EL ESTADO DESPIERTO (PDF Ebook)
EL ESTADO DESPIERTO (PDF Ebook)
Diseño de interior y cubierta a cargo del equipo técnico de Vivir Bien y Hacer un
Mundo Mejor.
Contacto: [email protected]
Cuando estés con gente vigila tu habla,
cuando estés solo vigila tu mente.
Milarepa
ÍNDICE
El estado despierto
Que la paz arraigue en el corazón de la humanidad
y que florezca en un glorioso despertar.
PRÓLOGO | UNA GUÍA PARA EL
DESPERTAR ESPIRITUAL
El estado despierto
que ya habíamos obtenido lo deseado y que, hasta nuevo aviso,
no lo necesitábamos.
Eso no tenía sentido. Vivir en presencia, en el estado des-
pierto del ser, era nuestra prioridad desde hacía varios años, y
dedicábamos un constante esfuerzo diario a esa meta. Muchas
veces nos habíamos preguntado si realmente estábamos avan-
zando. Pese a que todo iba bien en general, y a que fuimos visi-
tados por la gracia muchas veces en ese extenso período, no era
fácil decir si se habían producido cambios sustanciales en el ni-
vel de la conciencia. Así que aquel anochecer en la penumbra
del cuarto, hicimos algo distinto: le pedimos a la conciencia lú-
cida y profunda que se quedara… El vacío y la quietud del nir-
vana se instalaron de súbito en nosotros, como nunca antes ha-
bía ocurrido, y durante un par de semanas estuvimos plena-
mente inmersos en el perfecto silencio interior.
Catorce días más tarde tuvimos que encender las compu-
tadoras y volver a trabajar, y la actividad intelectual y las comu-
nicaciones con otras personas devolvieron el movimiento a la
mente. Pero el estado de presencia en nosotros, la certeza de ser
más allá de los pensamientos y la materialidad, ha sido desde
entonces una constante diaria, que se afianza más y más.
El poderoso cambio positivo en muchas áreas que hemos
experimentado, la profunda transformación en el nivel humano
y espiritual, la disolución de antiguos conflictos y tendencias no-
civas, el creciente sentimiento de paz, la apertura de nuestros
corazones y la entrega a un propósito superior, vinieron a partir
del compromiso en la aplicación de las estrategias de atención
consciente y de fuego interno. Se trata de un sistema preciso,
potente y versátil para la autorrealización; una fórmula agrada-
ble y muy efectiva, que deseamos compartir con el mundo en-
tero.
Ahora, ese deseo ha tomado la forma de este libro.
Prólogo
Esperamos que —como nos ocurrió a nosotros— este pre-
cioso método se vuelva parte de tu vida, y te conduzca a la ver-
dad trascendental que siempre ha estado en tu interior.
El estado despierto
Como agradecimiento por adquirir este libro, y en recono-
cimiento de tu noble interés por el despertar espiritual, te
obsequiamos el acceso al complemento audiovisual de
este tratado práctico y directo. El conjunto, compone un
curso completo y muy efectivo para la meta de la autorrea-
lización. En la última página vas a encontrar un enlace a ese
contenido extra, que consta de clases instructivas, recursos
descargables y meditaciones de regalo.
El estado despierto
LA ESFERA HUMANA
ASPECTOS CONSTITUTIVOS
La vía de la atención
sujeto observador que percibe el cuerpo y sus sensaciones como
objetos de percepción distintos de sí mismo.
Seguí observando, con atención aguda. ¿Quién observa?
¿Quién es ese testigo, esa lucidez, esa ventana de conciencia que
se da cuenta del cuerpo físico? No elabores pensamientos, no
generes conclusiones analíticas. Simplemente, date cuenta del
cuerpo, y notá que NO ES EL CUERPO el que se está dando cuenta
de sí mismo, sino “algo más”, algo o alguien que se da cuenta del
cuerpo; un testigo invisible, pero innegable: vos mismo. Man-
tené la atención en el vehículo físico, en la expresión más densa,
más concreta de tu ser. Es el cuerpo biológico. Una de las face-
tas que nos constituyen como seres humanos, como individuos
en el mundo.
Podés percibir, ahora, que ese vehículo que nos permite ex-
perimentar la dimensión física, está animado, está vitalizado por
una fuerza, por una energía presente en cada músculo, en cada
órgano, en cada célula; una energía vital. Por ejemplo, es una
diferencia muy notoria entre un cuerpo vivo y un cadáver. Es la
vida misma impregnando el aspecto físico; es su combustible,
su poder de acción. Es la electricidad y el magnetismo que po-
nen en movimiento el cuerpo físico y sus procesos, y componen
un entramado energético que también es fácil de notar, aunque
pasa inadvertido para muchas personas, que suelen estar más
atentas a otras facetas constitutivas de sí mismas o al mundo
exterior.
Para que puedas percibir la energía vital con mayor clari-
dad, te proponemos hacer primero algunas energizaciones. Para
esto, adoptá por favor una postura erecta, aplomada, cómoda,
con la espalda, el cuello y la cabeza en una misma línea recta, y
los hombros hacia atrás, abriendo el tórax. Vamos a tensar al
máximo todos los músculos del cuerpo, desde los pies hasta los
músculos de la cabeza. Hay que tensarlos por dos o tres segun-
El estado despierto
dos, con poder, con intensidad, para que la energía vital se con-
centre y sature cada fibra del cuerpo físico; y después hay que
aflojar la tensión de repente, liberando toda la fuerza reunida,
de modo que puedas notar la presencia y el movimiento del en-
tramado energético mientras se reorganiza después de la ener-
gización.
Es muy importante que mantengas en todo momento una
buena postura corporal, para que los músculos en tensión no
sufran lesiones: una postura erguida, con el tórax y los hombros
abiertos, y la cabeza, el cuello y la espalda en una misma línea
recta. Podés poner los brazos en distintas posiciones durante la
tensión de la musculatura, para favorecer una tensión más firme.
No te excedas, por supuesto. Una tensión firme de los músculos
de tu cuerpo, nada más. De todos los músculos que puedas con-
trolar: los gemelos, los muslos, el abdomen, los glúteos, la es-
palda completa, los pectorales, los hombros, el cuello, la man-
díbula, los brazos, los músculos del cráneo, las manos y los pies.
Todas las fibras contráctiles que puedas abarcar. Por dos o tres
segundos. Intentalo ahora mismo, por favor.
Por último, exhalá con un suspiro.
Permanecé así por un momento, con el cuerpo aplomado,
quieto, y observá con mucha atención la actividad de la energía
vital en distintas partes. Notá el cosquilleo, las oleadas térmicas,
las sensaciones cambiantes que provoca la energía a medida que
se distribuye y se organiza en el vehículo físico. ¿Te das cuenta
de esa presencia sutil y movediza, de esa fuerza vital que te im-
pregna y recorre tu organismo? Observá con atención, sin pen-
sar, sin opinar. Simplemente, tomá conciencia de tus percepcio-
nes. Asumí el rol de testigo silencioso y atento. Ese entramado
de energía que impregna y vitaliza el cuerpo físico, constituye
una de las facetas de nuestro ser en el mundo, forma parte de
La vía de la atención
nuestra composición como seres humanos vivos, y como podés
notar, es de naturaleza más sutil que la dimensión biológica.
SUJETO Y OBJETO
El estado despierto
desde otro punto de vista, podemos unificar estas dos instancias
como si se tratara de un solo «cuerpo», entendiendo por cuerpo
a la unidad de «campo» y «energía». Sin embargo, para compren-
der cabalmente la propuesta de este libro, y en especial, para
poder aplicar con eficacia y buenos resultados la primera de sus
técnicas, es importante que logres distinguir claramente cada
una de esas dos partes constitutivas de tu ser en la existencia, de
tu composición como ser humano: por un lado, 1) el vehículo
físico; por otra parte, 2) su energía; y por último, la lucidez, la
inteligencia, la conciencia que se da cuenta del cuerpo físico y
del entramado energético que lo impregna, que es un tercer atri-
buto de tu propio ser.
¿Es clara para vos la diferencia entre esos tres aspectos? ¿Lo-
grás comprobar esa distinción de manera empírica, ahora
mismo, observando atentamente tu cuerpo y las sensaciones
energéticas? No las sensaciones de los sentidos que proceden
de los estímulos externos, sino la percepción fundamentalmente
táctil de las corrientes eléctricas y magnéticas del organismo y
del sistema nervioso, el hormigueo, la sensación de presión, las
oleadas de temperatura que se vuelven notorias en distintas par-
tes cuando aplicás tu atención sobre la piel y el interior del
cuerpo.
Para ilustralo mejor, tal vez nos ayude una metáfora. Si com-
paramos estos tres aspectos con una computadora, el cuerpo
físico se corresponde con el hardware, con la estructura material
y electrónica del aparato; la energía vital se corresponde con la
electricidad que pone en funcionamiento al sistema, y permite
la experiencia informática. Y la conciencia se corresponde con
el usuario de la computadora, con la persona que la utiliza, sin
la cual todo el asunto carece de intención y sentido. La compu-
tadora sigue siendo una computadora aunque no esté conectada
a la red eléctrica o no tenga carga en la batería, como el cuerpo
La vía de la atención
físico es una unidad independiente de la energía vital que lo
anima. Sin embargo, tanto la computadora como el organismo
biológico necesitan inevitablemente de su energía para operar.
Así que, en cierto sentido, se trata de aspectos independientes
entre sí, y en otro sentido componen las partes complementa-
rias de una unidad, y podríamos considerarlos una sola cosa: el
campo y su energía; los aspectos concreto y sutil de un mismo
cuerpo.
Entre los elementos que nos constituyen como seres huma-
nos, hay una faceta más tenue que el entramado energético. Se
trata del campo emocional. Es un componente sutil, pero per-
fectamente perceptible, y es probable que recientemente hayas
podido notar sus vibraciones y sus efectos emocionales por al-
gún asunto personal significativo.
El campo emocional conecta el plano mental con el aspecto
físico y energético; funciona como un puente, como un medio
de comunicación entre esas dimensiones muy disímiles entre sí,
que tienen una densidad muy diferente; y a la vez, el campo
emocional produce sus propios estímulos, tiene sus propias pre-
disposiciones y actividades, e influye con sus vibraciones sobre
la mente, la energía vital y el cuerpo. Sin embargo, es tan sutil la
diferencia entre las vibraciones del CAMPO EMOCIONAL, las acti-
vidades de la MENTE y los movimientos de la ENERGÍA VITAL, y
están tan relacionados entre sí, tan entremezclados, influyén-
dose mutuamente, que casi nunca notamos que se trata de tres
aspectos diferenciados de nosotros mismos.
EL SENTIMIENTO EMOCIONAL
El estado despierto
Colocá ese retrato en una posición vertical, con apoyo propio,
cerca de donde estás, para que puedas mirar a esa persona
amada a los ojos sin tener que sostener la fotografía con las ma-
nos.
Adoptá una posición erguida. Poné las palmas de las manos
sobre el corazón, abarcando el pecho. Sonreí… y observá con
intensidad a la persona de la fotografía. Mirala atentamente, con
profundidad, con agradecimiento, reconociendo (con el senti-
miento, más que con la razón) todo el bien derivado de la exis-
tencia de esa persona en tu vida, de haber podido conocerla y
relacionarte con ella. Tomá conciencia del maravilloso hecho de
haber coincidido en un mismo espacio y momento con ese ser.
Asumí la mejor predisposición de tu parte. Dedicá alrededor
de un minuto a ese contacto profundo en tu corazón y en tu
conciencia. Sin pensar, simplemente viviéndolo, amá con pleni-
tud a esa persona, a ese ser especial que la vida puso en tu ca-
mino. Y mientras lo hacés, registrá con la atención la experien-
cia específica del amor (y de cualquier otro sentimiento que
surja), sus vibraciones sutiles, sus efectos sensoriales y cogniti-
vos; estudiá con lucidez la naturaleza de esa vivencia particular,
sin dejarte arrastrar por la emoción misma, y a la vez, estimu-
lándola, avivando el sentimiento en tu percepción.
Ampliá tu observación atenta a toda tu extensión como ser
humano, incluso más allá de los límites del cuerpo físico. Tomá
conciencia de las sensaciones vibratorias, las cosquillas, el bie-
nestar que llega desde diversos puntos, desde múltiples sectores.
Llevá a cabo el experimento, por favor. Te esperamos.
Y ahora, distinguí entre esas sensaciones del campo emocio-
nal, y la conciencia, la inteligencia de fondo, el sujeto que “se da
cuenta” de los sentimientos. ¿Podés hacerlo? ¿Podés combinar
tu atención sobre las percepciones sensoriales, con el hecho de
estar dándote cuenta de esas sensaciones? Es decir, ¿podés ser
La vía de la atención
consciente al mismo tiempo de las vibraciones emocionales y
del observador que percibe esa información? ¿Lográs tomar
conciencia de tu propio ser como sujeto perceptor, como tes-
tigo silencioso y lúcido del campo emocional y del cuerpo fí-
sico? ¿Podés darte cuenta de vos mismo, de vos misma, como
sujeto que percibe? ¿Notás la diferencia entre la emoción y la
conciencia que se da cuenta de la emoción?
Te recomendamos profundizar en esta investigación
toda vez que se presente una oportunidad; es decir, cuando per-
cibas una emoción. Es un experimento maravilloso, tiene un
gran potencial de discernimiento. Por un lado, investigá qué es,
cómo es una emoción en su estado más puro: como agitación
del campo vibratorio, más allá de sus efectos sobre la mente y
el cuerpo físico, más allá de la bioquímica y los pensamientos;
como emoción en sí misma, como perturbación armónica o
inarmónica del campo emocional. Cada vez que puedas, prestá
atención al fenómeno, tomá conciencia de su naturaleza, de sus
características fundamentales. Date cuenta también de los efec-
tos de la emoción sobre el cuerpo, y especialmente sobre el en-
tramado energético del cuerpo; de su impacto en el sistema ner-
vioso y en la energía vital.
El estado despierto
ción, podés notar y constatar que vos no sos la emoción, sino
la lucidez, la inteligencia que se da cuenta de la emoción, y se da
(te das) cuenta de sí misma como ventana de conciencia, como
ser “que es” y “que percibe”. ¿Es así? ¿Te das cuenta de la dife-
rencia entre la emoción y la conciencia que atestigua esa emo-
ción? Y de esos dos factores, durante la experiencia de amor
hacia la persona de la fotografía, ¿tuviste la vivencia de “ser la
emoción”, o más bien de “ser quien percibía” la emoción? Esta
comprobación es muy relevante, puede ser trascendental; así
que llevala a cabo con atención y honestidad.
Entonces, ¿sos lo que sentís? ¿O sos un punto de conciencia
que atestigua, que percibe emociones, sensaciones y estados
anímicos?
Por el momento, la instancia elemental, el aspecto más irre-
ductible de tu propio ser, ese punto donde parece que “estás”,
“eso” más allá de lo cual no podés ir (al menos, en tu estado
normal de conciencia), parece ser la conciencia misma, la capa-
cidad de percibir y darte cuenta de los diversos elementos y par-
tes que componen tu persona, y que sustentan el mundo y la
vida desde tu perspectiva singular; la conciencia que te permite
darte cuenta inclusive de vos mismo, de vos misma, como su-
jeto que percibe, como foco de lucidez en la existencia. Por lo
pronto, en el estado de conciencia que tenemos comúnmente
los seres humanos, no podemos ir más allá de esa ventana de
percepción, de esa función como testigos silenciosos y secretos
del acontecer. Y aun cuando utilices esa capacidad primordial
de conciencia para percibirte a vos misma como sujeto percep-
tor, para darte cuenta de tu propio ser, sigue siendo el “testigo”,
el foco de lucidez, el observador, silencioso y secreto, el sujeto
que verifica eso, “quien” que se autopercibe.
La vía de la atención
LOS ASPECTOS SUTILES
El estado despierto
cho campo suele agruparse bajo el término de “pensamientos”,
“recuerdos”, “razonamientos” o “fantasías”.
Ahora, por favor, producí esta formulación en tu espacio
mental: «Yo soy la conciencia que se da cuenta de este pensa-
miento». Y permanecé en conciencia pura, sin generar otra ac-
tividad en la mente.
A continuación, repetí mentalmente: «Yo no soy mi mente,
ni las actividades de mi mente».
«Yo no soy la mente. Yo soy quien se da cuenta de la mente».
Se trata de pensamientos, que aparecen, permanecen y desa-
parecen en el espacio mental. Vos sos el sujeto dotado de con-
ciencia y voluntad, que los impulsó y los ha percibido. Los pen-
samientos no son conscientes de sí mismos. Vos sos consciente.
Ahora permanecé en atención plena, puramente consciente
del cuerpo físico, de su posición, de la respiración, de los puntos
de apoyo; y sé consciente también de la energía que anima al
cuerpo físico, que lo recorre y lo impregna de vida, de poder de
acción. Tomá conciencia, además, de las sutiles vibraciones
emocionales que palpitan o se balancean en tu campo de per-
cepción, y repercuten especialmente en los plexos, en particular
en los plexos cardíaco y solar. Y simultáneamente sé consciente
del espacio mental, de esa dimensión interior oscura y amplia,
que se llena y se vacía constantemente con palabras, sonidos e
imágenes…
Todo eso constituye la ESFERA HUMANA de tu ser. Esas son
las dimensiones perceptivas y constitutivas propias del ser hu-
mano en el mundo. Podemos organizarlas en tres campos de
evolución o desarrollo: físico, personal y espiritual, según la ín-
dole y los alcances de cada una.
La vía de la atención
MAPA ESTRUCTURAL
✓ CONCIENCIA:
Campo evolutivo: desarrollo espiritual.
¿Qué reporta? Conciencia del yo real y de los niveles sutiles de
percepción; cognición* más allá de los límites personales.
¿Qué implica? Concierne a la autoconciencia, a la mente si-
lente, a la intuición, a los sentimientos superiores, a la sabiduría
y al servicio altruista.
* En este libro, la palabra cognición —cuyo origen es el término latino para «co-
El estado despierto
¿Qué reportan? Conciencia del cuerpo biológico y de la vitali-
dad. Cognición instintiva y sensorial predominante.
¿Qué implican? Incluyen sensaciones, estado de salud física,
vitalidad, aspecto y contextura, potencia muscular y capacidad
de actuar.
CONCIENCIA TESTIGO
La vía de la atención
que revisamos a lo largo de este capítulo: con el cuerpo bioló-
gico, con la vitalidad, con las dinámicas emocionales y con las
actividades automáticas y voluntarias en el nivel de la mente.
Todo eso constituye el ámbito de “tu persona”, del sujeto social,
del “personaje” que encarnás ante el mundo, con su nombre y
apellido; su pasado, presente y futuro; sus hábitos de pensa-
miento, palabra y conducta; su apariencia, su estado de salud;
sus preferencias y expectativas; etcétera. La conciencia perte-
nece al ámbito espiritual de tu propio ser, y el trabajo de desa-
rrollo espiritual tiene que ver con el afianzamiento y la expan-
sión de esa capacidad de “darte cuenta”, de percibir cada vez
con más precisión y alcance los niveles más y más sutiles de la
existencia.
El desarrollo espiritual, y en concreto, el acto de Despertar,
o —en otras palabras— el primer grado de Iluminación espiri-
tual, tienen que ver con el poder creciente y estable de darte
cuenta de vos misma como testigo, como conciencia que per-
cibe y que es, de forma ininterrumpida a lo largo de todo el día.
Es decir, el primer grado de Iluminación consiste en lograr una
estabilidad de conciencia tal, que ya nunca caigas en el estado
de olvido de sí, de divagación hipnótica, de auto-inconsciencia, de
distracción de tu propio ser. El proceso de desarrollo espiritual
consiste en avanzar progresivamente hacia ese estado cotidiano
de conciencia.
Ahora, por ejemplo, ¿estás consciente de tu propio ser, del
sí mismo que percibe la existencia, de la conciencia que se da
cuenta de estas palabras? ¿Sos consciente de ser consciente?
El estado despierto
EL ESTADO DESPIERTO
La vía de la atención
organismo, a la bioquímica, a los mandatos instintivos y socia-
les, etcétera. Se es como una hoja desprendida de un árbol y
llevada por los caprichos del viento. No hay libertad, sino pura
dependencia. En cambio, el Estado Despierto nos ofrece el re-
fugio, la independencia y la serenidad que necesitamos para ex-
perimentar paz y para obrar con sabiduría.
Ahora mismo, por ejemplo, ¿estás consciente de tu propio
ser, de vos misma/o como testigo en la existencia, como sujeto
que percibe y que se da cuenta? Entrá en «presencia» si estabas
distraída, olvidado de tu propio ser. Ahora. Siempre ahora.
«Consciente del sí mismo, de tu propia conciencia. Cons-
ciente del ser inmaterial que se da cuenta de sí mismo en la exis-
tencia». Date cuenta de todo lo que te rodea, así como de tu
mundo interno, hecho de sensaciones, emociones y pensamien-
tos. Y también date cuenta de tu propio ser como conciencia,
como pura percepción, más allá de los instrumentos a través de
los cuales percibe. Mantenete consciente de tu propia existencia
como un «ser que es, y que se da cuenta de ser». Es el Estado
Despierto. Esto es estar realmente en presencia, atento de sí
mismo y del devenir.
Tratá de sostener esta perspectiva ubicua de la conciencia,
esta lucidez integradora y amplia, todo el tiempo que puedas.
Permanecé en atención plena. Esmerate para no perder este es-
tado de conciencia, de presencia en el ahora. Date cuenta de vos
misma/o como observador, como testigo. Un testigo invisi-
ble… pero innegable. Mantené esa noción de ser. Nosotros va-
mos a proseguir nuestra comunicación, y tu misión consiste en
leer lo que escribimos, en comprender el mensaje que damos,
permaneciendo siempre en presencia, plenamente en el ahora,
consciente de ser un testigo en la existencia, una ventana de lu-
cidez, un foco de conciencia en el momento presente. ¿Está
bien?
El estado despierto
Esa es tu misión: permanecer consciente de tu propio ser
mientras nos leés.
LA IDENTIDAD REAL
La vía de la atención
Esa capacidad, ese poder de conciencia, es nuestra identidad
real. Es la esencia, el fundamento de nuestro propio ser en la
existencia; su instancia irreductible. Todos nuestros atributos
cambian con el tiempo, excepto este. Cambian nuestras sensa-
ciones, nuestro cuerpo, nuestras ideas, nuestros sentimientos,
nuestras capacidades, nuestra historia, nuestra situación en el
mundo… y aun así nos reconocemos como “el mismo ser” en
este foco atemporal de conciencia, en esta identidad inmutable,
aunque transcurran décadas.
A propósito de esto, ¿todavía estás en presencia, atenta/o
de tu propio ser? ¿O caíste en el estado dormido, el estado de
olvido de sí?
Para sostener la atención ubicua, simultánea: la conciencia
plena, atenta del ahora y de tu propio ser como observador del
momento presente, puede resultar muy útil contar con algún
punto de apoyo, con ciertas “manijas” o “empuñaduras” a las
cuales aferrar tu atención, y evitar así que la conciencia divague
y se distraiga. Por ejemplo, podés apoyarte en algún punto del
cuerpo físico, como el centro del corazón, la nuca o el entrecejo.
O permaneciendo alerta de la respiración. O tomando concien-
cia de la energía vital. O sea, siendo consciente de la energía que
impregna y recorre tu organismo, mientras continuás leyendo.
Intentalo ahora. Percibí la energía en distintos puntos del
cuerpo; notá su existencia y su constante actividad. Descansá en
ese entramado blando y confortante, tejido de corrientes elec-
tromagnéticas; en el aspecto sutil de tu cuerpo físico: su campo
energético. Y a la vez, seguí dándote cuenta del testigo que per-
cibe eso, vos misma, vos mismo.
Continuamos. A vos te toca sostener el estado despierto, la
conciencia de sí; la noción de ser, de existir. Es un magnífico
experimento de autoconocimiento y desarrollo espiritual. Por
favor, afrontalo con voluntad y lucidez.
El estado despierto
La conciencia es un atributo del ser, su capacidad fundamen-
tal, la “ventana” a través de la cual «el sujeto que es» percibe la
existencia desde su naturaleza inmaterial, incorpórea, no-mani-
fiesta. Y precisamente debido a su índole inmaterial e impercep-
tible, en última instancia, del ser sólo podemos percibir su con-
ciencia, su capacidad de “darse cuenta” del mundo que lo rodea
y de sí mismo como sujeto perceptor. No podemos percibir di-
rectamente al ser (nos referimos al ser como sustantivo; no a la
acción de ser, no al “siendo”, sino al sujeto consciente que es,
aunque en cierto sentido se trata de lo mismo). A este, al ser que
somos, lo inferimos a partir de su conciencia, de “nuestra” con-
ciencia; de la certeza íntima que cada uno tiene de ser (ahora sí
como verbo, como hecho de existir). Por lo tanto, como se trata
del único punto perceptible de sí mismo, su única referencia, en
los textos y enseñanzas espirituales muchas veces el ser y la con-
ciencia se unifican para simplificar los conceptos y las explica-
ciones.
COGNICIÓN DIRECTA
La vía de la atención
ceptivo es suficiente para conocer y para actuar. El nivel medio
de la mente (la “mente pensante”) nos ayuda a establecer rela-
ciones entre los eventos del pasado, el presente y el futuro; a
razonar, deducir, memorizar, inventar, explicar, imaginar, etcé-
tera. Pero para el Ahora intemporal, para el ahora que siempre
es, para el presente absoluto del ser, la conciencia misma basta;
es suficiente para comprender lo que percibe.
Sin embargo, como personas, no estamos acostumbradas al
conocimiento espontáneo, a la cognición directa, a la pura con-
ciencia para vincularnos con el devenir y con el mundo. Como
especie hemos pasado demasiado tiempo plenamente implica-
das en la experiencia indirecta a través de los procesos mentales
y, en general, no sabemos —ni sospechamos siquiera— que se
pueda conocer de otro modo. Es como cuando ciertas personas
presencian un concierto de música, por ejemplo, o cualquier
otro evento público al que asisten, siguiendo el espectáculo en
las pantallas de sus teléfonos mientras lo filman, en lugar de mi-
rar directamente. Algo semejante hacemos todos con la inter-
mediación constante de nuestra mente interpretativa entre no-
sotros mismos, es decir, el sujeto perceptor, y los objetos o he-
chos que percibimos.
El diálogo interno es una consecuencia y una muestra de
esto. Debido a que la mente es un instrumento, un sistema de
cómputos, pese a su enorme eficiencia no es consciente en sí
misma; no puede darse cuenta de manera directa de la informa-
ción que recogen los sentidos. O mejor dicho, no puede darse
cuenta de sus significados para el ser que los percibe, ni puede
acceder a las comprensiones espontáneas que se producen con-
tinuamente en el nivel puro de la conciencia, al continuo “darse
cuenta” de lo que se percibe, sin procesos lingüísticos o figura-
tivos, inmediata y directamente. Por lo tanto, la mente pen-
sante queda excluida de todo esto a menos que se lo ponga
El estado despierto
en palabras o imágenes en su propio ámbito, esto es, en el
nivel del pensamiento (no así la mente subconsciente, que sí
participa, como traductora mecánica de la información que cap-
tan los sentidos). Entonces, como la mente interpretativa queda
excluida de una toma de conciencia a menos que se la ponga en
palabras o imágenes en el nivel del pensamiento, hemos adqui-
rido el hábito de “contarle” a ese nivel medio de la mente todo
lo que percibimos y comprendemos, creyendo que, sin ese ín-
timo y casi continuo acto narrativo, nosotros mismos seríamos
incapaces de saber. Pero eso es falso. El acto de conciencia, el
“darse cuenta”, el instante de una comprensión, es sin palabras
ni imágenes, y ocurre “por detrás” o “por encima” de la mente,
en la conciencia misma. Después se formula en pensamientos si
se quiere, para que algunos aspectos de la mente, como la fun-
ción analítica o imaginativa, participen de la cognición y poda-
mos servirnos de sus herramientas.
El yo de la psique, de hecho, la persona que elaboramos desde
la infancia y, por lo común, a lo largo de toda la vida, existe y se
nutre exclusivamente en el espacio mental, mediante el diálogo
interno, la reflexión, la imaginación y la memoria. No tiene exis-
tencia independiente, intrínseca; está compuesta de pensamien-
tos. Es, en suma, una construcción imaginaria; y sobre todo, es
una creación lingüística. No es capaz de subsistir en el silen-
cio interior. A pesar de que la mirada externa, es decir, la opi-
nión de otras personas y de la sociedad en su conjunto, y los
resultados que el individuo mismo recoge de su interacción con
el mundo inciden sobre esa concepción imaginaria del yo, es no
obstante en el espacio mental donde esa incidencia se procesa y
se establece. Por lo tanto, expuesto a un creciente silencio in-
terno, el ego personal se suaviza y se debilita, no sin antes pre-
sentar una intensa resistencia, que puede durar años, o incluso,
en ciertos casos, algunas décadas.
La vía de la atención
La autoconciencia y la percepción directa de la información
interna y externa, nos ayudan a madurar como seres humanos,
poniendo en movimiento un proceso evolutivo natural.
Podés constatar ahora mismo la veracidad de la cognición
directa, contemplando el entorno físico en el que estás, sin pen-
sar, sin elaborar ninguna opinión o razonamiento. Por favor,
llevá a cabo este experimento sencillo y elocuente. Simplemente
observá los objetos, los matices de la luz, percibí los sonidos y
aromas del ambiente, la temperatura del aire… plenamente
consciente y en silencio.
¿Pudiste hacerlo? ¿Fuiste capaz de captar y comprender la
información de tu contexto sin mediación del lenguaje? ¿Fue
posible la cognición prescindiendo de la mente pensante?
Desde luego, la mente subconsciente estuvo activa en el pro-
ceso, pero únicamente como sistema automático, que tradujo la
información de los órganos perceptores y los hizo inteligibles
para la conciencia. Es decir, operó como un medio, a través del
cual la información de tu contexto llegó a vos. De igual manera
funcionan los ojos y oídos: son medios, inconscientes y auto-
máticos en sí mismos, a través de los cuales la conciencia accede
al mundo objetivo. Así también funciona el dispositivo electró-
nico o el papel que reproduce nuestras palabras. Son canales
eficientes pero mecánicos. No te aportan consciencia sobre el
mensaje. Tu propia conciencia —o sea, vos mismo, tu ser—
tiene que “impregnar” o “iluminar” esa información que la
mente organiza y traduce mecánicamente, según sus facultades
particulares, para que puedas tomar conocimiento de su signifi-
cado de manera espontánea, inmediata, sin necesidad de utilizar
las funciones lógicas de la mente racional. La comprensión es
directa. No es la mente la que comprende; sos vos quien com-
prende.
El estado despierto
Este es un asunto complicado, y no es necesario que nos de-
tengamos demasiado en este punto. Lo que nos interesa, es que
puedas discernir entre tu mente y sus funciones mecánicas, au-
tomáticas, inconscientes, y vos mismo, el ser que la utiliza, que
utiliza la mente y el cuerpo, y que sí es consciente. No sos un
derivado de la mente y el cuerpo; no sos un producto, un resul-
tado. Sos la causa, el usuario, el fundamento… la inteligencia y
la vida haciendo posible la mente y el cuerpo. Son herramientas,
instrumentos para ampliar tus capacidades de percepción, como
la computadora para un informático, como unos binoculares.
Como un aparato de radio. Puede que haya algún nivel de con-
ciencia instintiva en la mente y en el cuerpo, e inclusive de au-
toconciencia. Pero no es tu conciencia; es la conciencia de tus
vehículos, del “animal humano”. Tu propia conciencia, tu ser,
es independiente del complejo mente-cuerpo, aunque tengan
una estrecha vinculación.
La vía de la atención
LA PURGACIÓN DEL EGO
El estado despierto
cación con la mente y el cuerpo, y el hecho de permanecer cre-
cientemente en la conciencia de ser, en la identidad genuina, que
es anterior a la mente, sin palabras, sin opiniones, pura percep-
ción, serena y unida a todo; activa un proceso paulatino pero
irrefrenable de evolución personal y espiritual, un proceso au-
tomático, en gran medida inconsciente, de purgación y trans-
mutación de los desequilibrios internos; una eliminación espon-
tánea y progresiva de los contenidos inconvenientes de la psique
y el campo energético.
Este proceso de transmutación y purgación de los con-
tenidos indeseables se lleva a cabo de forma natural, de la
misma manera que en el cuerpo físico se expulsan las toxinas y
se corrigen los desórdenes apenas le damos al organismo un su-
perávit de energía y de tiempo, en cuanto interrumpimos la in-
toxicación y el caos. Por ejemplo, mediante un ayuno o un cam-
bio de hábitos. El cuerpo se ocupa con su inteligencia intrínseca
de restablecer las condiciones óptimas de funcionamiento, si
nosotros abandonamos el esfuerzo cotidiano por arruinar esas
condiciones óptimas con ciertas costumbres nocivas. Algo se-
mejante ocurre en los niveles sutiles de nuestra constitución
como seres humanos. En cuanto disminuimos el cultivo diario
de “la persona”, del ego individual, de los deseos y pensamien-
tos relacionados con la mente y el cuerpo, con las aspiraciones
materiales y mundanas, con la defensa de las emociones conflic-
tivas y la validación de la culpabilidad, con la rivalidad y el or-
gullo… permaneciendo en cambio en la conciencia de ser, en la
perspectiva de un testigo silencioso y tranquilo que se da cuenta
del mundo y de sí mismo, se inicia una purificación natural de
las ideas, las memorias, las emociones y las tendencias nocivas
alojadas en el campo emocional y en la mente, e inclusive de las
rutas energéticas del cuerpo físico.
La vía de la atención
No se trata de una represión de la personalidad, sino más
bien de una reducción de su cultivo, de un sostenido acto de
desnutrición e invalidación de los contenidos psicológicos, en
lugar de rendirles culto y defenderlos, en lugar de acrecentarlos;
de una progresiva desidentificación respecto de las ideas y las
sensaciones, de la mente y el cuerpo, de la concepción de sí
mismo como una persona, como sujeto social… como un há-
bito de pensamiento, sentimiento, palabra y conducta. Y esto se
logra, simplemente, pasando un tiempo creciente en la sen-
sación «yo soy», dándose cuenta de sí mismo como observa-
dor (no como pensador), como inteligencia autoconsciente,
como pura conciencia perceptora; acostumbrándose a ese
punto de vista, a esa profunda noción de sí mismo, a esa expe-
riencia directa de ser, sin mediación de palabras, razonamientos
ni emociones.
Ahora mismo, ¿seguís consciente de tu propio ser? ¿Estás en
el estado despierto de la conciencia? ¿O te habías distraído en la
hipnosis del pensamiento y la imaginación? «Yo soy el testigo
que se da cuenta», podés decir interiormente, y ya no pronuncies
ninguna otra palabra ni formules ningún pensamiento. Mante-
nete en la conciencia de ser, en el observador imperturbable que
percibe y comprende directamente el contenido de esta asigna-
tura, y que a la vez se da cuenta de sí mismo.
El estado despierto
gético, del organismo físico y del mundo. Esa sería el alma o
espíritu, el yo real del que hablan muchas religiones. Esa capa-
cidad de darse cuenta: el poder de conciencia, y en particular, el
poder de autoconciencia, de darse cuenta de sí mismo como
sujeto que percibe, varía de individuo en individuo, de observa-
dor en observador, y determina el nivel de iluminación, es decir,
de luminosidad, de “luz”, de claridad, de conciencia, que cada
perceptor tiene en un momento dado.
Por ejemplo, si estuviéramos en una habitación oscura, no
sería igual nuestro poder para darnos cuenta inmediatamente
del contenido de la habitación si fuésemos palpando los mue-
bles y las paredes paso a paso, que si encendiéramos un fósforo,
o una vela, o una lámpara eléctrica, o que si pudiéramos abrir
las ventanas y dejar que la luz solar inunde el cuarto. El nivel de
conciencia de cada individuo, de cada perceptor en un instante
determinado, podría compararse con esas diversas fuentes de
luz, que aumentan la capacidad de darse cuenta de sí mismo y
del entorno a medida que se utilizan fuentes de mayor poder.
La capacidad de autoconciencia de las personas en general, en
este punto evolutivo de la humanidad, sería tal vez comparable
al poder lumínico de un fósforo, que alumbra con moderación
y por un breve lapso de tiempo.
Por lo tanto, Iluminación equivale a claridad, a luminosidad,
a grado de conciencia. A capacidad de darse cuenta. El punto
más alto de iluminación desde la perspectiva del desarrollo perso-
nal, es la instancia en la que el ser, el sujeto consciente, luego de
atravesar etapas de creciente esclarecimiento, de avanzar en su
poder para darse cuenta de los patrones repetitivos y los proce-
sos internos de “su persona”, así como en su capacidad de au-
toconciencia, acumula suficiente energía para “encen-
derla” definitivamente, para sostener de forma constante la
«noción de ser», siempre consciente de sí como sujeto que exis-
La vía de la atención
te, siempre en estado despierto, sin intermitencias de ahora en
más, identificado consigo mismo como ser, como conciencia,
en lugar de con el cuerpo y los contenidos de la psique.
Esto acontece en un momento dado si se trabaja con tesón
en el afianzamiento de la conciencia de sí, en el recuerdo conti-
nuo de sí mismo como perceptor, como conciencia-testigo. A
partir de entonces, para ese ser ya no es más posible quedar en
estado dormido, caer en la hipnosis del pensamiento o del
mundo, en la tiranía de las tendencias inconscientes y de la emo-
cionalidad, en el olvido de su propia existencia como sujeto im-
perturbable y benevolente.
Es la instancia más elevada del desarrollo o la maduración
personal. En este nivel de iluminación, la mente pensante se
subordina definitivamente a la conciencia, y se vuelve dócil, dis-
ciplinada, obediente. En su expresión óptima, queda en silencio
y quietud hasta que se necesite usarla, como sucede por lo co-
mún con el cuerpo. Se acaban los pensamientos divagantes y la
actividad mental incesante y obsesiva que caracteriza al estado
dormido de la conciencia. De esta manera, el ser, la conciencia,
puede dirigir sin motines internos su propia humanidad, sus
propios recursos en la existencia; y puede interactuar con sus
semejantes desde la paz, la dignidad y la compasión que le son
intrínsecas, que son atributos naturales de sí.
Es el punto más elevado de iluminación desde la perspectiva
del desarrollo personal, de la evolución del sujeto psicológico y
social, de la persona. Con este logro, la persona —como entidad
psicofísica, como construcción, como instrumento de interac-
ción y de experimentación en el mundo— alcanza su grado más
alto de madurez, perfectamente subordinada a la conciencia.
Pero desde la perspectiva del desarrollo espiritual, de la
evolución o expansión de la conciencia en sí, más allá de la per-
sona, esta instancia es apenas el primer escalón, la base de
El estado despierto
una escala evolutiva superior. Hay mucho más por avanzar y
experimentar de ahí en adelante en el nivel de la conciencia.
Exactamente en ese punto acaban las funciones del coaching
integral; en ese último estadio del desarrollo humano y primero
del desarrollo espiritual. Es decir, en el instante en que alguien,
un sujeto, ha logrado activar su autoconciencia de modo per-
manente, ininterrumpido, y su mente ha quedado dócil y al ser-
vicio del ser.
La vía de la atención
2) Y por otra parte, los ejercicios de fuego interno, que ope-
ran sobre la energía ascendente que atraviesa la ruta cere-
bro-espinal, y que constituyen la «vía de la energía».
Se trata de técnicas capaces de despertar y expandir la con-
ciencia espiritual de los practicantes comprometidos y serios,
que las apliquen todos los días por un lapso suficiente de
tiempo, que puede ser un período de algunos años. Y a la vez,
se trata de medios para iniciar un proceso espontáneo y natural
de eliminación de los desequilibrios del campo emocional y psi-
cológico, un proceso de purgación y trasmutación de los conte-
nidos aflictivos e indeseables, al punto de conducir gradual pero
indefectiblemente a los practicantes a su máximo desarrollo
como seres humanos, a su madurez, armonía y plenitud como
personas. Son las herramientas más elevadas de este abordaje
holístico del desarrollo humano. Y como tales, requieren una
aplicación sostenida y responsable para producir los maravillo-
sos resultados de realización personal para los que fueron dise-
ñadas.
La «atención consciente» es una estrategia de autoidentifica-
ción progresiva con el aspecto más estable, sereno y profundo
de nuestro ser: con la conciencia misma, en reemplazo de la
identificación típicamente humana con el cuerpo físico, los pen-
samientos y las emociones. Tiene que aplicarse de forma cre-
ciente a medida que avanza el tiempo de práctica. La técnica es
exactamente la que hemos estado aplicando a lo largo de este
capítulo. A propósito de eso, ¿estás consciente de tu propio ser
en este momento? Esta es la técnica de Atención Consciente.
Es decir, la recurrente, la insistente toma de conciencia de sí
mismo como ser, como observador autoconsciente. No como
sujeto que piensa, sino como sujeto que percibe; como pura
conciencia que simplemente percibe y comprende, que se da
El estado despierto
cuenta, sin palabras ni procesos intelectuales, como inteligencia
pura y directa, testigo de sí misma y del acontecer.
«Yo soy». «Yo soy y existo». En lugar de “yo soy esto o aque-
llo”, “yo soy mi cuerpo…”, “…mis pensamientos”, “…mis
sentimientos”; “yo soy este nombre y esta historia personal”,
etcétera. No: «Yo simplemente soy, un ser que es, una concien-
cia que se da cuenta, que percibe. Un testigo de sí mismo en la
existencia». «Yo soy. Me doy cuenta de mi propio ser, me doy
cuenta de que existo».
Este ejercicio de creciente identificación con el aspecto
más estable, sereno y profundo de sí mismo tiene que ha-
cerse todos los días, tanto como se pueda. Y en particular, hay
que insistir en este posicionamiento en los momentos difíciles,
cuando los pensamientos obsesivos, o los problemas externos,
o las emociones virulentas tienen una presencia avasallante…
nos arrastran con su agitación y nos impulsan a actuar de ma-
neras condicionadas, y muchas veces nocivas. En casos así, po-
demos apoyarnos con afirmaciones que nos ayuden a identifi-
carnos con la conciencia, en lugar de con la mente, las emocio-
nes y la materia. Podemos repetir: «Yo no soy estos pensamien-
tos, ni estos sentimientos, ni este cuerpo. Yo soy pura concien-
cia, un testigo imperturbable de lo que acontece, y estoy eterna-
mente a salvo y en paz».
Y a continuación, hay que dejar las palabras y simplemente
adoptar la perspectiva del testigo autoconsciente, de la inteli-
gencia pura que percibe el acontecer, sin identificarse con aque-
llo que percibe. Que percibe, comprende espontáneamente y
actúa, sin identificación, sin apegos ni exageraciones, sin inter-
pretaciones conceptuales, con sentido práctico y plena atención.
No importa cuántas veces, ni con cuánta potencia, te atrai-
gan las perturbaciones de la mente, las emociones o el cuerpo
físico; la misma cantidad de veces y con mayor poder, tenés que
La vía de la atención
retornar a la conciencia-testigo y observar lo que acontece desde
esa posición interior, desde esa noción de sí. Si hay algo de lo
que ocuparse, si hay una urgencia que atender, el cuerpo se va a
encargar de actuar de modo espontáneo según las necesidades,
con asombrosa eficacia, mediante los programas y recursos del
instinto. Y en circunstancias así, también es mejor que vos, la
inteligencia autoconsciente que tiene el deber de gobernar el
cuerpo físico y la mente, permanezca serena y despierta, identi-
ficada con su propia conciencia, en lugar de dejarse arrastrar por
la virulencia y el caos.
De todas maneras, tenemos que reconocer que, por lo co-
mún, las circunstancias amenazantes y urgentes, las emergencias
y las catástrofes, apenas si tienen lugar unas pocas veces a lo
largo de nuestras vidas. Así que no es necesario que las tome-
mos en cuenta para la aplicación diaria de este ejercicio de aten-
ción. A lo que usualmente estamos expuestos como individuos
sociales, como personas, es a emociones caprichosas y a ligeras
preocupaciones, a malestares y decepciones leves, a dificultades
irrelevantes, a la frustración de deseos triviales, así como a los
pequeños placeres y satisfacciones de la vida cotidiana, a las dis-
tracciones de nuestros hábitos y a otros asuntos menores de ese
tipo. Nada de esto es un impedimento para la práctica de la
atención consciente.
Con la aplicación diaria de esta estrategia para tu plena reali-
zación personal, vas a poder descubrir con cuál de los aspec-
tos constitutivos de tu ser en la existencia estás más iden-
tificada/o, en cuál de las “habitaciones” de tu propia humani-
dad permanecés más tiempo, dónde reside tu yo-persona por lo
común, cuáles son tus condicionamientos más característicos.
El estado despierto
LA CASA INTERIOR
La vía de la atención
El dueño de casa, el habitante de la vivienda, es el ser, el per-
ceptor, la inteligencia consciente que percibe y experimenta lo
que ocurre en cada uno de los ambientes. El único lugar de la
casa en el que no sucede nada, en el que no hay fenómenos,
objetos ni eventos, es el pasillo, donde reinan el silencio y la
quietud. Y debido a que no hay otros estímulos perceptivos más
que su propia presencia, en ese punto el dueño o la dueña de
casa puede darse cuenta de su propio ser, de sí misma como
conciencia-testigo, como perceptor. Desde ahí también puede
observar los demás ambientes de la casa, sin entremezclarse de-
masiado con los acontecimientos, y en especial, sin olvidarse de
sí mismo como sujeto que percibe.
La práctica cotidiana de atención consciente, puede aportarte
un conocimiento esclarecedor sobre tus hábitos perceptivos y
sobre la índole de tu yo psicológico: tu construcción de identi-
dad, tu yo-persona. Por ejemplo, puede ocurrir que descubras
que durante la mayor parte de tu tiempo de vigilia, tu atención
permanece inmersa en los fenómenos e intereses del
cuerpo físico y de las relaciones personales, en tu yo-social,
lo cual equivaldría a que el habitante de la vivienda que usamos
como analogía se pasara el día en la sala de estar, ocupándose
de sus compromisos mundanos y de la satisfacción de sus sen-
tidos, plenamente apegado a la dimensión material de la exis-
tencia… y, en consecuencia, probablemente identificado con
este aspecto de su propio ser, con su cuerpo físico, sus logros y
sus posesiones.
O por el contrario, puede ocurrir que descubras que tu aten-
ción permanece casi todo el tiempo sumida en incesantes ac-
tividades de la mente, en interminables y apasionados monó-
logos internos, en cálculos, deducciones y conjeturas, en argu-
mentos y contraargumentos, o en recuerdos y en fantasías ab-
sorbentes, que se despliegan y se encadenan unas a otras al me-
El estado despierto
nor estímulo de la imaginación. Esto equivaldría a que la dueña
de casa de nuestra metáfora, pasara la mayor parte de su día
encerrada en la habitación del fondo, entregada a sus pensa-
mientos y creencias, aferrada a sus ideas, identificada con ellas,
conversando incesantemente consigo misma, viviendo una vida
mental.
Por otra parte, podrías descubrir que tus experiencias
emocionales ocupan una enorme porción de tu atención
diaria, y que tus sentimientos y estados de ánimo son los fenó-
menos más destacados y valiosos desde tu propia perspectiva.
Que todo lo que llega a tu vida y a tu campo de percepción se
mide en función de las sensaciones y emociones que provoca.
Que el dramatismo, el nerviosismo, la intensidad, las pasiones
tormentosas, incluso la exaltación en general: las explosiones de
entusiasmo y alegría, el afán por “experimentar”, por sentir, son
acontecimientos regulares en tu realidad. Que son, diríamos, un
modo de vivir. En la analogía de la casa, eso equivaldría a que
el habitante ocupara su día en la habitación del medio, abstraído
en sus esfuerzos por suprimir el sufrimiento y aumentar su di-
cha, apegado a la dimensión sentimental de la existencia, iden-
tificado con sus emociones y estados de ánimo, creyendo ser lo
que siente.
Otras personas, por el contrario, dirigen su atención casi
exclusivamente al plano exterior, al mundo externo, y se en-
tregan con una curiosidad hipnótica a la percepción de los acon-
tecimientos históricos, políticos o sociales, de la actualidad in-
formativa o de la vida de los demás. En suma, se dedican a ob-
servar los resultados ajenos, en diversos sentidos y áreas de in-
terés. En nuestra metáfora, eso equivaldría a que el propietario
de la vivienda pasara sus días absorto en las actividades de los
vecinos y transeúntes en la calle, a través de las ventanas de la
sala de estar.
La vía de la atención
Y también, desde luego, puede darse el caso más probable
de una atención cotidiana distribuida en todas esas dimensiones
de interés y experiencia para un ser humano. Sería el equivalente
de la propietaria de la vivienda ocupando alternativamente to-
dos los ambientes de su casa, recibiendo algunos invitados, e
informándose del estado del mundo y de las acciones ajenas me-
diante la conversación con sus semejantes y esporádicas miradas
a la calle.
Lo que sea que descubras sobre tus propios hábitos de aten-
ción y conciencia, tiene un importante valor potencial para el
autoconocimiento. La comprensión de la estructura de tu iden-
tidad humana, de tu yo-persona, de tu ego, puede facilitarse mu-
cho con estos ejercicios. La elucidación de tu identificación con
los aspectos transitorios y secundarios de tu propio ser, puede
volverse suficientemente clara con esta práctica diaria, y permi-
tirte reconocer la falsedad intrínseca de esa autoidentidad, su
construcción a base de hábitos, su trama hecha de ideas, pensa-
mientos y acciones recurrentes. La técnica consiste en per-
manecer todo lo posible consciente de sí mismo como tes-
tigo de lo que acontece, sin “coloraciones”, sin tendencias rí-
gidas, sin resistencias predeterminadas; sin opiniones personales
ni condicionamientos. De lo que acontece tanto a nivel externo
como interior; atento del ahora y del mundo, de las personas y
seres que nos rodean, así como de las sensaciones y posturas del
propio cuerpo; de las emociones, los pensamientos; y de cual-
quier otro fenómeno o aspecto que aparezca en el campo de
percepción.
Sin embargo, hay que evitar que la atención se compenetre
tanto en lo observado como para olvidar la propia situación
como observador, como pura conciencia que percibe y que se
da cuenta de lo que percibe. Y en particular, que se da cuenta
de su percepción consciente, de su propio ser. Se da cuenta de
El estado despierto
sí mismo de forma directa, espontánea, simplemente prestando
atención a la sensación de existir, a la certeza de ser, sin tener
que razonar o pensar al respecto. Es decir, para la práctica de
atención consciente necesitás permanecer vigilante del mo-
mento presente, del mundo externo y del interno, en atención
plena del ahora, pero sin “gastarte” en los objetos de percepción
toda la energía perceptiva que tengas disponible, destinando en
cambio una porción de la conciencia al recuerdo de tu propio
ser, a tu situación como testigo, como sujeto que percibe; a la
impresión de ser una “abertura” en la existencia, una “ventana”
de inteligencia viva y autoconsciente.
«Yo soy».
«Antes que nada sea… yo soy».
EL DESPERTAR DE LA CONCIENCIA
La vía de la atención
unas extensas vacaciones de verano. En el momento en que de-
jamos de reforzarlo…, en el instante en que abandonamos las
reparaciones y ampliaciones cotidianas que lo mantenían cre-
ciendo y en pie; cuando soltamos la identificación, y aun la ado-
ración que tenemos comúnmente con esa construcción transi-
toria y en realidad muy frágil, la naturaleza misma inicia su tarea
de reorganizar sus elementos constitutivos y de limpiar la playa.
Algo semejante ocurre con la identidad artificial cuando simple-
mente permanecemos atentos de las actividades de la mente, del
campo emocional, de la energía vital y del cuerpo, pero sin re-
forzarlas con ideas personales, sin intervenir… casi diríamos
“sin tocar nada”, percibiendo los acontecimientos internos o
externos desde el pasillo de la casa, en la situación de mero testigo,
de observador autoconsciente.
Podemos incluso dejar que el cuerpo físico actúe, podemos
“hacer lo que hay que hacer”, sin por ello sumergirnos ciega-
mente en las acciones, sin perder el recuerdo constante de sí. Se
trata de cultivar la conciencia de sí mismo, una nueva
identificación: la identidad real. Pero no como sujeto que
actúa, no como sujeto que siente o que piensa… sino como tes-
tigo neutral, como testigo puro, como perceptor de los pensa-
mientos, las emociones y los actos que tienen lugar en su campo
de percepción, con desapego creciente, con creciente acepta-
ción de lo que acontece y es. (Utilizamos el adjetivo «real» para
referirnos a nuestro aspecto irreductible; a lo que no puede eli-
minarse o cambiarse en nuestra íntima experiencia de ser; lo que
no depende de otros factores y existe por sí, y en sí mismo).
¿Está claro? Es una meta cotidiana muy difícil al principio,
no por causa de la meta en sí, que en realidad es muy simple,
sino debido a que en buena medida no queremos soltar nuestros
apegos psicofísicos… no deseamos abandonar nuestro “casti-
llito de arena”, nuestros “vicios”, nuestros hábitos de pensa-
El estado despierto
miento, sentimiento y conducta, nuestra identidad artificial. Y
resulta sin esfuerzo después, una vez que la autoconciencia se
fortalezca lo necesario y quede activa definitivamente, y haya-
mos desarrollado vigorosos lazos con nuestra identidad pro-
funda como ser.
Lo repetimos, porque es importante: la práctica diaria de
atención consciente, el esfuerzo cotidiano por permanecer
atento del ahora y de sí mismo como ser; el esmero en desarro-
llar un sentido de identidad más allá de los condicionamientos
instintivos y culturales, más allá de “la persona”, simplemente
como conciencia-testigo, como ser que es y que observa la exis-
tencia sin olvidarse de sí, es una meta muy difícil al principio,
porque muchas veces nos resistimos a dejar atrás lo conocido,
incluso si eso conocido nos perjudica y nos limita. Pero se trans-
forma en un estado sin esfuerzo después, en un nuevo y mara-
villoso hábito, en una manera de vivir realmente satisfactoria,
cuando la autoconciencia se desarrolla y se fortalece lo necesa-
rio, y permanece activa durante toda la jornada.
Este hecho, que podríamos llamar el «Despertar de la con-
ciencia» o «Despertar de la conciencia de sí», será un evento
asombroso en tu camino evolutivo, un grandioso logro, fuente
de muchísimas bendiciones, y representará un cambio extraor-
dinario en tu experiencia de vida. Entre muchos otros benefi-
cios, va a implicar un progreso crucial en tu proceso de madu-
ración personal, y por lo tanto, un avance definitivo en la erra-
dicación de tus tendencias mezquinas, desequilibradas y super-
fluas, propias de la inmadurez y la inconsciencia, así como en la
cesación de tu sufrimiento, de tus padecimientos psicológicos y
emocionales, típicos de la condición humana en la instancia de
identificación con la mente y el cuerpo.
La vía de la atención
Según nuestra investigación, suele ocurrir que la autocon-
ciencia queda encendida definitivamente solo cuando los indivi-
duos la validan como una prioridad indispensable en sus vidas,
y no aceptan más el estado dormido de la conciencia, con una
determinación cabal e indeclinable.
El estado despierto de la conciencia propicia la sabiduría, la
madurez, la compasión, la lucidez y la gratitud; una vigorosa
confianza; una profunda y constante paz interior; un dominio
pleno de la mente, de las emociones y de la voluntad… Eso es
libertad, el verdadero significado del Libre Albedrío. Es poder
real, una auténtica conquista de Sí, una inversión de energía que
realmente vale el esfuerzo. Representa la «primera cumbre», la
primera «cima» de la cordillera simbólica que nos separa de la
plena realización, de la Realización Absoluta. Es la primera gran
meta estable que podemos alcanzar como seres humanos en
nuestro camino de evolución individual; el despertar definitivo
de la conciencia de sí, que conlleva el final de la hipnosis y el
automatismo del ser, y el final de la indómita agitación de la
mente, el cuerpo y las emociones.
Esa meta es la cúspide del desarrollo personal, el punto
culminante de la madurez humana, y constituye el propósito úl-
timo del Coaching Integral como abordaje terapéutico y evolu-
tivo. Sin embargo, la meta en sí, el despertar estable y definitivo
de la autoconciencia, la consolidación del estado despierto,
puede demandar algunos años —e inclusive décadas— de insis-
tencia, hasta establecerse como el estado predominante de con-
ciencia diaria para ciertas personas.
Para otras será más fácil, y en un lapso relativamente breve
podrán notar enormes progresos en el apaciguamiento de la ac-
tividad mental involuntaria, así como en la estabilidad de su au-
toconciencia. Los resultados dependen de la seriedad del com-
promiso, de la intensidad y frecuencia de la práctica, y de las
El estado despierto
condiciones particulares de conciencia de cada practicante; es
decir, del nivel de mansedumbre o insurrección de su mente, y
de sus hábitos de atención. Pero el componente crucial del éxito
es el nivel del anhelo, la fuerza de la decisión, la firmeza y la
plenitud con las que se aborde este objetivo supremo.
PUNTOS DE APOYO
La vía de la atención
ce indomable. Por ejemplo, la parte de atrás de la cabeza, por
encima de la nuca, en la región del lóbulo occipital del cerebro.
✓ A ese punto de apoyo le llamamos «Rodete de samurái».
Consiste en llevar una parte de tu atención energética y muscu-
lar a ese punto, a la sensación de esa zona del cuerpo, o de cual-
quier otra que elijas, y hacer todas tus actividades manteniendo
siempre una secreta y constante vigilancia táctil del punto de
apoyo.
✓ Otra empuñadura de este tipo es el «Cetro», que es el ancla
de la espina dorsal. Es decir, para evitar las divagaciones men-
tales, podés mantener una parte de tu atención bien aferrada a
la sensación de tu columna vertebral, desde el coxis hasta la
nuca, o hasta la coronilla.
✓ La respiración es otro estupendo punto de apoyo, tanto en
el sentido de prestar atención al aire de la inhalación y exhala-
ción, como en la modalidad de vigilar las sensaciones que pro-
duce el paso del aire en la nariz y por encima del labio superior.
✓ En relación a esto último, hay una antigua práctica budista
de nombre «Su-soku-kan», que consiste en fijar la atención
precisamente ahí, en las sensaciones que provoca el aire entre la
punta de la nariz y el labio superior, contando las exhalaciones
en ciclos reiterativos de 1 a 10, sin confundir la cuenta ni extra-
viarse en los pensamientos. Si se pierde la cuenta, hay que volver
al 1. Cuando se logra maestría en ese primer nivel, se puede pa-
sar al segundo, que consiste en contar las exhalaciones en ciclos
repetitivos de 1 a 100. Y un tercer nivel de dominio sería cro-
nometrar un período de cinco o de diez minutos, por ejemplo,
de atención a la respiración sin contar, bien afirmado en el mo-
mento presente y en la noción de ser.
El estado despierto
Su-soku-kan es una práctica muy buena para desarrollar dis-
ciplina mental, poder de concentración, para calmarse, y para
utilizar en muchos momentos de actividad mecánica o sin acti-
vidad, como cuando limpiamos la casa, permanecemos en el
baño o esperamos en la fila del supermercado, que son las típi-
cas instancias en las que la actividad de la mente se vuelve locuaz
y divagante. Entonces, mientras se viaja en el transporte público
o se aguarda la llegada de una persona, por ejemplo, o mientras
nos cargan combustible en el auto, podemos comenzar cons-
cientemente: inhalando… y contar «uno» al exhalar; inhalar… y
contar «dos» al exhalar; y así hasta llegar a diez, bien atentos de
la cuenta y de las sensaciones en la nariz y el labio superior. Hay
que recomenzar de 1 a 10 tantas veces como dure el ejercicio.
El juego consiste en no divagar ni confundir la cuenta, y tiene
que abordarse así, como un juego, sin tensiones.
✓ El «Refugio del corazón» es otro punto de apoyo excelente,
y se aplica llevando la atención al centro del pecho, o fijándola
en la parte de atrás, entre los omóplatos. Esta ancla produce
sensaciones muy agradables inmediatamente, es realmente un
refugio, un remanso de paz y consuelo, un abrazo de amor que
uno mismo puede darse cuando quiera. Te aconsejamos perma-
necer todos los días algunos minutos en el refugio de tu cora-
zón, para comprobar el deleite que produce y volverlo un hábito
cotidiano.
✓ Otra buena empuñadura o manija para sujetar la atención, es
el entramado energético del cuerpo, la red de vida interior, que
podemos llamar «El cuerpo vital». Este punto de apoyo tam-
bién es fuente de una profunda serenidad, así como de gran bie-
nestar. Se puede trabajar en lograr permanecer atento del
«cuerpo vital» en diversos momentos del día, y especialmente
durante la interacción con otras personas. Este asentamiento de
La vía de la atención
la atención nos ayuda a sostener la conciencia de sí mismo en
medio de las actividades cotidianas y el trato con los demás.
✓ Y por último, mencionamos la «Estrella», que es el ancla del
entrecejo. La «Estrella» es un centro de atención muy impor-
tante y benéfico para la consolidación del estado despierto. Se
utiliza en particular con los ojos cerrados durante la meditación
formal o en cualquier otro momento de aquietamiento y des-
canso en el silencio interno, pero asimismo puede usarse con
los ojos abiertos, manteniendo vigilancia táctil del entrecejo, por
detrás y también por fuera de la piel. Si es con los ojos cerrados,
se puede enfocar la atención táctil y también visual, tratando de
percibir con la visión interna una esfera de luz en esa zona,
como una estrella radiante en el cielo nocturno.
Nombramos estos puntos de apoyo porque cada uno aporta
beneficios singulares además de servir como asiento para la
atención, pero te recomendamos elegir cualquier empuñadura que
a vos te sirva y guste, como los puntos de apoyo propiamente
dichos del cuerpo físico, por ejemplo, o su posición y postura,
etcétera. Lo importante es que los combines siempre con la
atención a tu propio ser, con la certeza de existir, de ser un tes-
tigo que se da cuenta de sí mismo y de lo que percibe.
En relación a la variedad de puntos de apoyo disponibles,
para fijar la atención en el sí mismo y activar la autoconciencia,
nosotros durante un buen tiempo nos servimos del lenguaje,
de una suerte de mantra que repetíamos interiormente, de
forma constante, día tras día: «Permanezco siempre despierto,
estoy siempre consciente de mí… Yo Soy». Probablemente no-
tes que tus necesidades en este sentido van cambiando a medida
que evolucione tu práctica.
El estado despierto
EL PROPIO SER
La vía de la atención
acontece y aparece en tu campo de percepción, sin olvidarte ja-
más de ser quien percibe, la conciencia-testigo, ni abstraerte por
completo en el pensamiento, el sentimiento o la acción. La pro-
puesta también implica, en consecuencia, dejar de identificarte
con la entidad psicofísica, con la persona (del latín «máscara de
actor», «personaje», «personalidad») que actúa, piensa y siente.
La «persona» es parte de tu ser en el mundo; el cuerpo y la mente
también son parte de tu ser. Sin embargo, se trata de aspectos
secundarios, de aspectos agregados, accesorios, dependientes de
la conciencia, que les da vida y los sustenta.
Es indispensable clarificar y discernir correctamente la iden-
tidad personal, y distinguirla de la conciencia en sí. La concien-
cia no es el resultado de una función del cerebro. La conciencia
preexiste, es anterior a la mente y a la materia, es independiente
de ellas, y se manifiesta a sí misma a través de la psique y el
cuerpo, no por causa de estos. Es el «usuario» detrás de la
computadora, no el programa de computación ni los circuitos
electrónicos. La mente y el cuerpo son vehículos para la con-
ciencia; medios de percepción y experimentación.
El ser detrás o por encima de la mente no es “el pensador”,
ni “el comentador”, ni “el intérprete”, que son representantes
típicos del yo-persona. Por lo general, no es ninguna de las vo-
ces que reflexionan o exhortan en el nivel del pensamiento. El
ser es el testigo, el observador… un foco de percepción pura;
una ventana de lucidez que se da cuenta de las actividades men-
tales, emocionales y físicas, así como de sí misma y del mundo
externo. Como conciencia-testigo, el ser no tiene conflictos. Es
libre en su posición, está más allá de los condicionamientos del
instinto y de la sociedad en la que se formó la entidad personal,
el yo-persona. La conciencia es libre de esas ataduras y tenden-
cias muchas veces nocivas, y está siempre en paz, sin caren-
cias, en íntimo gozo por el mero hecho de existir. Experi-
El estado despierto
menta una satisfacción tranquila y un sentimiento de seguridad
y de confraternidad por todo. Es el gran refugio del que dispo-
nemos contra los arrebatos del sufrimiento, las obsesiones, las
emociones virulentas y las contradicciones de la personalidad y
el mundo.
El propio ser por lo común está en silencio, satisfecho y en
paz. Habla muy poco; no piensa, no opina… Pero está vibrante
de vida. Es consciente y sabe. Se da cuenta. Ese es precisamente
su atributo fundamental. Entiende con agudeza lo que observa,
así como sus significados e implicancias. No a través del razo-
namiento y la deducción, sino de forma directa, inmediata, in-
tuitiva. Es inteligencia pura. No necesita del lenguaje para com-
prender lo que percibe, ni trata de intervenir o modificar nada
de lo que acontece. Simplemente lo atestigua. No obstante, tam-
poco se opone a lo que debe hacerse, y permite a la inteligencia
del cuerpo y de la mente ocuparse de lo que es preciso.
La meta que te proponemos implica una progresiva renuncia
a vivir en la hipnosis del pensamiento, del sentimiento o del
mundo externo, de las sensaciones y las apariencias (lo cual
puede parecerse en muchos sentidos al abandono de una adic-
ción…). Y adoptar, en cambio, tu identidad más estable, irre-
ductible, esencial: tu perspectiva interior como conciencia,
como inteligencia viva detrás de la mente y los órganos senso-
riales… adoptar, cultivar ese sentido de identidad, mediante
sucesivos y crecientes instantes de recuerdo de sí, hasta que
la autoconciencia se extienda a lo largo de casi toda tu jornada
diaria… y por último, quede activa definitivamente, ya sin es-
fuerzo de tu parte.
En realidad, el esfuerzo no tiene que ver con la conciencia,
que es tu auténtica identidad en la existencia y no puede per-
derse. El esfuerzo consiste, más bien, en evitar que reaparezca
continuamente la identidad personal, el yo-persona, la compul-
La vía de la atención
sión de pensar, sentir y hacer según determinados patrones,
como una densa niebla recurrente que invade la atención y
oculta la conciencia en sí, del mismo modo en que las nubes
ocultan el Sol pero no pueden hacerlo desaparecer.
Esta valiosa práctica de autoconciencia, sostenida por un
amplio margen de tiempo y aplicada con seriedad, con tesón,
pone en actividad un proceso natural, paulatino pero incesante
de purificación y armonización de los contenidos psicológicos
y emocionales de tu «persona», y de progresivo desarrollo de tu
capacidad de ser consciente en todas las instancias de tu expre-
sión humana; un proceso de creciente autoconciencia y lucidez.
Te aseguramos que los beneficios van a ser múltiples, abundan-
tes, y que la meta vale completamente el esfuerzo que implica.
Es un excelente negocio, un logro maravilloso de disolución del
sufrimiento y la inmadurez típicos de la condición humana. Es
un propósito de cultivo y realización de lo que realmente im-
porta, de lo que verdaderamente causa una diferencia en la ex-
periencia de vivir.
Una vez más te preguntamos: Ahora mismo, ¿estás cons-
ciente de tu propio ser? ¿O habías caído nuevamente en el
trance hipnótico de los estímulos sensoriales y el pensamiento,
en el olvido de sí?
Podés dejar que la siguiente pregunta cale profundamente en
tu percepción: ¿Quién se da cuenta de este instante en el Cos-
mos? Dejá que la respuesta llegue sin palabras, sin conceptos…
en forma de vivencia, de certeza íntima en el nivel de la con-
ciencia; como pura percepción. ¿Quién se da cuenta de este ins-
tante?
No permitas que la persona, el ego individual, la identidad
psicofísica, irrumpa en la mente y trate de apropiarse de este
momento de plena lucidez, de conciencia más allá de las pala-
bras, de comprensión directa. No confundas tu identidad
El estado despierto
profunda con los movimientos en la mente, con el diálogo
interior, con las opiniones y posturas condicionadas que surgen
mecánicamente en el campo de tu percepción; con los recuer-
dos, las fantasías o las preferencias. El testigo que contempla
este instante no tiene nombre, ni forma, ni pasado. No habla ni
calla. Simplemente existe y contempla. Simplemente atestigua y
es. Y es consciente de ser.
Te recomendamos que programes ya mismo una alarma
cíclica para iniciar tus prácticas. Así evitás la posibilidad de que
las resistencias internas te hagan olvidar completamente del
ejercicio una vez que finalice tu lectura. Ahora mismo, dale…
poné pausa y programá un recordatorio para dentro de una
hora. Podés utilizar algún temporizador de meditación o de
Reiki, por ejemplo, o una alarma vibratoria de tu reloj-pulsera.
Cuando suene el recordatorio, dentro de algunos minutos, vas
a poder constatar si permanecías consciente de tu propio ser o
si habías entrado en el estado dormido de la conciencia; en uno
de los frecuentes trances hipnóticos comunes en la mayoría de
las personas. Y sobre todo, vas a tener un apoyo importante
para restablecer tu autoconciencia, al menos por algunos segun-
dos. Cuando consigas activar la conciencia de tu propio ser to-
dos los días, aunque sea en períodos muy breves, vas a estar en
una situación excelente de progreso, en pleno camino hacia el
despertar definitivo de la «conciencia de sí».
Es una meta de extraordinario valor individual y colectivo,
un auténtico y poderoso acto de responsabilidad como ser en la
existencia. Podés transformarte en alguien libre de condiciona-
mientos instintivos, psicológicos y emocionales, libre de angus-
tia y mezquindad, realmente dueño de sí, una fuente de gran
ayuda para tus semejantes, radiante de la pura alegría de exis-
tir…, plenamente consciente y en paz. ¿No te parece que es una
La vía de la atención
manera perfecta de mejorar tu calidad de vida y, al mismo
tiempo, hacer un mundo mejor para todos?
Volvé a leer este capítulo tantas veces como necesites o quie-
ras, para comprender agudamente sus detalles y para motivarte.
¡Te deseamos todas las bendiciones y éxitos! Te dejamos una
última pregunta, para que la respondas sin lenguaje, con aten-
ción y percepción, en el nivel puro de la conciencia: ¿QUIÉN se
da cuenta de este instante?
El estado despierto
La vía de la atención
LA VÍA ENERGÉTICA
SAGRADO FUEGO INTERIOR
El estado despierto
lleva a identificarnos con aspectos secundarios o ilusorios de
nuestro ser: el yo psicológico en lugar del auténtico Yo, la con-
ciencia misma, el sujeto perceptor…, testigo inmutable detrás de
la mente y el cuerpo.
A través de la vía energética (de igual manera que mediante
los ejercicios de atención descritos en otro capítulo), se busca
desarrollar las condiciones internas para que la conciencia ubi-
cua del momento presente y, en especial, la «conciencia de ser
consciente», pueda aumentar hasta el punto de quedar encendida
y activa de modo continuo. Por lo tanto, necesariamente, a tra-
vés de sus prácticas de fuego interno los individuos atraviesan
un período de purificación, tanto de la trama energética como
de los patrones emocionales, de la mente y sus contenidos.
Para muchas personas, puede resultar un período extenso.
Esto se debe a que, por lo común, hay mucho que ordenar y
que transmutar en el campo vital, emocional y mental de los
seres humanos. Todo eso que ha llevado décadas de acumula-
ción, requiere muchas veces años de eliminación. Una vez que
las condiciones de purgación y “quema”, de purificación de esos
campos, ha llegado a determinado nivel de avance (no necesita
haberse completado), la conciencia de sí mismo logra quedar
activa de forma constante durante toda la jornada de vigilia (y
en algunos casos, inclusive al dormir). Esto significa que el in-
dividuo practicante no vuelve a olvidarse de sí mismo en el
trajín de su vida diaria, y —en una etapa cúlmine— su mente
abandona el pensamiento involuntario y divagante. De ese
modo, ya no es víctima de la hipnosis mental, de los “sueños
diurnos” y la turbulencia de los pensamientos, ni cae en errores
de identificación. Logra una clara distinción entre la idea (la no-
ción, no el pensamiento) de sí mismo, y su persona, el ego, la per-
sonalidad. También, discrimina con naturalidad entre el sujeto
consciente que es, y los estímulos y actos psicofísicos que regis-
La vía energética
tra su conciencia. Hay una separación, una distinción evidente
y firme entre esos factores constitutivos de su condición hu-
mana, de su ser en el mundo. Y el practicante se identifica ple-
namente con la conciencia perceptora de aquí en más, indepen-
diente de los medios relativos y dinámicos a través de los cuales
percibe: la mente y el cuerpo.
Así, abandona su identificación previa con la personalidad,
los pensamientos y las emociones; aunque, desde luego, esos
patrones y fenómenos continúan produciéndose en “sus
vehículos”, en su extensión humana, pero no conllevan confu-
sión alguna de identidad para el sujeto que los observa y ges-
tiona. Esta instancia se define en diversas tradiciones como el
primer grado de «iluminación espiritual». Y, desde la perspectiva
del Coaching Integral, representa la cúspide del desarrollo per-
sonal, la máxima expresión de madurez humana. Esto es, la di-
solución del sufrimiento causado por la identificación con los
aspectos ilusorios y cambiantes de sí.
El método que vamos a explicar a continuación es realmente
poderoso. Su práctica es muy agradable, y produce un bienestar
creciente. Pese a que los efectos y el propósito son equivalentes
en ambas estrategias o vías, el ejercicio de fuego interno re-
quiere una aplicación que puede reducirse a quince o
veinte minutos diarios (a diferencia de las prácticas de aten-
ción consciente, que deben prolongarse tanto como se pueda
durante la rutina cotidiana). Nosotros hemos confirmado su efi-
cacia a lo largo de varios años de aplicación: constatamos que
inicia un proceso de purificación mental, emocional y energé-
tica, y que produce un aumento del poder de conciencia. Sabe-
mos, además, que favorece el estado de iluminación menor, o pri-
mer grado de iluminación, que es la instancia en la cual la auto-
conciencia queda activa de forma permanente y la mente diva-
gante cesa.
El estado despierto
Los beneficios de dicho estado de conciencia son múltiples:
reconocimiento de sí mismo; una profunda y constante paz in-
terior; lucidez y un extraordinario poder de enfoque; armonía
física, energética, psicológica y emocional; sentimientos positi-
vos en plena expansión: compasión, amor, dignidad, confrater-
nidad, etcétera. Especialmente mediante la combinación de las
dos vías, puede alcanzarse ese punto de silencio interior estable,
en el cual la mente pensante —ya serena y subordinada— queda
a disposición del individuo, del sujeto consciente. Sin embargo,
es importante advertir que dicho objetivo supremo exige una
dedicación variable en los distintos practicantes, y en muchos
casos puede necesitarse una constancia prolongada, de algunos
años o décadas. La recompensa, no obstante, reditúa con creces.
1. Energizaciones: 3 a 5.
2. Respiración armonizadora o alternada: 12 repeticiones.
3. Declaración de aspiración (opcional).
4. Kriya-yoga: 12 (o más) kriyas.
5. Tantra-yoga: 12 (o más) contracciones o tantras.
6. Contemplación interna.
La vía energética
#1. Energizaciones
El estado despierto
Cada respiración inicia y finaliza por el orificio iz-
quierdo de la nariz. El proceso tiene que realizarse de modo
continuo, regular, fluido y consciente. Sirve para purificar partes
de nuestro organismo destinadas a la asimilación de la energía
vital, inteligente y nutritiva que tomamos del entorno a través
de la respiración, y además nos proporciona calma e incrementa
nuestra sensibilidad perceptiva.
Cuenta: Con la mano izquierda (opcional), utilizando el
dedo pulgar como señalador, se deben tocar las distintas falan-
ges de los restantes dedos por cada respiración iniciada, desde
abajo hacia arriba, comenzando por el índice y finalizando en la
falange superior del dedo meñique. Por caso, en la primera res-
piración armonizadora, el pulgar debe apoyarse en la falange de
la base del dedo índice; al iniciar la segunda respiración, el pulgar
debe desplazarse a la falange del medio… y así hasta completar
las doce repeticiones propuestas. (Algunas personas no tienen
suficiente elasticidad en sus manos para utilizar esta técnica de
cuenta, y deberán elegir otra más conveniente).
La vía energética
✓ «Amada inteligencia de la vida, entra en mí, habita en mí, ilumíname
con tu Gracia. Guíame dulcemente a la dicha suprema de mi esencia
divina».
✓ «Estoy al servicio del Bien y del Amor. Que la compasión, la sabiduría,
la paz y la salud me acompañen siempre, y que todos los seres seamos
felices y libres».
✓ «Yo soy un ser espiritual íntegro de pura y cristalina luz» (repetir tres
veces).
✓ «Yo superior, aspectos del Absoluto, amados protectores y guías, con-
dúzcanme desde la ignorancia a la sabiduría, desde el sufrimiento a la
dicha, desde la indiferencia y el olvido a la compasión y la paz. ¡Gracias,
gracias, gracias!».
✓ Pueden emplearse asimismo el Padre Nuestro, la fórmula de toma de
refugio budista, alguna otra oración predilecta, las afirmaciones de ca-
becera, etcétera.
El estado despierto
Postura: Puede realizarse en posición de loto, de medio loto,
o sentado en una silla apropiada. Es decir, una silla que permita
tener la espalda erguida, descansada, aplomada, con una cierta
curvatura de la cadera hacia atrás, con el torso reposando sobre
su propio peso de forma natural, no forzada. La respiración
debe llevarse a cabo siempre por nariz, con la boca cerrada y la
lengua adherida al paladar para completar el circuito bioeléc-
trico.
La vía energética
cuerpo en la silla de meditación o sobre un cojín, pero la espalda
debe quedar sin apoyo en el espaldar o en cualquier otro punto,
permitiendo que la energía fluya sin influencias ni obstruccio-
nes.
Inhalación: «El gato que ronronea». Debe hacerse por nariz,
succionando el aire desde la garganta o zona media y baja del
cuello, con sonido de ronroneo felino, de motor de combustión,
de pava eléctrica o de trueno.
No debe doler, raspar, irritar ni provocar ningún perjuicio en
la garganta o el cuello (aunque si hay flema, será necesario ex-
pulsarla carraspeando y tosiendo algunas veces, porque la flema
dificulta la correcta vibración del aparato fonador, y el carraspeo
y los tosidos sí pueden causar alguna irritación). A diferencia de
los ronquidos al dormir, que se producen en la cabeza, entre la
vía respiratoria de la nariz y el paladar blando, la vibración de
este kriya se genera en la laringe, en la zona media o baja del
cuello. La lengua debe permanecer adherida al paladar. El “ron-
roneo” tiene que sonar estable, regular, armonioso, fluido y se-
reno, siempre “vibrante” y no “arrastrado” o “rasposo”. Si el
sonido “se arrastra” y no vibra rítmicamente como un motor de
pistones, es posible que se deba a la flema. Hay que aclarar la
garganta en estos casos, e insistir. Si se continúa con el ejercicio,
se notará que la dificultad se resuelve en algunos minutos.
La acción tiene que repercutir en la espalda. El practicante
notará esa repercusión después de unos cuantos kriyas bien eje-
cutados, como una suave vibración o resonancia en la columna
vertebral durante las inhalaciones, así como (posiblemente) una
sensación de energía o calor en la zona. Cada inhalación debe
durar entre 10 y 20 segundos aproximadamente. La exhalación
puede ser un poco más breve que la inhalación, pero recomen-
damos que no dure menos de 10 segundos.
El estado despierto
Exhalación: «El viento que sopla». Se realiza sin vibrar, sino
más bien como se expulsa el aliento para empañar un espejo
(aunque por nariz, con la boca cerrada), imitando el sonido del
viento al desplazarse entre las copas de los árboles o sobre las
pasturas. La respiración debe ser abdominal, comprimiendo
suavemente el paso del aire en la garganta. Al inspirar, conviene
“pronunciar” interiormente (o más bien, modular, haciendo de
cuenta que se la pronuncia) la vocal «o» de manera sostenida,
acompañando el ingreso del aire. Y al exhalar, la vocal «i», ima-
ginando que el aire sale por el entrecejo.
Después de realizar algunas decenas de kriyas (durante una
misma sesión), la persona practicante debe notar un claro au-
mento de la carga energética en la espalda y, en general, en todo
el cuerpo. Esa carga se percibe como tensión, cierta rigidez del
torso, una abundante presencia o actividad energética (oleadas
de calor o frío, cosquilleo, vibración, presión táctil), sensación
de “haber ido hacia adentro” a nivel de conciencia, suavidad y
lentitud motriz, y una profunda y creciente calma interior y ex-
terna, pese a que algunas veces la mente puede continuar activa
en cierta medida. Este ejercicio produce sus efectos benéficos
principalmente en los cuerpos físico y vital en primera instancia,
y en estos las repercusiones suelen ser más notorias en los tiem-
pos iniciales de aplicación.
Cuenta: Utilizamos las falanges de los dedos de una mano
para llevar la cuenta de cada kriya (de preferencia la izquierda,
tocando las falanges con el pulgar), y con los dedos de la otra
mano llevamos la cuenta de los “ciclos” (de doce kriyas cada
uno) realizados.
El dedo pulgar de cada mano es el “señalador” de la cuenta.
Con la mano izquierda, llevamos la cuenta de cada kriya hecho.
Un kriya consiste en el proceso de inhalación (el gato que ronronea)
y exhalación (el viento que sopla). Cuando realizamos el primer
La vía energética
kriya, tocamos con el pulgar la falange base del dedo índice.
Cuando hacemos el segundo, tocamos la falange media, y la alta
cuando hacemos el tercero. Al llegar a la falange alta del dedo
meñique, la cuenta será de doce kriyas: es decir, un ciclo.
Cuando se completa el primer ciclo, debemos tocar con el
pulgar de la mano derecha el dedo índice (no por falanges, se
puede tocar el dedo en cualquier punto). Esto señala que ya
completamos un ciclo, e iniciamos el segundo. Cuando tocamos
el dedo meñique de la mano derecha, significa que hemos com-
pletado cuatro ciclos e iniciamos el quinto. Cinco ciclos com-
pletos son una ronda.
El estado despierto
y sin contacto con otros objetos. Puede haber contacto en la
zona del coxis, en las nalgas, donde reposa la mitad inferior del
cuerpo en la silla de meditación o sobre un cojín, pero la espalda
debe quedar sin apoyo en el espaldar o en cualquier otro punto,
permitiendo que la energía fluya sin influencias ni obstruccio-
nes.
Inhalación: Consiste en realizar una aspiración diafragmá-
tica (es decir, succionando el aire al retraer o bajar el diafragma,
produciendo un vacío que atrae el aire hacia la zona baja de los
pulmones), y contrayendo un poco la garganta como si fuera
una especie de peaje, de aduana, con el fin de que produzca un
paso más lento y friccionado del aire, generando un sonido pa-
recido al de la marea oceánica. Otro símil para esta técnica, es
la comparación con el modo habitual de empañar un vidrio con
el aliento, pero con la boca cerrada y el aire en sentido contrario,
inhalando.
Exhalación: Es idéntica a la empleada en la variante del
«gato y el viento», como si se tratase de empañar un espejo, aun-
que respirando por nariz, con la boca cerrada y la lengua adhe-
rida al paladar. Tanto al aspirar como en la espiración, la respi-
ración debe ser abdominal, comprimiendo suavemente el paso
del aire en la laringe. Al inspirar, conviene “pronunciar” inte-
riormente (o más bien, modular, haciendo de cuenta que se la
pronuncia) la vocal «o» de manera sostenida, acompañando el
ingreso del aire. Y al exhalar, la vocal «i», imaginando que el aire
sale por el entrecejo.
Cuenta: También idéntica a la utilizada en la otra variante de
kriya-yoga. Se usan las falanges de los dedos de una mano para
llevar la cuenta de cada kriya (preferentemente la izquierda, to-
cando las falanges con el pulgar), y con los dedos de la otra
La vía energética
mano hay que llevar la cuenta de los “ciclos” (de doce kriyas
cada uno) realizados.
El dedo pulgar de cada mano es el “señalador” de la cuenta.
Con la mano izquierda, llevamos la cuenta de cada kriya hecho.
Un kriya consiste en el proceso de inhalación y exhalación.
Cuando realizamos el primer kriya, tocamos con el pulgar la fa-
lange base del dedo índice. Cuando hacemos el segundo, toca-
mos la falange media, y la alta cuando hacemos el tercero. Al
llegar a la falange alta del dedo meñique, la cuenta será de doce
kriyas: es decir, un ciclo.
Cuando se completa el primer ciclo, debemos tocar con el
pulgar de la mano derecha el dedo índice (no por falanges, se
puede tocar el dedo en cualquier punto). Esto señala que ya
completamos un ciclo, e iniciamos el segundo. Cuando tocamos
el dedo meñique de la mano derecha, significa que hemos com-
pletado cuatro ciclos e iniciamos el quinto. Cinco ciclos com-
pletos son una ronda.
El estado despierto
y constante; por ejemplo, contando una contracción por cada
segundo de reloj, y la distensión al segundo siguiente. No es un
ejercicio de relajación. La práctica tiene que ser suficientemente
intensa para producir una notoria actividad ascendente de la
energía acumulada en la región del coxis.
Postura: Puede realizarse en posición de loto, de medio loto,
o sentado en una silla apropiada. Es decir, una silla que permita
tener la espalda erguida, descansada, aplomada, con una cierta
curvatura de la cadera hacia atrás, con el torso reposando sobre
su propio peso de forma natural, no forzada. La respiración
debe llevarse a cabo siempre por nariz, con la boca cerrada y la
lengua adherida al paladar para completar el circuito bioeléc-
trico.
La posición de la mitad superior del cuerpo tiene que ser
perfectamente erguida, desde el coxis hasta la coronilla. Es de-
cir, la espalda, el cuello y la cabeza tienen que estar en línea recta
y sin contacto con otros objetos. Puede haber contacto en la
zona del coxis, en las nalgas, donde reposa la mitad inferior del
cuerpo en la silla de meditación o sobre un cojín, pero la espalda
debe quedar sin apoyo en el espaldar o en cualquier otro punto,
permitiendo que la energía fluya sin influencias ni obstruccio-
nes.
Inhalación: «La palanca desciende y el
agua sube». Se inhala por nariz desde el
abdomen, a la vez que se contrae el ano
y se lo eleva un poco (sin mover ninguna
otra parte del cuerpo), y se visualiza que
un mecanismo semejante al de las anti-
guas bombas manuales de agua, utiliza-
das sobre todo en viviendas rurales, se
activa con el descenso de una palanca imaginaria situada en la
espalda. En esta metáfora, la palanca baja en el instante de la
La vía energética
inspiración y la contracción de los esfínteres, y la energía alojada
en la base de la columna vertebral y representada por el agua
subterránea, comienza a fluir en sentido ascendente a través de
la espina dorsal hasta la nuca, punto en el que se desvía hacia el
entrecejo. Los practicantes percibirán que, durante la contrac-
ción, los músculos genitales se desplazan un poco, pero la ac-
ción debe estar centrada en el ano y en línea vertical hacia la
columna. No debe tensarse ningún otro músculo o parte del
cuerpo.
Exhalación: «La palanca sube». Se exhala por nariz desde el
abdomen, distendiendo la contracción de los esfínteres e imagi-
nando que la palanca retorna a su posición inicial en la espalda.
En la visualización, el movimiento del agua simbólica a través
de la espina dorsal debe continuar su dirección ascendente, y
mantener esa tendencia a medida que se acciona la palanca, una
y otra vez, con cada contracción y ciclo respiratorio.
El proceso de inhalación-exhalación compone una contrac-
ción tántrica o, más sencillamente, un tantra. Debe durar dos o
tres segundos en total.
Cuenta: Se utilizan los dedos índice, mayor, anular y meñi-
que de la mano izquierda para llevar la cuenta de las contraccio-
nes tántricas, tocándolos con el pulgar. Se cuentan 4 contrac-
ciones o tantras por cada falange (doce tantras por cada dedo).
El dedo pulgar de cada mano es el “señalador” de la cuenta.
Con la mano izquierda, llevamos la cuenta de cada contracción
hecha. Un tantra consiste en el proceso de inhalación y exhala-
ción. Al realizar los primeros cuatro tantras, se debe tocar con
el pulgar la falange base del dedo índice. Con los próximos cua-
tro, hay que tocar la falange media, y la falange alta al hacer los
cuatro siguientes. Al llegar a la falange alta del dedo meñique, la
cuenta será de 48 tantras: es decir, un ciclo.
El estado despierto
Cuando se completa el primer ciclo, debemos tocar con el
pulgar de la mano derecha el dedo índice (no por falanges, se
puede tocar el dedo en cualquier punto). Esto señala que ya
completamos un ciclo, e iniciamos el segundo. Cuando tocamos
el dedo meñique de la mano derecha, significa que hemos com-
pletado cuatro ciclos e iniciamos el quinto. Cinco ciclos com-
pletos son una ronda.
La vía energética
nuca (en realidad, hasta el cuerpo pituitario, en el centro de la
cabeza), y en este punto tiene que desviarse hacia el entrecejo,
atravesando el cerebro. Esta misma predisposición o actitud
perceptiva debe continuarse en los primeros minutos de con-
templación interna, una vez concluido el ejercicio tántrico, aun-
que sin imaginación visual ni pensamientos, sino más bien con
el tacto, los ojos, la atención y la voluntad, conduciendo la ener-
gía más allá del entrecejo en un flujo sereno y constante. Hay
que lograr una clara sensación táctil, sin perder la conciencia de
sí como sujeto testigo. La lengua debe seguir adherida al paladar,
los párpados cerrados, y la mitad superior del cuerpo erguida y
quieta. El aspecto prioritario de la contemplación interna
es siempre la autoconciencia, la noción estable de ser cons-
ciente; y en segundo grado, la percepción del flujo energético.
En cierto punto, al cabo de algunos minutos de atenta con-
templación, debemos impulsar un cambio en la dirección del
fuego interno. El giro consiste en promover un recorrido lineal
de la energía, siguiendo la dirección de la columna vertebral
desde el coxis hasta la coronilla, sin desviarse hacia el entrecejo
como hasta entonces.
El estado despierto
Para llevar a cabo esta modificación, puede ser útil darse
unos golpecitos con los nudillos (o unas palmaditas) en la coro-
nilla, en la cima del cráneo, para tomar conciencia táctil de su
ubicación y orientar el fuego interno hacia ese punto, y más allá,
unos centímetros por encima de la cabeza. Esto es importante
para permitir que la energía se distribuya y se descongestione
adecuadamente. Se debe permanecer así algunos minutos, auto-
consciente y en silencio, percibiendo que la energía circula por
la espalda y atraviesa la coronilla, y se acumula más allá de los
límites del cuerpo físico (por ejemplo, en una esfera de luz, o en
alguna otra forma).
La vía energética
purificar los canales energéticos; seguidos de un ciclo de
kriya-yoga en cualquiera de sus dos variantes (12 kriyas). Por
último, 4 o 5 minutos de contemplación interna, con aten-
ción plena a las sensaciones energéticas y al hecho de ser
conscientes (autoconciencia o «conciencia de la conciencia»).
El estado despierto
Desde el primer mes del segundo año, una opción
válida sería realizar 3 energizaciones, 12 ciclos de la respira-
ción alternada, de 1 a 5 ciclos de Kriya Yoga en cualquiera
de sus dos variantes (12 a 60 kriyas), y de 1 a 5 ciclos de
Tantra (48 a 240 contracciones) por sesión de práctica, de
acuerdo con la tolerancia personal a las repercusiones ener-
géticas. Por último, unos cuantos minutos de contemplación
interna.
La vía energética
RESISTENCIAS, PURGACIONES Y DEFLAGRACIÓN
El estado despierto
tes a su dimensión personal y mundana: a su ego, ahora en pro-
gresiva y franca disolución. También pueden registrarse dolen-
cias físicas temporales como resultado de las acciones del fuego
interno, tales como cefaleas, congestión energética en ciertos
puntos del cuerpo, pinzamientos nerviosos o algunos dolores
musculares, etcétera.
Para mitigar estos efectos desagradables, se debe ajus-
tar la intensidad de las prácticas a un nivel adecuado para
cada organismo. Algunos practicantes descubren en sí mismos
una tolerancia alta al incremento del fuego interno, y una nece-
sidad de purificaciones relativamente baja. Otros, en cambio,
necesitan avanzar con más cautela. Es importante conocer esta
regla general: reduciendo la potencia de las prácticas (esto es,
el número de kriyas y tantras por jornada), disminuye la intensi-
dad de las purgaciones.
La deflagración es la espontánea quema y transmutación de los
contenidos inarmónicos que se produce a partir del trabajo con
el fuego interno. Estas mejoras ocurren de manera inconsciente,
y en diversos niveles: físico, mental, emocional y energético. El
practicante muchas veces se sorprende al descubrir que, simple-
mente, desaparecieron algunas predisposiciones inconvenientes
que solía tener, o que su capacidad de conciencia y su tolerancia
al fuego interno se han incrementado, o que cierto sentimiento
negativo se ha disipado y, en su lugar, hay compasión y con-
fianza, etcétera. Comparado con una hoguera, podríamos aso-
ciar las dificultades para encender la leña—por ejemplo, debido
al verdor y la humedad de la madera, o a la presencia de un
viento intenso, o a una incipiente llovizna—, con las resisten-
cias psicofísicas de un practicante de la vía energética; las pur-
gaciones estarían representadas por los residuos y efectos no-
torios del fuego —como el chisporroteo, el humo, las oleadas
de calor ardiente, la ceniza y el crujido de los leños—; y el sím-
La vía energética
bolo de la deflagración sería la transformación de la madera en
energía calórica, sutil, ascendente y limpia.
En síntesis, teniendo lo anterior en cuenta, podemos decir
que el arte de la «vía energética» consiste en regular adecuada-
mente —de acuerdo con las necesidades y preferencias particu-
lares— la intensidad de las practicas diarias con el fin de maxi-
mizar el nivel de contenidos inarmónicos resueltos mediante la
quema inconsciente y espontánea, y de reducir al mínimo las re-
sistencias y purgaciones. La norma de referencia es la siguiente:
a mayor intensidad cotidiana del fuego interno, mayor turbulen-
cia y poder de cambio experimenta el practicante. Por lo tanto,
gestionando un ritmo moderado de práctica, aplicando un nivel
prudente de intensidad, y extendiendo la constancia a lo largo
de un amplio margen de tiempo, se potencian los resultados be-
néficos. No obstante, no hay que exagerar en la reducción de la
intensidad ya que, para producirse, la deflagración necesita del
fuego encendido. Desarrollamos este punto a continuación.
EL FUEGO ENCENDIDO
El estado despierto
periodo de purificación, de ordenamiento, de adecuación del
organismo y sus rutas energéticas. Este proceso, por lo co-
mún, necesita de varios meses para completar el nivel mí-
nimo de capacidad física para soportar sin peligros el vol-
taje del fuego encendido.
Si se genera un nivel excesivo de fuego interno en un cuerpo
que todavía no ha preparado su “terreno” mediante dicha puri-
ficación, pueden producirse algunas lesiones nerviosas y mus-
culares. Yo mismo, por caso, sufrí un doloroso pinzamiento
vertebral después de un breve partido de básquet, el día si-
guiente de iniciar mis prácticas de fuego. Así que otra impor-
tante recomendación al atravesar ese periodo de acostumbra-
miento del sistema nervioso, es proceder con amabilidad, con
atención y cautela, evitando excesos y movimientos bruscos.
Por otra parte, después de cierto tiempo de prácticas mode-
radas, ya se puede y se debe incrementar el nivel de fuego hasta
que sus efectos sean notorios para el practicante. En cada sesión
de Kriya y Tantra, a partir de ese momento, el cuerpo debe que-
dar completamente saturado de energía. Es una experiencia her-
mosa e inconfundible: la pregunta «¿El fuego está encendido?» no
suele tener lugar cuando realmente está encendido. Se trata de
un fenómeno bioenergético total. En etapas avanzadas, con el
organismo purificado, los órganos y tejidos quedan impregna-
dos de energía, de vibración, de movimiento interno; los oídos
y ojos reportan percepciones delicadas y singulares; y el practi-
cante, el sujeto consciente, despierto y contemplativo, se per-
cibe como sumergido en múltiples capas de actividad. Es una
vivencia a la vez suave y potente. Por lo común, es sencillo notar
que se están produciendo cambios; que algo está pasando a nivel
sutil en el organismo gracias al trabajo del fuego.
Es importante que tengas la evidencia del fuego encendido todos
los días. De lo contrario, tu práctica energética avanzará a un
La vía energética
ritmo demasiado lento, como si trataras de cocinar la cena con
la llama de un fósforo. Se precisa una intensidad de calor deter-
minada para lograr buenos resultados. Esto significa que, más
allá de que se deba atravesar un periodo completo de adapta-
ción, de «preparación del terreno», practicando con moderación
y cautela, finalmente hay que incrementar el fuego, la potencia
del trabajo, hasta que pueda verificarse en la experiencia medi-
tativa. No tiene que ser algo que supongas que está teniendo
efecto; tenés que constatarlo, tenés que percibir el fuego en-
cendido: una suave actividad en todo el cuerpo, desde los pies
hasta la cabeza, la espalda, el pecho, los brazos, los oídos, los
ojos… todo el cuerpo tiene que estar saturado de actividad
energética, de electricidad, de vibración, de pulsaciones, de olea-
das calientes o frías; en ciertos casos, se producen incluso mo-
vimientos oscilantes o rotatorios. El fuego encendido debe no-
tarse, aun si tiene una expresión sutil; esa es la medida de veri-
ficación.
Sin embargo, debés tener en cuenta el hecho de que, cuanto
mayor sea la actividad energética que actives, mayor será
el grado de purificación de los contenidos emocionales y
psicológicos que se impulsará. Por eso es conveniente un
amplio periodo inicial de amable ejercitación, de intensidad leve,
para que la purgación vaya produciéndose poco a poco, de ma-
nera casi inconsciente. Tu trabajo con respecto a ese proceso
no es otro que mantenerte en observación, en una posición neu-
tral. Las sensaciones desagradables que puedas percibir son sim-
plemente algo yéndose. No es «algo nuevo» que aparece o que
llega. (Aparece a la luz de la conciencia; pero esos contenidos ya
estaban en la esfera de lo inconsciente, generando efectos en tu
realidad).
Desde la perspectiva de una practicante de la vía energética,
durante el extenso periodo evolutivo hasta alcanzar el último es-
El estado despierto
tadio del desarrollo personal: el despertar definitivo de la auto-
conciencia, debido al efecto purificador del fuego interno, es
natural que, de tanto en tanto, se vuelvan visibles diversos con-
tenidos indeseables, como memorias dolorosas, predisposi-
ciones inconvenientes, apegos y aversiones, etcétera, del campo
emocional y psicológico, por cierto lapso de tiempo a medida
que se eliminan. Es como si, en una computadora, estuvieras
borrando archivos viejos e inservibles, y de pronto, como parte
del proceso, aparecen en la pantalla y la computadora te pre-
gunta: “¿Desea eliminar estos contenidos?”. Algo semejante
ocurre con el proceso de purificación de contenidos inarmóni-
cos: se hacen evidentes a la conciencia por cierto tiempo, mien-
tras se purgan. Es importante que lo sepas, lo aceptes, lo recuer-
des y te adaptes.
Nosotros, por ejemplo, Carla y Maxi, a lo largo de varios
años de compromiso y constancia con las prácticas de fuego,
hemos atravesado etapas de un miedo intenso e inexplicable,
otras de desasosiego y tristeza…, algunas semanas enojosas y
reactivas, o de sensibilidad exacerbada, de emotividad y llanto,
etcétera. Pese a las contrariedades y la confusión potencial de
dichas fases de la purgación, el resultado ha sido muy positivo,
de mejoramiento general de los patrones de pensamiento, sen-
timiento y conducta, así como del poder de atención, conciencia
y discernimiento. Por tu parte, también vas a necesitar paciencia
y buena voluntad a lo largo de este período, que puede ser ex-
tenso, pero es indispensable para el desarrollo humano en mu-
chos niveles. A veces tendrás que soportar heroicamente algu-
nas dificultades y molestias. En cierto sentido, será como si es-
tuvieras quemando basura: mientras la basura desaparece, el am-
biente se llena de humo. Son solo residuos de algo que desapa-
rece… aunque, por supuesto, mientras tanto hay que aguantar
el humo.
La vía energética
Podrás reconocer fácilmente los signos de un exceso de
fuego interno observando sus efectos transitorios de malestar
físico o mental: dolor de cabeza o corporal, inquietud anímica,
emocionalidad exaltada (como miedo, ira, tristeza…), actividad
frenética del pensamiento, etcétera. En estos casos, se deben
suspender las prácticas de fuego y descansar por uno o dos
días. La comida, la actividad física, la descarga sexual, el sueño,
el desahogo emocional, el contacto con la naturaleza y con los
diversos elementos, también ayudan a disolver la congestión
energética y el malestar.
El arte de la vía energética consiste, entonces, en regular la
intensidad de las prácticas para obtener los beneficios de la de-
flagración y evitar sus excesos. El «fuego encendido» en cada se-
sión es una condición imprescindible para el progreso en esta
senda. Los practicantes deben ajustar su vigor en cada tramo del
camino, para estimular un grado de purificaciones adecuado en
cada caso, según las propias necesidades y preferencias. De
modo complementario, este sendero evolutivo puede acompa-
ñarse con sesiones regulares de coaching integral.
El estado despierto
duro, con la lengua elevada, ejerciendo una leve presión sobre
la cúpula de la boca. O por b) la posición de contacto pro-
fundo, con la lengua plegada hacia atrás y tocando con la punta
el paladar blando (situado detrás del duro), ejerciendo cierta pre-
sión en el tejido carnoso. Con atención, dedicando algunas se-
siones a la investigación de cada una de las posiciones linguales,
hay que determinar cuál facilita la circulación de la energía y ayuda a
enfocar la mente de mejor manera, según la experiencia de cada prac-
ticante. De ese modo, se podrá elegir una de las opciones para
integrarla a la propia rutina de meditación.
La dirección de los ojos también es importante, aunque la
técnica de meditación se efectúe con los párpados cerrados. De-
ben apuntar hacia el entrecejo, orientados hacia arriba de ma-
nera natural, sin tensiones. Esto promueve una actividad cere-
bral adecuada a los fines meditativos. Si se medita en un cuarto
luminoso, es mejor utilizar una venda o antifaz de descanso para
asegurar un aislamiento visual completo.
Los oídos, por otra parte, pueden ofrecer percepciones su-
tiles y profundas durante la meditación. Durante la fase de con-
templación, estos delicados sonidos que se captan en el estado
de absorción meditativa, lo mismo que los fulgores que a veces
capta el ojo cerrado en la región del entrecejo y las sensaciones
generales de la energía, son objetos de atención perfectos para
la vigilia del practicante. Para favorecer las percepciones auditi-
vas sutiles, pueden emplearse tapones insonoros para los oídos
(no confundir con los tapones impermeables, que aíslan el oído
del agua; los tapones insonoros suelen estar hechos de espuma
de baja densidad y se utilizan, por ejemplo, en ciertas industrias
para proteger del ruido a los obreros).
La vía energética
LA SECUENCIA TÉCNICA
El estado despierto
de meditar. Hemos notado que mejora la efectividad del ejerci-
cio.
4. El siguiente paso es la práctica de kriya-yoga, en
cualquiera de las dos variantes propuestas en este capítulo. En
la etapa inicial de la vía energética bastará con 12 kiyas por se-
sión, por ejemplo, de la técnica del «gato y el viento». En una
instancia avanzada, un practicante puede hacer 2 o 3 ciclos (esto
es, 24 o 36 kriyas), una ronda (5 ciclos o 60 kriyas), o más, según
su tolerancia al fuego interno y la estructura de su ejercitación.
5. Después de un momento de silencio y percepción cons-
ciente, se deben iniciar las contracciones tántricas, de
acuerdo con el programa indicado de prácticas. Un practicante
novato debe limitarse a 12 tantras por sesión a partir de su se-
gundo mes. En una instancia avanzada, pueden realizarse una o
dos rondas completas de tantra-yoga en cada jornada de prác-
tica, según la tolerancia de cada caminante.
6. El final de cada sesión debe destinarse a la contem-
plación interna de las sensaciones táctiles, visuales y auditivas,
así como a la conciencia de sí como sujeto consciente, como
testigo de la experiencia meditativa. La etapa de contemplación
interna es el verdadero momento de meditación, mientras que
los ejercicios previos desarrollan el poder de la conciencia y pu-
rifican el organismo, el campo emocional y la mente con el fin
de profundizar la paz, la quietud y el silencio interior.
La vía energética
EL SENDERO INTERIOR
El estado despierto
aportan una descripción valiosa de las fases que atraviesan los
practicantes de las dos vías:
El sendero interior
Segunda Etapa: Ser humano despierto
Una persona despierta es la que se acuerda de sí misma mien-
tras vive y actúa y, por lo tanto, es consciente de sí en la vida
cotidiana. Esto permite que se dé cuenta de que es, de su propio
ser.
El trayecto desde el estado dormido al estado despierto,
usualmente pasa por tres fases:
En la primera fase, como resultado de haber practicado
consistentemente las técnicas y meditaciones para el desarrollo
de la atención que colaboran con el logro del despertar, la per-
sona ocasionalmente despierta para, momentos después, volver
a quedar dormida.
En la segunda fase, como resultado de la prolongada prác-
tica de las técnicas y meditaciones para el desarrollo de la aten-
ción, la persona puede ya permanecer despierta una parte impor-
tante del día, aunque no sin dificultad.
En la tercera fase, el proceso culmina y el ser humano vive
ahora permanentemente y sin dificultad en estado despierto.
Es importante comprender que, cuando el ser humano ha
despertado plenamente, el pensamiento no dirigido desaparece
para siempre de su vida, pero no el pensamiento dirigido, pues
este puede ser utilizado cuando se necesite.
Una vez que, mediante el esfuerzo sostenido, el practicante
cultiva su facultad de atención y logra permanecer consciente de
sí mismo y de todo lo que le rodea durante la totalidad de su
tiempo de vigilia, ha alcanzado el estado despierto de la concien-
cia.
El estado despierto
penetración de la conciencia más allá de los límites psicofísicos
e individuales, le damos el nombre de «Conciencia de Ser».
Se trata del estado de profundo aquietamiento mental o au-
sencia de pensamientos al que llega con la práctica una persona
despierta. En ocasiones, en este estado, se tienen dos tipos de
experiencias adicionales que podríamos considerar de orden su-
perior: la vivencia de «unidad» y la de «eternidad». En la vivencia
de unidad se experimenta que uno es un solo ser con todo lo que
percibe a su alrededor. En la de eternidad, se experimenta que
uno es eterno y no puede dejar de ser».
LOS ASPIRANTES
El sendero interior
práctica, cada experiencia, cada desafío, el caminante se acerca
más a la verdad última, encontrando en el camino la plenitud y
la realización que trasciende todo entendimiento convencional.
ESTRATEGIA COMBINADA
DESEO Y VOLUNTAD
El estado despierto
dades existenciales de los practicantes. Esto se consigue, por un
lado, asignando una importancia suprema a dicha meta, y culti-
vando a conciencia los tres pilares de la voluntad:
✓ Argumentación: implica encontrar fundamentos convin-
centes para alcanzar la meta, que confirmen que eso que
pretendemos es factible y conveniente (pilar de la razón).
✓ Motivación: este aspecto de la voluntad exige que nos apo-
yemos y estimulemos con frecuencia, validando nuestro de-
seo, merecimiento y capacidad de lograr el objetivo (pilar de la
emoción).
✓ Decisión: y es preciso que tomemos la férrea decisión de hacer
lo necesario para realizar la meta (pilar de la intención).
Por otra parte, el contacto asiduo con otros practicantes, maes-
tros y textos espirituales, así como la siembra de condiciones
favorables a través de la conducta recta y la bondad, propician
la concentración de atención, intención y poder en este propó-
sito excelso.
El sendero interior
Actividad fenoménica. La indicación general respecto de la
multiplicidad de fenómenos y sensaciones (inusuales para otras
personas) que los peregrinos espirituales suelen captar, es con-
ferirles una condición de meros objetos perceptivos, sin seguir-
los ni comprometerse con esas manifestaciones dinámicas y
transitorias. Esto se logra adoptando una perspectiva de obser-
vación impersonal y neutra, percibiendo el acontecer sin opi-
niones ni preferencias, como un testigo silencioso y desapegado.
Lo importante, en este camino evolutivo, es la creciente estabi-
lidad de la autoconciencia, el acto sostenido de darse cuenta de
ser consciente, más allá de la variación de los contenidos inter-
nos y exteriores.
El estado despierto
Por ejemplo, se podría comenzar con un lapso de 30 segundos.
Durante el día 1, se pueden programar alarmas cada una o dos
horas, y forzarse a permanecer en estado despierto durante me-
dio minuto cada vez. Al día siguiente, los lapsos de autocon-
ciencia pueden subir a 45 segundos en cada aviso de la alarma,
y en la jornada siguiente a un minuto. De ese modo, es posible
avanzar de forma creciente hacia periodos más amplios de con-
ciencia despierta, entrenando la atención y la voluntad progre-
sivamente.
El sendero interior
✓ «Raya yoga». (Swami Vivekananda)
✓ «Subida del monte Carmelo». (San Juan de la Cruz)
✓ «Tao te ching». (Lao Tse)
✓ «Autobiografía de un yogui». (Paramahansa Yogananda)
✓ «Trascender los niveles de conciencia». (Dr. David R. Hawkins)
✓ «Despierta y ve quién eres». (Sri Sri Ravi Shankar)
✓ «El salto. El mapa del despertar espiritual». (Steve Taylor)
✓ «Perfecta brillante quietud. Más allá del yo individual». (David Carse)
✓ «La meditación paso a paso»; «Conócete a ti mismo como realmente eres».
(Dalai Lama)
✓ «14 lecciones sobre filosofía yogui y ocultismo oriental»; «Serie de lecciones
sobre Raja Yoga». (Yogui Ramacharaka)
El estado despierto
Llegados a esta página final, si el contenido te gustó y te
ayudó en alguna medida, te pedimos un favor muy importante
para nosotros y para el trascendente anhelo del despertar co-
lectivo de la humanidad: que califiques y reseñes este libro en
la plataforma digital de tu compra, y en cualquier otro medio de
difusión a tu alcance. Sería genial que lo hicieras ahora mismo,
para no olvidarlo.
¡Tu apoyo es muy valioso! Te agradecemos de todo corazón
ese gesto.
¡Bendiciones y éxitos!
Otros títulos de los autores:
Coaching Integral
Una visión holística del coaching
Manual de entrenadores
para el ejercicio profesional
y el autoconocimiento.
Un pastel de moras
para doña Carmela
Una deliciosa historia de
amor y crecimiento personal
Sinopsis: Un psicólogo en
crisis regresa a su pueblo na-
tal para atravesar el duelo de
su reciente separación, y co-
noce a una sabia mujer con
quien emprende un viaje in-
terior que cambiará su vida
para siempre.