Evolución de la Concepción de la Justicia en la Edad Media
La concepción de la justicia en la Edad Media evolucionó a través de dos
períodos principales, cada uno marcado por valores y características distintas:
Alta Edad Media (476 d.C. - 1000 d.C.):
Este período se caracterizó por una justicia asimétrica, influenciada por
la estructura social jerárquica y el limitado desarrollo económico.
La justicia se basaba en la consideración de las personas, lo que
significaba que se aplicaba de manera diferente según el estamento social al
que pertenecía el individuo.
El sistema judicial era espontáneo, impulsado por la caridad y la
servidumbre, en lugar de leyes y tribunales formales.
La justicia era parcial debido a la dispersión del poder estatal y
eclesiástico, lo que resultaba en la aplicación inconsistente de las leyes.
Existía una justicia sectorial, marcada por fuertes discriminaciones
sociales, donde los derechos y privilegios variaban según el grupo social.
La participación era una característica clave, con la comunidad
desempeñando un papel activo en la resolución de disputas.
Baja Edad Media (1000 d.C. - 1453 d.C.):
Este período presenció el surgimiento de una justicia simétrica y
conmutativa, impulsada por el desarrollo del comercio y una economía
monetaria más robusta.
La justicia se volvió más impersonal y abstracta, centrándose en los
principios legales en lugar de las características individuales.
El auge del individualismo condujo a una justicia de aislamiento, donde
las personas eran vistas como entidades independientes responsables de sus
propias acciones.
Un evento jurídico crucial fue la recepción del derecho romano
justinianeo en los países continentales, que proporcionó un marco legal más
sistemático y coherente.
Influencias Filosóficas:
San Agustín (354 d.C. - 430 d.C.):
o Influenciado por Platón, San Agustín promovió una visión
teocéntrica del derecho natural, donde la ley eterna de Dios se refleja en la ley
natural humana.
o Inicialmente, adoptó una postura iusnaturalista, pero su debate
con los pelagianos lo llevó a abrazar el voluntarismo, argumentando que la
voluntad divina, no la razón, es la base de la justicia.
o San Agustín dividió el mundo en la ciudad de Dios (la Iglesia)
donde reina la justicia divina, y la ciudad terrena (el Estado) donde reina la
justicia humana.
o Para San Agustín, un Estado legítimo debía subordinarse a la
Iglesia y regirse por la justicia divina
o
Santo Tomás de Aquino (1225 d.C. - 1274 d.C.):
Influenciado por Aristóteles, Santo Tomás de Aquino enfatizó la razón como el
fundamento de la ley natural y la justicia.
Para él, la ley es una ordenación de la razón para el bien común, promulgada
por la autoridad legítima.
Reconoció la ley divina como superior a la ley natural, pero argumentó que la
razón humana tiene autonomía para comprender y aplicar la ley natural.
Santo Tomás de Aquino desarrolló la teoría de la justicia de Aristóteles,
agregando la justicia social, general o legal, que ordena la conducta de las
partes en relación con el bien común.
Aceptó la desobediencia a las leyes gravemente injustas, viendo la tiranía
como un mal mayor que justificaba la resistencia.
Tendencias Voluntaristas:
El voluntarismo, que sostiene que la voluntad divina es la fuente última
de la ley y la moral, desafió la visión racionalista de Santo Tomás de Aquino.
Roger Bacon (siglo XIII) argumentó que el derecho natural se encuentra
en las Sagradas Escrituras, no en la razón.
Juan Duns Escoto (siglo XIII) priorizó la voluntad divina sobre la razón,
afirmando que Dios quiere lo que quiere, independientemente de la razón.
Guillermo de Ockham (siglo XIV) radicalizó el voluntarismo,
sosteniendo que la moralidad se reduce a la obediencia a los mandatos
divinos, que son arbitrarios e incondicionados.
En resumen, la concepción de la justicia en la Edad Media evolucionó desde
una justicia asimétrica y personalizada hacia una justicia simétrica y abstracta.
Este cambio fue influenciado por el desarrollo económico, la recepción del
derecho romano y los debates filosóficos entre racionalistas como Santo
Tomás de Aquino y voluntaristas como Ockham.
Teorías de San Agustín y Santo Tomás: Puntos en Común y Diferencias
Tanto San Agustín como Santo Tomás de Aquino fueron figuras centrales en la
filosofía cristiana medieval, y sus ideas moldearon el pensamiento occidental
durante siglos. Ambos se basaron en la filosofía griega, particularmente en
Platón y Aristóteles, para elaborar sus propias doctrinas teológicas y filosóficas.
Sin embargo, a pesar de compartir un marco cristiano común, sus enfoques
sobre la relación entre fe y razón, la naturaleza de la ley y el papel de la
voluntad divina presentan diferencias significativas.
San Agustín: La Primacía de la Fe y la Voluntad Divina
San Agustín (354-430 d.C.) vivió durante el declive del Imperio Romano
Occidental, un período de gran inestabilidad social y política. Su filosofía refleja
esta turbulencia, enfatizando la primacía de la fe sobre la razón y la
dependencia del hombre de la gracia divina.
Relación entre Fe y Razón: Para San Agustín, la fe es el punto de
partida del conocimiento verdadero. La famosa frase "creo para comprender"
(credo ut intelligam) resume su postura. La razón, si bien útil, es insuficiente
para alcanzar la verdad sin la iluminación de la fe. La razón puede ayudar a
aclarar y profundizar la comprensión de las verdades reveladas por la fe, pero
no puede contradecirlas.
Voluntarismo: Influenciado por sus disputas con los pelagianos, San
Agustín adoptó una postura voluntarista, argumentando que la voluntad
divina es la fuente última de la ley y la moral. Dios es libre de crear y ordenar
el mundo como le plazca, y la ley natural es una expresión de su voluntad, no
una norma independiente. Esta postura contrasta con el iusnaturalismo que
San Agustín defendía antes de su controversia con los pelagianos.
Teoría de la Ley: San Agustín propuso una jerarquía de leyes:
o Ley Eterna: La razón divina que gobierna todo el universo.
o Ley Natural: La participación de la ley eterna en la conciencia
humana, accesible a través de la razón, aunque limitada por el pecado.
o Ley Humana: Las leyes creadas por los hombres para regular la
o sociedad, que deben estar en conformidad con la ley natural para
ser válidas.
Ciudad de Dios y Ciudad Terrena: San Agustín distinguió entre la Ciudad de
Dios, la comunidad de los creyentes que buscan la justicia divina, y la Ciudad
Terrena, el ámbito secular donde reina el egoísmo y la búsqueda del poder. El
Estado, como parte de la Ciudad Terrena, solo puede ser legítimo si se somete
a la autoridad de la Iglesia, que representa la Ciudad de Dios.
Santo Tomás de Aquino: La Armonía entre Fe y Razón
Santo Tomás de Aquino (1225-1274 d.C.) vivió durante la Alta Edad Media,
un período de mayor estabilidad y florecimiento cultural. Su filosofía,
influenciada por Aristóteles, buscaba conciliar la fe cristiana con la razón
humana, otorgando a esta última un papel más prominente en la búsqueda de
la verdad.
Relación entre Fe y Razón: Santo Tomás creía que la fe y la razón son
caminos complementarios hacia la verdad. La razón, por sí sola, puede
alcanzar ciertas verdades sobre el mundo natural y la moral. Sin embargo, la fe
revela verdades sobrenaturales que están más allá del alcance de la razón,
pero no la contradicen.
Racionalismo: En contraste con el voluntarismo de San Agustín, Santo
Tomás adoptó una postura racionalista, argumentando que la ley natural se
basa en la razón divina, que es intrínsecamente buena y ordenada. Dios no
actúa arbitrariamente, sino de acuerdo con su sabiduría y bondad, que son
inteligibles para la razón humana.
Teoría de la Ley: Santo Tomás también propuso una jerarquía de leyes,
similar a la de San Agustín, pero con un énfasis en la razón:
o Ley Eterna: La razón de Dios que gobierna el universo.
o Ley Natural: La participación de la ley eterna en la razón
humana, que permite a los hombres discernir el bien del mal.
o Ley Humana: Las leyes positivas creadas por los hombres, que
deben derivarse de la ley natural para ser justas y válidas.
o Ley Divina: La ley revelada por Dios en las Escrituras, que
complementa la ley natural y guía a los hombres hacia la salvación.
Justicia: Santo Tomás definió la justicia como la virtud que inclina al
hombre a dar a cada uno lo que le corresponde. Distinguió tres tipos de justicia:
o Conmutativa: Regula las relaciones entre individuos, asegurando
la equidad en los intercambios.
o Distributiva: Regula la distribución de bienes y responsabilidades
por parte de la comunidad.
o General o Legal: Ordena la conducta de los individuos hacia el
bien común.
Puntos en Común:
Cristianismo: Ambos filósofos se basaron en la doctrina cristiana y
buscaron integrar la filosofía griega con la teología.
Jerarquía de Leyes: Ambos propusieron una jerarquía de leyes que se
originan en Dios y descienden a la esfera humana.
Importancia de la Ley Natural: Ambos reconocieron la importancia de
la ley natural como fundamento de la moral y la ley humana.
Diferencias Clave:
Fe y Razón: San Agustín priorizó la fe sobre la razón, mientras que
Santo Tomás buscó la armonía entre ambas.
Voluntarismo vs. Racionalismo: San Agustín enfatizó la voluntad
divina como fuente última de la ley, mientras que Santo Tomás se centró en la
razón divina.
Naturaleza Humana: San Agustín veía la naturaleza humana como
corrompida por el pecado original, mientras que Santo Tomás la consideraba
esencialmente buena, aunque debilitada por el pecado.
Papel del Estado: San Agustín subordinó el Estado a la Iglesia,
mientras que Santo Tomás le otorgó mayor autonomía, siempre que sus leyes
se ajustaran a la ley natural.
Conclusión:
Las filosofías de San Agustín y Santo Tomás de Aquino, a pesar de sus
diferencias, sentaron las bases para el desarrollo del pensamiento cristiano en
Occidente. La tensión entre fe y razón, voluntad divina y ley natural, ha
continuado hasta nuestros días, y sus ideas siguen siendo relevantes para
comprender la ética, la política y el derecho en el mundo contemporáneo.
Las Disputas de San Agustín y su Cambio al Voluntarismo
San Agustín, figura clave en el desarrollo del pensamiento cristiano, se vio
envuelto en varias disputas teológicas y filosóficas con grupos contemporáneos
como los maniqueos, donatistas y pelagianos. Estas disputas, junto con su
propia evolución intelectual, lo llevaron a abandonar el iusnaturalismo en favor
del voluntarismo.
Disputas de San Agustín:
Maniqueos: El maniqueísmo, una religión dualista, postulaba la
existencia de dos principios eternos: el bien (Dios) y el mal (materia). San
Agustín, inicialmente atraído por el maniqueísmo, finalmente lo rechazó en
favor de la doctrina cristiana de un solo Dios creador. Argumentó que el mal no
es una entidad real, sino una privación del bien, una limitación en la creación
divina.
Donatistas: Los donatistas sostenían que la Iglesia debía ser una
comunidad de "puros" e "impecables", separada del mundo y del Estado. San
Agustín se opuso a esta visión rigorista, defendiendo la inclusión de pecadores
en la Iglesia y la importancia de su participación en la sociedad. Argumentó que
la Iglesia, como institución, no debe estar aislada del mundo, sino trabajar para
su redención.
Pelagianos: La disputa con los pelagianos fue la más significativa para
el cambio de San Agustín al voluntarismo. Los pelagianos enfatizaban el libre
albedrío humano y negaban la necesidad de la gracia divina para la salvación.
San Agustín, en cambio, defendía la doctrina del pecado original y la
importancia de la gracia de Dios para superar la corrupción de la naturaleza
humana. Esta controversia lo llevó a cuestionar el iusnaturalismo, que, según
él, se acercaba peligrosamente a las ideas pelagianas al exagerar la capacidad
humana para el bien.
Transición del Iusnaturalismo al Voluntarismo:
Antes de la polémica con Pelagio, San Agustín adoptaba una postura
iusnaturalista, cercana a la filosofía estoica y ciceroniana. Entendía la ley
natural como una norma objetiva, inherente a la naturaleza humana, que podía
ser descubierta por la razón y guiaba a los hombres hacia el bien.
Sin embargo, la controversia con los pelagianos lo hizo reevaluar esta
posición. Se dio cuenta de que si el hombre, por naturaleza, posee la
capacidad para obrar bien y discernir la ley natural, entonces la gracia divina se
vuelve superflua. Esto lo llevó a concluir que la naturaleza humana, corrompida
por el pecado original, necesita la gracia divina para alcanzar la salvación.
Después de su debate con Pelagio, San Agustín abrazó el voluntarismo,
argumentando que la fuente última de la ley y la moral es la voluntad divina.
La razón humana, debilitada por el pecado, no es suficiente para comprender el
bien y necesita la guía de la revelación divina y la acción de la gracia.
Conclusiones:
Las disputas de San Agustín con los maniqueos, donatistas y pelagianos,
especialmente la última, fueron cruciales para su desarrollo teológico y
filosófico. Su rechazo al dualismo maniqueo y al rigorismo donatista lo llevó a
defender una visión más inclusiva y social de la Iglesia. Su debate con los
pelagianos, por otro lado, lo impulsó a abandonar el iusnaturalismo en favor del
voluntarismo, enfatizando la primacía de la voluntad divina sobre la razón
humana en la esfera moral y legal.
Guillermo de Ockham y su Voluntarismo Radical
De acuerdo con las fuentes, Guillermo de Ockham fue un filósofo del siglo XIV
que representó la culminación del voluntarismo en la filosofía medieval. El
voluntarismo, como ya hemos discutido, sostiene que la voluntad divina es la
fuente última de la ley y la moral, en contraste con el racionalismo que enfatiza
la razón humana.
Ockham llevó esta idea al extremo, argumentando que la moralidad no tiene
otro fundamento que la obediencia a los mandatos de Dios. Para él, Dios es
absolutamente libre en su voluntad, y lo que Dios quiere es bueno simplemente
porque Dios lo quiere. No hay una razón intrínseca por la que algo sea bueno o
malo, solo la voluntad divina lo determina.
Esto contrasta fuertemente con la visión de Santo Tomás de Aquino, quien
sostenía que Dios, al ser perfectamente racional, solo puede querer lo que es
racionalmente bueno. Para Santo Tomás, la razón humana puede comprender
la ley natural, que es una participación de la ley eterna de Dios.
Ockham rechazó esta idea, argumentando que la razón humana no tiene la
capacidad de comprender la voluntad divina, que es totalmente libre e
independiente de cualquier principio racional. En su visión, la ley natural no es
más que la expresión de la voluntad divina, y Dios podría cambiarla en
cualquier momento.
Consecuencias del Voluntarismo de Ockham:
Relativización de la Moral: Si la moral se basa únicamente en la
voluntad divina, y Dios puede cambiar su voluntad en cualquier momento,
entonces la moral se vuelve relativa y no hay principios morales absolutos.
Debilitamiento de la Razón: El voluntarismo de Ockham minimiza el
papel de la razón humana en la comprensión de la moral y el derecho. La razón
se convierte en un mero instrumento para descubrir la voluntad divina, no una
facultad autónoma para discernir el bien del mal.
Justificación del Poder Absoluto: Si la ley es la expresión de la
voluntad del gobernante, y la voluntad del gobernante es un reflejo de la
voluntad divina, entonces el poder del gobernante se vuelve absoluto e
incuestionable.
Ockham fue una figura controvertida en su tiempo, y su voluntarismo radical
generó un intenso debate. Sus ideas tuvieron un impacto significativo en la
filosofía y la teología posteriores, y siguen siendo relevantes en la actualidad
para las discusiones sobre la naturaleza de la moral, la ley y el poder.
10 Preguntas sobre la Filosofía del Derecho en la Edad
Media
A continuación, se presentan 10 preguntas que abarcan los puntos principales del tema
de la filosofía del derecho en la Edad Media, teniendo en cuenta las fuentes
proporcionadas y nuestra conversación previa:
1. ¿Cuáles son las dos etapas principales de la Edad Media y cómo se
caracterizan axiológicamente?
Considerar los valores que predominaron en cada período (santidad,
utilidad, verdad, belleza).
Analizar cómo la evolución de estos valores se refleja en la filosofía del
derecho.
2. ¿En qué consiste la "Ciudad de Dios" y la "Ciudad Terrena" según San
Agustín, y cómo esta distinción influye en su concepción del Estado?
Explicar la naturaleza y el propósito de cada ciudad.
Analizar la relación entre la Iglesia y el Estado a la luz de esta distinción.
Considerar el papel de la justicia en la legitimidad del Estado según San
Agustín.
3. ¿Cómo evoluciona la postura de San Agustín respecto al Derecho
Natural a lo largo de su vida, y qué factores influyen en este cambio?
Diferenciar entre su postura iusnaturalista inicial y su posterior adopción
del voluntarismo.
Analizar el impacto de la controversia con los pelagianos en su
pensamiento.
Explicar las implicaciones de esta evolución para su teoría de la ley.
4. ¿Cuáles son las diferencias fundamentales entre la Patrística y la
Escolástica en su enfoque hacia la fe y la razón?
Comparar la búsqueda de la fe a través de la razón en la Patrística con
la razón confrontando la fe en la Escolástica.
Considerar las implicaciones de este cambio de enfoque para la filosofía
del derecho.
5. ¿Qué papel juega la razón en la teoría de la ley de Santo Tomás de
Aquino, y cómo se diferencia de la postura voluntarista de San Agustín?
Explicar la importancia de la razón divina en la concepción tomista de la
ley natural.
Contrastar esta visión con el énfasis de San Agustín en la voluntad
divina.
Analizar las implicaciones de esta diferencia para la validez y la
obligatoriedad de la ley humana.
6. ¿Cómo clasifica Santo Tomás de Aquino los diferentes tipos de justicia,
y cuál es la importancia de la justicia general o legal en su teoría?
Definir los tres tipos de justicia: conmutativa, distributiva y general o
legal.
Explicar la relación entre la justicia particular y el bien común.
Analizar el papel de la justicia general en la ordenación de la conducta
humana hacia el bien común.
7. ¿Cuáles son las cuatro leyes que componen la jerarquía legal de Santo
Tomás de Aquino, y cómo se relacionan entre sí?
Describir la naturaleza y la función de cada ley: eterna, natural, humana
y divina.
Explicar la derivación de las leyes inferiores de las superiores.
Analizar las implicaciones de esta jerarquía para la validez y la
obligatoriedad de la ley humana.
8. ¿En qué consiste el nominalismo y cómo influye en la filosofía del
derecho en la Baja Edad Media?
Definir el nominalismo y sus principales exponentes.
Explicar cómo el nominalismo desafía la concepción tomista de la ley
natural.
Analizar las consecuencias de este cambio de paradigma para la
filosofía del derecho.
9. ¿Cuáles son las ideas principales de Rogerio Bacon, Juan Duns Escoto
y Guillermo de Ockham con respecto al derecho natural y a la voluntad
divina?
Explicar las diferentes perspectivas de estos autores sobre la naturaleza
del derecho natural.
Analizar su énfasis en la voluntad divina como fuente última de la ley.
Comparar sus ideas con las de Santo Tomás de Aquino.
10. ¿Cómo se refleja la tensión entre razón y voluntad, característica de la
filosofía medieval, en las diferentes teorías del derecho que surgieron en
este período?
Considerar cómo las diferentes escuelas de pensamiento abordaron
esta tensión.
Analizar las implicaciones de esta tensión para la comprensión de la
naturaleza de la ley y la justicia en la Edad Media.
Estas preguntas te ayudarán a profundizar en la comprensión de la filosofía del
derecho en la Edad Media y a establecer conexiones entre las ideas de los
principales pensadores de este período.
Temas abordados por San Agustín y Santo Tomás
Aquí hay una lista secuencial de los temas abordados por San Agustín y Santo
Tomás de Aquino, basándose en las fuentes proporcionadas:
1. La naturaleza de la ley: Tanto San Agustín como Santo Tomás se
preocuparon por la naturaleza de la ley y su relación con la voluntad divina.
San Agustín, después de su controversia con los pelagianos, adoptó una
postura voluntarista, argumentando que la ley proviene en última instancia de
la voluntad de Dios. Santo Tomás, por otro lado, adoptó una postura más
racionalista, argumentando que la ley se basa en la razón divina.
2. La jerarquía de la ley: Ambos filósofos propusieron una jerarquía de
leyes, que se originan en Dios y descienden a la esfera humana. Para San
Agustín, la jerarquía incluía la Ley Eterna, la Ley Natural y la Ley Humana.
Santo Tomás añadió la Ley Divina a esta jerarquía.
3. La ley natural: Tanto San Agustín como Santo Tomás reconocieron la
importancia de la ley natural como fundamento de la moral y la ley humana. Sin
embargo, sus interpretaciones de la ley natural difieren. San Agustín veía la ley
natural como una participación de la ley eterna en la conciencia humana,
accesible a través de la razón. Santo Tomás, por otro lado, veía la ley natural
como una participación de la ley eterna en la razón humana, que permite a los
hombres discernir el bien del mal.
4. La justicia: Santo Tomás dedicó un análisis considerable a la justicia,
definiéndola como la virtud que inclina al hombre a dar a cada uno lo que le
corresponde. Distinguió tres tipos de justicia: conmutativa, distributiva y
general o legal. San Agustín, aunque no elaboró una teoría sistemática de la
justicia como Santo Tomás, enfatizó la importancia de la justicia en la
legitimidad del Estado.
5. La relación entre la fe y la razón: San Agustín y Santo Tomás también
abordaron la relación entre la fe y la razón. San Agustín priorizó la fe sobre la
razón, argumentando que la fe es necesaria para comprender la verdad. Santo
Tomás, por otro lado, buscó una armonía entre la fe y la razón, argumentando
que ambas son caminos complementarios hacia la verdad.
6. La Ciudad de Dios y la Ciudad Terrena: San Agustín desarrolló una
teoría de dos ciudades: la Ciudad de Dios, la comunidad de los creyentes que
buscan la justicia divina, y la Ciudad Terrena, el ámbito secular donde reina el
egoísmo. Argumentó que el Estado, como parte de la Ciudad Terrena, solo
puede ser legítimo si se somete a la autoridad de la Iglesia, que representa la
Ciudad de Dios.
7. El mal: San Agustín se preocupó por la naturaleza del mal,
argumentando que surge de la limitación con la que Dios creó al mundo. Santo
Tomás, aunque no se centró tanto en el problema del mal como San Agustín, lo
abordó en el contexto de su teoría de la ley, argumentando que la ley injusta es
una corrupción de la ley.
8. El tiempo: San Agustín también reflexionó sobre la naturaleza del
tiempo, argumentando que no es una realidad objetiva, sino una distensión del
alma. Santo Tomás no dedicó tanta atención al problema del tiempo como San
Agustín.
Es importante tener en cuenta que las fuentes proporcionadas se centran
principalmente en la filosofía del derecho en la Edad Media. Por lo tanto, esta
lista de temas puede no ser exhaustiva y puede haber otros temas abordados
por San Agustín y Santo Tomás que no están cubiertos en las fuentes.