Canon significa: vara para medir, una regla, norma o medida y se refiere al método
utilizado para seleccionar los libros de la Biblia. - Canónico significa: todo el
contenido de las Escrituras o los libros que componen la Biblia. La palabra canon
deriva del griego “kanon” y, probablemente del hebreo “kane”, que significa “algo
para medir” o una “regla, norma o medida” que determina los libros que fueron
inspirados por el Espíritu Santo. En el lenguaje bíblico “canónico” significa todo el
contenido de las Escrituras; es decir, la colección de libros que componen la Biblia
y que han sido reconocidos oficialmente por la Iglesia, como libros “inspirados” por
el Espíritu Santo. Canon: “Palabra que se utiliza restrictivamente para señalar los
libros o escrituras que son aceptados como inspirados por Dios” (Nuevo
Diccionario de la Biblia Unilit, 1992). Al acto de declarar un libro dentro del canon
bíblico se le denomina canonización En el lenguaje bíblico “canónico” significa
todo el contenido de las Escrituras; es decir, la colección de libros que componen
la Biblia y que han sido reconocidos oficialmente por la Iglesia, como libros
“inspirados” por el Espíritu Santo. La Biblia fue escrita en un período de 1.400
años y por más de 40 autores, de diferentes épocas y lugares. Entre ellos hay
profetas, ganaderos, pescadores, reyes, poetas, músicos, médicos, ministros de
gobierno, entre otro.
Formación del canon del Antiguo Testamento
La colección de libros del Antiguo Testamento fue elaborada por los judíos.
La selección de los libros que hoy conforman el Antiguo Testamento fue un
proceso largo y complejo realizado por el pueblo de Israel. La colección elaborada
por los judíos y la Biblia de los cristianos, se diferencian en que algunos libros
aparecen unifi cados (dos o más). Por ese motivo la Biblia hebrea cuenta con 24
libros y el Antiguo Testamento cristiano con 39. Los libros que conforman el
Antiguo Testamento se seleccionaron de acuerdo con los siguientes requisitos:
Idioma: El libro debía haberse escrito en idioma hebreo.
Edad: Todo libro escrito después del año 400 antes de Cristo fue rechazado, ya
que los judíos consideraban que después de esa fecha terminó el tiempo de los
profetas inspirados por Jehová.
Doctrina: Sus enseñanzas no podían estar en contradicción con los libros de La
Ley de Moisés (el Pentateuco o cinco primeros libros de la Biblia).
La persona que escribía debía ser reconocida como una autoridad espiritual en el
pueblo judío.
La aceptación generalizada del libro y su uso por el pueblo de Israel.
Las fechas acerca de la canonización fueron dos. La primera en el año 400 a. C.,
donde probablemente Esdras y otros, ordenaron y formaron la colección de los 39
libros del Antiguo Testamento. La segunda fue en el concilio judío de Jamnia, (una
ciudad situada 12 millas al sur de Judá), entre el año 70 y el año 90 d.C., en donde
se hizo oficial lo que desde mucho antes había sido aceptado. En ambos casos se
rechazaron los libros escritos después del año 400 a. C., y aquellos en los cuales
el autor había usado un pseudónimo o el nombre de otra persona para
identificarse (libros seudoepígrafos), debido a que no se podía comprobar quién
había sido el autor.
Los libros apócrifos
La palabra apócrifo significa algo que está oculto o escondido. Su significado más
amplio es, de valor incierto o de inspiración dudable. En nuestro idioma español la
palabra apócrifo significa “algo que es sospechoso de ser falso”. En todo caso este
término señala que los libros no tienen base para considerarse como inspirados
por el Espíritu Santo. Algunos de estos libros se han incluido en la Biblia aceptada
por la Iglesia Católico-Romana, pero no por las Iglesias Protestantes, como ser:
Tobías, Judit, Baruc, La Historia de Susana, La oración de Manasés, 1 y 2 de
Macabeos, entre otros. Dichos libros no fueron aceptados porque enseñaban a
favor del suicidio, de las oraciones por los muertos, del uso de medios malos para
obtener fines buenos, de la superstición y la magia. La Iglesia Católico-Romana
definió otro canon más largo en el siglo XVI, en el Concilio de Trento (ciudad al
Norte de la Italia actual) convocado en contra del movimiento de la Reforma
Protestante.
Los copistas (escribas) de los escritos sagrados, eran los encargados de
transcribir los libros y lo hacían con gran cuidado, siguiendo reglas fijas y
demostrando gran respeto por la Palabra de Dios. Los manuscritos más antiguos
en idioma hebreo que se conservan son los llamados “rollos del mar muerto”,
encontrados en las cuevas de Qumrán, en el desierto de Judea en el año 1947.
Los rollos hallados contienen el libro de Isaías y fragmentos de otros libros del
Antiguo Testamento.
La Septuaginta o Biblia de los Setenta, es una traducción de la Biblia Hebrea al
idioma griego. Esta es la versión que existía en los tiempos de Jesús y que se cita
en algunos libros del Nuevo Testamento.
Juan Gutemberg fue el primero en reproducir la Biblia en imprenta en 1455.
Fueron 165 ejemplares en latín.
Los manuscritos del Antiguo Testamento
La palabra manuscrito viene del latín manus y scriptus y significa escrito a mano y
también hace referencia a un libro o papel escrito a mano. Los escritores bíblicos
escribieron de esta manera sobre diferentes materiales que se usaban en la
antigüedad. En la actualidad no se conserva ningún manuscrito original del autor,
sino copias de estos. Según su material los manuscritos se clasificaban en:
El rollo hebreo o pergamino: Usado desde los tiempos de los patriarcas hasta los
tiempos de Jesús, estaba hecho de pieles de cabra, oveja o ternero cosidas y
enrolladas en palos. Era costumbre conservar estos libros enrollados. Un rollo,
era una extensa tira hecha de papiro o de piel, la cual se reforzada en los
extremos con dos varas que servían para enrollarla.
El códice griego. Usado desde el siglo IV al XVI d. C. El códice consistía en hojas
encuadernadas y cosidas para formar algo similar a un libro. Los primeros códices
aparecieron cerca del siglo II, pero fue hasta el siglo IV cuando se usaron con
mayor frecuencia. Se utilizaba por ejemplo el “papiro”, que era un papel que se
hacía con las fibras de una planta acuática cultivada en el antiguo Egipto. Los
rollos o tiras de este papel medían unos 36 cm de largo y 25 cm de ancho.
Las versiones del Antiguo Testamento
La Biblia de los Setenta -conocida también como Septuaginta, es una traducción
de la Biblia Hebrea al idioma griego. Según la tradición judía por orden del rey
Ptolomeo Filadelfo (284-246 a. C.) el Antiguo Testamento fue traducido por 72
sabios en Alejandría (ciudad en el delta del río Nilo), para la famosa Biblioteca de
esa ciudad. Esta es la versión que existía en los tiempos de Jesús y que se cita en
algunos libros del Nuevo Testamento.
Durante el siglo I vivían los apóstoles por lo que las palabras y hechos de Jesús se
transmitían en forma oral. La creación del canon del Nuevo Testamento se hizo
necesaria cuando estos testigos fueron muriendo.
Formación del canon del Nuevo Testamento
El canon del Nuevo Testamento se terminó en el siglo IV.
Por muchos años la Iglesia cristiana primitiva usó el Antiguo Testamento como su
Biblia. Mientras vivieron los apóstoles del Señor (s. I d. C.) no se determinó un
canon oficial. Aunque durante su vida y bajo la supervisión de ellos, comenzaron,
a formarse colecciones de escritos que las iglesias podían usar. Estos libros o
cartas se colocaban a la par del Antiguo Testamento, y eran considerados también
como Palabra inspirada por Dios (2 Pedro 1:15; 3:1,2,15,16).
Pero con el tiempo la Iglesia enfrentó ciertos problemas que la impulsaron a
acelerar la formación del canon del Nuevo Testamento:
La difusión de muchos libros apócrifos, los cuáles eran rechazados por la Iglesia a
causa de las doctrinas erróneas que contenían.
La herejía de Marción, que seguía un canon propio. Rechazaba todo el Antiguo
Testamento y del Nuevo sólo admitía el evangelio de San Lucas y diez epístolas
de Pablo. Su enseñanza estaba basada principalmente en el gnosticismo, una
mezcla de diferentes elementos culturales o religiosos provenientes de diferentes
regiones: Grecia, Persia, Egipto, Siria, Asia Menor, y otras.
La herejía de Montano (montanismo), que añadía nuevos libros al canon de la
Iglesia y enseñaba nuevas revelaciones, según ellos, recibidas del Espíritu Santo.
Los libros apócrifos
En el siglo II y posteriores comenzaron a circular ciertos libros que no provenían
de los apóstoles. Estos aparecieron por dos razones. Primero, por el deseo que
había en los primeros cristianos de tener más información o más detalles sobre la
vida y ministerio de Jesús y los discípulos. Segundo, por el deseo de algunos de
introducir enseñanzas diferentes (herejías) y para ello engañaban a la gente
diciendo que venían de los apóstoles.
Muchos de estos libros apócrifos contienen narraciones de sucesos
espectaculares y fantasiosos, fruto de la imaginación. Por ejemplo, afirman que
Jesús no tenía un cuerpo de carne y hueso, sino que era una aparición, un espíritu
(como un fantasma). Otros le daban un lugar de mayor importancia a María,
madre de Jesús, que a Jesús mismo; otros enseñaban que había que mantenerse
soltero, etc. En el siguiente cuadro se incluyen algunos de los libros apócrifos que
circulaban en el tiempo de la Iglesia Primitiva:
GéneroEscritos ApócrifosEvangeliosHebreos, Tomás, De los doce Patriarcas y
SantiagoHechosDe Pablo y Tecla, De San Pedro y De Tomás y de
JuanApocalipsisDe San PedroEpístolasDe los HechosOtrosLa Ascensión de
Isaías