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EL LOCKOUT Y LA H7UELGA
Jorge Elizondo
Publicado en La Causa Laboral, julio 2021
Las empresas emplean desde hace tiempo los lock outs o
cierres de empresa, sin que las autoridades administrativas
de trabajo ni el poder judicial haya calificado dichas
conductas, ni adoptado medidas serias a los fines de
evitarlas.
El lock out tiene como objetivo desarticular la unidad y la
fuerza colectiva de los trabajadores en lucha, a fin de
obligarlos a volver al trabajo en las condiciones fijadas por
el empleador.
Es aceptado o tolerado por los organismos administrativos
del trabajo como si se tratara de un acto lícito.
La Constitución Nacional reconoce el derecho de huelga a
los trabajadores (Artículo 14 bis). En cambio, no hay norma
constitucional alguna que reconozca el lock out como
derecho de los empleadores. Sin embargo, en la práctica –
en nombre de la supuesta “igualdad entre los actores
sociales” o la “igualdad de armas” en el conflicto colectivo-
se lo reconoce como si fuera un acto legítimo de defensa
del empresario contra las huelgas.
El lock out como práctica empresaria. Ausencia de
regulación normativa:
La técnica del lock out incluye generalmente la negativa a
negociar de una empresa, no asistir a las audiencias
convocadas por el Ministerio de Trabajo en el marco de una
conciliación obligatoria, mientras continúa el cierre de la
actividad.
La ley 14.786, que regula la conciliación obligatoria en los
conflictos colectivos de trabajo, establece que “se
considerarán medidas de acción directa todas aquellas que
importen innovar respecto de la situación anterior al
conflicto. La Autoridad de Aplicación (el ministerio) podrá
intimar previa audiencia de partes se disponga el cese
inmediato de la medida adoptada” (Artículo 8°).
Con referencia expresa al lock out, el Artículo 9°
dispone: “En el supuesto de que la medida adoptada por el
empleador consistiera en el cierre del establecimiento, en la
suspensión o rescisión de uno o más contratos de trabajo,
o en cambio de las condiciones de trabajo, el
incumplimiento de la intimación prevista en el artículo
anterior dará a los trabajadores, en su caso, el derecho a
percibir la remuneración que les habría correspondido si la
medida no se hubiere adoptado”.
Parecidas disposiciones existen en las leyes provinciales
que regulan la organización de los ministerios o secretarías
de trabajo. Ello sin perjuicio de las multas que puedan
aplicarse, que por lo general, como lo demuestra la
experiencia, no constituyen medios coactivos suficientes
para lograr el cese de estas medidas.
El lock out no existe como delito en nuestro Código Penal.
Sólo se halla previsto en el Artículo 158 el delito de
compulsión al lock out, es decir el ejercicio de medidas
coactivas sobre otro para forzarlo a tomar parte de un
cierre patronal.
Refiriéndose al escaso desarrollo y a la práctica
inexistencia de un Derecho Penal del Trabajo en nuestro
país, Estela Ferreirós ha afirmado:
“Pareciera que, al menos en este territorio, la
protección constitucional de los trabajadores e incluso
del colectivo de ellos, no han atraído debidamente al
legislador y se ha quedado estacionado en la defensa
de otros bienes jurídicos, como pueden ser la
remuneración, la jornada, la estabilidad, etc.
Empero, es del caso tener en cuenta, que tampoco esos
bienes, quedan con protección suficiente, si se desdeña o
se olvida la creación y aplicación de legislación penal en el
ámbito empresarial, sindical, y también en la relación
jurídica individual, como en cualquier otro que se deba.
Hay una suerte de déficit legislativo, judicial y doctrinario,
con respecto a la aplicación del derecho penal en las
relaciones de trabajo.
Es más, algunos se preguntan ¿Para qué un derecho penal
del trabajo? Veamos.
Se ha sabido señalar en el pasado, que existía un Derecho
Penal Social, conceptualizado como un conjunto de normas
jurídico-penales, de carácter represivo, destinadas a
defender el orden jurídico laboral público contra actividades
individuales que alteren arbitrariamente ese orden” 1.
Independientemente de la consideración que merezca ese
viejo y conservador “Derecho Penal Social”, que
contemplaba por igual el lock out, la huelga o el trabajo a
desgano, creemos necesario que el lock out, cuyo carácter
ilícito no puede negarse, sea incluido como delito en un
nuevo Derecho Penal del Trabajo. El hecho de que el lock
out o la deslocalización de empresas no sean delitos, y que
no exista norma alguna que establezca prohibiciones y
sanciones que impidan su utilización, pese a los daños que
ocasiona no sólo a quienes trabajan sino al conjunto de la
sociedad, implican reconocerles una legitimidad de la que
carecen y alentar su uso cada vez más generalizado.
La práctica del cierre patronal se generaliza en esta etapa
signada por la pandemia del Covid 19, y la situación de
indefensión de los trabajadores es aun más grave en los
casos en que el lock out se produce mediante el bloqueo
del acceso al sistema informático, tal como lo hizo la
multinacional Hey Latam en Rosario, impidiendo a los
trabajadores del call center acceder al mismo para cumplir
sus tareas, negándose a cumplir con la conciliación
obligatoria, adeudándoles salarios y ofreciendo “retiros
voluntarios”, presentando luego su propia quiebra2.
El propietario del frigorífico ArreBeef, Hugo Borrel, anunció
el cierre definitivo de la planta ubicada en la localidad
bonaerense de Pérez Millán, partido de Ramallo, debido a
que los trabajadores se hallaban en huelga por un reclamo
salarial. Cabe destacar que –siendo la empresa la segunda
exportadora de carne de nuestro país- sólo paga $ 40.000.-
por mes a sus operarios.
El carácter antisocial de la medida queda de manifiesto con
las palabras del empresario al anunciar el lock out:
"Hoy lamentablemente tengo que informarles que ArreBeef
ha dejado de funcionar. Arre Beef no va a trabajar
más, esta decisión la he tomado yo con una gran pelea
familiar. Aunque reciba un llamado del gobernador, el
intendente o los sindicatos para que revea la
situación, esta situación no se va a revertir venga quien
venga. Veré qué hago con la carne que tengo colgada y
la hacienda que se está muriendo de hambre en los
corrales” 3 .
En España –a diferencia de nuestra Constitución- la
Constitución de 1978 admite el derecho del empresario a
promover “medidas generales de conflicto” (Artículo
37.2). Interpretando dicha norma en un sentido favorable al
capital, el Tribunal Constitucional ha admitido la legitimidad
del cierre patronal, incluyendo el lock out entre las medidas
generales de conflicto.
No obstante ello, se ha dicho que sólo puede admitirse el
lock out defensivo: “Para la legalidad de la clausura es
preciso, pues, antes que nada, que el personal haya
iniciado algún tipo de actuación conflictiva, que además
tenga como efecto la alteración del desarrollo normal de la
actividad productiva. El cierre ha de ser, en consecuencia,
coetáneo a la manifestación del conflicto, y no anterior o
posterior a ella. Esto supone la proscripción ab initio de los
cierres ofensivas y de retorsión, y su limitación a los de
carácter defensivo, como pondría rápidamente de
manifiesto la doctrina” 4.
Entre nosotros, Ricardo Cornaglia dice
que “lamentablemente en el derecho argentino, se advierte
una laguna en todo lo que hace a la regulación del cierre
de empresas y establecimientos y sólo se aborda el lock
out como ilícito laboral de imprecisos contornos” 5.
Resulta paradójico que en el marco de una legislación
que reconoce la legitimidad del lock out como la
española, sólo se admita en principio el “defensivo”; y
que en nuestro país –donde el cierre patronal carece de
toda legitimidad, y se lo considera como acto ilícito- no
exista ninguna limitación normativa seria que impida la
práctica del mismo, ya fuere “defensivo” –como
respuesta a una medida de fuerza-; u “ofensivo”,
tendiente a una deslocalización total o parcial de una
empresa multinacional.
La libertad para la consumación de estas medidas en
nuestro país es absoluta; también –es duro
reconocerlo- la impotencia de los poderes del Estado
nacional o provincial para impedirlas.
El lock out frente al poder judicial:
Existe muy escasa jurisprudencia en nuestro país sobre el
lock out como ilícito laboral.
Cabe destacar un fallo histórico, que abrió el camino de
una de las más importantes experiencias autogestionarias
en nuestro país: la de Cerámicas Zanón en la Provincia de
Neuquén.
Como respuesta al lock out y vaciamiento de la patronal,
los trabajadores y su sindicato ocuparon la planta. El 31 de
octubre de 2001, el fallo del Juzgado Laboral N° 4 de la 1ª
Circunscripción Judicial de Neuquén, a cargo de la Dra.
Elizabeth Rivero de Taiana declara ilícito el lock out
ofensivo y ordena el embargo del 40 por ciento del stock
para pagar los sueldos atrasados en un plazo de 72
horas. “Mientras el empresario no se priva del sustento –
dice la jueza Rivero de Taiana-, sólo se priva de la
ganancia ocasional que, con frecuencia, puede recuperarse
en el futuro y su capital respalda el momentáneo sacrificio,
los laborantes, sujetos al antojo empresarial de no cumplir
siquiera fraccionadamente, carecen del sustento básico
elemental de subsistencia”, y califica la conducta patronal
como“ejercicio de una violencia económica, afectando
principios fundamentales de la Constitución,
pretendiendo priorizar el derecho de propiedad sobre el
derecho al salario, lo que ciertamente carece de
razonabilidad” 6.
Las medidas de lucha frente a los despidos y cierres de
empresas:
La resistencia frente a los despidos a través de diversas
formas: huelgas, piquetes, protestas, etc., llevados a cabo
por los sindicatos, los propios afectados y las
organizaciones solidarias, generan inmediatamente la
respuesta de las patronales, mediante los lock outs y otras
medidas; y en muchos casos la respuesta del poder judicial
y las agencias de seguridad del Estado: la criminalización
de la protesta.
Así sucedió hace pocos días en San Lorenzo, Provincia de
Santa Fe, cuando un fiscal ordenó la detención del
secretario gremial del SMATA, que estaba participando de
la protesta de 23 despedidos frente a la fábrica de motos
Guerrero. La acusación de ser “instigador” de las medidas
de lucha de los trabajadores, la inmediatez de la detención,
las condiciones y la duración de la misma, revelan el
interés de clase que motivara la decisión del fiscal.
El entrelazamiento entre el lock out y la huelga. Las
ocupaciones de empresas:
Las huelgas con ocupaciones de los lugares de trabajo son
medidas sindicales de acción directa de los trabajadores
organizados. Sus fines son asegurar el éxito de una huelga
y/o contrarrestar el lock out patronal, evitar el vaciamiento y
los despidos en masa que constituyen el correlato casi
permanente de cualquier proceso de concurso preventivo o
quiebra. El móvil es de carácter económico o político-social,
nada tiene que ver con el dolo específico de delito de
usurpación, previsto por el artículo 181 del Código Penal. Al
margen de que generalmente falta el elemento subjetivo del
tipo: violencia, amenazas, engaño, los trabajadores no
tienen como objetivo apoderarse de todo o parte del
establecimiento, no existe el ánimo de desplazar de la
posesión o tenencia al empresario.
La huelga con ocupación del establecimiento para la
defensa de la fuente de trabajo y de los derechos
conculcados ha sido reconocida por la doctrina y la
jurisprudencia nacionales. Se ha dicho que la ocupación
pacífica de un establecimiento por parte de trabajadores sin
ánimo de apropiarse de los bienes o del inmueble y sin
ejercer violencia sobre las personas es un supuesto de las
medidas de acción directa modeladas por la Ley 14786 y
otras normas tales como la ley de Asociaciones Sindicales
23551 7
Por supuesto que hay fallos que sostienen la posición
opuesta, pero estas contradicciones no son más que el
reflejo ideológico de los conflictos de clase en los estrados
judiciales. No es casual que en los momentos de
crecimiento de las luchas haya resoluciones judiciales que
tiendan a criminalizar algunos medios legítimos de acción
sindical como los cortes de calles o la ocupación de lugares
de trabajo, aun cuando se trate de medios defensivos
contra los despidos, el cierre y vaciamiento de una
empresa. Se trata de sustraer los conflictos del ámbito de
los organismos administrativos del trabajo, y que sean
materia de tratamiento de fiscales y jueces penales.
Son múltiples las formas de represión utilizadas por las
patronales contra los trabajadores en huelga: las
sustituciones mediante la contratación de trabajadores
temporarios o rompehuelgas, las denuncias penales que se
traducen en la criminalización de los piquetes, el
vaciamiento de las fábricas para llevar las máquinas o la
materia prima a fin de producir en otro sitio, el lock out.
Como expresión de una peligrosa tendencia a criminalizar
las huelgas destacamos el fallo de la Cámara Nacional de
Apelaciones en lo Criminal y Correccional, Sala VII, recaído
en autos “Calfat, Claudia y otros” - 21/05/2007, en el que se
señala que “El derecho colectivo de los trabajadores de
reclamar ante sus empleadores (art. 14 bis, Constitución
Nacional), no se encuentra en situación de prevalencia
respecto del derecho de propiedad (art. 17), de la
inviolabilidad del domicilio (art. 18) y de transitar o trabajar
libremente (art. 14). El ejercicio de un derecho no puede
degradar el pleno goce de otro que detenta igual tutela
fundamental, pues debe partirse de la unidad de los
derechos fundamentales, en una visión tendiente a su
concreta armonización”.
Dice que "en rigor, el extendido mito (…) del conflicto se da
sólo aparentemente entre los derechos –en abstracto y en
concreto- y realmente entre las pretensiones –tanto en
general como en sentido procesal- y entre los intereses
individuales de cada una de las partes... Los derechos, a
diferencia de los intereses de las personas, son
armónicos... Se impone, pues, evitar la depreciación de
algún derecho –que también llevaría consigo el detrimento
de los demás- buscando criterios de armonización... los
derechos coexisten, no conforman una mera
yuxtaposición... los derechos no se tienen frente al Estado
o frente a los demás o contra ellos, sino que, en rigor, se
tienen con los demás y en la comunidad que cada titular de
derechos habita. El punto de partida, pues, de la
interpretación de los derechos constitucionales debe ser su
armonización y no su contradicción", derivación
hermenéutica que se encuentra sustentada no sólo en la
regla general de interpretación constitucional sistemática,
sino que en el caso concreto de los
derechos fundamentales se ve reforzado por la unidad de
la persona humana 8
Nada más contrario a la realidad concreta de las
conflictivas relaciones de clase que caracterizan al
Derecho Colectivo de Trabajo.
El derecho de huelga se ejerce contra o frente a
alguien, que a su vez cuenta con una ventaja o
privilegio social que lo coloca en una situación de clara
superioridad frente a los trabajadores en huelga. No
pueden armonizarse dos derechos de diverso origen y
carácter. El derecho de propiedad de los medios de
producción se remonta al derecho romano y constituye
el eje fundamental de la sociedad capitalista y cuenta
con el respaldo jurídico de todas las ramas del
Derecho; mientras el derecho de huelga nace como
derecho de resistencia contra la explotación, el
avasallamiento de los derechos de los que nada tienen
salvo su fuerza de trabajo. Es indudable que este
derecho se ejerce contra los empleadores y
siempre frente y a veces contra el Estado, en la medida
que éste representa los intereses de los propietarios.
Constituye una limitación al poder del propietario de
los medios de producción, y siempre implica un
perjuicio económico para éste. Con el argumento de la
armonización de derechos, el que debe ceder frente a
los demás es siempre el derecho de huelga, hasta el
extremo de que los protagonistas de la huelga –en este
caso militantes de la Asociación Bancaria- fueron
procesados por la Cámara en lo Penal por supuesta
asociación ilícita. La preparación previa de la medida
de fuerza con ocupación de los lugares de trabajo, se
transforma –a la luz de esta teoría “armonizadora” de
los derechos- en una serie de actos preparatorios para
cometer delitos. Todos los actos realizados se tornan
delictivos. De esta forma, la única huelga permitida
sería la más inocua e inofensiva: la abstención
concertada y pasiva de trabajar.
Sin embargo, mientras el acoso policial, las filmaciones
de los piquetes son una constante en el desarrollo de
cualquier huelga; los jueces no dan curso por lo
general a las denuncias que los trabajadores en huelga
efectúan contra los métodos tendientes a vulnerar el
ejercicio de un derecho constitucional. Ya nos hemos
referido al art. 158 del Código Penal, que establece
como delito la compulsión al lock out. Pero al margen
del hecho de que los jueces penales eluden -en
algunos casos sistemáticamente- la aplicación de esta
figura a los empleadores (que tampoco fue aplicada a
las patronales agropecuarias en el 2008), no existe
norma alguna del Código Penal que tienda a garantizar
el ejercicio del derecho de huelga, reprimiendo las
conductas que lo vulneran, tales como sustituciones
del personal, retiro de maquinarias o materias primas o
el cierre del establecimiento.
En la misma línea de limitar o anular el ejercicio del
derecho de huelga, se encuentra el fallo de la Corte que
llega a sostener la ilegalidad de asambleas realizadas en
los lugares de trabajo, y deja sin efecto la nulidad de los
despidos discriminatorios de varios trabajadores. El
máximo tribunal afirma que el sujeto del derecho de huelga
es sólo la organización sindical reconocida. El Artículo 14
bis de la Constitución Nacional determina que la huelga es
un derecho de los gremios, que de ningún modo debe
identificarse con los sindicatos, sino –como sostenía
Krotoschin- con “una pluralidad de trabajadores, unidos por
el hecho de pertenecer al mismo gremio, y no con sentido
limitado al sindicato o asociación profesional”.
Este derecho de resistencia contra la explotación debe ser
ejercido por aquéllos que más sufren las desigualdades, los
actos discriminatorios, las más diversas formas de
opresión: los subocupados, los precarizados, los
temporarios, los pasantes, ya fuere a través de los
sindicatos o de las organizaciones que ellos mismos
construyan en forma libre y democrática, sin que ello
implique la pérdida inevitable de sus empleos. Y debemos
recordar que la huelga como derecho trasciende los límites
del Derecho Laboral –en el cual pretenden sepultarlo los
neo-corporativistas-, insertándose en el marco del Derecho
Constitucional y de los derechos humanos fundamentales.9
En síntesis, mientras se tiende a naturalizar el lock out
empresarial, como si fuera un acto legítimo,
alcanzando dicha naturalización su máxima expresión
con el lock out de las patronales agropecuarias de 2008
y algunas acciones posteriores concretadas durante el
2020; las acciones sindicales de los trabajadores y sus
organizaciones son desacreditadas y denostadas por
los medios hegemónicos, y en algunos casos
criminalizadas.
Pese a las medidas dispuestas por el gobierno
nacional: prohibición de los despidos sin causa, por
fuerza mayor o falta de trabajo, y la duplicación de las
indemnizaciones por despido, que han sido
prorrogadas, muchas empresas continúan destruyendo
puestos de trabajo, confirmando que es en las etapas
de crisis cuando se manifiesta con mayor crudeza la
capacidad de extorsión de los grupos económicos
sobre los trabajadores y el gobierno.
Las necesarias medidas de acción sindical tienden a la
recuperación de los salarios de la enorme pérdida
sufrida como consecuencia de los cuatro años de
gobierno neoliberal y la pandemia del Covid 19, y a
sostener los puestos de trabajo frente a los despidos y
cierres.
1 Ferreirós, Estela, Revista Laboral, Sociedad Argentina de Derecho Laboral,
N° 49, 1/04/2011.
2 El Ciudadano y la Región, [Link], “Jornaleros telefónicos.- Con
el cable al cuello: trabajadores del call center siguen la lucha por sus 300
puestos”, Miércoles 27/01/2021.
3 “Dueño del frigorífico Arrebeef anuncia el cierre a sus empleados”, Diario
“Perfil”, 26 de Febrero de 2021.
4 Sanguinetti Raymond, Wilfredo, “El cierre patronal: ¿paro técnico o medida
de conflicto?, “Revista de Derecho Social”, N° 16, Octubre-Diciembre 2001, p.
66/67.
5 Ricardo J. Cornaglia, “El lock out como ilícito laboral”, en Revista Doctrina
Judicial, Ed. La Ley, Buenos Aires, 6 de Febrero de 2002, año XVIII, N° 6, p.
223.
6 “Sindicato Ceramistas del Neuquén c Cerámicas Zanón SACyM s/Acción de
Amparo”, DJ, 2002-1-223. Elizondo Jorge Luis, “Derecho Colectivo del Trabajo,
Conflictos actuales”, Ed. Nova Tesis, 2008, pags. 98 y ss.
7 Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo, Sala VI agosto 27-1993,
causa “ANDINO Julio c/ Ford Motor Argentina SA Ty SS 1994-pag.805, citado
por Luis Raffaghelli en el Primer Seminario intensivo de Relaciones Laborales.
Huelga y conflicto, Mendoza, 2018.
8 Serna, Pedro y Toller, Fernando, La interpretación constitucional de los
derechos fundamentales. Una alternativa a los conflictos de derechos. L. L.,
Buenos Aires, 2000, págs. 37/40 y de esta Sala, causa n° 30.739 "Gallo, N." del
17 de abril de 2007
9 “Orellano, Francisco Daniel c/Correo Oficial de la República Argentina SA
s/juicio sumarísimo” y “Conte Maximiliano c/ Correo Oficial de la República
Argentina S.A. s/ juicio sumarísimo”, sentencias del 7 de Junio de 2016.