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El fragmento de 'La invención de Hugo Cabret' de Brian Selznick presenta a Hugo, un niño huérfano que vive en una estación de trenes y recuerda momentos felices de su pasado al entrar en una librería. El texto destaca la conexión emocional de Hugo con su infancia y sus amigos, así como su anhelo por la lectura y la aventura. La historia se entrelaza con la aparición de una niña que cambiará su vida, sugiriendo un giro significativo en su narrativa.

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El fragmento de 'La invención de Hugo Cabret' de Brian Selznick presenta a Hugo, un niño huérfano que vive en una estación de trenes y recuerda momentos felices de su pasado al entrar en una librería. El texto destaca la conexión emocional de Hugo con su infancia y sus amigos, así como su anhelo por la lectura y la aventura. La historia se entrelaza con la aparición de una niña que cambiará su vida, sugiriendo un giro significativo en su narrativa.

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BÁSICA SUPERIOR

La invención de Hugo Cabret (fragmento) Brian Selznick


Cuando abrió la puerta, en el interior de la librería repiqueteó una campanilla. Hugo empezó a
sobar los botones de su chaqueta para tranquilizarse, y uno de ellos se desprendió. Se lo metió en
el bolsillo y siguió manoseándolo. El corazón le latía con fuerza.
La librería olía a papel viejo, polvo y canela. Aquel olor le recordó al colegio, y de improvisto le
vino a la cabeza un agradable recuerdo de su vida anterior, una imagen de Antonie y Louis, los
mejores amigos que había tenido en la escuela. Los dos eran muy morenos y a menudo jugaban a
decir que eran hermanos. Hugo llevaba mucho tiempo sin acordarse de ellos. Antonie, el más alto
de los dos, había apodado a Hugo «Tictac» porque siempre llevaba algún reloj en los bolsillos.
Hugo se preguntó qué habría sido de ellos. ¿Seguirían jugando a ser hermanos? ¿Lo echarían de
menos?
Hugo recordó también las increíbles historias de Julio Verne que su padre le leía muchas noches.
Otras veces le leía cuentos de hadas de su autor favorito, Hans Christian Andersen. Echaba
mucho de menos aquellas lecturas.
Tras el mostrador de la librería, entre dos pilas de tomos de enciclopedia, asomaba el librero. Hugo
miró a su alrededor. Al principio no distinguió a nadie más, pero en seguida vio cómo la niña
aparecía entre los montones de libros como una sirena emergiendo de un mar de papel. La niña
cerró el volumen que te- nía entre las manos y le indicó con un ademán que se acercara a ella.
(Selznick, 2007, pág. 50).
Sobre el autor: Brian Selznick (1966) es un importante escritor e ilustrador de LIJ. Ha recibido la
medalla Caldecott por Los dinosaurios del Waterhouse Hawkins y por La Invención de Hugo Cabret,
uno de premios más importantes de literatura infantil y juvenil en Estados Unidos, junto con la medalla
Newberry. Su talento como ilustrador le ha valido múltiples reconocimientos, entre ellos, ilustrar la
portada de la edición número 20 de Harry Potter.
Sobre el libro: Hugo es un niño que vive escondido en los mecanismos del reloj de una estación de
trenes. Es huérfano, su tío no ha vuelto y él trabaja todo el día para que los relojes de la estación no
dejen de funcionar. Además, intenta arreglar un extraño artefacto mecánico, que es el último recuerdo
que tiene de su padre. Un día, roba de una tienda de juguetes las piezas que le faltan para reparar el
artefacto. Sin embargo, el viejo dueño de la tienda lo atrapa. El viejo y su sobrina hacen que la vida de
Hugo cambié para siempre. Si te gustan las ilustraciones, el cine, la novela gráfica y las historias
estremecedoras con personajes increíbles, vas a amar este libro. En el 2011, el director Martin Scorsese
estrenó una película basada en esta historia. Si viste la película, leer el libro te dará una nueva y
asombrosa perspectiva. Si no la has visto todavía, te recomendamos leer el libro primero y después
comprobar qué tanto se parece la adaptación de Scorsese a lo que tú imaginaste.

RETO. Ilustra tu propia historia: vas a ilustrar y a escribir la película de tu propia vida. Recuerda cinco
momentos importantes o impactantes, que te definan a ti y a tus relaciones con las personas que te
rodean. Imagina cómo transformar esos momentos en partes de una película. Después, ilustra cada
momento, elije con mucho cuidado cuáles son las imágenes que mejor representan cada instante, y
combina las ilustraciones con textos. El texto y la imagen deben trabajar juntos, complementarse para
contarlo todo de la mejor manera. Piensa bien cuál es el orden que quieres darle a tu historia cuando
hayas terminado.
Taller de Reflexión Literaria
La invención de Hugo Cabret – Brian Selznick
1. ¿Qué sensaciones experimenta Hugo al entrar en la librería? ¿Cómo crees que esos sentimientos están
relacionados con su pasado?

2. ¿Qué simboliza el botón que Hugo guarda en el bolsillo?

3. ¿Qué recuerdos despierta en Hugo el olor de la librería? ¿Qué importancia tienen esos recuerdos para el
personaje?

4. ¿Qué nos dice este fragmento sobre la personalidad de Hugo? ¿Qué lo hace especial?

5. ¿Qué impacto tiene en la historia la aparición de la niña entre los libros?

6. ¿Crees que una historia contada con imágenes tiene el mismo valor que una contada solo con palabras? Justifica tu
respuesta.
Las aventuras de Tom Sawyer (fragmento) Mark Twain
Se quedó sin respuesta. Tom examinó su último toque con mirada de artista; después dio otro
ligero brochazo y examinó, como antes, el resultado. Ben atracó a su costado. A Tom se le hacía
agua la boca pensando en la manzana; pero no cejó en su trabajo.
- ¡Hola, compadre! -le dijo Ben-. Te hacen trabajar, ¿eh?
- ¡Ah!, ¿eres tú, Ben? No te había visto.
-Oye, me voy a nadar. ¿No te gustaría venir? Pero, claro, te gustará más trabajar. Claro que te
gustará.
Tom se le quedó mirando un instante y dijo: - ¿A qué llamas tú trabajo?
- ¡Qué! ¿No es eso trabajo?
Tom reanudó su blanqueo y le contestó, distraídamente:
-Bueno; puede ser que lo sea y puede que no. Lo único que sé es que le gusta a Tom Sawyer.
- ¡Vamos! ¿Me vas a hacer creer que a ti te gusta? La brocha
continuó moviéndose.
- ¿Gustar? No sé por qué no va a gustarme. ¿Es que le dejan a un chico blanquear una cerca todos
los días?
Aquello puso la cosa bajo una nueva luz. Ben dejó de mordisquear la manzana. Tom, movió la
brocha, coquetonamente, atrás y adelante; se retiró dos pasos para ver el efecto; añadió un toque
allí y otro allá; juzgó otra vez el resultado. Y en tanto Ben no perdía de vista un solo movimiento,
cada vez más interesado y absorto. Al fin dijo:
-Oye, Tom: déjame encalar un poco.
Tom reflexionó. Estaba a punto de acceder; pero cambió de propósito:
-No, no; eso no podría ser, Ben. Ya ves…, mi tía Polly es muy exigente para esta cerca porque está
aquí, en la mitad de la calle, ¿sabes? Pero si fuera la cerca trasera no me importaría, ni a ella
tampoco. No sabes tú lo que le preocupa está cerca; hay que hacerlo con la mar de cuidado; puede
ser que no haya un chico entre mil, ni aun entre dos mil que pueda encalarla de la manera que hay
que hacerlo.
- ¡Quiá!... ¿Lo dices de veras? Vamos, déjame que pruebe un poco; nada más que una miaja. Si tú
fueras yo, te dejaría, Tom.
-De veras que quisiera dejarte, Ben; pero la tía Polly… Mira: Jim también quiso, y ella no le dejó.
Sid también quiso, y no lo consiguió. ¿Ves por qué no puedo de- jarte? ¡Si tú fueras a encargarte
de esta cerca y ocurriese algo!...
-Anda…, ya lo haré con cuidado. Déjame probar. Mira, te doy el corazón de la manzana.
-No puede ser. No, Ben; no me lo pidas, tengo miedo…
- ¡Te la daré toda!
Tom le entregó la brocha, con desgano en el semblante y con entusiasmo en el corazón. Y
mientras que el ex vapor Gran Misuri trabajaba y sudaba al sol, el artista retirado se sentó allí,
cerca, en una barrica, a la sombra, balanceando las piernas, se comió la manzana y planeó el
degüello de los más inocentes. No escaseó el material: a cada momento aparecían muchachos;
venían a burlarse, pero se quedaban a encalar.
Para cuando Ben se rindió de cansancio, Tom había ya vendido el turno siguiente a Billy Fisher
por una cometa en buen estado; cuando éste se quedó aniquilado, Johnny Miller compró el
derecho por una rata muerta, con un bramante para hacerla girar; así siguió hora tras hora. Y
cuando avanzó la tarde, Tom, que por la mañana había sido un chico en la miseria nadaba
materialmente en riquezas. (Twain, s.f., págs. 10-11)

Sobre el autor: Samuel Langhorne Clemens (1835 – 1910), más conocido como Mark Twain, es
uno de los grandes narradores norteamerica- nos del siglo XIX.
Sus obras más importantes son Las aventuras de Tom Sawyer y Las aventuras de Huckleerry Finn.
Mientras cursaba el quinto grado y tras la muerte de su padre, tuvo que abandonar la escuela para trabajar
como aprendiz de impresión en un periódico local. A 18 años, se fue de su pueblo natal.
De su labor como periodista, destacan los libros de viajes en los que relató sus travesías fuera
de Estados Unidos. En los últimos años de su vida, escribió una autobiografía de la cual sólo se
publicaron 25 entregas en la revista literaria North American Review.
Dejó instrucciones precisas para que esta autobiografía no fuera publicada en su totalidad
hasta 100 años después de su muerte.

Sobre el autor: En efecto, el primer volumen fue publicado por la Universidad de California en 2010. Por eso es
uno de los pocos autores que ha publicado libros nuevos con grandes ventas en tres siglos distintos: XIX, XX y
XXI. Un asteroide lleva su nombre, 2362 Mark Twain. En 1909, Mark Twain dijo: “Vine al mundo con el cometa
Halley en 1835. Vuelve de nuevo el próximo año, y espero marcharme con él. Será la mayor desilusión de mi
vida si no me voy con el cometa Halley. El Todopoderoso ha dicho, sin duda: «Ahora están aquí esos dos
fenómenos inexplicables; vinieron juntos, juntos se deben partir»”. Y su predicción se cumplió. Podemos ver este
cometa desde la Tierra solamente una vez cada 76 años, y 76 años fueron los años vivió este fabuloso autor. Un día
después de que el cometa Halley llegara a su punto más cercano al sol, Mark Twain falleció.

Sobre la novela: esta historia se inspira en la infancia de Mark Twain. Tanto los personajes como los escenarios y
varias situaciones de la novela están inspirados en hechos, personajes y lugares reales. Tom Sawyer, por ejemplo, es
la combinación de tres conocidos del autor y de él mismo. St. Petersburgo, el pueblo imaginario en el que se
desarrolla la novela, está completamente basado en Hannibal, el pueblo junto al río Misisipi en el que creció
Twain. Desde que se publicó por primera vez, en 1876, fue un éxito. No es extraño, pues se trata de una de las
obras más divertidas que se han escrito: combina con maestría el humor, la sátira y la crítica social. Las asombrosas
situaciones en las que Tom Sawyer se ve inmerso por sus deseos de aventura, inspiradas en las lecturas de libros
de piratas, se fusionan a la perfección con las costumbres y las dificultades de la gente del pueblo. Por eso, la
novela ha inspirado un sinnúmero de versiones audiovisuales. Un anime producido en Japón en los años 80s
quizá sea la mejor adaptación. Pero nada en este mundo remplaza la diversión y el asombro de la prosa crítica,
aguda y poética de Mark Twain.

RETO. Escribe tu propia historia: muchas de nuestras culturas indígenas afirman que estamos hechos del mismo
material que las estrellas. La ciencia moderna respalda está postura: los átomos que nos componen provienen del
espacio remoto. Es un hecho, las más lejanas estrellas y tú comparten, en distintos niveles, los mismos
componentes. Los medios de comunicación masivos han creado la peligrosa y falsa idea de que sin riqueza y
bienes materiales no somos nada. Pero no debes olvidar nunca que tienes un sol gigantesco en tu pecho. Permite
que tu propia luz te guíe y escribe una lista, ojalá inmensa, de todas las características que te conectan con las
estrellas. Cuando termines tu lista, escribe una carta explicándole al mundo por qué tu voz y tus palabras son más
importantes que todo el dinero del mundo. Si quieres resaltar la grandeza de nuestros orígenes ancestrales, la
sabiduría de nuestras culturas indígenas, mucho mejor.
Las aventuras de Huckleberry Finn (fragmento) Mark Twain
Me quedé dormido y Jim no me llamó cuando me tocaba el turno. Lo hacía muchas veces. Cuando
me desperté, justo al amanecer, estaba sentado con la cabeza entre las rodillas, gimiendo y
lamentándose. No le hice caso ni me di por enterado. Sabía lo que pasaba. Estaba pensando en su
mujer y sus hijos, allá lejos, y se sentía desanimado y nostálgico, porque nunca había estado fuera
de casa en toda su vida, y creo, de verdad, que quería tanto a su gente como los blancos a la suya.
No parece natural, pero creo que es así. Muchas veces gemía y se lamentaba así por las noches,
cuando creía que yo estaba dormido, y decía:
«¡Pobrecita Lizabeth! ¡Pobrecito John! Es muy difícil; ¡creo que nunca os voy a ver más, nunca
más!» Era un negro muy bueno, el Jim.
Pero aquella vez no sé cómo me puse a hablar con él de su mujer y sus hijos y después de un rato
va y dice:
―Me siento tan mal porque he oído allá en la orilla algo así como un golpe, o un portazo, hace un
rato, y me recuerda la vez que traté tan mal a mi pequeña Li- zabeth. No tenía más que cuatro años
y le dio la ascarlatina y las paso muy mal; pero si puso güena y un día voy y digo, dije:
»―Cierra esa puelta.
»―Y no la cerró; se quedó allí, como sonriéndome. Me cabreé y le vuelvo a decir muy alto, voy y
digo, dije:
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»― ¿No me oyes? ¡Cierra esa puelta!
»―Y ella seguía allí, como sonriéndome. ¡Y yo con un cabreo! Y voy y digo, dije:
»―¡Te vas a enterar!
»―Y voy y le pego una bofetá que la tiro de espaldas. Entonces fui a la otra ha- bitación y tardé
en volver unos diez minutos, y cuando volví allí estaba la puelta todavía abierta, y la niña allí
mismo, mirando al suelo y quejándose y llorando.
¡Dios, qué cabreo! Iba a darle otra vez, pero justo entonces, porque era una puel- ta que se abría
hacia adentro, justo entonces va el viento y la cierra de un por- tazo detrás de la niña, ¡baaam! ¡Y
te juro que la niña ni se movió! Casi me quedo sin aliento; y me sentí tan… no sé cómo me sentí.
Salí de allí todo temblando y voy y abro la puelta mu despacio y meto la cabeza justo detrás de la
niña, sin hacer ruido, y de repente digo: ¡Baaam! Lo más alto que puedo. ¡Y ni se movió! Ay,
Huck. Me eché a llorar y la agarré en brazos diciendo: «¡Ay, pobecita! ¡Que el Señor y todos santos
perdonen al pobre Jim, porque él nunca se va a perdonar
mientras viva!» Ay, se había quedado sordomuda del todo, ¡y yo tratándola así! (Twain, s.f., págs.
122-123).
Fuente: [Link]

Sobre la novela: es el libro más importante de Mark Twain, una de las no- velas
fundamentales de la literatura norteamericana contemporánea. Se publicó en 1884, pero la
historia se sitúa cuarenta años antes. Es una de las primeras novelas norteamericanas que
integra el inglés coloquial de la época en una obra literaria. Narra la historia de Huck, el
mejor amigo de Tom Sawyer, quien tiene que huir de St. Peterbusrgo tras un grave in-
cidente con su padre, un alcohólico abusivo que no para de maltratarlo. Primero, se
refugia en una isla. Después, junto con Jim, un esclavo que al enterarse de que van a
venderlo a nuevos amos decide escapar del pueblo, se dirigen hacia el sur por el río
Misisipi. Ambos huyen en busca de la libertad, pero a medida que su camino avanza, se
encuentran con el racismo y el conservadurismo exacerbado del sur de los Estados Uni-
dos, una cadena de crueldad contra los derechos civiles que lamentable- mente no ha
cesado del todo en la actualidad.

RETO. Escribe tu propia historia: según el autor Ernest Hemingway, Las aventuras de
Huckleberry Finn es el origen de “toda la literatura moder- na estadunidense”, pero
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advierte que, en realidad, la novela debía ter- minar unos capítulos antes del final que le
dio Mark Twain. ¿Estás de acuerdo? Escribe tu propio final alternativo, pero utiliza las
expresiones y la manera de hablar del lugar en el que vives. Procura que, al leer lo que
escribiste, se perciba el acento y la forma típica de decir las cosas de las personas con las
que convives.
 Las aventuras de Oliver Twist (fragmento) Charles
Dickens
Capítulo I Trata del lugar en que vio la luz primera Oliver Twist y de las circuns- tancias que
concurrieron en su nacimiento
Entre los edificios públicos de que se siente orgullosa una ciudad, cuyo nombre creo prudente
callar por varias razones, hay uno antiguamente común a la mayor parte de las ciudades, grandes o
pequeñas: el hospicio. En el hospicio nació, cierto día cuya fecha no me tomaré la molestia de
consignar, sencillamente porque nin- guna importancia tiene para el lector, el feliz o desdichado
mortal cuyo nombre encabeza este primer capítulo de la verídica historia que vamos a narrar.
Largo tiempo después de haber penetrado en este mundo de miserias y de lágrimas gracias a los
cuidados del cirujano de la parroquia, dio lugar a dudas muy fundadas la cuestión de si el niño
viviese lo bastante para poder llevar un nombre cualquiera. Si la importantísima cuestión se
hubiera resuelto en sentido negativo, es más que probable que estas memorias no hubiese visto
nunca la luz pública, y aun suponiendo que yo las hubiese escrito, no habrían abarcado más de dos
páginas, y hubieran poseído el mérito inestimable de ser el ejemplar más fiel y conciso de
biografía de que envanecerse pueda la literatura de todas las épocas y de todos los países.
Aunque no me atreveré a sostener que el hecho de haber nacido en un hospicio es en sí el favor
más grande y envidiable que la Fortuna pueda dispensar a una criatura humana, declararé, sin
embargo, que en el caso presente fue lo mejor que al pobre Oliver pudo ocurrir. Es el caso que
costó ímprobos trabajos conse- guir que Oliver se resolviera a llenar sus funciones respiratorias, 41
función penosa, que la costumbre ha hecho necesaria para vivir con reposo. El pobre niño per-
maneció durante algún tiempo dando boqueadas sobre un colchón fementido, en equilibrio
inestable en este mundo y el otro, más inclinado al otro que a éste. Bien seguro es que, si en
aquellos momentos críticos hubieran rodeado a Oli- ver cariñosas abuelas, anhelantes tías,
nodrizas expertas y médicos afamados, el niño hubiese muerto a sus manos indubitable e
infaliblemente en menos tiempo del que tardo en referirlo; pero como allí no había más que una
pobre vieja, casi siempre borracha por efecto del abuso de la cerveza, y un cirujano que prestaba
sus servicios al establecimiento por un tanto alzado, entre el niño y la naturaleza pudieron salir
airosos del lance. El resultado fue que, después de
algunos esfuerzos, Oliver respiró, estornudó y anunció a los habitantes del hos- picio que desde
aquel instante iba a pesar una carga nueva sobre la parroquia con un grito tan agudo como
racionalmente podía esperarse de un recién naci- do que solamente desde tres minutos antes está
en posesión de la facultad de emitir sonidos. (Dickens, s.f., pág. 1).
Fuente: [Link]
[Link]

Sobre el autor: Charles Dickens (1812 – 1870) fue uno de los escritores ingleses más
destacados de la llamada época victoriana. No recibió nin- guna educación hasta los 9
años. Su padre fue enviado a prisión por no pagar una deuda y tuvo que dejar la escuela
para trabajar en una fábrica, en la que las jornadas diarias eran de más de 10 horas.
Posteriormente, esta experiencia lo impulsó a luchar incansablemente por los derechos de
los niños. A los 27 años, ya era el escritor más popular de Inglaterra. Mientras el imperio
británico era el más poderoso del planeta, Dickens se dedicó, en sus relatos breves y sus
novelas que demuestran su repudio por la desigualdad social y la pobreza, a denunciar las
condiciones mise- rables en las que vivía la clase obrera. Publicó sus novelas por entregas,
lo cual permitió que las personas sin dinero para comprar libros leyeran sus escritos.
Dostoievski y Tolstoi admiraron su obra y era el escritor favorito de Julio Verne. Vincent
Van Gogh se inspiró en su literatura para varios de sus cuadros. Aunque, con el paso del
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tiempo, escritores como Virginia Wolf señalaron el exceso de sentimentalismo en sus
historias, autores del siglo XX como Roald Dalh (creador de Matilda) lo señalan como
uno de sus escritores predilectos. Su obra no se ha dejado de imprimir y cuanta con más
de 200 adaptaciones para cine y televisión. Cuento de navidad es una de las historias más
cocidas en el mundo.
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Sobre la novela: es la primera novela inglesa que cuenta con un niño
como protagonista. Además, es una de las primeras novelas sociales
que revela el abuso infantil de la época victoriana: el trabajo en
condiciones infrahumanas dentro de las fábricas o el uso de menores
para cometer delitos por parte de los grupos de crimen organizado.
Posiblemente, fue inspirada por el caso real de Robert Blincoe, un
huérfano que tuvo que trabajar y padecer en una fábrica de algodón.
Fue escrita y publicada por entregas en periódicos, entre 1837 y 1839.
Su primera publicación como libro se realizó en 1838. Se han realizado
varias adaptaciones y versiones cinematográficas. Oliver Twist es un
personaje icónico, que debe man- tener su corazón limpio en medio de
un mundo lleno de injusticia y per- versidad.

RETO. Escribe tu propia historia: elije los momentos que más hayan lla-
mado tu atención de la novela y, de la forma más realista posible,
escribe un relato sobre algún niño o niña que deba pasar múltiples
dificultades. La escritura es una oportunidad única de crear mundos
posibles, lugares en los que a pesar de las adversidades se puede
soñar. Dale la oportuni- dad de cambiar drásticamente su vida al final,
constrúyele un cierre en el que sea feliz y no tenga que volver a pasar
necesidades. Para que la his- toria sea verosímil debes tener claro
desde antes de empezar a escribir cuál va a ser el momento, el
personaje o la situación que le va a permitir mejorar su vida. De esta
manera, podrás sembrar pistas o indicios desde los primeros párrafos
que al final permitan el cambio de vida que esco- giste para tu
protagonista.
 El corazón delator (fragmento) Edgar
Allan Poe
Presten atención ahora. Ustedes me toman por loco. Pero los locos no saben nada. En cambio…
¡Si hubieran podido verme! ¡Si hubieran podido ver con qué habilidad procedí! ¡Con qué
cuidado… con qué previsión… con qué disimulo me puse a la obra! Jamás fui más amable con el
viejo que la semana antes de matar- lo. Todas las noches, hacía las doce, yo hacía girar el picaporte
de su puerta y la abría… ¡oh, tan suavemente! Y entonces, cuando la abertura era lo bastante gran- de
para pasar la cabeza, levantaba una linterna sorda, cerrada, completamente cerrada, de manera que
no se viera ninguna luz, y tras ella pasaba la cabeza. ¡Oh, ustedes se hubieran reído al ver cuán
astutamente pasaba la cabeza! La movía lentamente… muy, muy lentamente, a fin de no perturbar
el sueño del viejo. Me llevaba una hora entera introducir completamente la cabeza por la abertura
de la puerta, hasta verlo tendido en su cama. ¿Eh? ¿Es que un loco hubiera sido tan prudente como
yo? Y entonces, cuando tenía la cabeza completamente dentro del cuarto, abría la linterna
cautelosamente… ¡oh, tan cautelosamente! Sí, cau- telosamente iba abriendo la linterna (pues
crujían las bisagras), la iba abriendo lo suficiente para que un solo rayo de luz cayera sobre el ojo
de buitre. Y esto lo hice durante siete largas noches… cada noche, a las doce… pero siempre
encon- tré el ojo cerrado, y por eso me era imposible cumplir mi obra, porque no era el viejo quien
me irritaba, sino el mal de ojo. (Poe, s.f., págs. 1-2).

Sobre el autor: Edgar Alan Poe (1809 – 1849) es uno de los maestros uni- versales del relato breve. Este escritor,
poeta, crítico y periodista estadou- nidense vivió apenas 40 años. Sin embargo, esa corta vida le alcanzó para
escribir una obra en la que inventó el personaje del detective, aportó al género de la ciencia ficción, influenció a
grandes poetas europeos y cam- bió para siempre el terror en la literatura. Sus padres murieron cuando él era un
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niño y fue ayudado por una familia adinerada, los Allan. Cuando alcanzó la mayoría de edad, esta familia lo
desheredó por las diferencias con su padrastro. Quiso dedicarse únicamente a la poesía, pero la nece- sidad de
dinero lo llevó a escribir cuentos y artículos de periódico para encontrar sustento. Su vida y su obra han
influenciado enormemente la literatura contemporánea.
Fuente: [Link]
45
Aunque nunca lo conoció en persona, Charles Baudelaire, uno de los
poetas europeos más importante del siglo XIX y quien lo tradujo al
fran- cés, hablaba de Poe como su alma gemela. Dostoievski, William
Faulk- ner, Franz Kafka, Arthur Conan Doyle, Jorge Luis Borges, Julio
Cortázar y muchos otros autores reconocen, de diversas maneras, la
importancia e influencia de Poe en sus propias obras literarias.

Sobre el cuento: fue publicado por primera vez en un periódico literario


en 1843 y luego, con algunos cambios, en el Broadway Journal en
1845. Suele considerarse uno de los mejores relatos del género gótico
y de te- rror. En esta historia, se cuestionan los límites entre la cordura y
la locura. Su protagonista es un hombre que padece de una terrible
hipersensibi- lidad y se obsesiona con el ojo del viejo dueño de la casa
en la que vive. De una forma asombrosa y aterradora al mismo tiempo,
nos relata cómo perdió el control de sí mismo hasta asesinar al
anciano.

RETO. Escribe tu propia historia: los límites entre el sueño y la vigilia son
complejos. Mientras soñamos, difícilmente reconocemos que lo que ex-
perimentamos es un sueño. Por otro lado, a veces nos ocurren cosas
que parecen un sueño mientras estamos despiertos. Escribe tu peor
pesadi- lla, pero nunca menciones que estás soñando. Simplemente
describe la pesadilla como si se tratase de un evento real. Ocultar que
se trata de un sueño le dará un toque fantástico y terrorífico a tu relato.
Si no recuerdas una pesadilla, pregúntales a tus conocidos si conocen
alguna historia de terror y escríbela como si te hubiese ocurrido a ti.

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