0% encontró este documento útil (0 votos)
13 vistas6 páginas

Acuerdo de Paris

El acuerdo de París sobre el clima, aprobado en diciembre de 2015, es criticado por no abordar adecuadamente la crisis ambiental y el cambio climático, ya que permite que los países establezcan metas voluntarias que no garantizan una reducción efectiva de las emisiones de gases de efecto invernadero. A pesar de las promesas de inversión en energías limpias, el sistema capitalista sigue priorizando los combustibles fósiles, lo que socava cualquier progreso real hacia la sostenibilidad. En última instancia, el acuerdo no propone un plan concreto para detener el calentamiento global, sino que busca gestionar una crisis que se prevé que empeore bajo el actual orden imperialista.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
13 vistas6 páginas

Acuerdo de Paris

El acuerdo de París sobre el clima, aprobado en diciembre de 2015, es criticado por no abordar adecuadamente la crisis ambiental y el cambio climático, ya que permite que los países establezcan metas voluntarias que no garantizan una reducción efectiva de las emisiones de gases de efecto invernadero. A pesar de las promesas de inversión en energías limpias, el sistema capitalista sigue priorizando los combustibles fósiles, lo que socava cualquier progreso real hacia la sostenibilidad. En última instancia, el acuerdo no propone un plan concreto para detener el calentamiento global, sino que busca gestionar una crisis que se prevé que empeore bajo el actual orden imperialista.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

El acuerdo de París sobre el clima

El mundo enfrenta una peligrosa crisis ambiental que se intensifica, en la cual el cambio
climático es la punta de lanza. El año 2014 fue el más cálido registrado en la historia de la
Tierra, y de acuerdo a todos los índices, el 2015 podría romper ese récord. Las capas
polares, tanto del polo norte como del sur, están derritiendo y el nivel del mar está
subiendo; el carbono que está en la atmósfera está acidificando los océanos, lo cual
representa una gran amenaza a la vida marina; los científicos advierten de cada vez más
trastornos a los ecosistemas y la amenaza de una extinción en masa de especies. (Véase
“Unos datos básicos sobre el calentamiento global / el cambio climático” al final de este
artículo).

Los últimos informes de 2014 del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático
advirtieron del peligro de “cambios duraderos en todos los componentes del sistema
climático, los cuales aumentan la probabilidad de impactos graves, generalizados e
irreversibles para la población y los ecosistemas”. El Panel dijo que cuanto más aumenta el
calentamiento, más aumentará el peligro de “cambios súbitos e irreversibles”.

Esta crisis, impulsada por la quema incesante de petróleo, carbón y gas natural, la
destrucción de los bosques, y los métodos agrícolas perjudiciales, es el trasfondo y el
contexto del acuerdo sobre el clima que se aprobó en París el 10 de diciembre de 2015. Las
grandes potencias del mundo lo aclamaron. Obama dijo que el acuerdo representa “un
punto de viraje para el mundo” y que está a la altura del desafío de nuestro tiempo y crea
una situación en que “el planeta estará en mejores condiciones para la próxima generación”.
En las palabras del climatólogo James Hansen, esas son “malditas mentiras”.

Como si Estados Unidos quería demostrarle al mundo hasta qué medida el acuerdo no
representa ningún camino hacia una solución a la crisis ambiental, sólo unos días después
de que los representantes de Estados Unidos aprobaran el acuerdo de París, el Congreso
estadounidense aprobó, y Obama firmó, una ley de gastos que incluye disposiciones para
levantar la prohibición contra la exportación del petróleo crudo. Se calcula que el
levantamiento de esa prohibición podría aumentar la producción estadounidense de petróleo
por más de tres millones de barriles diarios y podría causar la emisión de más de 500
millones de toneladas adicionales de contaminación de carbono al año. De acuerdo a Kassie
Siegel del Instituto de Leyes Climáticas del Centro para la Diversidad Biológica: “Levantar
la prohibición de exportar petróleo crudo minaría todo el progreso que nuestra nación
pudiera lograr en la lucha contra el cambio climático. Aumentaría la contaminación que
calienta el planeta y desataría más fracturación hidráulica (‘fracking’) y perforación
peligrosa en las comunidades vulnerables y el preciado hábitat de fauna y flora de Estados
Unidos”.
Es descarado y vergonzoso que Estados Unidos haga esto mientras sigue felicitándose a sí
mismo por supuestamente encontrar la solución al cambio climático mundial. Pero al
menos indica una verdad: este sistema se ve impelido implacablemente a producir, refinar,
transportar y vender combustibles fósiles y usarlos como un arma en su contienda
estratégica con otras potencias. El acuerdo de Paris no minó ESO de ninguna manera.

La lección crucial para sacar del acuerdo de París, al tomar en cuenta tanto lo que el
acuerdo sí representa y lo que no representa, no es simplemente que no logró lo que dice
lograr, pero que este sistema capitalista imperialista no puede solucionar el problema de la
crisis ambiental. Así de profunda es la crisis, y la devastación ambiental está estrechamente
ligada a toda la demás opresión y horror que este sistema causa por todo el planeta.

Este sistema no solamente arrasa el planeta y destruye a sus habitantes, en un sentido


fundamental está fuera del control de los propios gobernantes imperialistas. Incluso si los
líderes capitalistas imperialistas de este sistema quisieran impedir sinceramente que el
sistema se precipite hacia una catástrofe ambiental, no podrían hacerlo.

Lo que se requiere en verdad, y lo que las potencias idearon

Para abordar en más detalle por qué este sistema no es capaz de solucionar esta crisis,
miremos lo que se requeriría para siquiera empezar a lidiar con el calentamiento global, el
cual es sólo un elemento de la crisis ambiental que va en desarrollo.

» Los intereses capitalistas han invertido muchos billones de dólares en las reservas de
combustibles fósiles y en tecnología, transporte y maquinaria que consumen combustibles
fósiles, y gastan miles de millones más cada año buscando nuevas reservas. Pero lo que se
necesita es una transformación muy rápida que abandone la producción de fuentes de
energía dominadas por combustibles fósiles, y se apoye de forma general en fuentes de
energía renovables como la energía solar, la del viento y la geotérmica (la energía del calor
del interior de la Tierra). No se puede dejar que esas inmensas inversiones de capital
determinen la clase de energía que se produzca; al contrario, hay que abandonarlas.

» Habría que reorganizar y reestructurar completamente el transporte en lugares como


Estados Unidos y las ciudades por todo el mundo; y habría que transformar radical y
rápidamente el sistema poco económico y desastroso para el medio ambiente en que los
individuos se desplazan en carros particulares, y reemplazarlo con sistemas de transporte
público seguros, ecológicamente racionales y fáciles de usar.

» Habría que transformar radicalmente la agricultura y la producción de comestibles,


dejando atrás la agricultura de hoy que es altamente intensivo en capital, consume mucha
energía, es dependiente de químicas y pesticidas, y es orientada hacia sacar ganancias para
el capital global sumamente concentrado que se deriva de la mano de obra explotada y
oprimida en Estados Unidos y por todo el mundo. Ese sistema de agricultura daña el clima,
las personas y los animales y, lo que es más, es dañino para la propia tierra. Un gran
porcentaje de las emisiones de carbono que propulsan el cambio climático global viene
ahora de la agricultura, la expansión de la producción de ganado y la destrucción de los
bosques y las selvas.

» Todos esos cambios —y lo descrito arriba representa sólo una pequeña parte de lo que
habría que hacer— tienen que ocurrir en una escala mundial, con la gente trabajando en
conjunto por todo el planeta, juntando sus conocimientos científicos, los recursos y las
masas de personas para cumplir con todo lo necesario para lidiar con esa crisis.

Para repetir, aquí se tratan de unos puntos clave pero esenciales de lo que habría que hacer
para poner fin a la mortífera inyección de dióxido de carbono y otros gases de efecto
invernadero a la atmósfera de la Tierra. Cualquier evaluación seria del acuerdo de París
tiene que comenzar con lo que se requiere en concreto para dar solución a la crisis. Un
acuerdo que no hace eso, sino que al contrario parte de lo que conviene económica y
políticamente a los intereses de este u otro grupo en el poder, o del conjunto de todos los
grupos que ahora están en el poder, falla ante el desafío de lo que concretamente hay que
hacer para asumir los retos que los científicos señalan hoy y que han señalado ya por
décadas.

En lugar de presentar un plan como éste, las potencias llegaron a París con metas, planes y
objetivos que eran fundamentalmente distintos. Su meta NO era asumir los retos planteados
por los científicos, sino lidiar con la crisis de una manera que les permita conservar su
sistema (por ahora) y promover los intereses inmediatos de las potencias dominantes. Esto
es evidente en todo aspecto de la conferencia de París. Salta a la vista esta contradicción en
el acuerdo: La meta declarada de las negociaciones sobre el clima ha sido mantener el alza
mundial de las temperaturas “muy por debajo” de dos grados Celsius (3,6 grados
Fahrenheit) en comparación con la época preindustrial. Se han dado grandes cambios a raíz
del alza de sólo un grado Celsius que ha ocurrido ya, y los científicos dicen que un alza
superior a dos grados C. podría ser desastrosa. Pero los que dominaron el proceso en París
reconocieron francamente antes del inicio de la conferencia que ni siquiera iban a intentar
crear un acuerdo que mantuviera el alza de temperaturas por debajo de dos grados C.

Todas las metas para la reducción de gases invernaderos que formularon en la conferencia
son voluntarios, y cada país fijará su meta según sus intereses nacionales y no según los del
ambiente y la humanidad. La pura verdad es que aunque cada país cumpliera cabalmente
con todos sus compromisos, lo cual es sumamente improbable, eso conduciría a un
aumento catastrófico de 3 grados C o más. La conferencia no estableció ningún horario
para cuando se tiene que dejar de usar el combustible de fósil — mientras que la mayoría
de los científicos afirman que es preciso que se lo elimine por completo a nivel mundial
antes del año 2050, y antes del 2030 para los países ricos, para mantener el calentamiento a
1,5 grados C o menos (que es lo que hace falta). Eso ni siquiera estaba sobre la mesa en
París.

Este es un acuerdo climático que en lo más básico acepta que la temperatura seguirá
subiendo y no propone un plan concreto para pararla. (El acuerdo si propone futuras
reuniones sobre el clima cada 5 años, y las promesas de que en el futuro los países
propondrán mejores metas — metas que no se especifican. En realidad no hay ningún plan
para impedir que siga subiendo la temperatura.) El acuerdo no es un plan para lo que
realmente se requiere para parar el calentamiento planetario — es más bien un plan que
pretende manejar una crisis que sólo va a empeorar bajo este sistema.

Además, no hay ningún compromiso obligatorio serio de que los países imperialistas y
ricos tengan que ayudar a los países que no tienen recursos y que son los más afectados por
los cambios climáticos. Hay una meta no obligatoria de $100 mil millones que incluye
ayuda y diversas formas de inversión. Estados Unidos en particular se esforzó fuertemente
para asegurar que no se incluyera ninguna terminología en el acuerdo que hiciera alusión
alguna a “reparaciones” que los países ricos pagarían. Ante una situación en la que por
siglos los países imperialistas han robado, saqueado y explotado a los países oprimidos; en
la que los principales responsables del carbón en el ambiente son los imperialistas; y en la
que un criterio básico para un verdadero cambio requiere la cooperación a nivel mundial,
como se dijo anteriormente, el acuerdo de París obra por conservar las horrorosas
relaciones de poder que dominan el planeta. De ninguna manera promueve la mutua
colaboración.

Gran parte del supuesto “plan” para el “éxito” de la conferencia de París, muy alabada en la
prensa, es la alegación de que el acuerdo desatará toda clase de inversión capitalista en la
energía limpia. En primer lugar, ese es un deseo que se basa en una idea incorrecta de la
realidad de cómo funciona el capitalismo. Además, NO es un plan para realmente
transformar el planeta tal como se esbozó más arriba para verdaderamente abordar la crisis
— es una manera de hacerse ganancias. Para dar sólo una idea de la realidad de la
situación: después de décadas de advertencias sobre el cambio climático, hoy solo el 1,6%
de la energía usado en el mundo viene de la energía solar o del viento. Las compañías
energéticas siguen produciendo combustibles de fósil y tienen enormes cantidades de
recursos todavía en el suelo que pretenden extraer, y seguirán invirtiendo miles de millones
de dólares cada año para encontrar más reservas. Todo eso sube y baja según las
“realidades del mercado”, los bajones de la economía, etc., y NO según las necesidades
ambientales del planeta.

El International Business Times predice (y saluda la predicción) que para el 2040 habrá
más dinero invertido en energías renovables que en combustibles de fósil. Pero la realidad
es que aún si eso se diera, seguirían quemando una gran cantidad de combustibles de fósil.
Como dice el propio artículo del International Business Times: “La contaminación que
causa el cambio climático seguirá aumentando hasta el 2029, y para el 2040 las emisiones
estarán a 13% por encima de las del 2014”. Una vez más, eso no tiene nada que ver con la
necesidad de combatir el cambio climático. Es un plan para sacar ganancias y, en el
proceso, intentar mitigar un tanto el desastre del calentamiento climático.

Desertificación por impacto de calentamiento global


Un ejemplo llamativo de lo lejos que este acuerdo está de verdaderamente abordar la
realidad del cambio climático: El acuerdo de París ni siquiera menciona las emisiones de
las aerolíneas y del transporte marítimo, que ahora representa el 5% del total de emisiones
mundiales de gases invernaderos, y en el futuro serán un porcentaje aún mayor. Ese 5% es
equivalente al total de carbono que emiten los 164 países menos contaminadores. Qué
condenación más patente de lo desequilibrada que es la economía imperialista mundial —
¡las emisiones de aerolíneas y del transporte marítimo, que por lo general sirven a los países
imperialistas, equivalen a la contaminación de 164 países! ¡Y el acuerdo de París ni
siquiera lo menciona! Este no es un plan para combatir el calentamiento planetario — es un
plan para conservarel actual orden imperialista mundial.

Y por último, las emisiones de las fuerzas armadas de Estados Unidos —la institución más
contaminadora de carbón del mundo— ni siquiera constan en los cálculos de París. La pura
verdad: los imperialistas estadounidenses no van a usar baterías para sus aviones de caza,
van a seguir usando combustible para jets. Y NO van a permitir que la contaminación de
parte de sus fuerzas armadas sea un punto de discusión en ninguna conferencia sobre el
medioambiente. Para ellos, lo primero viene primero. Y eso NO quiere decir las
necesidades del planeta, sino las necesidades de este sistema, incluyendo la capacidad de
hacer llover la muerte y el terror desde el cielo en aras de proteger y extender su imperio.

También podría gustarte