Sonidos de lucha: feminismo y
construcción de discursos
contrahegemónicos en la música urbana
argentina
Josefina Doffo
Relaciones Públicas | Introducción a las Teorías de la Comunicación | 2° año
Profesora Adjunta: Lic. Anabel Urdaniz
03/07/2025
1. Introducción
En los últimos años, la música urbana ha ganado un notable reconocimiento en la cultura
popular argentina, especialmente entre las audiencias jóvenes. Este fenómeno, atravesado por
géneros como el rap, el trap y el freestyle, no solo transformó estéticamente la escena
musical, sino que también se convirtió en un espacio de producción y circulación de sentidos
sociales, políticos y culturales. Dentro de este campo simbólico, emergieron con fuerza las
voces de mujeres y disidencias que comenzaron a ocupar escenarios históricamente
dominados por varones cishetero, produciendo un cambio de paradigma discursivo.
Desde esta perspectiva, el presente ensayo se propone indagar cómo el feminismo, a través de
expresiones musicales en el marco de la música urbana, contribuye a la construcción de
discursos contrahegemónicos que desafían el sentido común patriarcal, visibilizan identidades
subalternizadas y resignifican prácticas culturales. Se abordará el lenguaje como una práctica
social y un espacio de disputa por el poder simbólico, en línea con los aportes de los Estudios
Culturales.
A partir del análisis de entrevistas y producciones de artistas como Sara Hebe, La Joaqui y
Cazzu, se buscará explorar cómo estas referentes feministas utilizan el lenguaje, la estética y
la performance como herramientas de resistencia, intervención y transformación cultural.
Este recorrido estará sustentado en los conceptos de hegemonía, representación y mediación,
propuestos por autores como Antonio Gramsci, Stuart Hall, Jesús Martín Barbero y Jorge
Huergo, cuyas miradas permiten comprender la comunicación como un espacio donde se
produce, circula y disputa el sentido.
De este modo, el objetivo es visibilizar cómo, desde la música urbana, se configuran nuevas
narrativas sociales que interpelan el orden simbólico tradicional y abren caminos hacia una
mayor pluralidad de voces y experiencias en la cultura contemporánea argentina.
2. Marco teórico
Los Estudios Culturales, como corriente crítica, se caracterizan por comprender a la cultura
no como un conjunto de obras elevadas o expresiones artísticas desvinculadas de la vida
social, sino como un espacio de disputa, conflicto y producción de sentido. Desde esta
perspectiva, la cultura es un terreno en el que se ponen en juego luchas simbólicas, y en
donde los discursos cumplen un rol central en la consolidación o transformación del sentido
común.
Uno de los conceptos fundamentales dentro de esta corriente es el de hegemonía, retomado
por los Estudios Culturales a partir de Antonio Gramsci. Según Jorge Huergo, la hegemonía
debe entenderse como “una forma de construcción de consenso a través de la cultura”, en
donde las clases dominantes logran imponer sus intereses como si fueran universales. Sin
embargo, esa hegemonía nunca está garantizada de manera definitiva, sino que debe
renovarse y defenderse permanentemente, ya que siempre puede ser desafiada por discursos
alternativos o contrahegemónicos, como se plantea en el caso de las mujeres en los géneros
de música urbanos, históricamente representados por el género masculino.
Otro aporte clave proviene de Stuart Hall, quien plantea que el lenguaje no es un simple
vehículo neutro para expresar ideas, sino una práctica social mediante la cual se construyen
significados. En su texto “El trabajo de la representación”, Hall sostiene que representar es
producir sentido: no se trata de reflejar un mundo objetivo, sino de construirlo
simbólicamente. Desde esta mirada, los discursos no describen el mundo: lo organizan, lo
jerarquizan y ofrecen una manera de entenderlo. Por eso, disputar el lenguaje implica disputar
el poder.
Desde una perspectiva latinoamericana, Jesús Martín Barbero propone abandonar una mirada
instrumentalista de la comunicación y comprenderla a través del concepto de mediaciones.
Según el autor, es en las prácticas culturales concretas, en los usos sociales del lenguaje y de
los medios, donde se producen sentidos. Esto permite entender a la música urbana no como
una forma alienante o banal, sino como un espacio de producción simbólica desde lo popular,
donde los sectores subalternos pueden apropiarse del lenguaje y resignificarlo.
Finalmente, autores como Roger Silverstone y Washington Uranga invitan a pensar la
comunicación desde su dimensión ética y política. Para Silverstone, los medios son parte de
la “textura de la experiencia” cotidiana, es decir, configuran nuestra manera de habitar el
mundo. Para Uranga, la comunicación es una práctica situada, encarnada en sujetos
concretos, y siempre atravesada por relaciones de poder. Por eso, al analizar los discursos
feministas en la música urbana, es posible observar cómo ciertas artistas utilizan el lenguaje
no solo como forma de expresión, sino como herramienta para intervenir en los sentidos
dominantes, disputar estereotipos de género, y construir nuevas formas de representación.
Desde este enfoque, la música urbana y en particular el trap argentino, puede ser abordada
como un espacio de mediación cultural, donde mujeres y disidencias no solo narran su
experiencia, sino que intervienen en los discursos hegemónicos que históricamente han
invisibilizado sus voces. Así, el análisis de las letras, entrevistas y performances de artistas
como Sara Hebe, La Joaqui o Cazzu permitirá observar cómo se construyen discursos
contrahegemónicos desde el lenguaje, disputando el lugar simbólico de lo femenino y lo
disidente en una cultura que aún se organiza en torno a estructuras patriarcales.
3. Análisis del fenómeno
a. Breve genealogía del machismo en el trap y rap argentino
Históricamente, el trap y el rap han sido géneros musicales atravesados por lógicas
patriarcales. Desde sus orígenes con el hip hop, surgido en el Bronx de Nueva York en
Estados Unidos en la década de 1970 como una expresión cultural de resistencia
afrodescendiente y marginalizada, comenzaron a consolidarse formas musicales específicas
como el rap, centrado en la improvisación y la lírica, y más adelante el trap, caracterizado por
sus bases electrónicas, su lírica cruda y su fuerte impronta callejera. En los años 90, estas
variantes del hip hop comenzaron a expandirse globalmente y llegaron a Argentina, donde se
fueron apropiando de forma progresiva por distintos sectores sociales. Fue recién en esta
última década, cuando estos géneros se expandieron de manera masiva en la escena musical
local, impulsados por la viralización en plataformas digitales, las batallas de freestyle y el
surgimiento de nuevos referentes nacionales.
Sin embargo, a pesar de sus orígenes como forma de expresión popular y contestataria, la
representación femenina en estos géneros musicales siempre estuvo marcada por la
cosificación, la subordinación y el silencio. Las letras de estos géneros se destacan por la
reproducción de discursos machistas que instalan a la mujer como objeto sexual o símbolo de
estatus, construyendo un modelo de masculinidad hegemónica asociado a la violencia, el
poder y el éxito económico.
Como muestra Cavallero (2019), desde el análisis de letras musicales compuestas y
representadas por hombres en géneros como el rap y trap, las mujeres han sido
representadas casi exclusivamente desde un lugar pasivo, instrumentalizadas como trofeo o
amenaza. Este imaginario se reforzaba en videoclips y presentaciones, donde predominaba el
cuerpo hipersexualizado y sumiso. Así, el género funcionaba como una forma de
reproducción cultural de la hegemonía patriarcal, instalando un sentido común que
naturalizaba la desigualdad de género.
b. La irrupción del feminismo en la escena
En este contexto, la irrupción de mujeres y disidencias en la música urbana argentina
representó una transformación discursiva profunda. Con antecedentes como el lanzamiento
del primer disco de la rapera Sara Hebe en 2009, titulado “La Hija del Loco” y el primer tema
de trap solista de una mujer “Efecto 27” protagonizado por La Joaqui en 2014 , diversas
artistas comenzaron a disputar el campo simbólico del trap y el rap desde una perspectiva
feminista, visibilizando otras formas de habitar el deseo, el cuerpo, el territorio y la identidad.
Una de las voces más potentes de esta transformación es Sara Hebe, quien afirma en una
entrevista con Caja Negra que su manera de militar el feminismo es a través de la música:
“Hacer canciones es hacer una banda sonora para las luchas sociales”. Desde sus letras, que
abordan temas como el aborto legal, la salud pública, el racismo y el anticapitalismo, se
constituye como una referente que convierte el lenguaje en una herramienta política. Este
gesto es claramente contrahegemónico. Como plantea Huergo (2007), la hegemonía no se
impone por la fuerza sino por el consenso. En este sentido, las artistas del trap disputan el
orden simbólico machista al visibilizar otras formas de ser mujer o disidencia en lo
urbano-popular.
También La Joaqui, en el programa Soñé que volaba (OLGA), plantea la desigualdad
estructural que enfrentan las mujeres en la industria: “A las mujeres nos llega más tarde el
espacio y las oportunidades”. Asimismo, denuncia que en el género existe una lógica que
impone una competencia obligatoria entre mujeres, desafiando el sentido común que las
enfrenta en lugar de habilitar redes de cooperación. Ella sostiene que, a diario, las artistas que
forman parte de un mismo género musical son puestas en situación de rivalidad entre sí. Sin
embargo, contrariamente a lo que se espera socialmente, muchas de ellas utilizan esa presión
como un motor para aliarse, fortalecerse y ayudarse mutuamente en un entorno aún hostil y
desigual, como es el caso de Sara Hebe, quien cuenta que sus referentes en la escena son
Sasha Sathya y Brava, artistas con las que además de haber colaborado en múltiples
producciones musicales, también entabló un vínculo de amistad.
Cazzu, por su parte, reflexiona sobre las tensiones al ingresar en un género dominado por
varones: “Desafiar lo natural: si esto era muy de varones, yo quería eso”. Su declaración es
una forma explícita de confrontar lo que Hall define como “representaciones dominantes”,
que en este caso se corresponden con estructuras sociales machistas que reforzaban ideas
patriarcales donde el rol de la mujer quedaba reducido a un objeto decorativo, sin posibilidad
de enunciación propia ni reconocimiento artístico. Estas representaciones permanecieron
intactas hasta que voces femeninas comenzaron a irrumpir en los géneros de la música
urbana, desafiando los límites impuestos y visibilizando otras formas de identidad, deseo y
poder simbólico. Cazzu instala en su lugar una voz que desarma las jerarquías simbólicas del
género musical, abriendo camino para nuevas generaciones.
c. La representación del cuerpo y el barrio
La representación del cuerpo en la música urbana argentina adquiere un nuevo sentido a
partir de estas artistas. En lugar de responder al estereotipo del cuerpo disponible o
dominado, aparece el cuerpo como territorio de autonomía, deseo y resistencia. En videoclips
como Teta (Sara Hebe) o Butakera (La Joaqui), el cuerpo femenino se desplaza del lugar de
objeto al de sujeto. Ya no se trata de “ser vista”, sino de mirar, hablar y actuar desde una
posición de poder simbólico.
Asimismo, el barrio, históricamente estigmatizado, aparece como espacio de identidad, fuerza
colectiva y pertenencia. La Joaqui, en muchas de sus canciones, reivindica su origen
atravesado por la marginalidad, construyendo un relato que rompe con la lógica del éxito
individualista y elitista.
d. Redes sociales y mediaciones culturales
Las redes sociales también forman parte del circuito discursivo donde se produce y circula el
sentido. Estas instancias no son ajenas a la lógica de los Estudios Culturales, ya que
constituyen mediaciones clave en la resignificación de identidades, géneros y
territorialidades.
La música urbana, en tanto cultura popular, no puede analizarse como simple reproducción.
Siguiendo a Martín Barbero (1987), las mediaciones son el lugar donde los sentidos se
negocian y los lenguajes se transforman desde abajo. En este sentido, un ejemplo de estas
mediaciones son las batallas de rap, como el Quinto Escalón que funcionaron como espacios
donde se reafirman posicionamientos ideológicos y políticos. Además, esto permitió que el
fenómeno se transmitiera a través de las redes sociales, las cuales funcionaron como
multiplicadoras de estos discursos más allá de la letra de una canción, ampliando el campo de
sentido que construyen estas artistas.
4. Conclusión
A partir del análisis de entrevistas y canciones se pudo observar cómo el lenguaje, entendido
como práctica social, opera como herramienta de poder y de transformación en el campo de
la música urbana argentina. Las artistas analizadas Sara Hebe, La Joaqui y Cazzu no solo
irrumpen en un espacio históricamente hegemonizado por varones cishetero, sino que
también producen sentidos nuevos, contrahegemónicos, que visibilizan otras formas de
habitar el género, pensar lo político y construir identidad desde el cuerpo, el barrio y la
disidencia.
Desde los Estudios Culturales, se comprende que las prácticas culturales no son neutrales ni
pasivas, sino escenarios de disputa simbólica, donde se ponen en juego valores, identidades y
representaciones. En este sentido, el feminismo no se limita a una reivindicación discursiva
sino que se manifiesta en la forma de cantar, de representar, de ocupar el espacio y de
construir comunidad. Las canciones, entrevistas y performances de estas artistas funcionan
como mediaciones activas que reconfiguran el sentido común patriarcal.
Tal como plantea Silverstone (2001), los medios no son un fenómeno externo a la vida social,
sino parte de su textura. En ese marco, la música urbana aparece como un espacio clave para
observar las transformaciones culturales en torno al lenguaje y el género. Es desde esa textura
hecha de sonidos, cuerpos y palabras, que las voces subalternas logran nombrarse, resistir y
construir nuevas narrativas posibles.
Así, estas artistas no solo hacen música: disputan el significado de lo visible, de lo decible y
de lo vivible. En un presente atravesado por luchas sociales, su lenguaje se vuelve poder. Y
su poder, sonido de lucha.
5. Bibliografía
● Hall, S. (1997). El trabajo de la representación. En S. Hall (ed.), Representation:
Cultural Representations and Signifying Practices (pp. 13–74). Londres: Sage
Publications.
● Huergo, J. (2007). Hegemonía. Un concepto clave para comprender la comunicación.
Universidad Nacional de La Plata.
● Martín-Barbero, J. (1987). De los medios a las mediaciones. Comunicación, cultura y
hegemonía. México: G. Gili.
● Silverstone, R. (2001). ¿Por qué estudiar los medios?. Capítulo 1: La textura de la
experiencia. Buenos Aires: Amorrortu.
● Uranga, W. (s.f.). Mirar desde la comunicación. Apunte de cátedra. Universidad
Nacional de Buenos Aires.
Bibliografía complementaria
● Cavallero, C. (2019). La representación de la mujer en las letras del trap argentino.
Trabajo final de graduación, Universidad de San Andrés.
● Narpe Papaleo, G. (2022). Rap, trap y freestyle: una aproximación hacia nuevos
modos de producción de sentido desde la composición y recepción en la música
popular en Argentina. Tesina de grado, Universidad de Buenos Aires.
6. Anexos
Anexo I – Fragmentos de entrevistas utilizadas:
1. Sara Hebe – Entrevista en Caja Negra (Filo News, 2020)
2. La Joaqui – Fragmento del programa “Soñé que volaba” (OLGA, 14/11/2023)
3. Cazzu – Entrevista (El Mundo, 2023)
Anexo II – Fragmentos de letras analizadas y canciones utilizadas en el video:
● Teta – Sara Hebe
● El Marginal- Sara Hebe
● Butakera – La Joaqui
● Nena Trampa – Cazzu
(Se utilizaron fragmentos de estas canciones en el video realizado como complemento del
ensayo)