UNIDAD N°2: EL PROBLEMA ÉTICO
Saber vivir
Un matrimonio con un hijo de doce años y un burro, decide viajar, trabajar,
conocer el mundo. Al pasar por el primer pueblo, la gente comentaba: “Mira
ese chico mal educado, el arriba del burro y los pobres padres, ya grandes,
llevándolo de las riendas. ”
Entonces, la mujer le dijo a su esposo: “no permitamos que la gente hable mal
del niño”. El esposo lo bajo y se subió él.
Al llegar al segundo pueblo, la gente murmuraba: “mira que sin vergüenza
ese tipo, deja que la criatura y la pobre mujer tiren del burro, mientras él va
muy cómodo encima.”.
Entonces, tomaron la decisión de subirla a ella al burro mientras padre e hijo
tiraban de las riendas.
Al pasar por el tercer pueblo, la gente comentaba: “pobre hombre, después
de trabajar todo el día, debe llevar a la mujer
sobre el burro, y pobre hijo, ¡qué le espera con
esa madre!”
Se pusieron de acuerdo y decidieron subir al
burro los tres para comenzar nuevamente su
peregrinaje.
Al llegar al pueblo siguiente escucharon que
los pobladores decían: “son unas bestias, más
bestias que el burro que los lleva, van a partirle
la columna”
Por último, decidieron bajarse los tres y
caminar junto al burro.
Pero al pasar por el pueblo siguiente no
podían creer lo que las voces decían sonrientes: “mira a esos tres idiotas,
caminan, cuando tienen un burro que podría llevarlos”
Cuantas veces nos ha pasado que nos hemos sentido juzgados en nuestro proceder?
¿Cuántas veces nos han criticado, aun cuando estábamos convencidos de estar
haciendo lo correcto? ¿En base a qué criterios hemos juzgado a Otros? ¿Qué es lo que
está bien y lo que está mal? ¿Qué será en definitiva, actuar correctamente? ¿Cómo
debemos actuar? ¿Quién lo determina?
Con este cuento y con estos interrogantes damos comienzo a la segunda unidad: “ El
problema Ético”.
A menudo los términos "ética" y "moral" se usan como sinónimos, quizá porque en
sus orígenes tenían el mismo significado: tanto mos-moris, en latín, como ethos, en
griego significan "costumbre". Sin embargo, en Filosofía no los empleamos así. Con el
término moral nos referimos al conjunto de normas que rigen los actos humanos que
son juzgados como buenos o malos, conjunto que es un producto social, y varía según
la sociedad de que se trate. La ética, en cambio, es una disciplina filosófica que
reflexiona sobre el concepto del bien (qué es, cómo identificarlo, etc.) y sobre el
fundamento de las normas morales (por qué aceptarlas, si deberían o no ser las
mismas para todos los seres humanos, etc.).
En el ejemplo anterior, podríamos juzgar que la resolución llevada adelante por parte
de la familia de subir al niño al burro es buena y que en cambio subirse todos al
animal es un exceso denotando con ello el valor negativo de la conducta moral
También podríamos pensar que el respeto hacia la madre y su cuidado, supera
cualquier otra consideración moral. O bien, podríamos dudar al respecto y
preguntarnos por qué una acción tiene valor moral positivo o negativo; si tal acción
será siempre positiva, o bien al cambiar las circunstancias podría cambiar el valor de la
acción; si existe algún principio que nos permita decidir cuál es el mejor curso de
acción, etc. En este caso estaríamos reflexionando éticamente sobre el tema.
Todos los seres humanos
realizamos acciones
relativas al plano moral
(mentimos o decimos la
verdad, somos honestos
o estafamos al prójimo,
aceptamos coimas o las
rechazamos). Algunas
disciplinas científicas
estudian las conductas y
códigos morales de
diferentes contextos
históricos o sociales (la
Psicología, la Sociología, la Historia). Estas disciplinas no consideran la existencia de
principios que justifiquen estos códigos, o la universalidad o relatividad de esas
normas, o el valor moral de los comportamientos que describen. Describen los
fenómenos sociales, e intentan explicarlos, pero no en relación con su valor. Su punto
de vista es descriptivo: nos dicen cómo son los códigos morales efectivamente
existentes o que existieron en el pasado, cómo actúan los individuos o los grupos de
personas respecto de ellos, cómo se relacionan con otros aspectos de la vida social,
etc. En cambio la Ética, como disciplina filosófica, suele adoptar una posición
normativa: procura establecer principios que ofrezcan una justificación para decir
cómo deben ser las normas que orienten una buena vida.
Seguramente, cada uno de ustedes sostiene un conjunto de principios que orientan su
vida: acepta un código moral (el de una confesión religiosa, o el que aprendió de su
familia, o bien su propia adaptación de tales códigos). Sin embargo, no siempre los
seres humanos tenemos la posibilidad de dedicar un tiempo a la reflexión sobre estos
principios que aceptamos, ya sea para revisarlos y cambiarlos, o para conservarlos
pero con una fundamentación más sólida. Lo que haremos en esta unidad es
justamente detenernos a pensar en ello.
Les dejo para reflexionar el final del cuento.
Conclusión:
Siempre te criticaran, hablaran mal de ti y será difícil que encuentres
alguien a quien le conformen tus actitudes.
Entonces: vive como creas que debas vivir, haz lo que sientas y lo que
te dicte el corazón.
Una vida es una obra de teatro que no permite ensayos.
Por eso: canta, ríe, baila, ama, y vive intensamente cada momento de tu vida,
antes que el telón baje y la obra termine sin aplausos.
Maliandi, Ricardo: Ética: Conceptos y Problemas. Ed. Biblos Bs. As, 1991
El modo más genérico de definir la ética consiste en decir que es la tematización del ethos (o fenómeno
de la moralidad).
La tematización en la que la ética consiste, posee un carácter reflexivo, la ética es en efecto una de las formas en
las que el hombre se autoobserva.
En el lenguaje corriente suele emplearse el término “ética” como equivalente al término “moral”. Sin
embargo en medios intelectuales, y particularmente en los filósofos y políticos, se procura distinguir entre ambas
expresiones.(pp.11) y se tiende a ver en la “ética” la disciplina (la “tematización”) y en la “moral”, lo
“tematizado”(por ejemplo, las costumbres, los códigos de normas, etc.(pp13)
Tematizar es “convertir algo en tema”, y puede hacerse mediante, explicitaciones (alude a los procedimientos por
medio de los cuales se procura dar expresión lo que está implícito o tácito), problematizaciones (tiene que ver con
asumir las dificultades de comprensión de los elementos del ethos y de las relaciones entre ellos), investigaciones
( esfuerzo por hallar soluciones a los posibles problemas, investigar es “seguir” el paso de otro, entrar en dialogo
con los demás pensadores, acopiar información a fin de teorizar.), teorizaciones ( elaboración de respuestas
teóricas a los problemas planteados), ordenaciones ( alude al modo de operar y sistemático en cada uno de los
pasos de la tematización), meditaciones (permite el hallazgo de nuevas ideas, la comprensión, interpretación y
autocrítica), discusiones (el diálogo hace descubrir nuevos problemas, posibilita la “problematización” y obliga a
“teorizar”.)(Pp.19-23)
En el lenguaje filosófico general, se usa hoy ethos para aludir al conjunto de actitudes, convicciones, convicciones,
creencias morales y formas de conducta, ya sea de una persona individual o de un grupo social o étnico, etc. El
ethos es un fenómeno cultural, que suele presentarse con aspectos muy diversos, pero que no puede estar
ausente de ninguna cultura (pp.14)
El ethos, en su carácter de facticidad normativa, remite siempre a determinados códigos de normas o a sistemas
de valores, o a ciertos tipos de concepciones sobre lo que es moral y lo que no lo es. Que hay una pluralidad de
tales códigos, o sistemas, o concepciones, es un hecho de experiencia, que puede ser siempre corroborado.
Cuando se advierte que no todos opinan unánimemente sobre lo que “se debe hacer”, surge la duda, la pregunta
básica acerca de qué se debe hacer, y –en el caso de que se obtenga para ello alguna respuesta- la de por qué se
lo debe hacer. Con este tipo de preguntas se inicia entonces la ética filosófica, que representa la continuación
sistemática de la tematización espontánea: en ella se procura explicitar (“reconstruir”) los principios que rigen la
vida moral,.( pp. 17) En efecto, el carácter reflexivo de la ética apunta principalmente a dos cosas:
a) fundamentar las normas ( o cuestionar presuntas fundamentaciones) y
b) a aclarar lo mejor posible el sentido y el uso de los términos propios del lenguaje moral. (pp. 19)
La tematización del ethos posee un carácter “reconstructivo”. Esto significa que, cuando alguien se ocupa
de la ética, re- construye elementos propios del ethos. La “reconstrucción” constituye la elaboración sistemática
de un saber preteórico, pues, la moral en su propio y espontáneo funcionamiento, no es algo reservado a los
especialistas, sino que es patrimonio común de todos los seres humanos. Ya que todo ser humano puede ajustar
LA TEORÍA ÉTICA ARISTOTÉLICA
Guía para trabajar la imagen:
• Al final del camino escriban aquello que más desean en la vida
• En el lado derecho del camino coloquen las herramientas, virtudes, medios, con los que
cuento para alcanzar ese fin.
• Del lado izquierdo, allí donde el camino parece más pedregoso, áspero y lleno de dificultades
coloquen aquellos: vicios, defectos, complicaciones que encuentran en el camino y que les
jueguen en contra o entorpezcan el viaje.
¿Y tú qué piensas?
Carmen se encontraba en su habitación con
Loli.
Las dos se habían recostado a ambos
extremos de la cama, separadas por
algunos libros y unos cuantos papeles
desordenados.
-¿De qué, de lo que al final tenemos que
decirles si nos preguntan?
Mientras echaban un vistazo al material
seleccionado para realizar el trabajo de
ética, habían estado hablando del comportamiento que tenían con ellas (sus amigos)
Vicente y Manolo últimamente.
-No, vamos a dejar ya el tema..
-me refiero a lo de la biografía! aclaró Carmen, entendiendo que se había quedado
colgada pensando en los chicos.
Carmen volvió a tomar los apuntes sobre Aristóteles y un manual de historia de la
filosofía que le había prestado su hermano.
-¿Ah, la biografía? -sonrió Loli-. Es mejor que pongamos la que viene en el libro.
-Dale, anda diciéndome, que la voy copiando..
Loli preguntó si no convendría saltarse algo. Carmen le contestó que no se
preocupara, que sólo iba a tomar nota de lo más importante.
-Si voy muy rápido me lo dices -le indicó Loli, y empezó a leer despacio:
Vida y obra de Aristóteles.
Aristóteles nació en el 384 a. C. No era griego, sino macedonio; concretamente de la
ciudad de Estagira.
A los diecisiete años ingresó en la Academia de Platón, permaneciendo en ella hasta
que éste falleció.
Sobre su instrucción podemos decir que fue de lo más variada: se dedicó al estudio
de las principales ciencias empíricas. Entre otros méritos, le cabe el honor de ser
considerado el primer biólogo europeo.
En el 342 a. C. el rey Filipo ofrece a Aristóteles el cargo de educador de su hijo
Alejandro Magno. Lo acepta, y durante los cinco años siguientes se dedica a instruir
al vástago en diferentes materias, con especial dedicación en lo tocante a la ética y a
la política...
Al concluir su labor pedagógica, cuando Alejandro accede al trono, nuestro hombre
regresa a Atenas. En esta ciudad funda su propia escuela: el Liceo.
A la muerte de Alejandro abandona la ciudad.
Y acude a Calcis, en Eubea, donde posee una propiedad de su madre.
Allí permanecerá hasta el momento de su muerte en el 322-321 a. C.
En su testamento había dispuesto la liberación de sus esclavos, que sus restos
descansaran junto a los de su primera mujer, Pitia, y que sus bienes pasaran a manos
de Herpilis, con quien tuvo a su hijo Nicómaco.
-¿Has dicho “Nicómaco”? -preguntó Carmen, que seguía con dificultad el dictado de
Loli.
-Sí; pone entre paréntesis que es a él a quien dedica uno de sus más importantes
escritos sobre ética. ¿Quieres añadir eso también?
-No, tanto no hace falta. Con esto ya está. No, espera, dime algo de su obra.
Loli leyó un poco más abajo:
-La obra de Aristóteles es muy extensa. Fue ordenada por Andrónico de Rodas en el
siglo primero de nuestra era. Hay una parte relacionada con la Física (Sobre el
cielo, Sobre los meteoros, Sobre la generación y la corrupción) y otras importantes
sobre Lógica, Metafísica, Historia natural, Matemática, Economía, Psicología,
Retórica, Política y Ética (Ética, Ética a Nicómaco y Gran Ética).
En ese momento alguien llamó a Carmen desde el salón. Era su abuela, doña
Engracia.
-Voy a ver qué quiere; ahora vengo.
Loli asintió y tomó el cuaderno de Esteban, el hermano de su compañera.
Antes de releer tres de sus hojas separadas por un clip, se fijó una vez más en la
fotografía que Carmen había colocado no hacía mucho sobre su mesa de estudio. Era
un retrato de ellas dos abrazando a Pinto, el enorme perro lanudo de Loli.
-Ya estoy aquí -dijo al regresar la que, tras su corte de pelo, no parecía la misma de la
foto.
Loli la interrogó con la mirada.
-Nada; que quería más agua.
-¿Más? ¡Pero si no hace ni media hora que se ha bebido un vaso bien grande!
-El caso es dar la nota. Dentro de cinco minutos empezará con que quiere ir al baño...
¡En fin!...
Loli expuso su parecer:
-A mi abuela, cuando se quedó viuda, la llevamos a una residencia de ancianos. Al
principio decía que en ese sitio se iba a morir de pena. Sin embargo, luego se fue
acostumbrando, se hizo de amigas... A mí me parece que allí terminó encontrándose a
gusto.
-si.., pero mi padre dice que si su madre tuvo que cambiar pañales y criar a cinco
hijos, lo menos que pueden hacer ellos ahora es turnarse para cuidarla.
No sé... creo que estoy de acuerdo con él.
Las dos muchachas se quedaron sin hablar unos instantes.
-Luego le preguntamos a ella a ver qué opina -concluyó la mayor con ironía.
Y hablando de otra cosa, ¿qué tal están los apuntes de mi hermano?
Loli respondió que “muy claritos”.
-¿Se puede hacer con ellos el trabajo?
-Yo diría que sí; además tiene señalados los textos del libro que sirven para
completarlos.
-Pues no perdamos tiempo, ve diciéndome.
Carmen tomo más folios y una carpeta para apoyarse, se sentó en la cama al lado de
Loli y empezó a tomar las siguientes notas:
Teoría ética aristotélica.
La Ética a Nicómaco, la obra más estudiada de la antigüedad, en la que Aristóteles
nos presenta su teoría ética al completo, se inicia con estas palabras:
“Todas las artes y todas las investigaciones, e igualmente todas las acciones y
proyectos, parecen tender a un bien”.
Al hilo de esto, el autor nos dice que hay bienes que se desean porque nos llevan a
lograr otro tipo de bienes; por ejemplo la riqueza, que nos lleva a conseguir
determinados placeres.
Después, Aristóteles se pregunta cuál es el mayor bien al que se puede acceder; cuál
es el bien supremo del que dependen todos los demás. Y la respuesta que da es que,
sin lugar a dudas, se trata de la felicidad.
-Así es que el mayor bien de todos es la felicidad -precisó Loli-. ¿Lo has copiado?
Carmen respondió que sí; entonces su compañera continuó:
-La pregunta ahora es: ¿en qué consiste la felicidad?
Éste es el asunto que se va a encargar de resolver la ética aristotélica.
En los párrafos 1100 y 1101 de la Ética a Nicómaco, Aristóteles viene a decirnos que
la felicidad, para el hombre, consiste en el desarrollo de algo que él posee en exclusiva
frente a todos los demás seres vivos: la razón.
Loli buscó nuevamente en el libro y leyó cómo exponía esto mismo el filósofo con sus
propias palabras:
-“Pero tal vez parece cierto y reconocido que la felicidad es lo mejor, y, sin embargo,
sería deseable mostrar con mayor claridad qué es. Acaso se lograría esto si se
comprendiera la función del hombre. En efecto, del mismo modo que en el caso de un
flautista, de un escultor y de todo artífice, y en general de los que hacen alguna obra
o actividad, parece que lo bueno y el fin están en la función, así parecerá también en
el caso del hombre si hay alguna función que le sea propia (...) ¿Y cuál será ésta
finalmente? Porque el vivir parece también común a las plantas, y se busca lo propio.
Hay que dejar de lado, por tanto, la vida de nutrición y crecimiento. Vendría después
la sensitiva, pero parece también que ésta es común al caballo, al buey y a todos los
animales. Queda, por último, cierta vida activa propia del ente que tiene razón; y
éste, por una parte, obedece a la razón; por otra parte, la posee y piensa (...) Siendo
esto así, decimos que la función propia del hombre es una cierta vida, y ésta es una
actividad del alma y acciones razonables”.
Aunque la cita era larga y quizás un poco difícil, las dos jóvenes decidieron incluirla.
Pensaron que alguien entendido en estas cuestiones, como lo era la persona que iba a
corregir el trabajo, agradecería poder leer lo expresado literalmente por el autor.
Luego, se remitieron nuevamente a los apuntes.
-A partir de aquí, el filósofo también nos da a entender que la felicidad se consigue
desarrollando las virtudes.
Esto es lo más importante -advirtió Loli, y continuó:
Las virtudes no son algo innato; no son parte de nosotros desde el momento en que
venimos al mundo. Son facultades que adquirimos por medio de la práctica o del
ejercicio. Como se nos dice en la Ética a Nicómaco
-y anunció que se trataba del pasaje B1, 1103a 14-b 26; B4, 1105 a17-b18:
“Nos hacemos constructores construyendo casas y citaristas tocando la cítara. Así
también practicando la justicia nos hacemos justos; practicando la fortaleza, fuertes
(...) No tiene, por consiguiente, poca importancia el adquirir desde jóvenes tales o
cuales hábitos, sino muchísima, o mejor dicho, total”.
Por lo demás, tenemos que las virtudes pueden ser de dos tipos: intelectuales o
dianoéticas y morales o éticas. Las virtudes morales son las perfecciones del alma y
más exactamente de la voluntad y del carácter.
Las virtudes intelectuales refieren a la perfección de las facultades intelectuales del
alma. Son la ciencia, el arte, la sabiduría, la inteligencia y la prudencia. La ciencia
es capacidad para demostrar lo demostrable; en este sentido, posee ciencia quien
puede demostrar el Teorema de Pitágoras, el Principio de Arquímedes, etcétera. El
arte, por otro lado, sirve para crear objetos. La inteligencia nos lleva al
conocimiento de los primeros principios de las ciencias, como el Principio de no-
contradicción (“es imposible que una cosa sea y no sea al mismo tiempo”) o el
Principio de identidad (“toda cosa es idéntica a sí misma”). La sabiduría aparece
cuando se unen la ciencia y la inteligencia. Ésta es la mayor de las virtudes
intelectuales, porque se centra en el estudio de los asuntos más universales y
elevados. Finalmente, la prudencia consiste en saber determinar qué es lo que más
nos conviene a los seres humanos.
Golpearon a la puerta. Al abrirse, apareció la cabeza rasurada de Esteban.
-¿Se puede?
-No, largo de aquí -contestó Carmen sin inmutarse.
El chico fue a sentarse junto a Loli.
-Que te vayas, que estamos estudiando.
Esteban era un par de años mayor que su hermana. Le gustaba hacerla rabiar. Los dos
se llevaban como perro y gato.
-¿Y gracias a quién van a presentar un trabajo sobresaliente?
Carmen se limitó a recordarle que era él quien les había ofrecido sus apuntes.
Esteban le había propuesto un trato: sus apuntes y el libro de filosofía a cambio de que
se quedara a cuidar a su abuela esa noche que sus padres no iban a estar en casa. Ella,
dadas las circunstancias, no había podido rechazarlo.
-Si por lo menos te apiadaras un poco.. Y nos dejaras salir un rato..
-Si quieren, vayan ahora que voy a estar en casa; pero a las diez las quiero ver aquí,
que he quedado con los amigos.
Loli afirmo que iban retrasadas con el trabajo.
-¿Por dónde van? -se interesó el chico.
-Por la prudencia -contestó Loli.
-La prudencia... -susurró él, y añadió como si estuviera repasando la lección:
La prudencia es la virtud intelectual que da lugar a las virtudes morales o éticas.
Las muchachas parecían no haber entendido el alcance de semejante enunciado.
Esteban ofreció la siguiente explicación:
-La prudencia produce las virtudes morales (también llamadas “modos de ser”)
como, por ejemplo, la generosidad, la valentía, la mansedumbre cada vez que
desarrolla su cometido. ¿Y cuál es su cometido? Muy fácil: la búsqueda del término
medio entre dos extremos. En efecto: la prudencia busca el término medio entre ser
derrochador y ser tacaño y encuentra la generosidad; busca el término medio entre
la temeridad y la cobardía y encuentra la valentía; busca el término medio entre la
irascibilidad y la indolencia y encuentra la mansedumbre...
-O sea -aclaró Loli-, la prudencia tiene como finalidad encontrar la mejor manera de
comportarnos en cualquier situación, no quedándonos cortos ni pasándonos de largo.
-Eso es -respondió el joven, y añadió gesticulando y parafraseando a algún profesor
suyo:
La prudencia tiene que ver con el logro del término medio en nuestro dirigirnos por
la vida.
Luego hizo una pausa para recordar algo y continuó:
-Pero que quede claro que ese término medio que persigue el prudente es el término
medio en relación con él mismo, no el término medio en general. Lo dice Aristóteles
en un párrafo de la Ética a Nicómaco.
Esteban pidió el manual, su hermana se lo entregó y pronto halló lo que buscaba.
-Escriban esto -dijo, y les mostró la siguiente cita ubicada en uno de sus márgenes:
“Todo conocedor evita el exceso y el defecto, y busca el término medio y lo prefiere;
pero no el término medio de la cosa, sino el relativo a nosotros”. (Ética a Nicómaco.
Libro II, párrafo 5)
-Claro -añadió el muchacho-, porque para un niño pequeño igual un plato de lentejas
es mucho y cincuenta gramos es poco: su término medio son seis o siete cucharadas.
Pero ese término medio no me vale a mí: yo he de buscarlo teniendo en cuenta mis
propios límites por lo alto y por lo bajo.
-¿Algo más, señor catedrático? -preguntó Carmen.
-No sé... ¿Han puesto que la prudencia depende de la sabiduría?
Las chicas dijeron que no.
-Pues pónganlo.
Esteban repasó mentalmente sus conocimientos y enunció esta afirmación con voz alta
y clara:
-Sólo quien se deja guiar por la sabiduría, o sea, por la razón, puede actuar
prudentemente.
La abuela llamaba ahora a su nieto.
-Voy a ver qué quiere. Ya sólo les queda contar algo de la amistad y de esas cuatro
cosillas más que ayudan a ser felices. Viene en esta página–señaló mientras se
levantaba.
Loli lo tenía subrayado.
-Vamos, que ya terminamos -animó a su compañera, y pasó a leer el último folio:
Al final de la Ética a Nicómaco, en los libros octavo y noveno,
Aristóteles presta especial atención a la virtud ética de la amistad. Defiende que es la
más necesaria de todas. Según él, “Nadie escogería vivir sin amigos, aunque
estuviese provisto en abundancia de todos los demás bienes”.
Loli dio un beso espontáneo a Carmen y dijo estar plenamente de acuerdo con el
filósofo. Luego, siguió:
-Con todo, si nos preguntamos por lo que proporciona mayor grado de felicidad, si las
virtudes morales o las virtudes intelectuales, hemos de afirmar que estas últimas.
Como indica Aristóteles en el párrafo 1177 del libro décimo de la obra que venimos
citando:
“El mayor bienestar, el que se acompaña del mejor de los placeres, es el que produce
la sabiduría, la actividad teorética, la vida contemplativa. El sabio es el más feliz de
los mortales, porque es capaz de encontrar la mayor satisfacción en el conocimiento:
algo que ya posee y que no tiene que ir buscando fuera de sí”.
Por lo demás, nuestro hombre nos enseña que también colaboran en la conquista de la
felicidad los placeres (pero sólo los que tienen que ver con actividades más elevadas
del ser humano como, por ejemplo, la dedicación a las matemáticas y a otras ciencias,
o el disfrute de algunos espectáculos dignos o de ciertas composiciones musicales), la
estabilidad económica, la salud, la vida social, la educación y la libertad.
Gonzalo Trespaderne Arnaiz. Los caminos de la felicidad Cap.8.© Edición: Junta de Andalucía
- Consejería de Educación – Delegación Provincial de Almería - Centro del Profesorado de El
Ejido. 2006.
En la toma de decisiones, el utilitarismo constituye una de las teorías más
arraigadas que utilizamos para resolver la forma en la que actuamos, casi de forma
inconsciente cuando tenemos que resolver cómo actuar, lo que hacemos es sacar
cuentas, es pequeño cálculo matemático lo que nos permite es asociar “ la elección
correcta”, la acción moralmente “buena”, con la felicidad del mayor número de
personas.
Posiblemente, cuando tuvieron que resolver los dilemas muchos de ustedes
decidieron a quién salvar teniendo en cuenta las consecuencias de dicha acción .Me
imagino que nadie eligió, por ejemplo, salvar a la señora mayor ubicándola en el bote
salvavidas, y que buena parte de ustedes eligió matar a un hombre con el tranvía y
salvar al grupo.. Por qué? porque cuando hacemos cuentas lo que intentamos es que el
mayor número de personas posibles salga beneficiado, que aquello que elija le traiga
más felicidad al mayor número de personas posibles: por ello, elegimos casi siempre
al médico, pensando en que si encuentra la cura al cáncer, beneficiará a muchas más
personas; dos niños en un barco son dos vidas salvadas; al igual que una madre
embarazada. Salvar a 4/5 personas prefiriendo matar a uno, es mejor que sacrificarlas en
favor de solo una,. Difícil ser juez en esta toma de decisiones..! Sin embargo, casi de
forma automática tendemos a hacer siempre los mismos cálculos: lo bueno es lo que
conlleva mejores resultados para la mayoría de las personas.
A diario vemos esta postura especialmente vinculada a decisiones políticas por
ejemplo, pero qué pasa cuando soy yo quien está del otro lado...? Qué lugar queda para
las minorías, para aquellos que quedan fuera de nuestras elecciones.
Será cuestión de seguir pensando, para que cada vez que tomemos decisiones,
tengamos en cuenta que hay detrás de cada una de ellas.
Los invito a leer el texto que sintetiza los aspectos más significativos de dicha
teoría.
El Utilitarismo. John Stuart Mill
Partiendo de la idea de que el hombre trata de ser feliz y que éste es el fin de la
vida, el utilitarismo constituye una teoría ética que pone el acento en lo fines a perseguir
y en las consecuencias de nuestra acciones.
Lo útil es lo bueno, y en consecuencia, el valor de la conducta está determinado
por el carácter práctico de sus resultados (felicidad = utilidad = placer).
La expresión clásica de este sistema se encuentra en John Stuart Mill (1806-
1873), quien se encargó de desarrollar y redefinir el pensamiento de sus antecesores
Jeremy Bentham (1748-1832) y James Mill (1773-1836).
Para esta doctrina, la finalidad de la conducta humana es la felicidad y el criterio
que nos permite distinguir un comportamiento como bueno o malo es el placer o el
dolor que nos produce. En palabras del autor: “El credo que acepta la Utilidad o
Principio de la mayor felicidad como fundamento de la moral, sostiene que las
acciones son justas en la proporción con que tienden a promover la felicidad, e injustas
en cuanto tienden a producir lo contrario de la felicidad. Se entiende por felicidad el
placer, y la ausencia del dolor, por infelicidad, el dolor y la ausencia de placer”(pp.
139)
Pero, ¿cómo debemos juzgar las consecuencias?
Los utilitaristas del acto sostienen que debemos juzgar una acción individual
según las consecuencias que resultan de ella, permitiéndonos tener en cuenta las
circunstancias únicas/ particulares de cada caso.
Los utilitaristas de la regla, en cambio, sostienen que debemos actuar siguiendo
reglas o principios que, en general, conlleven las mejores consecuencias. Así, lo justo o
equivocado de una acción debe juzgarse por la maldad o bondad de las consecuencias
de una regla, de acuerdo con la cual todo el mundo debería ejecutar la acción en
circunstancias análogas
“Según el Principio de Mayor Felicidad, el fin último por razón del cual son
deseables todas las otras cosas es una existencia exenta de dolor y abundante en goces,
en el mayor grado posible, tanto cuantitativa, como cualitativamente.” (pp.143)
No obstante, “si entendemos por felicidad una continuidad de excitaciones
altamente placenteras, es bien evidente que esto es imposible. Un estado de placer
exaltado dura sólo un momento, o, en algunos casos y con interrupciones, horas o
días...Es el resplandor momentáneo del gozo, pero no su llama firme y
permanente(...)Por ello, no se trata de una vida en continuo éxtasis, pero si una
existencia integrada por momento de exaltación, dolores escasos y transitorios y
muchos y variados placeres,.”(pp 144)
Es importante tener en cuenta que algunas clases de placeres son más deseables
y más valiosos que otros. Los placeres no dependen sólo de la cantidad, sino también de
la cualidad. Así por ejemplo los placeres del espíritu son superiores a los placeres
vulgares y sensibles. Los placeres vulgares provocan un goce intenso e inmediato, pero
luego se desvanecen, mientras que los elevados, no solo perduran, sino que también son
útiles porque acrecientan la cultura y la conciencia de un individuo y el nivel civil de
una sociedad.
El principio utilitario sostiene que debe buscarse la mayor felicidad para el
mayor número de personas, es decir que se trata de un “goce solidario”, donde una
acción es mejor que otra si esta produce mayor felicidad a más personas. Como señala
el autor, no se trata de “el criterio la mayor felicidad del propio agente, sino la mayor
cantidad de felicidad general”(pp.143)
Lea y analice la siguiente situación problemática. Luego, responda a la pregunta que se
encuentra al final del texto. Fundamente su respuesta.
EL BARRIO ESPERA UNA SOLUCIÓN
Rubén trabaja en una organización barrial, que no responde a ninguna institución ni
partido político. Él militó hace tiempo en un partido, pero se cansó de las “roscas” y los
manejos turbios. Desde hace ya dos años, la agrupación barrial está tratando de
conseguir que se construya una sala de primeros auxilios para los vecinos, pues el
hospital más cercano está a más de cuarenta cuadras y casi todos los días hay
accidentes de cierta gravedad. El barrio ha crecido mucho en los últimos años, por los
hijos que nacieron y por los nuevos vecinos que quedaron sin vivienda y vinieron a
parar acá.
Un día, Rubén recibe un llamado de López García, un antiguo compañero de militancia,
que ahora ocupa un cargo importante en el gobierno. Concurre a verlo y López García
le ofrece una solución rápida a la necesidad del barrio. Él puede conseguir que en un
mes se libere una partida para construir la sala y se asigne personal del hospital para
atenderla, pero espera a cambio una compensación. Dice que puede “inflar los
números” para que se otorgue un cincuenta por ciento más del dinero necesario y él
se queda con esa diferencia. Para hacerlo, sólo pide que Rubén haga “la vista gorda” y
hasta ofrece darle “una parte de la tortita”. Rubén rechaza de entrada esta última
sugerencia, pero no rechaza todo el arreglo. Vuelve a su casa pensando que las cosas
son así y que, de otro modo, la salita nunca será una realidad. Él sabe que López García
va a cumplir lo que promete y que, si quisiera denunciarlo, no tiene modo de probar la
oferta deshonesta. También tiene claro que López García es un “tipo pesado” y una
cámara oculta o cualquier artimaña que intente va a terminar con un par de matones
en la puerta de su casa. Por otra parte, piensa en los pibes del barrio, en las
embarazadas, en los viejos... y recuerda que todos tienen muchas expectativas de su
entrevista con López García. A medida que se acerca al barrio, las dudas creen más.
¿Qué debe hacer?
F ue Kant quien introdujo en la filosofía moral la diferencia entre las éticas
materiales y formales.
Para el pensador alemán, el criterio moral no es algo externo al ser humano,
sino que se encuentra en su interior, en su propia conciencia moral.
Kant buscaba superar el relativismo moral propio de las
éticas materiales, en las que cada uno puede entender por bueno
y justo conductas diferentes. Era preciso sentar las bases de una
ética universal.
Las éticas materiales son aquellas que, en general, nos
dicen qué debemos hacer para alcanzar el bien, para ser buenos.
Es decir, son éticas de contenidos, éticas que prescriben una serie
de normas acerca de lo que debemos hacer si queremos obtener
un fin ulterior.
Su fórmula es la siguiente “si quieres X, entonces debes hacer Y”.
Por ejemplo: “si quieres ser feliz, busca el placer”.
Vemos de esta forma, cómo se establecen los MEDIOS
para alcanzar determinado fin, se condicionan las reglas o normas a los objetivos
perseguidos. Así, Aristóteles por ejemplo, nos recomienda poner en práctica la virtud y
cultivar la prudencia,
Las éticas materiales se cuestionan, cuál es el fin del hombre, y por ello reciben
el nombre de teleológicas o éticas de fines ya que proporcionan normas concretas de
acción, que deberían conducir a quien las siga a alcanzar la felicidad
Estas éticas son heterónomas, es decir que los criterios morales no están
dados por el propio sujeto, sino por instancias ajenas a él: costumbre, religió,
autoridad, sociedad. Algo externo al sujeto determina la ley.
Kant pensaba que la ley no podía depender de las circunstancias ni de la
singularidad del sujeto sino que nuestra moral debe ser universalmente valida es
decir, válida para todos los hombres, en todas las circunstancias, en todos los
tiempos.
Las éticas formales, como la que él propone, no nos dicen qué debemos hacer,
sino cómo deben ser nuestras normas, cómo debemos obrar. Así, una acción no es
correcta o incorrecta moralmente porque de ella se sigan buenas consecuencias
(placer, felicidad), sino porque su fuente o motivación sea actuar según nuestro
sentido del deber.
Por eso, las éticas formales son autónomas, es decir, no dependen de ninguna
autoridad, sino que es el sujeto (o la comunidad de sujetos) el que se da a sí mismo sus
propias normas racionalmente, no movido por deseos o pasiones.
Desde esta perspectiva no se nos proporcionarían pautas de acción fijas,
normas de vida buena, sino más bien procedimientos, formas, para que sea el propio
individuo el que se dé la norma a sí mismo.
Su fórmula es: “debes hacer X”, la cual se presenta en forma de orden, de
obligación. Este criterio es el imperativo categórico y sostiene que hemos de actuar
siempre de modo y manera que la norma que seguimos pueda convertirse en una ley
universal. Hemos de pensar que lo que es válido para mí, ha de ser válidos para
todos.
Kant sostiene que todos los hombres tenemos conciencia de lo que es el deber y de lo
que significa estar sometidos a preceptos o reglas morales; nos sentimos obligados a
hacer ciertas cosas y evitar otras.
Para él, la autoridad máxima de la moral es la razón. Es ella la que se ocupa de
responder a la pregunta de ¿qué debo hacer? ¿Cómo he de actuar? Pero en esta ética, a
diferencia de lo que ocurría en las anteriores, la razón no establece lo que hemos de
hacer, sino que se limita a señalar cómo debemos actuar siempre.
A propósito de esto describe dos tipos de órdenes dadas por la razón: Los imperativos
hipotéticos: son aquellos que mandan una acción porque ésta es un buen medio para la
realización de un fin. Se expresa así: "Debes hacer X si quieres conseguir Y". Por
ejemplo “No coma usted demasiado porque va a engordar”. Estos imperativos no son
absoluto puesto que sólo sirven para alcanzar un fin propuesto.
Pero Kant necesita establecer una moral que sea absolutamente válida, es decir, que sea
para todos los hombres, en todas las circunstancias y en todos los tiempos.
Por ello va a sostener la existencia de otros tipo de imperativos, los categóricos.
Estos últimos mandan la realización de una acción porque esa acción es buena en sí
misma (o mandan evitar una acción porque dicha acción es mala en sí misma); su
expresión es "debes hacer X". Ej. “No robaras”, es decir, se impone a nuestra voluntad
de manera absoluta y sin condiciones y es válido para todo el mundo en cualquier
circunstancia.
Pero para entender mejor este planteo intentaremos profundizar un poco en su
pensamiento: Kant afirma que “lo único bueno que hay en el mundo es la buena
voluntad, que es buena en sí misma, en todo caso con independencia de cualquier
circunstancia exterior (394, 13-18). La buena voluntad no es buena por lo que efectué o
realice,... no es buena por su adecuación para alcanzar algún fin que nos hayamos
propuesto... Si a pesar de sus mayores esfuerzos no pudiera llevar a cabo nada y sólo
quedarse la buena voluntad, sería como una joya brillante por sí misma, como algo que
en sí mismo posee pleno valor. La utilidad o esterilidad no puede añadir o quitar nada
a ese valor (395 15-25.). De esta manera, lo que cuenta moralmente no son los hechos
en sí, sino el motivo que nos lleva a actuar de determinada manera.
Sin embargo señala que hay veces en que la buena voluntad no puede manifestarse por
sí sola. Los seres humanos no tienen una voluntad santa, es decir, que se adhiera de
manera perfecta a los dictados de la ley moral. El hombre no obedece exclusivamente a
la razón, sino que también se halla afectado por inclinaciones como el odio, el amor, la
simpatía, el orgullo, la avaricia, o el placer, que también ejercen su influencia. Entonces
la buena voluntad, se manifiesta en cierta tensión o lucha con estas inclinaciones, como
una fuerza que parece oponerse. En la medida en que el conflicto se hace presente, la
buena voluntad se llama deber. El deber es la necesidad de una acción por respeto a
una ley (400 15-20) y justamente esa ley es la que nos impone la razón. y se nos
presenta bajo la forma de mandato, de orden, de obligación y se denomina imperativo,
en tanto constituyen principios prácticos que nos dicen como nos debemos conducir.
La validez de la ley moral no puede depender de la experiencia, sino que esa ley versa
sobre lo que debe suceder, aunque nunca haya sucedido y se apoya para determinar a
nuestra voluntad en fundamentos racionales a priori, y no en ejemplo alguno tomado de
la experiencia
De esta forma el imperativo categórico constituye la base de la moral y Kant lo
formulará así: “obra de tal manera que puedas querer que el motivo que te ha llevado a
obrar sea una ley universal” (9402 1-13). El imperativo categórico se constituye
entonces como criterio el de enjuiciamiento moral, que nos lleva a rechazar como
inmoral toda máxima que no pueda formar parte de una legislación universal,
permitiendo de esta forma distinguir el bien y el mal, y saber qué hay que hacer.