Universidad Global Latinoamericana
Doctorado en educación
Tendencias contemporáneas de la educación
Actividad 7
Ensayo: "Educación a distancia con enfoque intercultural y basado en
competencias: hacia una enseñanza inclusiva y eficaz"
Equipo 5
Docente: Dr. Enrique Rentería Castro
Doctorantes:
Mtra. Barrera Vargas Yarency
Mtro. Canché Manrrique Abigael
Mtra. Elias Nungaray Leslie Elizabeth
Mtra. García Morales Grecia Alexandra
Mtra. Gutiérrez Burguete Tania Maribel
Mtro. Rey Gaytán Saúl Gerardo
24 DE JUNIO 2025
"Educación a distancia con enfoque intercultural y basado en competencias:
hacia una enseñanza inclusiva y eficaz"
(GRECIA ALEXANDRA GARCÍA MORALES, TANIA MARIBEL
GUTIÉRREZ BURGUETE, SAUL GERARDO REY GAYTÁN, LESLIE
ELIZABETH ELIAS NUNGARAY, YARENCY BARRERA VARGAS,
ABIGAEL CANCHÉ MANRIQUE)
[email protected]
Código: https://orcid.org/
Universidad Global Latinoamericana Estado de México, México.
RESUMEN
Este ensayo analizó la conexión de tres enfoques educativos contemporáneos: la
educación a distancia, la educación intercultural crítica y la educación basada en
competencias. En un contexto marcado por la acelerada transformación digital,
las crecientes desigualdades sociales y la urgente necesidad de construir
propuestas educativas más inclusivas y equitativas, estas tres perspectivas
convergen para ofrecer un modelo pedagógico integral, flexible y humanista.
La educación a distancia evolucionó como una modalidad que garantizó acceso,
flexibilidad y continuidad educativa. Su implementación efectiva exigió un
rediseño didáctico centrado en el estudiante, el uso adecuado de tecnologías
digitales, así como el fortalecimiento de la tutoría, la comunicación constante y
la retroalimentación oportuna. Por su parte, la educación intercultural crítica
propuso una ruptura con los modelos homogéneos tradicionales, reconociendo las
diversas identidades culturales, saberes locales y lenguas originarias como
componentes legítimos y valiosos del proceso educativo. Esta perspectiva
requirió la construcción de espacios pedagógicos que fomentaron el diálogo
horizontal de saberes, la reflexión crítica y la justicia social.
En contraste, la educación basada en competencias respondió a los retos del siglo
XXI promoviendo aprendizajes significativos, aplicados y transferibles. Este
enfoque se centró en el desarrollo de habilidades integradas que permitieran a los
estudiantes actuar de manera ética, creativa y colaborativa en su entorno social y
profesional.
La integración de estos tres enfoques permitió imaginar una educación
transformadora, situada en la realidad concreta de los estudiantes, comprometida
con la equidad, la inclusión y orientada al bien común. Así, se configuró una
propuesta que vinculó acceso, pertinencia y desempeño, ofreciendo respuestas
educativas coherentes con los desafíos actuales y futuros de su tiempo.
"Distance education with an intercultural and competency-based approach:
towards inclusive and effective teaching”
ABSTRACT
This essay analyzed the connection between three contemporary educational
approaches: distance education, critical intercultural education, and competency-
based education. In a context marked by accelerated digital transformation,
growing social inequalities, and the urgent need to build more inclusive and
equitable educational proposals, these three perspectives converge to offer a
comprehensive, flexible, and humanistic pedagogical model.
Distance education evolved as a modality that guaranteed access, flexibility, and
educational continuity. Its effective implementation required a student-centered
didactic redesign, the appropriate use of digital technologies, as well as the
strengthening of tutoring, constant communication, and timely feedback. Critical
intercultural education, for its part, proposed a break with traditional
homogeneous models, recognizing diverse cultural identities, local knowledge,
and indigenous languages as legitimate and valuable components of the
educational process. This perspective required the construction of pedagogical
spaces that fostered horizontal dialogue of knowledge, critical reflection, and
social justice. In contrast, competency-based education responded to the
challenges of the 21st century by promoting meaningful, applied, and transferable
learning. This approach focused on developing integrated skills that would enable
students to act ethically, creatively, and collaboratively in their social and
professional environments.
The integration of these three approaches made it possible to imagine a
transformative education, grounded in the concrete reality of students, committed
to equity, inclusion, and oriented toward the common good. Thus, a proposal was
developed that articulated access, relevance, and performance, offering
educational responses consistent with the current and future challenges of the
time.
Keywords: distance education, competency-based education, intercultural
education.
Introducción
Vivimos en una época de profundos cambios sociales, tecnológicos, culturales y
educativos. La educación contemporánea, como fenómeno dinámico y
multidimensional, no escapa a las tensiones de un mundo globalizado en el que
convergen desafíos inéditos: la revolución digital, la desigualdad persistente, los
movimientos por la justicia social, la pandemia de COVID-19, la movilidad
humana y la necesidad urgente de construir sociedades más inclusivas y
sostenibles. En este contexto, el presente ensayo busca reflexionar críticamente
sobre tres enfoques clave que han marcado la transformación educativa reciente:
la educación a distancia, la educación basada en competencias (EBC) y la
educación intercultural crítica.
Cada uno de estos enfoques responde a una necesidad concreta dentro del sistema
educativo: la educación a distancia ha permitido ampliar el acceso al aprendizaje
en tiempos de emergencia y dispersión geográfica; la EBC ha intentado reorientar
la enseñanza hacia la aplicación del conocimiento en contextos reales y
complejos; y la educación intercultural crítica ha colocado en el centro la
diversidad cultural, la equidad y el reconocimiento del otro como sujeto legítimo
de conocimiento. Si bien estas modalidades pueden parecer independientes o
incluso contrapuestas, este ensayo propone entenderlas como partes
complementarias de un paradigma educativo más amplio, comprometido con el
aprendizaje significativo, la justicia social y el bienestar integral del estudiantado.
Esta propuesta se sustenta en la convicción de que la educación no puede
permanecer estática ante los cambios en continuo avance del siglo XXI. Requiere
transformarse, replantearse y reinventarse a partir de las voces de sus
protagonistas: estudiantes, docentes, comunidades, instituciones y pueblos
diversos. La pandemia puso en evidencia las limitaciones estructurales de
nuestros sistemas escolares, pero también reveló posibilidades inéditas para
innovar, colaborar y aprender desde otros lugares y con otras lógicas.
Por ello, este ensayo no solo busca analizar críticamente los tres enfoques
mencionados, sino también generar una unión entre ellos. Una lectura integrada
permite vislumbrar un horizonte educativo más humanista, flexible y
comprometido con la equidad. La educación a distancia, si es diseñada con
criterios pedagógicos sólidos y sensibilidad contextual, puede ser una
herramienta poderosa para democratizar el conocimiento. La EBC, aplicada con
enfoque crítico y ético, puede formar ciudadanos competentes para transformar
su realidad. Y la educación intercultural crítica, lejos de ser un complemento,
constituye una base ética y política para repensar el acto educativo en clave de
reconocimiento, diálogo y descolonización (como base actual de la Nueva
Escuela Mexicana).
Este ensayo se estructura en tres apartados principales, cada uno dedicado a uno
de los enfoques educativos mencionados. En el primer apartado, se abordará la
evolución, características, desafíos y potencialidades de la educación a distancia,
enfatizando su relevancia en el contexto postpandemia y su vínculo con la
equidad y la inclusión. El segundo apartado se centrará en la educación basada en
competencias, revisando sus fundamentos teóricos, su aplicación práctica, sus
beneficios y también sus críticas. Finalmente, el tercer apartado desarrollará el
enfoque de la educación intercultural crítica, analizando sus aportes a la
transformación de la escuela y del currículo, y señalando su urgencia en
sociedades marcadas por la pluralidad cultural y la desigualdad estructural.
A modo de cierre, se presentarán algunas reflexiones integradoras y
recomendaciones para avanzar hacia un modelo educativo que combine lo mejor
de estos tres enfoques, superando sus límites y aprovechando sus sinergias. Se
propondrá, asimismo, una mirada renovada sobre el papel del docente, del
estudiante y de las instituciones educativas en un mundo interdependiente,
multicultural y tecnológicamente mediado.
Desarrollo:
1. Educación a distancia: Orígenes, transformaciones y desafíos
La educación a distancia ha recorrido un largo camino desde sus inicios como
educación por correspondencia hasta convertirse en un componente estructural
del sistema educativo global. Su evolución ha estado profundamente ligada al
desarrollo tecnológico y a los cambios en las demandas sociales, económicas y
culturales del aprendizaje. Lejos de ser una simple modalidad de emergencia, la
educación a distancia representa hoy una oportunidad estratégica para
universalizar el acceso al conocimiento y rediseñar las prácticas pedagógicas
tradicionales.
1.1 Antecedentes históricos de la educación a distancia
El concepto de educación a distancia puede rastrearse hasta el siglo XIX, cuando
las universidades europeas comenzaron a ofrecer programas por correspondencia
a estudiantes que no podían asistir físicamente a las aulas. A principios del siglo
XX, esta modalidad se expandió mediante el uso del correo postal y luego se
diversificó con la incorporación de tecnologías como la radio y la televisión
educativa. Cada avance tecnológico ofreció nuevas posibilidades de alcance,
personalización y flexibilidad en el aprendizaje.
Con la llegada del internet a finales del siglo XX, la educación a distancia
experimentó una transformación sin precedentes. Las plataformas digitales, los
entornos virtuales de aprendizaje (EVA) y los recursos multimedia permitieron
ampliar la oferta educativa a millones de personas alrededor del mundo. Este
modelo se consolidó especialmente a partir del año 2020, cuando la pandemia de
COVID-19 obligó a trasladar abruptamente las actividades escolares y
universitarias al formato virtual.
1.2 Fundamentos pedagógicos de la educación en línea
La educación a distancia no debe ser entendida como un simple desplazamiento
de la enseñanza presencial al entorno digital. Su implementación requiere una
revisión profunda de los fundamentos pedagógicos, los modelos de diseño
instruccional y los roles de los actores educativos. A diferencia de la enseñanza
tradicional centrada en la transmisión unidireccional del conocimiento, la
educación a distancia bien diseñada promueve el aprendizaje autónomo, la
interacción significativa y el acceso flexible a los contenidos.
En este sentido, cobra relevancia el enfoque constructivista, que plantea que el
conocimiento se construye activamente a través de la interacción del estudiante
con el contenido, sus pares y el entorno. Las estrategias didácticas deben fomentar
la participación, el trabajo colaborativo, la reflexión crítica y la solución de
problemas reales. La mediación pedagógica y la organización del tiempo son
claves para evitar que el estudiante se enfrente de forma aislada al proceso
educativo.
1.3 El rol docente y las competencias digitales
Uno de los grandes desafíos de la educación a distancia es la redefinición del
papel del docente. Lejos de actuar como un simple transmisor de conocimientos,
el profesorado debe convertirse en diseñador de experiencias formativas,
facilitador de procesos cognitivos y guía en la construcción del conocimiento.
Para ello, es indispensable el desarrollo de competencias digitales no solo
técnicas, sino también didácticas, comunicativas, colaborativas y éticas.
La formación docente continua se vuelve esencial para garantizar una práctica
educativa de calidad en entornos virtuales. Esto implica capacitar a los
educadores en el uso de plataformas digitales, herramientas de videoconferencia,
diseño de materiales accesibles, planificación de actividades asincrónicas,
seguimiento individualizado y evaluación en línea. Además, deben ser capaces
de generar vínculos afectivos y de acompañamiento a pesar de la distancia física.
1.4 Evaluación en la educación a distancia
La evaluación en entornos virtuales presenta oportunidades y desafíos únicos. No
basta con replicar exámenes tradicionales en formato digital; es necesario adoptar
un enfoque formativo y auténtico que valore tanto los procesos como los
productos del aprendizaje. Las rúbricas, portafolios digitales, autoevaluaciones,
coevaluaciones y proyectos colaborativos permiten capturar de manera más
integral el desarrollo de competencias y habilidades.
Asimismo, la retroalimentación oportuna y personalizada adquiere un valor
pedagógico central. La educación a distancia exige que los docentes estén atentos
al progreso individual de los estudiantes y generen mecanismos para sostener la
motivación y el compromiso. Evaluar en línea es también una oportunidad para
resignificar el sentido de la evaluación como parte del aprendizaje, y no solo
como medida de control.
1.5 Brechas tecnológicas y desigualdades estructurales
A pesar de sus potencialidades, la educación a distancia también ha revelado
importantes limitaciones, especialmente en contextos de desigualdad. Las
brechas digitales relacionadas con el acceso a dispositivos, la conectividad, el
entorno familiar y la alfabetización tecnológica constituyen obstáculos
significativos para muchos estudiantes. Estas desigualdades suelen reproducir y
ampliar las exclusiones ya existentes en el sistema educativo.
Durante la pandemia, millones de estudiantes en América Latina y otras regiones
del mundo enfrentaron dificultades para continuar con sus estudios. Las
comunidades rurales, indígenas y periféricas fueron las más afectadas. En estos
casos, la educación a distancia sólo podrá cumplir su función democratizadora si
se acompaña de políticas públicas integrales que garanticen el derecho a la
conectividad, la formación digital y el acompañamiento pedagógico diferenciado.
1.6 Educación a distancia en el contexto mexicano
En México, la educación a distancia ha sido implementada de forma diversa, tanto
en el nivel básico como en el superior. Durante la contingencia sanitaria de 2020,
la Secretaría de Educación Pública (SEP) puso en marcha el programa "Aprende
en Casa", que combinó televisión, radio, internet y materiales impresos para
atender a más de 30 millones de estudiantes. Si bien esta estrategia logró mantener
cierta continuidad educativa, también evidenció las carencias estructurales del
sistema, como la falta de preparación docente, el limitado acceso a tecnología y
la escasa participación de las familias en el proceso.
En el ámbito universitario, muchas instituciones adoptaron modelos híbridos,
clases en línea y recursos educativos abiertos. Algunas universidades,
especialmente las que ya contaban con experiencia en educación virtual, pudieron
adaptarse rápidamente. Sin embargo, en otras, la transición fue accidentada,
afectando la calidad de la enseñanza, la evaluación y el bienestar del estudiantado.
A pesar de los desafíos, la experiencia acumulada durante este periodo ha abierto
un espacio para repensar la educación a distancia como una modalidad
permanente, complementaria e innovadora. Se trata de pasar de una lógica
reactiva a una planificación proactiva que combine la presencialidad con las
oportunidades que ofrece lo digital.
1.7 Perspectivas críticas y propuestas de fortalecimiento
Desde una mirada crítica, la educación a distancia debe ser analizada no solo
como una solución técnica, sino como una opción pedagógica que implica
decisiones políticas, éticas y culturales. Su potencial transformador radica en su
capacidad para adaptarse a contextos diversos, fomentar la autonomía, expandir
horizontes de aprendizaje y generar nuevas formas de participación educativa.
Sin embargo, su apropiación requiere sensibilidad social, formación crítica del
profesorado y marcos normativos inclusivos.
Fortalecer la educación a distancia implica:
- Invertir en infraestructura tecnológica y conectividad universal.
- Formar a docentes en diseño didáctico y mediación pedagógica virtual.
- Garantizar materiales accesibles, multilingües y culturalmente pertinentes.
- Promover modelos híbridos flexibles y centrados en el estudiante.
- Fomentar comunidades de aprendizaje colaborativo en línea.
En suma, la educación a distancia es una vía posible para ampliar el derecho a
aprender, siempre que esté sustentada en principios de equidad, justicia y calidad.
Su integración en los sistemas educativos no debe ser circunstancial, sino
estratégica y transformadora. Este enfoque permite construir una escuela más
abierta, adaptativa y resiliente, capaz de responder a los desafíos del presente y
anticiparse a los del futuro.
2.1 Educación a distancia: un modelo flexible para contextos diversos
La educación a distancia ha experimentado una evolución significativa desde sus
primeras manifestaciones en la enseñanza por correspondencia hasta su
consolidación como una modalidad flexible, adaptativa e inclusiva en contextos
formales e informales de aprendizaje. En un mundo marcado por
transformaciones tecnológicas y demandas sociales diversas, esta modalidad
permite el acceso a la educación en condiciones de tiempo, espacio y ritmo
distintos, especialmente para sectores marginados o con difícil acceso a la
escolarización tradicional (García Aretio, 2017).
A lo largo de las últimas décadas, la educación a distancia se ha apoyado
progresivamente en medios digitales, consolidando su presencia como una
alternativa real a la educación presencial. Su mayor auge se evidenció durante la
pandemia de COVID-19, donde se convirtió en la vía principal para mantener los
sistemas educativos activos. Sin embargo, esta emergencia también visibilizó
profundas desigualdades estructurales: brechas tecnológicas, falta de
conectividad, escasa capacitación docente y baja disponibilidad de recursos
digitales contextualizados (CEPAL-UNESCO, 2020).
Desde una perspectiva pedagógica, la educación a distancia requiere una
transformación integral del proceso de enseñanza-aprendizaje. El papel del
docente se replantea como diseñador de experiencias virtuales, mediador
pedagógico y facilitador del aprendizaje autónomo. Se necesita una planificación
cuidadosa, recursos accesibles y pertinentes, y estrategias que estimulen la
participación, la autorregulación y la colaboración. El éxito de esta modalidad no
depende solo de la tecnología, sino de la calidad del diseño instruccional, el
acompañamiento docente y el compromiso del estudiante.
Salinas (2004) plantea que la clave del aprendizaje virtual radica en el diseño de
entornos formativos centrados en el estudiante, que consideren sus características,
necesidades, entorno y ritmo de trabajo. De este modo, se promueve una
formación más personalizada, en la que la flexibilidad se traduce en
oportunidades de acceso, permanencia y éxito educativo.
La educación a distancia, además, permite el desarrollo de competencias digitales
tanto en estudiantes como en docentes, generando habilidades que trascienden el
ámbito escolar: búsqueda y análisis de información, comunicación efectiva, uso
ético de la tecnología, pensamiento crítico y aprendizaje autónomo. Estas
competencias son fundamentales en el siglo XXI, en el que la información es
abundante pero no siempre veraz o útil.
Asimismo, esta modalidad favorece la creación de comunidades virtuales de
aprendizaje que estimulan el intercambio de ideas, la construcción colaborativa
de conocimiento y el respeto por la diversidad de perspectivas. La interacción,
tanto sincrónica como asincrónica, juega un papel central para mantener la
motivación y la conexión emocional, factores clave para la permanencia
estudiantil.
En contextos rurales, indígenas o de alta marginación, la educación a distancia
bien planificada puede ser una vía para garantizar el derecho a la educación,
siempre que se combine con modelos híbridos, recursos offline (no requiere
conexión a internet), apoyo comunitario y políticas públicas orientadas a la
equidad. La inclusión digital no puede desligarse de la justicia social.
Para lograr una verdadera inclusión en la educación a distancia, es imprescindible
avanzar en tres líneas de acción prioritarias: el fortalecimiento de la
infraestructura tecnológica, la capacitación docente permanente y la elaboración
de contenidos cultural y pedagógicamente pertinentes. Solo con estos pilares se
logrará superar el riesgo de convertir esta modalidad en una simple transposición
del modelo tradicional, sin transformación real del paradigma educativo.
2.2 La educación intercultural crítica como perspectivas de liberación
La educación intercultural crítica se fundamenta en una visión transformadora del
proceso educativo, en la que se reconoce la escuela como un espacio
históricamente colonizador que ha marginado a los pueblos originarios y a sus
sistemas de conocimiento. A diferencia de la interculturalidad limitada a
celebraciones simbólicas o integración folclórica, la perspectiva crítica implica
una acción política y pedagógica comprometida con la justicia, el diálogo y la
equidad (Walsh, 2009).
Este enfoque propone un modelo educativo descolonizador que cuestione las
jerarquías epistémicas impuestas por la modernidad occidental. Se reconoce que
existen múltiples formas válidas de conocer y de interpretar el mundo, por lo que
se promueve una pedagogía del reconocimiento, que dignifique las lenguas,
prácticas y saberes de los pueblos históricamente excluidos. La educación
intercultural crítica busca romper con la lógica de homogeneización y promover
un currículo plural, situado y abierto al diálogo (Mignolo, 2010).
La implementación de esta perspectiva demanda cambios estructurales en el
currículo, la formación docente, los materiales educativos y las políticas
institucionales. Algunos elementos clave son:
- El uso pedagógico de las lenguas originarias como herramientas de
enseñanza y aprendizaje.
- La incorporación de contenidos que reflejen las realidades históricas,
sociales y culturales de los pueblos indígenas y afrodescendientes.
- La participación activa de las comunidades en el diseño y evaluación de
propuestas educativas.
- La formación docente con enfoque crítico, territorial y contextualizado.
- La validación y legitimación de las epistemologías del sur como parte del
conocimiento científico.
En el contexto de la educación virtual, esta perspectiva exige una reflexión aún
más profunda, pues muchas plataformas digitales reproducen modelos
pedagógicos eurocéntricos, descontextualizados o monoculturales. Por ello, se
vuelve esencial diseñar entornos de aprendizaje digitales que integren el enfoque
intercultural desde su diseño hasta su contenido.
La inclusión digital crítica también implica una revisión de los modelos de
enseñanza-aprendizaje, de la relación entre docentes y estudiantes, y de los
sistemas de evaluación, incorporando herramientas como la oralidad, la
narración, la cosmovisión y las metodologías ancestrales como caminos legítimos
de aprendizaje. Estas estrategias pueden, por ejemplo, traducirse en la elaboración
de relatos digitales comunitarios, mapas narrativos colaborativos, entrevistas a
sabios locales o proyectos multimediales sobre cuestiones de identidad.
Es importante destacar que la educación intercultural crítica no debe restringirse
a contextos indígenas o rurales. En realidad, todas las escuelas —urbanas o
rurales, públicas o privadas— son escenarios interculturales, y por tanto deben
asumir esta mirada para formar sujetos con pensamiento crítico, capacidad de
diálogo y sensibilidad ética hacia la diferencia.
2.3 Educación basada en competencias: aprender a ser, hacer, conocer y convivir
El enfoque por competencias ha sido promovido como una alternativa pedagógica
que responde a las exigencias del mundo contemporáneo: la necesidad de sujetos
capaces de adaptarse, resolver problemas, trabajar colaborativamente,
comunicarse efectivamente y actuar con ética y compromiso. Este enfoque
trasciende la enseñanza de contenidos aislados y promueve el desarrollo integral
del estudiante, relacionando saberes, habilidades, actitudes y valores (Tobón,
2010).
En este modelo, el aprendizaje es entendido como un proceso activo, situado y
constructivo, donde el estudiante debe enfrentar situaciones reales o simuladas
que demanden el uso de múltiples recursos. Las competencias se desarrollan y
demuestran a través del desempeño, no solo a través de exámenes o pruebas
tradicionales. Esto implica un cambio de paradigma: del énfasis en la enseñanza
al énfasis en el aprendizaje; del docente como expositor al docente como guía y
facilitador; del estudiante como receptor al estudiante como protagonista.
Las competencias se enlazan con los cuatro pilares de la educación planteados
por Delors (1996): aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a ser y aprender
a convivir. En este sentido, una educación basada en competencias no se limita a
lo instrumental, sino que también forma personas éticas, reflexivas y
comprometidas con su comunidad.
Este modelo se implementa mediante metodologías activas como:
- Aprendizaje basado en proyectos.
- Estudio de casos.
- Resolución de problemas.
- Simulaciones.
- Aprendizaje colaborativo.
En entornos virtuales, estas metodologías pueden ser potenciadas mediante el uso
de recursos multimedia, plataformas interactivas, herramientas de co-creación y
evaluación formativa. La clave está en diseñar experiencias auténticas, que partan
de problemas reales del contexto del estudiante, fomenten la reflexión y propicien
la integración de saberes.
La evaluación en este enfoque es formativa, continua y auténtica. Se utilizan
rúbricas, portafolios, diarios reflexivos, co-evaluación y retroalimentación
personalizada. El objetivo no es calificar, sino mejorar, comprender el proceso, y
evidenciar el crecimiento del estudiante en situaciones significativas.
Además, el enfoque por competencias debe adaptarse a contextos interculturales,
considerando las formas propias de aprender, los valores culturales y los
conocimientos locales. Por ejemplo, una competencia en una comunidad indígena
puede implicar saber cultivar colectivamente, narrar historias tradicionales o
resolver conflictos comunitarios. Estas formas de saber y hacer también deben
ser reconocidas como válidas.
También es necesario avanzar en modelos de acompañamiento diferenciado, con
actividades y rutas personalizadas, que respeten los distintos ritmos de
aprendizaje y promuevan la autorregulación. Las plataformas de educación
virtual permiten estos ajustes mediante recursos como rutas adaptativas,
actividades opcionales o espacios de tutoría.
2.4 Convergencia de enfoques: hacia una educación transformadora
Relacionar la educación a distancia, intercultural crítica y enfoque por
competencias no es una suma de metodologías, sino una apuesta política y
pedagógica por una educación verdaderamente transformadora. Estas tres
perspectivas, integradas de manera coherente, permiten construir un modelo
educativo que responde a los desafíos del siglo XXI sin perder de vista la equidad,
la justicia y la pertinencia cultural.
La educación a distancia aporta flexibilidad, autonomía y acceso. La
interculturalidad crítica ofrece sentido, dignidad y justicia. El enfoque por
competencias garantiza profundidad, aplicabilidad y conexión con la vida real.
Su integración permite imaginar y construir una escuela más humana,
contextualizada y liberadora.
Esta convergencia exige:
- Políticas públicas inclusivas, con enfoque territorial.
- Formación docente crítica, reflexiva y contextualizada.
- Tecnología con sentido pedagógico y compromiso ético.
- Currículos abiertos, flexibles, plurales y pertinentes.
- Evaluación como proceso formativo y de empoderamiento.
La transformación educativa no es un asunto exclusivamente técnico, sino
profundamente ético y político. Se trata de decidir qué tipo de sociedad queremos
construir y qué papel juega la educación en ese proceso. Desde esta mirada,
enseñar no es solo transmitir conocimientos, sino crear condiciones para la
libertad, la dignidad y la esperanza.
Estas tres perspectivas se enriquecen mutuamente. Una educación a distancia sin
interculturalidad puede ser excluyente; una educación por competencias sin
pertinencia cultural puede ser superficial; una educación intercultural sin
mediación tecnológica puede ser inaccesible. Solo su integración crítica garantiza
una educación del siglo XXI con justicia social, inclusión y calidad.
3.1 Diseño didáctico en entornos virtuales: planificación con sentido formativo
El diseño didáctico en entornos virtuales representa el punto de partida para
garantizar procesos de enseñanza-aprendizaje efectivos. En este contexto,
planificar no se limita a definir contenidos y actividades, sino a concebir
experiencias educativas que respondan a la diversidad de los estudiantes y
promuevan el desarrollo de competencias significativas. Como afirma Salinas
(2004), se requiere una planificación centrada en el estudiante, en la que el diseño
instruccional se base en objetivos claros, evaluación formativa, recursos diversos
y acompañamiento constante.
Una planificación efectiva considera:
- Propósitos y competencias esperadas, situadas en contextos reales.
- Secuencias didácticas coherentes, flexibles y progresivas.
- Estrategias diversificadas que contemplen distintos estilos de aprendizaje.
- Rúbricas claras para evaluar procesos y productos con criterios
compartidos.
En educación a distancia, además, se deben considerar las condiciones
tecnológicas, la conectividad de los estudiantes y la disponibilidad de plataformas
accesibles. La plataforma no puede ser el fin en sí mismo, sino el medio para
generar interacciones pedagógicas que propicien el pensamiento crítico, la
reflexión y el trabajo colaborativo.
El docente debe anticipar las barreras de acceso, prever mecanismos de apoyo, y
diseñar materiales que puedan funcionar en modalidad híbrida, multimodal o
asincrónica, permitiendo así mayor equidad. Herramientas como Google
Classroom, Moodle o Edmodo permiten este tipo de planificación, siempre que
se utilicen con intencionalidad pedagógica y no sólo como contenedores de
información.
3.2 Estrategias interculturales en educación virtual: entre el reconocimiento y el
diálogo de saberes
Implementar una perspectiva intercultural crítica en la educación virtual exige
más que integrar contenidos sobre la diversidad cultural. Se trata de diseñar
experiencias formativas en las que los estudiantes se reconozcan como portadores
de saberes, historias y lenguas legítimas. La virtualidad, bien utilizada, permite
superar barreras geográficas para conectar con voces plurales y construir diálogos
de saberes (Walsh, 2010).
Algunas estrategias interculturales en entornos virtuales son:
a) Diseño de contenidos en lenguas originarias
Implica traducir o producir materiales educativos en la lengua materna de los
estudiantes. Esto fortalece el aprendizaje significativo y reafirma la identidad
cultural. Las plataformas deben permitir la personalización lingüística y la
participación de traductores o hablantes nativos.
b) Inclusión de referentes culturales propios
Los contenidos deben reflejar los conocimientos, problemáticas y prácticas de las
comunidades. Por ejemplo, al abordar temas de ciencias naturales se puede partir
de la medicina tradicional o de las prácticas agrícolas locales.
c) Participación comunitaria
El desarrollo de foros, entrevistas, videos o cápsulas educativas donde hablen
ancianos, líderes o sabios comunitarios enriquece el proceso formativo y fortalece
los vínculos intergeneracionales. Se reconoce que la comunidad también educa.
d) Aprendizaje dialógico e intercultural
Se pueden organizar actividades colaborativas entre estudiantes de distintos
contextos culturales (intercambios virtuales, foros interinstitucionales, proyectos
compartidos) para fomentar la convivencia, el respeto y el aprendizaje mutuo.
Estas estrategias tienen como objetivo superar el monoculturalismo digital, donde
lo global eclipsa lo local. Como plantea Tubino (2005), la interculturalidad crítica
no es integración pasiva, sino transformación activa de los espacios educativos
hacia la equidad.
3.3 Desarrollo de competencias a través de metodologías activas
En educación por competencias, el aprendizaje no se transmite, se construye a
través de experiencias auténticas. Esto cobra especial importancia en la educación
a distancia, donde las metodologías activas permiten conectar al estudiante con
su entorno, su comunidad y los desafíos reales que enfrenta.
Entre las metodologías más potentes para el desarrollo de competencias en
entornos virtuales destacan:
a) Aprendizaje basado en proyectos (ABP)
Permite al estudiante investigar, planificar, ejecutar y presentar una solución a
una problemática real. En lo virtual, puede apoyarse en herramientas como Padlet,
Miro, Trello o Jamboard para documentar avances y promover la colaboración.
b) Estudios de caso
Consiste en presentar situaciones reales o simuladas que desafían al estudiante a
analizar, decidir y argumentar desde distintos enfoques. Favorece la toma de
decisiones, el pensamiento crítico y la reflexión ética.
c) Resolución de problemas
Se plantean problemas complejos que requieren investigar, experimentar y buscar
soluciones creativas. Puede integrarse con recursos multimedia, foros de
discusión y trabajo en equipos virtuales.
d) Simulaciones y juegos serios
Entornos interactivos que permiten experimentar situaciones con cierto nivel de
riesgo o complejidad. Estimulan la toma de decisiones, la empatía y la
creatividad. Ejemplos: juegos de rol, plataformas interactivas, simuladores en
línea.
e) Tareas integradoras
Son productos complejos que reúnen diversas competencias en un solo proyecto.
Pueden ser podcasts, documentales breves, mapas conceptuales interactivos,
exposiciones grabadas o e-portafolios.
Como señala Tobón (2010), la competencia se desarrolla cuando el estudiante
debe responder activamente a desafíos de la vida real. Por ello, la educación
virtual debe evitar el modelo transmisivo y adoptar un enfoque experiencial,
participativo y contextualizado.
3.4 Evaluación auténtica y retroalimentación en entornos digitales
Uno de los aspectos más desafiantes de la educación virtual es la evaluación. El
riesgo de caer en prácticas mecanicistas (como exámenes automatizados o tareas
cerradas) es alto, pero puede evitarse mediante estrategias de evaluación
auténtica, que privilegian el proceso, la reflexión y la pertinencia.
Entre las estrategias efectivas se encuentran:
- Portafolios digitales: donde el estudiante recopila evidencias de su
aprendizaje, reflexiona sobre ellas y autoevalúa su proceso.
- Rúbricas explícitas: establecen criterios claros, públicos y compartidos,
que permiten a los estudiantes saber cómo serán evaluados y cómo mejorar.
Evaluaciones basadas en desempeño: centradas en la producción de soluciones,
diseños, productos o análisis aplicados a contextos reales.
Evaluación entre pares (coevaluación): fomenta el aprendizaje colaborativo, la
argumentación y el pensamiento crítico.
Retroalimentación personalizada y continua: en lugar de calificaciones finales, se
proporcionan observaciones constructivas, propuestas de mejora y
reconocimiento de avances.
Perrenoud (2004) sostiene que evaluar por competencias implica mirar no solo el
resultado, sino el proceso, la reflexión metacognitiva y la capacidad de transferir
lo aprendido a nuevas situaciones. En lo virtual, esto se potencia mediante
tecnologías como videos, audios, blogs o foros de retroalimentación asincrónica.
Además, una evaluación intercultural pertinente debe considerar las formas
propias de producción de conocimiento de los estudiantes, reconociendo otras
maneras de argumentar, crear y presentar evidencias de aprendizaje.
3.5 Tutoría pedagógica y acompañamiento emocional: claves para la inclusión
En la educación a distancia, el riesgo de la deserción, el aislamiento o la
desmotivación es alto, especialmente en contextos vulnerables o en estudiantes
que enfrentan barreras sociales, culturales o económicas. Por ello, el
acompañamiento personalizado es una estrategia imprescindible para garantizar
la permanencia, el aprendizaje y el bienestar.
La tutoría virtual debe considerar tres dimensiones:
Académica: orientar, resolver dudas, planificar metas.
Tecnológica: apoyar en el uso de plataformas, recursos y herramientas.
Emocional y afectiva: generar confianza, escucha activa y contención.
Este acompañamiento puede realizarse mediante llamadas telefónicas, chats,
foros de apoyo, retroalimentación en video o reuniones virtuales periódicas. Lo
importante es que el estudiante se sienta acompañado y valorado en su trayecto
educativo.
La figura del docente o tutor requiere de empatía, disponibilidad y sensibilidad
intercultural. Debe ser capaz de reconocer señales de alerta (ausencias,
desconexión, bajo rendimiento) y activar redes de apoyo (familia, compañeros,
instituciones) para sostener al estudiante.
Como afirman Cabero y Llorente (2008), la tutoría es el puente entre el estudiante
y el aprendizaje, especialmente en la educación virtual , donde muchas veces el
alumno se encuentra solo frente a la pantalla. Humanizar la educación a distancia
es tan importante como innovarla tecnológicamente.
3.6 Sistematización de buenas prácticas: experiencias aplicadas en América
Latina
Numerosas experiencias en América Latina demuestran que es posible articular
educación a distancia, enfoque intercultural y formación por competencias con
pertinencia y éxito. Algunas de ellas son:
Universidades Interculturales en México (UNICH, UIE, UIMQROO):
desarrollan programas bilingües, combinan enseñanza presencial con medios
digitales, y promueven la participación comunitaria en la gestión educativa.
Programa Tikay del Ministerio de Educación de Perú: utiliza WhatsApp y radio
para llegar a estudiantes quechuas y aimaras en zonas rurales, con materiales
contextualizados.
Modelo Tec21 del Tecnológico de Monterrey: implementa retos reales con
acompañamiento virtual, desarrollando competencias integrales y trabajo
interdisciplinario.
Red de Maestras Interculturales (Ecuador y Bolivia): ha creado plataformas
colaborativas donde docentes de zonas indígenas comparten estrategias,
materiales y proyectos educativos en sus lenguas originarias.
Estas experiencias muestran que la innovación no depende exclusivamente de los
recursos tecnológicos, sino de la voluntad política, el compromiso docente y el
diseño pedagógico con sentido. Sistematizar, compartir y adaptar estas prácticas
es clave para avanzar hacia una educación transformadora en toda la región.
Conclusiones:
La convergencia de estos tres enfoques representa una línea de trabajo viable y
necesaria hacia una educación verdaderamente transformadora. La educación a
distancia permite ampliar el acceso; la educación intercultural crítica garantiza la
pertinencia y la justicia social; y el enfoque por competencias aporta herramientas
para formar ciudadanos autónomos, críticos y comprometidos. Esta articulación
no sólo responde a los desafíos actuales, sino que proyecta una educación futura
basada en la equidad, el respeto por la diversidad, el diálogo de saberes y la
construcción colectiva de conocimientos. En su conjunto, estos modelos
promueven una educación inclusiva, ética y situada, capaz de responder con
sentido humano y crítico a las complejidades del presente.
La educación a distancia ha dejado de ser una modalidad alternativa para
convertirse en una estrategia fundamental en los sistemas educativos
contemporáneos. Su implementación trasciende la simple incorporación de
tecnologías digitales; exige una reestructuración pedagógica que permita
garantizar la equidad, la participación activa y el acompañamiento constante. Esta
modalidad es particularmente pertinente para contextos vulnerables, siempre que
se tomen medidas para reducir las brechas tecnológicas y se promueva una
formación docente sólida. Además, al centrarse en la autonomía, la flexibilidad y
la autorregulación del estudiante, la educación a distancia tiene el potencial de
transformar los roles tradicionales del proceso educativo y fomentar nuevas
formas de interacción y aprendizaje colaborativo.
La educación intercultural crítica se constituye como una propuesta liberadora
que desafía la supremacía epistémica de los sistemas escolares convencionales.
A diferencia de enfoques superficiales o tradicionalistas , esta perspectiva busca
desmontar los discursos unilaterales, reconociendo la diversidad como riqueza y
no como obstáculo. Valorar los saberes ancestrales, las lenguas originarias y las
formas de vida comunitaria implica diseñar estrategias que posicionen a los
estudiantes como sujetos culturales y políticos. En el ámbito virtual, este enfoque
demanda el diseño de materiales inclusivos, la participación activa de las
comunidades y la construcción de entornos de aprendizaje donde el diálogo de
saberes sea central.
El enfoque por competencias responde a las exigencias del siglo XXI,
caracterizado por la incertidumbre, la complejidad y la constante transformación.
Este modelo propone una formación integral, que articula conocimientos teóricos,
habilidades prácticas, valores éticos y actitudes propositivas. En la educación a
distancia, su aplicación requiere estrategias didácticas situadas, tareas auténticas,
y procesos de evaluación formativa que permitan evidenciar la movilización de
saberes en contextos reales. Además, fortalece la agencia del estudiante al darle
un rol activo en la construcción de su aprendizaje y en la resolución de problemas
relevantes de su entorno.
La convergencia de estos tres enfoques representa una vía viable y necesaria
hacia una educación verdaderamente transformadora. La educación a distancia
permite ampliar el acceso; la educación intercultural crítica garantiza la
pertinencia y la justicia social; y el enfoque por competencias aporta herramientas
para formar ciudadanos autónomos, críticos y comprometidos. Esta articulación
no sólo responde a los desafíos actuales, sino que proyecta una educación futura
basada en la equidad, el respeto por la diversidad, el diálogo de saberes y la
construcción colectiva de conocimientos. En su conjunto, estos modelos
promueven una educación inclusiva, ética y situada, capaz de responder con
sentido humano y crítico a las complejidades del presente.
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