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Depresión Cvetkovich

El libro 'Depresión: un sentimiento público' de Ann Cvetkovich explora la depresión no solo como una enfermedad médica, sino como un fenómeno cultural y social, en el contexto de un proyecto colectivo llamado 'sentimientos públicos'. A través de memorias y ensayos, la autora investiga las dinámicas emocionales que rodean la depresión y su relación con la política y la cultura contemporánea. La obra busca abrir un espacio para la reflexión y la acción en torno a la experiencia de la depresión en la vida cotidiana.

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Depresión Cvetkovich

El libro 'Depresión: un sentimiento público' de Ann Cvetkovich explora la depresión no solo como una enfermedad médica, sino como un fenómeno cultural y social, en el contexto de un proyecto colectivo llamado 'sentimientos públicos'. A través de memorias y ensayos, la autora investiga las dinámicas emocionales que rodean la depresión y su relación con la política y la cultura contemporánea. La obra busca abrir un espacio para la reflexión y la acción en torno a la experiencia de la depresión en la vida cotidiana.

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Ann Cvetkovich

Depresión
Un sentimiento público

Traducido por Renata Prati


Cvetkovich, Ann
Depresión : un sentimiento público / Ann Cvetkovich ; Editado por Tomás Pal. -
1a ed - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Coloquio de Perros, 2024.
Libro digital, EPUB

Archivo Digital: descarga y online


Traducción de: Renata Prati.
ISBN 978-631-00-4599-3

1. Depresión. 2. Salud Mental. I. Pal, Tomás, ed. II. Prati, Renata, trad. III. Título.
CDD 362.2042

COLOQUIO DE PERROS
@coloquiodeperroseditorial
[email protected]

TRADUCCIÓN: Renata Prati


REVISIÓN: Tomás Pal y Emiliano Exposto
ILUSTRACIÓN DE CUBIERTA: Coconutdreams
DISEÑO DE COLECCIÓN: Juan Pablo Fernández
CONVERSIÓN A FORMATO DIGITAL: Estudio eBook

© 2012 Duke University Press


© 2024 Coloquio de Perros
TÍTULO ORIGINAL EN INGLÉS: Depression: a public feeling

Queda prohibida la reproducción total o parcial de esta obra sin la autorización por
escrito del editor.
Hecho el depósito que establece la ley 11.723
Coloquio de Perros no es una editorial. Es una alianza
vital, una conspiración. El sueño de una contracultura
en salud mental. Editar libros es nuestra estrategia para
la liberación anímica. Los libros son prácticas situadas:
tecnologías que conectan ideas y cuerpos, afectos y
políticas, conocimientos y transformaciones. Porque
hay letras, imágenes y sonidos que movilizan. Nuestros
amigos andan por ahí, impulsando una escena
psicopolítica alternativa, creando mundos sensoriales y
cognitivos en los márgenes de la ciudad letrada y de los
campos disciplinares. Los perros somos todos aquellos
inconscientes que se rebelan. No sabemos ni podemos
encajar en este mundo. Tampoco queremos. Lo
demuestran nuestras ansiedades, depresiones,
insomnios, contracturas, apatías, anorexias... El
síntoma es nuestro territorio de investigación y
resistencia. Los perros encontramos en los síntomas
un nuevo punto de partida. Estamos asediados por los
espectros de la tradición: hay imágenes de cambio que
impiden cambiar. Cuando la herencia se convierte en
respuesta, entorpece la invención y el contagio de
nuevas prácticas intelectuales y políticas. Sin embargo,
existe una experiencia generacional, ambivalente y
dispersa, que nos incita a sentir, pensar y actuar en
común.
Los perros venimos del futuro.
Índice

Cubierta
Portada
Créditos
Dedicatoria
Epígrafe
Agradecimientos
Introducción
Primera parte. Diarios de la depresión (memorias)
Caer (1986-1989)
Nadar (1989-1990)
El regreso (1990-1991)
Reflexiones. Las memorias como método de investigación
de los sentimientos públicos
Segunda parte. Un proyecto de sentimientos públicos (ensayo
especulativo)
1. Escribir la depresión. La acedia, la historia y los modelos
médicos
2. De la desposesión a la autoposesión radical. Racismo y
depresión
3. La utopía del hábito corriente. Artesanías, creatividad y
prácticas espirituales
Epílogo
Créditos de las ilustraciones
Sobre este libro
Sobre la autora
Para Gretchen

Veinte años no es mucho, sabés que quiero doscientos más…


Escribiendo este libro me sentí todo el tiempo aplastada
contra los límites de mi propia estupidez, incluso en los
momentos en que sentía muy cerca la promesa de transmitir
algo valioso.

— EVE KOSOFSKY SEDGWICK, Tocar la ibra


Agradecimientos

Durante mucho tiempo, el subtítulo de este libro fue “Un


proyecto de Public Feelings”, como un modo de nombrar y
reconocer el proceso colaborativo y abierto que está detrás de mi
escritura. Las energías colectivas de los grupos de Public Feelings
en Austin, Chicago (el Feel Tank), Nueva York y Toronto
alimentaron una visión de encuentros como de salón abiertos al
pensamiento especulativo y a sentimientos tanto buenos como
malos. Las semillas iniciales del libro se plantaron en el congreso
“Depression: What Is It Good For?”, organizado en parte por el Feel
Tank en la Universidad de Chicago, y antes en encuentros sobre el
futuro del feminismo y la sexualidad orquestados por Lauren
Berlant y Janet Jakobsen en la Universidad de Chicago, el Barnard
College y la Universidad de Arizona. El libro luego creció en
paneles de Public Feelings en encuentros de American Studies
Association, Modern Language Association y Culture Studies
Association, y fue ganando masa crítica en una serie de congresos
que organizaron nuestros grupos entre 2007 y 2008: “Anxiety,
Urgency, Outrage, Hope… A Conference on Political Feeling” en la
Universidad de Chicago, “Decamp: A Public Feelings Toronto
Project” en la Universidad de Toronto y “Political Emotions” en la
Universidad de Texas.
En Austin, al menos tres generaciones de Public Feelings han
nutrido y sostenido mi trabajo: un grupo temprano de docentes y
estudiantes de posgrado (y quisiera agradecer especialmente a
Deborah Kapchan y Alyssa Harad); un colectivo de trabajo para el
congreso sobre sentimientos políticos en Chicago, compuesto por
Sam Baker, Neville Hoad, Ann Reynolds, Janet Staiger y Katie
Stewart; y una cohorte de colegas más recientes, entre quienes se
cuentan Craig Campbell, Josh Gunn, Heather Hindman, Randy
Lewis, So ian Merabet y Circe Sturm. También quisiera agradecer,
en Chicago, al Feel Tank (Lauren Berlant, Rebecca Zorach, Deborah
Gould y Mary Patten), así como a les organizadores del congreso
sobre la depresión; en Nueva York, al liderazgo de José Muñoz y
Lisa Duggan y la presencia de John Anderson, Nao Bustamante,
Lisa Cohen, Ed Cohen, Patricia Clough, Carolyn Dinshaw, David
Eng, Gayatri Gopinath, Janet Jakobsen, Martin Manalansan, Tavia
Nyong’o y Ann Pellegrini, entre otres; en Toronto, especialmente a
Elspeth Brown, Michael Cobb, Megan Boler y Allyson Mitchell, pero
también a Kate Eichhorn, John Greyson, Johanna Householder,
John Ricco y Dana Seitler. En nuestros encuentros han sido
fundamentales muches querides compañeres de ruta, nuestro
término para amigues con quienes compartimos una red más
amplia de conversaciones, acontecimientos y sensibilidades, entre
quienes se cuentan Miranda Joseph y Sandy Soto (anfritriones de
muchos eventos en la Universidad de Arizona), Dana Luciano, Fred
Moten, Kathleen Woordward y, en especial, Heather Love, quien a
la larga se convirtió en una de las interlocutoras más importantes
de este libro. De las muchas personas con quienes tuve el placer de
seguir una idea hasta lugares inesperados, les debo un
agradecimiento especial a Lauren Berlant, José Muñoz y Katie
Stewart, por su inspiración consistente y por ayudarme a darle
forma a mi pensamiento.
Con su energía performativa, los eventos presenciales han sido
un foro crucial. Atesoro las oportunidades que tuve para presentar
las ideas de este libro en eventos y conferencias informales, en
particular con estudiantes de posgrado, muchas veces más
productivas que las charlas formales. Agradezco a quienes me
invitaron la generosidad de sus tareas organizativas: Larry Schehr
en la Universidad de Illinois, Urbana-Champaign; Vicky Hesford en
SUNY Stony Brook; Laura Lyons en la Universidad de Hawai; Eva
Cherniavsky en la Universidad de Indiana; Dana Takagi en la
Universidad de California, Santa Cruz; Jila Ghomeshi y David
Churchill en la Universidad de Manitoba; Margot Backus en la
Universidad de Houston; Juana María Rodríguez en la Universidad
de California, Davis; Christina Zwarg en Haverford College; Sandy
Soto en la Universidad de Arizona; Gail Lewis y Anne-Marie Fortier
en la Universidad de Lancaster; Lucas Crawford y Heather Zwicker
en la Universidad de Alberta; Susan Brown en la Universidad de
Guelph; Barbara Godard y Kate Eichhorn en la Universidad de
York; Mary O’Connor en la Universidad McMaster; Aoibheann
Sweeney en la Universidad de la Ciudad de Nueva York; y Marianne
Hirsch en la Universidad de Columbia.
En un principio fantaseaba con que este proyecto fuera un librito
lo su icientemente corto como para terminar de escribirlo en un
solo semestre de licencia. La espera para ese permiso fue larga y, al
inal, el semestre no duró lo su iciente. Por sus esfuerzos heroicos
para conseguir no uno, sino dos semestres de licencia en la
Universidad de Texas, le agradezco a la directora de mi
departamento, Elizabeth Cullington, cuya dedicación
inquebrantable al cuerpo docente ha hecho del departamento de
Inglés un lugar amable para trabajar. Ken Wissoker estuvo ahí
desde el vamos, y le agradezco por alentarme a seguir mis
intuiciones y después por ayudarme a mejorar los resultados. Tuve
la suerte de contar con el apoyo inteligente de Heather Love y un
lector anónimo. También conté con la experta asistencia editorial
de Abe Louise Young y Laura Helper-Ferris, quienes hicieron
magia detrás de bambalinas para re inar mi prosa y potenciar mi
pensamiento, y con la talentosa asistencia de investigación de
Sean McCarthy, Peggy Whilde y Hala Herbly.
Por sus valiosas lecturas en varios momentos cruciales del
camino, agradezco a Kimberly Alidio, Moe Angelos, Joanna Brooks,
Nancy Capron, Ed Cohen, Lisa Cohen, Carolyn Dinshaw, Jill Dolan,
Lisa Duggan, Heather Love, Lisa Moore, Ann Reynolds y Jason
Tougaw. De mi querida pandilla también han sido parte Jennifer
Brody, Mary Marshall Clark, Cathy Davidson, Avery Gordon, Jack
Halberstam, Sharon Holland, Chantal Nadeau y Chris New ield. Si
me olvido de alguien, es solo porque fueron tantas las personas
que me ayudaron. Por su apoyo día a día en Austin, va mi
agradecimiento profundo a Helen Knode, Lisa Moore y Ann
Reynolds.
Una versión preliminar de parte de los materiales del capítulo 2
fue publicada como “Depression Is Ordinary: Public Feelings and
Saidiya Hartman’s Lose Your Mother”, Feminist Theory, vol. 13, nro. 2,
2012. Y una versión preliminar de parte de la introducción
apareció en “Public Feelings”, en Janet Halley y Andrew Parker
(eds.), “After Sex: On Writing since Queer Theory”, número especial
de SAQ: South Atlantic Quarterly, vol. 106, nro. 3, 2007, y luego en
After Sex. On Writing since Queer Theory, Durham, Duke University
Press, 2011.
Este libro trata del valor de los procesos y del arte de la vida
diaria, y para mí es un honor reconocer el apoyo material y
espiritual de mi familia, en especial mis padres, Valerie Haig-
Brown y Joseph Cvetkovich, y mi tía, Celia Haig-Brown; de Moe
Angelos, por su compañía en la escritura; de Helen Knode, quien
facilitó dos retiros de escritura vitales en Carmel Valley; de
Annamarie Jagose, mi coeditora ejemplar en el número de GLQ
paralelo a la escritura del libro; de Allyson Mitchel y Sheila Pepe,
por producir el arte que me dejó ver y sentir mis ideas; de Kay
Turner, con su brujería espiritual e intelectual; de Liz Wiesen, con
sus sesiones telefónicas y su compromiso con el proceso; y de mis
muchas tribus: Michfest, yoga kundalini, coescucha, artistas
lesbianas, les rarites de Austin, los gatos. Ustedes saben. Y, por
supuesto, está Gretchen Phillips, con la que veinte años han
pasado en un abrir y cerrar de ojos. Llegó sobre el cierre de esta
historia y sigue regalándome incontables motivos para levantarme
a la mañana.
Introducción

Sentimientos públicos: un proyecto colectivo

Una inspiración clave de este libro y su deseo de pensar sobre la


depresión no como una enfermedad médica sino como un
fenómeno cultural y social ha sido la colaboración con otres
investigadores bajo la rúbrica de los “sentimientos públicos”, que
es el nombre de nuestro grupo, Public Feelings. Inaugurada en
2001, tanto a escala nacional como en la Universidad de Texas,
nuestra investigación coincidió con y funcionó bajo la sombra del
11 de septiembre y sus duraderas consecuencias, como la
apropiación sentimental del 11-S para respaldar la militarización,
la guerra en Irak y en Afganistán, la reelección de Bush, y la lista
sigue. En lugar de analizar los apuntalamientos geopolíticos de
estos sucesos, nos interesaron más sus dinámicas emocionales.
¿Cómo se vuelve posible que la gente vote a Bush o que apruebe la
guerra, y cómo operan estas decisiones políticas en el contexto de
vidas cotidianas atravesadas por una mezcla de ansiedad y
embotamiento? ¿Cómo podemos reconocer, en cuanto
intelectuales y activistas, nuestros fracasos y decepciones políticas
de un modo que abra posibilidades? ¿Dónde queda algún resquicio
para la esperanza? Estas preguntas surgen de la experiencia que
una de nuestras células, el Feel Tank Chicago, ha llamado
“depresión política”: el sentido de que las formas acostumbradas
de respuesta política, como la acción directa y el análisis crítico, ya
no están funcionando ni para cambiar el mundo ni para hacernos
sentir mejor.
Nuestras reuniones, públicas o no, pueden empezar tanto de un
estado de ánimo como de una idea. En uno de nuestros
encuentros nacionales, por ejemplo, muches admitimos sentirnos
exhaustes y desbordades con nuestras obligaciones profesionales,
y nos preguntamos qué tipo de proyectos pueden emerger de tales
condiciones y cómo producir investigaciones desacopladas de los
1
ritmos y los géneros de los congresos, compilaciones y libros. En
un evento público en la Universidad de Texas poco después de la
invasión estadounidense a Irak, la respuesta dominante era de
incredulidad, aparentemente una versión menor o normalizada de
la conmoción epistémica que según se dice acompaña al trauma.
En otro evento público de la universidad para discutir las
respuestas a la devastación del huracán Katrina, muchas personas
describieron una sensación de atención dividida en el ir y venir
entre el ajetreo cotidiano del comienzo del semestre y la urgencia
del desastre, en un foco partido que también constituye la
experiencia vivida de las brechas de raza y clase. Aunque nuestro
grupo se forjó en la prueba dura de los largos años de Bush, su
estilo y sustancia son no menos relevantes para el trayecto incierto
de la presidencia de Obama. La esperanza y el desaliento siguen
entreverados mientras presenciamos el ritmo sostenido de las
guerras (dentro y fuera de Irak, Libia y Afganistán), el colapso
inanciero, las primaveras árabes, los movimientos Occupy y los
ataques a las universidades. Un análisis político de la depresión
podría defender la revolución y un cambio sistémico antes que
pastillas, pero en el mundo de Public Feelings no hay lugar para
soluciones mágicas, ni médicas ni políticas, solo está el trabajo
constante y lento de la supervivencia resiliente, los sueños
utópicos y otras herramientas afectivas para la transformación.
Para dar foros públicos a los sentimientos cotidianos, incluidos
aquellos sentimientos negativos que pueden parecer tan
debilitantes, tan lejos del optimismo sobre el futuro o del
activismo, el objetivo es producir nuevas maneras de pensar la
agencia. Conviene enfatizar que el concepto de depresión política
no debería entenderse como del todo deprimente; en efecto, el
Feel Tank trabaja con el humor camp que cabe esperar de un
grupo de activistas queer experimentades, y ha organizado por
ejemplo un Día Internacional de la Depresión Política donde se
invitó a la gente a venir en bata para expresar su fatiga con las
formas tradicionales de protesta, y donde se distribuyeron
remeras e imanes con el eslogan: “¿Sufre de depresión? ¡Puede
2
que sea política!”. Se trata de despatologizar los sentimientos
negativos para que pueda vérselos como un recurso para la acción
política en vez de como su antítesis. Con esto, sin embargo, no
quiero sugerir una reconversión de la depresión en una
experiencia positiva; retiene sus asociaciones con la inercia y el
desaliento, si no con la apatía y la indiferencia, pero esos
sentimientos, estados de ánimo y sensibilidades se vuelven un
lugar para lo público y la formación de comunidad. Una de las
apuestas más amplias de Public Feelings es generar la base
afectiva de esperanza que hace falta para la acción política; de ahí
el giro a la utopía que dan tantos trabajos recientes relacionados
con sus proyectos, pero una utopía, retomando por ejemplo el
análisis que hizo Avery Gordon de Toni Cade Bambara, arraigada
en el acá y ahora, en el reconocimiento de las posibilidades y los
3
poderes que tenemos inmediatamente a disposición. Es una
búsqueda utópica que no traza una distinción simple entre
sentimientos buenos y malos, y que no supone que una política
buena pueda emerger solo de buenos sentimientos; sentirse mal,
en efecto, puede ser terreno fértil para la transformación. Así,
aunque este libro es sobre la depresión, también es sobre la
esperanza e incluso sobre la felicidad, sobre cómo vivir una vida
mejor abrazando los malos sentimientos, en lugar de ocultarlos.
(Además de inspirarse en el género de las memorias, también
recurre a otros manuales para vivir mejor, que van desde el tratado
ilosó ico hasta el libro de autoayuda). Se pregunta si demorarse
en lo negativo puede tal vez formar parte de una práctica diaria, de
una producción cultural y de un activismo político.

El giro afectivo

Los proyectos de Public Feelings pueden verse como una forma de


lo que hoy suele llamarse el giro afectivo en la crítica cultural, que
no solo ha hecho de la emoción, el sentimiento y el afecto (y sus
diferencias) el objeto de investigaciones académicas sino que
4
también ha inspirado nuevas maneras de ejercer la crítica. El giro
afectivo es evidente en muchas áreas distintas de investigación: en
la memoria cultural y las culturas públicas que emergen frente a
historias de trauma; en el rol de emociones como el miedo y la
sentimentalidad en la vida política y las políticas nacionalistas de
los Estados Unidos; en la producción de lástima y compasión en
los discursos de derechos humanos y otras formas de
representación liberal de asuntos y problemas sociales; en las
discusiones sobre las políticas de los afectos negativos, como la
melancolía y la vergüenza, inspiradas en particular por la crítica de
lo normal en la teoría queer; en nuevas formas de investigación
histórica, como las temporalidades queer, que enfatizan las
relaciones afectivas entre pasado y presente; en el giro a las
memorias y a lo personal en el análisis crítico como señal del
agotamiento de la teoría o de su vida renovada; en el legado
sostenido de las políticas de identidad como una inspiración más
para el giro a lo personal; en los continuos esfuerzos por repensar
los paradigmas psicoanalíticos y la relación entre lo psíquico y lo
social; en la influencia persistente de nociones foucaultianas de
biopoder para explicar las políticas de la formación subjetiva y las
nuevas formas de gubernamentalidad; en las historias de la
intimidad, lo doméstico y la vida privada; en las políticas culturales
de la vida cotidiana; en las historias y teorías de la sensación y el
5
tacto informadas por la fenomenología y la geogra ía cultural.
Aunque cada uno de estos proyectos tiene sus especi icidades y
puntos de referencia propios, la masa crítica que forman en
conjunto es considerable.
Debo confesar que siento algo de reticencia a usar la expresión
“giro afectivo”, porque implica que el estudio del afecto es nuevo
cuando de hecho, como lo sugiere la lista que vengo de hacer, este
trabajo lleva ya bastante tiempo. En un sentido más estricto, el giro
afectivo viene re iriendo a un cuerpo de producción inspirada en
teorías deleuzianas sobre el afecto como fuerza, intensidad, como
6
la capacidad de mover y ser movido. En este marco resulta crucial
la distinción entre afecto y emoción, donde el primero apunta a la
experiencia sensorial precognitiva y los vínculos con el entorno, y
el segundo re iere a los constructos culturales y los procesos
conscientes que emergen de ellos, como el enojo, el miedo o la
7
alegría. Esta terminología ha servido para ablandar la hegemonía
del psicoanálisis a la hora de describir la experiencia emocional, si
bien Freud tiene su propia versión del afecto como energía o
sentimiento indiferenciados, sobre todo en sus escritos tempranos
8
sobre el modelo hidráulico de la energía psíquica. Los proyectos
deleuzianos también permitieron que emergiera un vocabulario
más completo para la experiencia sensorial en los estudios
culturales del cuerpo y a partir del rechazo de las divisiones
cartesianas de cuerpo y mente. Pero este proyecto más amplio va
mucho más allá de la rúbrica de una única fuente teórica.
Por lo tanto, por más que les deleuzianes han sido una íntima
compañía de ruta en el interés de Public Feelings por la
experiencia sensorial y el sentimiento, mi propio proyecto no está
9
moldeado por esa tradición. Suelo usar “afecto” en un sentido
genérico, más que en el sentido deleuziano más especí ico, como
una categoría que abarca afectos, emociones y sentimientos y que
incluye impulsos, deseos y formas de sentir construidas
históricamente de varias formas (ya sea como emociones
especí icas y distintas o como una categoría genérica a menudo en
contraste con la razón), pero con la conciencia alerta a que es
como intentar hablar de sexo antes que de sexualidad. También
me gusta usar “sentimiento” como término genérico que forma
parte del mismo trabajo: nombrar la “cosa” del sentir; englobar las
distinciones entre emoción y afecto que son centrales en algunas
teorías; reconocer la naturaleza somática o sensorial de los
sentimientos en cuanto experiencias que no se reducen a
conceptos o construcciones cognitivas. Me inclino por
“sentimiento” en parte porque es impreciso a propósito,
reteniendo la ambigüedad entre las sensaciones corporales y las
experiencias psíquicas o cognitivas. También tiene un cariz
vernáculo que se presta bien a la exploración de los sentimientos
como algo que llegamos a conocer a través de la experiencia y el
uso popular y que indica, quizá solo de modo intuitivo pero no por
ello menos importante, una comprensión de la mente y el cuerpo
como integrados. Public Feelings se toma en serio preguntas del
tipo “¿Cómo me siento?” y “¿Cómo se siente el capitalismo?” como
puntos de partida para algo que tal vez sea una teoría, pero que
también podría ser una descripción, una exploración, un proceso.
Términos como “afecto”, “emoción” y “sentimiento” son más bien
palabras clave, no tanto de iniciones como puntos de arranque
para la discusión. Usamos el término “proyecto”, en por ejemplo
“proyectos de Public Feelings”, para aludir a una investigación
especulativa y abierta que se despliega en múltiples direcciones,
incluyendo nuevas formas de escritura que son “ensayos” en el
10
sentido literal de que son experimentales.
En un sentido más general, sin embargo, la expresión “giro
afectivo” apunta a la fuerza acumulada de los proyectos de Public
Feelings y su compromiso con nuevas formas de estudios
culturales, en especial aquellos que no se con inan a la crítica de la
ideología, por muy importante que siga siendo esta crítica. Desde
hace algún tiempo, ha habido llamados a pensar por fuera de los
surcos gastados de la búsqueda de formas de hegemonía y gestión
cultural, por un lado, y de modos de resistencia y subversión por el
otro. Una verdadera piedra angular ha sido el enfoque reparador,
11
en lugar de crítico paranoico, articulado por Eve Sedgwick.
Basandose en recursos teóricos de Melanie Klein y Silvan Tomkins,
pero también en el modelo de las prácticas estéticas queer,
Sedgwick trabaja creativamente