1. Obras con un yo clásico: odas, elegías y epístolas.
2. Obras en tercera persona: con intervención del yo Égloga I y III; y sin intervención del
yo la Égloga II.
5.2. Égloga. Concepto y visión garcilaiana
Tanto las églogas como los sonetos deben estudiarse como la historia de un proceso amoroso,
igual que el Cancionere de Petrarca, desde un inicio del encuentro con la amada hasta las
reflexiones postmortem. El proceso amoroso puede comenzar con el soneto “no pierda más
quien ha tanto perdido” y terminaría con la Égloga III.
El vocablo égloga, vinculado a la literatura bucólica clásica, se relaciona con el estilo
humilis de la retórica, teniendo en cuenta la llamada rueda virgiliana y el oficium pastorum.
Asimismo, durante el Renacimiento asistimos a la dignificación de mundo pastoril a través de
la alegoría, hecho que ya aparecía en la Coplas de Mingo Revulgo y que continuará en el teatro
con Juan de la Encina y en la poesía con Garcilaso.
ÉGLOGAS: Es en ellas donde el drama pasional de nuestro autor se manifiesta de modo más
coherente y poderoso.
Se cree que la Égloga II es la primera en orden cronológico. Muestra el poeta su amor violento,
el desprecio de la dama, la lucha interna entre ‘’razón’’ y ‘’deseo’’. La solución es típica:
dominarse a sí mismo siguiendo las indicaciones neoplatónicas.
El argumento es el amor del pastor Albanio por la ninfa Camila, que le abandona cuando este
se declara. Al encontrarla de nuevo, intenta retenerla pero ella escapa y él pierde la razón a
consecuencia de su excesivo dolor. Intenta suicidarse, aunque es reducido y atado por sus
compañeros Salicio y Nemoroso (doble alter ego del poeta).
ÉGLOGA I: es posterior a la II y está escrita ya en muerte de Isabel. La égloga consta de dos
partes principales. Después de la dedicatoria de don Pedro de Toledo, el pastor Salicio se
lamenta de la inconstancia de Galatea que le ha abandonado por otro. Es seguido por
Nemoroso que llora la muerte de Elisa. El poema empieza al amanecer y termina con la llegada
de la noche:
un día que marca un ciclo de vida. Aunque se advierte el influjo de Petrarca, hay recuerdos de
la poesía de cancionero. Por ejemplo, el último verso es de Garci Sánchez de Badajoz: «Salid
sin duelo, lágrimas, corriendo». Parker sugiere que el poema gira en torno a la relación entre
deseo individual del amante y la ley natural.
ÉGLOGA III: escrita para rendir homenaje a doña María Osorio. Es de perfecta arquitectura.
Después de una minuciosa descripción del escenario, cuenta cómo a orillas del Tajo cuatro nin-
fas bordan en sus telas historias de amor y muerte. La cuarta ninfa teje precisamente la histo-
ria de Elisa y Nemoroso, que no es más que la historia de Garcilaso e Isabel Freyre, transfor-
mándose, así todo en vida, poesía y bordado. No podemos olvidar la belleza de la siguiente oc-
tava real, que enmarca todo este paisaje bucólico: “Cerca del Tajo en soledad amena, de ver-
des sauces hay una espesura, toda de hiedra revestida y llena, que por el tronco va hasta la al -
tura. Hay una visión equilibrada, armónica y realista, que después en Góngora será barroca.