Arte asirio
Primer período babilónico
De los diversos centros políticos semitas, Babilonia fue el que terminó dominándolos a
todos, Esta obra de unificación fue debida a una gran personalidad histórica cuya
biografía conocemos con detalle, pese a estar alejada de nosotros casi cuatro mil años:
el rey Hammurabi, que reinó entre los años 1790 y 1750 a.C. Su largo reinado, de más
de cuarenta años, demuestra que Hammurabi era más que un guerrero. En 1760 a.C.
conquistó y destruyó la ciudad de Mari, pero supo esperar durante veinticinco años a
que su enemigo más poderoso, el rey Rim-Sin de Larsa, fuese suficientemente viejo
para poder vencerlo sin dificultad. Hammurabi fue además el primer gran legislador de
la Historia; las leyes reunidas en su código de 282 artículos ejercieron su influencia
incluso después de la desaparición del reino babilónico.
En las excavaciones de las ciudades del primer Imperio babilónico aparecen con
frecuencia tabletas de arcilla cocida en las que se representa a los dioses y a los hombres
con gran familiaridad. Las divinidades aparecen en ellas, a veces, ejecutando acciones
de difícil interpretación, porque no existen textos que documenten sobre ello. Muy
característica es la nueva representación de Ishtar, la antigua Venus sumeria, que los
babilonios representan desnuda, con el cabello corto y enjoyada con collares.
Frecuentemente tiene las manos sobre el vientre o se levanta los pechos con ellas.
Se trata de una Venus que parece no sospechar que pueda existir algún impudor en
mostrarse así, pero hace recordar cómo los profetas hebreos predican contra el culto a
Astarté, que es el nombre que dan a la Ishtar babilónica. Las mismas tabletas de arcilla
representan escenas de la vida diaria de los babilonios, que tanto interés se tiene en
conocer. Son pequeños relieves que causan un placer análogo a las figuritas de cerámica
griega que se denominan tanagras; encantadoras como ellas por su valor episódico y
local. Sin embargo no se encuentran ecos de las mismas en la épica sagrada que nos han
transmitido las inscripciones en sigilos cuneiformes.
Ello parece sugerir que debía haber una poesía más ligera, que no copiaron los escribas
de los templos, pero que las restituyen estas imágenes de las tabletas: el labrador con la
pala; el campesino montado en un búfalo; la arpista, sentada en una silla plegable, que
puntea las cuerdas de su instrumento; la mujer que teje la lana; los feriantes que exhiben
sus monos; unos boxeadores barbudos que luchan con los puños cerrados, y tantas otras
que encantan a los visitantes de los museos.
Durante el primer Imperio babilónico aumentó la producción de cilindros para sellar los
documentos redactados en tabletas de arcilla. El tema preferido es Gilgamesh, el héroe
de una vieja epopeya mesopotámica, luchando con búfalos y -sobre todo- con leones.
Sorprende su popularidad que casi monopolizó la imaginación de todos los pueblos
mesopotámicos. La última fase de este período del arte babilónico se desarrolló bajo la
dominación extranjera de los kasitas, invasores de Mesopotamia que recuerdan en
muchos aspectos a los guti que ya se han nombrado en el capítulo anterior que los
habían precedido quinientos años. Como ellos, llegaron de los montes Zagros; como
ellos, demostraron poseer extraordinarias facultades de adaptación y se convirtieron en
continuadores del primer Imperio babilónico. Los kasitas ocuparon Babilonia hacia el
año 1600 a.C. y construyeron una nueva capital, Dur-Kurigalzu (cuyas ruinas recibieron
de los árabes el nombre de Aqarquf), cercana a la actual Bagdad. Allí se han encontrado
varios templos de tipo babilónico, un gran palacio con la típica estructura de sectores
diferentes organizados en torno a grandes patios, y un magnifico zigurat que todavía
hoy, con sus sesenta metros de altura, domina el campo de ruinas.
Lo más original de los kasitas fue el empleo de ladrillos moldeados, cuyo montaje
posterior hizo posible construir gigantescos muros con grandes relieves cerámicos en
barro cocido, y unas curiosas piezas de piedra con relieves e inscripciones, llamadas
kudurrus.
Los kudurrus eran bloques de piedras, generalmente diorita negra, que tenían por objeto
delimitar las fincas y que se guardaban en los templos. Sus largas inscripciones
describen los límites de la propiedad y la posición de los mojones y terminan con una
invocación a los dioses y terribles conjuros de maleficio para los que osen cambiar las
lindes. Para espantar más al transgresor, se esculpieron las imágenes de los dioses, o sus
animales simbólicos o, simplemente, sus altares. El kudurru del rey Melishipak (hacia el
1200 a.C.) presenta en su anverso la imagen del propio rey ofreciendo su hija a la diosa
Nana, y en su reverso, distribuidos en cinco registros horizontales, los símbolos de todo
el panteón babilónico y kasita.
Estas criptografías no siempre son fáciles de descifrar en la actualidad, pero los
babilonios comprenderían en seguida de quiénes se trataba y, aunque no supieran leer, la
vista de los símbolos protectores bastaría para espantarlos. Se trata de una formidable
legión de enemigos movilizados del cielo y de la tierra que esperan al que dé el mal
paso de entrar en la propiedad defendida por el conjuro.
Con la entrada en escena de los asirios y su poderoso ejército, disciplinado y
superiormente equipado, termina este primer período babilónico. Sumando la etapa de
los diversos soberanos regionales semitas, la del primer Imperio babilónico propiamente
dicho, y la fase de dominio de los kasitas, el período que se acaba de estudiar había
durado poco más de ocho siglos.
Sello cilindrico y tableta de piedra (Musée du Louvre, París). El dibujo que representa la
escena grabada muestra un episodio de la "epopeya de Gilgamesh", al que se le puede
apreciar partiéndole el espinazo a un toro con el pie, junto a un pastor con sus cabras.
Seguramente el pasaje responde al momento en que, según la leyenda, el héroe mató al
Toro Celeste, por cuya gesta sería castigado injustamente por los dioses babilonios.
La organización política neosumeria, que había encuadrado el territorio
mesopotámico durante dos siglos y medio, fue barrida hacia el año 2015 a.C. por una
invasión de los semitas del Oeste. Ur, la vieja y gloriosa capital, fue destruida
rápidamente y su herencia repartida entre diversos soberanos regionales: los príncipes
de Mari, de Larsa, de Babilonia y otros.
El Imperio de Babilonia fue uno de los grandes imperios que dominaron la
Mesopotamia (actual Iraq). A esta tierra, gobernada por los sumerios, comenzaron a
llegar toda una serie de grupos semitas, primeramente los acadios, y a partir del 2200
a.C, empiezan a expandirse los amorreos, también de origen semita, provenientes de un
país llamado Martu (país amorreo).
Con la expansión de los amorreos, comienza el declive y caída de la III Dinastía del
Imperio de Ur (21122004 a.C.) y el nacimiento del Imperio babilónico, que se
desarrollaría, con interrupciones, entre los años 2003 y 539 a.C.
A partir del siglo XIX a.C, los amorreos lograron imponer sus dinastías en las
principales ciudades mesopotámicas. Como la más importante llegó a ser Babilonia, los
amorreos adaptaron el propio gentilicio. De esta manera, el vocablo que designaba a
este grupo semita fue sustituido por el de babilónico.
Babilonia (que en la lengua semítica, Bávilou, significa "puerta de Dios") se convirtió
así en la principal ciudad de la Mesopotamia central iniciándose el período conocido
como paleobabilónico (20031595 a.C.).
La ciudad, ocupada por el amorreo Sumuabum (18941881 a.C), fundador de la nueva
dinastía, se convirtió en un gran centro político, religioso, económico y cultural. Sus
cuatro siguientes sucesores, hicieron de la ciudad de Babilonia el reino amorreo más
importante de toda la región Mesopotámica, que alcanzaría su máximo esplendor con la
figura de Hammurabi, que reinó entre los años 1792 y 1750 a.C.
Hammurabi, hijo del rey Sinmuballit (18121793 a.C), cimentó y forjó las bases del
Imperio babilónico. Con su mandato, la ciudad de "Babirum", Babilonia, conocida en la
Biblia como Babel, adquiere gran poder convirtiéndose en la capital de un nuevo
imperio que abarcaría toda la Mesopotamia. Durante su reinado estableció como idioma
oficial la lengua acadia, y como religión el culto al dios Marduk. Al final de sus días
recopiló su famoso Código, que, sin embargo, no pudo ponerse en práctica debido a su
muerte.
Con la muerte del rey Hammurabi, sus sucesores hubieron de hacer frente a un cúmulo
de problemas. Primeramente, a la presión de las tribus kasitas, que desde los montes
Zagros conquistaron la zona del sur hacia el 1600 a.C. Posteriormente, a la sublevación
de todo el sur de Sumer, al crearse allí una dinastía local, llamada del "País del Mar",
formada por sumerios y acadios, contrarios a los amorreos.Y, finalmente, coincidiendo
con el reinado de Samsuditana (16251595 a.C), el Imperio que alzó Hammurabi y que
se mantuvo durante tres siglos entró en la fase final de su decadencia por la
imposibilidad de hacer frente al ataque de los hititas, mandados por Murshil I.
A la desaparición del primer Imperio babilónico y la eliminación de la dinastía amorrita,
le sucede una época de reinos combatientes. Primeramente, y después del control
durante algunos años por parte del País del Mar, se instaura la dinastía kasita (17301155
a.C), que con el rey Ulamburiash I (14961474 a.C.) se llega a un pleno control
territorial.
Con el último rey kasita Kastikiash IV (12421235 a.C), Babilonia era ocupada por los
asirios. Los tiempos de inestabilidad prosiguen ya que la falta de poder de los asirios
hace que los elamitas controlen la Baja Mesopotamia, aunque sea durante muy poco
tiempo.
Las luchas por el poder y el control son continuas. Siguieron años de luchas e intrigas
principalmente entre asirios y babilónicos. Después de la muerte de Assurbanipal,
último rey que ocupó el trono de Asiría, los caldeos dominaron Babilonia. Surge
entonces la X Dinastía conocida como caldea o neobabilónica (612539 a.C), el último
esplendor de la mítica Babilonia.
Ello no supuso un declive en la producción artística sino, todo lo contrario, comportó un
período de variedad y esplendor que tendría su continuidad hasta prácticamente la caída
del Imperio neobabilónico. En este prolongado lapso que, aproxidamente va desde el
año 2000 a C. hasta el siglo V a.C, se asiste a algunos avances artísticos de gran
importancia para el curso de la historia del arte, como fueron el nacimiento del arco y la
bóveda, que ya se empleaban anteriormente aunque se perfeccionarían durante el
Imperio neobabilónico, época de la construcción de los fabulosos palacios de
Nabucodonosor.
El reino de Mari
Primer período babilónico
El código de Hammurabi
El imperio asirio
Arquitectura de los palacios asirios
Arte plástico asirio
Auge y caída del imperio de Babilonia
Arte neobabilónico
Enuma Ellis, el poema de la creación
Pinturas murales del palacio de Mari
La puerta de Ishtar
La sociedad del período neobabilónico
Muralla de Nínive (Mossul). Parcialmente restaurada por el gobierno iraquí, el muro
que protegía la antigua ciudad asiria consta de un total de 15 puertas a lo largo de los 12
km que lo conforma.
Toro alado de Khorsabad.
León herido, relieve del palacio de Nínive.
Genio alado, palacio de Dur-Sharrukin, Khorsabad.
Arquero asirio a caballo.
El arte asirio en la ciudad de Nínive (escultura, arquitectura, pintura y cerámica) se
conoce a través de las excavaciones y posteriores estudios hechos en Nínive (actual
Mossul), y en otras ciudades que formaron parte de la civilización del pueblo asirio. Los
arqueólogos que trabajaron en Mesopotamia estudiaron antes las antigüedades asirias
que las babilónicas, simplemente porque les resultaba más fácil. Les era más sencillo
acceder y seguir el rastro de las excavaciones de la ciudad de Nínive, donde se
conservaban los cimientos en piedra casi intactos, que hacerlo en Babilonia, donde
abundaba el adobe muy destruido por el paso de los siglos. Con los estudios exhaustivos
de los palacios, templos y trazados de las ciudades asirias, los arqueólogos adquirieron
la experiencia que luego les permitió seguir, en las ciudades mesopotámicas demolidas
y casi totalmente destruidas, un plan de trabajo ya practicado.
En Mesopotamia hubo dos etapas de fecundidad artística:
Caldea (de la región del sur de Mesopotamia, conocida más adelante en la
historia como Babilonia).
Asiria (de la región más septentrional de Mesopotamia).
Los verdaderos creadores del arte mesopotámico fueron los antiguos sumerios, pueblo
que se supone de origen camita y que pobló estas tierras hacia el año 4000 a. C. El estilo
de estas gentes fue asimilado después (desde el año 3000 al 1500 a. C.) por el pueblo
semita de los acadios que también llegó a habitar esta región y se fundió con los
habitantes anteriores y fue asimilado igualmente por los babilonios. Entre los siglos XI
y VII a. C. el estilo sumerio adquiere pleno desarrollo con la civilización asiria y la
neobabilónica.
Características del arte asirio
Las características están muy relacionadas con los materiales de construcción, que a su
vez dependen del medio geográfico. La piedra es escasa pero el barro es abundante.
Apenas existen árboles corpulentos de donde sacar las vigas. Siguiendo estas
limitaciones, las construcciones se realizan en adobe y ladrillo con cimentación en
piedra (a imitación de los sumerios). Se emplea el arco y la techumbre de bóveda.
El periodo de auténtico arte asirio es el llamado neoasirio o asirio tardío y comprende
desde el año 1000 al 612 a. C. Es la época de los grandes constructores Assurnasirpal II,
Sargón II, su hijo Senaqerib y por último, Esarhaddon (el conquistador de Egipto).
Todos ellos mandaron construir grandes palacios en las distintas ciudades elegidas por
cada uno.
Decoración y materiales
El adobe se utiliza para las terrazas y muros gruesos externos. Las paredes hechas de
adobe o de ladrillo se recubren con cerámica de colores (barro cocido y vidriado) o con
estuco blanco sobre el que iban las pinturas al fresco. Los dibujos representaban plantas,
animales fantásticos o figuras geométricas. Utilizaban también el alabastro, que es una
piedra blanda que abundaba cerca del río Tigris, en la parte alta. Con este material fácil
de tallar se realizaban grandes placas decoradas con relieves que cubren los edificios
más nobles.
Emplearon también como decoración los escritos en letra cuneiforme. En las grandes
superficies horizontales de los muros de los palacios se hallaban las placas donde se
relataban las crónicas de batallas, victorias y cacerías.
El tema del árbol de la vida aparece en los sellos cilíndricos y en algunas pinturas
murales. Se han encontrado también decoraciones vegetales muy estilizadas.
Todas las construcciones eran demasiado simples, con algunas excepciones de
maravillosa ingeniería como es el caso del riego en los famosos jardines de Babilonia.
La simplicidad en el diseño de las estructuras se debe a lo difícil del terreno y a lo
escaso de los materiales.
Escultura
Los asirios aprendieron el arte de la escultura y bajorrelieve del pueblo hitita. Se han
encontrado pocas estatuas, debido a la mala calidad de los materiales. La piedra en
Asiria es buena para cortar en lajas delgadas y para bajorrelieves pero mala para
estatuas. Por eso lo más abundante son los bajorrelieves hechos de alabastro o caliza
blanda.
Los escultores asirios supieron representar con una gran perfección los animales
salvajes, realizando relieves de escenas de caza de gran realismo. Uno de los trabajos
más apreciados en este campo es el que se conserva en el Museo Británico y que
representa un león y una leona moribundos; forma parte de una escena de caza del
palacio encontrado en Nínive y atribuido a Assurbanipal (año 668 a. C.). En ese mismo
palacio se encontraron escenas de batallas, de prisioneros, de la vida cotidiana del
ejército, etc. Todos estos relieves fueron hechos en alabastro.
El tema de los relieves es casi siempre profano. Además de las escenas de guerra
abundan las de caza (el rey caza leones y otros animales salvajes). Las escenas que
muestran la vida placentera de dentro del palacio se representan en las paredes
interiores. En el palacio de Khorsabad se encontraron más de 2.000 metros de
bajorrelieves con una calidad artística muy desigual debido a los diferentes artesanos
que trabajaron en ellos en un tiempo límite. Por lo general el dibujo es torpe, como de
niño pequeño. Los hombres son más altos que los caballos e incluso más que las
fortalezas; los peces son del tamaño de un barco, los buitres son tan grandes como el
cadáver que están devorando. La idea de perspectiva es también bastante incipiente. En
general el artista agranda los personajes que le interesan y así el rey es más alto que
nadie y los asirios son más grandes que sus enemigos. La cabeza está dispuesta de perfil
en la mayoría de los casos, aunque la persona esté de frente. Las caras son inexpresivas.
Al lado de estos relieves descritos pueden contemplarse otros salidos de las manos de
verdaderos artistas que supieron plasmar a la perfección las barbas, el pelo rizado, los
bordados de los mantos y las franjas de los vestidos del rey y sus servidores.
Las esculturas de bulto redondo también fueron verdaderas obras de arte. Algunas eran
enormes y estaban colocadas en las puertas de los palacios, como guardianes del
recinto. Eran figuras de seres mitológicos antropomórficos, esfinges aladas y con
cabezas humanas, grifos y leones.
Monumentos
El monumento más importante en el arte asirio es el palacio, morada del rey. El rey es el
personaje más importante del pueblo asirio, es el dominador y el caudillo, por tanto su
casa debe ser construida con magnificencia.
El palacio asirio (y en general el palacio de Mesopotamia) constituye un gran recinto
con numerosas dependencias, patios, salones de recepción y un templo. Será el modelo
de los palacios romanos en la época en que el Imperio se orientaliza y será el modelo
que tomarán los bizantinos y los árabes de la Edad Media.
El otro gran monumento es el templo. Eran edificios en forma de torre, los llamados
zigurat, con mucha altura. Estaban ubicados en los recintos de los palacios, formando
parte de ellos. En toda Mesopotamia existían estos templos siendo los más grandes los
de Babilonia. Las torres estaban escalonadas y a veces sobrepasaban una altura total de
100 metros. El templo-torre del palacio de Sargón II tenía 43 metros de lado y cada uno
de los pisos medía 6 metros de altura.
Torre de Babel
Pieter Brueghel el Viejo (1563, Museo de Historia del Arte, Viena)
Existía en Babilonia una construcción de varios pisos, llamada zigurat, de
origen desconocido y restaurada en tiempos de Nabopolasar (625 a.C-605
a.C.), fundador de la dinastía caldea. Esta construcción se llamaba
Etmenanki: la mansión de lo alto entre el cielo y la tierra. Una inscripción de
los tiempos de Nabolopasar señala: Marduk, el gran Dios de Babilonia, me
ha ordenado colocar sólidamente las bases de la Etmananki hasta alcanzar
el mundo subterráneo y hacer de este modo que su cúspide llegue al cielo.
Otra inscripción de los tiempos de Nabucodonosor precisa que la decoración
de la cúspide estaba hecha de ladrillos de esmalte azul brillante. Los
babilonios parecen haberla hecho para asegurar la armonía entre el cielo y
la tierra, para asegurar el vinculo entre el mundo de los dioses y el de los
hombres.
Construida con esfuerzo, a lo largo de muchos reinados, sobrevivió poco
tiempo. Babilonia cayó en el año 539 a.C. bajo la dominació persa y se
rebeló en el año 482 a.C. Jerjes la puso nuevamente bajo su autoridad y
tomó represalias que causaron serios daños al monumento. En el año 331
a.C. Alejandro el Grande estableció su capital en Babilonia, y cuando vio la
torre en ruinas trató de restaurarla. Pero ello le demandó tanto trabajo, que
renunció a su proyecto. A continuación, la torre sirvió de cantera a los
constructores de los alrededores, que la redujeron a un montículo informe.
Sobre ella se construyó un edificio, y cuando éste se desplomó, cubrió las
ruinas de la torre inicial, escondiéndola por muchos siglos.
Entre el siglo XVI y los inicios del s. XX, numerosos viajeros y exploradores
occidentales fueron a Mesopotamia y se esforzaron en localizar el famoso
edificio. Algunos propusieron ubicarla en Afar Quf, al oeste de Bagdad,
donde antaño existió Dur Karigalzu. Otros en Birs Nimrud, donde se
encuentran las ruinas de la antigua Borsippa, situada cerca de los restos de
la antigua Babilonia. Las excavaciones arqueológicas permitieron establecer
la verdad, descubierta su ubicación en 1913.
Las excavaciones han dejado a la vista tres escaleras, dos laterales y una
central.
La tablilla del Esagil, conservada en el Museo del Louvre, copiada en el año
229 a.C. de un documento antiguo que describía el estado de la torre. De
una altura aproximada de 90 m, el edificio piramidal tenía siete pisos. El
último piso tenía instalaciones para el culto, adornadas con los ladrillos
esmaltados azules de Nabucodonosor.
El arte plástico asirio
La comunicación directa entre dioses y hombres desaparece absolutamente en el arte asirio.
Ahora el arte asirio tendrá como finalidad que esos dioses pasen a ser símbolos o estatuas
alzadas sobre un pedestal.
El arte asirio se diferencia del resto del arte mesopotámico debido a la influencia de las
poblaciones que se asentaron en sus territorios entre ellas hurritas, hititas, árameos y fenicios.
Esta variedad de pueblos debió influir en la concepción artística asiría creando un arte de
personalidad ecléctica, pero al mismo tiempo personal e inconfundible.
Por primera vez en el arte asirio, como en el resto de la cultura mesopotámica, existe una clara
distinción entre la estatua y el propio Dios. En las puertas de entrada de algunas ciudades o
palacios se confiaba el poder a toros androcéfalos y genios protectores guardianes de impedir
la entrada a espíritus malignos.
Además de los de Jorsabad y Nínive (Qujundjiq), hay todavía en Kalakh toros cuyas espantosas
cabezas sobresalen del terraplén, en medio del desierto. Layard explica su emoción cuando, la
noche de la víspera de arrancarlos del palacio real de Qujundjiq, para trasladarlos al British
Museum, fue a verlos por última vez, a la luz de la luna, en su emplazamiento, donde habían
estado más de treinta siglos.
"Piezas de cedro, ciprés, pino y maderas de Sindai, con gruesas barras de bronce -dice
Senaquerib en su
crónica real-, coloqué en las puertas, y en las cámaras de habitación dejé aberturas como
ventanas altas. Grandes colosos de alabastro, llevando la tiara y los varios pares de cuernos,
puse a cada lado de las puertas." Estas deben de ser las figuras que decoraban las puertas
interiores; a los grandes toros alados de las entradas del palacio, Senaquerib les dedica un
capítulo especial. "Grandes toros con alas, de piedra blanca, labré en la ciudad de Tastiate, al
otro lado del Tigris, para las grandes puertas, y corté grandes árboles de los vecinos bosques
para hacer los carros o armadías que debían conducirlos... Era en el mes de Ishtar, en la
primavera, y la inundación hacía difícil el transporte; las gentes de la escuadra que conducía los
toros alados desesperaban ya de llegar a buen término. Con esfuerzo y no pocas dificultades,
fueron llevados a las puertas del palacio."
Pero es evidente que el toro alado asirio es la última evolución del toro mesopotámico. En
Sumer, el toro era el animal asociado a Sin, el dios lunar, porque allí, como en todos los
pueblos primitivos, se creía que los rayos del astro nocturno, atravesando las capas del
terreno, producían la germinación de las semillas plantadas en el campo.
Una vez salido el tallo del suelo, los rayos del Sol, el astro diurno, lo cuidaban como la nodriza
al infante, pero la fuerza germinadora estaba en los rayos lunares. Así el toro de Sin, el animal
más fuerte, el más masculino de todos los animales salvajes del delta, fue considerado como
símbolo del principio germinador por los primitivos sumerios. Se le agregó fisonomía humana
barbuda para asociarle inteligencia; se le añadieron alas porque, en los primeros días del delta,
el único fruto, o casi el único, era el dátil de la palmera. Los cereales no empezaron a cultivarse
hasta el año 2000 a.C.
El dátil sirve todavía a los beduinos para hacer pan y fabricar bebidas fermentadas. Siendo las
palmeras de diferente sexo, al principio el polen de la palmera macho se llevaba a la palmera
hembra principalmente por los pájaros, buitres, águilas y halcones, que, al posarse sobre las
palmeras en flor, se cubrían de polen el plumaje y después, despolvoreándose, salpicaban las
flores hembras. Debió de observarse, hacia el IV milenio a.C, que años de abundancia de
buitres o águilas correspondían a fuertes cosechas de dátiles, y se consideraron las águilas
como agentes del principio procreador. Por este motivo a los toros antropocéfalos se les
agregaron alas... Más tarde se añadió el cuarto elemento para formar el tetramorfos, o sea las
garras de león. La diosa de la guerra y del amor, en Sumer lo mismo que en Asiria, era Ishtar, y
esta divinidad tenía por animal favorito el león.
Por consiguiente, la diosa Ishtar era otra manifestación del principio procreador, por fin
sintetizado en aquel animal hombre-águila-toro-león. En Kalakh, en Nínive y en Jorsabad estos
guardianes monstruosos recuerdan la visión célebre de los cuatro animales simbólicos por el
profeta Ezequiel, la visión que la iconografía cristiana ilustró con la composición sagrada del
tetramorfos, simbolizando los cuatro evangelistas en el toro, el león, el águila y el hombre.
La decoración esculpida de los palacios asirios se componía casi exclusivamente de relieves. En
las cámaras principales, departamentos de recepción y habitación de los palacios asirios, se
encuentra generalmente, aplicada todavía a la pared, una hilera de placas de piedra con
relieves de tanto valor artístico como histórico; son la ilustración gráfica de las erónicas de los
excelsos monarcas asirios, con sus triunfos gloriosos, sus crueles y despiadadas venganzas una
vez conseguida la victoria tras los cruentos y reñidos combates, sus devociones y diversiones,
sus cacerías, sus fiestas, banquetes y recepciones. Estos relieves decorativos aparecen
sustituidos, en las cámaras de segundo orden, por una faja de estuco pintado, de color
uniforme en toda su extensión o bien con características decoraciones policromas.
Y se han encontrado sólo excepcionalmente estatuas exentas. De 116 reyes asirios, sólo
Salmanasar III y Assurnazirpal II hicieron esculpir grandes estatuas suyas, que conservan los
museos de Estambul y el British Museum.
Auge y caída del Imperio de Babilonia
El año 612 a.C, Nínive fue destruida por los ejércitos aliados de babilonios, medos y escitas.
Con ello se abre un nuevo período que los arqueólogos han llamado neobabilónico, puesto que
tuvo su capital en la vieja ciudad de Hammurabi, destruida por Senaquerib. Durante ochenta y
ocho años, hasta el incendio y destrucción definitiva de Babilonia por los persas de Ciro, se
sucedieron seis reyes en su trono. Los dos primeros, Nabopolasar y Nabucodonosor,
levantaron una nueva Babilonia, metrópoli magnífica y esplendorosa, en el mismo lugar que
había sido asolado por la rabia destructora de Senaquerib.
El rey que inició esta última dinastía fue Nabopolasar (625-605 a.C), que continuó luchando
contra Asiría, potencia que no se resignaba a perder el sur de Mesopotamia. A su muerte le
sucedió su hijo Nabucodonosor II (604-562 a.C), uno de los reyes más famosos de la
Antigüedad por reunir excelentes dotes militares, administrativas y políticas, y, sobre todo, por
los relatos aparecidos en la Biblia.
Durante el reinado de Nabucodonosor, y antes en el de su padre, Nabopolasar, la agricultura y
el comercio de la nueva Babilonia alcanzaron un notable desarrollo y se convirtió en uno de los
centros más importantes de Mesopotamia.
El Imperio babilónico llegó definitivamente a su fin con el hijo de Nabónido (555-538 a.C), Bel-
sha-rra-usur (Baltasar), el último rey de la dinastía babilónica antes del dominio persa acaecido
a partir del 539 a.C.
Escultura caldeo asiria
Toro alado con cabeza humana (o toro androcéfalo) (Museo del Louvre)
Relieve del rey Sargón II con dignatario (Museo del Louvre)
Rivalizando en tiempo con la escultura egipcia quizá precediéndola, se desarrolló en la
Mesopotamia inferior la escultura llamada caldea, a la cual siguió la asiria al formarse el
imperio de Nínive. Una y otra se manifiestan en relieves y estatuas de piedra, bien que
estas últimas sean escasísimas en la civilización asiria. Ambas, caldea y asiria, se
distinguen por la robustez de las formas, sobre todo, de las humanas las cuales se
ostentan siempre rechonchas y con vigorosa musculatura, anchas espaldas, aire severo,
pómulos salientes, ojos muy abiertos, pobladas cejas y escasos pliegues en la
vestimenta, la cual suele llevar grandes franjas en algunas orillas. Los relieves ofrecen
por lo común mayor profundidad que los del arte egipcio y cumplen mejor que ellos las
leyes de la perspectiva y la exactitud en el dibujo. Se presentan también como en ellos
las figuras de perfil y con el ojo de frente pero los hombros y el pecho guardan la
posición natural que les corresponde.
Son típicos en el arte caldeo-asirio los objetos de su especial glíptica, a saber, los sellos
en forma de cilindro de piedra dura en cuya superficie van figuras e inscripciones
grabadas o en relieve y cuyo desarrollo sobre una materia blanda reproduce el sello. Los
asuntos de dichos relieves sigilares suelen consistir en representaciones mitológicas de
horribles divinidades o de poderosos genios luchando con fieras y domándolas. Pero en
los relieves monumentales se trata generalmente de glorificar al monarca quien por lo
común se presenta rodeado de cortesanos y recibiendo tributos de los países vencidos o
luchando con sus enemigos y sometiéndolos a terribles tormentos o bien figurando en
partidas de caza y a veces, ofreciendo sacrificios u obsequios de dioses.
Aunque la ejecución escultórica no sobresale por su finura en Caldea y Asiria,
superándola en esto indudablemente la de Egipto, es de notar en ella la corrección con
que suele tratarse la figura de los animales siempre más expresiva y atildada que la del
hombre. En cambio, apenas admiten los motivos vegetales desprovistos en todo caso de
naturalidad o realismo.
Escultura asiria
El arte asirio, muy parco en estatuas, abunda en relieves sobre piezas de mármol y
alabastro. En ellos, se exagera la robustez de la musculatura humana que se imitó del
arte caldeo. Los personajes de distinción y los genios o dioses llevan grandes barbas con
rizos escalonados (de los cuales ya hubo algún ejemplar de pequeñas estatuas
mitológicas y de relieves en el arte caldeo) mientras que los eunucos o servidores del
rey se presentan sin barba y todos con trajes talares o, por lo menos, hasta la rodilla
ostentando grandes flecos o franjas en los bordes de la vestimenta. Son también
característicos del arte asirio (y del persa que le sucedió) las androsfinges o toros y
leones con cabeza humana que tuvieron ya sus antecedentes en algún pequeño ejemplar
mitológico del arte caldeo. Se constituyen por miembros de toro, león y águila con cara
de hombre, los seres vivos más fuertes del mundo conocido y se colocaban a los lados
de las puertas de los palacios reales.
Los monumentos más antiguos que se conocen del arte asirio son bajorrelieves de
Tiglathpilesser I y los más acabados corresponden a la época de Asshurbanípal
(Sardanápalo II, siglo VII a. C.) que fue el siglo de oro del arte mencionado. Los
principales entre estos monumentos asirios se hallan en el Museo Británico (los leones
heridos, el obelisco de Salmanasar II, etc.) no faltando buenos ejemplares en el Louvre
(toros androcéfalos y los relieves de Sargón, etc.) tiene cabeza de humano y cuerpo de
toro
Arquitectura asiria
Reconstrucción del patio del palacio de Korshabad
Los dos grandes imperios, el caldeo y el asirio, que fueron sucediéndose en la antigua
región del Tigris y el Éufrates, dieron a origen a dos civilizaciones también diferentes y
sucesivas aunque en el arte estuvieron muy hermanadas por copiarse mutuamente las
formas. El primer imperio tuvo al principio su asiento en diferentes ciudades de Caldea
que si no guardaban unidad política, respetaron al fin la hegemonía de la célebre
Babilonia y el segundo, en Asiria, siendo por último su capital la famosa Nínive.
Destruida esta ciudad por el medo Ciájares, renació el Imperio caldeo con Nabopolasar
y tuvo su período más brillante con Nabucodonosor II, hijo de éste para terminar con la
toma de Babilonia por los persas. La arquitectura asirio-caldea estuvo muy lejos de
alcanzar la perfección que tuvo la egipcia y a pesar de las repetidas excavaciones que se
han sucedido, no se ha llegado a tener un conocimiento perfecto de ella debido a la
debilidad de su material constructivo y en vista del estado lamentable de las ruinas. La
época mejor conocida en el terreno arquitectónico es la del Imperio asirio, sobre todo,
con la exploración de los palacios de Nimrud y Nínive.
Arquitectura asiria
Una de las quince puertas exteriores de Nínive
El arte asirio se apropió de las formas caldaicas, tanto en edificios como en
inscripciones si bien en éstas abandonó la lengua proto-caldea, usando la asiria y en
aquellos construyó con más solidez, suntuosidad y perfección en el ornato. Aunque en
Asiria no escasean las canteras de piedra y de los montes próximos de Armenia se
extraían buenas calizas y mármoles, los asirios construían con ladrillos y adobe a
imitación de los caldeos y sólo echaban mano de la piedra para revestimientos de muros
y para la base de los edificios, los cuales fueron principalmente torres y palacios.
Apenas se sabe nada de las tumbas en el imperio asirio y, no cabe duda que no se
preocupaban por ellas cuando no han dejado muestras relevantes. Las torres o zigurats
se componían de siete plataformas con igual destino y significado que en el arte caldeo.
Pero se diferenciaban de éste en que no tenían escalinata exterior ni rampa (salvo la que
servía para el terraplén inferior) franqueándose el acceso a las plataformas superiores
por escalera interior que partía de un vestíbulo con su puerta monumental situados al pie
del edificio en una de sus caras. Había, además, otros templos menores para divinidades
secundarias, ya en forma de pequeñas torres, ya como edículos o templetes con su
frontón al modo griego, aunque rudimentario.
Los palacios que en la arquitectura asiria ofrecen extraordinaria importancia, se elevan
asimismo sobre grandes plataformas o terraplenes con planta rectangular prolongada y
orientados como las torres. Encierran en su perímetro grandes patios, alrededor de los
cuales se alzan los cuerpos de edificio divididos en diferentes salas de extraordinaria
longitud cuyas paredes interiores más ricas y a veces incluso los pavimentos se cubrían
hasta cierto punto con láminas de alabastro, adornadas en los muros con relieves
historiados e inscripciones y más arriba se revestían los muros con ladrillos esmaltados
o azulejos que ostentaban hermosa pintura policromada. El bronce y el oro abundaban
así mismo en estas decoraciones palatinas. Es lo más probable que no tuvieran los
palacios más que un solo piso y que recibieran la luz por el techo el cual se hacía plano
y se adornaba con madera esculpida. Junto al palacio real se elevaba la torre-templo.
Esfinges aladas situdas a la entrada de la ciudad de Nimrud
Aunque los asirios conocieron la bóveda, tanto falsa como verdadera (de medio cañón y
apuntada) no dieron gran importancia a estos elementos arquitectónicos pero sí al arco
de medio punto y al elíptico para las puertas monumentales. Tampoco hicieron
frecuente el uso de las columnas a juzgar por los restos hallados y es probable que
construyeran éstas de madera sobre zócalo redondo de piedra. Junto a las puertas
principales de los palacios reales, como para defender la entrada o simbolizar el poder,
había colosales figuras de esfinges aladas, a veces, de cinco metros de altura, que por lo
común tenían cabeza de hombre (androsfinges) con barba rizada, el cuerpo de toro o de
león y las alas de águila, esfinges que, por otra parte, ya habían empezado a usarse en el
arte caldeo primitivo. Entre los motivos ornamentales se hallan muy habitualmente las
grecas, piñas, palmetas, rosones, las acciones guerreras y las cacerías.
Las ruinas de ciudades asirias más exploradas por los arqueólogos son las de Nínive,
Nimrud o Halah (la Chale del Génesis) y Elleasur las cuales tenían elevados muros,
defendidos por numerosas torres y encerraban magníficos palacios. Los más notables de
entre dichos palacios, cuyas ruinas se han descubierto y estudiado son:
el de Asshurnasirpal (Sardanápalo I) y el de Salmansasar II con su famoso
Obelisco negro, ambos en Nimrud, siglo IX a. C.
el de Asarhaddón, en la misma localidad, siglo VII a. C.
el de Sargón II o Sarkín, en Kórsabad, siglo VIII a. C. Estaba decorado con
veinticuatro pares de toros alados y unas dos mil losas de piedra esculpidas y
colocadas por dentro y por fuera, a lo largo del muro.
el de Senaquerib. Era un palacio semejante al de Sargón aunque no tan extenso.
otro de Asarhaddón, embellecidos éste y el anterior por Asurbanipal
(Sardanápalo II).
El arte del segundo imperio babilónico no se diferencia del asirio sino en el uso
exclusivo del ladrillo para las construcciones y en que abunda más la decoración
pictórica y de relieve de sus ladrillos esmaltados para revestimiento, en vez de los de
mármol que se usaban en el arte precedente. Las torres y las tumbas, sin embargo,
seguían en la baja Caldea la forma ya descrita del primer Imperio.
Murallas de Babilonia
Célebre ha sido en todos los tiempos la gran ciudad de Babilonia embellecida
sobremanera en este último periodo por Nabucodonosor II el grande (605 a. C. al
562 a. C.). Medía en esa época unos 514 kilómetros cuadrados de área. Sus gigantescas
murallas se elevaban 106 metros de altura y contaban 26,5 metros de espesor. Su
famoso templo de Belo con la torre abrazaba un perímetro de 1.480 metros, elevándose
a 185 metros de altura. El puente sobre el Eufrates, río que lo atravesaba diagonalmente
contaba un kilómetro de largo por diez metros de ancho, siendo también colosal el túnel
que pasaba por debajo del mismo río, el primero que se conoce en el mundo. Los
jardines pensiles o construidos sobre pilastras y arcos, los palacios, las fortalezas y los
templos (que llegaban a los cuarentaytrés), todo era soberbio y colosal según atestiguan
las ruinas que hasta hoy nos han llegado. Entre ellas, destacan dos zigurats antiguos
pero reedificados por Nabucodonosor que han obtenido fama universal por los
recuerdos que van unidos a los mismos. El mayor es el llamado Bit-Sagatu, en Babil o
templo de Belo que debió elevarse 185 metros (mayor altura que las pirámides egipcias,
aunque hoy mide 40) con otro tantos de base. La otra es Bit-Zida en la acrópolis
Borssipa que alcanzó los ochenta metros de altura y setecientos de lado en su base. Esta
es probablemente en su origen la torre de Babel.
A pesar de la grandiosidad y de la fastuosa exornación que distingue a la arquitectura
caldeo-asiria, se halla ésta desprovista de verdadera elegancia, es pobre o muy sencilla
en sus líneas y pesada y monótona en sus formas. En la forma piramidal de las torres, en
el número de sus cuerpos, en la orientación y otros detalles hay que reconocer gran
simbolismo religioso, como ocurre en la arquitectura egipcia.
CUESTIONARIO:
1. ¿Cuales eran las dos etapas de fecundidad artística en Mesopotamia?
R// Caldea y Asiria.
2. ¿Cuál fue el inicio del periodo paleobabilónico?
R//cuando se convirtió así en la principal ciudad de la Mesopotamia central
3. ¿Cuáles fueron los creadores del arte mesopotanico?
R// fueron los antiguos sumerios, pueblo que se supone de origen camita y que pobló
estas tierras hacia el año 4000 a. C. El estilo de estas gentes fue asimilado después
(desde el año 3000 al 1500 a. C.) por el pueblo semita de los acadios que también llegó
a habitar esta región y se fundió con los habitantes anteriores y fue asimilado
igualmente por los babilonios. Entre los siglos XI y VII a. C. el estilo sumerio adquiere
pleno desarrollo con la civilización asiria y la neobabilónica.
4. ¿Cuál es el monumento mas importante en el arte asirio?
R// El monumento más importante en el arte asirio es el palacio, morada del rey
5. ¿Cuál es el material mas utilizado en el arte asiria?
R// El BARRO