SALA CONSTITUCIONAL
Magistrado Ponente: PEDRO RAFAEL RONDÓN HAAZ
Consta en autos que, el 28 de julio de 2008, la ciudadana FELICITAS FUENMAYOR DE TORREALBA,
titular de la cédula de identidad n.° 3.967.754, mediante la representación del abogado Ibrahin Rodríguez Pulido, con
inscripción en el I.P.S.A. bajo el n.° 5.370, intentó, ante esta Sala, amparo constitucional contra la sentencia que dictó el
Juzgado Superior Séptimo Civil, Mercantil y Tránsito de la Circunscripción Judicial del Área Metropolitana de Caracas, el 19
de diciembre de 2007, para cuya fundamentación denunció la violación a sus derechos a la igualdad, al debido proceso y a la
defensa que acogieron los artículos 21 y 49 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.
Luego de la recepción del expediente de la causa, se dio cuenta en Sala por auto del 4 de agosto de 2008 y se
designó ponente al Magistrado Pedro Rafael Rondón Haaz.
El 6 de agosto de 2008, el abogado Ibrahin Rodríguez Pulido señaló la sede procesal de su representada.
El 24 de septiembre, 13 de octubre, 4 de noviembre y 12 de diciembre de 2008, el abogado Ibrahin Rodríguez
Pulido solicitó pronunciamiento respecto a la medida cautelar.
El 6 de mayo de 2009, mediante sentencia n.° 498, fue admitida la demanda, se negó la medida cautelar que
fue requerida “(…) ante la ausencia, en autos, de copia auténtica de los actos procesales de los cuales pueda apreciarse la
presunción de buen derecho respecto del agravio que se delató, (…)” y se ordenó la práctica de las notificaciones
correspondientes.
El 29 de junio de 2009, la representación judicial de la justiciable presentó copia certificada del acto decisorio
que fue impugnado y pidió se acordara la cautela.
El 27 de julio de 2009, el abogado Ibrahin Rodríguez Pulido peticionó pronunciamiento respecto a la medida
cautelar.
El 05 de octubre de 2009, mediante acto decisorio n.° 1.248, esta Sala acordó la medida cautelar que fue
pedida, consistente en la suspensión de los efectos de la decisión que expidió el Juzgado Superior Séptimo Civil, Mercantil y
Tránsito de la Circunscripción Judicial del Área Metropolitana de Caracas, el 19 de diciembre de 2007, y ordenó la práctica
de las notificaciones correspondientes.
El 8 de julio de 2010, la representación judicial de la parte actora peticionó la fijación de la audiencia pública.
El 15 de octubre de 2010, se fijó para el 26 de ese mismo mes y año, a las once y treinta de la mañana (11:30
a.m.), la celebración de dicha audiencia, la cual fue diferida por auto del 25 de octubre de 2010.
El 18 de noviembre de 2010, se fijó para el 23 de ese mismo mes y año, a las diez y treinta de la mañana
(10:30 a.m.), la celebración de la audiencia pública, la cual tuvo lugar con la presencia del abogado Ibrahin Quintero, en
representación de la ciudadana Felicitas Fuenmayor de Torrealba, parte demandante, y de la representación del Ministerio
Público, en ausencia del supuesto agraviante y del tercero interesado. En esa misma oportunidad, la representación del
Ministerio Público consignó escrito de conclusiones.
DE LA PRETENSIÓN DE LA PARTE ACTORA
1. La representación judicial de la parte actora alegó:
1.1 Que, el 26 de enero de 1996, la ciudadana Melania Margarita Sánchez Mota “entonces propietaria del
apartamento número 7, ubicado en el piso 2 de la Torre Norte del Edificio Paraguachí, situado en la avenida Francisco de
Miranda, Urbanización Boleita del municipio Sucre del estado Miranda; (…), suscribió contrato de arrendamiento con [su]
representada ante la Notaría Cuarta del municipio sucre del estado Miranda, (…)”
1.2 Que la arrendadora fue “(…) capaz de creerse por encima del Estado de Derecho y de atribuirse
facultades legislativas al derogar, de facto, la ley de arrendamiento inmobiliarios; así tocó la jurisdicción penal al cometer el
delito de USURA, (…)” cuando estableció en la cláusula segunda del referido contrato de arrendamiento lo que sigue:
El canon de arrendamiento es la suma de SESENTA MIL BOLÍVARES (Bs. 60.000,oo) mensuales durante el
primer año, que LA ARRENDATARIA se obliga a pagar dentro de los cinco (5) primeros de cada mes, por
mensualidad vencida, en el domicilio de LA ARRENDADORA, el cual declara conocer. A los fines de
compensar el índice inflacionario que afecta la economía nacional, LA ARRENDATARIA se obliga a pagar un
treinta y cinco por ciento (35%) de aumento anual, sobre el canon vigente para el año inmediato anterior al que
se produce la prórroga si la hubiere. Se considerará resuelto EL CONTRATO si LA ARRENDATARIA no
cancelare los aumentos respectivos al operarse la prórroga automática de cada año.
1.3 Que, el 6 de febrero de 1997, la ciudadana Melania Margarita Sánchez Mota “(…), todavía propietaria
del inmueble suscribió el segundo contrato con [su] representada ante la Notaría Cuarta del municipio Sucre, bajo el
número 37, tomo 10. La propietaria tampoco solicitó la regulación del inmueble ni participó el propósito de finalizar el
contrato bilateral.”
1.4 Que “[e]n la cláusula cuarta del segundo contrato, (…), se acordó la duración desde el 12 de enero
hasta el 31 de diciembre de 1997, prorrogables por períodos iguales y consecutivos, a menos que una de las partes diera
aviso a la otra, por escrito con no menos de treinta días de anticipación a la fecha del vencimiento del término
correspondiente, manifestando su voluntad de no prorrogar el contrato de arrendamiento.”
1.5 Que conforme con lo que dispone la referida cláusula, desde el 31 de diciembre de 1997 hasta el 31 de
diciembre de 2007, se prorrogó sucesivamente el contrato de arrendamiento, toda vez que ni la antigua propietaria ni la actual
le comunicaron, por escrito a su representada, la voluntad de que se concluyera la relación arrendaticia.
1.6 Que, el 9 de diciembre de 2004, la ciudadana Arisa del Valle Mejías Guevara demandó el desalojo de
su representada del bien que fue dado en arrendamiento, ante el Juzgado Cuarto de Primera Instancia Civil, Mercantil y
Tránsito de la Circunscripción Judicial del Área Metropolitana de Caracas, quien, el 9 de noviembre de 2006, declaró sin
lugar la demanda, ya que la misma era contraria a derecho, por cuanto el contrato de arrendamiento que fue suscrito por las
partes era a tiempo determinado, razón por la cual la referida ciudadana ejerció el correspondiente recurso de apelación.
1.7 Que, el 19 de diciembre de 2007, el Juzgado Superior Séptimo Civil, Mercantil y Tránsito de la
Circunscripción Judicial del Área Metropolitana de Caracas declaró con lugar la apelación y, en consecuencia, ordenó la
entrega material del inmueble libre de bienes y personas y en las mismas condiciones de mantenimiento y conservación para
el momento en que fue arrendado, para lo cual concedió a su representada un plazo de seis (6) meses improrrogables desde la
notificación que se le hiciera de la decisión, de conformidad con lo que dispone el parágrafo primero del artículo 34 de la Ley
de Arrendamientos Inmobiliarios.
2. Denunció:
La violación a los derechos a la igualdad, al debido proceso y a la defensa que acogieron los artículos 21 y 49
de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, por cuanto el juez del acto decisorio impugnado no se atuvo a
lo alegado y probado en autos, toda vez que “(…) la parte actora no afirmó ni demostró, que hubiese avisado a [su]
representada, en forma fehaciente e indubitable, que no renovaría el contrato.(…). Lo alegado y probado en autos, es que
la parte actora no participó a [su] representada su decisión de no prorrogar el contrato ni requirió de ella la entrega del
inmueble, y que, por tanto, el contrato de diciembre de 1997 había conservado categoría de tiempo determinado, sujeto a
prórrogas.”
3. Pidió:
Primero.- Que el Recurso de Amparo sea admitido con base en los planteamientos descritos. Segundo.- Que
se conceda medida cautelar a favor de [su] representada, suspendiendo la ejecución de la sentencia hasta que la
Sala Constitucional emita el pronunciamiento definitivo. Tercero.- Que el Recurso de Amparo sea declarado
con lugar en sentencia definitiva, revocando el fallo recurrido para que un tribunal distinto a EL TRIBUNAL
ACCIONADO dicte el fallo en segunda instancia.
II
DE LA SENTENCIA OBJETO DE AMPARO
El juez del fallo que se impugnó sentenció en los términos siguientes:
PRIMERO: Se declara CON LUGAR la apelación interpuesta en fecha 27 de febrero del 2007, por la
ciudadana Arisa del Valle Mejías Guevara, (…), parte actora, contra la sentencia dictada en fecha 09 de
noviembre del 2006, por el Juzgado Cuarto de Primera Instancia en lo Civil, Mercantil y del Tránsito de la
Circunscripción Judicial del Área Metropolitana de Caracas. En consecuencia, y en consideración a todo lo
expuesto a lo largo del presente fallo, se declara con lugar la presente demanda y se revoca el fallo antes
mencionado, (…).
SEGUNDO: En consecuencia de lo anterior, se ordena entregar libre de personas y bienes, y en las mismas
buenas condiciones de mantenimiento y conservación en que le fue entregado el inmueble constituido por un
Apartamento, ubicado en la Avenida Francisco de Miranda, Edificio Paraguachi, distinguido con el Nro 7
situado en la Segunda Planta de la Torre Norte, ubicado dicho edificio en la parcela Nro 3 de la Urbanización
Boleíta, del Distrito Sucre del Estado Miranda, con una superficie aproximada de Ciento Cuarenta y Cuatro
Metros Cuadrados (144 mts2); para lo cual se le concede a LA ARRENDATARIA un plazo improrrogable
de seis (6) meses para la entrega material del mismo, contados a partir de la notificación que se le haga
de la presente decisión, de conformidad con lo dispuesto en el Parágrafo Primero del artículo 34 de la
Ley de Arrendamientos Inmobiliarios.
TERCERO: De conformidad con lo establecido en los artículos 274 y 281 del Código de procedimiento Civil,
se condena en costas a la parte demandada por resultar totalmente vencida en el presente juicio.
A juicio de quien expidió el pronunciamiento objeto de amparo:
Se evidencia de las actas que conforman el presente expediente que la demandada, ciudadana Felicitas
Fuenmayor de Torrealba, plenamente identificada, fue notificada en fecha 9 de febrero de 2004, por la Notario
Público Cuarta del Municipio Sucre del Estado Miranda, de la Preferencia Ofertiva de Venta del inmueble
objeto del presente juicio, constituido por un apartamento distinguido con el número siete (7) situado en la
segunda planta de la Torre Norte del edificio Paraguachi, ubicado en la parcela número tres (3) de la
Urbanización Boleíta, del Municipio Sucre, del Estado Miranda; realizada por la ciudadana Melania Margarita
Sánchez Mota, venezolana, mayor de edad, de este domicilio, titular de la cédula de identidad Nº 1.630.620;
tal como consta en las copias certificadas del documento consignado junto al libelo de la demanda marcado
“B”, que corre inserto a los folios once (11) al catorce (14), y siendo que este es un documento público, se le
otorga pleno valor probatorio al no haber sido tachado ni impugnado por la parte demandada dentro de la
oportunidad legalmente establecida para ello, ni en ninguna otra, conforme a lo establecido en los artículos
1.359, 1360 y 1361 del Código Civil, así como el 460 del Código de Procedimiento Civil, en consecuencia,
queda demostrado con respecto a la demandada que se cumplió con lo establecido en el artículo 42 de la Ley
de Arrendamientos Inmobiliarios, relativo al derecho de ésta de la preferencia ofertiva del inmueble arrendado,
Así se establece.
Por otra parte, corre inserto a los folios siete (7) al diez (10), copias certificadas del documento de compra
venta del inmueble objeto del presente juicio, supra identificado, protocolizado ante la Oficina Subalterna del
Segundo Circuito de Registro Público del Municipio Sucre del Estado Miranda, en fecha 4 de agosto de 2004,
bajo el Nº 28, Tomo 3, Protocolo Primero; al cual se le otorga pleno valor probatorio por tratarse de un
documento público que no fue tachado ni impugnado en la forma de ley por la parte demandada, quedando así
demostrada la plena propiedad del inmueble a favor de la ciudadana Arisa del Valle Mejías Guevara, parte
actora en el presente juicio; y ASÍ SE ESTABLECE.
De igual forma, corre inserto a los folios quince (15) y dieciséis (16) del presente expediente, copia certificada
de la notificación realizada por la Notario Público Cuarta del Municipio Sucre del Estado Miranda, en fecha 1º
de septiembre de 2004, a la ciudadana Felicitas Fuenmayor de Torrealba, plenamente identificada y parte
demandada en el presente expediente, mediante la cual la ciudadana Arisa del Valle Mejías Guevara le informa
que es la nueva propietaria del inmueble. Así mismo, fueron producidas por el abogado Daniel Soto,
representante de la parte actora, en el lapso probatorio, copias certificadas del expediente que cursa ante el
Tribunal Vigésimo Quinto de Municipio de la Circunscripción Judicial del Área Metropolitana de Caracas,
expediente número 9816004736, mediante el cual la ciudadana Felicitas Fuenmayor de Torrealba, titular de la
cédula de identidad Nº 3.967.754, parte demandada en el presente juicio, consigna los cánones de
arrendamiento en dicho Juzgado a favor de la ciudadana Arisa del Valle Mejías Guevara. A ambos documentos
se les otorga pleno valor probatorio por tratarse de documentos públicos que no han sido tachados ni
impugnados en forma alguna, con lo cual, queda plenamente demostrado que la arrendataria estaba en
conocimiento del cambio de propietario del inmueble objeto de la presente causa, por lo que queda desvirtuado
el alegato del abogado Ángel Eduardo Yánez Pereira, representante de la parte demandada, antes identificado,
cuando señala en su escrito de contestación a la demanda de fecha 10 de octubre de 2005, que su mandante no
la conoce y nunca la ha visto; Así se establece.
De otra parte, señala el Tribunal a-quo entre los elementos en que motiva su sentencia dictada en fecha 9 de
noviembre de 2006, lo siguiente:
“…omissis…con respecto a las anteriores probanzas presentadas por la parte accionante, se observa, que no
se desprende documento, carta o comunicación alguna donde el arrendador notifique al arrendatario su
voluntad de no prorrogar el contrato de Arrendamiento suscrito entre las partes, puesto que la Notificación
traída a los autos por la parte actora, se limitó a informarle a la ciudadana ARISA DEL VALLE MEJÍAS
GUEVARA, antes identificada, que la nueva propietaria del inmueble es la ciudadana FELICITAS
FUENMAYOR DE TORREALBA, parte actora en el presente juicio y no consta que se le haya notificado el
deseo por parte de la accionante de no prorrogar la relación arrendaticia…omissis” (cursivas, negritas y
subrayado propio)
Quedó sentado en las actas que conforman el presente expediente que la propietaria del inmueble objeto de la
presente litis es la ciudadana Arisa del Valle Mejías Guevara y no como erróneamente lo señala en su
dispositivo el Tribunal Cuarto de Primera Instancia en lo Civil, Mercantil y del Tránsito de esta
Circunscripción Judicial. Así se establece.
Al respecto observa este Tribunal que en el contrato de arrendamiento que opuso la parte demandada en su
escrito de contestación a la demanda, celebrado en fecha 1 de enero de 1997, es el que se encontraba vigente al
momento de la venta del inmueble, al cual se le otorga pleno valor probatorio por no haber sido desconocido,
tachado ni impugnado en la forma legalmente establecida; y así se establece.
Ahora bien, la actora señala en el libelo de la demanda que manifestó su voluntad a LA ARRENDATARIA que
la relación arrendaticia seguiría por tiempo indeterminado y que, estando de acuerdo en esto, al momento de
solicitarle la desocupación del inmueble por la necesidad que tenía de ocupar el mismo, ésta se opuso. Al
respecto, este Tribunal señala el contenido de los artículos 1.600 y 1.614 del Código Civil: / (…)
De manera pues, que por manifestación de la propia actora, se aprecia que el contrato de arrendamiento, si
bien es cierto que nació como uno a tiempo determinado, se indeterminó en el tiempo al permitir la propietaria
y arrendadora del inmueble, que la demandada ocupara el mismo mientras, en su decir, decidiera mudarse.
En este orden de ideas, la demandante fundamentó su acción en el literal “b” del artículo 34 de la Ley de
Arrendamientos Inmobiliarios el cual se refiere a la necesidad de ocupar el inmueble, siendo que de la revisión
exhaustiva de las actas que conforman el presente expediente, la actora demostró la propiedad sobre el
inmueble objeto del contrato de arrendamiento, y el supuesto establecido en el artículo 34.b de la Ley de
Arrendamientos Inmobiliarios habla claramente de la necesidad del propietario de ocupar el inmueble, hecho
este que debe ser considerado como una garantía constitucional al ejercicio de los atributos de la propiedad
establecidos en el artículo 115 de la constitución vigente, mientras que de otra parte el demandado no
desvirtuó ni rechazó tal alegato, y siendo que la naturaleza jurídica del contrato suscrito entre las partes
intervinientes en el presente proceso se indeterminó en el tiempo y por ende no goza de prohibición expresa de
la Ley para intentar dicha acción de desalojo, la consecuencia no debe ser otra que la declaratoria con lugar de
la presente demanda de Desalojo por la causal antes delatada. Así se decide.
III
OPINIÓN DEL MINISTERIO PÚBLICO
Con motivo de la audiencia pública, la representación del Ministerio Público consignó opinión en los
siguientes términos:
Como punto previo, advirtió que operó el abandono del trámite por falta de interés procesal en la presente
causa, toda vez que “(…) transcurri[eron] desde el 27 de julio de 2009 hasta el 8 de julio de 2010, aproximadamente más de
once (11) meses, desde que mostró interés en el asunto de amparo, evidenciándose una inactividad de su parte, que supera
los seis meses”.
1. Que “(…), en fecha 1 de septiembre de 2004, la ciudadana ARISA DEL VALLE MEJÍS (SIC)
GUEVARA, a través de la Notaría Interina Cuarta del Municipio Autónomo Sucre del estado Miranda, le comunicó
a FELICITAS FUENMAYOR, que era la nueva propietaria del inmueble arrendado”.
2. Que “(…) en ninguna oportunidad ARISA DEL VALLE MEJÍAS GUEVARA, que es la nueva
propietaria el inmueble, le dio aviso por escrito a la ciudadana FELICITAS FUENMAYOR, antes del vencimiento del
contrato de arrendamiento, que era el 31 de diciembre de 2004, según la prórroga automática por el mismo período, que se
había producido desde su vencimiento, que ocurrió el 31 de diciembre de 1997; donde expresara su intención de no
prorrogar dicho contrato”.
3. Que “(…), el referido contrato de arredramiento, se continuó prorrogando por períodos iguales y
consecutivos, conservando su naturaleza de contrato a tiempo determinado, ya que en el ámbito inmobiliario, el contrato es
a tiempo determinado cuando el arrendador entrega al arrendatario un inmueble para que lo use durante un lapso temporal,
específicamente establecido en el contrato, en el presente caso, según lo dispuesto en la cláusula cuarta del segundo
contrato suscrito entre MELANIA MARGARITA SANCHEZ DE MOTA y FELICITAS FUENMAYOR GUEVARA”.
4. Que “(…) al ser dicho contrato a tiempo determinado, la vía jurídica que podía ser ejercida por la
ciudadana ARISA DEL VALLE MEJÍAS GUEVARA, en contra de FELICITAS FUENMAYOR, era la demanda de
resolución de contrato o pretensión de cumplimiento, prevista en el artículo 33 de la Ley de Arrendamientos Inmobiliarios,
en concordancia con lo dispuesto en el artículo 1167 del Código Civil”.
5. Que “(…), la demanda interpuesta por ARISA DEL VALLE MEJÍAS GUEVARA en esta causa, no
era la idónea para obtener la ocupación de su inmueble y en ese sentido, la decisión emitida por el Juzgado Superior (…),
no se encuentra ajustada a derecho (…)”.
6. Que “ (…) le asiste la razón al accionante, cuando indica que el referido Tribunal de Alzada le
vulneró sus derechos a la igualdad, al debido proceso y a la defensa (…) al no atenerse a lo alegado y probado en autos, por
cuanto como se indicó anteriormente, la ciudadana ARISA DEL VALLE MEJÍAS, no demostró en forma fehaciente que dio
aviso por escrito a la ciudadana FELICITAS FUENMAYOR, sobre su necesidad de ocupar el inmueble objeto del contrato
de arrendamiento, por lo que el mismo luego de su vencimiento, continuó prorrogándose automáticamente por períodos de
un año, iguales y consecutivos, conservando su naturaleza de a tiempo determinado, con lo cual no dio cumplimiento a lo
dispuesto en el artículo 12 del Código de Procedimiento Civil”.
7. Que “(…) el referido Tribunal de Alzada además de dejar de efectuar lo establecido en el artículo 12
del Código de Procedimiento Civil, vulneró el artículo 506 ejusdem, (…); cuando al emitir su decisión, tomó como
fundamento (…), el dicho de la ciudadana ARISA DEL VALLE MEJÍAS en su demanda mediante la cual indicó que en
fecha 2 de septiembre de 2004, convino en forma verbal con FELICITAS FUENMAYOR, que continuaría con la relación
arrendaticia por tiempo indeterminado hasta que tomara la decisión de mudarse al inmueble, lo cual no fue demostrado por
dicha ciudadana, durante todo el proceso judicial seguido en virtud de la demanda de desalojo que interpuso en contra
de FELICITAS FUENMAYOR y no fue exigido por el Juzgador del Alzada, a los fines de emitir su decisión”.
8. Que “(…) el Juzgado Superior ignoró lo preceptuado en el artículo 20 de la Ley de Arrendamientos
Inmobiliarios, (…) (…); por cuanto en este caso la accionante, a los fines de terminar la relación arrendaticia sobre el
inmueble, no siguió las acciones judiciales correspondientes, de acuerdo a las disposiciones contenidas en el Decreto Ley de
Arrendamiento Inmobiliarios, pues accionó en contra de la ciudadana FELICITAS FUENMAYOR, a través de una
demanda de desalojo, cuando lo procedente era ejercer una demanda de resolución de contrato o pretensión de
cumplimiento”.
Por las razones que se refirieron con anterioridad, la representación del Ministerio Público solicitó la
declaratoria con lugar de la demanda de amparo constitucional sub examine.
IV
MOTIVACIÓN PARA LA DECISIÓN
De un análisis exhaustivo de las actas que componen el presente expediente, de la exposición de la
demandante y de la representación del Ministerio Público en la audiencia constitucional, esta Sala observa que:
En lo que respecta a la solicitud de la representación del Ministerio Público de que se declare el abandono del
trámite por parte de la actora por el transcurso de más de seis meses de inactividad, esta Sala debe proceder a la realización
de las siguientes consideraciones:
Ciertamente, consta en autos que, desde el 27 de julio de 2009, cuando la representación judicial de la
ciudadana Felicitas Fuenmayor de Torrealba requirió de la Sala pronunciamiento respecto a la medida cautelar (folios 216,
217, 218 y 219) hasta el 29 de enero de 2010, cuando su apoderado retiró del Juzgado Superior Séptimo Civil, Mercantil y
Tránsito de la Circunscripción Judicial del Área Metropolitana de Caracas boleta de notificación a nombre de la ciudadana
Arisa del Valle Mejías Guevara- tercera interesada-, (folio 289), transcurrió un lapso superior, en dos días, a seis meses.
Esa conducta pasiva del accionante, quien afirmó la necesidad de la tutela urgente y preferente del amparo
constitucional, fue calificada por esta Sala como abandono del trámite, en sentencia n.° 982, del 6 de junio de 2001,
(caso José Vicente Arenas Cáceres), en los siguientes términos:
...la pérdida del interés puede sobrevenir en el curso del proceso. Es lo que ocurre cuando el actor desiste de su
pretensión, caso en el cual se otorga autoridad de cosa juzgada al desistimiento y se declara la extinción del
proceso. También puede ocurrir que decaiga únicamente el interés en el procedimiento que se halla en curso,
caso en el cual ocurre el desistimiento del procedimiento a que se refiere el artículo 266 del Código de
Procedimiento Civil.
Finalmente, puede ocurrir que el interés decaiga por la inacción prolongada del actor o de ambas partes, caso
en el cual se extingue la instancia iniciada en protección de determinada pretensión. El Código de
Procedimiento Civil señala expresamente los supuestos que configuran la inacción prolongada y que dan lugar
a la perención de la instancia. En el caso específico de la inacción prolongada del actor, señala el
incumplimiento de ciertas obligaciones procesales como causa de la perención. En la Ley Orgánica de Amparo
sobre Derechos y Garantías Constitucionales no consta una regulación semejante, pero en ella se prevé la
figura del abandono del trámite, que expresa también el decaimiento del interés del actor, lo cual se deduce del
paralelismo entre ese supuesto en la Ley especial y los supuestos de extinción de la instancia, a causa del
incumplimiento de las obligaciones del actor, previstas en el artículo 267 del Código de Procedimiento Civil.
El abandono del trámite expresa una conducta indebida del actor en el proceso, puesto que revela una actitud
negligente que procura la prolongación indefinida de la controversia. / (...)
En criterio de la Sala, el abandono del trámite a que se refiere el artículo 25 de la Ley Orgánica de
Amparo sobre Derechos y Garantías Constitucionales puede asumirse –entre otros supuestos, como la
falta de comparecencia a la audiencia constitucional- una vez transcurrido un lapso de seis meses
posteriores a la paralización de la causa por falta de interés procesal de la parte actora. Ello es producto
del reconocimiento, a partir de signos inequívocos –el abandono, precisamente- de que dicha parte ha
renunciado, al menos respecto a esa causa y a este medio procesal, a la tutela judicial efectiva y al derecho a
una pronta decisión que le confiere la Constitución; por otra parte, y desde otro punto de vista, el principio de
la tutela judicial efectiva no ampara la desidia o la inactividad procesal de las partes (Resaltado añadido).
Tal conclusión deriva de la propia naturaleza del amparo como medio judicial reservado para la tutela
inmediata de los derechos y garantías constitucionales cuando las vías ordinarias no resultan idóneas, tal como
se desprende de la letra del artículo 27 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela que
estatuye para el amparo –al unísono, cabe destacar, con varios tratados internacionales en materia de derechos
humanos- un procedimiento breve, gratuito y no sujeto a formalidad en el que la autoridad judicial competente
tiene potestad para restablecer inmediatamente la situación jurídica infringida o la situación que más se
asemeje a ella y en la que todo tiempo es hábil y el tribunal debe tramitarlo con preferencia a cualquier otro
asunto. Así ha sido declarado por la jurisprudencia patria pacíficamente, aún antes de la promulgación de la
Ley Orgánica de Amparo sobre Derechos y Garantías Constitucionales.
En efecto, si el legislador ha estimado que, como consecuencia de ese carácter de urgencia que distingue
al amparo, la tolerancia de una situación que se entiende lesiva de derechos fundamentales, por más de
seis meses, entraña el consentimiento de la misma y, por tanto, la pérdida del derecho a obtener
protección acelerada y preferente por esa vía, resulta lógico deducir que soportar, una vez iniciado el
proceso, una paralización de la causa sin impulsarla por un espacio de tiempo semejante, equivale al
abandono del trámite que había sido iniciado con el fin de hacer cesar aquélla situación lesiva o
amenazadora de derechos fundamentales. Por tanto, resultaría incongruente con la aludida naturaleza
entender que el legislador hubiere previsto un lapso de caducidad de seis meses para la interposición de la
demanda y, al propio tiempo, permitiese que se tolerase pasivamente la prolongación en el tiempo de la causa,
sin la obtención de un pronunciamiento, por un lapso mayor a aquél (Resaltado añadido). / (...)
De conformidad con lo expuesto, la Sala considera que la inactividad por seis (6) meses de la parte actora en el
proceso de amparo, en la etapa de admisión o, una vez acordada ésta, en la práctica de las notificaciones a que
hubiere lugar o en la de la fijación de la oportunidad para la celebración de la audiencia oral, por falta de
impulso del accionante, ocasiona el abandono del trámite de conformidad con lo dispuesto en el artículo 25 de
la Ley Orgánica de Amparo sobre Derechos y Garantías Constitucionales, y, con ello, la extinción de la
instancia. Así se declara.
De acuerdo con el único aparte del artículo 25 de la Ley Orgánica de Amparo sobre Derechos y Garantías
Constitucionales, se impone a la demandante una multa de CINCO BOLÍVARES FUERTES (BsF 5,00), pagaderos, a favor
del Fisco Nacional, en cualquier institución financiera receptora de fondos públicos. La sancionada deberá acreditar el pago
mediante la consignación del comprobante correspondiente ante el Juzgado supuesto agraviante, situación que deberá ser
informada a esta Sala por ese órgano jurisdiccional dentro de los cinco días siguientes a su notificación. Se aplica la multa en
su límite máximo por cuanto la Sala estima de suma gravedad el entorpecimiento de sus labores con la presentación de
demandas que posteriormente son abandonadas, lo cual la obliga al desvío de su atención de asuntos que sí requieren de
urgente tutela constitucional. Así se declara.
No obstante lo anterior, advierte esta Sala que, en el caso de autos, el juez del Juzgado Superior Séptimo Civil,
Mercantil y Tránsito de la Circunscripción Judicial del Área Metropolitana de Caracas, mediante sentencia del 19 de
diciembre de 2007, subvirtió el orden procesal que debió informar el proceso que inició la ciudadana Arisa Del Valle Mejías
Guevara contra la ciudadana Felicitas Fuenmayor de Torrealba, con lo cual actuó fuera del ámbito de sus competencias y con
extralimitación de funciones, según los extremos que preceptúa el artículo 4 de la Ley Orgánica de Amparo sobre Derechos y
Garantías Constitucionales, pues no observó los parámetros legales que establece la Ley de Arrendamientos Inmobiliarios,
con trasgresión a la tutela judicial eficaz, al debido proceso y a la seguridad jurídica, derechos que reconoce la Constitución
de la República Bolivariana de Venezuela, en forma que, más allá de la esfera jurídica de la legitimada activa de autos (cuya
protección directa no corresponde a la revisión constitucional), desconoció criterios doctrinales vinculantes que esta Sala ha
establecido al respecto y cuya uniformidad de interpretación es su deber mantener.
En efecto, como se narró, el 9 de diciembre de 2004, la ciudadana Arisa Del Valle Mejías Guevara demandó el
desalojo del bien que fue dado en arrendamiento a la ciudadana Felicitas Fuenmayor de Torrealba ante el Juzgado Cuarto de
Primera Instancia Civil, Mercantil y Tránsito de la Circunscripción Judicial del Área Metropolitana de Caracas.
El 9 de noviembre de 2006, aquel tribunal de primera instancia declaró sin lugar la demanda, porque consideró
que era contraria a derecho, a causa de que el contrato de arrendamiento que fue suscrito por las partes se pactó a tiempo
determinado.
En tal sentido, el artículo 34 de la Ley de Arrendamientos Inmobiliarios preceptúa:
Sólo podrá demandarse el desalojo de un inmueble arrendado bajo contrato de arrendamiento verbal o por
escrito a tiempo indeterminado, cuando la acción se fundamente en cualesquiera de las siguientes causales:
(…)
De la trascripción parcial del artículo, se evidencia que sólo puede demandarse el desalojo de un inmueble que
haya sido arrendado bajo contrato de arrendamiento verbal o por escrito a tiempo indeterminado y la pretensión debe
fundamentarse en una o varias de las siete causales que establece esa norma.
En este orden de ideas, la Sala observa que, en la cláusula Cuarta del contrato de arrendamiento en cuestión, se
estableció que:
… se acordó la duración desde el 12 de enero hasta el 31 de diciembre de 1997, prorrogables por períodos
iguales y consecutivos, a menos que una de las partes diera aviso a la otra, por escrito con no menos de treinta
días de anticipación a la fecha del vencimiento del término correspondiente, manifestando su voluntad de no
prorrogar el contrato de arrendamiento.
Por otra parte, no observa la Sala, en las actas cursantes en el expediente, que la ciudadana Arisa del Valle
Mejías Guevara informara por escrito a la demandante de autos su voluntad de no renovar el contrato de arrendamiento con
no menos de treinta días de anticipación al vencimiento del mismo, tal como se pactó en el contrato, lo cual evidencia que
dicha convención conservó su naturaleza de determinado ya que la renovación del mismo fue automática y por períodos
iguales y consecutivos.
En cambio, el Juez del Juzgado Superior basó su fundamentación sólo en el dicho de la demandante cuando
decidió que:
Ahora bien, la actora señala en el libelo de la demanda que manifestó su voluntad a LA ARRENDATARIA que
la relación arrendaticia seguiría por tiempo indeterminado y que, estando de acuerdo en esto, al momento de
solicitarle la desocupación del inmueble por la necesidad que tenía de ocupar el mismo, ésta se opuso. Al
respecto, este Tribunal señala el contenido de los artículos 1.600 y 1.614 del Código Civil: (…).
De manera pues, que por manifestación de la propia actora, se aprecia que el contrato de arrendamiento, si
bien es cierto que nació como uno a tiempo determinado, se indeterminó en el tiempo al permitir la propietaria
y arrendadora del inmueble, que la demandada ocupara el mismo mientras, en su decir, decidiera mudarse.
Como se transcribió, el supuesto agraviante, con el solo dicho de la parte actora de ese proceso, no sólo dio por
demostrado que el contrato pasó de ser un contrato de arrendamiento a tiempo determinado a uno a tiempo indeterminado,
sino también la necesidad de aquella de la ocupación el inmueble. La Sala estima que el acto decisorio objeto de la demanda
no se ajustó a derecho ni a lo alegado y probado en autos, pues debió comprobar la aseveración de la demandante mediante
las pruebas en autos; si así lo hubiera hecho, sólo habría podido confirmar la decisión que expidió el tribunal de primera
instancia, previa declaración sin lugar de la apelación. En efecto, la pretensión de desalojo que fue interpuesta era contraria a
derecho porque no encontraba apoyo en el ordenamiento jurídico en relación con un contrato a tiempo determinado, razón
por la cual el medio judicial que escogió la demandante no resultaba idóneo para la tutela de su derecho subjetivo, en razón
de la naturaleza jurídica del contrato y la prohibición de la ley, ante la evidencia de que, para que se lograse la terminación de
la relación arrendaticia que se examinó, correspondía, en todo caso, una demanda por cumplimiento o de resolución del
contrato de arrendamiento, pero nunca una de desalojo.
De acuerdo con lo anterior, el Juzgado Superior Séptimo, en su veredicto, partió de un falso supuesto, cuando
sentenció que el contrato había pasado a ser a tiempo indeterminado, con fundamento, solamente, en el dicho de la
ciudadana Arisa del Valle Mejías Guevara; en cambio, estableció un hecho totalmente opuesto al que en realidad emergía de
las pruebas constantes en autos, como lo es que el contrato de arrendamiento era a tiempo determinado, por lo que más allá
de la evidente vulneración al derecho a la defensa de la ciudadana Felicitas Fuenmayor de Torrealba, se apartó
completamente de la doctrina pacífica y vinculante de esta Sala sobre el derecho a la cabal valoración de las pruebas como
parte de los derechos a la defensa y al debido proceso de los justiciables.
En un caso similar al de autos, esta Sala en sentencia n.° 460 del 20 de mayo de 2010, revisó una decisión de
un Juzgado Superior con base en las siguientes consideraciones:
De acuerdo a lo anterior, el Juzgado Superior Primero en su sentencia definitiva y sus decisiones de aclaratoria
está partiendo de un falso supuesto, al haber establecido un hecho diametralmente opuesto al que en realidad
emergía de las pruebas cursantes en autos, como lo es que el monto a descontar de las prestaciones sociales del
solicitante por concepto de adelanto correspondía a la entonces cantidad de “treinta y nueve millones
doscientos dieciséis mil ochocientos ochenta y cinco con setenta y cinco céntimos (Bs. 39.216.885,75)”, por lo
que vulneró el derecho a la defensa del ciudadano Reinaldo Salcedo Ramírez, lo cual en criterio de esta Sala,
supone una violación a la doctrina vinculante estas Sala sobre el derecho a la valoración de las pruebas como
parte de los derechos a la defensa y al debido proceso de los justiciables.(…)
En efecto, el ejercicio del derecho a la prueba requiere fundamentalmente, la realización de tres momentos
procesales de especial importancia: la admisión de la prueba promovida, la evacuación de la prueba y, la
valoración de la prueba. Con respecto a esta última, debe indicarse que es deber del juzgador analizar y juzgar
las pruebas producidas que conduzcan a la fijación del hecho controvertido, indicando siempre cual es el
criterio del juez respecto de las mismas.
Así, el juez debe justificar su sentencia sobre bases objetivas, de modo racional, sin contradicciones internas o
errores, de tal manera que atribuya determinada eficacia (su valor y fuerza) a cada elemento de prueba que
puede subsumirse en la norma que ha de ser aplicada para la resolución de la controversia, para llegar al
convencimiento de que determinada prueba demuestra el hecho afirmado; para ello el juzgador tiene que
cumplir un proceso de estudio racional y consciente, mediante la percepción de los hechos a través de los
sentidos, que le permitan observar o captar con el medio de prueba realizado, el hecho que se afirmó con el
necesario racionamiento.
En tal sentido, el deber de indicar en la sentencia los motivos que conducen al juzgador a determinada
convicción, constituye una garantía constitucional dentro de la actividad probatoria. Por ello, la valoración de
la prueba requiere la mayor justificación posible, que se obtiene cuando el juez establece los hechos con
fundamento en la prueba practicada en el proceso y con las debidas garantías procesales.
Por ello, esta Sala reitera que el derecho a la prueba incluye el derecho a su valoración de forma correcta; sin
errores de apreciación por parte del juzgador que, como ocurrió en el caso de autos, conlleven a un menoscabo
del derecho a la defensa de la parte actora, pues dicho error ocasionó una violación directa e inmediata de la
Constitución, ya que se trata del desconocimiento de los derechos al debido proceso y a la defensa de la parte
solicitante.
Así las cosas, considera la Sala que el Juzgado Primero del Trabajo de la Circunscripción Judicial del Estado
Táchira, se apartó expresamente de la doctrina que dispuso esta Sala Constitucional sobre el derecho a la
defensa y al debido proceso de las partes en el marco de la valoración probatoria, motivo por el cual se declara
ha lugar la presente solicitud de revisión y la consecuente nulidad de las sentencias dictadas por el mencionado
Juzgado del 24 de septiembre de 2008, 29 de septiembre de 2008 y 1 de octubre de 2008, y se ordena al
Juzgado Superior al cual le corresponda dictar nueva sentencia que resuelva la apelación interpuesta, de
acuerdo a lo alegado y probado en autos, sin sacar elementos de convicción fuera de estos, y así se decide.
Al efecto, esta Sala en decisión n.° 4.992 del 15 de diciembre de 2005, dispuso que “(…) el derecho a la
prueba incluye el derecho a su valoración; que ambos forman parte del derecho a la defensa; y que, en consecuencia, como
ocurrió en el caso de autos, la violación del derecho a la valoración de la prueba significó un menoscabo del derecho a la
defensa de la parte actora (…)”.
Asimismo, en sentencia n.° 1.246 del 30 de septiembre de 2009, falló que “[a]bundando lo expuesto, resulta
imperioso comprender que el derecho a la defensa no se agota en la mera conclusión de la fase probatoria (en cualquier
grado del juicio), sino que se extiende hasta que las mismas resultas del juicio adquieran firmeza. Visto así, se requiere no
sólo que las partes hayan acudido a ejercer sus probanzas, sino que sobre las mismas exista una resolución judicial que las
examine, y de esta forma haga valer las que considere preeminentes, dentro del régimen que para tal valoración resulte
aplicable (tarifa legal, sana crítica, etcétera)”.
Respecto al derecho al debido proceso, esta Sala, en sentencia n.° 926 del 1º de junio de 2001, dispuso:
Este derecho fundamental, de contenido amplio, encuentra su consagración en el artículo 49 de la Constitución
de la República Bolivariana de Venezuela, sobre el cual esta Sala ha sostenido que debido proceso es aquél que
reúne las garantías indispensables para que exista una tutela judicial efectiva. En efecto, en sentencia No. 29
del 15 de febrero de 2000 sostuvo: Es a esta noción a la que alude el artículo 49 de la Constitución de la
República Bolivariana de Venezuela, cuando expresa que el debido proceso se aplicará a todas las
actuaciones judiciales y administrativas. Pero la norma constitucional no establece una clase determinada de
proceso, sino la necesidad de que cualquiera sea la vía procesal escogida para la defensa de los derechos o
intereses legítimos, las leyes procesales deben garantizar la existencia de un procedimiento que asegure el
derecho de defensa de la parte y la posibilidad de una tutela judicial efectiva” (Resaltado añadido).
En lo que corresponde al derecho a la tutela judicial eficaz, esta Sala, en decisión n.° 708 del 10 de mayo de
2001 (caso Juan Adolfo Guevara), determinó lo siguiente:
El derecho a la tutela judicial efectiva, de amplísimo contenido, comprende el derecho a ser oído por los
órganos de administración de justicia establecidos por el Estado, es decir, no sólo el derecho de acceso sino
también el derecho a que, cumplidos los requisitos establecidos en las leyes adjetivas, los órganos
judiciales conozcan el fondo de las pretensiones de los particulares y, mediante una decisión dictada en
derecho, determinen el contenido y la extensión del derecho deducido, de allí que la vigente Constitución
señale que no se sacrificará la justicia por la omisión de formalidades no esenciales y que el proceso constituye
un instrumento fundamental para la realización de la justicia (artículo 257). En un Estado social de derecho y
de justicia (artículo 2 de la vigente Constitución), donde se garantiza una justicia expedita, sin dilaciones
indebidas y sin formalismos o reposiciones inútiles (artículo 26 eiusdem), la interpretación de las instituciones
procesales debe ser amplia, tratando que si bien el proceso sea una garantía para que las partes puedan ejercer
su derecho de defensa, no por ello se convierta en una traba que impida lograr las garantías que el artículo 26
constitucional instaura.
La conjugación de artículos como el 2, 26 o 257 de la Constitución de 1999, obliga al juez a interpretar las
instituciones procesales al servicio de un proceso cuya meta es la resolución del conflicto de fondo, de manera
imparcial, idónea, transparente, independiente, expedita y sin formalismos o reposiciones inútiles.
En este orden de ideas, considera esta Sala, que la decisión de un tribunal de última instancia mediante
la cual se declare inadmisible una acción, basada en un criterio erróneo del juzgador, concretaría una
infracción, en la situación jurídica de quien interpone la acción, del derecho a la tutela judicial
efectiva” (Resaltado añadido).
En atención a los criterios que quedaron plasmados los veredictos que fueron parcialmente transcritos, esta
Sala evidencia que la decisión objeto de la presente revisión constitucional no fue dictada conforme a derecho, ya que no
observó los parámetros legales de orden público que establece la Ley de Arrendamientos Inmobiliarios, con trasgresión a los
criterios jurisprudenciales que, respecto a la tutela judicial eficaz, al debido proceso y a la seguridad jurídica ha establecido
esta juzgadora, trasgresión de tal entidad que trasciende la esfera jurídica de la justiciable de autos en tanto que supone el
desconocimiento de varios precedentes de esta Sala Constitucional (artículo 25.10 de la Ley Orgánica del Tribunal Supremo
de Justicia), cuando consideró que el contrato de arrendamiento que examinó pasó de ser de tiempo determinado a
indeterminado en forma opuesta a lo que emergía de las actas del expediente y, en consecuencia, partió de un falso supuesto
para la declaración con lugar de la demanda de desalojo a que se ha hecho amplia referencia.
Por las razones que anteceden, esta Sala Constitucional, en ejercicio de la facultad que le confieren el cardinal
10 del artículo 336 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela y el 25.10 de la Ley Orgánica del Tribunal
Supremo de Justicia, revisa y anula la sentencia que expidió el Juzgado Superior Séptimo Civil, Mercantil y Tránsito de la
Circunscripción Judicial del Área Metropolitana de Caracas el 19 de diciembre de 2007; en consecuencia, repone la causa al
estado de que otro Juzgado Superior competente falle sobre la causa principal con estricto apego al lapso legal y con sujeción
a lo que fue establecido en esta decisión. Así se decide.
V
DECISIÓN
Por las razones que se expusieron, este Tribunal Supremo de Justicia, en Sala Constitucional, administrando
justicia en nombre de la República por autoridad de la Ley, declara:
1. LA TERMINACIÓN DEL PROCEDIMIENTO, por abandono del trámite, correspondiente a la
demanda de amparo constitucional que interpuso la ciudadana FELICITAS FUENMAYOR DE TORREALBA contra la
sentencia que dictó el Juzgado Superior Séptimo Civil, Mercantil y Tránsito de la Circunscripción Judicial del Área
Metropolitana de Caracas, el 19 de diciembre de 2007. Se IMPONE a la parte actora una multa de CINCO BOLÍVARES
FUERTES (BsF 5,00), pagaderos, a favor del Fisco Nacional, en cualquier institución financiera receptora de fondos
públicos. La sancionada deberá acreditar el pago mediante la consignación del comprobante correspondiente ante el Juzgado
supuesto agraviante, situación que deberá ser informada a esta Sala por ese Juzgado dentro de los cinco días siguientes a su
notificación.
2. REVISA DE OFICIO la sentencia que pronunció el Juzgado Superior Séptimo Civil, Mercantil y
Tránsito de la Circunscripción Judicial del Área Metropolitana de Caracas, el 19 de diciembre de 2007, en el juicio que incoó
Arisa del Valle Mejías Guevara contra Felicitas Fuenmayor de Torrealba la cual, en consecuencia, se ANULA.
3. REPONE la causa originaria al estado de que otro Juzgado Superior competente del Área
Metropolitana de Caracas, luego de su abocamiento, falle, con estricto apego al lapso legal, sobre la causa principal, con
sujeción a lo que dispone este pronunciamiento.
4. Se REVOCA la medida cautelar que dictó esta Sala el 5 de octubre de 2009.
Publíquese y regístrese. Remítanse copias certificadas del presente fallo al Juzgado Superior Séptimo Civil,
Mercantil y Tránsito de la Circunscripción Judicial del Área Metropolitana de Caracas. Archívese el expediente.
Dada, firmada y sellada en el Salón de Despacho de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia,
en Caracas, a los 09 días del mes de diciembre de dos mil diez. Años: 200º de la Independencia y 151º de la Federación.
La Presidenta,
LUISA ESTELLA MORALES LAMUÑO
El Vice-presidente,
FRANCISCO ANTONIO CARRASQUERO LÓPEZ
Los Magistrados,
JESÚS EDUARDO CABRERA ROMERO
PEDRO RAFAEL RONDÓN HAAZ
Ponente
MARCOS TULIO DUGARTE PADRÓN
CARMEN ZULETA DE MERCHÁN
ARCADIO DE JESÚS DELGADO ROSALES
El Secretario,
JOSÉ LEONARDO REQUENA CABELLO
PRRH.sn.ar.
Exp. 08-1015