ARTROSIS:
1. Definición
La artrosis, también conocida como osteoartritis (OA), es una enfermedad degenerativa
crónica de las articulaciones caracterizada por el desgaste del cartílago articular y las
estructuras adyacentes. El cartílago es un tejido liso y resbaladizo que recubre los
extremos de los huesos en una articulación, permitiendo un movimiento sin fricción. En
la artrosis, este cartílago se deteriora progresivamente, volviéndose áspero, delgado y,
en última instancia, desapareciendo. Esto conduce a que los huesos rocen entre sí,
causando dolor, inflamación, rigidez y pérdida de la función articular.
A diferencia de otras formas de artritis, como la artritis reumatoide, la artrosis no es una
enfermedad autoinmune sistémica, sino que se localiza principalmente en las
articulaciones afectadas. Puede afectar cualquier articulación, pero es más común en las
manos, rodillas, caderas y columna vertebral.
2. Factores de Riesgo
Los factores que aumentan la probabilidad de desarrollar artrosis incluyen:
Edad: Es el factor de riesgo más importante. La probabilidad de desarrollar
artrosis aumenta significativamente con la edad, ya que el cartílago se desgasta
con el tiempo.
Género: Las mujeres tienen una mayor probabilidad de desarrollar artrosis,
especialmente después de la menopausia.
Obesidad: El exceso de peso aumenta la carga sobre las articulaciones que
soportan peso, como las rodillas y las caderas, acelerando el desgaste del
cartílago.
Lesiones articulares previas: Traumatismos, fracturas, dislocaciones o cirugías
previas en una articulación pueden aumentar el riesgo de artrosis en esa
articulación en el futuro.
Estrés repetitivo en las articulaciones: Ciertas ocupaciones o deportes que
implican movimientos repetitivos o carga excesiva sobre las articulaciones
pueden contribuir al desarrollo de artrosis.
Genética: Existe una predisposición genética a la artrosis, lo que sugiere que los
antecedentes familiares pueden desempeñar un papel.
Deformidades articulares congénitas o adquiridas: Anormalidades en la
estructura de una articulación, como displasia de cadera o rodilla valga/vara,
pueden alterar la distribución del peso y acelerar el desgaste.
Enfermedades metabólicas: Algunas condiciones como la diabetes, la
hemocromatosis y la enfermedad de Wilson pueden aumentar el riesgo.
Enfermedades inflamatorias crónicas: Aunque la artrosis no es una
enfermedad inflamatoria primaria, condiciones como la artritis reumatoide
pueden dañar el cartílago y predisponer a la artrosis secundaria.
3. Signos y Síntomas
Los signos y síntomas de la artrosis suelen desarrollarse gradualmente y empeorar con
el tiempo. Los más comunes incluyen:
Dolor articular: Es el síntoma principal y a menudo empeora con la actividad y
mejora con el reposo. Puede ser un dolor sordo y constante o un dolor agudo y
punzante.
Rigidez: Especialmente por la mañana o después de períodos de inactividad. La
rigidez matutina en la artrosis generalmente dura menos de 30 minutos, a
diferencia de la artritis reumatoide.
Disminución de la flexibilidad: La articulación afectada puede no poder
moverse a través de su rango completo de movimiento.
Sensación de crepitación o chasquido: Al mover la articulación, se puede
escuchar o sentir un chirrido, crujido o chasquido debido al roce de los huesos.
Hinchazón: Puede haber inflamación alrededor de la articulación afectada, que
a menudo es leve y se debe a la acumulación de líquido.
Sensibilidad: La articulación puede sentirse sensible al tacto.
Formación de espolones óseos (osteofitos): Estos son crecimientos óseos
pequeños y duros que pueden formarse alrededor de la articulación y pueden
sentirse como protuberancias duras.
Debilidad muscular: Los músculos alrededor de la articulación afectada pueden
debilitarse debido al desuso o al dolor.
Deformidad articular: En etapas avanzadas, la articulación puede volverse
visiblemente deforme.
4. Diagnóstico
El diagnóstico de la artrosis se basa en una combinación de:
Historia clínica: El médico preguntará sobre los síntomas, su duración,
intensidad, factores que los alivian o empeoran, antecedentes de lesiones,
enfermedades y antecedentes familiares.
Examen físico: Se evaluará la articulación afectada en busca de sensibilidad,
hinchazón, rango de movimiento, crepitación y deformidad. Se observará la
marcha si la artrosis afecta las articulaciones que soportan peso.
Radiografías (Rayos X): Son la herramienta de imagen más común para
diagnosticar la artrosis. Las radiografías pueden mostrar:
o Estrechamiento del espacio articular (indicativo de pérdida de cartílago).
o Formación de osteofitos (espolones óseos).
o Esclerosis subcondral (aumento de la densidad ósea debajo del cartílago).
o Quistes subcondrales.
Análisis de laboratorio (Exámenes de sangre): Aunque no hay un análisis de
sangre específico para diagnosticar la artrosis, se pueden realizar para descartar
otras formas de artritis con síntomas similares (ej., artritis reumatoide, gota). Los
exámenes de laboratorio que pueden solicitarse incluyen:
o Velocidad de Sedimentación Globular (VSG): Suele ser normal o
ligeramente elevada en la artrosis, pero estará significativamente elevada
en enfermedades inflamatorias.
o Proteína C Reactiva (PCR): Similar a la VSG, suele ser normal o
ligeramente elevada.
o Factor reumatoide (FR): Negativo en la artrosis; positivo en artritis
reumatoide.
o Anticuerpos anti-péptidos citrulinados cíclicos (anti-CCP): Negativo
en la artrosis; positivo en artritis reumatoide.
o Ácido úrico: Para descartar gota, que puede simular síntomas de
artrosis.
o Hemograma completo: Puede ser útil para evaluar el estado general de
salud y descartar otras afecciones.
o Análisis de líquido sinovial: En algunos casos, si hay acumulación
significativa de líquido en la articulación, se puede extraer una muestra
para analizarla. Esto puede ayudar a diferenciar la artrosis de la artritis
infecciosa o la gota.
Otras pruebas de imagen (menos comunes para el diagnóstico inicial de
artrosis simple):
o Resonancia Magnética (RM): Puede proporcionar imágenes más
detalladas del cartílago, los ligamentos, los meniscos y otras estructuras
de tejidos blandos, lo que puede ser útil en casos complejos o para
planificar cirugías.
o Tomografía Computarizada (TC): Rara vez se usa para el diagnóstico
de artrosis, pero puede ser útil para evaluar la estructura ósea en detalle si
se considera una cirugía compleja.
5. Tratamiento
El tratamiento de la artrosis tiene como objetivo aliviar el dolor, mejorar la función
articular, ralentizar la progresión de la enfermedad y mejorar la calidad de vida del
paciente. Es un enfoque multimodal que combina diferentes estrategias.
5.1. Medidas No Farmacológicas
Estas son la base del tratamiento y deben implementarse desde las etapas tempranas de
la enfermedad.
Educación del paciente: Comprender la enfermedad y sus mecanismos es
crucial para el manejo.
Modificación del estilo de vida:
o Pérdida de peso: Si el paciente tiene sobrepeso u obesidad, reducir el
peso corporal disminuye la carga sobre las articulaciones afectadas.
o Ejercicio y actividad física: Un programa de ejercicios adaptado es
fundamental. Incluye:
Ejercicios de bajo impacto: Natación, ciclismo, caminar,
elíptica.
Ejercicios de fortalecimiento: Para los músculos alrededor de la
articulación, lo que ayuda a estabilizarla y reducir el estrés.
Ejercicios de estiramiento y flexibilidad: Para mantener el
rango de movimiento articular.
Fisioterapia: Un fisioterapeuta puede diseñar un programa de ejercicios
individualizado, enseñar técnicas de protección articular y aplicar modalidades
como calor, frío, ultrasonido o electroterapia.
Terapia ocupacional: Ayuda a los pacientes a aprender nuevas formas de
realizar tareas diarias para proteger sus articulaciones.
Dispositivos de asistencia: Bastones, andadores, órtesis o férulas pueden ayudar
a reducir el dolor y mejorar la movilidad.
Aplicación de calor o frío: El calor húmedo puede aliviar la rigidez y el dolor,
mientras que las compresas frías pueden reducir la inflamación y el dolor agudo.
5.2. Tratamiento Farmacológico
Los medicamentos se utilizan para controlar el dolor y la inflamación.
Analgésicos:
o Paracetamol (Acetaminofén): Es el analgésico de primera línea para el
dolor leve a moderado.
Dosis: 500-1000 mg cada 4-6 horas, sin exceder los 4000 mg/día
(o 3000 mg/día en pacientes con riesgo de daño hepático).
Consideraciones: Menos efectos secundarios gastrointestinales
que los AINEs. Riesgo de hepatotoxicidad con dosis elevadas o
uso prolongado en pacientes con disfunción hepática.
Antiinflamatorios No Esteroideos (AINEs): Reducen el dolor y la
inflamación. Se usan cuando el paracetamol es insuficiente.
o AINEs tópicos: (Ej., Diclofenaco gel, Ketoprofeno crema) Se aplican
directamente sobre la piel en la articulación afectada.
Dosis: Seguir las indicaciones del producto, generalmente 2-4
veces al día.
Consideraciones: Menos efectos secundarios sistémicos que los
AINEs orales. Útiles para artrosis localizada.
o AINEs orales: (Ej., Ibuprofeno, Naproxeno, Diclofenaco, Celecoxib)
Ibuprofeno:
Dosis: 200-800 mg cada 6-8 horas, máx. 3200 mg/día.
Naproxeno:
Dosis: 250-500 mg cada 12 horas, máx. 1250 mg/día.
Diclofenaco:
Dosis: 50 mg 2-3 veces al día o 75 mg 2 veces al día,
máx. 150 mg/día.
Celecoxib (inhibidor selectivo de la COX-2):
Dosis: 100-200 mg una o dos veces al día, máx. 400
mg/día.
Consideraciones: Riesgo de efectos secundarios
gastrointestinales (úlcera, sangrado), cardiovasculares (infarto,
accidente cerebrovascular) y renales. Los inhibidores de la COX-
2 (como celecoxib) tienen menor riesgo gastrointestinal, pero
pueden tener un riesgo cardiovascular similar o mayor en algunos
pacientes. Deben usarse con precaución, a la menor dosis efectiva
y por el menor tiempo posible.
Corticosteroides intraarticulares: Inyecciones directamente en la articulación
afectada. Proporcionan alivio temporal del dolor y la inflamación.
o Fármacos: Triamcinolona, Metilprednisolona.
o Dosis: Varía según la articulación y el producto, administrado por un
médico.
o Consideraciones: No más de 3-4 inyecciones por año por articulación,
ya que el uso excesivo puede dañar el cartílago. Alivio que dura semanas
o meses.
Ácido Hialurónico intraarticular (viscosuplementación): Inyecciones de un
gel que imita el líquido sinovial. Puede mejorar la lubricación y la
amortiguación en la articulación.
o Fármacos: Hialuronato de sodio (varias marcas).
o Dosis: Serie de 1 a 5 inyecciones, una vez por semana, dependiendo del
producto.
o Consideraciones: La evidencia de su eficacia es mixta, y los beneficios
son modestos y temporales. No es efectivo en todos los pacientes.
Analgésicos opioides (en casos seleccionados y bajo estricta supervisión):
Tramadol es un opioide débil que puede usarse para dolor moderado a severo
cuando otros tratamientos no son efectivos. Los opioides fuertes se reservan para
casos muy específicos debido al riesgo de dependencia y efectos secundarios.
o Tramadol:
Dosis: 50-100 mg cada 4-6 horas, máx. 400 mg/día.
Consideraciones: Riesgo de náuseas, mareos, estreñimiento y
dependencia.
5.3. Tratamiento Quirúrgico
Se considera cuando los tratamientos no farmacológicos y farmacológicos no
proporcionan un alivio adecuado y la calidad de vida está gravemente afectada.
Artroscopia: Procedimiento mínimamente invasivo que se utiliza para limpiar
la articulación (desbridamiento), eliminar fragmentos de cartílago o reparar
tejidos dañados. Su utilidad en la artrosis de rodilla es limitada y se reserva para
casos muy específicos.
Osteotomía: Se corta y se vuelve a alinear un hueso para redistribuir la carga
sobre la articulación, lo que puede retrasar la necesidad de una artroplastia en
pacientes más jóvenes.
Artroplastia (Reemplazo articular): Es el procedimiento más común y exitoso
para la artrosis severa, especialmente en cadera y rodilla. Se reemplazan las
superficies articulares dañadas por implantes artificiales (prótesis).
o Artroplastia total de rodilla (ATR)
o Artroplastia total de cadera (ATC)
Artrodesis (Fusión articular): En casos muy severos y cuando otras opciones
no son viables, se puede fusionar la articulación para eliminar el dolor, aunque
esto conlleva la pérdida total de movimiento en esa articulación.
6. Cuidados de Enfermería en el Adulto y Adulto Mayor con Artrosis
Los cuidados de enfermería son esenciales para el manejo integral del paciente con
artrosis, enfocándose en el alivio del dolor, la mejora de la función y la promoción de la
independencia.
6.1. Evaluación y Monitoreo
Valoración del dolor: Utilizar escalas de dolor (EVA, escala numérica) para
evaluar la intensidad, características, factores que lo alivian o exacerban.
Monitorear la respuesta al tratamiento analgésico.
Evaluación de la función articular: Medir el rango de movimiento activo y
pasivo, evaluar la rigidez, la crepitación y la estabilidad.
Evaluación de la capacidad funcional: Determinar el impacto de la artrosis en
las actividades de la vida diaria (AVD), movilidad, autocuidado y participación
social. Utilizar herramientas como el WOMAC (Western Ontario and McMaster
Universities Osteoarthritis Index).
Evaluación del estado nutricional: Identificar sobrepeso u obesidad y sus
implicaciones en la carga articular.
Evaluación de la piel: Inspeccionar la piel sobre las articulaciones afectadas en
busca de enrojecimiento, hinchazón o úlceras por presión, especialmente si hay
deformidades o dispositivos de asistencia.
Evaluación de la salud mental: Detectar signos de depresión, ansiedad o
aislamiento social relacionados con el dolor crónico y la limitación funcional.
Monitoreo de efectos secundarios de medicamentos: Vigilar signos de
sangrado gastrointestinal (melena, hematemesis) o disfunción renal con AINEs,
y hepatotoxicidad con paracetamol.
6.2. Manejo del Dolor y la Inflamación
Administración de analgésicos y AINEs: Según la prescripción médica,
monitorizando la eficacia y los efectos adversos.
Aplicación de terapias de calor/frío: Enseñar al paciente la técnica adecuada y
las precauciones.
Fomentar el reposo adecuado: Educar sobre la importancia del reposo en fases
agudas o de exacerbación, alternado con actividad.
Técnicas de distracción y relajación: Enseñar respiración profunda,
meditación, o escuchar música para ayudar a manejar el dolor.
6.3. Promoción de la Movilidad y Función
Fomentar el ejercicio terapéutico: Colaborar con el fisioterapeuta para
asegurar la adherencia a los programas de ejercicios. Enseñar ejercicios de rango
de movimiento activo y pasivo.
Ayuda con la deambulación: Asistir al paciente en el uso correcto de
dispositivos de asistencia (bastones, andadores) para promover la seguridad y
reducir la carga articular.
Técnicas de protección articular: Enseñar al paciente a evitar posiciones o
movimientos que causen dolor, a distribuir el peso equitativamente y a usar
articulaciones más grandes o fuertes para las tareas.
Educación sobre la importancia del equilibrio entre actividad y reposo:
Evitar la inmovilidad prolongada, pero también el sobreesfuerzo.
Modificación del entorno: Recomendar adaptaciones en el hogar (ej., barras de
apoyo en el baño, asientos elevados en el inodoro, eliminar obstáculos) para
mejorar la seguridad y la independencia.
6.4. Educación al Paciente y Familiares
Información sobre la enfermedad: Explicar la artrosis, sus causas, progresión
y las opciones de tratamiento.
Manejo de medicamentos: Explicar el propósito, la dosis, la frecuencia, los
posibles efectos secundarios y las precauciones de cada medicamento.
Importancia del control de peso: Aconsejar sobre dietas saludables y la
necesidad de perder peso si es necesario.
Estrategias de ejercicio: Proporcionar pautas sobre ejercicios seguros y
efectivos.
Uso de dispositivos de asistencia: Instruir sobre el uso adecuado y el
mantenimiento.
Prevención de caídas: Educar sobre los factores de riesgo de caídas y medidas
preventivas.
Manejo del estrés y la fatiga: Ofrecer estrategias para cope con el dolor
crónico y la fatiga.
Importancia del seguimiento médico regular: Enfatizar la necesidad de
consultas periódicas para monitorear la progresión y ajustar el tratamiento.
6.5. Apoyo Psicosocial
Fomentar la expresión de sentimientos: Crear un ambiente de apoyo para que
el paciente exprese sus miedos, frustraciones y preocupaciones relacionadas con
la enfermedad.
Promover la socialización: Animar al paciente a mantener actividades sociales
y evitar el aislamiento.
Derivación a grupos de apoyo o profesionales de la salud mental: Si se
detectan signos de depresión, ansiedad o dificultades en el afrontamiento.
6.6. Cuidados Pre y Postoperatorios (si aplica)
Preparación para la cirugía: Educar al paciente sobre el procedimiento, la
recuperación esperada, el manejo del dolor postoperatorio y la rehabilitación.
Manejo del dolor postoperatorio: Administración de analgésicos según
protocolo, monitoreo de la escala de dolor.
Prevención de complicaciones: Vigilar signos de infección (fiebre,
enrojecimiento, calor en la herida), trombosis venosa profunda (hinchazón, dolor
en la pantorrilla), embolia pulmonar (disnea, dolor torácico).
Movilización temprana: Fomentar la movilización temprana según las
indicaciones médicas para prevenir complicaciones y promover la recuperación.
Rehabilitación: Colaborar estrechamente con el equipo de rehabilitación para
implementar el plan de fisioterapia y terapia ocupacional.