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Textos Nietzsche

El documento explora la idea del 'mundo verdadero' y su relación con la filosofía, cuestionando la validez de conceptos filosóficos tradicionales y proponiendo que la realidad se basa en la percepción sensorial. Se distingue entre la moral de señores y la moral de esclavos, sugiriendo que la moral de los esclavos surge del resentimiento y la reacción a un mundo opuesto. Además, se discute la dualidad en el arte entre lo apolíneo y lo dionisíaco, destacando su importancia en la estética.

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Textos Nietzsche

El documento explora la idea del 'mundo verdadero' y su relación con la filosofía, cuestionando la validez de conceptos filosóficos tradicionales y proponiendo que la realidad se basa en la percepción sensorial. Se distingue entre la moral de señores y la moral de esclavos, sugiriendo que la moral de los esclavos surge del resentimiento y la reacción a un mundo opuesto. Además, se discute la dualidad en el arte entre lo apolíneo y lo dionisíaco, destacando su importancia en la estética.

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1º.

CAPITULO VI
LOCURA Y SILENCIO

Historia de un error.

1. El mundo verdadero, asequible al sabio, al piadoso, al virtuoso, —él vive en ese


mundo, es ese mundo.
(La forma más antigua de la Idea, relativamente inteligente, simple, convincente.
Transcripción de la tesis «Yo, Platón, soy la verdad»).

2. El mundo verdadero, inasequible por ahora, pero prometido al sabio, al piadoso, al


virtuoso («Al pecador que hace penitencia»).
(Proceso de la Idea; ésta se vuelve más sutil, más capciosa, más inaprensible —se
convierte en una mujer, se hace cristiana…).

3. El mundo verdadero, inasequible, indemostrable, imprometible, pero ya en cuanto


pensado, un consuelo, un imperativo.
(En el fondo el viejo sol, pero visto a través de la niebla y el escepticismo; la Idea,
sublimada, pálida, nórdica, könisbergense).

4. El mundo verdadero —¿inasequible? En todo caso, inalcanzado, también desconocido.


Por consiguiente, tampoco consolador, redentor, obligante; ¿a qué podría obligarnos algo
desconocido?…
(Mañana gris. Primer bostezo de la razón. Canto del gallo del positivismo).

5. El «mundo verdadero» —una Idea que ya no sirve para nada, que ya ni siquiera
obliga—, una Idea que se ha vuelto inútil, superflua, por consiguiente, una Idea refutada;
¡eliminémosla!
(Día claro; desayuno; retorno del bons sens y de la jovialidad; rubor avergonzado de
Platón; ruido endiablado de todos los espíritus libres)

6. Hemos eliminado el mundo verdadero: ¿qué mundo ha quedado?, ¿acaso el


aparente?… ¡No!, ¡al eliminar el mundo verdadero hemos eliminado también el aparente!
(Mediodía; instante de la sombra más corta; final del error más largo; punto culminante
de la humanidad; INCIPIT ZARATRUSTA (comienza Zaratrusta).

Frederic Nietzsche. El crepúsculo de los ídolos.


2º.
Crepúsculo de los ídolos (1888). (Trad. A. Sánchez Pascual)

LA RAZÓN EN LA FILOSOFÍA.

¿Me pregunta usted qué cosas son idiosincrasia en los filósofos?... Por ejemplo, su falta
de sentido histórico, su odio a la noción misma de devenir, su egipticismo. Ellos creen
otorgar un honor a una cosa cuando la deshistorizan, sub specie aeterni [desde la
perspectiva de lo eterno], cuando hacen de ella una momia. Todo lo que los filósofos han
venido manejando desde hace milenios fueron momias conceptuales; de sus manos no
salió vivo nada real. Matan, rellenan de paja, esos señores idólatras de los conceptos,
cuando adoran, se vuelven mortalmente peligrosos para todo, cuando adoran. La muerte,
el cambio, la vejez, así como la procreación y el crecimiento son para ellos objeciones,
incluso refutaciones. Lo que es no deviene; lo que deviene no es... Ahora bien, todos ellos
creen, incluso con desesperación, en lo que es. Mas como no pueden apoderarse de ello,
buscan razones de por qué se les retiene. "Tiene que haber una ilusión, un engaño en el
hecho de que no percibamos lo que es: ¿dónde se esconde el engañador? - "Lo tenemos,
gritan dichosos, ¡es la sensibilidad! Estos sentidos, que también en otros aspectos son tan
inmorales, nos engañan acerca del mundo verdadero. Moraleja: deshacerse del engaño
de los sentidos, del devenir, de la historia [Historie], de la mentira, la historia no es más
que fe en los sentidos, fe en la mentira. Moraleja: decir no a todo lo que otorga fe a los
sentidos, a todo el resto de la humanidad: todo él es "pueblo". (¡Ser filósofo, ser momia,
representar el monótonoteísmo con una mímica de sepulturero! (¡Y, sobre todo, fuera el
cuerpo, esa lamentable idée fixe [idea fija] de los sentidos!, (¡sujeto a todos los errores de
la lógica que existen, refutado, incluso imposible, aun cuando es lo bastante insolente
para comportarse como si fuera real! ... "

Pongo a un lado, con gran reverencia, el nombre de Heráclito. Mientras que el resto del
pueblo de los filósofos rechazaba el testimonio de los sentidos porque éstos mostraban
pluralidad y modificación, él rechazó su testimonio porque mostraban las cosas como si
tuviesen duración y unidad. También Heráclito fue injusto con los sentidos. Estos no
mienten ni del modo como creen los eléatas ni del modo como creía él, no mienten de
ninguna manera. Lo que nosotros hacemos. de su testimonio, eso es lo que introduce la
mentira, por ejemplo, la mentira de la unidad, la mentira de la coseidad, de la sustancia,
de la duración... La "razón" es la causa de que nosotros falseemos el testimonio de los
sentidos. Mostrando el devenir, el perecer, el cambio, los sentidos no mienten... Pero
Heráclito tendrá eternamente razón al decir que el ser es una ficción vacía. El mundo
"aparente" es el único: el "mundo verdadero" no es más que un añadido mentiroso...
3

¡Y qué sutiles instrumentos de observación tenemos en nuestros sentidos! Esa nariz,


por ejemplo, de la que ningún filósofo ha hablado todavía con veneración y gratitud, es
hasta este momento incluso el más delicado de los instrumentos que están a nuestra
disposición: es capaz de registrar incluso diferencias mínimas de movimiento que ni
siquiera el espectroscopio registra. Hoy nosotros poseemos ciencia exactamente en la
medida en que nos hemos decidido a aceptar el testimonio de los sentidos, en que
hemos aprendido a seguir aguzándolos, armándolos, pensándolos hasta el final. El
resto es un aborto y todavíanociencia: quiero decir, metafísica, teología, psicología,
teoría del conocimiento. 0 ciencia formal, teoría de los signos: como la lógica, y esa
lógica aplicada, la matemática. En ellas la realidad no llega a aparecer, ni siquiera como
problema; y tampoco como la cuestión de qué valor tiene en general ese
convencionalismo de signos que es la lógica.

La otra idiosincrasia de los filósofos no es menos peligrosa: consiste en confundir lo


último y lo primero. Ponen al comienzo, como comienzo, lo que viene al final (¡por
desgracia!, (pues no debería siquiera venir) los "conceptos supremos", es decir, los
conceptos más generales, los más vacíos, el último humo de la realidad que se
evapora. Esto es, una vez más, sólo expresión de su modo de venerar: a lo superior no
le es lícito provenir de lo inferior, no le es lícito provenir de nada... Moraleja: todo lo
que es de primer rango tiene que ser causa sui [causa de sí mismo]. El proceder de
algo distinto es considerado como una objeción, como algo que pone en entredicho el
valor. Todos los valores supremos son de primer rango, ninguno de los conceptos
supremos, lo existente, lo incondicionado, lo bueno, lo verdadero, lo perfecto ninguno
de ellos puede haber devenido, por consiguiente, tiene que ser causa sui. Mas ninguna
de esas cosas puede ser tampoco desigual una de otra, no puede estar en
contradicción consigo misma... Con esto tienen los filósofos su estupendo concepto
"Dios"... Lo último, lo más tenue, lo más vacío es puesto como lo primero, como causa
en sí, como ens realissimum [ente realísimo]... ¡Que la humanidad haya tenido que
tomar en serio las dolencias cerebrales de unos enfermos tejedores de telarañas! (¡Y
lo ha pagado caro! ...

Contrapongamos a esto, por fin, el modo tan distinto como nosotros (digo nosotros
por cortesía ...) vemos el problema del error y de la apariencia. En otro tiempo se
tomaba la modificación, el cambio, el devenir en general como prueba de apariencia,
como signo de que ahí tiene que haber algo que nos induce a error. Hoy, a la inversa,
en la exacta medida en que el prejuicio de la razón nos fuerza a asignar unidad,
identidad, duración, sustancia, causa, coseidad, ser, nos vemos en cierto modo cogidos
en el error, necesitados al error; aun cuando, basándonos en una verificación rigurosa,
dentro de nosotros estemos muy seguros de que es ahí donde está el error. Ocurre
con esto lo mismo que con los movimientos de una gran constelación: en éstos el error
tiene como abogado permanente a nuestro ojo, allí a nuestro lenguaje. Por su génesis
el lenguaje pertenece a la época de la forma más rudimentaria de psicología:
penetramos en un fetichismo grosero cuando adquirimos consciencia de los
presupuestos básicos de la metafísica del lenguaje, dicho con claridad: de la razón. Ese
fetichismo ve en todas partes agentes y acciones: cree que la voluntad es la causa en
general, cree en el "yo", cree que el yo es un ser, que el yo es una sustancia, y proyecta
sobre todas las cosas la creencia en la sustanciayo así es como crea el concepto
"cosa"... El ser es añadido con el pensamiento, es introducido subrepticiamente en
todas partes como causa; del concepto "yo" es del que se sigue, como derivado, el
concepto "ser"... Al comienzo está ese grande y funesto error de que la voluntad es
algo que produce efectos, de que la voluntad es una facultad... Hoy sabemos que no
es más que una palabra... Mucho más tarde, en un mundo mil veces más ilustrado,
llegó a la consciencia de los filósofos, para su sorpresa, la seguridad, la certeza
subjetiva en el manejo de las categorías de la razón: ellos sacaron la conclusión de que
esas categorías no podían proceder de la empiria, la empiria entera, decían, está, en
efecto, en contradicción con ellas.) ¿De dónde proceden, pues? Y tanto en India como
en Grecia se cometió el mismo error: "nosotros tenemos que haber habitado ya alguna
vez en un mundo más alto ( en lugar de en un mundo mucho más bajo: (¡lo cual habría
sido la verdad!), nosotros tenemos que haber sido divinos, (¡pues poseemos la razón!”
... De hecho, hasta ahora nada ha tenido una fuerza persuasiva más ingenua que el
error acerca del ser, tal como fue formulado, por ejemplo, por los eléatas: (¡ese error
tiene en favor suyo, en efecto, cada palabra, cada frase que nosotros pronunciamos!
También los adversarios de los eléatas sucumbieron a la seducción de su concepto de
ser: entre otros Demócrito, cuando inventó su átomo... La "razón" en el lenguaje: (¡oh,
qué vieja hembra engañadora! Temo que no vamos a desembarazarnos de Dios
porque continuamos creyendo en la gramática...

Se me estará agradecido si condenso un conocimiento tan esencial, tan nuevo, en


cuatro tesis: así facilito la comprensión, así provoco la contradicción.

Primera tesis. Las razones por las que "este" mundo ha sido calificado de aparente
fundamentan, antes bien, su realidad, otra especie distinta de realidad es
absolutamente indemostrable.

Segunda tesis. Los signos distintivos que han sido asignados al "ser verdadero" de las
cosas son los signos distintivos del noser, de la nada, a base de ponerlo en
contradicción con el mundo real es como se ha construido el "mundo verdadero": un
mundo aparente de hecho, en cuanto es meramente una ilusión ópticomoral.

Tercera tesis. Inventar fábulas acerca de "otro" mundo distinto de este no tiene
sentido, presuponiendo que no domine en nosotros un instinto de calumnia, de
empequeñecimiento, de recelo frente a la vida: en este último caso tomamos
venganza de la vida con la fantasmagoría de "otra" vida distinta de ésta, "mejor" que
ésta.
Cuarta tesis. Dividir el mundo en un mundo "verdadero" y en un mundo "aparente", ya
sea al modo del cristianismo, ya sea al modo de Kant (en última instancia, un cristiano
alevoso), es únicamente una sugestión de la décadence, un síntoma de vida
descendente... El hecho de que el artista estime más la apariencia que la realidad no
constituye una objeción contra esta tesis. Pues "la apariencia" significa aquí la realidad
una vez más, sólo que seleccionada, reforzada, corregida... El artista trágico no es un
pesimista, dice precisamente sí incluso a todo lo problemático y terrible, es dionisíaco..


“En mi peregrinación a través de diversas morales. más delicadas y más generosas,
que hasta ahora han dominado o continúan dominando en la tierra, he encontrado
ciertos rasgos que se repiten juntos y que se coligan entre sí de modo regular: hasta
que por fin se me han revelado dos tipos básicos y se ha puesto de relieve una
diferencia fundamental. Hay una moral de señores y una moral de esclavos. Me
apresuro a añadir que en todas las culturas más altas y más mezcladas aparecen
también intentos de mediación entre ambas morales, y que con mayor frecuencia aun
aparece la confusión de las mismas y su recíproco mal entendido, y hasta a veces una
ruda yuxtaposición entre ellas incluso en el mismo nombre, dentro de una sola alma.
Las diferenciaciones morales de los valores han surgido o bien entre una especie
dominante, la cual adquirió consciencia, con un sentimiento de bienestar, de su
diferencia frente a la especie dominada o bien entre los dominados, los esclavos y los
subordinados de todo grado.”
Más allá del bien y del mal


“La rebelión de los esclavos en la moral comienza cuando el resentimiento mismo se
vuelve creador y engendra valores: el resentimiento de aquellos seres a quienes les
está vedada la auténtica reacción, la de la acción, y que se desquitan triunfalmente con
una venganza imaginaria. Mientras que toda moral noble nace de un triunfante sí
dicho a si mismo, la moral de los esclavos dice no, ya de antemano, a un "fuera", a un
"otro", a un "no-yo"; y ese no es lo que constituye su acción creadora. Esta inversión
de la mirada que establece valores -este necesario dirigirse hacia fuera en lugar de
volverse hacia sí- forma parte precisamente del resentimiento: para surgir, la moral de
los esclavos necesita siempre primero de un mundo opuesto y externo, necesita,
hablando fisiológicamente, de estímulos exteriores para poder en absoluto actuar: su
acción es, de raíz, reacción.”
La genealogía de la moral


“Mucho es lo que habremos ganado para la ciencia estética cuando hayamos llegado
no sólo a la intelección lógica, sino a la seguridad inmediata de la intuición de que el
desarrollo del arte está ligado a la duplicidad de lo apolíneo y de lo dionisíaco: de
modo similar a como la generación depende de la dualidad de los sexos entre los
cuales la lucha es constante la reconciliación se efectúa sólo periódicamente. Estos
nombres que se los tomamos en préstamo a 2 los griegos, los cuales hacen
perceptibles al hombre inteligente las profundas doctrinas secretas de su visión del
arte, no ciertamente. con conceptos, sino con las figuras incisivamente claras del
mundo de sus dioses. Con sus dos divinidades artísticas, Apolo y Dioniso, se enlaza
nuestro conocimiento de que en el mundo griego subsiste una antítesis enorme, en
cuanto a origen y metas, entre el arte del escultor. arte apolíneo y el arte informe de la
música, que es el arte de Dioniso: esos dos instintos tan diferentes marchan uno al
lado de otro, casi siempre en abierta discordia entre sí y excitándose mutuamente a
dar luz frutos nuevos y cada vez más vigorosos, para perpetuar en ellos la lucha de
aquella antítesis, sobre la cual sólo en apariencia tiende un puente la común palabra
"arte": hasta que, finalmente, por un milagroso acto metafísico de la "voluntad"
helénica, se muestran apareados entre sí, y en ese apareamiento acaban engendrando
la obra de arte a la vez dionisíaca y apolínea de la tragedia ática.”
El nacimiento de la tragedia


“He dado a entender de qué modo fascinaba Sócrates: parecía que era un médico, un
salvador. ¿Es necesario aún señalar el error contenido en su creencia en la
"razonabilidad" a cualquier precio? [...] Sócrates era un malentendido; toda la moral
de mejora, también la cristiana, era un malentendido... La más cegadora luz del día, la
razonabilidad a cualquier precio, la vida clara, fría, atenta, consciente, sin instinto, en
oposición a los instintos era también únicamente una enfermedad, otra enfermedad y,
desde luego, ninguna vuelta a la "virtud", a la "salud", a la felicidad... Tener que luchar
contra los instintos es la fórmula para llegar a la decadencia: mientras la vida está en
fase ascendente. la felicidad es igual a instinto.”
El crepúsculo de los ídolos (El problema de
Sócrates)


“El fanatismo con que la reflexión griega enterase lanza a la racionalidad delata una
situación apurada; se estaba en peligro, se tenía una sola elección: o bien perecer o
bien ser absurdamente racionales... El moralismo de los filósofos griegos a partir de
Platón tiene unos condicionamientos patológicos; y lo mismo su aprecio a la
dialéctica. Razón=virtud= felicidad significa simplemente: hay que imitar a Sócrates e
implantar de manera permanente, contra los apetitos oscuros, una luz diurna: la luz
diurna de la razón. Hay que ser inteligentes, claros, lúcidos a cualquier precio: toda
concesión a los instintos, a lo inconsciente, conduce hacia abajo…”
El crepúsculo de los ídolos.

“Escuchad y os diré lo que es el superhombre. El superhombre es el sentido de la
tierra. Que vuestra voluntad diga: sea el superhombre el sentido de la tierra. ¡Yo os
conjuro, hermanos míos, a que permanezcáis fieles al sentido de la tierra y no prestéis
fe a los que os hablan de esperanzas ultraterrenas! Son destiladores de veneno,
conscientes o inconscientes. Son despreciadores de la vida; llevan dentro de sí el
germen de la muerte y están ellos mismos envenenados. La Tierra, está cansada de
ellos: ¡muéranse pues de una vez! “Yo os enseño el superhombre. El hombre es algo
que debe ser superado. ¿Qué habéis hecho para superarlo? (…) El superhombre es el
sentido de la tierra”. “El hombre es una cuerda tendida entre el animal y el
superhombre, -una cuerda sobre un abismo (…) La grandeza del hombre está en ser un
puente y no una meta”. “Voy a hablarles de lo más despreciable: el último hombre (…)
que todo lo empequeñece”.
Así habló Zaratustra


“La humanidad no representa una evolución hacia algo mejor, o más fuerte, o más
alto, al modo como hoy se cree eso. El “progreso” es meramente una idea moderna, es
decir, una idea falsa. El europeo de hoy sigue estando, en su valor, profundamente por
debajo del europeo del Renacimiento; una evolución posterior no es sin más, por una
necesidad cualquiera, una elevación, una intensificación, un fortalecimiento. En otro
sentido se da, en las más diversas culturas, un logro continuo de casos singulares, con
los cuales un tipo superior hace de hecho la presentación de sí mismo: algo que, en
relación con la humanidad en su conjunto, es una especie de superhombre. Tales casos
afortunados de gran logro han sido posibles siempre y serán acaso posibles siempre. E
incluso generaciones, estirpes, pueblos enteros pueden representar, en determinadas
circunstancias, tal golpe de suerte”.
El crepúsculo de los ídolos

10º
La fe cristiana es, desde el principio, sacrificio: sacrificio de toda libertad, de todo
orgullo, de toda autocerteza del espíritu; a la vez, sometimiento y escarnio de sí
mismo, mutilación de sí mismo. Hay crueldad y hay fenicismo religioso en esa fe,
exigida a una conciencia reblandecida, compleja y muy mimada: su presupuesto es que
la sumisión del espíritu produce un dolor indescriptible, que el pasado entero y los
hábitos todos de semejante espíritu se oponen a ese absurdissimum [cosa totalmente
absurda] que se le presenta como "fe" (...) Lo que nos deja asombrados en la
religiosidad de los antiguos griegos es la indómita plenitud de agradecimiento que de
ella brota: - ¡es una especie muy aristocrática de hombre la que adopta esa actitud
ante la naturaleza y ante la vida!- Más tarde, cuando la plebe alcanza la
preponderancia en Grecia, prolifera el temor también en la religión; y el Cristianismo
se estaba preparando. Más allá del bien y del mal La muerte de Dios ¡Dios ha muerto!
¡Dios está muerto!, y ¡nosotros lo hemos matado! ¿Cómo podemos consolarnos los
más asesinos de los asesinos? Lo más santo y lo más poderoso que el mundo poseía
hasta ahora se ha desangrado bajo nuestros cuchillos. ¿Quién puede limpiarnos esta
sangre? ¿Qué fiestas expiatorias o qué juegos sagrados deberíamos inventar? ¿No es
demasiado grande para nosotros la grandeza de este hecho? ¿No deberíamos
convertirnos en dioses nosotros mismos, sólo para aparecer dignos de ello? No hubo
nunca hecho más grande, y cuantos nazcan después de nosotros pertenecerán a una
historia superior a toda la historia precedente, a causa de este hecho.
La Gaya ciencia

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