Tuberculosis: antecedentes, diagnóstico
y tratamiento
Introducción
La tuberculosis (TB) es una enfermedad infecciosa que ha acompañado a la humanidad
durante siglos, cobrando millones de vidas a lo largo de la historia. Causada
principalmente por la bacteria Mycobacterium tuberculosis, afecta con mayor frecuencia
a los pulmones, aunque puede comprometer otros órganos. A pesar de los avances
científicos, la tuberculosis sigue siendo un importante problema de salud pública
mundial, especialmente en países en desarrollo. Este ensayo abordará sus antecedentes
históricos, los métodos actuales de diagnóstico y las principales estrategias terapéuticas
disponibles en la actualidad.
Antecedentes históricos
La tuberculosis ha existido desde tiempos antiguos. Se han hallado evidencias de su
presencia en restos óseos de momias egipcias de más de 5,000 años de antigüedad. En el
siglo XVIII y XIX, la enfermedad, conocida entonces como "tisis" o "mal de Pott",
alcanzó proporciones epidémicas en Europa, donde era la principal causa de muerte. Era
una enfermedad envuelta en misterio y asociada con la pobreza, el hacinamiento y la
desnutrición.
El gran avance en la comprensión de esta enfermedad ocurrió en 1882, cuando el médico
alemán Robert Koch identificó por primera vez el Mycobacterium tuberculosis como el
agente causante. Este descubrimiento marcó un hito en la microbiología y abrió las
puertas a la investigación para su tratamiento y prevención. A partir del siglo XX,
comenzaron a desarrollarse los primeros tratamientos eficaces, especialmente con el
descubrimiento de los antibióticos.
La implementación de políticas de salud pública, como la vacunación con BCG (Bacillus
Calmette-Guérin) y la creación de sanatorios para el aislamiento de pacientes, ayudaron a
controlar parcialmente la enfermedad en muchos países desarrollados. Sin embargo, en la
actualidad, la tuberculosis sigue siendo endémica en muchas regiones del mundo,
especialmente en África y el sudeste asiático.
Diagnóstico de la tuberculosis
El diagnóstico de la tuberculosis implica una combinación de factores clínicos, pruebas
microbiológicas y radiológicas. El proceso comienza con la evaluación de síntomas
típicos como tos persistente (de más de dos semanas), fiebre, sudoración nocturna,
pérdida de peso y debilidad general.
Entre las pruebas diagnósticas más comunes se encuentran:
- Baciloscopia: Consiste en el análisis microscópico del esputo para detectar la presencia
del bacilo de Koch. Aunque es rápida y económica, su sensibilidad es limitada,
especialmente en pacientes con carga bacilar baja.
- Cultivo bacteriano: Es considerado el estándar de oro. Permite identificar la bacteria y
realizar pruebas de sensibilidad a los medicamentos. Sin embargo, requiere varias
semanas para obtener resultados debido al lento crecimiento del Mycobacterium
tuberculosis.
- Pruebas moleculares (PCR): Las técnicas como GeneXpert permiten detectar
rápidamente la presencia de ADN bacteriano y la resistencia a fármacos como la
rifampicina. Son más sensibles que la baciloscopia y se utilizan cada vez más en entornos
con recursos limitados.
- Prueba de tuberculina (PPD) y IGRA (Interferon Gamma Release Assays): Estas
pruebas se usan principalmente para detectar infección latente, no activa, y son útiles en
campañas de detección y control.
- Radiografía de tórax: Es una herramienta auxiliar importante, ya que puede mostrar
signos de infección pulmonar como cavitaciones, infiltrados y nódulos.
El diagnóstico definitivo siempre debe considerar el contexto clínico del paciente y los
factores de riesgo, como el estado inmunológico (por ejemplo, en pacientes con
VIH/SIDA), el historial de exposición a personas infectadas y condiciones
socioeconómicas.
Tratamiento de la tuberculosis
El tratamiento de la tuberculosis es prolongado y requiere una estricta adherencia para ser
eficaz y evitar el desarrollo de resistencias. La forma sensible a fármacos se trata con un
esquema estándar de seis meses, dividido en dos fases:
- Fase intensiva (primeros 2 meses): Incluye cuatro medicamentos principales: isoniazida,
rifampicina, pirazinamida y etambutol.
- Fase de continuación (4 meses siguientes): Se reduce a dos medicamentos: isoniazida y
rifampicina.
Es fundamental que el tratamiento sea supervisado por personal de salud para asegurar el
cumplimiento del mismo. La estrategia conocida como DOTS (Directly Observed
Treatment, Short-course) ha sido promovida por la OMS como una herramienta clave
para mejorar la adherencia y controlar la propagación de la enfermedad.
En los casos de tuberculosis resistente a múltiples fármacos (TB-MDR) o extensamente
resistente (TB-XDR), el tratamiento es más complejo, prolongado (puede durar hasta 24
meses) y con más efectos secundarios. Requiere el uso de medicamentos de segunda línea
como la amikacina, linezolid, bedaquilina y delamanid.
Además del tratamiento farmacológico, es esencial abordar los determinantes sociales de
la enfermedad. La desnutrición, el hacinamiento y el acceso limitado a servicios de salud
perpetúan la transmisión y dificultan la recuperación. Por lo tanto, el control de la
tuberculosis también implica una respuesta multisectorial, incluyendo políticas públicas,
educación y acceso equitativo a servicios de salud.
Conclusión
La tuberculosis continúa siendo una amenaza global a pesar de los avances médicos. Su
erradicación requiere no solo el desarrollo y aplicación de diagnósticos y tratamientos
eficaces, sino también un enfoque integral que incluya mejoras en las condiciones de
vida, educación sanitaria y fortalecimiento de los sistemas de salud. Mientras persistan la
desigualdad y la pobreza, la tuberculosis seguirá presente como reflejo de las brechas
sociales existentes. El compromiso mundial debe mantenerse firme para avanzar hacia un
futuro libre de esta enfermedad milenaria.