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Empatia y Autoconocimiento

El autoconocimiento es la capacidad de comprenderse a uno mismo, incluyendo emociones, pensamientos y su impacto en la conducta y relaciones. Este proceso es fundamental para el bienestar y el éxito académico, y se desarrolla a través de la atención, la conciencia emocional y la regulación de la conducta. Además, la empatía y el reconocimiento de la dignidad de los demás son esenciales para construir relaciones interpersonales saludables y contribuir al bienestar colectivo.

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Empatia y Autoconocimiento

El autoconocimiento es la capacidad de comprenderse a uno mismo, incluyendo emociones, pensamientos y su impacto en la conducta y relaciones. Este proceso es fundamental para el bienestar y el éxito académico, y se desarrolla a través de la atención, la conciencia emocional y la regulación de la conducta. Además, la empatía y el reconocimiento de la dignidad de los demás son esenciales para construir relaciones interpersonales saludables y contribuir al bienestar colectivo.

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Autoconocimiento

El autoconocimiento implica conocerse y comprenderse a sí mismo, tomar conciencia de las


motivaciones, necesidades, pensamientos y emociones propias, así como su efecto en la conducta
y en los vínculos que se establecen con otros y con el entorno. También implica reconocer en uno
mismo fortalezas, limitaciones y potencialidades, adquirir la capacidad de apreciar y agradecer, e
identificar condiciones internas y externas que promueven el propio bienestar.

Al tener conocimiento de cómo las emociones, pensamientos y deseos influyen en su manera de


interpretar y actuar en una situación, el estudiante puede tomar responsabilidad sobre su mundo
interno y hacer los ajustes necesarios para actuar consciente y libremente. Al lograr una visión más
tangible y objetiva de uno mismo, se alcanza un sentido de valoración, apreciación y satisfacción
personal que fortalece una sana autoestima. Además, el autoconocimiento engloba la conciencia
sobre cómo cambiamos, aprendemos y superamos retos, fortaleciendo nuestro sentido de
autoeficacia, perseverancia y resiliencia, entendida como la capacidad de sobreponerse a las
dificultades. El autoconocimiento requiere que explícitamente se desarrollen los procesos de
atender, ser conscientes, identificar, almacenar, recordar y analizar información sobre uno mismo.
Todos estos procesos son críticos para el éxito académico y para la autorregulación de la conducta.

Cultivar y fortalecer el autoconocimiento

Conocerse a sí mismo requiere que el estudiante gradualmente adquiera habilidades que le


permitan explorar conscientemente sus estados, sus procesos de pensamiento y su sentimiento,
para posteriormente regular la manera de responder de una forma asertiva a diversas situaciones
que se le presenten en la vida.

Tener una imagen positiva o negativa de uno mismo va a determinar de forma importante la
manera de actuar en diversas situaciones.

El autoconcepto no es algo innato, cada persona lo va construyendo a lo largo de su desarrollo, a


través de dos vías fundamentales, en primer lugar las experiencias que vive y de las valoraciones
que hace de las mismas y en segundo lugar a través de las opiniones y valoraciones que recibe de
los demás.

Atención

Es el proceso cognitivo que permite enfocar los recursos sensoperceptuales y mentales en algún
estímulo particular, es la capacidad de concentrar a la mente en un estímulo, mientras se ignora a
los demás.

La neurociencia ha identificado cuatro funciones básicas, llamadas funciones ejecutivas, las cuales
son fundamentales para planear, recordar y la memoria. Las funciones ejecutivas incluyen la
memoria de trabajo, la capacidad de inhibir respuestas, la atención sostenida y la flexibilidad
cognitiva.

Regular la atención implica orientarla y sostenerla voluntariamente en la experiencia, estímulo o


tarea a realizar, así como monitorear, detectar, filtrar y dejar ir elementos distractores. Por lo cual,
aprender a regular la atención es fundamental para la regulación de la conducta. El entrenamiento
de la atención implica practicar la meta-atención, que es la capacidad de tomar conciencia de los
propios estados y procesos de pensamiento, sentimientos y percepción. En ausencia de la meta-
atención, el individuo se “funde” con la experiencia y opera a través de hábitos de manera
automática.

Conciencia de las emociones

Una vez que el estudiante logra tener cierto dominio de su atención, puede dirigirla hacia su
mundo interno y tomar conciencia de las motivaciones, pensamientos, preferencias y emociones
que experimenta. Este proceso requiere de la capacidad de observar y reflexionar sobre la
influencia que ejercen los diferentes estados mentales y emocionales en la manera de
experimentar lo que le sucede y percibe, así como en sus decisiones y conductas. Tomar
conciencia de sí mismo implica también reconocer el impacto de las acciones propias en otros y en
el medioambiente, así como identificar el impacto de otras personas y del entorno en uno mismo.

Autoconcepto

Que opino sobre mí mismo, el conjunto de características (físicas, intelectuales, afectivas, sociales,
etc.) que conforman la imagen que un sujeto tiene de sí mismo. Este concepto de sí mismo no
permanece estático a lo largo de la vida, sino que se va desarrollando y construyendo gracias a la
intervención de factores cognitivos y a la interacción social a lo largo del desarrollo.

Aprecio y gratitud

Surge a partir de reconocer y apreciar elementos de nosotros mismos, de los demás y del entorno,
que nos benefician y nos hacen sentir bien. Implica aprender a disfrutar el mero hecho de estar
vivos, de la belleza del entorno, y de las acciones y cualidades positivas, tanto propias como de los
demás. Del aprecio deviene la gratitud, que se manifiesta como una emoción placentera y que se
consolida en acciones para cuidar y proteger aquello que trae bienestar. Por ejemplo, al reconocer
y apreciar el apoyo de otras personas, la gratitud se manifiesta como el deseo de retribuir la
bondad percibida, y se consolida con expresiones o acciones para favorecerla. Diversas
investigaciones muestran que fomentar el aprecio y gratitud en niños y jóvenes incrementa su
bienestar; promueve relaciones sanas y solidarias, así como una mentalidad altruista y de cuidado
al medioambiente; además, disminuye actitudes pesimistas o de derrota.

Bienestar

El bienestar es una habilidad relacionada con el ser y estar, así como con el hacer y el convivir, y
como tal, se aprende a vivir. Existen muchas maneras de clasificar las dimensiones del bienestar,
algunos autores destacan que para el bienvivir los individuos deben poseer una educación integral,
sustento vital suficiente y digno, vida en comunidad, cuidar la diversidad cultural y ambiental; así
como ser resilientes, contar con un buen gobierno, salud física, y mental.

En el contexto de la Educación Socioemocional es esencial destacar las dimensiones del bienestar


que se relacionan con factores externos y estímulos, pero también hay una dimensión profunda de
bienestar que depende del individuo. En particular, depende de su capacidad para calmar su
mente y de regular sus emociones; de crear vínculos saludables con otros y con su entorno; de
llevar una vida ética; de dotar a su vida de significado y dirección; y de contribuir al bienestar de
los demás.
Espacio seguro. Es crucial que los estudiantes sientan la confianza y seguridad de explorar lo que
sienten y hablar de sí mismos. Se recomienda que el docente fortalezca y modele sus propias
habilidades socioemocionales. Los estudiantes se animarán a hablar de sí mismos en la medida
que el maestro también sea capaz de expresar sus sentimientos.

Empatía

La empatía es la fortaleza fundamental para construir relaciones interpersonales sanas y


enriquecedoras, ya que nos permite reconocer y legitimar las emociones, los sentimientos y las
necesidades de otros. Es la chispa que detona la solidaridad, la compasión y la reciprocidad
humana. Algunos autores opinan que la empatía se puede definir en términos de una teoría
multidimensional que incluye componentes afectivos y cognitivos. Los componentes afectivos
están relacionados con sentir las emociones de otras personas, mientras que los cognitivos se
ocupan de la habilidad para entender las causas de los estados emocionales de los demás.

La empatía es una de las dimensiones socioemocionales a las que más atención se le ha prestado,
por ser reconocida como un elemento central del desarrollo afectivo y ético de las personas.
Constituye el principio de conexión entre los seres humanos, ya que al sintonizar con la frecuencia
emocional de otra persona, permite reproducir en uno mismo los sentimientos del otro hasta
llegar a comprenderlos. La empatía con las propias emociones posibilita que los niños y los
adolescentes, cuando crecen, se conecten con las demandas y emociones del medio social,
asuman riesgos, sean creativos y emprendan proyectos que no respondan solamente a sus propias
necesidades, sino también a las de los demás y a las de su contexto social más amplio.

Los trabajos de Hoffman destacan el papel y la importancia de la empatía como el elemento


precursor de la moral, o dicho de otra manera, el “empático” origen del desarrollo ético y moral.
Se relaciona con la capacidad de percibir, identificar y comprender los aspectos afectivos,
conductuales y actitudinales que comunica el otro a través del lenguaje verbal, corporal y gestual.

Bienestar y trato digno hacia otras personas

Consiste en reconocer el valor de uno mismo y de los demás sin excepción, por su condición de
seres humanos y, en consecuencia, como merecedoras de cuidado, atención a sus necesidades y
respeto, lo que producirá sentimientos de bienestar. La autoempatía o capacidad de conectarse
positivamente con los propios estados emocionales hace posible reconocer las necesidades y
sentimientos de los demás.

Toma de perspectiva en situaciones de desacuerdo o conflicto

Se refiere a la capacidad de identificar las emociones de otras personas, así como de comprender
puntos de vista, necesidades e intereses distintos, los cuales pueden ser incluso contrarios a los
propios. Este componente de la empatía se refiere al intento por comprender lo que pasa por la
mente de los demás o, en otras palabras, a la construcción mental que uno hace sobre los estados
mentales ajenos.
Reconocimiento de prejuicios asociados a la diferencia

Se centra en el reconocimiento de las ideas, sobre todo negativas, en torno a las personas que son
diferentes a uno mismo; ideas que separan, segregan o excluyen y que es necesario transformar
para que predominen los aspectos positivos que se tienen en común.

Sensibilidad hacia personas y grupos que sufren exclusión o discriminación

Se trata de despertar sentimientos de interés, solidaridad y empatía hacia otras personas, sobre
todo hacia quienes se les ha vulnerado su dignidad como seres humanos.

Cuidado de otros seres vivos y de la naturaleza

Se refiere a la conciencia de pertenencia planetaria, y esto implica asumir la responsabilidad del


cuidado de la naturaleza y la conciencia del sufrimiento de los animales y plantas que la
conforman.

Acercamiento afectivo. Aprender a leer las expresiones emocionales, mediante la observación de


situaciones o experiencias, de las más cercanas a las más lejanas para el propio individuo.

Desarrollar capacidades de comunicación. Promover el diálogo generativo y no confrontativo. La


escucha activa y la participación social son fundamentales para la convivencia empática.

La adolescencia es una etapa de transición entre la infancia y la adultez. Los distintos cambios que
se experimentan durante la adolescencia no se viven todos a la vez. En esta etapa suceden
cambios corporales, cerebrales y, posteriormente, cambios conductuales que reflejan los
intereses, inquietudes y necesidades sociales, emocionales e intelectuales de cada adolescente. En
ocasiones nos encontramos con estudiantes que a veces tienen comportamientos infantiles; y
otras, se comportan como adultos responsables. Esta particularidad hace que las relaciones entre
el adolescente y los adultos se tornen, en ocasiones, complejas.

Cambios en la corteza prefrontal

Esta zona del cerebro se localiza en el área frontal del cerebro e interviene en el momento de
organizar los procesos mentales como el pensamiento y la toma de decisiones, pero también en
los procesos sociales como la empatía y el comportamiento moral. De igual manera, permite
pensar las cosas con claridad, evaluar una situación y racionalizarla, recordar otros
acontecimientos y reflexionar sobre lo que está sucediendo. Son funciones importantes y por eso
se les conocen como funciones ejecutivas. La creciente integración de estas funciones durante la
adolescencia posibilita que habilidades tan diversas como el control del pensamiento, la
regulación emocional, la conciencia de uno mismo y las habilidades sociales cambien.

Cambios en el funcionamiento del sistema límbico, el cual se localiza en la parte profunda del
cerebro y está involucrado en tareas como el procesamiento de las emociones y el procesamiento
de la gratificación o recompensa. Durante la adolescencia esta zona es hipersensible a la sensación
de recompensa al correr riesgos, en comparación con los adultos.

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