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Valente, Débora. Segundo Parcial.

El documento aborda la historia de las sociedades originarias en América y su interacción con la colonización, centrándose en la evangelización y la idolatría. Se analizan testimonios de la idolatría indígena y las reformas toledanas implementadas por el virrey Francisco de Toledo, así como el impacto de estas reformas en la política, economía y religión de la época. Además, se discute el papel de los caciques en la economía colonial y su transformación tras la llegada de los españoles.

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Valente, Débora. Segundo Parcial.

El documento aborda la historia de las sociedades originarias en América y su interacción con la colonización, centrándose en la evangelización y la idolatría. Se analizan testimonios de la idolatría indígena y las reformas toledanas implementadas por el virrey Francisco de Toledo, así como el impacto de estas reformas en la política, economía y religión de la época. Además, se discute el papel de los caciques en la economía colonial y su transformación tras la llegada de los españoles.

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Segundo Parcial

Historia de América: Sociedades Originarias y Época Colonial

Profesora: Farberman, Judith:

Alumna: Valente Débora

Email: [email protected]
Bibliografía
Estenssoro Fuchs, J. C. (2001). El simio de Dios: los indigenas y la iglesia frente a la evangelización del Perú,
siglos XVI-XVII. Bulletin de I'Institut français d'études andines, vol. 30, núm. 3, 455-474.

Mazín, Ó. (2009). Cristianización de las indias: algunas diferencias entre la Nueva España y el Perú. Revista
Historia 72, 74-90.

Morrone, A. (2019). "Entre altares y escritorios. Liderazgo étnico y poder local en la pluma de tres curas
cronistas del lago Titicaca". Memoria americana. Cuadernos de Etnohistoria, 27:1, 51:86.

Stern, S. (1986). "Ascencion y caída de las alianzas post incaicas". Cap.2. En Los pueblos indígenas del Perú y
el desafio de la conquista española (págs. 59-82). Madrid: Alianza América.
Consignas del Parcial

1- Leer atentamente la selección de fuentes primarias, contextualizarlas y comentarlas a


partir de la bibliografía leída en las clases. (Extensión máxima del ítem: dos carillas, 4 puntos).

a) Hirió Dios esta tierra con diez plagas muy crueles por la dureza e obstinación de sus
moradores, y por tener cautivas las hijas de Sion, esto es, sus propias ánimas so el yugo de
Faraon, la primera de las cuales fue que ya entrado en esta Nueva España el capitán y
gobernador D. Fernando Cortés con su gente, al tiempo que el capitán Pánfilo de Narváez
desembarcó en esta tierra, en uno de sus navíos vino un negro herido de viruelas, la cual
enfermedad nunca en esta tierra se había visto; y a esta sazón estaba toda esta Nueva España
en extremo muy llena de gente, e como las viruelas se comen- zasen a pegar a los indios, fue
entre ellos tan grande enfer- medad y pestilencia mortal en toda la tierra, que en algunas
provincias morían la mitad de la gente, y en otras poco me· nos, porque como los indios no
sabían el remedio de las vi- ruelas, antes como tienen de costumbre, sanos y enfermos,
bañarse a menudo, con esto morían como chinches, y muchos de los que murieron fue de
hambre, porque como todos enfer· maron de golpe, no podían curar unos de otros, ni había
quien les hiciese pan; y en muchas partes aconteció morir todos los de una casa y otras, sin
quedar casi ninguno, y para remediar el hedor, que no los podían enterrar, echa· ron las casas
encima de los muertos, ansí que sus casas fue sepultura. (Fray Toribio de Motolinía, Las diez
plagas de las Indias, s/f.)

b) Así mismo parece descubrió el dicho visitador con la continuación de su predicación, otro
Indio llamado Juan Perez, el cual para ser tenido por sacerdote de el dicho Huari, le llevó una
tía suya a un manantial, dandole baños supersticiosos y llamando la huari salido del dicho
manantial en figura de un padre, con ropones largos ,de tres varas de alto y después salieron
culebras, y lagartijas y lamieron a la dicha su tia y al dicho Juan perez y después de platicas
que tuvo con la dicha su tia, dijo al dicho Juan perez que en todo hiciese lo que la dicha su tia
le enseñase y el dicho huari volvio a entrar en el manantial y la dicha su tía le enseño a sacar
culebras de los enfermos, en la forma que queda referida. Asi mismo parece descubrió un
adoratorio de ídolos de piedras que tenían los del pueblo de Santo Domingo y otros
adoratorios que los indios tenían en otras partes. Asi mismo parece descubrió el dicho
Visitador un templo muy grande de el dicho Huari que era comun adoratorio de los Indios,
todo debajo de tierra con unos callejones y laberintos muy dilatados /5/ hechos de piedras
muy grandes y muy labradas, donde halló tres ídolos, que los quemó y hizo pedazos y enterró
lo cual le descubrió un indio viejo que era sacerdote del chico Huari, que le adoraba por
medio de los dichos ídolos, el cual adivinaba si habían de parecer las cosas perdidas,
llamando e invocando al dicho Huari, con el pacto sobredicho y ofreciéndole unos granos de
maíz negro y coca mascada, y luego se le aparecía una araña al canto del fogón, donde
quemaba los dichos granos de maíz y coca mascada, para que aquel humo fuese ofrecido al
dicho Huari y por la dicha araña adivinaba las cosas. Vega Bazán, Estanislado de. Testimonio
de una idolatría muy sutil que el demonio había introducido en la provincias de Conchuco.
Lima, Julián Santos, 1656.

c) Que los dichos caciques principales son grandícimos tranposos y mentirosos y haraganes.
Sólo tienen de bicio de estar de continuo borracho y coquero con el tributo. Y se enseñan a
xugar con naypes y dados como español, al axedrés, hilancula, chalco chima, uayro, ynaca,
riui, pampay runa, yspital, uayroynaca [juegos]. Juegan con españoles y mestisos, mulatos ni
negros y con indios yanaconas y curacas. Y con ello se enborrachan y se matan entre ellos y
rroba a los pobres con ello. Y hazen ofensas del seruicio de Dios y de su Magestad y mal y
daño en los yndios y pobres y destruyción deste rreyno en la borrachera. Que los dichos
caciques principales por hurtar ellos detienen y le engaña a los dichos yndios, yndias en este
rreyno. Mandan que no den limosna para misas de sus defuntos de sus maridos y de su padre
o madre y lo detiene y se las toma ellos y se la gasta. Cómo los dichos caciques principales
no son obedecidos ni rrespetados porque no son señor uerdadero de linage ni tiene buenas
obras. Y ací no le rrespeta el corregidor ni el dicho padre ni comendero ni los españoles ni sus
propios yndios por las rrazones ciguientes: El primero, porque no se trata bien ni se honrra él
ni su muger ni sus mugeres de sus hijos. El segundo, porque no se cirue bien ni se rregala de
casa y de comida y mesa. El tersero, porque son borrachos, que todos los días están borrachos
y comen coca. El quarto, porque son mentirosos haraganes y no tienen conuersación. El
quinto, porque son peresosos y soberbiosos y ladrones, auarientos, gula, enbidia, luxuria, todo
lo causa soberbia y borrachera. Los dichos antiguos principales murieron por sus bazallos
yndios y ací lo llorauan por ellos. Agora que son cristianos, auían de murir por Dios y por los
pobres de sus prógimos. Aunque algunos yndios principales padesen grandes trauajos por los
pobres de los yndios de defendella de los mineros y de corregidor y de padre y de
comenderos y de españoles, pero no he visto morir por ellos a los cristianos caciques
principales deste rreyno. (Guamán Poma de Ayala, Nueva crónica y Buen Gobierno, 1615).

2- Las reformas toledanas en los Andes. Explicar en qué consistieron las reformas del
virrey Francisco de Toledo, qué crisis vinieron a resolver según Stern y apreciar los cambios y
proyecciones en sus dimensiones política, económica y religiosa. (extensión máxima: 2 carillas.
4 puntos)

3- Comercio, comerciantes y mercados internos en la colonia. Desarrollar brevemente sus


características siguiendo a Assadourian, Jumar y Amadori. (extensión máxima: 1 carilla. 2
puntos)
1) a)

b) En este fragmento se encuentran testimonios de idolatría (rendir culto a un objeto equivocado)


descubiertos por el Bachiller Vega Bazán entre los indios de Conchuco, Lima, en 1656. En este caso,
“Huari” sería el idólatra o el “Simio de Dios” según como lo describe Estenssoro Fuchs Juan Carlos,
en su texto. Este Dios fingido tenía un rol activo entre los indígenas de ese lugar; quienes desafiaban
a la religión cristiana puesto que, por medio de su invocación, en estas prácticas idólatras en las que
se le ofrecía granos de maíz negro, coca mascada y luego la aparición de la araña, se podía adivinar o
curar enfermedades.

Durante la primera evangelización, la idolatría no era tomada muy en cuenta; ya que para Bartolomé
de las Casas era un fenómeno universal y natural. Tenía la idea de que a Dios se lo conocía por
etapas y de que, si se producían casos de idolatría, no era por la intervención del demonio, sino, a
causa de una falta de conocimiento o por debilidad de la naturaleza humana.

Sin embargo, las cosas comienzan a verse de forma distinta con la llegada del Virrey Toledo (la
política de reducciones también es una política de evangelización) junto con la Compañía de Jesús.
La participación de esa orden en el debate teológico fue encaminada a desmantelar los presupuestos
de la primera evangelización.

Por su parte, el principal teólogo y portavoz de la Compañía de Jesús, José de Acosta, lo inquietó la
idolatría colonial, que tiene sus dogmatizadores, implica apostasía y excede a la población indígena.
Por eso, participa muy activamente en el tercer concilio limense (1582-1583), en el cual se fijan las
pautas definitivas para la evangelización y, en el que se intenta dar neutralidad al mensaje católico.
En suma, los jesuitas emprendieron campañas para instruir a los indios en los sacramentos de la
confesión y comunión, para que esa falsa doctrina pueda llegar a ser combatida. A su vez,
aparecieron tres manuales para la enseñanza de los indios, los cuales fueron instrumentos para la
lucha contra la idolatría. Más aún, “entre 1610 y 1650 tratará de definirse de manera cada vez más
precisa cuáles eran las manifestaciones e incluso los objetos que permitían la perpetuación de cultos
demoníacos entre los indios” (Estenssoro Fuchs, 2001, pág. 470). Es por ello que se comienza con
estas expediciones de extirpación de idolatrías, fueron un programa atado a la actuación de
determinados obispos. No siempre los obispos estuvieron dispuestos a perseguir a los idólatras, pero
en los momentos en que estaban decididos a hacerlo, “los curanderos y hechiceros, que solían
establecer una relación intrínseca entre magia y religión, fueron objeto de persecución” (Mazín,
2009, pág. 81).

c) Lo que se observa en ese párrafo de Guamán Poma de Ayala, es el desagrado sobre el cambio de
comportamiento que tuvieron los señores étnicos, desde el momento en que se produce la conquista,
en adelante. Éstos pasan de ser, el motor de todo un sistema redistributivo, de ejercer la generosidad
institucionalizada (compartir con los de abajo), de que los alaben en los cantos o los lloren por su
muerte; para convertirse, en el decenio de 1550, en: “tranposos”, ”mentirosos”, “le engaña a los
dichos yndios, yndias; seres despóticos, que además, amplían esa tiranía a partir de 1560. Durante
esos años, mantuvieron un estatuto privilegiado que les permitía enriquecerse ya que “eran los que
mejor dotados estaban para aprovechar de las nuevas oportunidades” (Stern, 1986, pág. 76); aunque
el costo de ese cambio radical sea, el romper el vínculo que tenían con su ayllu. A este noble mestizo
también, le disgustó la connivencia existente entre estos intermediarios indígenas y los españoles. En
el caso de la economía colonial ésta seguía dependiendo casi totalmente de los caciques; tanto en la
obtención de productos como en la facilitación de mano de obra. Era un sistema social organizado y
controlado, en donde los colonos, por esos años, “no podían contar con el Estado para organizar un
nuevo sistema económico” (Stern, 1986, pág. 78) por su cuenta. Por esa razón, toda esa preeminencia
que tenían los caciques principales, les permitía: negociar acuerdos con los encomenderos sobre los
tributos a cobrar; “el animado comercio de la coca llevó a los (…) kurakas, a unirse a los españoles
en la creación de plantaciones privadas de coca” (Stern, 1986, pág. 76) y hasta “les permitía
alquilarlos (los indios) como a bestias y llevarse ellos el precio” (Stern, 1986, pág. 76).

Sin embargo, todo se modificó cuando se descubrieron las grandes minas de oro, de plata y de
mercurio. A partir de entonces, se percibió que la alianza entre los indígenas y los blancos tenía
intereses opuestos y estalló. Las causas fueron: la decadencia demográfica o inestabilidad, la
humillación y la dependencia y las crecientes exigencias de mano de obra. Muchos de los caciques al
no poder cumplir con los tributos anuales o con parte de esas exigencias, transformaron esa
desilusión en borracheras, atracones y demás. “La clásica asociación entre ocio y vagancia,
borracheras e idolatría justificaba, (…), la imposibilidad de los caciques de cumplir su función de
intermediación en el entero de la mita” (Morrone, 2019, pág. 65)

2)

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