El Cuarto Negro, llamado también Gabinete de Reflexiones, es un local pintado de negro,
alumbrado solamente por la débil llama de una vela, figurando una catacumba. En las
paredes hay inscripciones como:
"Medita bien el paso que vas a dar"
Este gabinete, con su ambiente tétrico, rodeado de símbolos de destrucción y de muerte y
sumido en la semioscuridad, tiene por objeto, por una parte, producir un impacto psicoló-
gico en el recipiendario que lo haga pensar en la temporalidad de la vida material y la
vanidad de las preocupaciones mundanas y, por otra parte, aislarlo, cerrando sus sentidos
a toda percepción del medio circundante, creando un ambiente adecuado para la
reflexión e iniciar por este medio el viaje en busca de la Luz Interior.
En este momento y en tales circunstancias, el recipiendario tiende a meditar sobre los
acontecimientos de su vida pasada, a revisar y valorar sus acciones, sus logros, sus
fracasos. Tiende a meditar sobre el significado de su existencia y la orientación de su
camino y, al través de la Reflexión, hace que madure su Alma.
Concuerda con la fórmula Hermética del "Vitriol" (Visita el interior de la tierra y
rectificando encontrarás la piedra escondida); entra al gabinete de reflexiones que
representa la Madre Tierra, sepulcro de los restos materiales, atanor de la obra de
transformación y fuente de nueva vida. El cuarto negro representa la agonía entre los
apetitos de la vida sensorial y los ideales del espíritu. El recipiendario, al cerrar sus ojos,
entra a su gabinete de reflexiones y enfrenta su realidad trascendente.
Se le regresa al estado de "Pureza Original" por medio del despojo de los Metales; ese
despojo lo libera simbólicamente de aquellos lazos que lo esclavizan y que, en un
determinado momento, impedirían su Progreso Espiritual y Mental: Prejuicios, Atavismos
y Fanatismo y así poder comprender que el oro y las riquezas son un medio y no un fin. El
estar medio vestidos nos induce a ser "sencillos" y aceptar a los demás como nuestros
iguales, porque tenemos el mismo origen y las mismas oportunidades de desarrollarnos
como seres humanos.
La Venda es el símbolo por excelencia de la ignorancia y, la Cuerda, de las ataduras en que
nos mantienen las preocupaciones y los prejuicios que no nos permiten desarrollarnos
armónicamente.
El ingreso al Gabinete de Reflexiones es, en realidad, el Primer Viaje que ejecuta y la
Primera Prueba a que se somete el Recipiendario durante su Iniciación y constituye la
"Prueba de la Tierra"
Encontramos dentro del Cuarto: una Mesa, un Ataúd, Huesos Humanos, Trigo, Pan, Agua,
Sal, Azufre, un Reloj de arena, un Gallo, una Vela encendida y un "Triangular "
¿Para qué estarán allí todas esas cosas? Creo que es la primera pregunta que nos
hacemos. Después, empezamos a observar y a reflexionar.
Entramos al Gabinete de Reflexiones que representa la Madre Tierra o el vientre de
nuestra madre, y allí nos sepultamos.
El Trigo que vemos sobre la Mesa representa al recipiendario que entra al gabinete de
reflexiones. Él es ese Trigo que, sepultado, germina; muere como semilla, mientras el
Germen de la futura planta renace como espiga y crece cargada de nuevas semillas.
Y así, el recipiendario muere para el mundo de las Tinieblas y de la Ignorancia, para
renacer en el mundo de la Verdad. Comparamos el Trigo con el Ser Humano, quien debe
saber concentrarse en sí mismo para hacer efectivos sus Valores Verdaderos, esos Valores
Eternos que son los Morales y Espirituales ya fortalecidos y que se encuentran en él, en
estado latente.
Nosotros debemos saber concentrarnos en nuestro Silencio, aislándonos de las influencias
exteriores; debemos aprender a despojarnos de nuestras imperfecciones, con el fin de
que el germen de esa nueva vida crezca y se manifieste para renacer a una nueva vida con
miras a una evolución espiritual.
El Pan representa el alimento básico que debe repartirse equitativamente para que
ningún H.'. carezca de él. Es el mismo trigo que se ha regado, cuidado, cosechado, molido,
amasado y horneado hasta convertirse en pan; así mismo, a los valores espirituales,
rescatados de lo profundo de nuestro ser, habrá que dedicarles cuidados, esfuerzo y
trabajo para convertirlos en obra realizada: el pan que se ofrece en bien de la humanidad.
El Agua es el factor de la germinación y de la reproducción, y la sustancia de purificación y
fuente de vida. El Pan y el Agua representan la sustancia cósmica.
El Reloj de Arena nos hace ver que el Tiempo puede ser nuestro mejor amigo o peor
enemigo.
Nos enseña que debe aprovecharse construyendo, pues si se pierde, jamás podremos
recuperarlo. Se coloca sobre la mesa, a la vista del recipiendario para recordarle que el
tiempo transcurre inexorablemente como los granitos de arena que caen sin cesar, hasta
agotarse. Todo tiene un término y es necesario aprovechar cada momento construyendo,
pues de otra manera, el tiempo habrá transcurrido inútilmente y, el Tiempo, QQ.. HH.., no
regresa. Está presente, como el reloj de arena en el cuarto de reflexiones, en todos los
actos de nuestra vida y rige todos los acontecimientos que suceden en el Universo. Exige
una sincronización perfecta, pues cuando falla, se produce ún cataclismo.
Aprendamos de la Naturaleza, procurando sincronizar todas nuestras actividades,
valorando cada instante de la Vida.
La Vela encendida simboliza la débil luz de la Sabiduría humana, que por grande que ésta
sea, resulta insignificante para descifrar los grandes misterios de la vida, comparada con la
brillantez y luminosidad de la Luz interior, la Gran Luz de la Iniciación o conocimiento de
nosotros mismos. También representa la Llama de la Fe y de la Esperanza que se
sintetizan en el Amor, pequeña cuando está aislada, pero que puede ser muy luminosa
cuando se comparte en la Unión Fraternal.
Representa también lo pequeña e insignificante que es nuestra vida para descifrar sus
misterios. Esa llama tan pequeñita que puede apagarse en cualquier momento, es, sin
embargo, tan grande si sabemos derramar el Amor y la Sabiduría en nuestros semejantes.
Nos hace reflexionar sobre lo efímero de nuestra vida y nos invita a alcanzar la luz del
conocimiento al que aspiramos.
El Gallo, simbolo de la Puntualidad, anuncia el Amanecer de nuestra Vida, el Despertar de
la Conciencia y la Precisión en nuestros Pensamientos, en nuestras Determinaciones, en
nuestras Palabras y en nuestras Acciones. También hace referencia al tiempo, enfatizando
la necesidad de precisión y de organización.
Ha sido el despertador de la humanidad, su canto anuncia el amanecer con toda precisión;
nos enseña, por lo tanto, que todo tiene su momento preciso, por eso, los trabajos
masónicos se inician al mediodía en punto y terminan a la media noche en punto,
indicando que todo tiene su hora precisa para ser, no puede darse ni antes ni después. Así
ocurren las cosas en la naturaleza, y, las personas, como parte de ella, también tienen su
momento exacto para nacer, para morir, para trabajar, para realizarse y para despertar a
una nueva vida.
El Gallo despierta nuestras Fuerzas dormidas y nuestra Inteligencia a las Verdades
Iniciáticas. Con su canto, anuncia el término de la noche y el resurgir del día, el triunfo de
la Luz sobre las Tinieblas. Tanto el Gallo como el Cuarto de Reflexiones representan el
Mercurio, por eso, no lo vemos expuesto sobre la mesa.
Sal y Azufre son los dos aspectos de la Energía Universal.
La Sal representa la manifestación física que es la fuerza creadora que le dio origen y le
permite expresarse en forma visible y tangible. Así, la sal simboliza todo lo creado: la
materia, la naturaleza, el mineral, el vegetal, el animal y el Hombre en su manifestación
física. Es el Instinto que es la Materia Prima de nuestro carácter, el que se transforma en
sabiduría si sabemos Reflexionar y Razonar. Es el Fruto del Esfuerzo, es la Manifestación o
Cristalización. Corresponde, por lo tanto, a "la piedra bruta" sobre la que habrá de
realizarse la Gran Obra.
Alquímicamente, y en sentido simbólico, es un producto neutro, estático, resultante de la
combinación del principio activo, masculino y solar (azufre) y del principio pasivo,
femenino, lunar (mercurio) que, al conjugarse para interactuar, se manifiestan con formas
variadas en la tierra, que nutre su existencia.
El Azufre representa el Fuego y la Pasión que animan al Ser Humano, pero que,
controlados por la Voluntad, se transforman en las Aspiraciones de los Ideales más bellos.
La presencia del azufre y la sal, en el cuarto de Reflexiones, tiene por objeto hacer notar
que el ser humano es algo más que su manifestación corpórea (la sal); que el azufre es
Fuerza generadora que originalmente dio forma a su cuerpo y, a través de él se
manifiesta, es decir, la fuerza atrapada en el cuerpo que puede elevarse para permitirle su
superación. Esta es la Fuerza del espíritu, es la idea en acción que determina la forma y le
da movimiento.
El ataúd, además de contribuir a crear ese terrorífico ambiente, representa el cuerpo físico
que aprisiona el espíritu y que, efectivamente, se convierte en su tumba y morirá si no le
permitimos que aflore y viva. Y, ¡qué triste es permitir que esto ocurra!
Esos objetos, como el ataúd, los restos humanos, el ambiente de catacumba de este
cuarto, no implican que exista una fijación con la idea de la muerte o que en la Masonería
se el rinda culto, porque, precisamente, es lo contrario. La Masonería rinde culto a la Vida
como obra del G'. A.'. D.'. U.'. La muerte que allí se representa no es la muerte material, es
la muerte de los vicios, de la ignorancia, de los prejuicios que esclavizan al Ser Humano.
Después de haber observado y reflexionado, nos preparamos para la transformación. El
hecho de permanecer en el Cuarto de Reflexiones nos indica nuestra Muerte simbólica y
nuestro Renacimiento a una nueva vida. Deberemos, entonces, prepararnos para esa
transformación y para afrontar la vida a la cual vamos a renacer. Haremos un Testamento
Iniciático, en el cual reconoceremos nuestros Deberes hacia un Principio Creador Único y
hacia sus Expresiones.
Se le llama Triangular porque las preguntas están contenidas dentro de un Triángulo
Equilátero, cuyo simbolismo se explicará mas adelante y porque son tres las preguntas
relativas a los deberes.
Esas preguntas se refieren a los deberes que el Hombre tiene para con Dios, con sus
semejantes y para consigo.
Al contestar estas preguntas, el Recipiendario se ve forzado a tomar conciencia de sus
valores. Las respuestas dependerán en gran medida de esos valores y de los propósitos
que en ese momento se haga como consecuencia de su reflexión sobre ese punto y de la
identificación de sí mismo. Constituyen, por lo tanto, la expresión de sus propósitos o tes-
tamento iniciático que fundamenta el comienzo de su nueva vida espiritual.
Deberemos establecer una Relación con nuestra Conciencia, una relación íntima, sin nexos
con creencia alguna que pudiera afectarnos en un determinado momento. Veremos, así,
que nuestra vida exterior está muy ligada a la interior y podremos Dominarla, Construirla
y Discernir cuáles son los tres Deberes de que nos habla el Triangular.
Si tanto nuestros semejantes como nosotros formamos parte de la Creación, sabremos
que somos Manifestaciones del trincipio Único, estableceremos relación con ese Principio
Único y la proyectaremos a los demás; conoceremos, así, nuestro Potencial y podremos
dirigirlo constructivamente.
Sabremos que nuestros tres Deberes serán siempre los mismos.
Esos Deberes que, sin presión de ninguna especie nos imponemos, nos harán dignos de
gozar de los Derechos que merecidamente, nos corresponden si hemos cumplido con los
primeros.
Los tres elementos (Azufre, Mercurio y Sal) corresponden los Tres Principios Alquímicos y
nos hablan de los Deberes u Obligaciones Morales que nos hemos impuesto y avalamos
con nuestra firma.
Hemos visto que el Azufre es la Energía Expansiva que parte del Centro de todo Ser; es
Fuerza Centrífuga. Por lo tanto, el Azufre nos dice que llevamos en nosotros a Dios y que
de Él emanan la Razón, la Inteligencia y la Intuición. Oswald Wirth escribe, en su Libro del
Aprendiz, que "Dios es el Ideal que el Hombre lleva en sí mismo y la concepción de lo
Verdadero, lo Justo y lo Bello".
Dios, es en sí, La Verdad, La Justicia y La Belleza, por lo tanto, es el Guía Supremo de
nuestras acciones, el Supremo Arquitecto que dirige la Construcción tanto de nuestro Ser
Moral como del Edificio Social. "ÉL ES NUESTRO PRINCIPIO PENSANTE". Para con Él es
nuestro Primer Deber.
El Segundo de nuestros Deberes es para con nuestros semejantes y nos lo indica el
Mercurio. Éste es la Fuerza Centrípeta que penetra todas las cosas y viene del exterior. Por
eso, representa el medio en que nos movemos y vivimos.
Azufre y Mercurio se equilibran en la Sal que es el Principio de Cristalización.
El Tercero de nuestros Deberes es para con nosotros mismos y nos lo enseña la Sal, que
representa la Esencia de nuestra Personalidad.
Ésta es la esencia de la Iniciación y exige, por lo tanto, un esfuerzo de reflexión profunda
cuyos resultados serán los cimientos para la construcción de su Gran Obra.
La iniciación resultará meramente simbólica si no se logra penetrar profundamente y
hacer conciencia de nuestros deberes, porque ella representa la identificación de nuestro
ser o conocimiento ontológico de nosotros mismos, base fundamental en la que
descansan nuestros juicios, nuestra moral, nuestros puntos de vista y, por lo tanto, de
donde se deriva nuestro pensamiento.
El Testamento Iniciático es el conjunto de Deberes que nos vamos a legar, es decir, la
conducta que debemos seguir en nuestro Nuevo Nacimiento.