La Casa de Bernarda Alba” de Federico García Lorca:
La opresión en La Casa de Bernarda Alba
Federico García Lorca, uno de los grandes exponentes de la literatura española, escribió La Casa
de Bernarda Alba como una tragedia que desnuda las tensiones sociales, familiares y de género
que predominaban en la España rural de principios del siglo XX. En esta obra, la opresión, tanto
social como emocional, se convierte en el eje central que articula las relaciones entre los
personajes y el desarrollo de la trama. A través de la figura de Bernarda Alba y sus hijas, Lorca
plantea una crítica profunda a las normas patriarcales y al papel de la mujer en una sociedad
cerrada y represiva.
La trama comienza con la muerte del esposo de Bernarda y la imposición de un luto riguroso de
ocho años para sus hijas. Este luto no solo simboliza el duelo por el fallecido, sino también la
prisión emocional y física en la que Bernarda encierra a sus hijas. Desde el inicio, la protagonista
ejerce un control absoluto sobre su hogar, consolidando su autoridad con frases como “Aquí se
hace lo que yo mando”. La casa, con sus muros blancos, representa un espacio de aislamiento
que sofoca los deseos y anhelos de las mujeres que habitan en ella. Es, además, una metáfora de
la sociedad que asfixia a quienes no se ajustan a sus normas.
Cada hija de Bernarda encarna diferentes aspectos de esta opresión. Angustias, la mayor,
representa la esperanza de escapar mediante el matrimonio con Pepe el Romano, pero esta
esperanza se ve empañada por la envidia y la tensión entre sus hermanas. Adela, la más joven,
simboliza la rebeldía y el deseo de libertad. Su romance clandestino con Pepe el Romano y su
enfrentamiento con las normas de su madre culminan en una tragedia que evidencia el costo de
desafiar las convenciones sociales.
El personaje de Bernarda no es solo una madre autoritaria; es también un reflejo de las
estructuras de poder que perpetúan la represión. Lorca utiliza su figura para criticar cómo las
normas patriarcales son perpetuadas, en muchas ocasiones, por las propias mujeres. Bernarda
no solo reprime a sus hijas, sino que también juzga severamente a otras mujeres del pueblo,
reforzando los valores que la misma sociedad le ha impuesto. Esta dinámica resalta el papel de
las mujeres como tanto víctimas como agentes de opresión en un sistema patriarcal.
En términos estéticos, Lorca recurre al simbolismo para enriquecer la obra. El color blanco de la
casa contrasta con la oscuridad emocional que domina a los personajes, mientras que el bastón
de Bernarda simboliza su poder y control. La aparición del caballo garañón, una figura masculina
cargada de deseo sexual, refuerza la idea de la represión de los impulsos naturales en una
sociedad que privilegia la apariencia sobre la autenticidad.
En conclusión, La Casa de Bernarda Alba es una obra que trasciende su contexto histórico y sigue
siendo relevante en la actualidad. La opresión, el control social y la lucha por la libertad son temas
universales que resuenan en todas las épocas. Lorca no solo expone la tragedia de un grupo de
mujeres atrapadas en un sistema opresivo, sino que también invita al espectador a reflexionar
sobre las estructuras que perpetúan estas dinámicas. A través de su poderosa narrativa y sus
personajes complejos, Lorca nos muestra que la verdadera tragedia no reside solo en los actos de
los personajes, sino en la sociedad que los condiciona.