En Frasier, el inteligente diseño de los escenarios no se limita a incorporar las
cualidades de la buena arquitectura. Establece un vínculo con la cultura americana,
tanto arquitectónica como social. En el contexto actual, cuando la presión de los medios
de comunicación condiciona todo, parece necesario considerar la influencia de los
medios audiovisuales por su especial relación con la arquitectura. Este artículo explora
las relaciones entre arquitectura, interiorismo y sociedad a través del análisis de la
citada serie.
Frasier, arquitectura, vivienda, Cornoldi, Richardson, Voysey
In Frasier, not only has the thoughtful design one of the qualities of good architecture,
disappearing and allowing life to go on. It also establishes a link with American culture,
both architectural and social. Nowadays, when media pressure conditions almost
everything, the analysis of its influence in society appears as a major issue, especially
given the singular relationship between media and architecture. This article explores
the connections between architecture, interior design and society by analysing the
aforementioned show.
Frasier, architecture, housing, Cornoldi, Richardson, Voysey
Con once temporadas en antena, más de doscientos episodios y unos cuarenta
premios cosechados a lo largo de esos once años de emisión, Frasier2 es una de las
telecomedias norteamericanas recientes de mayor éxito. La serie, emitida por la cadena
NBC, relata la vida de la familia Crane en la ciudad de Seattle. Se trata de una familia
peculiar, compuesta por Frasier Crane, psiquiatra al cargo de un programa de radio; su
hermano Niles, también psiquiatra; y su padre Martin, policía retirado. Daphne Moon,
una fisioterapeuta encargada de la rehabilitación de Martin, y Roz Doyle, la productora
del programa de Frasier, completan el cartel de personajes principales.
Frasier y Niles son dos tipos elitistas, cultos, pedantes, decididamente snobs,
amantes del lujo en todas y cada una de sus vertientes y pertenecientes a lo que podría
denominarse alta burguesía norteamericana. Compiten entre sí en todo, pero
especialmente en sofisticación, refinamiento, erudición y posición social. Martin
caracteriza a un ciudadano medio, típicamente yankee, apasionado del fútbol
americano, de los bares, de las cervezas y de las costillas, por citar sólo algunas de sus
preferencias. El contraste entre estos ellos supone el origen de muchas situaciones
disparatadas.
La relación que la serie tiene con el universo del lujo se aprecia con claridad
simplemente observando algunos de los lugares en los que se desarrolla la acción.
Espacios ficticios, pues el rodaje se realizó casi íntegramente en plató. Las viviendas de
Niles y Frasier son seguramente los ejemplos más destacados, aunque existen otros
signos ajenos a la arquitectura. Uno de estos lo constituyen las referencias al mundo de
la moda y de la alta costura, desde cuando Maris, la misteriosa esposa de Niles, sufre un
ataque comprador compulsivo y arrasa en Valentino, Armani y Tiffany –locura
irónicamente introducida por la frase “Gracias a Dios que Gucci estaba cerrado”3 –,
hasta aquella ocasión en la que una admiradora secreta regala a Niles unos gemelos
Cartier y un reloj Patek Philippe4. La propia vestimenta de Frasier y Niles es impecable,
siempre con traje y la obligada corbata, en un estilo muy americano.
Imagen 01
Vista del salón de Frasier,
NBC, 1993
Imagen 02
Vista del salón de Frasier,
NBC, 1993
Ambos hermanos comparten un conocimiento enciclopédico de todas las
marcas que se adecúan a su posición social, siendo el mundo del vino otro de los
campos en los que disputan su maestría. Intentando apartar a Niles de su camino para
acercarse a un famoso escritor idolatrado por los dos en su infancia, Frasier recurre a
un convincente argumento. Le acaban de llamar de la tienda de vinos porque sólo
quedan dos cajas de “Chambolle-Musigny” cosecha del 82. Niles, en principio
interesado, se da cuenta del truco. Victorioso en la mayoría de las ocasiones, replica que
en el 82 hubo una sequía en la Borgoña y que ese vino se vendió en botellas y no en
cajas5. Y si el vino es el mejor, los restaurantes que aparecen en la serie también forman
parte de la élite. Son los más famosos, las nuevas sensaciones de la ciudad, y entre
todos destacan los franceses, como “Le Cigare Volonne”6, “Les Frères Heureux“7,
desastrosamente regentado por Niles y Frasier durante una noche, o “Les habitants”8.
El uso del francés como signo de distinción, rasgo característico de la cultura
norteamericana desde los tiempos de la Jet Set, es hábilmente explotado a lo largo de la
serie. En general, las marcas representan en la serie un signo de distinción, una forma
de conseguir diferenciarse del resto de una sociedad que carece de los linajes europeos.
Las relaciones sociales, ya sean reuniones, fiestas o encuentros casuales, son
otro de los aspectos en los que se pueden apreciar estas alusiones a la distinción. Pocas
cosas otorgan mayor consideración social que un mayordomo inglés9, capaz de
adelantarse a los sofisticados, ¿maniáticos? deseos de Frasier: despertarle rociando
agua de colonia en el dormitorio, contestar al teléfono con la muletilla “Buenos días,
residencia del doctor Crane” o permitirse sugerirle qué tipo de vino debe enviar al
recién nombrado presidente de la junta de la ópera de Seattle. Más entretenidos son los
casos en que ocurre lo contrario, aquellas situaciones en las que la posición social de los
hermanos está en entredicho, como cuando no consiguen entradas para una prestigiosa
representación teatral10 y, obligados a hacer cola en la venta de entradas canceladas,
disimulan ante la despectiva extrañeza de sus iguales; lo realmente importante como
afirma Niles, no era ver la obra, sino ser visto viendo la obra. Pero es en las
competitivas relaciones entre los dos hermanos donde mejor se aprecia este deseo de
ascenso social, sintetizado en el siguiente diálogo que tiene lugar en la primera visita
que Frasier realiza a Niles en su nuevo apartamento del distinguido edificio “Montana”:
Frasier: “¿Sabes? Tu coqueto edificio no es tan exclusivo como crees. El
portero me ha dejado entrar con un simple gesto de la mano.”
Niles: “Oh, eso es porque te conoce.”
Frasier: “Oh, ¿es fan de mi programa?”
Niles: “No, vive en tu edificio.”11
La interpretación de la arquitectura como escenario o lugar de representación es
un planteamiento inherente a la propia sociedad, asociado sobre todo a la arquitectura
histórica pero vigente en muchas obras del Movimiento Moderno. La casa Tugendhat
recibió en su época duras críticas por su “ceremonia del vivir y al insoportable estilo
representativo”12, y la promenade architecturale de Le Corbusier es susceptible de ser
vista como la transformación de la casa en un escenario. En esta ocasión nos hallamos
en el caso opuesto, puesto que se trata de arquitecturas ilusorias, creadas
específicamente para una representación. Este hecho refuerza su efecto ya que nos
muestra una posible imagen ideal de la vivienda colectiva de lujo norteamericana,
concebida no desde la arquitectura sino desde la sociedad, y aunque pretender
generalizar este análisis a la totalidad de la arquitectura residencial norteamericana
sería absurdo, sí que es posible desvelar una serie de claves específicas de un tipo de
vivienda de lujo, la colectiva, a partir de estos escenarios.
En el libro La arquitectura de la vivienda unifamiliar. Manual del espacio
domestico, el profesor Adriano Cornoldi señaló las cualidades específicas de la vivienda
anglosajona. Por su singularidad respecto a nuestro país, conviene destacar dos. La
primera es la consideración del espacio de estar como espacio central. El salón hace las
veces de vestíbulo, contiene la escalera si la hay, el paso a los dormitorios…etc. Las
casas de Charles Voysey Norney en Shackleford o The Orchard en Chorleywood son
buenos ejemplos de esta singularidad. La segunda cualidad es la existencia de lo que
Cornoldi denomina “espacio por partes”: espacios con distinta altura contenidos dentro
de otros. Esto puede apreciarse en la obra de destacados arquitectos anglosajones a lo
largo de la historia, desde Henry Hobson Richardson a Philip Johnson o Charles
Moore.
Imagen 03
Salón de la casa Watts-Sherman, [Link],
MIT press, 1985
Imagen 04
Vestíbulo de The Orchard, Charles Voysey,
S.A., 1899
El hecho de poder intuir en Frasier estas características cobra aún más
interés si consideramos el posible efecto que una serie de televisión, vista por
millones de personas, tiene en la sociedad actual. De acuerdo a Kay McFadden13,
articulista del Seattle Times, Frasier ha acabado influyendo en el mercado inmobiliario
de Seattle, haciendo que proliferen inmuebles de un millón de dólares en varias de las
mejores zonas de la ciudad. Pero el efecto no se limita a ese crecimiento, pues los
compradores ya no querían una casa en las afueras, reclamaban “ese sentimiento
cosmopolita que aparece en Frasier”. Querían suelos de roble, piezas de diseñador y la
vista de la aguja espacial.
Conviene precisar que el primer requerimiento funcional de un escenario es
permitir que el rodaje se realice con facilidad. Excediendo esta exigencia encontramos
la cualidad común a los distintos fondos que aparecen en la serie, no específica de la
vivienda de lujo aunque sí uno de los elementos por los que se caracteriza: la
desconvencionalización. Esta característica significa personalización, planteamientos
específicos y alejamiento respecto a cualquier solución usual, disponible para una
mayoría de la sociedad. En la serie constituye un invariante presente en los diferentes
aspectos que definen cada espacio, desde la formalización arquitectónica hasta la
decoración.
El más importante de los espacios ficticios es sin duda el salón-comedor del
apartamento de Frasier, ubicado en una torre de viviendas. De la estancia normalmente
tenemos visiones parciales, que enfocan a los personajes durante la acción. El espacio
no aparece completo, lo que da idea de su amplitud y añade realismo al rodaje, pues es
imposible abarcarlo completo desde un punto central. Lo primero que llama la atención
es el enorme ventanal con la vista de los edificios al fondo, imagen de gran belleza,
especialmente de noche con las torres de apartamentos refulgiendo. Estos inmuebles
vecinos se encuentran alejados del edificio de Frasier, lo que implicaría, caso de
tratarse de un lugar real, la existencia de un vacío, un parque o una gran avenida, entre
las construcciones. Seguramente creado con la intención de conseguir un adecuado
efecto de profundidad, este hecho refuerza la elevada categoría de la vivienda,
denotando un enclave privilegiado.
Imagen 05
Apartamento de Frasier, planta,
Daniel Rincón de la Vega, 2011
Imagen 06
Vista del salón de Frasier,
NBC, 1993
Este efecto de profundidad queda reforzado por la disposición del estar en
forma de ele, con los lados del mismo tamaño, que impide tener una visión directa. El
punto de vista es siempre sesgado respecto al fondo. La presencia de la terraza
interpone un segundo plano y sitúa el fondo en un tercer plano. Con esto se consigue
evitar que el ventanal se convierta en un mero cuadro, lo que aumenta el realismo de la
escena.
Otro de los rasgos que lo definen es la amplitud de sus dimensiones. El salón es
un único espacio central, organizado, que no dividido, en distintos ambientes: salón,
comedor –realmente una sala de desayunos–, piano, espacio para lectura e incluso
cocina. La división no existe, siendo el techo continuo en todo el espacio, incluso en la
cocina, que delimitada por unas estanterías con espesor pero abiertas, participa del
salón. No se trata de la espacialidad por partes de la casa tradicional inglesa sino de la
delimitación de un ámbito. A pesar de que nunca llega a percibirse su dimensión real, sí
que se aprecia su amplitud: el espacio es inusitadamente alto, por encima de tres
metros y medio. El techo es un enigma14.
El suelo sí que presenta ligeros matices. Tanto el pavimento marrón oscuro de la
zona del umbral, desde la que se accede al aseo, como el suelo de moqueta gris claro de
la zona de estar y comer, se encuentran dos peldaños por debajo de un bello
entarimado, en el que se ubican la zona de lectura, el piano y los accesos a los
dormitorios, dispuestos a izquierda y derecha. Esta disposición expande el espacio en
horizontal y refuerza la centralidad del salón. De nuevo un planteamiento que
seguramente se realizó con la idea de facilitar el rodaje enlaza con la historia, pues
recrea el espacio de estancia como centro de la vivienda. Frente a los espacios término
típicos de nuestro país, aquí aparece el espacio central como matriz, que contiene la
entrada, el estar y el acceso a los dormitorios, cualidad propia de la arquitectura
anglosajona15.
La presencia de la columna en el centro del salón aporta una dosis de realidad
constructiva a la vez que contribuye a la definición de los cuatro ambientes citados,
respecto a los que gravita. Pero más importante es su formalización, bastante sutil, que
contribuye a reforzar el efecto de fuga en vertical del estar. La columna, de la que sólo
vemos la basa, no arranca del suelo sino que está colocada encima de una especie de
pedestal contemporáneo, vaciado para albergar unas estanterías. La apariencia de la
columna sugiere su procedencia clásica, lo que incide en el deseado efecto de esbeltez.
Respetando los cánones del clasicismo, una columna que hubiera arrancado desde el
suelo debía haber sido mucho más gruesa considerando la altura que se insinúa. Pero
además, si una columna moderna no tiene principio ni fin definidos, la basa de una
columna dórica o toscana sugiere, o quizás impone, la presencia de un capitel en su
parte superior, más arriba, fuera del alcance de la cámara. También se escapa de lo
convencional la altura de las puertas, algo necesario considerando las proporciones del
espacio. La distancia que queda entre Frasier y el dintel es a simple vista más de medio
metro, que sumado a los ciento ochenta y cinco centímetros de Kelsey Grammer, actor
que interpreta a Frasier, nos da una idea de su dimensión, con seguridad superior a dos
metros veinte.
El mobiliario es bastante heterogéneo, aunque se aprecia su buena calidad. No
hay unidad en los colores o uno predominante. La mesa de centro es de madera, la del
comedor es de vidrio, el piano es negro. Incluso el sillón de Martin, estéticamente
desafortunado, encuentra su acomodo al lado de un sofá marrón, réplica exacta del que
Cocó Chanel tenía en su atelier de París, y de la “lounge chair” de los Eames. La misma
diversidad está presente en la decoración, aunque de nuevo el conjunto es bastante
armonioso, con cuadros modernos de importantes artistas norteamericanos como
Otterson o Rauschenberg, piezas de arte africano o precolombino, vidrios de Dale
Chihuly, o láminas con composiciones de arquitectura clásica. La arquitectura consigue
pasar desapercibida y se convierte en fondo, pero no lo consigue a pesar de la carga
figurativa que existe en el espacio, sino gracias a ella. El espacio hubiera resultado
enormemente frío, poco doméstico, de haber carecido de esta ornamentación,
especialmente considerando sus dimensiones. El ornamento se convierte así en una
melodía que acompaña la confrontación cotidiana, en expresión de Juan Navarro
Baldeweg16. Parte del mobiliario podría considerarse también a la chimenea, cuya
posición, a la espalda de la zona de estar, se debe seguramente a criterios visuales,
aunque coincida con el papel secundario que juega en la actualidad.
Imagen 07
Vista del dormitorio de Frasier,
NBC, 1993
Imagen 08
Vista del salón de Frasier desde la televisión,
NBC, 1993
No puede decirse que Frasier sienta aversión ante las nuevas tecnologías, pues
hace un uso consciente de las mismas. Cuando se trata de seducir a una nueva
acompañante invitada a cenar a su apartamento, recurre a las habituales palmadas que
encienden luces, ponen en marcha el equipo de música o accionan la chimenea. Pero sí
llama la atención la aversión que sienten él y Niles hacia la televisión. Ésta es un objeto
extraño que coloniza un espacio destinado a la conversación, a escuchar música, a
descansar, en definitiva a realizar actividades que participan del espacio. Todo lo
contrario que ver la televisión, que lo excluye o cuanto menos no lo necesita. Este
rechazo alcanza sus cotas más altas de hilaridad cuando Frasier, en competencia con su
hermano, regala a su padre una enorme televisión que acaba convirtiéndose en un
nuevo foco para la escena.
En el apartamento de Frasier, la otra estancia interesante es su dormitorio,
aunque cuenta con las limitaciones que impone un espacio más pequeño. Aquí hay que
destacar la posición de la cama, situada en el centro de la habitación, exenta, con un
gran ventanal que vuelve a ofrecer una panorámica de Seattle, justo a la espalda. Es
desde luego una posición poco usual, que no permite un uso adicional a dormir, sino
que lo prima y destaca su carácter exclusivo. Al estar en el centro toda la habitación está
destinada a una única función, no habiendo necesidad de dedicarla a otros usos. Si bien
es cierto que existen estanterías en las esquinas, y en una de estas hay lo que parece un
pequeño espacio de lectura, que de nuevo nos ofrece una cita culta, la silla Wassily de
Breuer17, parecen cumplir más una función decorativa que práctica. Las diferencias
entre los dormitorios de Frasier y Daphne muestran la importancia del dormitorio del
protagonista. Si la habitación de Daphne no es más que un cuarto destinado a dormir,
el dormitorio de Frasier es espacio de representación y debe ser atravesado para llegar
al vestidor y el baño. Éste último también merece ser destacado. No son sólo los
sanitarios los que revelan la exclusividad de la vivienda, como la sauna, la bañera o el
teléfono situado al lado de ésta. El diseño en sí mismo enfatiza esta cualidad, pues el
amplio cuarto de baño recibe luz natural de una gran ventana, luz natural que puede ser
disfrutada leyendo acostado en la chaise longue de Le Corbusier.
Imagen 09
Apartamento de Niles, planta,
Daniel Rincón de la Vega, 2011
Imagen 10
Vista del salón de Niles en el edificio Montana,
NBC, 1993
Similar al salón de Frasier en cuanto a que también es el espacio principal de la
casa es el estar del apartamento de Niles en el edificio Montana, sólo que con una
formalización bien distinta, más clásica, con resonancias coloniales. En esta ocasión el
espacio se expande en vertical, pues los dormitorios se sitúan en las plantas superiores,
de las que se percibe una entreplanta que asoma al espacio central. Ausente en el
apartamento de Frasier, encontramos aquí la citada espacialidad por partes de la casa
inglesa en el comedor, situado en una especie de pabellón dentro del salón. Lo que sí
que comparten ambos espacios es la ya mencionada aversión a la televisión, que no
aparece por ninguna parte. La estructura policéntrica, antecedente del raumplan de
Adolf Loos que se intuye con la presencia de la entreplanta se confirma en uno de los
capítulos18 cuando Martin, buscando unas aspirinas, se extravía y llama a Niles por el
intercomunicador, quien mientras tanto se está quejando a Frasier de que su
apartamento es “un simple apartamento”.
Martin: Estoy en una habitación con muchos libros pero no tiene baño.
Niles: Oh, eso es la biblioteca, no el estudio, baja por el hall y ve a la
izquierda.
Martin: Ok, he encontrado las aspirinas pero estoy perdido de nuevo.
Estoy en una habitación azul en la que hay grandes rollos de
papel.
Niles: Esa es la habitación de envolver regalos. Busca las escaleras.
Martin: Las únicas escaleras que veo van hacia arriba.
Frasier: ¡¡¡¿¿¿Tienes tres plantas???!!!
Niles: No es más que un bajo cubierta19…
Otra estancia interesante en el sencillo apartamento de Niles es la biblioteca, que
aparece en contadas ocasiones. Tanto el diseño de la misma como sus materiales son
singulares. Su planta es el resultado de la agregación de un rectángulo y seguramente
medio hexágono. Cada uno de los tres lados del polígono contiene una puerta. La
primera es la entrada a la habitación, la segunda comunica con una sala de lectura
contigua, y la tercera una puerta secreta que comunica, como en los castillos
medievales, con la zona de servicio. Como ya ha sido mencionado, los ángulos oblicuos
expanden el espacio interior. En las paredes, cajones y puertas ocupan la parte baja. A
partir de algo menos de un metro aparecen baldas, llenas de libros, que continúan hacia
arriba y se pierden más allá del encuadre. Un friso interrumpe esta secuencia de libros,
grabado con citas de Edward Morgan Forster “Los únicos libros que nos influencian
son aquellos para los que estamos preparados, y que han ido un poco más lejos que
nosotros en nuestro propio camino” y Thomas Carlyle “La verdadera universidad de
estos días es una colección de libros”. Una vez más no se revela la altura de la estancia,
aunque parece ser superior a cuatro metros. Al igual que en el salón, la luz natural,
indirecta, tamizada, llega desde un espacio adyacente: una sala de lectura. Contiene
esta zona una escalera de caracol que sugiere un misterioso nivel superior. La madera
presente en suelos y paredes, la complejidad del espacio y el uso de la iluminación
indirecta vinculan el apartamento de Niles en el Montana con la tradición doméstica
americana. El lujo es una vez más sugerido con sutileza, ya que tanto el tamaño como la
variedad de estancias que componen el apartamento requerirían un edificio muy
especial.
Imagen 11
Vista de la biblioteca de Niles en el edificio Montana,
NBC, 1993
Imagen 12
Vista del apartamento en el edificio Shangri-la
NBC, 1993
Aunque no es todo lujo para los hermanos Crane. Cuando Niles se convence de
que no puede afrontar los gastos que el apartamento del Montana le añade a las
facturas de su proceso de divorcio, se decide a cambiar de residencia, lo que nos
permite observar unos breves retazos de vivienda mínima en versión americana.
Siempre pendiente de solucionar los problemas de los demás, Frasier encuentra el
apartamento ideal para su hermano en el edificio Shangri-la20. Promesa de maravillas,
expectativas de paraíso que se convierten en otra cómica situación cuando el encargado
del edificio les muestra el apartamento y afirma con grandilocuencia: “¡Bienvenidos al
Shangri-la!”.
La vivienda mínima española mayoritariamente confía en la compartimentación
de las distintas estancias, proporcionando en el peor de los casos esa posibilidad
mediante el uso de elementos móviles. Esta obsesión con fragmentar el espacio es una
característica socialmente arraigada, impuesta por la normativa, y constituye una
tendencia difícil de cambiar. En una línea distinta se mueve la vivienda mínima
anglosajona, que mantiene el invariante del gran espacio central. Podría decirse que en
ambos casos la vivienda acomodada determina los rasgos que definen la mínima.
En el apartamento del Shangri-la sólo el cuarto de baño constituye un espacio
diferenciado del central. La cocina forma parte del estar sin separación alguna, otra
muestra más de la confianza de la sociedad norteamericana en la tecnología. No hay
necesidad de separación puesto que los extractores funcionarán suficientemente bien
como para hacerla innecesaria. Las cualidades del apartamento refuerzan su
mediocridad: altura convencional tanto en la vivienda como en las puertas, decoración
estilo motel de carretera y mobiliario barato y anticuado. Éste último está compuesto
por unos sofás, una mesa de centro y otra auxiliar; la cama está plegada en la pared,
para asombro de ambos hermanos. “Sin pelusas debajo de la cama, sí señor… ¡El
sueño de un aspirador!”, afirma Frasier. El Shangri-la no es más que un pequeño vacío
mal equipado y mal decorado. Demasiados contrastes para un sibarita como Niles.
En Frasier, el inteligente diseño de los escenarios no se limita a incorporar las
cualidades de la buena arquitectura. Establece un vínculo con la cultura americana,
tanto arquitectónica como social. En el contexto actual, cuando la presión de los medios
de comunicación condiciona todo, parece necesario considerar la influencia de los
medios audiovisuales por su especial relación con la arquitectura. El valor del primero
de ellos, el cine, como vehículo de transmisión de información resulta de sobra
conocido. Los arquitectos hemos pensado en el cine pero no en lo que se proyectaba,
aunque directores tan relevantes como John Ford relacionasen directamente la
dirección de cine con la arquitectura. A pesar de que la tecnología ha cambiado la forma
en que se rueda, lo cierto es que gran parte de la producción se realiza esencialmente
igual que cuando Ford estrenó sus obras maestras. Por eso, en un momento en que la
distancia entre la arquitectura y la sociedad se ha agrandado y está reducida a la
participación de los miembros del star-system arquitectónico, los medios de
comunicación audiovisuales constituyen una posibilidad más de acercar a la sociedad
parte de la disciplina. La vivienda, que tiene tanto que ver con la sociedad como con la
arquitectura, tarda generaciones en adaptarse a los cambios y en encontrar nuevos
modelos de referencia. Por ello la velocidad inherente a los medios ofrece nuevas
alternativas que permiten esa deseada aproximación. Desafortunadamente, no todo lo
que aparece en televisión resulta tan acertado como Frasier.
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Croquis Editorial, 2000.
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Modos de ver. Barcelona, Gustavo Gili, 2000.
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Barcelona, Editorial Gustavo Gili, 1999
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Summerson and the British Broadcasting Corporation, 1963. Consultada la 2ª edición
en español, El lenguaje clásico de la arquitectura. “Punto y línea”, Gustavo Gili, 1978.
1 Grupo de investigación Proyecto y patrimonio
2 En inglés se utiliza el término “sitcom”, abreviatura de “situation comedy”, comedia de situación.
3 Episodio 8 de la tercera temporada.
4 Episodio 6 de la sexta temporada
5 El diálogo original, perteneciente al episodio 4 de la cuarta temporada, es este:
Frasier: Niles, the wine shop just called, they're down to their last 2 cases of the '82 Chambolle-Musigny.
Why don't you rush down there and snap it up?
Niles: Bless you, Frasier…Hold it. You know very well that in '82 there was a drought in Bourgogne. The
locals dubbed it the year of the raisin. And that wine wasn't sold by the case, only the bottle…T.H.
Houghton is here!
6 Episodio 3 de la primera temporada.
7 Episodio 23 de la segunda temporada.
8 Episodio 22 de la octava temporada.
9 Episodio 5 de la octava temporada
10 Episodio 4 de la sexta temporada
11 El diálogo original, perteneciente al episodio 14 de la temporada 4, es como sigue:
Frasier: You know, Niles, this precious little building of yours isn't as exclusive as you think. Your
doorman waved me right through.
Niles: Oh, that's because he knows you.
Frasier: Oh, fan of my show?
Niles: No, he lives in your building.
12 Críticas de Justus Bier en 1931 como recoge Fritz Neumeyer en Neumeyer, Fritz. Mies van der Rohe –
Das kunstlose Wort Gedanken zur Baukunst. Berlín, Siedler Verlag, 1986. Edición en español, Mies van der
Rohe – La palabra sin artificio. Reflexiones sobre arquitectura. 1922-1968. Madrid, El Croquis Editorial,
1995. Pg. 22.
13 “Million-dollar condominiums have proliferated on Queen Anne Hill and in Belltown. From fashion-
forward First Avenue to couture shops on Sixth, nary a plaid-flannel shirt is flaunted… “
“…Jeff Valcik is an associate broker who deals in high-end properties for Windermere Real Estate. He saw
signs of the "Frasier" effect shortly after the show debuted.
"It started happening around the time all those Microsofties were making money in the mid-'90s," he said.
“They didn't want a house in the suburbs; they wanted to move to Queen Anne. And over and over, they'd
tell me they wanted that cosmopolitan feel of 'Frasier.' "
Valcik recalled a series episode in which a dot-com millionaire moves into Frasier Crane's building and
eventually decorates his apartment to look just like Frasier's.
“That's exactly what I got," said Valcik. "My upper-end dot-com millionaires, they didn't want funky. They
didn't want to be classified as hicks. They wanted that décor, with the oak floors and the designer fixtures,
and the Space Needle view.”
McFadden, Kay. “Condo by condo, Seattle has become a lot like 'Frasier'”. The Seattle Times, 13 de Mayo
de 2004.
14 “Oda a Giambattista Tiepolo” de Pedro Salinas en Salinas, Pedro. Obras completas I. Poesía. Narrativa.
Teatro. “Biblioteca Áurea”. Cátedra, Madrid, 2007. Pp. 812-835.
15 Así lo afirman por ejemplo María Teresa Muñoz en su ensayo sobre la Glessner House de H. H.
Richardson, o Adriano Cornoldi en la descripción del “Atrio-Sala de Estar- Escalera” de “The Orchard”, de
Charles Voysey. Véase:
- Muñoz Jiménez, María Teresa. Cerrar el círculo y otros escritos. «Textos dispersos», Madrid, Servicio de
Publicaciones del C.O.A.M., 1989. Pp. 181-190.
- Cornoldi, Adriano. L’architecttura della casa. Roma, Officina Edizioni, 1988. Edición en español, La
arquitectura de la vivienda unifamiliar. Manual del espacio doméstico. Barcelona, Editorial Gustavo Gili,
1999. Pg. 269.
16 “De dentro a fuera”, en Navarro Baldeweg, Juan. Edición al cargo de Margarita Navarro Baldeweg. Una
caja de resonancia. “Pre-textos de arquitectura”, Gerona, Colegio de Arquitectos de Cataluña, demarcación
de Gerona, 2007. Pg. 78.
17 En este caso parece una elección desafortunada, pues no es precisamente una silla cómoda y menos aún
para la lectura.
18 Capítulo 7 de la sexta temporada.
19 N. A. “Crawl space” en el original.
20 Capítulo 7 de la sexta temporada.