INTRODUCCION
El sistema inmunológico es uno de los mecanismos más complejos y vitales del cuerpo
humano, encargado de proteger al cuerpo contra infecciones y enfermedades. Desde el
momento en que se nace, el sistema inmune trabaja incansablemente para identificar y
neutralizar patógenos como bacterias, virus, hongos y parásitos, así como células anormales
que pueden dar lugar a enfermedades como el cáncer. Su capacidad para distinguir entre lo
propio y lo ajeno, así como para recordar encuentros previos con patógenos, es fundamental
para su eficacia.
El estudio del sistema inmunológico ha evolucionado significativamente a lo largo de la
historia. En el siglo XVIII, el médico inglés Edward Jenner realizó uno de los primeros
experimentos científicos sobre inmunidad, demostrando que la inoculación con material de
viruela vacuna podía proteger contra la viruela humana. Este descubrimiento sentó las
bases para el desarrollo de vacunas y marcó un punto de inflexión en la historia de la
inmunología
A lo largo de este trabajo, se explorara los componentes clave del sistema inmunológico,
incluidos los órganos y células que participan en su funcionamiento. Además de estudiar
cómo estos elementos trabajan en conjunto para montar respuestas rápidas y específicas
ante amenazas, así como los mecanismos de memoria inmunológica que protegen al cuerpo
a largo plazo.
Sistema Inmune
INMUNOLOGÍA
La OMS define la inmunología como la disciplina que estudia, diagnostica y trata
enfermedades relacionadas con alteraciones en los mecanismos del sistema inmunológico,
incluyendo aquellas causadas por razones genéticas o adquiridas, como las
inmunodeficiencias (ej. SIDA) y enfermedades autoinmunitarias. Esta especialidad también
aborda problemas derivados de la transformación neoplásica de células inmunitarias
(tumores linfoides) y la actividad anómala de anticuerpos y linfocitos, que pueden resultar
en lesiones tisulares, hipersensibilidad, infecciones y otros trastornos relacionados.
Además, la inmunología incluye el uso de manipulaciones inmunológicas en tratamientos y
prevención
¿QUÉ ES INMUNIDAD?
La inmunidad, en el ámbito de la medicina, es un complejo sistema de defensa biológica
que protege al organismo de infecciones y enfermedades. Este sistema se basa en la
capacidad del cuerpo para reconocer y responder a patógenos como bacterias, virus, hongos
y parásitos, así como a sustancias nocivas y células anormales, como las células cancerosas.
TIPOS DE INMUNIDAD
Inmunidad innata
La inmunidad innata es la primera línea de defensa del cuerpo contra los invasores. Es una
respuesta inmediata y no específica que se activa desde el momento en que el cuerpo
detecta la presencia de un patógeno. Los componentes principales de la inmunidad innata
incluyen barreras físicas como la piel y las mucosas, barreras químicas como el ácido
gástrico y las enzimas salivales, y células inmunitarias como los neutrófilos, macrófagos y
células dendríticas. Estas células actúan rápidamente para eliminar a los patógenos
mediante procesos como la fagocitosis, en la que los microorganismos son engullidos y
destruidos. Ejemplos de inmunidad innata abarcan:
Inmunidad adaptativa
La inmunidad adaptativa es una respuesta más específica y lenta que se desarrolla después
de la exposición a un patógeno específico. Este tipo de inmunidad involucra la activación
de linfocitos B y T. Los linfocitos B son responsables de la producción de anticuerpos que
se unen a antígenos específicos en los patógenos para neutralizarlos o marcarlos para su
destrucción. Los linfocitos T se dividen en linfocitos T colaboradores (CD4+), que ayudan
a coordinar la respuesta inmune, y linfocitos T citotóxicos (CD8+), que destruyen las
células infectadas y cancerosas. Una característica crucial de la inmunidad adaptativa es su
capacidad para desarrollar memoria inmunológica, permitiendo una respuesta más rápida y
efectiva en caso de una segunda exposición al mismo patógeno.
Modos de Adquisición de la Inmunidad
La inmunidad puede ser adquirida de manera activa o pasiva. La inmunidad activa se
desarrolla como resultado de una infección natural o mediante la vacunación, que expone al
sistema inmunitario a antígenos inactivos o atenuados para inducir una respuesta protectora
sin causar enfermedad. La inmunidad pasiva, por otro lado, se obtiene mediante la
transferencia de anticuerpos desde una fuente externa, como la inmunidad materna que se
transmite al bebé a través de la placenta o la leche materna, o mediante la administración de
sueros con anticuerpos preformados.
IMPORTANCIA DEL SISTEMA INMUNE
El sistema inmune es de vital importancia para el organismo debido a que lo protege contra
una amplia variedad de infecciones y enfermedades. Al identificar y eliminar patógenos
como bacterias, virus, hongos y parásitos, actúa como una barrera esencial contra las
amenazas externas. Además, desempeña un papel crucial en la vigilancia y eliminación de
células anormales, como las células cancerosas, previniendo el desarrollo de enfermedades
malignas. Su capacidad para recordar patógenos previos y responder más rápidamente en
futuras exposiciones es fundamental para una protección a largo plazo y es la base de la
eficacia de las vacunas. También regula la respuesta inflamatoria, crucial para la reparación
de tejidos y la recuperación de lesiones, controlando esta inflamación para evitar daños
colaterales a los tejidos sanos.
CÉLULAS QUE INTERVIENEN EN EL SISTEMA INMUNE
Las células de respuesta inmunitaria generalizada son las células que forman parte de la
respuesta inmune innata, también conocida como respuesta inmune no específica. Estas
actúan rápidamente y de manera no específica para defender al organismo contra una
amplia variedad de patógenos. A diferencia de la respuesta inmune adaptativa, la respuesta
inmune innata es la primera línea de defensa y responde de inmediato. Estas células son:
Neutrófilos: son los tipos más abundantes de células blancas en la sangre. Fagocitan
y destruyen patógenos mediante la liberación de enzimas y sustancias tóxicas. Son
las primeras en llegar al sitio de una infección y desempeñan un papel crucial en la
inflamación.
Monocitos y macrófagos: Los monocitos son glóbulos blancos que se forman en la
médula ósea y luego viajan por el torrente sanguíneo hasta diferentes tejidos y
órganos. En su destino se convierten en macrófagos, leucocitos que pueden
fagocitar (ingerir y digerir) patógenos y células muertas o dañadas. Los monocitos y
los macrófagos también pueden contener antígenos de estas células no deseadas en
su superficie para que los linfocitos del cuerpo puedan detectarlos e iniciar una
respuesta inmunitaria específica.
Células dendríticas: Son células especializadas en la captura y presentación de
antígenos a los linfocitos T. Las células dendríticas se encuentran en los tejidos que
están en contacto con el ambiente externo, como la piel y las mucosas, también
ingresan a las áreas donde se concentran los linfocitos, como los ganglios linfáticos
y el bazo, y los activan para iniciar una respuesta inmunitaria específica contra estos
antígenos.
Basófilos: son un tipo menos común de células blancas que se encuentran en la
sangre. Su función principal es participar en respuestas alérgicas y de inflamación
mediante la liberación de histamina y otros mediadores químicos. Aunque son
pocos en número, juegan un papel importante en la regulación de la respuesta
inmune.
Células NK (Natural Killer): detectan y destruyen células infectadas por virus y
células cancerosas sin necesidad de una activación previa específica.
Eosinófilos son células blancas que se encuentran en la sangre y en ciertos tejidos,
especialmente en el tracto respiratorio y gastrointestinal. Su función principal es
combatir infecciones parasitarias y participar en reacciones alérgicas. Liberan
sustancias tóxicas que pueden destruir patógenos, pero también pueden causar daño
tisular en el proceso.
Las células de respuesta inmunitaria dirigida son las células que forman parte de la
respuesta inmune adaptativa, también conocida como respuesta inmune específica. Atacan
a los invasores produciendo proteínas (llamadas anticuerpos) dirigidas contra antígenos
específicos. Es más lenta pero altamente específica para cada patógeno. Esta respuesta es
capaz de recordar encuentros previos con patógenos, lo que permite una respuesta más
rápida y eficiente en futuras exposiciones. Estas células son:
Células B o Linfocitos B: se forman en la médula ósea y, después, se agrupan en los
ganglios linfáticos y otras áreas de tejido linfático del cuerpo. No pueden destruir
materiales no deseados por sí mismas; en su lugar, producen los anticuerpos que
reconocen antígenos específicos y se acoplan a ellos. Estos anticuerpos destruyen los
antígenos o dan instrucciones para que lo hagan otras células inmunitarias, como las
células T.
Células T o Linfocitos T: también se forman en la médula ósea, pero luego se mueven
al timo, una glándula detrás del esternón, para madurar. Se reúnen en los ganglios
linfáticos y el bazo, donde pueden reconocer virus específicos y otras células no
deseadas, y reaccionar a ellos de manera similar a los anticuerpos. Algunas células T
son responsables de manejar la respuesta inmunitaria en general y no atacan a
sustancias nocivas por sí mismas. Existen tres tipos principales de células T:
(a) Las células T citotóxicas (CD8+): destruyen materiales no deseados.
Cuando encuentran antígenos unidos a invasores nocivos, matan a los
invasores. Algunos ejemplos son virus y células que están pasando por
cambios precancerosos, pero que no son propiamente cancerosas aún.
(b) Las células T auxiliares (CD4+): producen sustancias que facilitan el
trabajo de las células B y las células T citotóxicas, pero no destruyen
invasores nocivos por sí mismas.
(c) Las células T reguladoras (inhibidoras) evitan que el sistema inmunitario
reaccione desproporcionadamente y ataque tejidos sanos en todo el
cuerpo.
Células de Memoria: Tanto los linfocitos B como los linfocitos T pueden formar células
de memoria después de la exposición a un patógeno. Estas células de memoria
proporcionan una respuesta más rápida y eficaz en caso de una futura reinfección con el
mismo patógeno.
ÓRGANOS QUE INTERVIENEN EN EL SISTEMA INMUNE
La médula ósea, es un tejido esponjoso que se encuentra principalmente dentro de
los huesos largos, de las vértebras y de los huesos pélvicos del cuerpo. La médula
produce todos los glóbulos, incluyendo los linfocitos (glóbulos blancos) que
destruyen las bacterias, los virus y otros organismos que causan infecciones.
El timo, es un órgano pequeño que se encuentra en la parte superior del tórax en la
base del cuello, detrás del esternón. Su función principal es la maduración de los
linfocitos T, que son fundamentales para la respuesta inmune adaptativa. Los
linfocitos T madurados en el timo pueden reconocer y atacar a patógenos
específicos, jugando un papel crucial en la defensa del organismo.
Las amígdalas y adenoides, son tejidos linfoides ubicados en la garganta y detrás de
la cavidad nasal, respectivamente. Su función es actuar como una primera línea de
defensa contra patógenos que ingresan al cuerpo a través de la boca y la nariz.
Contienen linfocitos que pueden detectar y responder rápidamente a infecciones.
El bazo, es un órgano que se ubica en el lado izquierdo superior del abdomen, detrás
del estómago. Su función principal es filtrar la sangre, eliminando células viejas o
dañadas y atrapando patógenos. Además, el bazo produce linfocitos y almacena
glóbulos rojos y plaquetas, contribuyendo a la respuesta inmune y a la coagulación
de la sangre.
Los ganglios linfáticos son órganos redondos pequeños que filtran las bacterias, los
residuos y otras toxinas, y que, además, contienen glóbulos blancos que combaten
infecciones. Los ganglios cumplen una función clave en el reconocimiento y la
eliminación de estas sustancias. Además, le indican al cuerpo que debe iniciar una
respuesta inmunitaria. Hay grupos de ganglios linfáticos en la ingle, las axilas y el
cuello. También hay más ganglios en otras vías linfáticas del tórax, el abdomen y la
pelvis.
Los vasos linfáticos, son una red de conductos que recogen desechos como
proteínas, residuos celulares, bacterias y virus, que son expulsados de los vasos
sanguíneos. Este líquido con desechos, llamado linfa, viaja por los vasos linfáticos e
ingresa a los ganglios linfáticos. Hay vasos linfáticos en todo el cuerpo, como
ocurre con los vasos sanguíneos (arterias y venas). Los vasos linfáticos también
juegan un papel crucial en la absorción de grasas y vitaminas solubles en grasa del
tracto digestivo.
Tejido linfoide asociado a mucosas (MALT), incluye estructuras como las placas de
Peyer, que se encuentran en el intestino delgado. Su función es detectar y responder
a patógenos ingeridos a través de la comida y el agua. Estas estructuras contienen
linfocitos y otras células inmunes que pueden iniciar una respuesta inmune rápida y
efectiva contra los patógenos.
CONCLUSION
La inmunología es la rama de la biología que se encarga del estudio del sistema
inmunológico y sus funciones. Este campo científico es esencial para comprender cómo el
cuerpo detecta y combate las infecciones y las enfermedades. La inmunidad, por su parte,
es la capacidad del organismo para resistir y eliminar patógenos, y se clasifica en dos tipos
principales: la inmunidad innata y la inmunidad adaptativa. La inmunidad innata es la
primera línea de defensa, rápida y no específica, mientras que la inmunidad adaptativa es
más lenta, pero altamente específica y capaz de recordar encuentros previos con patógenos.
El sistema inmunológico, compuesto por órganos y células que trabajan en conjunto, es
vital para mantener la salud. Entre los órganos principales se encuentran la médula ósea, el
timo y los ganglios linfáticos, cada uno con funciones específicas en la respuesta
inmunológica. Las células del sistema inmune se dividen en innatas y adaptativas, donde
las primeras ofrecen una defensa general y rápida, mientras que las segundas proporcionan
una protección específica y duradera. El estudio de la inmunología no solo es crucial para la
biología y la medicina, sino que también tiene importantes implicaciones para la salud
pública.
BIBLIOGRAFÍA
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