El Conflicto Armado y su Impacto en la Educación Rural: Un Análisis a Partir de
"Los Colores de la Montaña"
Maestras en formación
Tatiana Valentina Pérez
Natalia Pérez Contreras
Semestre
Tercero
Institución Educativa Escuela Normal Superior
Ruralidad
Ocaña
11 de marzo del 2025
El Conflicto Armado y su Impacto en la Educación Rural: Un Análisis a Partir de
"Los Colores de la Montaña"
Maestras en formación
Tatiana Valentina Pérez
Natalia Pérez Contreras
Semestre
Tercero
Docente
Dixon Páez Santiago
Institución Educativa Escuela Normal Superior
Ruralidad
Ocaña
11 de marzo del 2025
En lo profundo de las montañas colombianas, la guerra se filtra en la cotidianidad como
un espectro silencioso que roba la inocencia de los niños antes de tiempo. Para muchos, la
infancia es sinónimo de juegos y aprendizaje, pero para otros, como Manuel y sus amigos en Los
Colores de la Montaña (2010), es una lucha constante por aferrarse a los pequeños instantes de
felicidad mientras la violencia desmorona su mundo. La película, dirigida por Carlos César
Arbeláez, no solo cuenta la historia de unos niños que juegan al fútbol, sino que también nos
enfrenta a la cruda realidad de una Colombia donde el conflicto armado marca la vida de sus
habitantes más vulnerables. A través de los ojos de la infancia, el filme nos sumerge en una
comunidad rural donde el miedo, la incertidumbre y la pérdida son parte del día a día.
Así pues, este análisis explorará cómo el conflicto armado impacta la educación rural y la
vida de los niños en zonas afectadas por la violencia, tomando como base la película Los Colores
de la Montaña. Además, se relacionará esta problemática con el marco de los derechos humanos
y el derecho internacional humanitario, con el fin de comprender la profundidad de estas
violaciones en el contexto colombiano.
La historia de Los Colores de la Montaña se centra en Manuel, un niño de nueve años que
vive en una vereda remota de Colombia y sueña con ser portero de fútbol. Junto a sus amigos
Julián y Poca Luz, encuentra en el juego una forma de escape ante la difícil realidad que
enfrentan. A medida que la trama avanza, se observa cómo el conflicto armado comienza a
afectar de manera progresiva su entorno, limitando su libertad y transformando su cotidianidad.
Desde el inicio de la película, se percibe la inocencia de Manuel y sus amigos, quienes
disfrutan de los juegos y los colores vibrantes de la naturaleza. No obstante, la llegada de un
balón de fútbol como regalo de cumpleaños marca un punto crucial en la historia, ya que este
objeto representa la ilusión infantil y la esperanza en medio de un contexto adverso. Sin
embargo, poco después, el balón queda atrapado en un campo minado, lo que simboliza la
intrusión violenta de la guerra en sus vidas.
A medida que Manuel y sus amigos intentan recuperar el balón utilizando distintos
métodos, el espectador es testigo del miedo y la impotencia que los niños experimentan al
enfrentarse a una realidad que no pueden comprender del todo. Mientras tanto, la comunidad en
la que viven se enfrenta a un clima de tensión creciente, pues los habitantes comienzan a recibir
amenazas por parte de grupos armados. De este modo, el conflicto no solo afecta a los adultos,
sino que también altera la infancia de los niños, quienes se ven obligados a adaptarse a un
entorno hostil.
A lo largo de la historia, la escuela juega un papel fundamental como espacio de
resistencia y aprendizaje. No obstante, a medida que el conflicto se intensifica, este lugar deja de
ser seguro. La profesora, quien se esfuerza por brindar educación a los niños a pesar de las
dificultades, es testigo de cómo sus estudiantes son cada vez menos numerosos debido al
desplazamiento forzado de sus familias. En este sentido, la película expone de manera
conmovedora cómo la violencia y la guerra interrumpen el derecho a la educación, privando a los
niños de su derecho a aprender y desarrollarse en un ambiente seguro.
Asimismo, el personaje del padre de Manuel es clave para comprender el impacto del
conflicto en la estructura familiar. Como campesino, depende de sus tierras para subsistir, pero la
presencia de actores armados en la región lo obliga a tomar una difícil decisión: abandonar su
hogar o arriesgar su vida y la de su familia. En este punto, la película refleja la realidad de miles
de familias colombianas que han sido forzadas a dejar sus hogares debido al conflicto, perdiendo
no solo su estabilidad económica, sino también su sentido de pertenencia y su identidad cultural.
Mientras la trama se acerca a su desenlace, la violencia se vuelve aún más evidente. Las
paredes de la escuela son pintadas con amenazas, y la profesora finalmente decide irse, dejando a
los niños sin una guía educativa. Al mismo tiempo, los amigos de Manuel comienzan a
desaparecer, pues sus familias han huido en busca de seguridad. En este contexto, la película nos
muestra cómo el conflicto armado desmantela poco a poco el tejido social, obligando a los
habitantes a tomar decisiones extremas para sobrevivir.
Finalmente, en la escena culminante de la película, Manuel, quien hasta ese momento
había tratado de aferrarse a su inocencia, se encuentra completamente solo. La imagen de él
caminando entre las montañas, cargando una pizarra como único recuerdo de su educación,
simboliza la dura realidad de la niñez en los territorios afectados por la guerra. De este modo, la
película cierra con una reflexión sobre la pérdida de la infancia y el impacto irreversible del
conflicto en la vida de los más vulnerables.
En definitiva, la infancia debería ser un espacio de sueños y aprendizaje, pero en muchas
regiones de Colombia, la guerra la ha convertido en un territorio de miedo y desarraigo. Los
Colores de la Montaña nos muestra con crudeza y sensibilidad cómo la violencia impacta la vida
de los niños, arrebatándoles no solo su educación, sino también su derecho a una vida libre y
digna. A través de la historia de Manuel, la película nos obliga a mirar de frente una realidad que
muchos prefieren ignorar: la guerra no solo destruye territorios, sino que también marca de por
vida a quienes la sufren.
Si bien el conflicto ha generado heridas profundas en la sociedad colombiana, la
educación sigue siendo una herramienta clave para la resistencia y la reconstrucción del tejido
social. Es imprescindible que el Estado y la comunidad internacional garanticen espacios seguros
para los niños, donde puedan aprender sin temor y construir un futuro diferente al de las
generaciones anteriores. Más allá de los discursos y las leyes, es urgente convertir la educación
en una prioridad real para las zonas más afectadas por la violencia.
En última instancia, Los Colores de la Montaña es un recordatorio de que, incluso en
medio del conflicto, la niñez sigue buscando formas de aferrarse a la esperanza. No podemos
permitir que esa esperanza se pierda. En definitiva, la película Los Colores de la Montaña ofrece
una representación impactante de cómo el conflicto armado en Colombia afecta la educación y la
infancia. La violencia en las zonas rurales interrumpe el acceso a la educación, limita el
desarrollo infantil y vulnera derechos fundamentales. A pesar de los esfuerzos del Estado y de
diversas organizaciones para mejorar la situación, el impacto de la guerra sigue presente en la
vida de muchos niños. Por lo tanto, es fundamental fortalecer políticas públicas que garanticen la
educación en contextos de conflicto y trabajar en la construcción de una cultura de paz para las
nuevas generaciones.
Bibliografía
Arbeláez, C. C. (2010). Los Colores de la Montaña. Cine Colombia.
Constitución Política de Colombia (1991). Artículos 11, 12, 24, 67.
Comité Internacional de la Cruz Roja. (2023). Normas del Derecho Internacional Humanitario.
Naciones Unidas. (1948). Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Valencia, M. & Sánchez, Y. (2025). Conflicto armado y educación en Colombia. Escuela
Normal Superior de Ocaña.