Hepatitis C
9 de abril de 2024
Datos y cifras
La hepatitis C es una inflamación del hígado causada por el virus de la hepatitis
C.
Este virus puede causar hepatitis aguda o crónica, cuyas manifestaciones
pueden ser leves pero también pueden revestir gravedad, cronificarse y provocar
cirrosis y cáncer hepático.
La transmisión del virus de la hepatitis C es sanguínea; la mayoría de las
infecciones se producen por exposición a la sangre debido a prácticas de
inyección o de atención de salud poco seguras, transfusiones de sangre sin
analizar, consumo de drogas inyectables y prácticas sexuales que conllevan
contacto con sangre.
Se cree que hay 50 millones de personas con infección crónica por el virus de la
hepatitis C en el mundo y que, cada año, se producen alrededor de 1,0 millones
de nuevas infecciones.
La OMS ha calculado que en 2022 fallecieron cerca de 242 000 personas debido a
la hepatitis C, sobre todo por cirrosis y carcinoma hepatocelular (cáncer primario
de hígado).
Los antivíricos de acción directa pueden curar más del 95% de los casos de esta
infección, pero el acceso al diagnóstico y el tratamiento es escaso.
Actualmente, no existe ninguna vacuna eficaz contra la hepatitis C.
Generalidades
La hepatitis C es una infección vírica que afecta al hígado. Puede manifestarse de forma
aguda (a corto plazo) y crónica (a largo plazo), y también puede ser mortal.
La hepatitis C se transmite a través del contacto con sangre infectada, lo que puede
suceder al compartir agujas o jeringuillas o al realizar procedimientos médicos poco
seguros, tales como transfusiones de productos sanguíneos sin analizar.
Entre los síntomas se pueden incluir fiebre, cansancio, pérdida de apetito, náuseas,
vómitos, dolor abdominal, orina oscura y coloración amarillenta de la piel o los ojos
(ictericia).
Aunque no existe una vacuna contra la hepatitis C, se puede tratar con antivíricos.
La detección y el tratamiento precoces pueden prevenir las lesiones graves del hígado y
mejorar la salud a largo plazo.
Las infecciones agudas por el virus de la hepatitis C suelen ser asintomáticas y, en su
mayor parte, no conllevan riesgo mortal. Aproximadamente un 30% (del 15% al 45%) de las
personas infectadas eliminan el virus espontáneamente en un plazo de 6 meses, sin
necesidad de tratamiento.
En el 70% restante (del 55% al 85%), la infección se cronifica. Estos pacientes corren un
riesgo de entre un 15% y un 30% de padecer cirrosis en un periodo de 20 años.
Distribución geográfica
La infección por el virus de la hepatitis C (VHC) ocurre en todas las regiones de la OMS. La
mayor carga de morbilidad se encuentra en la Región del Mediterráneo Oriental, con 12
millones de personas con infección crónica. Tanto en la Región de Asia Sudoriental como
en la Región de Europa hay 9 millones de personas con infección crónica, y en la Región
del Pacífico Occidental hay 7 millones. Ocho millones de personas presentan infección
crónica en la Región de África, y 5 millones en la Región de las Américas.
Transmisión
El VHC se transmite a través de la sangre. Las causas más habituales de transmisión son:
la reutilización o la esterilización insuficiente de material médico en establecimientos
de salud, sobre todo jeringuillas y agujas;
la transfusión de sangre y hemoderivados sin analizar; y
el consumo de drogas inyectables compartiendo el material de inyección.
El VHC puede transmitirse de una madre infectada a su bebé y a través de prácticas
sexuales en las que hay exposición a sangre (puede ocurrirles a las personas que tienen
relaciones sexuales con múltiples personas y a los hombres que mantienen relaciones
sexuales con hombres); sin embargo, estas vías de transmisión son menos frecuentes.
La hepatitis C no se transmite a través de la leche materna, los alimentos o el agua, ni por
contacto ocasional, por ejemplo, a través de abrazos o besos, o por compartir comidas o
bebidas con una persona infectada.
Síntomas
La mayoría de las personas no presentan síntomas en las primeras semanas tras la
infección, y pueden transcurrir entre dos semanas y seis meses antes de que aparezcan.
Si se presentan síntomas, pueden incluir los siguientes:
fiebre
mucho cansancio
pérdida del apetito
náuseas y vómitos
dolor abdominal
orina oscura
heces claras
dolor en las articulaciones
ictericia (coloración amarillenta de los ojos y la piel).
Pruebas y diagnóstico
Como las nuevas infecciones por el VHC suelen ser asintomáticas, se diagnostican pocos
casos cuando son recientes. A menudo, la infección crónica queda sin diagnosticar porque
las personas se mantienen asintomáticas durante décadas, hasta que aparecen síntomas
secundarios al daño hepático grave.
La infección por el VHC se diagnostica en dos etapas:
1. La detección de anticuerpos contra el VHC mediante una prueba serológica revela la
infección.
2. Si la prueba da resultado positivo para esos anticuerpos, se necesita una prueba de
ácido nucleico para el ácido ribonucleico (ARN) del VHC con el fin de confirmar la
infección crónica y la necesidad de tratamiento. Esta prueba es importante porque
alrededor del 30% de las personas infectadas por el VHC eliminan espontáneamente
el virus sin necesidad de tratamiento debido a que se desencadena una fuerte
respuesta inmunitaria. Sin embargo, aunque ya no estén infectadas, seguirán dando
positivo para los anticuerpos contra el VHC. Esta prueba de ácidos nucleicos para
detectar el ARN del VHC se puede hacer en un laboratorio o utilizando un aparato
simple en el punto de atención en un consultorio.
3. Se están ultimando pruebas de diagnóstico innovadoras, como la que detecta el
antígeno central del virus, que permitirán diagnosticar la infección activa en un solo
paso.
Una vez diagnosticada una infección crónica por el VHC se deberá evaluar la magnitud del
daño hepático (fibrosis y cirrosis). Esto puede hacerse por biopsia hepática o mediante
diversas pruebas no invasivas. Las lesiones hepáticas servirán para orientar las decisiones
terapéuticas y clínicas.
El diagnóstico precoz puede prevenir problemas de salud derivados de la infección, y
también la transmisión del virus. La OMS recomienda someter a pruebas a las personas
que puedan correr más riesgo de infectarse.
En los lugares donde la población general tiene una seroprevalencia elevada de anticuerpos
contra el VHC (que se define como una seroprevalencia del 2% o superior, o bien del 5% o
superior), la OMS también recomienda el tamizaje de los donantes de sangre, así como
pruebas específicas o dirigidas a grupos concretos que se encuentren en alto riesgo,
incluidos los migrantes de regiones endémicas, los trabajadores de la salud, los
consumidores de drogas inyectables, las personas que habitan en cárceles y otros entornos
de reclusión, los hombres que tienen relaciones sexuales con hombres, los trabajadores
sexuales y las personas infectadas por el VIH.
Asimismo, la OMS recomienda ofrecer a todos los adultos la posibilidad de hacerse
pruebas de detección del VHC y vincularlas a los servicios de prevención, atención y
tratamiento.
De los 39 millones de personas que, según las estimaciones, están infectadas por el VIH en
el mundo, unos 2,3 millones han dado positivo en una prueba serológica de infección por el
VHC, pasada o actual. A nivel mundial, las hepatopatías crónicas representan una
importante causa de morbilidad y mortalidad entre las personas con VIH.
Tratamiento
Hay tratamientos eficaces frente a la hepatitis C, cuyo fin es curar la enfermedad y prevenir
el daño hepático a largo plazo.
Hay antivíricos, como el sofosbuvir y el daclatasvir, que se usan para tratar la hepatitis C. El
sistema inmunitario de algunas personas puede combatir la infección por sí solo y las
nuevas infecciones no siempre necesitan tratamiento, pero siempre es necesario tratar la
hepatitis C crónica.
Para las personas con hepatitis C puede ser beneficioso cambiar algunos hábitos, como no
tomar bebidas alcohólicas y mantener un peso saludable. Con un tratamiento adecuado,
muchas personas pueden curarse de la infección por hepatitis C y mantenerse sanos.
La OMS recomienda el tratamiento con antivíricos de acción directa (AAD) pangenotípicos
para todos los adultos, adolescentes y niños a partir de los 3 años de edad con infección
crónica por el VHC. Se dispone de tratamientos orales de corta duración con AAD para
curar la enfermedad, los cuales tienen pocos o ningún efecto secundario. Los AAD pueden
curar a la mayoría de las personas infectadas por el VHC. La duración del tratamiento es
breve (normalmente, de 12 a 24 semanas), dependiendo de la ausencia o presencia de
cirrosis. En 2022, la OMS emitió nuevas recomendaciones para tratar a los niños y
adolescentes con los mismos tratamientos pangenotípicos que se prescriben a los adultos.
Los AAD pangenotípicos siguen siendo caros en muchos países de ingreso alto y mediano
alto. Sin embargo, los precios se han reducido drásticamente en muchos países (sobre todo
en los de ingreso bajo y mediano bajo) gracias a la introducción de genéricos. El esquema
terapéutico con AAD pangenotípicos más utilizado y de bajo costo es el que combina
sofosbuvir y daclatasvir. En muchos países de ingreso bajo y mediano, el tratamiento
curativo completo está disponible por menos de US$ 50.
El acceso al tratamiento está mejorando, pero sigue siendo demasiado limitado. Se calcula
que, en 2022, de los 50 millones de personas infectadas por el VHC que había en el mundo,
estaban diagnosticadas el 36% y, a finales de ese mismo año, habían sido tratadas con
AAD en torno al 20% (12,5 millones) de las personas diagnosticadas con infección crónica.
Prestación de servicios
Hasta hace poco, en muchos países las pruebas y tratamientos complejos para la hepatitis
C se hacían en hospitales aplicando modelos de atención dirigidos por especialistas (por lo
general, un hepatólogo o un gastroenterólogo). Actualmente, se dispone de tratamientos
orales de corta duración con AAD pangenotípicos para curar la infección por el VHC, los
cuales tienen pocos o ningún efecto secundario, y requieren poca especialización y
monitoreo. La OMS recomienda que las pruebas, la atención y el tratamiento de las
personas con hepatitis C crónica los puedan gestionar médicos y enfermeros no
especialistas capacitados, gracias a una simplificación de la prestación de servicios que
incluya la descentralización, la integración y la delegación de funciones. Esto puede
realizarse en los establecimientos de atención primaria, en los servicios de reducción de
daños y en las prisiones, lo cual resulta más accesible y cómodo para los pacientes.
Las pruebas, la atención y el tratamiento también se pueden proporcionar ahora de manera
segura en los establecimientos de atención primaria, en los servicios de reducción de daños
y en las prisiones, lo cual resulta más accesible y cómodo para los pacientes.
Prevención
No existe una vacuna eficaz contra la hepatitis C. La mejor manera de prevenir la
enfermedad es evitar el contacto con el virus.
Los establecimientos de salud deben extremar las precauciones, y lo mismo deben hacer
las personas con mayor riesgo infectarse por este virus.
Las personas con mayor riesgo incluyen a aquellas que consumen drogas inyectables, a
hombres que tienen relaciones sexuales con hombres y a las infectadas por el VIH.
Estas son algunas medidas que se pueden tomar para prevenir la transmisión de la hepatitis
C:
la administración correcta y sin riesgos de inyecciones en la atención de la salud;
la manipulación y eliminación seguras de desechos médicos y agujas;
los servicios de reducción de daños para consumidores de drogas inyectables, como
los programas de intercambio de agujas, asesoramiento relativo al abuso de
sustancias y tratamiento con agonistas opiáceos;
el análisis de la sangre donada para detectar el VHC y otros virus;
la formación del personal de salud;
el uso de métodos protectores de barrera durante las relaciones sexuales, como el
preservativo.
Respuesta de la OMS
Gracias a las Estrategias mundiales del sector de la salud contra el VIH, las hepatitis víricas
y las infecciones de transmisión sexual para el periodo 2022-2030, se está guiando al sector
de la salud para aplicar medidas estratégicas que permitan alcanzar los objetivos de poner
fin al sida, las hepatitis víricas (sobre todo, las hepatitis B y C crónicas) y las infecciones de
transmisión sexual de aquí a 2030.
Las estrategias proponen una serie de medidas compartidas y específicas para cada
enfermedad respaldadas por las intervenciones de la OMS y sus asociados. Tienen en
cuenta los cambios epidemiológicos, tecnológicos y contextuales ocurridos en años
anteriores, fomentan el aprendizaje en todas las áreas de las enfermedades y crean
oportunidades para aprovechar las innovaciones y los nuevos conocimientos a fin de
responder eficazmente a las enfermedades. Con estas estrategias se llama a ampliar la
prevención, las pruebas y el tratamiento de las hepatitis víricas, tratando de atender a los
colectivos y grupos de población más afectados y con mayor riesgo de contraer estas
enfermedades, así como de corregir las deficiencias y desigualdades existentes. De ese
modo, se promueven sinergias en el marco de la cobertura sanitaria universal y la atención
primaria y se contribuye a alcanzar las metas de la Agenda 2030 para el Desarrollo
Sostenible.
La OMS organiza campañas anuales del Día Mundial contra la Hepatitis a fin de aumentar
la concienciación y los conocimientos acerca de las hepatitis víricas. Para la edición de
2023, la OMS se centró en el tema «Una vida, un hígado» a fin de ilustrar la importancia de
este órgano para mantenerse sano, y la necesidad de ampliar la prevención, las pruebas y
el tratamiento de las hepatitis víricas con miras a prevenir las enfermedades hepáticas y
alcanzar la meta de eliminación de las hepatitis fijada para 2030.