Desarrollo e Innovación de
Instituciones Educativas
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EVALUACIÓN Y CALIDAD DE LAS
INSTITUCIONES EDUCATIVAS
Unidad 1. Evaluación de las
instituciones educativas.
Unidad 1. Evaluación de las instituciones educativas.
Evaluación de las instituciones
educativas.
Definición e importancia de la evaluación de las instituciones
En la actualidad, una de las demandas y preocupaciones que mayor peso tienen
en las instituciones, son aquellas que se relacionan con la calidad educativa,
puesto que existen hoy por hoy demasiadas instituciones.
El reto ya no consiste en obtener un lugar en este ‘mercado’ educativo, sino
permanecer en él con las mejores herramientas, los mejores colaboradores y
servicios; en este sentido, con la intención de generar y presentar a la sociedad
una institución educativa que cuente con lo necesario y que sea ‘mejor’ que las
demás.
Desde esta perspectiva, se hizo necesario desde hace ya varios años, plantear y
presentar una evaluación adecuada para las instituciones educativas en las que
se integraran las ideas que pudieran mostrar las carencias, pero también las
fortalezas de las instituciones, para que así se pudieran generar mejoras.
No es posible avanzar hacia la calidad, si de inicio no se tiene una clara visión
acerca de dónde estamos y hacia dónde queremos ir; eso se consigue con base
en los resultados que puede arrojar la evaluación.
Ahora bien, no siempre resulta sencillo definir a la evaluación, primero, porque
es un término que ha evolucionado y avanzado conforme los años en los que se
ha empleado, y segundo, porque en diversas ocasiones suele emplearse según
convenga a los que utilizan el término.
Por ejemplo, como parte de las labores docentes, la evaluación se ha emplea-
do por mucho tiempo como sinónimo de calificación, y en algunas ocasiones se
entiende como el impulso y seguimiento para el logro de los objetivos. Entonces,
existen diversas formas de entenderla y, por lo tanto, de integrarla al trabajo que
se está generando.
En este caso, para los objetivos de este material, y porque finalmente representa
una forma mucho más ‘completa’ de entender el término, se puede definir a la
evaluación como:
“Un proceso sistemático, intencional y contextualizado que tiene como finalidad
recoger información relevante y válida para emitir juicios de valor, informar y
tomar decisiones. Implica valorar las distintas áreas que conforman una institu-
ción” (Tafur, 2013, p. 11).
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Unidad 1. Evaluación de las instituciones educativas.
Tal como lo indica la autora, la evaluación no es simplemente la asignación o
determinación acerca de las condiciones en las que una institución se encuentra,
sino que es básicamente el fundamento para la toma de decisiones, con relación
a las áreas que conforman una institución.
Aunque ahora mismo podría ya ser evidente la importancia de la evaluación para
las instituciones, no está de más aclarar que su relevancia radica principalmente
en su uso; esto es, la evaluación se emplea para valorar las áreas de las insti-
tuciones, no para señalar, sino más bien para que con base en aquello que se
encuentre, se puedan generar los ajustes y las mejoras para alcanzar lo que ya
se mencionaba al inicio, que es la calidad educativa.
[…] los resultados del proceso constituyen puntos de partida para la plani-
ficación de los cambios correspondientes; por ello la evaluación adquiere
su valor como una herramienta de conocimiento objetivo de una realidad,
desterrándose así la idea errada de que tiene un fin en sí misma (Tafur,
2013, p. 12).
La evaluación de las instituciones educativas ha alcanzado tal importancia y es
tan necesaria que, en la actualidad, la mayoría de las escuelas o instituciones que
se niega al proceso o que lo realiza de forma poco objetiva y clara, se encuentra
en los espacios menos privilegiados o reconocidos del mercado.
La evaluación interna. La autoevaluación
Como ya ha sido aclarado de manera previa, en general la evaluación se integra
como un proceso importante y necesario dentro de las instituciones educativas
en pro de la mejora de sus diferentes actividades y áreas, de ahí que sea nece-
sario identificar a la evaluación justamente con cada una de las áreas, elementos
y situaciones que se generan y se integran en las instituciones.
En su mayoría, existen procesos y elementos que son ‘exclusivos’, por llamarlos
de algún modo, de las instituciones; dicho de otro modo, si es verdad que todas
las instituciones tienen y han de generar procesos administrativos, cada una de
manera particular los trabaja y establece como más conviene a la propia institu-
ción. En este sentido, hablamos de los procesos de tipo más bien interno.
Así, entendemos que las instituciones, en su mayoría, tienen algunos otros proce-
sos que son de orden externo; entonces, la evaluación de las instituciones educa-
tivas, puede generarse de manera interna y externa. La forma en cómo cada una
de ellas se genera y se establece, así como los elementos que las conforman, se
van a indicar en los siguientes apartados.
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Unidad 1. Evaluación de las instituciones educativas.
Definición
La evaluación interna o autoevaluación, como algunos autores la señalan, es el
proceso mediante el cual los elementos que se integran como parte de la institu-
ción son reconocidos y ‘llamados’ para identificar las áreas de oportunidad y para
que se trabaje en pro de las mejoras.
Este tipo de evaluación se distingue justamente porque es una evaluación que se
genera a los protagonistas más importantes del proceso de enseñanza-aprendi-
zaje que se da en la institución. Incluso algunos autores indican que este tipo de
evaluación se debe promover desde los resultados en cuestiones de titulación.
Los puntos más importantes que busca valorar esta evaluación remiten a la
relación y coherencia que existe entre los sujetos que forman parte del proceso
de enseñanza-aprendizaje y los principios, así como elementos básicos, de la
educación y lo que la institución representa.
De esta manera, con base en sus resultados, se puede señalar aquello que ‘no
encaja’ o que podría estar impidiendo el avance de la institución hacia la calidad;
por ello se genera dentro de la misma institución, teniendo como principales
actores a los docentes, pero también a los directivos.
El desarrollo de la autoevaluación en la institución permite llegar al conoci-
miento de aspectos que muchas veces no son tan fáciles de detectar median-
te procedimientos externos; pero este proceso requiere un estilo diferente
de gestión que favorece el establecimiento de un clima de reflexión y de
análisis, de confianza entre los equipos docentes, estimulando el trabajo en
equipo superando las tendencias individualistas y el aislamiento funcional
de los distintos sectores educativos (Centurión, s.f., p. 24).
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Unidad 1. Evaluación de las instituciones educativas.
En la actualidad, uno de los procesos que más se lleva a cabo en la mayoría de
las instituciones, atendiendo a sus propias necesidades y de acuerdo con cada
institución es justamente este tipo de autoevaluación, ya que como parte de las
reformas actuales, la calidad es un tema que debe prevalecer en las institucio-
nes y la mejor forma de asegurar esta característica es procurando la coherencia
entre el trabajo dentro de las aulas, así como los procesos internos, en conjunto
con las bases educativas de cada institución.
Evaluación de la práctica docente
La evaluación de la práctica docente se identifica como uno de los elementos
relevantes para determinar la situación interna de las instituciones, debido a
que entre los propósitos más importantes por los que una institución educativa
se constituye, por no decir el más importante, es justamente la generación del
proceso de enseñanza-aprendizaje.
Con ello, los aprendizajes de los sujetos, y parte importante de dicho proceso,
son los docentes. Es con base en su desempeño, labor y práctica, que se puede
asegurar gran parte del aprendizaje, y en otro sentido, son los mismos alumnos
los que generan su aprendizaje.
Ahora bien, la idea de evaluar dicha práctica significa una posibilidad de mejorar,
aumentar o mantener la calidad de las instituciones, y si bien hasta hace algunos
años este proceso no era del todo obligado, sí era un proceso que se generaba
en la mayoría de las instituciones, cada una estableciendo sus propios criterios
para evaluar el trabajo de sus docentes.
Cabe recordar que, más allá de asignar una calificación o determinar un número
para saber cómo se desempeña el docente, el valor de la evaluación de su prác-
tica radica en la posibilidad de identificar sus áreas de oportunidad y mejorarlas,
de ahí también que un buen proceso de evaluación de la práctica docente, deba
hacerse en tiempo y forma y con su respectiva retroalimentación.
De acuerdo con las últimas reformas de educación en México, se apunta a la nece-
sidad de evaluar cada determinado tiempo el desempeño docente, principalmente
para asegurar el cumplimiento adecuado del proceso de enseñanza-aprendizaje,
desde una serie de indicadores o elementos que aportan resultados indispensa-
bles para la mejora del trabajo docente y tratar de mantener o continuar con la
calidad educativa.
Si bien es cierto que la evaluación ya se realizaba anteriormente, una de las
razones que obligaron a los cambios en cuanto a indicadores y tiempos, fue que
precisamente el proceso que se generaba previamente, se integraba principal-
mente con los resultados de los alumnos, sin embargo, se descubrió que existen
muchos factores por los que ese tipo de evaluación puede verse afectado, así
que se implementaron otros procedimientos y elementos para la evaluación de
la práctica docente.
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Unidad 1. Evaluación de las instituciones educativas.
Con base en lo anterior, se identifica el proceso en diversas formas o etapas en
las que los docentes han de mostrar sus habilidades, desde el inicio de su entra-
da a los sectores educativos, hasta el momento en que su práctica se realice de
manera más general en las aulas.
De esta manera, es importante señalar que este proceso de evaluación se vive
así en la mayoría de las instituciones públicas hasta el nivel medio superior; esto,
debido a que cada institución privada y de tipo superior tiene sus propios criterios
y procesos para evaluar la práctica docente.
En general, se puede identificar al menos tres ‘momentos’ para la evaluación
de la práctica docente; esto, de acuerdo con los datos que señala el Instituto
Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) en México.
Dichos momentos refieren al ingreso, la promoción y la permanencia, aunque
para los fines de este material la atención se centrará en lo que refiere principal-
mente a la permanencia, puesto que es aquí donde se va generando la práctica
docente, como parte de los elementos que pueden contribuir para evaluar inter-
namente la situación de cualquier institución educativa.
Entre las ideas que se consideran de prioridad para la evaluación de la práctica
docente, se encuentran tanto los conocimientos en la disciplina en la que se es
‘especialista’, como aquellos que refieren a lo didáctico y curricular. También se
tienen en cuenta los elementos respecto a la práctica profesional, así como los
contextos en los que se desarrolla.
Los encargados de realizar la evaluación son los propios directivos, pero también
aquellos sujetos que se hayan preparado para tal fin, mismos que pueden ser
compañeros jubilados o docentes en activo.
La evaluación se genera en cuatro etapas; la primera se relaciona con una encuesta
a los directivos de las escuelas, con relación principalmente al trabajo de tipo ‘admi-
nistrativo’ que realiza un docente. Esto es, sus planeaciones, secuencias, etcétera.
La siguiente se relaciona directamente con el trabajo que se genera dentro del
aula; en ella se identifican las observaciones que surgen del trabajo que realizan
los propios alumnos.
La tercera etapa se identifica como la de evaluación con examen, ya que en ella
se genera exactamente un examen en el que se evidencian los conocimientos
respecto a competencias y aprendizajes.
Finalmente se integra en la evaluación un ejemplo de práctica argumentada, o
‘planeación didáctica argumentada’, que es su nombre coloquial; en este sentido,
se determina el trabajo que se realiza en el aula, con argumentos claros para
justificar el uso de herramientas, estrategias, etcétera.
Así, la evaluación de la práctica docente no solo se concreta en el aula, o de
acuerdo con los resultados que los alumnos pueden ‘evidenciar’ en exámenes
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Unidad 1. Evaluación de las instituciones educativas.
generales como PISA o PLANEA; sino que, como puede observarse, la evaluación
actual a la práctica docente parece mucho más compleja, y también completa.
De esta manera, se pretende con ella atender las necesidades de los docentes
y atacar, por decirlo de algún modo, de frente los problemas o áreas de opor-
tunidad que presenten, ya que además cabe destacar que el proceso se realiza
principalmente con el fin de garantizar la calidad educativa.
Evaluación de los procesos al interior de las instituciones
Cada institución genera, de manera casi regular, sus propios protocolos e indica-
dores para asegurar y determinar las actividades que les han de llevar a conse-
guir las habilidades, capacidades, instalaciones y personal adecuado y que ‘entre’
en los estándares de la calidad, que es el tema por el cual se generan las evalua-
ciones tanto internas como externas.
Es así que se integra como parte de la evaluación interna, la evaluación de la
práctica docente, pero también la evaluación con relación a los procesos al inte-
rior de las instituciones.
Para hablar de los procesos al interior de las instituciones educativas, se podrían
señalar principalmente los procesos que se refieren a las cuestiones administra-
tivas; como se sabe, estos elementos administrativos son los que principalmente
se ocupan y determinan la toma de decisiones dentro de las instituciones, por lo
que reflexionar y evaluar su desempeño, así como resultados, es determinante
para el correcto funcionamiento de las instituciones.
En este sentido, cabe destacar que los procesos internos en cada institución se
establecen teniendo en cuenta las necesidades particulares y de contexto de
cada caso, sin embargo, hay elementos que se pueden identificar y evaluar para
concretar los asuntos que conllevan a las situaciones y cuestiones de calidad; entre
otros, se pueden señalar, por ejemplo, los procesos de organización y planeación,
como parte justamente de los procesos y los elementos administrativos.
Entonces, la organización en cuanto proceso al interior de cualquier institución,
ha de establecer los puestos y responsabilidades de cada colaborador. Es por
demás relevante que este tipo de actividades quede muy claro y bien organizado
para evitar desvíos de esfuerzos.
En cuanto a lo que respecta a la planeación, se establecen mediante esta los
tiempos, objetivos y posibles o principales resultados esperados; la planeación
permite que el uso de los recursos se establezca y desarrolle eficientemente.
Además de los procesos ya mencionados como parte de las cuestiones adminis-
trativas al interior de las instituciones, también se han de identificar las ideas que
se relacionan con la dirección y el control, como parte de lo que sucede dentro
de cualquier institución.
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Unidad 1. Evaluación de las instituciones educativas.
La buena dirección se establece para hacer cumplir aquello que se ha planeado y
para revisar básicamente que la organización se integre como parte fundamental
y dé resultados en el trabajo que se desarrolla.
Es por demás significativo entender que aun cuando la dirección puede o no
establecerse bajo ciertos modelos o ideas de liderazgo, la realidad es que su
papel contempla el cumplimiento del resto de procesos en las instituciones. Por
su parte, la idea de control representa el seguimiento a las actividades para que
estas se concreten adecuadamente.
Todos estos procesos que se generan y representan mucho más de lo que aquí
se pudo decir al respecto, son considerados para la calidad educativa y, por lo
tanto, para la evaluación interna de las instituciones, ya que sin ellos las insti-
tuciones no pueden avanzar o mantenerse en el mercado, debido a que la falta
de cualquiera de estos provocaría caos en las instituciones; de hecho, entre los
muchos factores que pueden afectar a una institución para su funcionamiento,
correcto o no, están justamente los que se relacionan con las cuestiones internas
o administrativas.
La evaluación externa
Como parte de los elementos que funcionan y son indispensables en las institu-
ciones para su permanencia en el mercado y destacando su calidad, ya se han
identificado al menos dos elementos básicos cuyos resultados se evalúan, se
observan y trabajan desde el interior de las instituciones, no solo para los invo-
lucrados en estas, sino también para todos aquellos externos a ellas.
Los cuestionamientos acerca de la veracidad de los procesos o de los resultados,
representan un punto al que no se puede evitar llegar, de manera que para concre-
tar la evaluación de los centros educativos, se deben integrar otros procesos.
Pensar o pretender que los resultados arrojados acerca de los procesos al interior
de la institución, sean solo los que validen el trabajo y la calidad en ellas, genera
incertidumbre y, por qué no decirlo, también inseguridad.
Cuando las instituciones buscan la forma de integrarse entre las mejores, suelen
generar o ‘maquillar’ ciertos resultados o cifras, de manera que no siempre lo
que se indica o ‘presume que existe en la institución, resultará necesariamente
cierto. Es por ello que se deben plantear y generar otras ideas que aporten datos
mucho más allá de lo interior en cada caso y en cada institución.
Definición
Tal como su nombre permite inferir, la evaluación externa es aquella que se genera
a través de agentes que son ajenos a los procesos internos de las instituciones.
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Unidad 1. Evaluación de las instituciones educativas.
La importancia de esta evaluación radica principalmente en que permite acceder
y comprender las situaciones y elementos relacionados con la calidad de la insti-
tución desde una mirada en general más objetiva, en comparación con aquella
que se genera o se presenta cuando se realiza la evaluación interna.
No es un trabajo fácil. La evaluación externa demanda un análisis exhaus-
tivo, minucioso, objetivo, y sobre todo confiable del informe de autoe-
valuación y todos los documentos relacionados a éste. La tarea de los
pares externos es compleja y delicada ya que deben emitir juicios de valor
acerca del proceso de autoevaluación y deben desempeñar el rol de veri-
ficadores de los datos obtenidos del proceso y del análisis hecho por los
responsables del mismo (Quesada, 2006, p. 2).
La evaluación externa es la forma en que autoridades, tanto internas como exter-
nas, pueden asegurar y corroborar la información que se ha obtenido de acuerdo
con los resultados de la evaluación interna, y cómo es que la institución funciona.
Generalmente se realiza con base en indicadores específicos y existen algunas
instancias dedicadas puntualmente a este tipo de trabajos. Aunque la mayoría
de las ocasiones se trabaja entre pares como se menciona en la cita, no es una
labor fácil o sencilla, sin embargo, es una tarea que muestra las fallas o áreas de
oportunidad que quizá la evaluación interna no logró distinguir.
La perspectiva que se genera y se presenta tras la evaluación externa suele mostrar
un panorama mucho más extenso y amplio acerca de lo que se encuentra en la insti-
tución, y si bien sirve para concretar las acciones encaminadas para la calidad educa-
tiva y todos los procesos que esta implica, también es una actividad cuya concreción
representa el fortalecimiento dentro de las actividades internas de la institución.
Aun cuando la intención no sea necesariamente esa, muchas de las instituciones
al generar su autoevaluación, suelen omitir o pasar desapercibidos detalles que
alguien externo regularmente distingue.
Las ventajas de la evaluación externa residen en la distancia de los/las
evaluadores/as con respecto a lo evaluado y su independencia. La expe-
riencia que poseen los/las evaluadores/as les permite trazar comparacio-
nes y ver cosas que las personas directamente implicadas en el proyecto/
programa (ya) no ven. Con una evaluación externa se puede abordar la
sostenibilidad, el impacto y la eficacia de una acción (Agencia Suiza para
el Desarrollo y la Cooperación, 2000, p. 18).
Las acciones que se tomen posterior a la evaluación externa, se determinan prin-
cipalmente a través de un balance en el que se integran las ideas de ambas evalua-
ciones, ya que como se ha dicho, la evaluación externa representa una especie
de complemento y línea de objetividad con relación a la evaluación interna.
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Unidad 1. Evaluación de las instituciones educativas.
Los sistemas de rankings de las instituciones educativas
Hacer referencia a la idea de calidad, implica e involucra de alguna u otra forma
la idea de competencia, de ser mejores, así como la idea de calificar, y como ya
se ha establecido, la idea de evaluar tanto a los procesos dentro de las insti-
tuciones como a los actores dentro de estas, de manera que las instituciones
se esfuerzan cada día y trabajan para que su espacio en el mercado educativo
permanezca, pero además lo haga en el mejor lugar posible, de ahí que también
se puede abordar la idea o ideas relacionadas con los rankings.
Para empezar, resulta necesario identificar que la palabra ranking denota ya de
inicio una tabla de posicionamiento. En general la RAE (2021) lo señala como
“clasificación de mayor a menor, útil para establecer criterios de valoración”.
Entonces, se puede identificar que cuando se habla de ranking, se establecen las
ideas con relación a determinados criterios para valorar principalmente la calidad
de las escuelas, y de manera más usual, las instituciones de nivel superior.
Aunque los rankings originalmente fueron generados con el fin de evaluar prin-
cipalmente a las escuelas de negocios en Estados Unidos de América, esta idea
se empezó a trabajar para otros contextos y otras universidades, hasta que se
expandió a lo que en la actualidad se puede encontrar.
En el mundo existen diversos tipos de rankings, en los que se ofrece información
de ciertas o determinadas instituciones de educación superior, y si bien al inicio
el objetivo principal de los rankings era justamente ofrecer información al público
para la toma de decisiones con relación a la elección de una universidad, en la
actualidad parece que dicho objetivo se ha ido desviando.
Si a esto se suma la idea de que la evaluación se genera con base en algunos
criterios, que no siempre resultan ‘favorables’ o ‘adecuados’ para todas las insti-
tuciones, entonces se puede identificar por qué los rankings han ido perdiendo
su poder y también su propósito principal.
Si bien algunos de ellos generan las valoraciones a partir, por ejemplo, de las
investigaciones o las producciones de su personal docente, algunos otros no
aclaran del todo los indicadores y en ocasiones puede parecer que los rankings
se generan solo para establecer grados de popularidad entre las universidades.
El hecho de que todo ranking exprese un sistema de valores implica que,
en realidad, se trata de un acto evaluativo que se concreta en un conjunto
de criterios con el que se seleccionan variables y se les atribuye signifi-
cación (...) Este es un punto central de la controversia. Algunos autores
afirman que los rankings universitarios tienen por objeto establecer un
orden jerárquico de las instituciones de educación superior basándose en
parámetros e indicadores que pretenden medir la calidad de la educación
universitaria, de la investigación y otros aspectos de la actividad académi-
ca (Albornoz y Osorio, 2018).
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Unidad 1. Evaluación de las instituciones educativas.
La controversia resulta evidente sobre todo si las ideas se remiten a los contex-
tos en los que cada institución se desarrolla, incluso si se abordan desde la diver-
sidad cultural y nacional en que cada universidad trabaja.
De acuerdo con lo establecido (y de ahí el descontento de muchas universida-
des), determinar la calidad de una institución de educación superior basados
en la producción investigativa de esta, al menos en América Latina resulta poco
adecuado, principalmente si se ‘compara’ con la producción de universidades de
otros lugares, puesto que la cultura y las necesidades sociales o la idea de este
tipo de instituciones en cada contexto resulta diferente.
Los rankings además se establecen de acuerdo con diversas necesidades. De
esta manera se puede hablar de distintos tipos de rankings, que no siempre se
generan con relación a la calidad, o bien, no son siempre dan una muestra clara
de la misma, ya que algunos se basan, por ejemplo, en la opinión, y es sabido
que en este sentido muchos factores influyen para el propósito de calidad.
Algunos otros solo se basan primordialmente en cuestiones o elementos cuantitativos,
y estos tampoco son muestra fehaciente de la calidad de las instituciones educativas.
Entonces, si bien los sistemas de rankings de las instituciones educativas son nece-
sarios, estos han de establecerse de manera que se generen e identifiquen criterios
que valoren elementos y características aptos para todas las instituciones, atendien-
do no solo a las cuestiones de calidad, sino también de contextos y necesidades.
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Bibliografía:
® Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (ed.) (2000). Evaluación exter-
na. ¿Hacemos lo correcto? ¿Lo hacemos correctamente? Berna, Suiza: Cosude.
® Albornoz, M., y Osorio, L. (2018). Rankings de universidades: calidad global y con-
textos locales. Revista Iberoamericana de Ciencia, Tecnología y Sociedad, 13(37).
[Link]
® Centurión, D. (s.f.). La evaluación institucional: garantía de la calidad educativa
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® Quesada, A. (2006). Evaluación externa: características y vivencias del equipo de
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® Real Academia Española [RAE] (2021). Diccionario de la lengua española (en lí-
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® Tafur, R. M. (2013). Sobre la evaluación de instituciones educativas. En Blanco &
Negro, 4(1), 10-18. [Link]
cle/view/7408/7632
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