Posición Constructivista de Emilia
Ferreiro sobre el Aprendizaje del
Sistema Escrito
Desde los aportes de Emilia Ferreiro, discípula de Jean Piaget, la posición constructivista
sobre el aprendizaje del sistema escrito sostiene que los niños no aprenden a leer y escribir
por mera repetición o copia, sino que construyen activamente su conocimiento sobre la
escritura a partir de su interacción con el entorno.
Ferreiro propone que la escritura no es simplemente un código de transcripción que
traduce sonidos en letras, sino un sistema de representación del lenguaje. Es decir, la
escritura representa el lenguaje hablado, pero no de manera directa ni simple. Tal como ella
explica:
“Se entiende a la escritura a través de una forma muy simplificada, de correspondencias. La
idea es que a cada sonido corresponde una letra, y no es así...” (Ferreiro, 2016).
Por lo tanto, el niño no recibe pasivamente un código que debe memorizar, sino que elabora
hipótesis acerca de cómo funciona ese sistema. Desde esta perspectiva, el niño es un sujeto
activo, que realiza búsquedas, compara, experimenta, contradice y reorganiza su
conocimiento, como ocurre en las diferentes etapas del desarrollo cognitivo piagetiano.
Ferreiro detalla etapas progresivas por las que el niño atraviesa, desde garabatos o
grafismos diferenciados hasta llegar al manejo del sistema alfabético. En esas etapas el niño
va elaborando hipótesis sobre cómo funciona la escritura: primero piensa que cualquier
conjunto de letras puede “decir algo” si se ve diferente de otras, luego que cada sílaba debe
estar representada por una letra, y más tarde, que cada sonido (fonema) se representa con
una letra (grafema).
Cada una de esas hipótesis implica una forma de representar el lenguaje. El niño no copia el
sistema, lo reconstruye internamente, enfrentando contradicciones que lo hacen avanzar.
Por ejemplo:
“Las escrituras silábico-alfabéticas han sido tradicionalmente consideradas como escrituras
desviantes... Pero desde el punto de vista de la psicogénesis, es exactamente lo contrario.
Hay agregado de letras con relación a las escrituras silábicas precedentes” (Ferreiro,
1991:41).
Es decir, lo que para un adulto puede parecer un “error” (como escribir "PA" por "PATO") es
en realidad un indicio de que el niño está comprendiendo una nueva lógica del sistema.
Finalmente, Ferreiro afirma que aunque nuestro sistema de escritura parece un código, no
es un código rígido ni perfectamente lógico. Existen irregularidades (como la “b” y la “v”, o
la “y” y la “ll”) que desafían esa idea simple de “un sonido = una letra”. Por eso, más que un
código cerrado, la escritura es un sistema que los niños deben comprender, interpretar y
construir activamente.
En resumen, la postura constructivista de Ferreiro nos enseña que aprender a escribir no es
aprender un conjunto de reglas fijas, sino atravesar un proceso de construcción de sentido
sobre el lenguaje y su representación. El niño, como sujeto activo, construye hipótesis y se
enfrenta a un sistema de representación complejo, más allá del simple código de
transcripción. Y ese recorrido, con sus errores y descubrimientos, es justamente lo que
permite aprender.