Cestau-Capitulo V
Cestau-Capitulo V
Saúl D. Cestau
CAPITULO V
Límites de la Eficacia de las Normas Civiles
Sumario:
1) Causas que precisan el ámbito de las normas. 2) Limites de la eficacia de las normas en relación
con el tiempo. 3) Comienzo de la vigencia de las normas. 4) Sistemas a distinguir. 5) Concepto de ley
en el artículo 1 del Código Civil. 6) Momento desde el cual son obligatorias las leyes. 7) Término de
vigencia de las normas. 8) Derogación de las leyes. 9) Principios generales a que se ajusta la
derogación. 10) Clases de derogación. 11) Dificultades que suscita la derogación tácita. 12)
Requisitos necesarios para que corresponda admitir la voluntad derogatoria. 13) De la doctrina y
jurisprudencia nacional en cuanto a los requisitos exigidos en la derogación tácita, y en cuanto hace
a sus efectos. 14) Cuestiones especiales. 16) Imposibilidad de derogar por convenios particulares
las leyes en cuya observancia están interesadas el orden público y las buenas costumbres. 16) El
orden público. 17) Las buenas costumbres. 18) Normas de transición. 19) Del régimen de transición
seguido por el Código Civil. 20) De la irretroactivirlad de la ley. 21) Valor del principio de
irretroactividad. 22) Carácter del principio de irretroactividad. 23) Alcance y aplicación del principio
contenido en el articulo 7 del Código Civil. 24) Doctrina o teorías respecto a lo que debe entenderse
por aplicación retroactiva de una ley. 25) Agrupamiento de las doctrinas. 26) Reagrupamiento de las
doctrinas. 27) De quienes han sostenido cada una de las distintas doctrinas. 28) Doctrinas clásicas,
del derecho adquirido y subjetivas. 29) Doctrinas modernas, del hecho jurídico realizado y objetivas.
30) Valoración critica de las doctrinas y conclusiones. 31) Excepciones a la no retroactividad de la
ley. 32) Límites de la ley con relación al espacio.
Las leyes, se han dicho, no son omnipotentes y tienen límites intrínsecos. Al estudiar las causas que
precisan el ámbito de las normas los autores destacan estas dos:
I) límites de la ley en relación con el tiempo y,
II) límites de la ley en relación con el espacio.
Hablar de límites de la ley en relación con el tiempo, equivale a hablar de los límites temporales de las
leyes o de los conflictos que engendra la sucesión de leyes que rigen en tiempos diversos.
Hablar de límites de la ley en relación con el espacio, equivale a hablar de la aplicabilidad de las leyes
extranjeras o de los conflictos que engendra la coexistencia de leyes contemporáneamente vigentes en
distintos países.
Las normas adquieren fuerza obligatoria desde que entran en vigor. A los efectos de su aplicación es
imprescindible fijar el momento de su entrada en vigencia. Cuando la ley dice en qué momento entrará en
vigencia no hay cuestiones; pero éstas surgen cuando la ley guarda silencio sobre el momento de su
entrada en vigor. Para evitar las cuestiones que ese silencio trae aparejadas, es que los códigos de casi
todos los países establecen desde qué momento adquieren vigor las leyes mando en las mismas nada se
dispone sobre el punto.
4) SISTEMAS A DISTINGUIR.
Pueden distinguirse tres grandes sistemas: sistema de la aplicación, inmediata y simultánea; sistema
de aplicación sucesiva y sistema de la vacatio legis.
Sistema de la aplicación inmediata, y simultánea. - Desde que la ley es promulgada comienza su
vigencia en todo el país. Es el sistema seguido en Inglaterra. Ventajas: simplicidad, rapidez y aleja el peligro
de fraudes. Inconvenientes: -la ley se aplica a los que no han tenido posibilidad de conocerla.
Sistema de la aplicación, sucesiva. - La ley adquiere vigencia a medida que se la va aplicando en
los distintos lugares. Este sistema fue impuesto por la Revolución Francesa en ley del 4 de octubre de 1795.
Ventajas: la ley sólo obliga a quienes tuvieron posibilidad de conocerla. Inconvenientes: durante un cierto
tiempo existe desigualdad jurídica en los distintos territorios de un mismo Estado.
Sistema de la aplicación aplazada o de la vacatio legis. - La ley no entra a aplicarse -hasta pasado
un cierto plazo, el que en cada país se ha considerado suficiente para asegurar el conocimiento de su
contenido. Este sistema puede combinarse con los anteriores y se nos presenta, por tanto, bajo dos
aspectos:
a) países donde la ley no entra a aplicarse hasta pasados ciertos plazos, variables según la lejanía de
los lugares y,
b) países donde la ley no entra a aplicarse hasta pasado un cierto plazo, único rara todo el país.
Ventajas: a) la ley sólo obliga a quienes tuvieron posibilidad de conocerla y,
b) mantiene igualdad jurídica en los distintos territorios de un mismo Estado.
Inconvenientes: la ley nueva a pesar de ser conocida, no comienza a aplicarse hasta transcurrido un
cierto plazo.
Nuestro Código Civil sigue el sistema de la aplicación aplazada y simultánea ya que en su artículo 1,
dispone: "Las leyes sólo son obligatorias en virtud de su promulgación por el Poder Ejecutivo. El Poder
Ejecutivo determinará la forma de la promulgación; y desde que ésta pueda saberse, las leyes serán
ejecutadas en todo el territorio de la República. La promulgación se reputará sabida diez días después de
verificada en la Capital. (Artículos 68 y 69 de la Constitución)".
De otra forma de agrupar los sistemas.
Algunos autores los agrupan en la forma siguiente sucesivo, uniforme y mixto.
Sucesivo. - Cuando se fija el término a partir del cual la ley es obligatoria en la Capital del país y a
ese plazo se le agrega otro variable según sea la distancia desde la Capital. Es decir, se gradúa el período
de vacatio en proporción a la mayor distancia de las regiones con el lugar donde se efectuó la publicación
(sistema seguido en Francia).
Uniforme, sincrónico o instantáneo. - Cuando se fija un término a partir del cual la ley es obligatoria
en todo el territorio de la nación. Es decir, se admite un periodo único de vacatio y al expirar el cual la ley
adquiere obligatoriedad en todo el territorio del Estado (sistema seguido en Italia, en España, en Alemania y
en el Uruguay).
Mixto. - Cuando la ley es obligatoria en la Capital del país desde el vencimiento de un cierto plazo
contado desde la publicación y varios días después (plazo único) en el resto del territorio del Estado (sis-
tema seguido en la Argentina).
Reputamos que en este artículo la palabra ley está tomada en su sentido material y comprende, por
tanto, a todas las decisiones generales y abstractas sancionadas por los órganos competentes. Así, por
ejemplo: si una Constitución, un decreto-ley o un reglamento no traen plazo especial de vigencia,
corresponde aplicarles en nuestro concepto, la regla contenida en el artículo 1 del C. Civil. Es lógico y justo
que así sea, pues a nadie puede exigirse el cumplimiento de las normas que desconoce. Guardan relación
con lo que estamos tratando el artículo 317 de la Constitución y el decreto del 3 de diciembre de 1917.
La Constitución dispone: que los actos administrativos pueden ser impugnados dentro del término de
diez días, a contar del día siguiente de su notificación personal, si correspondiere, o de su publicación en el
"Diario Oficial". El decreto del 3 de diciembre de 1917 establece: que la publicación en el "Diario Oficial" de
los actos gubernativos y administrativos equivale a la comunicación en forma oficial para las autoridades
que deben cumplirlos o hacerlos cumplir.
Concepto. - Se llama derogación de la ley a la abolición o modificación de una norma a virtud de otra
nueva.
La derogación importa un cambio querido por el legislador, de las normas que nos rigen.
La derogación de las leyes es un fenómeno frecuente, irremediable y cuyo ejercicio consciente es
saludable e impide el estancamiento del Derecho.
Disposiciones que la rigen. - El Código Civil dispone:
Art. 9. - "Las leyes no pueden ser derogadas, sino por otras leyes; y no valdrá alegar, contra su obser-
vancia, el desuso ni la costumbre o práctica en contrarío.
Art. 10. - "La derogación de las leyes puede ser expresa o tácita.
Es expresa, cuando la nueva ley dice expresamente que deroga la antigua.
Es tácita, cuando la nueva ley contiene disposiciones que no pueden conciliarse con las de la ley
anterior.
La derogación tácita, deja vigente en las leyes anteriores, aunque versen sobre la misma materia,
todo aquello que no pugna con las disposiciones de la nueva ley.
La derogación de una ley puede ser total o parcial".
Art. 11. - "No pueden derogarse por convenios particulares, las leyes en cuya observancia están in-
teresados el orden público y las buenas costumbres".
I) Toda ley puede ser derogada, en cualquier momento, por otra ley. Quien ha tenido facultad
para dictarla debe tener la de limitar su eficacia en el tiempo.
Las prohibiciones de modificar la ley no obligan al legislador. En cambio, creemos con Castán
Tobeñas, que cabe legalmente que se prescriban para la derogación de una ley requisitos que harán más
difícil su modificación, ya que el Derecho "regula los requisitos y formas de la legislación".
Quien tiene el poder de dictar una norma tiene el poder de suprimirla. Es por ello, que una ley puede
ser derogada por otra y que un reglamento puede ser derogado por otro.
Conviene tener en cuenta
a) que la ley interpretativa no deroga la ley interpretada, sino que simplemente la interpreta y,
b) que la ley ampliatoria no deroga la ley ampliada, sino que simplemente la extiende y completa.
II) La derogación ha de ser practicada por una norma que no tenga rango inferior al de la
derogada. En otros términos, la norma modificatoria debe ser de igual o superior jerarquía que la
modificada. En el párrafo primero del artículo 9 nuestro codificador reconoce "la superioridad jerárquica de
la ley y su inmunidad frente a los ataques de fuentes de rango inferior" (De Castro y Bravo).
Los reglamentos son, pues, impotentes a derogar las leyes. Así ha tenido que reconocerlo en muchas
oportunidades nuestra jurisprudencia, frente a decretos, cada día más frecuentes, que alteraban el sentido
de las leyes.
Hubiera sido suficiente con el párrafo que dispone que "las leyes no pueden ser derogadas, sino por
otras leyes". Pero el codificador sintió la necesidad de abrogar expresamente viejas reglas y dijo: "y no val-
drá alegar, contra su observancia, el desuso ni la costumbre o práctica en contrario".
Desuso.- No uso o desuso significan lo mismo: que la norma ha dejado de aplicarse. En el Derecho
consuetudinario el desuso tuvo eficacia derogatoria de las leyes.
Alguna jurisprudencia nuestra tiene resuelto: que las leyes no caen en desuso y que lo que ocurre es
que cuando no se cumplen se están violando.
Costumbre.- Las Partidas admitían la eficacia de la costumbre contra la ley. Entre nosotros la cos-
tumbre no es fuente formal del Derecho y por lo mismo no puede tener prioridad sobre la ley.
Práctica en contrario.- Si la realización de actos contrarios a la ley tuviera la virtud de derogarla,
llegaríamos al absurdo, dice Guillot, de que la misma ley estaría autorizando su violación.
III) Es permitido a los particulares derogar, en los convenios que lleven, a cabo, las leyes en
cuya observancia no están interesados el orden público y las buenas costumbres -art. 11.-
En los casos de derogación expresa no hay dificultades para el intérprete. Todo lo resolverá aplicando
la regla lex posterior derogat anterior.
La derogación tácita obliga, en cambio, a una delicadísima tarea interpretativa, puesto que la nueva
ley, ha dejado vigente en las anteriores todo aquello que no pugne con sus disposiciones. La derogación tá-
cita impone, pues, el deber de averiguar cuales disposiciones de la ley precedente han quedado derogadas
y cuales han quedado vigentes.
La derogación tácita resulta de la oposición, de lo inconciliable de dos disposiciones que habiéndose
dictado en distintos momentos se contradicen. Siendo irrealizable su aplicación simultánea, es preciso,
como recuerda Josserand, optar entre ellas y la elección se ejerce a favor de la más reciente, que se
presume mejor.
La derogación tácita, dice el citado Josserand, "no obra sino en la medida más estricta, es decir, en la
de la contradicción entre ambos textos; la ley antigua subsiste en la medida en que no es contradicha por la
ley nueva". Ya decía el viejo principio que posteriores leges ad priores pertinent, nisi contrariae sint. Es por
ello, agrega, que una ley general no abroga tácitamente una ley especial contraria más antigua; mientras
que una ley especial más reciente abroga, en la medida de sus disposiciones, la ley general anterior.
Según De Castro y Bravo para que corresponda admitir la voluntad derogatoria de la nueva disposi-
ción respecto a otra anterior, se requieren los siguientes requisitos:
a) igualdad de materia en ambas leyes;
b) identidad de los destinatarios de sus mandatos y,
c) contradicción e incompatibilidad entre los fines de sus preceptos.
Echando una ojeada sobre la doctrina y jurisprudencia nacional encontramos que han sido sostenidas
las siguientes ideas:
I) para que una ley derogue tácitamente a otra es necesario que ambas rijan el mismo orden jurídico,
que las disposiciones de ambas sean inconciliables o que la posterior regule toda la materia que regía la
anterior (sentencia de P. Lago);
II) para que entre a juzgar el concepto de derogación tácita es imprescindible que las leyes confronta-
das sean de la misma materia (opinión de F. Pittaluga);
III) en principio no hay incompatibilidad real entre las disposiciones diferentes de dos leyes, cuando
una de ellas es general y la otra regla una materia especial; del dominio de la primera es excluido el de la
segunda, y las dos pueden respectivamente aplicarse a la vez (opinión de Robaina);
IV) mucho se ha discutido sobre el concepto de "materia" a une se refiere el artículo 10 del C. Civil. El
-profesor Pérez Fontana tiene dicho: "El concepto de "materia" disciplinada por la ley es difícil de precisar
mediante reglas rígidas; se la puede definir coma "un complejo orgánico de actividades y de relaciones"
(Lessona) o como "un complejo orgánico de institutos" o "como un complejo orgánico de normas". A pesar
de las dificultades (me ofrece la determinación del concepto de "materia" existe un principio seguro y es que
aquí no vale el principio topográfico; en cualquier lugar en que esté colocada la norma anterior, cesa de
tenor vigencia cuando la materia a que se refiere es regulada ex novo por una ley posterior".
Hay varias cuestiones especiales y la mayoría de ellas fueron contestadas, hasta hace relativamente
poco tiempo, con máximas o aforismos, más o menos acertados, más o menos verdaderos. De entre esas
cuestiones destacaremos las siguientes:
I) ¿la ley general posterior deroga tácitamente a la ley anterior especial?. En general se contesta que
no la deroga, pues la existencia de una excepción no es incompatible con la de una regla general. De esta
opinión era Narvaja quien se gobernaba con el principio de que lex specialis por generalem non abrogatur;
II) ¿la ley especial posterior deroga tácitamente la ley general anterior? En general se contesta que la
deroga en la medida de sus disposiciones;
III) ¿la nueva ley, al derogar tácitamente la anterior, deroga también a todas las disposiciones depen-
dientes o accesorias del principio abolido, aun cuando resulten de leyes diversas? Ferrara y Pérez Fontana
sostienen que las derogan;
IV) ¿las leyes derogadas renacen por el hecho de que sean derogadas las que a ellas les hicieron
perder vigencia? "En general se contesta que no. De Ruggiero afirma que la derogación de una norma que
abroga otra anterior no restablece esta última, ni siquiera en el caso de no haber sido dictada una norma
nueva. La cesación de un precepto, agrega, no es por sí sola capaz de conceder vigencia a uno precedente
que había perdido ya todo valor. Para ello sería preciso, al menos es nuestra opinión, que el legislador lo
declarare expresamente, (dictando una ley restablecedora o restauradora) o que la nueva ley tuviere
precisamente por objeto la anulación de la alteración que produjo en la legislación la ley que se deroga.
En realidad, le asiste profunda razón a De Castro y Bravo, cuando tratando de estas cuestiones
especiales, afirma: que es imposible dar reglas generales y que hay que atenerse al estudio particular de las
disposiciones que en cada caso, parezcan estar en conflicto.
En otros términos, son cuestiones, decimos, que habrán de resolverse indignado en cada caso, la
voluntad del legislador.
La prohibición se halla contenida en el artículo 11 del C. Civil. Ella nos obligará a referirnos al orden
público y las buenas costumbres.
Reputamos que al tratar dichas cuestiones es imposible, prescindir del documentado trabajo que
sobre las mismas publicó, hace muy poco, el profesor Bernarde Supervielle. Nosotros seguiremos en los
aspectos más importantes, las ideas expuestas por el doctor Supervielle.
Dispone el artículo 11 del C. Civil: "No pueden derogarse por convenios particulares, las leyes en
cuya observancia están interesados el orden público y las buenas costumbres".
Concepto de orden público. - Para conceptualizar el orden público se han propuesto diversas
fórmulas. Recordando las principales, anotemos:
I) equiparación con el derecho público. - Algunos autores, principalmente los viejos comentaristas
franceses, vinculan la noción de orden público al derecho público.
Las leyes de orden público son, dicen, leyes de derecho público y por lo mismo se trata de leyes que
por su propia naturaleza se imponen a la voluntad de los particulares;
II) organización social. - Según una concepción preconizada a fines del siglo XIX y comienzos del
XX el orden público está vinculado a la organización social. Son de orden público; dicen los sostenedores de
esta posición, todas aquellas leyes que necesariamente deben, darse para que exista y se mantenga la
organización social de una colectividad determinada;
III) intuición del intérprete. - No faltan autores, por último, que partiendo de la imposibilidad de
distinguir las relaciones jurídicas de orden público y las que no lo son, dicen: la única guía para discriminar
unas relaciones de las otras es la intuición. El orden público, ha dicho Mourlon, más que definirse se siente.
Definiciones del orden público. - Tomando por base las definiciones que del orden público han
dado profesores extranjeros y uruguayos, podemos decir: que es el conjunto de valoraciones de carácter
político, social y económico propios de una comunidad determinada, en un momento también determinado,
y sin las cuales aquélla no podría subsistir y menos aun tutelar los derechos individuales y colectivos.
De lo que disponen otros códigos. - El principio sentado en nuestro artículo 11 del C. Civil lo encon-
tramos, con ligeras variantes, en los proyectos de Acevedo y de García Goyena y en los códigos de Francia,
Portugal y España.
El Código Alemán y el Código Suizo han suprimido la noción de orden público, argumentando sus re-
dactores: que por ser una noción general y abstracta podría resultar peligrosa al ser aplicada por los jueces.
Procedimientos seguidos para determinar si uno relación jurídica es o no de orden público. - En la
practica se sigue alguno de estos dos caminos:
I) determinar, en forma apriorística, las condiciones de la noción de orden público y luego confrontar la
norma en estudio para decidir si encaja o no dentro del concepto de orden público;
II) examinar diversas leyes, extrayendo del contenido de las mismas el sentido del orden público.
Una vez extraído ese sentido se lo confronta a la relación en estudio.
Prevalencia del orden público frente a los principios de libertad jurídica y de autonomía de la
voluntad. Entre nosotros son de recibo estos dos principios:
I) el de la libertad jurídica. - Este principio está sentado en el artículo 10 de la Constitución de 1952 en
cuarto establece que "ningún habitante de la República será obligado a hacer lo que no manda la ley, ni
privado de lo que ella no prohibe" y en el artículo 8 del C. Civil que prohibe la renuncia general de las leyes
y la especial de las leyes prohibitivas.
Podemos, pues, ejecutar los actos ordenados (caso de leyes imperativas); omitir los actos prohibidos
(caso de leyes prohibitivas) y ejecutar u omitir lo que no está prohibido ni ordenado (caso de leyes
supletivas);
II) el de la autonomía de la voluntad. - Conforme a este principio el hombre puede darse la norma
mediante la cual ha de juzgarse su propia conducta. Este principio está consagrado en el inciso 1° del
artículo 1291 del C. Civil que dispone: "Los contratos legalmente celebrados forman una regla a la cual
deben someterse las partes como a la ley misma".
El orden público prevalece sobré la libertad jurídica y la autonomía de la voluntad, ya que el artículo
11 del C. Civil dispone: que por convenios particulares no pueden derogarse las leyes en cuya observancia
está interesado el orden público.
De como debe entenderse el artículo 11 del C. Civil.
Siguiendo de cerca lo que recientemente han expuesto dos profesores argentinos, pensamos puede
afirmarse debe entenderse el artículo 11 en la forma siguiente:
a) significa que por una convención no pueden crearse reglas individuales que prevalezcan sobre la
regla legal que se refiere al mismo punto, cuando se trata de relaciones de orden público;
b) que dicho artículo, a pesar de su letra, más que a la derogación de las leyes, se refiere a la pres-
cindencia de ellas en el caso individual.
Normas que integran el orden público. - Los autores suelen ofrecer enumeraciones amplísimas de
las materias generalmente consideradas de orden público. Nos bastará recordar las siguientes:
I) leyes que versan sobre la organización política. - Ejemplos: las que tratan de la nacionalidad y de la
calidad de extranjeros;
II) leales que tratan de la organización judicial. - Ejemplos: las que fijan la competencia de los tribu-
nales;
III) leyes que tratan de la organización de la familia. - Ejemplos: las que fijan edad para casarse y
prohiben, el matrimonio entre parientes próximos;
IV) leyes de orden económico. - Ejemplos: las que fijan el interés máximo; las que prohiben la trans-
ferencia de impuestos y las que fijan plazos mínimos y máximos a los arrendamientos.
Orden público legislativo. - Es frecuente entre nosotros, ahora más que antes, que el legislador
establezca que determinado artículo o que tal ley o que determinadas cláusulas contractuales, son de orden
público.
Ejemplos:
I) en materia de derecho de familia. - El Código Civil ha considerado de orden público: la facultad de
pedir el divorcio -art. 188; apunas cuestiones relacionadas con el reconocimiento de los hijos naturales -arts.
227 y 239; la condición de no casarse, de abrazar un estado incompatible con el matrimonio, de casarse con
determinada persona, etc. -art. 1409; los derechos conferidos a cada cónyuge por el título de la patria
potestad -art. 1939; el estado civil de las personas -art. 2154;
II) en materia de servidumbres. - En el Código Civil la constitución y adquisición de servidumbres está
vedada siempre que con ellas se dañe al orden público -art. 621.
III) en materia sucesoria. - El Código Civil juzga de orden público: los fideicomisos -arts. 865 y 866; la
formación del testamento -art. 782; el derecho da todo legitimario a su legítima futura -art. 888; el derecho a
pedir el cese de la indivisión hereditaria -art. 1115; el derecho a suceder por causa de muerte a una persona
viva -art. 1285;
IV) en materia de prescripción. - El Código Civil reputa de orden público la renuncia a la prescripción
no consumada -art. 1189;
V) en materia de contratos. - En el Código Civil tenemos: en cuanto al objeto de los contratos, los
artículos 1284, 1285 y 1286; en cuanto a la causa de los contratos, el artículo 1288; en cuanto a la renta
vitalicia, el artículo 2185; en cuanto al préstamo, el artículo 2306; en cuanto a la hipoteca, el artículo 2333.
El contrato de arrendamiento es uno de los que más ha padecido el "dirigismo" contractual. Ya el Có-
digo Civil traía para el arrendamiento de obra una disposición que impedía obligar los servicios personales
sin limitación de tiempo -art. 1836.
Leyes posteriores, tratándose del arrendamiento de cosas, han agudizado la protección de la parte
presumiblemente más débil. Ejemplos: en el artículo 18 de la ley 8.153 del 16 de diciembre de 1927 se
declaró nulas, por contrarias al orden público, a ciertas cláusulas; el artículo 45 de la ley 11.921 del 24 de
marzo de 1953 reputó de orden público lo dispuesto en el artículo 1819 del C. Civil; el artículo 52 de la ley
12.100 del 27 de abril de 1954 reputó de orden público las disposiciones de dicha ley;
VI) en materia de impuestos. - La ley de recursos 11.924 del 27 de marzo de 1953 declaró, en su ar-
tículo 77, nulos por contrarios al orden público, los desplazamientos o traslados del impuesto universitario a
personas distintas del sujeto determinado por la ley y calificó de orden público -art. 87- a la disposición que
ponía el impuesto a los prestamistas hipotecarios de 1953 consagró, en su artículo 47, la nulidad de las
cláusulas contractuales que impusieren al arrendatario a cargo del acreedor; la ley 11.921 del 24 de marzo
el pago de gravámenes que las leyes u ordenanzas pusieren a cargo del propietario; el artículo 28 de la ley
de recursos número 12.367 del 8 de enero de 1957 prohibió el traslado del impuesto que grava a ciertas
prendas sin desplazamiento.
Sanción da las normas fundadas en el orden público. - El apartamiento de dichas normas da lugar a
nulidades -art. 1559 y siguientes del C. Civil.
Hemos visto que de conformidad con el artículo 11 del C. Civil no pueden derogarse por convenios
particulares, las leyes en cuya observancia están interesadas las buenas costumbres.
No creemos del caso tener que detenernos a señalar las diferencias que existen que existen entre el
Derecho y la Moral. Seános suficiente apuntar que en general, se sostiene que los deberes morales no son
tomados en cuenta por la ley.
Por excepción es dable hallar entre nosotros algunas nociones jurídicas fundadas exclusivamente en
la moral. Un ejemplo nos lo da el artículo 11 al referirse a las buenas costumbres. Otro ejemplo nos lo da el
artículo 2306 al referirse a las disposiciones que afecten la moral.
Concepto de las buenas costumbres. - Nuestro código -lo mismo ocurre en los otros códigos que
nos son conocidos- no definen lo que debe entenderse por buenas costumbres.
La doctrina y la jurisprudencia nacional y extranjera han arribado, luego de muchas vacilaciones, a es-
tas dos conclusiones:
a) las buenas costumbres no importan un principio teórico y abstracto de moralidad determinado por
un ideal religioso o filosófico;
b) las buenas costumbres corresponden a la conciencia pública de una comunidad en el momento
dado.
Tomando en cuenta las conclusiones a que hemos hecho referencia podemos dar de las buenas
costumbres una definición aproximada, diciendo: que importan un concepto jurídico, variable en el tiempo y
en el espacio, referido a criterios de moralidad pública dominantes en una colectividad en un momento dado
y cuya preservación interesa a esa colectividad.
Contenido de las buenas costumbres. - Se trata de una cuestión muy controvertida. Pueden
señalarse, como fundamentales, los siguientes criterios:
I) en opinión de algunos autores el concepto de buenas costumbres, está referido directamente a la
ley.
Las buenas costumbres, dicen los sostenedores de este criterio, son los hábitos en práctica en una
comunidad; pero esos hábitos sólo obligan al recto comportamiento, cuando han recibido la consagración
del legislador.
II) para otro grupo de autores es el juez quien debe apreciar recurriendo a la moral admitida por la
conciencia pública, si el convenio sometido a su decisión se opone o no al ideal común de la colectividad de
que forma parte.
El juez, dentro de la posición, opera como órgano e intérprete de la conciencia pública.
El juez, se ha dicho, sirve de intermediario entre las exigencias éticas admitidas en el círculo de los
vinculados al convenio convenio y la ley;
III) para otros autores, por último, las buenas costumbres dicen relación a una regla superior de mo-
ral.
Se ha atentado contra las buenas costumbres, dicen los sostenedores de este tercer criterio, siempre
y cuando las partes, en la convención, se han propuesto una finalidad inmoral.
Al juez sólo interesa la investigación del fin inmoral que las partes tuvieron en vista al celebrar el
convenio sometido a su decisión.
Interpretación a darse al artículo 11. - Se pueden señalar estas dos:
I) en opinión de algunos no pueden derogarse por convenios particulares las leyes en cuya observan-
cia están interesadas las buenas costumbres.
Los partidarios de esta interpretación parten del concepto de que la noción de buenas costumbres no
es autónoma. Por tanto, dicen: lo que no puede derogarse son las leyes en cuya observancia están
interesadas las buenas costumbres;
II) en opinión de otros -de los que toman principalmente en cuenta lo que la ley ha dispuesto sobre
objeto y causa ilícitos- es ilícito lo que se opone a la ley y además lo que contradice a las buenas
costumbres.
Para éstos el concepto de buenas costumbres es autónomo y, por lo mismo, no sólo es ilícito lo que
se opone a las leyes en cuya observancia están interesadas las buenas costumbres, sino que es ilícito,
también, lo que se opone a las buenas costumbres.
Casos en que el Código Civil ha tenido en cuenta la conducta inmoral. - Los ejemplos son
numerosos.
1) art. 285, numeral 6º - Los padres pueden perder la patria potestad cuando por sus costumbres
depravadas o escandalosas pudieren llegar a comprometer la Seguridad, la salud o la moral de sus hijos;
2) art. 352, numeral 9º. - Es incapaz de tutela el que notoriamente tiene costumbres inmorales;
3) art. 960. - No vale la disposición cuando el hecho que constituye el modo es contrario a las buenas
costumbres;
4) art. 1284. - Son moralmente imposibles -y por lo mismo no pueden servir de objeto a un contrato-
los hechos contrarios a las buenas costumbres;
5) art. 1288. - En los contratos la causa es ilícita cuando contraría las buenas costumbres;
6) art. 1408. - La condición contraria a las buenas costumbres es nula e invalida la convención que de
ella pende;
7) art. 1412. - La condición de no ejecutar un acto contrario a las buenas costumbres, anula la obli-
gación;
8) art. 2051. - Los negocios contrarios a las buenas costumbres no pueden ser objeto del mandato;
9) art. 2217. - Es prohibido prestar cualquier cosa, para un uso contrario a las buenas costumbres;
10) art. 2306. - En los contratos de préstamo no se considera legal lo convenido por las partes contra-
tantes, cuando por sus disposiciones afecten la moral.
Sanción de las normas fundadas en las buenas costumbres. - La sanción no es única y como
alguien ha recordado; en nuestro derecho oscila:
a) a veces importa la pérdida de una potestad;
b) a veces importa un impedimento a ejercer un cargo;
c) a veces apareja la remoción de un cargo que se viene desempeñando;
d) a veces anula la disposición y,
e) a veces, por último, anula la convención.
Generalidades. - El cambio de las normas de Derecho, apareja, si es que en ellas nada se dispone
en contrario, el cambio de todas las situaciones Jurídicas existentes.
Más, como el Derecho tiene entre sus fines el de conferir seguridad jurídica, es que se ha reclamado,
en todos los lugares y en todos los tiempos, que las situaciones que se forjaron al amparo de las viejas nor-
mas no se alteren por la presencia de las nuevas.
Ese reclamo ha sido la causa de las normas de transición. Es decir, cuando unas normas son
sustituidas por otras, se establece, en las nuevas, qué disposiciones han de regir las relaciones jurídicas
Repitiendo y ampliando los conceptos que expusimos al tratar de la eficacia derogatoria del Código
Civil debemos anotar ahora, que Narvaja, en artículos publicados en "La Tribuna", sostuvo que el sistema
del Código Civil, en materia de retroactividad, era el siguiente:
I) que, los artículos 1187, 1231, 1259 y 2391 configuraban disposiciones transitorias tendientes a
reglar la situación -creada por el tránsito de la vieja legislación a la nueva;
II) que las disposiciones citadas, al decidir sobre las antiguas relaciones de derecho, tenían en cuenta
y distinguen dos situaciones:
a) si la ley vieja era clara y la jurisprudencia anterior cierta y,
b) si la ley vieja era oscura o dudosa y si la jurisprudencia anterior era incierta.
Cuando la ley antigua era oscura o dudosa o la jurisprudencia incierta, debía seguirse, al juzgar la an-
tigua relación de derecho, las disposiciones del nuevo código: en cambio, si la ley antigua era clara y la ju-
risprudencia cierta, debía seguirse, al juzgar la antigua relación de derecho, las disposiciones de la ley vieja;
III) que con los artículos 1187, 1231, 1259 y 2391 se quiso evitar el dejar libradas a la doctrina y al ar-
bitrio judicial la solución de las cuestiones transitorias;
IV) que para salvar, en las innovaciones, los derechos adquiridos y hasta las esperanzas legítimas, es
que se consignaban los artículos 1187, 1231 y 1259;
V) que la mayoría de las disposiciones del Código Civil carecían de efecto retroactivo, ya que en su
casi totalidad eran copia del derecho antiguo o interpretación del mismo. Por tanto, cuando el artículo 2391
prescribía la aplicación de las disposiciones del nuevo, código a los asuntos pendientes, no le daba efecto
retroactivo;
VI) que era sólo frente a una ínfima parte de las disposiciones contenidas en el Código Civil -a las
puramente derogatorias del antiguo régimen, a las que importaban verdaderas innovaciones- que tenía cabi-
da la cuestión del efecto retroactivo. Y que aún cuando dichas disposiciones constituían la excepción en el
plan del Código se había creído conveniente consignar, como así se hizo en el artículo 2391, que ellas
dejarían de aplicarse a los asuntos pendientes cuando "en el mismo Código se encuentre prescripción
expresa en contrario";
VII) que el artículo 7 del Código Civil importaba pura y simplemente una regla de interpretación para
el Juez, que a pesar de las leyes nuevas aisladas o especiales que se dictaren, deberá respetar los efectos
que ya tuvieren el estado de derechos adquiridos, toda vez que el legislador no hubiere dicho formalmente
lo contrario.
Planteamiento de los conflictos de leyes en el tiempo. - En principio toda ley tiene eficacia desde
que es puesta en vigor hasta que es derogada y rige todos los hechos ocurridos durante el lapso de su vi-
gencia.
Cuando un hecho jurídico ha nacido y producido todos sus efectos bajo la vigencia de una norma,
ningún problema se presenta porque se dicte una nueva norma para tales hechos (hechos pasados o
definitivamente cumplidos).
Cuando un hecho jurídico no ha nacido o no ha comenzado todavía cuando la nueva ley entra en vi-
gencia, tampoco se presenta problema alguno porque se dicte una nueva norma para los trechos que
habrán de ocurrir en el futuro (hechos futuros).
Pero, en cambio, cuando un hecho nace y comienza a producir efectos bajo una norma y luego debe
continuar produciendo efectos bajo una norma sustancialmente distinta, entonces sí se presenta un proble-
ma difícil: el de adaptar los preceptos de la ley nueva a las situaciones nacidas al amparo de la ley antigua
(hechos pendientes). Diciéndolo de otro modo: para que se presente el conflicto de leyes en el tiempo es
necesario estar ante una situación, que nacida con anterioridad a la nueva ley, continúa produciendo sus
efectos con posterioridad a la vigencia de dicha ley. Son situaciones que entroncan en el pasado (bajo el
imperio de la vieja ley) y se proyectan en el porvenir (cuando ya rige la nueva ley).
Frente a este único caso se pregunta: si la nueva ley debe o no aplicarse incluso a las relaciones
jurídicas pacidas bajo el imperio de la antigua ley.
Si les aplicamos la nueva ley aceptamos el principio y la retroactividad; si no les aplicamos la nueva
ley aceptarnos el principio de la irretroactividad.
A fin de aclarar parte de lo que llevamos dicho pongamos tres ejemplos:
I) la ley vigente fija la mayor edad en los 21 años cumplidos -art. 280 C. Civil. Supongamos que se
dicta una llueva ley fijando la mayoría de edad en los 23 años cumplidos. Al entrar en vigencia la nueva ley
¿cuál es la situación de los que teniendo 21 años no alcanza a los 23? Si les aplicamos la nueva ley, si,
aceptarnos el principio de retroactividad, habrá que, decidir que dejaron de ser mayores de edad; si no les
aplicamos la nueva ley, si aceptamos el principio de la irretroactividad, habrá que decidir que siguen siendo
mayores de edad;
II) dos personas se unieron en matrimonio con anterioridad a la ley número 10.783, del 18 de setiem-
bre de 1946, es decir, en una época en que la mujer, casada era incapaz de ejercer sus derechos por sí
sola. Dicha ley dispuso que la mujer y el hombre tienen igual capacidad civil, ¿La ley 10.783 rige la situación
de aquellos esposos o sólo se aplica a los casados con posterioridad a su vigencia? ¿La ley 10.783 confirió
validez a los actos otorgados por las mujeres casadas antes de la vigencia de dicha ley, actos qué eran
nulos en razón de su incapacidad?;
III) dos personas celebraron un contrato de préstamo el 1° de mayo de 1954, por el plazo de 10 años
y con un interés del 12 por ciento anual. Entra en vigencia el 1° de mayo de 1957 una nueva ley fijando para
los préstamos un interés máximo del 10 por ciento anual. ¿Cómo se resuelve la situación? y hasta el 30 de
abril de 1964 el préstamo seguirá devengado el interés del 12 por ciento, o el interés se rebajará. al 10 por
ciento a partir del 1° de mayo de 1957, o en interés será del 10 por ciento a contar del 1° de mayo de 1957
y el acreedor tendrá que devolver al deudor la diferencia entre el 10 y el 12 por ciento calculada sobre el
tiempo que media entre el 1° de mayo de 1954 y el 1º de mayo de 1957?
Su carácter es variable y corresponde hacer con los ordenamientos jurídicos tres grupos:
I) países donde el principio de que las leyes no tienen efecto retroactivo figura en las constituciones.
Tal ocurre en los Estados Unidos y en Méjico. En esos países el principio de irretroactividad obliga por igual
a los legisladores y a los jueces y la ley que se dicta con efectos retroactivos es inconstitucional;
II) países donde el principio de que las leyes no tienen efecto retroactivo figura en los códigos civiles,
es decir, en una ley ordinaria. Es lo que ocurre en la mayoría de los países que nos son más conocidos. Por
ejemplo: en Francia, en Italia, en Portugal, en España, en Chile, en la Argentina y en el Uruguay. En estos
países el principio de irretroactividad obliga a los jueces y a los llamados a reglamentar la ley (vale decir, es
un principio que rige el proceso de aplicación de la ley); pero no obliga a los legisladores, que pueden
apartarse de él siempre y cuando lo juzguen conveniente (es decir, es un principio que no rige en opor-
tunidad de dictarse la ley);
III) países donde el principio de que las leyes no tienen efecto retroactivo no está contenido ni en las
constituciones, ni en los códigos civiles, ni en ley alguna. Tal ocurre en Alemania y en Suiza, mas conviene
recordar que los redactores de los códigos civiles alemán y suizo dieron el principio por supuesto.
A esta altura juzgamos útil precisar el alcance que entre nosotros se ha dado al principio sentado en
el artículo 7 del C. Civil y recordar las aplicaciones que del mismo se han hecho:
I) dicho artículo se ha entendido, siguiendo a Guillot, como si dijera: "Las leyes no tienen efecto,
retroactivo (artículos 2390, 2391 y 2392), salvo que el legislador disponga lo contrario";
II) el principio, dado que está contenido en el Título Preliminar del Código Civil, alcanza, en general, a
todas las materias (más adelante veremos las excepciones a la no retroactividad de la ley);
III) el principio obliga al juez y al reglamentador, pero no al legislador. Es decir, se trata de un principio
que rige en oportunidad de aplicar la ley, pero no en oportunidad de dictarla;
IV) es un principio que se aplica a los reglamentos, pues éstos se consideran una prolongación de las
leyes que les sirven de base;
V) se trata, en general, de un principio de muy difícil aplicación; pero en la práctica, por suerte, esas
dificultades suelen verse alejadas debido a que el legislador, cuando dicta una nueva ley, sobre todo si es
de importancia (por ejemplo, cuando sanciona un código), arbitra expresamente la solución, fijando su
alcance sobre las situaciones pendientes;
VI) el artículo 7 del C. Civil sienta un principio, el de la irretroactividad de la ley, pero no define lo que
debe entenderse por efecto retroactivo. Por ello, cuando la nueva ley no establece el criterio a seguir,
corresponde a los jueces resolver el problema de la incidencia de la nueva ley con las situaciones nacidas al
amparo de la vieja.
¿Qué criterio debe seguir en tales casos el juez? A darle ese criterio responden las teorías y doctrinas
que expondremos de inmediato.
Generalidades. - Hemos visto que para que surgiera el llamado conflicto de leyes en el tiempo era
necesario que la vida de una relación tocara "dos momentos diversos en que tengan vigor sucesivamente
normas de contenido sustancialmente distinto" (De Ruggiero).
Cuando eso ocurre se presentan, dice García Maynez, dos cuestiones a resolver:
a) determinar lo que debe entenderse por aplicación retroactiva de una ley y,
b) determinar en que casos debe una ley aplicarse retroactivamente.
Para resolver la primera, cuestión -que está llena de dificultades- los juristas han entendido que
debían seguirse un criterio teórico y sistemático "que reduzca a unidad orgánica las decisiones particulares
y proporcione al Juez una norma directiva cuando la ley no contenga el criterio de transición o no lo
contenga de modo suficiente" (De Ruggiero).
He ahí el origen de una serie de teorías que sólo tienen de común, en la mayor parte de las veces, el
hecho de que porten de la idea, de que el Juez no debe dar efecto retroactivo a las leyes.
Es muy difícil poderlas agrupar. La dificultad proviene de que los autores, aún aquellos que
decididamente se adhieren a determinada doctrina, suelen hacerlo con tales reservas que resulta penoso, al
final, saber si se trata aún de la teoría a que han manifestado afiliarse o de otra totalmente distinta.
Con todo, podemos decir, que los agrupamientos más generalizados son los siguientes:
I) hay autores que las agrupan en doctrinas clásicas y en doctrinas modernas;
II) hay autores que las agrupan en doctrinas del derecho adquirido y en doctrinas del hecho jurídico
realizado y,
III) hay autores, por último, que las agrupan en doctrinas subjetivas y en doctrinas objetivas.
Doctrinas clásicas, y modernas. - Los autores que admiten esta clasificación, enseñan:
1) que por doctrinas clásicas debe reconocerse a aquellas que parten del postulado de que ha de
diferenciarse el pasado en el sentido temporal y el pasado en el sentido jurídico;
2) que por doctrinas modernas debe reconocerse aquellas que parten del postulado de que entre el
pasado jurídico y el pasado temporal no hay diferencias.
Doctrinas del derecho adquirido y del hecho jurídico realizado. - Los autores sostenedores de
esta clasificación, enseñan:
I) que por doctrinas del derecho adquirido debe reconocerse a todas aquéllas que admiten que los
derechos adquiridos deben ser respetados por la nueva ley que los desconoce o los regula de manera
distinta;
II) que por doctrinas del hecho jurídico realizado debe reconocerse a todas aquéllas que parten del
principio de que la nueva ley no puede regular los hechos ya realizados bajo la ley antigua.
Doctrinas subjetivas y objetivas. - Quienes sostienen esta clasificación, enseñan:
I) que por doctrinas subjetivas debe tenerse a todas aquéllas que resuelven el problema de la retroac-
tividad atendiendo a la forma en que la nueva ley afecta la situación de los individuos por ella alcanzados;
II) que por doctrinas objetivas debe tenerse a todas aquéllas que resuelven el problema diciendo que
la ley nueva debe tomar en consideración los hechos del pasado.
Prescindiendo de diferencias -a veces grandes, pero otras muchas veces de simples matices-
podemos afirmar:
I) que entre las doctrinas llamadas clásicas, del derecho adquirido y objetivas, no hay mayores dife-
rencias y responden, en lo fundamental, a las mismas ideas:
II) que entre las doctrinas llamadas modernas, del hecho jurídico realizado y objetivas, no hay
mayores diferencias y responden, en lo fundamental, a las mismas ideas.
Previa advertencia de que son muchas las diferencias que separan a los autores que colocamos
como sosteniendo una misma doctrina o grupo de doctrinas, podemos decir:
I) que las ideas en que se inspira la tendencia integrada por las doctrinas clásicas, del derecho ad-
quirido y subjetivas, han sido sostenidas por Blondeau, Medín, Savigny, Demolombe, Huc, Laurent, Zacha-
riae, Baudry-Lacantinerie, Lasalle, Gabba, Aubry y Rau, Bonnecase, García Maynez, Valverde y Valverde;
II) que las ideas en que se inspira la tendencia integrada por las doctrinas modernas del hecho jurí-
dico realizado y objetivas han sido sostenidas por Chironi, Vareilles-Sommiéres, Affolter, Roubier, Winds-
cheid, Dernburg, Coviello, Planiol, Colin y Capitant, Carnelli.
ley nueva y ésta los fenómenos jurídicos cumplidos con posterioridad a su entrada en vigor.
Para los partidarios de estas escuelas el principio de irretroactividad queda reducido: a que la ley
nueva no afecta a los hechos verificados bajo una ley anterior.
Críticas: muchas veces es difícil desentrañar si el hecho motivo de la controversia se realizó o no
bajo la ley antigua.
Virtudes: ofrece un criterio seguro y con frecuencia bastante claro.
Nuevas tendencias. - Son muchas: unas que toman en cuenta las relaciones jurídicas (tendencia de
Windscheid); otras que toman en cuenta los hechos jurídicos (tendencia de Vareilles-Sommiéres, de Planiol,
de Colin y Capitant y de Chironi); otras que sólo someten al imperio de la nueva ley los hechos totalmente
nuevos; otras, por último, que someten al imperio de la nueva ley los hechos futuros siempre y cuando no
sean consecuencia inmediata y directa de hechos cumplidos bajo la vieja ley.
De como se entendería el artículo 7 del C. Civil según las doctrinas modernas, del hecho jurídico
realizado y objetivas.
El principio sentado en el artículo 7 significa, en puridad, para estas doctrinas
a) que la nueva ley no puede aplicarse, de modo que entre a regular hechos pasados y,
b) que la nueva ley no puede tampoco aplicarse, aunque sea en el futuro, en forma que altere los
efectos ya producidos de un hecho anterior.
Doctrina de Vareilles-Sommières.
Entre los autores partidarios de las escuelas modernas del hecho jurídico realizado y objetivas, cita-
mos en su oportunidad a Vareilles-Sommières.
Desde que nos hemos limitado a sintetizar, en forma por demás general, estas doctrinas, podríamos
prescindir de referirnos en particular a alguno de sus sostenedores.
Pero hay uno de ellos, Vareilles-Sommières, cuya doctrina inspiró un fallo de nuestra Alta Corte de
Justicia.
Por ello nos detendremos un poco sobre su doctrina. Este jurista francés hizo pública su doctrina en
1893, llevando un embate decisivo a los fundamentos de la doctrina clásica.
Distingue dos tipos de hechos: los que nacen y se agotan bajo una misma órbita legal; los que no se
agotan dentro de una misma órbita legal.
Hechos que nacen y se agotan, baja una misma órbita legal. - Si la ley penetra en el pasado para
alterar los efectos ya cumplidos de un hecho o acto anterior, es retroactiva. Así, por ejemplo: la ley que
elevando, entre nosotros, a 25 años la mayoría de edad les quitara validez a los actos localizados por
quienes estaban entre los 21 y los 25 años, sería retroactiva.
Hechos que no se agotan dentro de una misma órbita legal. - Hace con ellos esta distinción:
I) cuando la nueva ley suprime o modifica para el futuro un derecho nacido en razón de un hecho pa-
sado, es también retroactivo. Así, por ejemplo: la ley que entre nosotros hiciera perder valor a los reconoci-
mientos de hijos naturales verificados en testamento cerrado otorgados en época en que la ley, autorizaba a
ello, sería, retroactiva;
II) cuando la nueva ley suprime o modifica para el futuro un derecho, no en razón de un hecho
pasado, sino en consideración a los inconvenientes que ofrece ese derecho en sí mismo, no hay
retroactividad. Como ejemplo de esto último recordaremos el caso que dio lugar a que entre nosotros se
aplicara, sin nombrarla, la doctrina de Vareilles-Sommières. El caso está publicado en la Colección
Abadie-Santos, tomo I, número 173.
Los estudiantes de notariado estaban antes obligados a efectuar práctica de protocolo, fuera de la
Facultad, durante el plazo de dos años. La ley número 2503, del 13 de julio de 1897, obligó a acreditar esa
práctica mediante comunicaciones trimestrales dirigidas a la Secretaría de la Alta Corte de Justicia. Un
aspirante a notaría había hecho práctica de protocolo desde el 25 de junio de 1896 hasta el 1º de febrero de
1903 y presentó como prueba de esa práctica los certificados de iniciación y término de ella; pero no se
habían pasado las comunicaciones trimestrales. Llegó el momento de decidir sobre la validez de esa
práctica. El estudiante sostuvo: que cuando entró en vigencia la ley número 2503 él ya había comenzado la
práctica y estaba, por consiguiente, bajo el régimen de una ley que le daba derecho a probarla en la forma
entonces permitida y que obligarlo a probar mediante comunicaciones trimestrales importaba darle
retroactividad a la ley del 13 de julio de 1897. El fiscal don Juan Gil -y la Corte en fallo del 30 de junio de
Valoración crítica:
I) en cuanto a las doctrinas clásicas del derecho adquirido y subjetivas, cabe decir:
a) que si antes fueron prestigiosas hoy están siendo abandonadas por su ineficacia;
b) que al tener que excluir ciertas situaciones de los efectos retroactivos, han estirado tanto, unas ve-
ces, y recortado tanto, otras, el concepto de derecho subjetivo, "que en nada se parece ya al término técnico
utilizado normalmente por la ciencia jurídica" (De Castro y Bravo);
II) en cuanto a las doctrinas modernas, del hecho jurídico realizado y objetivas, cabe decir:
a) que parece que en ellas estuviere contenida la solución del derecho intertemporal;
b) que cabe reprocharles que empleen un concepto básico (hechos o situaciones) de tal extensión e
indeterminación, que, "para ser utilizado es preciso una serie de cortes y recortes, y hasta moldear, en cada
caso un especial ad hoc de la unidad conceptual" (De (Castro y Bravo).
Conclusiones:
Juzgamos que pueden sentarse las siguientes conclusiones:
I) el principio del artículo 7 del C. Civil, por su generalidad y porque la expresión retroactividod es
equívoca, sólo puede servir, como dice De Ruggiero, paro indicar la dirección que debe seguirse para
regular la transición de una norma antigua a una nueva;
II) que ninguna doctrina puede dar una solución general, hábil para resolver todos los problemas del
derecho intertemporal, puesto que las soluciones a darse dependerán, en definitiva, de múltiples factores,
entre los cuales pueden contarse: la naturaleza de los institutos, la estructura especial de cada relación y la
posición liberal o conservadora de los magistrados;
III) que los problemas del derecho intertemporal deben resolverse caso a caso. atendiendo a las hor-
mas que integran cada ordenamiento jurídico;
IV) que toda ley innovadora, máxime cuando reviste cierta importancia, debiera estar acompañada de
su correspondiente disposición transitoria.
En su oportunidad dijimos, siguiendo a García Maynes, que al estudiar los límites de la ley con
relación al tiempo se imponía resolver dos cuestiones:
a) determinar lo que debe entenderse por aplicación retroactiva de una ley y,
b) fijar los casos en que una ley debe aplicarse retroactivamente, es decir consignar las excepciones
al principio de irretroactividad de la ley.
La primera cuestión ya la vimos y resta ahora consignar algunas presiciones sobre la segunda.
Los Mazeaud, en un libro muy reciente, enumeran y estudian en forma muy clara y sintética las
excepciones a la no retroactividad de la ley.
Enumeran cuatro casos de excepción. Ellos se dan entre nosotros y no son otros que los
siguientes:
I) cuando el legislador le ha dado expresamente retroactividad. - La doctrina y la jurisprudencia
nacional tienen admitido:
a) el principio de que las leyes no tienen efecto retroactivo, sentado en el artículo 7 del C. Civil, no se
impone al legislador, pudiendo éste dictar leyes con efecto retroactivo;
b) la retroactividad puede disponerla el legislador, tanto en forma expresa (diciendo, por ejemplo, que
esa ley tendrá efecto retroactivo), como en forma tácita (atribuyéndole, por ejemplo, efecto retroactivo, pero
sin decirlo);
c) el principio de no retroactividad se impone a los que deben aplicar la ley (jueces y encargados de
reglamentarla);
d) cuando el legislador no ha expresado en la ley su voluntad de darle efecto retroactivo, se impone, a
los que deben aplicarla, interpretar el silencio de los autores de la ley en el sentido de que se han confor-
mado con la regla del artículo 7 del C. Civil (no retroactividad);
e) en cuanto a si cabe o no presumir que a una ley se le ha dado efecto retroactivo, no hay acuerdo
entre nosotros:
A) para algunos no puede presumirse que una ley tiene efecto retroactivo, pues la voluntad expresa
del legislador es la de que no haya retroactividad. La derogación al artículo 7 del C. Civil debe ser clara,
inequívoca y surgir de la misma ley (criterio de De María);
B) para otros en cambio, la intención derogatoria de la regla del artículo 7 del C. Civil debe buscarse,
ante todo, en la letra o en el espíritu de la nueva ley; pero si de ellos no surge claramente, puede deducír-
sela de las circunstancias que la han precedido y de lo que surja de los trabajos preparatorios (opinión de A.
Véscovi);
II) cuando se trata de leyes interpretativas. - No es que corresponda afirmar, entiéndase bien; que
las leyes interpretativas son retroactivas. No hay, cuando de leves interpretativas se trata, una cuestión de
retroactividad. Lo que ocurre es, simplemente, qué la ley interpretativa y la interpretada forman una sola y
única ley. La ley interpretativa no es otra cosa que una explicación de la interpretada.
Es frecuente que el legislador pretextando dictar una ley interpretativa dicte una retroactiva. Mas,
cuando de la ley no surge claro su carácter, corresponde a los jueces decidir sobre su naturaleza. En esta
tarea deben los jueces ser muy restrictivos, reconociendo únicamente como interpretativas a las leyes que
fuera de toda duda tienen ese carácter.
Recuérdese, por último, que si bien la interpretación legislativa tiene "efecto desde la fecha de la ley
interpretada", no puede "aplicarse a los casos ya definitivamente concluidos" -art. 13 C. Civil.
III) cuando se trata de leyes de procedimiento y de organización judicial. - Las leyes de
organización judicial, las que limitan o amplían los recursos y las que reducen los términos judiciales, se
aplican de inmediato, aún a los procesos en trámite, pues ellas no lesionan ningún derecho y, por el
contrario, como cabe presumir que son más perfectas, contribuyen a facilitar la acción de los litigantes.
Los actos de procedimiento anteriores, los llevados a cabo de conformidad con la ley vieja, son
válidos.
El criterio que se deja expuesto ha sido admitido por nuestra jurisprudencia, fundándolo: ya en la doc-
trina más recibida, ya en el artículo 1360 del Código de Procedimiento Civil;
IV) cuando se trata de leyes penales. - El sistema de retroactividad de la ley penal se rige por prin-
cipios que no son los del artículo 7 del C. Civil.
En materia penal, tenemos:
A) la ley que crea nuevos delitos o establece una pena más severa sólo es aplicable con posterioridad
a su vigencia -art. 15 del C. Penal (en esto es igual a la ley civil); pero se diferencia de la ley civil en que
ésta, por voluntad del legislador, puede ser retroactiva en sus efectos y en cambio, la ley penal, cuando crea
nuevos delitos, no puede ser nunca retroactiva, porque se opone a ello el artículo 10 de la Constitución
cuando dispone que "ningún habitante de la República será obligado a hacer lo que no manda la Ley, ni
privado de lo que ella no prohibe";
B) la ley penal que suprime delitos existentes o disminuye la pena de los mismos, se rige por el princi-
pio de benignidad de la ley penal, si bien atemperado. Dispone, en efecto, el artículo 15 del Código Penal:
"Cuando las leyes penales configuran nuevos delitos, o establecen una pena más severa, no se aplican a
los hechos cometidos con anterioridad a su vigencia. Cuando se suprimen, en cambio, delitos existentes o
se disminuye la pena de los mismos, se aplican a los hechos anteriores a su vigencia, determinando la
cesación del procedimiento o de la condena en el primer caso, y sólo la modificación de la pena, en el
segundo, en cuanto no se hallare ésta fijada por sentencia ejecutoriada".
viere vínculos convencionales y con otros no los tuviere. En otros términos, después de la ley número
10.084 la mayor parte de las relaciones jurídicas extranacionales tienen igual solución, ya provengan de
países signatarios de los Tratados de 1888-1889 y 1939-1940 o de países no signatarios.
De Castro y Bravo, ob. cit., t. 1; Castán Tobeñas, ob. cit., t. 1; Josserand, ob. cit., t. 1, vol. 1; De
Ruggiero, ob. cit., t. 1; Claro Solar, ob. cit., t. 1; Mazeaud (Henri, León y Jean), "Leçons de Droit Civil", t. 1;
García Maynez, ob. cit., t. II; Lagarmilla, Eugenio J., ob. cit.; Guillot, ob. cit., t. 1; De María, ob. cit., vol. I;
Gallinal Rafael, ob. cit., t. 1; Sayagués Laso, E. ob. cit., t. 1; Mourigán Julio César, "Revista de Derecho
Público y Privado, t. 14, p. 323; Araújo, Arias Barbé, Cestau y López, ob. cit., notas al artículo 1; Pérez
Fontana, Sagunto, Revista Sociedades Anónimas, año XI, Nº 124, p. 387; Supervielle, Bernardo, "El orden
público y las buenas costumbres", en La Revista de Derecho, Jurisprudencia y Administración, año 54, p.
186 y "Retroactividad de las leyes tributarias", en Segunda Convención Nacional de Abogados; Narvaja,
Tristán, "La Nación tiene Código Civil"; Memoria. "Deberes y facultades del Poder Judicial en presencia de
los nuevos Códigos"; Jiménez de Aréchaga, E. ob. cit.; Véscovi, E., ob. cit.; Vaz Ferreira, E., ob. cit.,
Rompani, S. I., ob. cit.; Carnelli, Lorenzo, "Los derechos adquiridos", en La Ley, t. 11, Sec. doctrina; Alfonsín
Quintín, "Teoría del Derecho Privado Internacional"; exposición de motivos del doctor Alvaro Vargas
Guillemette, del 8 de abril de 1940, sobre los artículos 2393 a 2405 del C. Civil; Correa Meyer, Russomano,
GiIda Maciel, "Conflitos de leis no espaço", en Estudios Jurídicos, en memoria de Eduardo J. Couture.