Unidad 5.
Derecho de los contratos
(continuación)
5.4 Vicios de consentimiento de los contratos
La voluntad es un requisito de la existencia del contrato, y cuando esta
se encuentra libre de vicios es requisito de validez de los actos y
negocios jurídicos.
El consentimiento es la conformidad entre el deseo interno de la persona
y la expresión externa para celebrar un determinado acto jurídico y para
que este produzca los efectos jurídicos propios de él.
Esta manifestación de la voluntad debe coincidir con el deseo interno de
la persona, sin que medie ningún tipo de vicio que invalidaría el contrato
en sí mismo, debiendo advertir que, en el contrato, existirán tantas
declaraciones de voluntad como personas participen en él.
Los vicios del consentimiento son el error, la fuerza y el dolo, conforme
lo prescribe el artículo 1467 del Código Civil. Analice brevemente cada
uno de los vicios del consentimiento, advirtiendo que sobre este tema
hay amplia doctrina y jurisprudencia, por lo que nos limitaremos a
definir lo puntual en tema de contratación.
5.4.1 Error
El error puede provenir de un desconocimiento pleno de la situación
(ignorancia) o de un conocimiento deformado de la realidad, que hace
que la persona vea una realidad distinta de la que es (equivocación).
El error es una falsa representación mental o equivocado conocimiento
de la realidad que vicia el proceso de formación del querer interno, y
que opera como presupuesto para la realización del negocio: o no se
hubiera querido contratar de haberse conocido exactamente la realidad,
o se hubiera querido, pero de otra manera (Arnau Moya, 2008, s.p.)
En el derecho romano existían dos clases de error: aquel que recae en la
realidad y el que consiste en el desconocimiento de una norma de
derecho. El primero se llama error de hecho y el segundo, error de
derecho. El error de hecho se dividía en error in negotio, error in
corpore, error in substantia, error accidental y error in
persona. (Errázuriz Eguiguren, 2008, s.p).
No cualquier error puede acarrear la nulidad del contrato, sino
solamente aquél que se considera relevante; es decir, aquel que haya
influido de forma determinante en la voluntad de los contratantes.
Hay varios tipos de error sobre los cuales puede recaer la manifestación
de la voluntad, esto es un error sobre un punto de derecho; un error
sobre la especie de acto o contrato que se ejecuta o celebra; un error
sobre la cosa misma; un error de hecho, entre otros. La doctrina ha
dividido al error en dos: de derecho y, de hecho.
El error de derecho está contemplado en el artículo 1468 del Código
Civil, y es claro en determinar que el error sobre un punto de derecho no
vicia el consentimiento. El alcance de este error puede ser variado, pues
puede nacer del desconocimiento de la existencia de la norma, el de su
vigencia o incluso de una mala interpretación de la misma. Ningún caso
es considerado vicio del consentimiento.
Doctrinarios modernos consideran que el error de derecho puede ser
considerado vicio del consentimiento si fue la causa principal que llevó a
los contratantes a celebrar el negocio jurídico. Así, en estos casos,
algunos autores dicen que, si las partes conocen defectuosamente la
norma emitiendo una declaración de la voluntad que, de haberla
conocido adecuadamente, no lo habrían hecho, hacen nulo al contrato
(Vial del Río, 2006). A pesar de que estas tendencias en Ecuador no se
discute el criterio de que la ignorancia de la ley, no excusa a persona
alguna, y por lo tanto el error sobre un punto de derecho no es vicio del
consentimiento.
En lo relativo al error de hecho, la doctrina ha clasificado a este en error-
vicio y error-obstáculo. El error-vicio constituye propiamente un vicio del
consentimiento y acarrearía las sanciones derivadas de su tratamiento;
mientras que el error-obstáculo conlleva una desarmonía objetiva entre
la declaración de la voluntad y la voluntad misma. El Código Civil no
hace una distinción al respecto, y a todos los errores contemplados en
esa norma les da el efecto de error-vicio. El error de hecho en nuestro
Código Civil está desarrollado en los artículos 1469 y 1470, haciendo
referencia a lo que la doctrina ha definido como error-obstáculo y error-
vicio, pero sin darle un tratamiento diferente.
5.4.2 Fuerza
La fuerza es el segundo vicio del consentimiento contemplado en
nuestro Código Civil a partir del artículo 1472; así, si el error es un vicio
del conocimiento, la fuerza es un vicio de la libertad.
Puede definirse como el "conjunto de apremios físicos o morales que se
ejercen sobre la voluntad de una persona para que esta dé su
consentimiento a un determinado acto o contrato" (Errázuriz Eguiguren,
2008, s.p.).
Lo que constituye el vicio del consentimiento es el temor infundido en la
víctima, siendo la fuerza la causa, y el temor el efecto. Quien actúa de
determinada manera por temor al cumplimiento de una amenaza que le
causa o le causará sufrimiento, entonces tiene viciado su
consentimiento.
Siguiendo las corrientes de inexistencia de los actos jurídicos, la doctrina
ha clasificado a la fuerza en física y moral:
a. Fuerza física: es aquella que anula completamente la voluntad
de la persona, llegando al ejemplo extremo como aquel que
indica que quien ejerce la fuerza toma la mano de la víctima y
le obliga a firmar o a efectuar una declaración.
b. Fuerza moral: es entendida como aquella que es capaz de
infundir un temor serio en la víctima, que influye en su
conducta derivando en que efectúe un acto o contrato que sin
ello no lo haría.
Los requisitos para que la fuerza se constituiría en un vicio del
consentimiento, conforme prescriben los artículos 1472 y 1473 del
Código Civil, son:
a. Deber ser capaz de producir una impresión fuerte en una
persona de sano juicio, tomando en cuenta su edad, sexo y
condición. Es decir, no cualquier amenaza o tipo de fuerza es
asimilable a vicio del consentimiento, esta debe ser
determinante. El concepto de fuerza no es absoluto y será el
juzgador quien analizará el contexto en el cual se ha efectuado.
Así no es lo mismo una amenaza de golpes a una anciana, que
a un hombre fuerte que puede responder a dichas amenazas.
b. Debe infundir un justo temor a la persona, su cónyuge o alguno
de sus ascendientes o descendientes, a un mal irreparable y
grave. Se puede decir que la amenaza debe ser creíble y que
anuncie un mal irreparable y grave para que constituya un vicio
de consentimiento. Debe revestir gravedad ya sea de su
persona o sea tema por los seres queridos.
La fuerza también debe ser injusta, es decir, no debe ser una amenaza
que nazca en un derecho. Sin embargo, aun siendo justa, viciará el
consentimiento, si la fuerza es usada para obtener más beneficios que
los que legalmente corresponden.
Es importante señalar que la fuerza recae sobre el consentimiento
individual, y, por lo tanto, no importa de dónde proceda la fuerza para
viciar el consentimiento, conforme lo señala el artículo 1473 del Código
Civil, no es necesario que la fuerza sea ejercida por el beneficiario. Por
ejemplo, el padre que obliga a casarse al novio con su hija.
En cuanto al temor reverencial, el Código Civil señala que este no
constituye un vicio del consentimiento, y es entendido como aquel
temor que se tiene por sumisión y respeto hacia ciertas personas como
padres, profesores, etc.
El efecto producido por la fuerza cuando ha sido vicio del
consentimiento, es la nulidad relativa.
5.4.3 Dolo
El artículo 29 del Código Civil, en su inciso final, define al dolo como “la
intención positiva de irrogar injuria a la persona o propiedad del otro”.
Es decir, dolo es la intención de causar daño, a sabiendas de ello.
El dolo, como vicio del consentimiento, “es toda especie de maniobras
reprobadas por la buena fe, que una persona emplea para hacer que
otra incurra en un error que la determine a contratar” (Claro Solar, 1979,
s.p.).
El dolo puede ser considerado desde diversos puntos de vista: a) como
delito, esto es, el delito de dolo, propiamente tal, que se examinará al
estudiar los delitos como fuente de las obligaciones; b) como causal de
inejecución de las obligaciones, es decir, una persona que actúa
premeditadamente, de tal manera que sus acciones le impiden cumplir
una obligación válidamente contraída, y c) como vicio del
consentimiento (Errázuriz Eguiguren, 2008, s.p).
El dolo se divide entre dolo positivo y negativo: el primero es aquel por
el cual hay una acción positiva de causar daño; y, el segundo, aquel por
el cual hay una abstención o silencio de la parte contratante, que induce
a la otra a celebrar el contrato.
Conforme se puede observar en la Ilustración 37, según el Código Civil
en su artículo 1474, se desprenden los requisitos para considerar
cuándo el dolo opera como vicio del consentimiento:
a. Debe ser obra de una de las partes: esta es una diferencia
fundamental con la fuerza, pues, como se había visto, en este
último caso, no importa de dónde provenga la fuerza, sea de la
parte contratante o de un tercero, esta siempre viciará el
consentimiento; no así en el dolo, que debe provenir
necesariamente de una de las partes.
b. Determinante, en el sentido de que sin él no hubieran
contratado: es decir, el dolo debe ser eficaz, o sea, el contrato
debe haberse perfeccionado. El dolo además debe existir al
momento de celebración del contrato, porque es un vicio del
consentimiento.
El inciso final del artículo 1474 del Código Civil prescribe que, en los
demás casos, el dolo solamente dará lugar a la acción de perjuicios
contra la persona o personas que lo han fraguado o que se han
aprovechado de él.
El artículo 1475 del Código Civil dispone que el dolo debe ser probado,
pues su existencia no se presume situación contraria al tema de la
culpa.
Al igual que en el error y la fuerza, este vicio del consentimiento produce
la nulidad relativa.
5.5 Objeto ilícito de los contratos
Conforme se analizó anteriormente, el objeto lícito es el tercer requisito
indispensable para la validez de todo contrato, según lo contemplado en
el artículo 1461 del Código Civil, y consiste en la obligación de dar, hacer
o no hacer.
Los artículos 1476 y 1477 declaran que pueden ser objeto de un
contrato, una o más cosas, presentes o futuras, que se trata de dar,
hacer o no hacer.
El objeto ilícito produce la nulidad del acto o declaración de voluntad,
porque para su validez se requiere que recaiga sobre un objeto y causa
lícita. La falta de causa y la de objeto hace inexistente el acto
jurídicamente, no puede considerarse como un acto en la declaración de
nulidad absoluta.
No hay objeto lícito si el acto jurídico recae en un objeto que atenta
contra la ley, la moral o las buenas costumbres.
La validez del objeto depende del cumplimiento de ciertos requisitos,
que difieren en las obligaciones de dar, de hacer o no de hacer; de la
misma manera, Claro Solar (1979) señala que las obligaciones de dar,
para la validez del objeto debe ser determinado: posible, lícito o
comerciable. En las obligaciones de hacer o de no hacer, el objeto debe
ser: determinado, y posible física y moralmente.
Las características del objeto lícito son:
a. Real: significa que exista al momento de la contratación, o,
según nuestro artículo 1477 del Código Civil, que se espera que
existan (condición suspensiva), pero siempre deben ser
comerciable, esto es, que su circulación esté permitida por la
ley.
b. Comerciable: significa que esté dentro del comercio y sea
susceptible de dominio y posesión por parte de los individuos.
La generalidad será que los bienes son comerciables, salvo los
que la norma determine que no.
c. Determinado: el artículo 1477 del Código Civil exige que las
cosas, que serán objeto de los contratos, estén determinadas o
al menos sean determinables.
d. Posible: es aquel que no es contrario a la naturaleza y
moralmente posible, no es prohibido por las leyes, costumbres
o el orden público.
En cuanto al objeto ilícito será aquel que carece de cualquiera de los
requisitos que la ley señala, tanto cuando consiste en una cosa o en un
hecho.
El Código Civil indica situaciones en las cuales ha de entenderse como
objeto ilícito:
Cuando se contraviene al Derecho Público Ecuatoriano.
Donaciones o contratos sobre sucesiones futuras.
Enajenación de las cosas que no están en el comercio; de los
derechos o privilegios que no pueden transferirse a otra
persona; y, de las cosas embargadas por decreto judicial, a
menos que el juez lo autorice, o el acreedor consienta en ello.
Condonación de dolo futuro.
Deudas contraídas en juegos de azar, en la venta de libros cuya
circulación está prohibida por autoridad competente, de
láminas, pinturas, estatuas, telecomunicaciones, audiovisuales
obscenos, y de impresos condenados como abusivos de la
libertad de opinión y expresión; y generalmente, en todo
contrato prohibido por las leyes.