octubre de1988.
Fuente. Archivo Biblioteca Nacional Mariano Moreno.

En la mayoría de las crónicas analizadas, la violencia sistemática es nombrada como


una “limpieza de travestis”. Las crónicas sobre varones desquiciados y obsesionados con

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exterminar travestis, que oscilan entre la burla y el morbo, no permiten conectar las
muertes y la violencia cotidiana experimentada en la Panamericana. Sin embargo, la vi-
sibilidad de los medios de comunicación posibilita la emergencia de los testimonios de las
protagonistas que declaran públicamente sobre las corridas policiales.
Sobre el relato de la muerte de Nancy, su compañera, La Rulo, narró a la Revista
Esto! que:
las corrieron con un patrullero y tiraron tiros al aire. Las chicas se desbandaron por la ca-
rretera y ahí fue cuando un automóvil rojo masacró a mi amiga. (…) Parece raro que cada
vez que hay una muerte haya corridas policiales. Después el patrullero se va y vienen los
bomberos a levantar el cuerpo. (Revista Esto!, 1988)

Los múltiples relatos de los operativos policiales describen


gritos, corridas y desmayos se originaron, ante nuestra aparición, y muchas pelucas caye-
ron en distintos rincones dejando al descubierto evidentes cabezas masculinas, y rostros
despintarrajeados desprolijamente en el afán y apuro por hacer desaparecer rimel y lápiz
labial”. (Revista Esto!, 1987)

Las imágenes que acompañan las crónicas se caracterizan por la espectaculari-


zación de la muerte. Las luces de los autos a altas velocidades en la Panamericana se
combinan con la quietud de los cuerpos inertes. Se advierten los cuerpos mutilados,
los zapatos, las pelucas y los abrigos como significantes violentados, testigos de la vio-
lencia contra las travestis.
El tendal de travestis muertas a la ribera de la ruta da cuenta también de un modo
de disciplinamiento subjetivo y social, donde la violencia y el aniquilamiento pueden ser
pensadas como prácticas aleccionadoras para el resto de la comunidad transgresora de
los mandatos de sexo-género.
Los diarios definían la masacre como “Tiro al travesti. ¿Deporte de la Panamericana?”
(Revista Esto!, 1988), banalizando la muerte de todo un colectivo. Estas palabras dan
cuenta de la sistematicidad con que las travestis perdían la vida en la ruta, asimismo re-
cuperaban implícitamente el relato de la “caza de travestis” como una persecución cons-
tante. Este titular fue acompañado de la imagen de Claudia tendida en la cama de un hos-
pital, con una vía intravenosa en su brazo izquierdo y una cánula nasal para administrar
oxígeno. En esa fotografía de portada Claudia no posa para la cámara. Asimismo, la bajada
de esa misma nota expresa que: “Esta vez, un patrullero de Munro logró que Claudia, 22
años, no ingresara en la lista negra de los que duermen eternamente en los cementerios
de Boulogne y Benavídez”. Asimismo, la prensa gráfica exhibía el rol ambivalente de las
fuerzas policiales. Mientras que las fuerzas del orden se construían como los agentes en-
cargados de combatir la degradación moral de la sociedad e impedir el delito, sus accio-
nes estaban cargadas de violencia, impunidad e injusticia.
A pesar del morbo y el carácter amarillista de la prensa gráfica, la intervención de

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los medios gráficos permite a la comunidad contabilizar las muertas en la Panamericana.
Como me describió en una charla informal una vez Magalí Muñiz, quien fue una gran
activista del Archivo de la Memoria Trans, “estas imágenes crueles permiten respaldar la
historia de la comunidad, mostrar que dicha violencia existió, dar pruebas”.
La masacre de la Panamericana puede ser analizada como parte del estado de excep-
ción (Agamben, 2004) impuesto por la última dictadura cívico-eclesiástico-militar en Ar-
gentina, a partir de la suspensión de la ciudadanía y los derechos individuales. “El estado
de excepción de Agamben investiga cómo la suspensión de las leyes dentro de un estado
de emergencia o de crisis puede convertirse en un estado prolongado de ser y donde el
objeto de la biopolítica es la nuda vida” (Valencia, 2010, p.139). En esta línea, la necropolítica
(Mbembé, 2020) detenta un carácter múltiple, igualmente ejercida por actores ilegítimos
(civiles) como por los actores legítimos de la biopolítica (fuerzas policiales). Sin embargo,
para el colectivo travesti trans las políticas de persecución y violencia policial han sido la
norma en ambos períodos, ergo el binomio dictadura-democracia exige ser revisado.

Testimonios

Vino la policía y nosotras empezamos a correr y cruzamos la Panamericana, yo me quedé


en el medio, Maripopins estaba detrás mío a 10 metros de distancia.

Como les decía yo me quede en el medio pero ella no sé por cual motivo saltó para el otro
lado y del otro lado venía un coche a más de 120 por hora, la levantó en el aire con tanta
fuerza que estaba diez metros detrás mío y voló a más de diez delante mío y cuando cayó
el mismo impacto hizo que su cuerpo se arrastrara y salían como chispas de su cuerpo,
no sé por qué. Cuando se detuvo hizo un ruido extraño y ahí quedó con los ojos abiertos
y toda desarticulada. Los policías ¿Qué hicieron? obvio que se subieron al patrullero y
se fueron. Juro que es verdad. La familia que la atropelló llamó a la ambulancia y allí la
llevaron. (Testimonio, AMT)

La masacre de la Panamericana es un acontecimiento clave en los testimonios de


las sobrevivientes de la comunidad travesti, un hito que marca un antes y un después, no
sólo en las trayectorias individuales sino en la historia del colectivo en Argentina.
Los recuerdos de la comunidad afectiva se tejen en torno a la memoria, la violencia,
la muerte y el duelo colectivo:
Yo estuve cuando murió La Shirley, La Uruguaya. En Panamericana, en Martínez. Cuando
la atropellaron yo estaba detenida en Munro y una de las chicas me dejó el lugar para ir
al velorio, por eso tengo muy buenos recuerdos con las compañeras argentinas. (Luisa
Paz. Testimonio AMT)

A La Negra Shirley la velamos a cajón cerrado porque estaba toda despedazada. Recuerdo
que las chicas abrieron el cajón y el cuerpo estaba como de lado, el brazo separado. Horri-
ble. A La Nancy de Villa Martelli la tuvo que juntar Perica, pedazo por pedazo, porque los
policías no querían tocarla (…). (Cinthia Di Carlo Scotch. Testimonio AMT)

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El relato de Cinthia Di Carlo Scotch contrapone dosimágenes morales controverti-
dasde las travestis en los medios gráficos: el glamour y el vedetismo y las apariciones en
las secciones policiales de las muertas en la Panamericana:
Nosotras éramos la vida real, se hablaba de nosotras en todos los programas de televisión, to-
das las revistas y diarios de Buenos Aires. Venían chicas de todas las provincias, de Paraguay,
Brasil. Muchas amigas uruguayas, y todo porque nos veían en la tele, o leían. Así también esa
ruta maldita se llevó más de sesenta compañeras. (Cinthia Di Carlo Scotch.Testimonio AMT)

Asimismo, como acontecimiento social y colectivo La Masacre de La Panamericana


devela la permanencia de la violencia policial, incluso con el retorno democrático, el des-
pojo de los derechos de ciudadanía del colectivo travesti. Como afirma Alejandra ciriza
sobre la ciudadanía sexual de las mujeres:
Siempre ha existido una tensión entre condición ciudadana y sexuación del sujeto, debido a
que la institución de la ciudadanía reposa sobre una operación de construcción del cuerpo
político que establece el carácter público de la esfera política, a la que corresponde una
forma específica de relaciones intersubjetivas marcadas por la asociación histórica entre
ciudadano y varón propietario. Este tipo de relación se proyecta aún hoy, como una sombra
sobre la precaria inscripción de las mujeres en la condición ciudadana. (2007, p.310)

En este sentido, “sólo aquel sujeto que posea o adquiera el estatuto de ciudadano es
perceptible de ser considerado humano” (Balza, 2009, p. 231). Como afirman Estrada-Car-
mona y Pérez Andrada, “la ciudadanía es un concepto mediador, porque integra exigen-
cias de justicia y a la vez interpela a los que somos, miembros de una comunidad” (2022,
p.77), en pos del reconocimiento de la identidad travesti en su carácter de humanidad.
Como se relata en el Archivo de la Memoria Tras:
La atención de los medios fue aprovechada para reclamar el atropello y exponer la vio-
lencia institucional a la que fueron sometidas, lo cual junto con una serie de marchas
pidiendo, entre otras cosas, poder trabajar en paz, provocó un amedrentamiento incluso
peor por parte de la policía.

Comunidad afectiva, duelo y recuerdo

Mónica Vul en su parafraseo sobre Primo Levi, expresa que


haber sobrevivido a Auschwitz impone el testimonio. Dar testimonio es el único sentido
posible de la supervivencia. Tal vez, porque en el universo del Lager, había que desapa-
recer los muertos y los cadáveres, quemarlos, borrar sus huellas, para imposibilitar el
recuerdo. (2022, s/p)

Como afirma Agamben, el “testimonio vale en esencia por lo que falta en él, contie-
ne en su centro mismo, lo intestimoniable” (2000, p.34). Nombrar la violencia ocurrida,

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dar testimonio, es un modo de resistir al olvido. Por ello propongo abordar los procesos
de contra-memoria intergeneracionales del colectivo trans desde una dimensión político-
afectiva, donde la vulnerabilidad, el dolor frente a la pérdida y el recuerdo son capaces de
producir lazos sociales y potenciar la conformación de una comunidad política en torno
a la memoria (Butler, 2006).
Desde una epistemología latinoamericana apelo a la noción de doloridad (Piedade,
2021) como un lugar de afecto que permita tensionar el concepto clásico de sororidad femi-
nista. Desde un feminismo desde los márgenes, la doloridad “contiene las sombras, el vacío,
la ausencia, el habla silenciada, el dolor causado por el racismo” y el heterocispatriarcado
(p.18). De este modo, el dolor se constituye como potencia de cambio y transformación.
La comunidad travesti ha logrado construir una hermandad atravesada por el dolor
de la pérdida. Como afirma Magalí Muñiz: “La mayoría de nosotras no tenía familia, así
que era poca la familia que nos buscaba cuando caíamos detenidas” (Testimonio AMT).
Como he planteado anteriormente, los movimientos de derechos humanos replicaron for-
mas tradicionales de familia en la organización de la búsqueda de personas desapareci-
das. En los movimientos de derechos humanos madres, abuelas e hijos e hijas encarnaron
las luchas por la aparición con vida de sus familiares desaparecidos por el terrorismo de
Estado. Mientras que en el caso de las comunidades sexo-género disidentes, las familias
muchas veces funcionaron de modo expulsivo, no reconociendo las identidades de sus fa-
miliares; por lo tanto, no necesariamente activaron esa búsqueda, sino que esta quedó en
manos de esa comunidad afectiva que también estaba siendo vulnerada por los aparatos
que debían motorizar las denuncias (Nuñez Lodwick, 2022).
El colectivo travesti trans no sólo desarrolló estrategias de resistencia ante la
violencia policial sino también en torno a la gestión de la enfermedad, el cuidado e
incluso la muerte (Figura 2).

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Figura 2. Funeral de Nancy. Martelli. 21 de agosto 1987. Revista Esto!
Fuente: Archivo Biblioteca Nacional Mariano Moreno.

Entre todas hacíamos los velorios. Había que coimear hasta para enterrarlas, porque si no
tenías documentos no las enterraban. En el cementerio en Benavídez, ahí hay 40 chicas en-
trerradas como NN. Están, La Claudia Lescano, La Bubú, La Deborah Singer, están todas ahí
como NN, nadie sabe dónde están ¡Pero están ahí! (Testimonio AMT)

Los testimonios permiten reconstruir una red de cuidados en torno a la presencia


y la ausencia de las compañeras. Incluso a pesar del amarillismo la prensa observaba que
“si los travestis se muestran unidos- y hasta agremiados- en la vida, también tienden a
agruparse en la muerte” rezaba una nota titulada “Si te matan… Llamame por teléfono”
(Revista Esto!, 1988).
En conclusión, a pesar de la violencia institucional y civil, el colectivo travesti trans
ha consolidado refugios y “parentescos inesperados” (Haraway, 2020) capaces de sostener
la vida y la muerte en una tierra dañada, de posibilitar un devenir recíproco. Desplegando
estrategias de duelo colectivas y celebratorias hasta la actualidad (Figura 3).

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Figura 3. Marcha Día de la Memoria Trans.
Fotografía tomada por la autora el 20
de marzo 2023.
Congreso, Buenos Aires.

Conclusiones
Ante las muertes incontadas, Mónica Vul (2022) se pregunta, “¿Cuántos cuerpos sin nom-
bre, asesinados en el camino, no enterrados, flotan en el mar y en el aire entre montañas?
La lista no para de aumentar: “no estar muertos para nadie, es justamente el riesgo de
los muertos, la nada” (en Despret, 2021, p.70)”. La masacre de la Panamericana se consti-
tuye como un hito en la historia del colectivo travesti en Argentina combinado glamour y
violencia, oro y sangre como describía Magalí Múñiz. La Panamericana, que supo ser una
zona geográfica por excelencia donde ejercer la prostitución/trabajo sexual, se convirtió
en el escenario de la violencia patriarcal policial y civil. Mientras que los diarios amari-
llistas las reconocieron como travestis (este significante incluye en aquel momento ya
no sólo a las vedettes del teatro de revistas sino a las que ejercían la prostitución/ trabajo
sexual en la Panamericana), también exhibían una espectacularización de la violencia
sobre sus cuerpos, como un modo de disciplinamiento social y colectivo para quienes
transgredieran la norma sexo-genérica.

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El ansiado retorno del régimen democrático en el año 1983, que se presenta para
la mayoría de la sociedad argentina como un retorno a un estado de derecho, no inclu-
yó a las travestis (Álvarez, 2017). Muchas de las sobrevivientes no identificaron cambios
vitales entre dictadura y transición democrática debido a la permanencia de la persecu-
ción, el hostigamiento policial, la violencia. Así, el colectivo travesti trans presenta tem-
poralidades propias que rompen el binomio dictadura-democracia, mostrando rupturas
y continuidades en torno a la violencia. Si bien, la persecución estatal de la disidencia
sexual como un mecanismo de control social y moral ha permanecido bajo la figura de los
edictos contravencionales, en contextos opresivos, estas subjetividades subversivas y dis-
tópicas, transgresoras del mandato social y moral, hallaron formas colectivas y afectivas
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Lucía Nuñez Lodwick


https://orcid.org/0000-0001-7573-7240
[email protected]

Es doctora en Sociología, magíster en Sociología de la Cultura y el Análisis Cultural,


licenciada en Sociología y diplomada en Ciencias Sociales por la Escuela Interdiscipli-
naria de Altos Estudios Sociales de la Universidad Nacional de San Martín (EIDAES/
UNSAM). Se desempeña como becaria posdoctoral del Consejo Nacional de Investi-
gaciones Científicas y Técnicas (CONICET) de Argentina. Investiga sobre género, se-
xualidades, teoría feminista, activismos y memorias. Su proyecto de investigación
posdoctoral indaga en las memorias sexo-disidentes, los archivos del activismo trans
de la última dictadura cívico- militar y la transición democrática en Argentina. For-
ma parte de la Memories Studies Asociation (MSA) desde el 2023, del Núcleo Sur-Sur
de Estudios Poscoloniales, performances, identidades afrodiaspóricas y feminismos
desde 2020, de la Red de Feminismos Descoloniales del Sur desde 2015, del Grupo de
Trabajo en Epistemologías del Sur CLACSO desde 2019 y del Programa Poscoloniali-
dad, pensamiento fronterizo y transfronterizo en los estudios feministas desde 2011.
Integra el PIP Conicet Tramas del artivismo: cartografías de resistencias frente al Ecocidio
en Argentina. Es docente en universidades nacionales, brindando talleres de género y
escritura. Ha publicado numerosos artículos en revistas especializadas y capítulos de
libros en torno al género, las prácticas artivistas, sexualidades, identidad, población
lgbtiq+, procesos de construcción de memorias, entre otras.

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