0% encontró este documento útil (0 votos)
19 vistas19 páginas

Fiorentino

La Corte Suprema de Justicia de la Nación anuló la condena a Diego E. Fiorentino por tenencia de estupefacientes, argumentando que la prueba fue obtenida a través de un allanamiento ilegítimo en su domicilio, sin orden judicial ni consentimiento válido. La Corte destacó la inviolabilidad del domicilio consagrada en el artículo 18 de la Constitución Nacional y determinó que la falta de autorización adecuada invalidaba la evidencia presentada. Se ordenó la devolución del caso al tribunal de origen para un nuevo pronunciamiento.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOC, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
19 vistas19 páginas

Fiorentino

La Corte Suprema de Justicia de la Nación anuló la condena a Diego E. Fiorentino por tenencia de estupefacientes, argumentando que la prueba fue obtenida a través de un allanamiento ilegítimo en su domicilio, sin orden judicial ni consentimiento válido. La Corte destacó la inviolabilidad del domicilio consagrada en el artículo 18 de la Constitución Nacional y determinó que la falta de autorización adecuada invalidaba la evidencia presentada. Se ordenó la devolución del caso al tribunal de origen para un nuevo pronunciamiento.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOC, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Corte Suprema de Justicia de la Nación

Fiorentino, Diego E.
27/11/1984
Voces
ALLANAMIENTO DE DOMICILIO ~ APERTURA DE LA INSTANCIA
EXTRAORDINARIA ~ CUERPO DEL DELITO ~ CUESTION FEDERAL ~
GARANTIAS CONSTITUCIONALES ~ INVIOLABILIDAD DE DOMICILIO ~
PRUEBA ~ PRUEBA ILEGAL ~ RECURSO EXTRAORDINARIO ~
SECUESTRO DE BIENES ~ SENTENCIA PENAL ~ TENENCIA DE
ESTUPEFACIENTES
Tribunal: Corte Suprema de Justicia de la Nación
Fecha: 27/11/1984
Partes: Fiorentino, Diego E.
Publicado en: LA LEY 1985-A , 160, con nota de Miguel Angel Ekmekdjian.; DJ
1985-1, 511 -Colección de Análisis Jurisprudencial Elems. de Derecho Penal y
Procesal Penal - Director: Andrés José D'Alessio - Editorial LA LEY, 2005 ,
319, con nota de Ignacio F. Iriarte;
Cita Fallos Corte: 306:1752
Cita Online: AR/JUR/242/1984

Hechos
La defensa impugnó el procedimiento llevado a cabo por personal policial, en
cuanto habría ingresado de manera ilegítima en el domicilio del imputado,
luego de interrogarlo en el hall del edificio en el que vivía con sus padres y que
aquél hubiera reconocido espontáneamente ser poseedor de marihuana para
consumo propio en su departamento. En primera instancia, el imputado fue
condenado como autor del delito de tenencia de estupefacientes. Las
alegaciones de la defensa fueron desechadas por presumirse la autorización
de los padres del condenado para el ingreso en la vivienda. Apelada esta
decisión, la Cámara confirmó la sentencia. Contra ese pronunciamiento, se
interpueso recurso extraordinario, cuya denegatoria motivó la queja. La Corte
Suprema dejó sin efecto la sentencia recurrida.
Sumarios
1 - Aunque en rigor no resulta exigencia del art. 18 de la Constitución Nacional que
la orden de allanamiento emane de los jueces, el principio es que sólo ellos
pueden autorizar esa medida, sin perjuicio de algunos supuestos en que "se
reconoce a los funcionarios la posibilidad de obviar tal recaudo como son en el
orden nacional los arts. 188 y 189 del Cód. de Procedimiento en Materia Penal.
(En su voto el ministro doctor Petracchi amplía considerablemente los
fundamentos constitucionales de la inviolabilidad del domicilio).

2 - Debe dejarse sin efecto la sentencia que condenó al recurrente como autor del
delito de tenencia de estupefacientes (art. 6°, ley 20.771 -ADLA, XXXIV-D, 3312),
pues la prueba del hecho fue obtenida mediante el allanamiento ilegítimo de un
domicilio, sin orden judicial, sin configurarse ninguna de las excepciones previstas
en el art. 189 del Cód. de Procedimiento en Materia Penal, ni haber mediado
consentimiento válido que permitiera la intromisión del personal policial en el
domicilio del procesado, dado que la prueba aportada revela la falta de
fundamentación de la sentencia del a quo. (En el caso la Corte Suprema excluye
que pueda admitirse como autorización válida la del padre del procesado, para
irrumpir en su domicilio, dado que su hijo había sido aprehendido e interrogado
sorpresivamente por una comisión de cuatro hombres en momentos en que
ingresaba con su novia en el hall del edificio donde habitaba, quedando detenido).

3 - La incautación del cuerpo del delito que no es sino el fruto de un procedimiento


ilegítimo, no autoriza a reconocer su idoneidad para sustentar una condena pues
ello equivaldría a admitir la nulidad del empleo de medios ilícitos en la persecución
penal, haciendo valer contra el procesado la evidencia obtenida con
desconocimiento de garantías constitucionales. (En el caso la Corte Suprema deja
sin efecto la sentencia recurrida y ordena que por quien corresponde se dicte un
nuevo fallo, en tanto que el ministro doctor Petracchi, en su voto, propicia la
absolución del procesado, en ejercicio de la facultad conferida a la Corte Suprema
por el art. 16 de la ley 48, -ADLA, 1852-1880, 364-).

4 - Procede el recurso extraordinario deducido contra la sentencia de condena


penal, impugnada por el apelante que cuestiona la validez de la diligencia policial
en que se secuestró el cuerpo del delito, sosteniendo su ilegitimidad por resultar
violatoria de la garantía de la inviolabilidad del domicilio consagrada en el art. 18
de la Constitución Nacional por lo cual la sustancia del planteo conduce en
definitiva a determinar el alcance de dicha garantía constitucional.

TEXTO COMPLETO:
Buenos Aires, noviembre 27 de 1984.
Considerando: 1 - Que según surge de los autos principales (a cuyas fojas se
referían las citas siguientes), Diego E. Fiorentino fue detenido por una comisión
policial el 24 de noviembre de 1981 cuando ingresaba con su novia en el hall
del edificio de departamentos de la calle Junín 1276 de esta Capital, y al ser
interrogado reconoció espontáneamente ser poseedor de marihuana que
guardaba para consumo propio en la unidad C del primer piso de dicho
inmueble, donde vivía con sus padres, por lo que habría autorizado el registro
domiciliario. De ese modo se secuestraron en su dormitorio 5 cigarrillos y 5
colillas de picadura de cannabis sativa (marihuana) y 38 semillas de la misma
especie.
2 - Que durante el juicio la defensa impugnó el aludido procedimiento por ser
contrario a la garantía de la inviolabilidad del domicilio e importar un
allanamiento ilegítimo, toda vez que se efectuó sin autorización válida. Con ese
objeto depuso a fs. 112 Fiorentino, quien sostuvo que al ser detenido le
sacaron las llaves del departamento con las que ingresaron en él los cuatro
integrantes de la brigada y 2 testigos, junto con el declarante y su novia. Los
progenitores del encausado declararon a fs. 113 y 114, coincidiendo en que
fueron sorprendidos en la cocina de la vivienda por la presencia de los
extraños, quienes pasaron para el dormitorio de su hijo -donde no los dejaron
entrar- limitándose a anunciar que eran de la policía. Olalla D. Mira, novia del
procesado, ofreció a fs. 115 una versión análoga a la de éste en el sentido de
que la comisión policial lo detuvo y con sus llaves accedió al domicilio donde
llevaron a cabo el secuestro. La testigo de la diligencia, Tomasa C. Zanoni, sólo
declaró ante la autoridad de prevención, sin que en sus dichos exista referencia
alguna a la existencia o inexistencia de autorización. El otro testigo, Omar D.
Antonelli, en sede policial dijo que se procedió "con la autorización pertinente",
mas al deponer en el plenario manifestó no recordar si existió o no
autorización, cómo se produjo el acceso y dónde se encontraban en ese
momento los padres de Fiorentino, vale decir, las circunstancias estructurantes
del consentimiento o autorización a que había hecho referencia.
3 - Que en primera instancia Fiorentino fue condenado como autor del delito de
tenencia de estupefacientes (art. 6º, ley 20.771), a la pena de 1 año de prisión
en suspenso y multa de 1.000.000 de pesos (denominación de la ley 18.188),
más el pago de las costas. Las alegaciones de la defensa fueron desechadas
por presumirse la autorización de los padres del condenado para el ingreso en
la vivienda. Apelada esta decisión, se mantuvieron a fs. 131/135 los
argumentos contra la ilegitimidad del secuestro y la pertinente reserva del caso
federal. La Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional, sala
VI, confirmó a fs. 137/139 la condena. Sostuvo allí, para desechar los agravios
del apelante, que no se había violado en el caso ninguna garantía
constitucional, pues el procedimiento policial resultaba legítimo. Ello habría sido
así, por haber autorizado Fiorentino la entrada en el departamento, según el
testimonio del oficial que intervino y levantó el acta -único policía que prestó
declaración-, el acta de fs. 3/4 y los dichos del testigo Antonelli ante la
prevención. Descartó en tal sentido la declaración de Mira por su vinculación
con el procesado, y también lo expuesto por éste a fs. 112, porque "si la
autorización no hubiera existido... la lógica más elemental indica que Fiorentino
alguna resistencia verbal habría opuesto a que se llevara a cabo la diligencia
aunque más no fuera para que la oyeran los testigos que acompañaban a la
comisión policial y así lo manifestaran en el proceso". Afirmó, asimismo, que
aun cuando pudiera cuestionarse la validez de tal permiso por ser el imputado
menor de edad, y admitiendo que los padres no lo acordaron expresamente
según lo expusieran a fs. 113/114, "debe reconocerse empero que tampoco se
opusieron, pudiendo hacerlo, ya que estaban presentes, expresando
concretamente su voluntad de excluir al personal policial, consintiendo que la
inspección se llevara a cabo en la habitación de su hijo Diego".
4 - Que contra el referido pronunciamiento se dedujo el recurso extraordinario
de fs. 148/154, cuya denegación origina la presente queja. El apelante
mantiene el cuestionamiento de la validez de la diligencia policial, sosteniendo
su ilegitimidad por resultar violatoria de la garantía de la inviolabilidad del
domicilio consagrada en el art. 18 de la Constitución Nacional. Establecidas las
circunstancias fácticas del caso tal como han sido admitidas por el a quo, el
agravio que formula el recurrente suscita cuestión federal bastante para la
apertura de la instancia prevista en el art. 14 de la ley 48 pues, como lo destaca
el Procurador General en su dictamen, la sustancia del planteo conduce en
definitiva a determinar el alcance de la referida garantía constitucional (doc. de
Fallos: t. 46, p. 36 y t. 177, p. 390 -Rev. LA LEY, t. 6, p. 428-). Lo dicho importa
apartarse del criterio sustentado por el tribunal -en su anterior composición- al
decidir la causa que se registra en Fallos, t. 301, p. 676 (Rev. LA LEY, t. 1979-
D, p. 633).
5 - Que el art. 18 de la Constitución Nacional establece que "el domicilio es
inviolable...; y una ley determinará en qué casos y con qué justificativos podrá
procederse a su allanamiento y ocupación". Se consagra así el derecho
individual a la privacidad del domicilio de todo habitante -correlativo del
principio general del art. 19- en cuyo resguardo se determina la garantía de su
inviolabilidad, oponible a cualquier extraño, sea particular o funcionario público.
Si bien la cláusula constitucional previó la reglamentación del tema por vía de
una ley, son diversas las leyes especiales que contienen disposiciones sobre el
modo en que puede efectuarse el allanamiento en determinadas materias, y en
particular es en algunas constituciones y en los códigos de procedimientos
locales donde se regulan las excepciones a la inmunidad del domicilio. Aunque
en rigor no resulta exigencia del art. 18 que la orden de allanamiento emane de
los jueces, el principio es que sólo ellos pueden autorizar esa medida, sin
perjuicio de algunos supuestos en que se reconoce a los funcionarios la
posibilidad de obviar tal recaudo (confr. en el orden nacional los arts. 188 y 189
del Cód. de Proced. en Materia Penal). En cuanto al alcance del concepto
"domicilio", es innecesario aquí ahondar sobre su contenido pues está fuera de
discusión que la diligencia policial se llevó a cabo en la residencia particular del
imputado, donde vivía de modo permanente con su familia.
6 - Que en la especie no se ha configurado ninguna de las excepciones
previstas en el art. 189 del Cód. de Proced. en Materia Penal, ni ha mediado
consentimiento válido que permitiera la intromisión del personal policial en el
domicilio del procesado, dado que la prueba examinada revela la falta de
fundamentación -en ese punto- de la sentencia del a quo. En efecto, aun de
haber autorizado éste el ingreso como se señala en los testimonios del oficial
subinspector Verdini y de Omar D. Antonelli y en el acta de fs. 3/4; y hasta
dejando de lado las declaraciones vertidas en el plenario por Antonelli,
Fiorentino y Mira, el permiso que podría haber otorgado carecería de efectos
por las circunstancias en que se prestó, al haber sido Fiorentino aprehendido e
interrogado sorpresivamente por una comisión de 4 hombres en momentos en
que ingresaba con su novia en el hall del edificio donde habitaba, quedando
detenido. En tales condiciones, lo expresado por el a quo en el sentido de que
debió mediar al menos una resistencia, verbal para que fuera oída por los
testigos, resulta irrazonable dada la situación referida, a lo que se suma la
inexperiencia del imputado en trances de ese tipo, factor que puede presumirse
en razón de su edad y de la falta de antecedentes judiciales. Por otra parte,
admitido como fue en la sentencia que los progenitores no autorizaron el
allanamiento, aparece carente de lógica derivar la existencia de un supuesto
consentimiento tácito por ausencia de oposición expresa al registro, cuando ya
se había consumado el ingreso de los extraños en la vivienda, máxime si se
tiene en cuenta el modo como se desarrollaron los hechos según surge de los
testimonios de fs. 104 y 115. Esperar una actitud de resistencia en ese caso
importaría reclamar una postura no exigible con arreglo a la conducta ordinaria
de las personas. Lo expuesto, y la falta de extremos de necesidad que
impidieran proceder de acuerdo a la ley recabando la pertinente orden judicial,
lleva a concluir en la ilegitimidad del allanamiento.
7 - Que, en consecuencia, establecida en el sub lite la invalidez del registro
domiciliario, igual suerte debe correr el secuestro practicado en esas
circunstancias. Ello es así porque la incautación del cuerpo del delito no es
entonces sino el fruto de un procedimiento ilegítimo, y reconocer su idoneidad
para sustentar la condena equivaldría a admitir la utilidad del empleo de medios
ilícitos en la persecución penal, haciendo valer contra el procesado la evidencia
obtenida con desconocimiento de garantías constitucionales (doc. de Fallos:. t.
46, p. 36), lo cual "no sólo es contradictorio con el reproche formulado, sino que
compromete la buena administración de justicia al pretender constituirla en
beneficiaria del hecho ilícito" (Fallos: t. 303, p. 1938 -Rev. LA LEY, t. 1982-D, p.
225-).
Por ello, de conformidad con lo dictaminado por el Procurador General, se
declara procedente el recurso deducido y se deja sin efecto la sentencia
apelada. Reintégrese el depósito de fs. 26, acumúlese la queja al principal y
devuélvanse al tribunal de origen a fin de que, por quien corresponda, se dicte
un nuevo pronunciamiento con arreglo a la presente. - José S. Caballero. -
Carlos S. Fayt. - Augusto C. Belluscio. - Enrique S. Petracchi.
Voto del doctor Petracchi
Considerando: 1 - Que según surge de los autos principales (a cuyas fojas se
referirán las citas siguientes), Diego E. Fiorentino fue detenido por una
comisión policial el 24 de noviembre de 1981 cuando ingresaba con su novia
en el hall del edificio de departamentos de la calle Junín 1276 de esta Capital, y
al ser interrogado reconoció espontáneamente ser poseedor de marihuana que
guardaba para consumo propio en la unidad C del primer piso de dicho
inmueble, donde vivía con sus padres, autorizando el registro domiciliario. De
ese modo se secuestraron en su dormitorio 5 cigarrillos y 5 colillas de picadura
de cannabis sativa (marihuana) y 38 semillas de la misma especie.
2 - Que durante el juicio la defensa impugnó el aludido procedimiento por ser
contrario a la garantía de la inviolabilidad del domicilio e importar un
allanamiento ilegítimo, toda vez que se efectuó sin autorización válida. Con ese
objeto depuso a fs. 112 Fiorentino, quien sostuvo que al ser detenido le
sacaron las llaves del departamento con las que ingresaron en él los cuatro
integrantes de la brigada y dos testigos, junto con el declarante y su novia. Los
progenitores del encausado declararon a fs. 113 y 114, coincidiendo en que
fueron sorprendidos en la cocina de la vivienda por la presencia de los
extraños, quienes pasaron para el dormitorio de su hijo -donde no los dejaron
entrar- limitándose a anunciar que eran de la policía. Olalla D. Mira, novia del
procesado, ofreció a fs. 115 una versión análoga a la de éste en sentido de que
la comisión policial lo detuvo y con sus llaves accedió al domicilio donde
llevaron a cabo el secuestro. La testigo de la diligencia, Tomasa C. Zanoni, sólo
declaró ante la autoridad de prevención, sin que en sus dichos exista referencia
alguna a la existencia de autorización. El otro testigo, Omar D. Antonelli, en
sede policial dijo que se procedió "con la autorización pertinente", mas al
deponer en el plenario manifestó no recordar si existió dicho permiso.
3 - Que en primera instancia Fiorentino fue condenado como autor del delito de
tenencia de estupefacientes (art. 6°, ley 20.771), a la pena de un año de prisión
en suspenso y multa de 1.000.000 de pesos (denominación ley 18.188), más el
pago de las costas. Las alegaciones de la defensa fueron desechadas por
presumirse autorización de los padres del condenado para el ingreso en la
vivienda. Apelada esta decisión, se mantuvieron a fs. 131/135 los argumentos
contra la ilegitimidad del secuestro y la pertinente reserva del caso federal. La
Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional, sala VI,
confirmó a fs. 137/139 la condena. Sostuvo allí, para desechar los agravios del
apelante, que no se había violado en el caso ninguna garantía constitucional,
pues el procedimiento policial resultaba legítimo. Ello habría sido así por haber
autorizado Fiorentino la entrada en el departamento, según el testimonio del
oficial que intervino, el acta de fs. 3/4 y las declaraciones del testigo Antonelli
ante la prevención. Descartó en tal sentido el aserto de Mira por su vinculación
con el procesado y también lo expuesto por éste a fs. 112, porque "si la
autorización no hubiera existido... la lógica más elemental indica que Fiorentino
alguna resistencia verbal habría opuesto a que se llevara a cabo la diligencia
aunque más no fuera para que la oyeran los testigos que acompañaban a la
comisión policial y así lo manifestaran en el proceso". Afirmó el a quo,
asimismo, que aun cuando pudiera cuestionarse la validez de tal permiso por
ser el imputado menor de edad, y admitiendo que los padres no lo acordaron
expresamente según lo expusieron a fs. 113 y 114, "debe reconocerse, empero
que tampoco se opusieron, pudiendo hacerlo, ya que estaban presentes,
expresando concretamente su voluntad de excluir al personal policial,
consintiendo que la inspección se llevara a cabo en la habitación de su hijo
Diego".
4 - Que contra el referido pronunciamiento se dedujo el recurso extraordinario
de fs. 148/154, cuya denegación origina la presente queja. El apelante
cuestiona la diligencia policial, sosteniendo su ilegitimidad por resultar lesiva de
la garantía de la inviolabilidad del domicilio consagrada en el art. 18 de la
Constitución Nacional.
5 - Que esta Corte, en su actual composición, no comparte el criterio expuesto
sobre la materia en pronunciamientos anteriores, según el cual lo atinente a las
condiciones del allanamiento y a su validez sólo reviste carácter procesal y no
resulta susceptible de examen en la instancia extraordinaria del art. 14 de la ley
48 (Fallos, t. 275, p. 454; t. 277, p. 467; t. 301, p. 676; t. 303, p. 1593; t. 304, p.
105 -Rev. LA LEY, t. 138, p. 454; Rep. LA LEY, t. XXXI, J-Z, p. 1671, sum. 466;
Rev. LA LEY, t. 1979-D, p. 633; Rep. LA LEY, t. XLIII, J-Z, p. 2101, sum. 1133;
Rev. LA LEY, t. 1983-A, p. 418-).
Esta caracterización del tema es incorrecta, pues la inviolabilidad del domicilio
es una de las garantías más preciosas de la libertad individual, consagrada en
los albores del derecho público argentino por el art. 4° del decreto de seguridad
individual del 23 de noviembre de 1811, que fue sucesivamente recibido por los
instrumentos de gobierno anteriores a la vigente Constitución de 1853.
Respecto de dicha garantía, como de otras fundamentales, afirma Alberdi que
"... escritos o no, hollados o respetados, se pueden reputar principios
conquistados para siempre por la revolución republicana y esculpidos en la
conciencia de los pobladores los siguientes... la inviolabilidad de la vida, de la
casa, de la dignidad..." (Juan Bautista Alberdi, "Obras completas", t. V., ps. 44 y
45, parág. V. Elementos del Derecho Público Provincial Argentino, ed. de
1886).
La vinculación directa que estas palabras del prócer establecen entre la vida y
la dignidad de la persona y la inviolabilidad de su habitación se encuentra
expresada con vigor en el citado art. 4° del decreto de seguridad individual del
23 de noviembre de 1811, según el cual "La casa de todo habitante es un
sagrado, que no puede violarse sin crimen y sólo podrá allanarse en caso de
resistencia a la autoridad legítima".
En tal orden de ideas Joaquín V. González expresa: "Si la persona es inviolable
y está protegida tan ampliamente por la Constitución, es porque ha sido
considerada en toda la extensión de sus atributos, así comprende la
conciencia, el cuerpo, la propiedad y la residencia u hogar de cada hombre. La
palabra domicilio abraza estos dos últimos sentidos. Hogar es la vivienda y por
excelencia el centro de las acciones privadas que la Constitución declara
reservadas a Dios y exenta de la autoridad de los magistrados (art. 19), allí
donde se realizan la soberanía y los actos y sagrados misterios de la vida de la
familia..." (Manual de la Constitución, N° 193).
El segundo argumento transcripto pone de manifiesto el fundamento último de
la inviolabilidad del domicilio: el de garantizar la libertad personal. En efecto, es
precisamente en el ámbito de aquél donde se plasma una importante
dimensión de ella, y, por lo mismo, la violación del aludido ámbito traería
aparejado el menoscabo de esa libertad, cuya realización plena tutela la
Constitución Nacional.
6 - Que la eminente jerarquía del derecho a la inviolabilidad del domicilio debe
ser concertada, al igual que el similar derecho a la inviolabilidad de la
correspondencia y de los papeles privados, con el interés social en la
averiguación de los delitos y el ejercicio adecuado del poder de policía. La
propia Constitución lo prevé cuando autoriza en la misma cláusula de su art.
18, referente a la inviolabilidad del domicilio la reglamentación de tal derecho
mediante ley que determine en qué casos y con qué justificativos podrá
procederse a su allanamiento u ocupación. Sin embargo, la íntima conexión
existente entre la inviolabilidad del domicilio, y especialmente de la morada,
con la dignidad de la persona y el respeto de su libertad, imponen a la
reglamentación condiciones más estrictas que las reconocidas respecto de
otras garantías, pues al hallarse aquéllas entrañablemente vinculadas, se las
debe defender con igual celo, porque ninguna cadena es más fuerte que su
eslabón más débil, aunque aquélla no sea reductible a éste. Por consiguiente,
cuando se trata del derecho a la inviolabilidad de la morada, al igual que de
otros del mismo rango, resulta inapropiada la latitud con la cual admiten
restricciones reglamentarias los dictámenes que se encuentran en los
precedentes de Fallos, t. 171, p., 366 y t. 177, p. 390 (Rev. LA LEY, t. 6, p.
428).
La dificultad para acotar de antemano el ámbito de la libertad de cada individuo
no autoriza a concluir que el legislador se encuentra habilitado para efectuar
discrecionalmente dicha acotación. Si así fuera carecería de sentido la elevada
misión de los jueces de preservar la supremacía de la Constitución. Respecto
de éstos, además, la indeterminación intrínseca que cabe reconocer al aludido
ámbito no les impide saber en cada caso concreto, lo que desde el exterior
conforma a la libertad, cuando se la quebranta.
En la materia en examen, las "condiciones razonables" que el legislador se
encuentra autorizado a establecer para el ejercicio del derecho
constitucionalmente reconocido (Fallos, t. 117, ps. 432 y 436) deben ser
consideradas con particular detenimiento y según pautas especialmente
rigurosas, pues está en juego una inestimable libertad personal básica (vid.
como ejemplo de tal doctrina, lo expresado por el juez Black al emitir su voto en
el caso Morey v. Doud 354 U. S. 457, p. 471).
7 - Que, en consecuencia, la confrontación entre dichas pautas de
razonabilidad y las limitaciones impuestas por las leyes reglamentarias a la
inviolabilidad del domicilio excede con mucho lo meramente procesal y
constituye una cuestión federal sustancial que determina en el caso la
procedencia del recurso extraordinario, que ha sido, por lo tanto, mal denegado
por el a quo.
8 - Que, de acuerdo con lo expuesto, el punto constitucional a resolver se
refiere a la determinación de las condiciones mínimas que debe reunir el
consentimiento del interesado para que quepa admitirlo como justificante válido
del ingreso de agentes de policía en la morada sin orden escrita de autoridad
competente, y sin que se den las situaciones de emergencia contempladas por
las leyes procesales.
Tal artículo debe ser meditado en el marco de las reglas principales del
allanamiento de morada, a las que no cabe entender totalmente deferidas por
el art. 18 de la Constitución al solo criterio del legislador.
En efecto, no sería razonable pensar que los constituyentes de 1853, al no
reproducir las normas que sobre la materia fueron consagradas en el derecho
público argentino a partir del decreto de seguridad individual de 1811, hayan
querido despojar de su jerarquía constitucional al núcleo elemental de recaudos
enunciados en dichas normas, los que consisten en la necesidad de una orden
escrita emanada de autoridad competente en la que se delimite el objeto de la
medida.
No hace falta una inteligencia muy trabajada del asunto para comprender que,
a fin de que la libertad no muera de imprecisión, han de interpretarse de
manera particularmente estricta las excepciones que quepa introducir, en los
casos de allanamiento de morada, a la exigencia de orden escrita de autoridad
competente que contenga indicaciones puntuales sobre el lugar y objeto de la
providencia.
En este sentido, no parece que el Código de Procedimientos en Materia Penal
para los tribunales nacionales faculte a prescindir de tal orden escrita de
allanamiento, fuera de los casos de estado de necesidad contemplados por el
art. 189 de ese cuerpo legal, y que otorgue al consentimiento un alcance mayor
que el previsto en el art. 400, inc. 4°, o sea, el asignarle valor a los fines de que
el allanamiento debidamente autorizado se realice de noche, cuando ello por
regla está prohibido.
Los arts. 188 y 189 del Cód. de Proced. en Material Penal disponen: "188. -
Cuando con el mismo objeto de la investigación criminal o aprehensión del
delincuente, fuere necesario penetrar en el domicilio de algún particular, el
funcionario de Policía deberá recabar del Juez competente la respectiva orden
de allanamiento.
189. - Se exceptúa de lo dispuesto en el artículo anterior los casos siguientes:
1°) Cuando se denuncie por uno o más testigos, haber visto personas que han
asaltado una casa, introduciéndose en ella, con indicios manifiestos de ir a
cometer algún delito.
2°) Cuando se introduzca en la casa un reo de delito grave a quien se persigue
para su aprehensión.
3°) Cuando se oigan voces dentro de la casa que anuncien estarse cometiendo
algún delito, o cuando se pida socorro".
La elección de posibilidades interpretativas de la mencionada ley procesal debe
orientarse a la luz de los valores que animan las palabras de la Constitución.
También el legislador, nacional o provincial, deberá ajustar su función
reglamentaria al contorno así iluminado. Pero, al determinar el intérprete las
condiciones mínimas para la validez del allanamiento que se desprenden de la
propia cláusula constitucional, se hallará que el consentimiento revestido de
suficientes garantías de autenticidad no es incompatible por definición con el
amparo de la inviolabilidad de la morada.
Es decir, que el legislador nacional o provincial está autorizado, de lege
ferenda, a dar efectos al consentimiento en esta materia, siendo misión de la
jurisprudencia constitucional establecer los requisitos y alcances que debe
reunir a los fines de no sobrepasar los límites impuestos por el art. 18.
Ahora bien, si la determinación de esos aspectos de índole directamente
constitucional termina arrojando resultados adversos al criterio propiciado por el
a quo en punto al consentimiento legitimarte de la actitud policial, ello bastará
para resolver la causa sin necesidad de erigir en ratio decidendi la
interpretación de la ley procesal.
Sobre el particular, cabe poner de relieve que el a quo deduce la existencia de
tal consentimiento justificante de la falta de resistencia verbal del imputado,
cuando ya se hallaba detenido, a la entrada de los agentes policiales, y,
especialmente, de la falta de oposición expresa de sus padres cuando los
agentes ya se encontraban en el interior de la morada, cuyo ingreso no les
había sido franqueado por los progenitores del aprehendido, a quienes no se
les permitió presenciar el registro practicado en la habitación de aquél. O sea
que sólo la activa protesta frente al hecho consumado excluiría la posibilidad de
entender que ha mediado un consentimiento tácito que, además, tendría el
efecto de excusar a posteriori la entrada no consentida de los agentes
policiales.
Con tal inteligencia, hija de otras épocas y otra inspiración, el a quo establece,
en realidad, una presunción de renuncia a un derecho fundamental basada en
la omisión de una protesta expresa que, en la situación concreta y en el
contexto social y cultural de nuestro país, aparece como una exigencia
desmedida e inmune a la razón, desdice al entendimiento común, el del ámbito
de la doxa que, al fin y al cabo, es el de la imaginación.
Si el consentimiento puede admitirse como una causa de legitimación para
invadir la intimidad de la morada, él ha de ser expreso y comprobadamente
anterior a la entrada de los representantes de la autoridad pública a la vivienda,
no debe mediar fuerza o intimidación, y a la persona que lo presta se le debe
hacer saber que tiene derecho a negar la autorización para el allanamiento. A
este último respecto, la Corte Suprema de los Estados Unidos en un caso del
año 1973 se inclinó a considerar válido el consentimiento aunque no estuviese
probado que quien lo prestó conociese su derecho a no darlo, empero,
reconoció que no podía determinarse la voluntariedad del acto sin tomar en
consideración la aludida circunstancia (Schneckloth v. Bustamante, 412 United
States Reportes 218, p. 249). La Corte es consciente de que la mayor
efectividad del sistema de represión del delito, que puede derivar de la renuncia
al derecho a permanecer callado, no es un argumento constitucionalmente
válido para alentar la confusión o la ignorancia (de los derechos) que posibiliten
"renuncias" de esa naturaleza. En un contexto más bien relativo al derecho de
ser asistido por un defensor, que al denegarse a consentir un allanamiento
domiciliario, el alto tribunal norteamericano recordó con justeza la experiencia
histórica de que "ningún sistema de justicia criminal puede o podría sobrevivir
si dependiese, para mantener su efectividad, de la abdicación que los
ciudadanos hagan, por ignorancia, de sus derechos constitucionales"
(Escobedo v. Illinois, 378 U. S. 478, p. 490).
Si esos requisitos no se respetaran, la garantía de la inviolabilidad del domicilio
valdría apenas nada, sería un puro verbalismo, o una expresión propia del
mundo del "como si", o según dicen los niños "de mentira".
La interpretación del asunto no puede formularse si un claro discernimiento de
las condiciones históricas de nuestra Patria, de su novel reingreso en el camino
del estado de derecho, del débil grado de conciencia práctica de los principios
básicos del gobierno republicano, pese a la creencia ideal en ellos, que Alberdi
señalaba agudamente al comienzo del pasaje citado en el consid. 5°. Hay que
enderezar la espalda y sacudirse ese triste hábito de la sumisión, para evitar
que se perpetúen los usos viciados en los que aparecen unidos, en un extraño
maridaje, el reconocimiento formal de los principios constitucionales y su
reiterada violación en los hechos.
Es interesante transcribir un párrafo del juez Frankfurter. "Por medio de la
declaración de Derechos, los fundadores de este país subordinaron la acción
judicial a restricciones legales, no para conveniencia de los culpables sino para
protección de los inocentes. No dispusieron tampoco que sólo los inocentes
podían recurrir a esta protección. Sabían muy bien que para tener éxito en el
castigo de los culpables no era necesario que se juzgara a los inocentes. La
frecuencia con que se golpeaba a la puerta de un individuo con el pretexto de
arresto, por una ofensa venial, no les era desconocida... Hasta en nuestros
días tenemos tristes recuerdos de esta experiencia... La acción policial, sin el
control judicial, puede llevar a toda clase de extremos. Los fundadores de
nuestra nacionalidad volcaron en la Constitución su convicción de que para
reforzar la ley no era conveniente recurrir al fácil pero peligroso camino de dejar
que los policías determinen cuándo era necesario o no un allanamiento, sin
orden de autoridad competente. El desarrollo de la historia les ha dado la
razón. Podemos afirmar, con certeza, que el delito se combate con mayor
eficacia cuando se cumplen rigurosamente los principios que han inspirado las
restricciones constitucionales sobre la acción de la policía" (Estados Unidos v.
Rabinowitz, 339 U. S. 56, año 1950).
El núcleo del desconocimiento del fenómeno de la delincuencia: el "aquello"
temido de la personalidad del perseguidor que se proyecta en el perseguido, se
tradujo tradicionalmente en un miedo irracional a los delincuentes (o a los
calificados como tales por las autoridades de turno) y a lo que pudiesen
esconder en la esfera de su intimidad.
Ello condujo a los hombres a lo largo de la historia universal, que es también la
de los errores humanos, a irrumpir y a escarbar en dicha esfera -como perros
de presa de entrampado olfato- en busca de una imperiosamente necesaria
materialización sustitutiva del inasible "aquello". Imperiosamente necesaria,
porque frente a la comunidad expectante debía funcionar como justificadora de
la acción, y sólo se puede cumplir este cometido si con la aludida
materialización sustitutiva se mantiene el esoterismo, lo innominado del
"aquello" correlativamente propio de esa misma comunidad, para la cual es
igualmente inefable.
De tal manera se violó y sacrificó durante siglos la libertad de millones de
hombres y mujeres, muchos de los cuales, seguramente, no sufrían un
deterioro psíquico superior al de sus victimarios.
Es finalidad común, y última, de todas las ciencias y disciplinas sociales, la de
lograr un mejor entendimiento comunitario a partir de un conocimiento profundo
de las dimensiones más oscuras de la personalidad del hombre que,
generalmente, funcionan como fuertes obstáculos para su desarrollo e impiden,
así, una buena convivencia.
Por eso es deseable que la jurisprudencia constitucional no se desentienda de
los conceptos de larga elaboración, por la psicología y la sociología, que
resulten auxiliares relevantes en la tarea compartida por científicos y jueces de
procurar el aludido mejor entendimiento comunitario.
En lo que a este punto concierne, no parece que el criterio adoptado por los
magistrados de las instancias anteriores ayude a la consecución de los
trascendentes propósitos mencionados.
9 - Que descartada la existencia de consentimiento que pueda juzgarse como
causa válida de la presencia de los agentes policiales en la vivienda del
imputado, se sigue que los efectos secuestrados a raíz de tal introducción ilegal
en la esfera de la intimidad de aquél, no pueden ser admitidos como elementos
probatorios en la causa, pues el método seguido para su obtención ofende al
sentido de justicia.
Esta Corte, en su actual integración, comparte, pues, el criterio de exclusión
establecido en el precedente de Fallos: 303: 1938, que en ese caso se refiere a
la confesión obtenida mediante medios coercitivos, pero que sienta un principio
general, enunciado en su considerando tercero con palabras extraídas de la
jurisprudencia de la Corte Suprema de los Estados Unidos, al expresar que:
"...el conflicto entre dos intereses fundamentales de la sociedad: su interés en
una rápida y eficiente ejecución de la ley y su interés en prevenir que los
derechos de sus miembros individuales resulten menoscabados por métodos
inconstitucionales de ejecución de la ley...", debe dirimirse eliminando del
proceso penal los elementos de convicción así obtenidos. Proceder de otro
modo comprometería "la buena administración de justicia al pretender
constituirla en beneficiaria del hecho ilícito" (caso citado, consid. 4°).
Por otra parte, al efectuar el balance entre la seguridad y la libertad individual,
debe atenderse el valor de la supervivencia de esta Nación como tierra de
hombres libres (Conf. Warren, "The Bill of Rights and the Military" 36 N. Y. U. L.
Rev. 761, 196, cit. por Oakes, James L., "The proper role of the federal courts
in enforcing the Bill of Rights", New York University, "Law Review", volumen 54,
noviembre de 1979, p. 932), según el propósito de sus creadores enunciado en
el Preámbulo de la Carta de 1853, que no se lograría acentuando el
autoritarismo y la ilegalidad en la averiguación y persecución de los delitos; ni
propiciando un derecho oscuro, nocturnal, cuyas normas son el marco de la
injusticia. La experiencia demuestra que no es por esa vía espúrea y
destructiva del estado constitucional que puede mejorarse la seguridad general
que sólo florece y medra si se procura el perfeccionamiento profesional de los
cuadros policiales, dotándolos de un nivel decoroso de existencia y de los
medios modernos de investigación, y más aún, en el plano general, a través de
la elevación de las condiciones de vida y del pulimento de la organización
social, al que no es ajeno el suministro eficaz de una correcta educación cívica.
La aspiración legítima a que se imponga el valor seguridad se frustra, según lo
comprueba hasta el hartazgo la historia argentina, por la vía del autoritarismo, y
se vislumbra, en cambio, en las perspectivas que abren las sendas de la
libertad.
10 - Que la regla de exclusión tiene otro antecedente en la jurisprudencia de
esta Corte; aparte del citado precedente de Fallos: t. 303, p. 1938 (Rev. LA
LEY, t. 1982-D, p. 225). Dicho antecedente se refiere a la absoluta nulidad
procesal del allanamiento de papeles privados -puntualmente sentadas por la
Corte Suprema de los Estados Unidos a partir del caso Weeks v. United States
(232 U. S. 383, año 1913)- recordado en el dictamen del Procurador General
que aparece en Fallos: t. 249, p. 530 -Rep. LA LEY, t. XXII, p. 1046, sum.
169-), pero que ya se encontraba establecida en Fallos: t. 46, p. 36, por la
Corte Suprema argentina, que al declarar que los papeles privados
ilegítimamente sustraídos a sus poseedores "no pueden servir de base al
procedimiento ni de fundamento al juicio... porque siendo el resultado de un
procedimiento injustificable y condenado por la ley, aunque se haya llevado a
cabo con el propósito de descubrir y perseguir un delito, o de una pesquisa
desautorizada y contraria a derecho, la ley, en el interés de la moral y de la
seguridad y secreto de las relaciones sociales, los declara inadmisibles..." (p.
44). La regla establecida "in re": "Weeks" se reiteró en el caso Mopp v. Ohio,
367 U. S. 643, extendiéndola a los procesos de los estados de la Unión, con
sustento en razones de hondo contenido ético enunciadas por el juez Clark al
afirmar: "Nuestra decisión, fundada en la razón y la verdad, no da al individuo
más de lo que la Constitución le garantiza, al oficial de policía no menos que
aquello que corresponde según la honesta ejecución de la ley, y, a los
tribunales, la integridad judicial tan necesaria en la verdadera administración de
justicia" (p. 660).
En el mismo sentido, afirma Joaquín V. González en el N° 196 del Manual de la
Constitución: "Es un sentimiento universal de respeto el que hace de la
correspondencia particular un objeto cuya violación constituye una grave falta
moral. El derecho de guardar el secreto implica el de comunicarlo a aquellos
que inspiran confianza, a quienes beneficia o perjudica o con quienes se
mantiene relaciones de negocio, de afectos o de algunos de los propósitos
comprendidos dentro de la absoluta libertad de la conciencia individual, y no
puede ser convertido, aun cuando sea ilegalmente descubierto, en instrumento
de acusación o prueba contra su dueño porque será siempre suyo como una
propiedad de su conciencia".
11 - Que lo establecido para el caso del ilegítimo allanamiento de la
correspondencia epistolar y de los papeles privados rige, desde luego, para el
allanamiento ilícito de la morada, toda vez que ambos casos son especies de
un género único, de una garantía que, utilizando los términos de la Corte
Suprema de los Estados Unidos en el caso fallado treinta años antes de
"Weeks": "Boyd v. United States" (116 U. S. 616, año 1886), se refiere "a todas
las invasiones de parte del gobierno y de sus empleados a la santidad del
hogar de cada hombre y de la privacidad de su vida. No es la rotura de sus
puertas, o el hurgar en sus gavetas lo que constituye la esencia de la
infracción: sino la invasión de un inabrogable derecho a la seguridad personal,
a la libertad personal y a la propiedad privada" (p. 630).
12 - Que, como corolario de las reflexiones precedentes, se concluye que el
solo consentimiento expreso debidamente comprobado, con conocimiento del
derecho a no prestarlo, y previo al ingreso de los agentes del orden a la
vivienda puede justificar, si así lo dice la ley procesal, dicho ingreso realizado
sin orden de autoridad competente emitida con los recaudos pertinentes y sin
mediar situaciones definibles como estado de necesidad de acuerdo con la ley.
Asimismo, ha quedado establecido por las razones anteriores que los medios
probatorios incautados mediante un allanamiento ilegal de morada no son
admisibles en juicio y determinan la nulidad de la sentencia que se base
sustancialmente en ellos.
Tal es la situación que se presenta en el sub júdice, pues el corpus delicti sólo
cabría darse por probado mediante los elementos secuestrados con
quebrantamiento de la inviolabilidad del domicilio, lo cual no sólo sustenta la
revocación del pronunciamiento de la alzada sino que determina la exclusión
de la condena.
13 - Que, por último, cabe señalar que la doctrina de este pronunciamiento no
importa abrir juicio sobre la cuestión conexa, pero distinguible, que se propuso
a la Corte en el ya citado caso de Fallos: t. 249, p. 530 (Rep. LA LEY, t. XXII, p.
1046, sum. 169) y que ésta no resolvió. Dicha cuestión se refiere a si es
permisible que el estado invada la esfera de intimidad de una persona con el
solo propósito de obtener pruebas que puedan utilizarse contra ella en juicio
criminal. Este importante problema constitucional, de evidente relieve para este
caso, no ha sido en absoluto planteado en él, lo que, con arreglo de la opinión
de la mayoría de los integrantes del tribunal, que excluye el examen de oficio
de cuestiones constitucionales (Competencia Nº 40, XX, Inhibitoria planteada
en el Juzgado de Instrucción Militar N° 50 de Rosario, en sumario Nº 6/84,
sentencia del 24 de abril de 1984 -Rev. LA LEY, t. 1984-B, p. 426-), no puede
ser considerada en esta ocasión.
En consecuencia, la decisión de esta Corte en la especie se funda en las
conclusiones expresadas en el considerando 12.
En su mérito, y de acuerdo con lo concordantemente dictaminado por el
Procurador General, se declara procedente el recurso deducido, se revoca la
sentencia apelada y, en ejercicio de la facultad conferida por el art. 16 de la ley
48, se absuelve al imputado por el delito objeto de la acusación. - Enrique S.
Petracchi.

También podría gustarte