PRÓLOGO DE LUZ Y VIDA
INTRODUCCIÓN
Umberto Eco, filósofo y escritor italiano, fue el autor de la que es considerada una de las mejores
novelas de misterio de todos los tiempos: “El Nombre de La Rosa”. El Prólogo de esta novela, es
también considerado uno los mejores… desde su inicio, el lector queda atrapado con el libro a
través de estas palabras, y no es coincidencia, al tomar como referencia una de las citas bíblicas
más memorables de todos los tiempos. Su prólogo inicia así:
“En el principio era el Verbo y el Verbo era en Dios, y el Verbo era Dios. Esto era en el principio, en
Dios, y el monje fiel debería repetir cada día con salmodiante humildad ese acontecimiento
inmutable cuya verdad es la única que puede afirmarse con certeza incontrovertible.”
Este prólogo de la obra literaria ECO puede ser considerado uno de los mejores de todos los
tiempos, sin embargo, hay un mejor y más grande Prólogo, el cual trataremos en esta tarde, y se
trata del Prólogo del libro de Juan.
A todas estas te preguntarás ¿que es un Prólogo?
Bueno, un Prólogo es un breve texto preliminar de un libro, escrito por el autor o por otra
persona, que sirve de introducción a su lectura. Sirve para justificar la aportación al haberla
compuesto y al lector para orientarse en la lectura o disfrute de ella”.
El Prólogo de Juan es mucho mejor y de incalculable valor ya que introduce temas que son de vital
importancia para nuestra fe cristiana: La naturaleza divina de Cristo, su poder creador, la vida
eterna, la luz de los hombres, el mensaje de salvación, las tinieblas del corazón, la venida del
Salvador al mudo y la aceptación o el rechazo de los hombres esta Luz Divina.
Trataremos esta primera parte del Prólogo a través de los siguientes 3 puntos:
I) El Verbo: la Luz y la Vida (v.1-5)
II) El Testigo de la Luz y la Vida (v.6-9)
III) El mundo: su respuesta a la Luz y la Vida (10-13)
I. El Verbo: la Luz y la Vida (v.1-5)
El apóstol Juan escribe su Evangelio en Éfeso alrededor de los años 80-90 d.c., lo que permite
considerar que su Evangelio estaba dirigido a una audiencia de Cristianos Judíos y gentiles.
El propósito principal de su evangelio está enmarcado en Juan 20:31 “Pero estas se han escrito
para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su
nombre”. Esto deja entrever el carácter apologético y Evangelístico de su mensaje, es decir, por un
lado defender la naturaleza divina de Jesús como el Cristo y el Hijo de Dios la cual estaba siendo
cuestionada por un grupo de filósofos griegos y de judíos, y por otro el llamado a la vida Eterna al
creer en su nombre.
Juan, inicia el Prólogo de su evangelio presentando la Deidad de Cristo como aquel que es el Verbo
de Dios encarnado, tema que será central durante todo el libro.
En el Principio ya existía el Verbo, hace referencia a la existencia previa de Cristo como el Verbo
de Dios antes del momento de la creación del Universo en Génesis 1 donde se dio origen a todas
las cosas. Esto quiere decir, que Cristo ya existía antes de que todo el universo fuera creado, lo que
nos habla de su atributo como Dios eterno. Esto es conocido en teología como la pre-existencia de
Cristo
Juan utiliza en este texto el concepto del Verbo, que traducido al español es la Palabra, tomado de
las raíces griegas Logos y hebraicas Davar
El logos griego era un concepto entendido como el principio impersonal de la razón y el orden en
el universo. En algún sentido era como una fuerza creadora o fuente de sabiduría.
En cambio, El Davar de Dios Hebreo, se refiere a la palabra de Dios, no como meras expresiones
sino como un medio poderoso y efectivo para llevar a cabo los propósitos divinos.
Por Su Palabra Dios hizo que el mundo existiera. Dios le comunicó su Palabra a la gente forma
directa, especialmente en el caso de la Ley y los profetas
Juan une por tanto estas dos ideas para expresar que Cristo, más allá que un Concepto, es la
Palabra de Dios, el Logos de Dios encarnado.
La expresión y el Verbo estaba con Dios y el verbo era Dios, nos revela plenamente la naturaleza
divina de Cristo.
Estaba con Dios se refiere a la Co-existencia de Dios el Hijo con Dios el Padre, nos habla de una
relación cara a cara o de comunión muy estrecha entre Cristo y el Padre.
Juan hace una distinción del Padre y del Hijo para denotar que ambos son Dios, es decir son de la
misma esencia o ser, pero se distinguen el uno del otro. Al incluir en esta fórmula divina al Espíritu
Santo estaríamos desarrollando la que es conocida como la doctrina de la Trinidad.
Dios se ha revelado así mismo en las Escrituras como uno en su esencia o ser, pero también se ha
revelado distinguiéndose en 3 personas, en la persona del Padre, en la persona del Hijo y en la
persona del Espíritu Santo.
Esta doctrina de la Trinidad es difícil e imposible de comprender para la mente humana, pero no
omite el hecho de que nuestra fe es monoteísta, es decir, que creemos en un solo y único Dios
verdadero.
Otra muestra de la divinidad de Cristo es su poder creador. Cristo, es el agente creador del Padre
en la creación, por medio de Él todas las cosas llegaron a existir, todo fue hecho por medio de Su
Poder. Y es Cristo la causa principal y el origen de todo, sin Cristo en la formula la creación no
existiría, no habría un propósito por el cual todo fuera creado. Como lo expresaría Mathew Henry,
“desde el ángel más elevado hasta el gusano más vil. Dios el padre no hizo nada sin su Verbo, lo
cual prueba de que el Verbo es Dios.”
Añadiendo más atributos a la Deidad de Cristo, Juan nos presenta otros dos que le dan sentido a
nuestra existencia. Si bien hasta ahora vemos a Cristo como el Dios creador del universo, estas dos
características o atributos de la deidad nos afectan directamente a nosotros: Su Aseidad y su obra
iluminadora en nuestras mentes y corazones.
La Aseidad de Dios, se refiere a aquel atributo divino en el que Dios Existe o tiene vida en sí
mismo, es decir, que Dios no fue creado o tiene origen alguno, sino que en sí Él es la vida misma.
Por otra parte, Juan hace una personificación de Cristo como la Luz que alumbra a los hombres, es
decir, es esa verdad y santidad que se manifiesta contra la oscuridad de las mentiras y el pecado.
En términos del evangelio de Juan, la Palabra vida aquí se refiere a la vida Zoe o vida espiritual o
vida eterna. Esta vida eterna o espiritual es impartida por Dios por Gracia a a todo aquel que cea
en Jesucristo. Imparte vida a aquellos que estaban muertos en sus delitos y pecados.
La relación que hace Juan aquí entre la vida y la luz es muy estrecha, es inseparable, y esto lo
podemos ver textos como en Juan 8:12 donde Jesús afirma que “Él es la Luz del mundo y que
aquel que le sigue, no andará en tinieblas sino que tendrá la luz de la vida”, pero también la vemos
en las declaraciones del salmista en El Salmo 36:9 donde dice: “Porque contigo está el manantial
de vida; en tu luz veremos luz”.
Jesús es la fuente de vida y la luz que resplandece en las tinieblas de nuestro corazón. Por causa
del pecado nuestro corazón está totalmente oscurecido y ajeno a la verdad de Dios, pero en Jesús
hallamos una fuente de luz y vida inagotable, tan solo un leve rayo de su luz disipa toda nuestra
oscuridad.
La humanidad entera esta bajo oscuridad solo la luz de Cristo puede disiparla. Este contraste de la
Luz vs Oscuridad predomina en este evangelio.
EL verbo, quien es Luz y Vida de los hombres, tuvo en mente venir a este mundo, y alguien sería el
encargado de testificar su llegada. Lo que nos lleva al siguiente punto:
II. El testigo de la Luz y la Vida
En Malaquías 3:1 vemos que el Señor hace una promesa a Israel: “«Yo envío a Mi mensajero, y él
preparará el camino delante de Mí…”.
Este mensajero sería enviado con la misión de preparar el camino al Señor, de ser su precursor y
heraldo, de testificar a Israel de la tan anhelada llegada de su Mesías, aquel que vendría a ser la luz
que disipa la oscuridad del hombre y que traería nueva vida, eterna y espiritual.
Su nombre era Juan el Bautista, Hijo de Elizabeth hermana de María y Zacaría, primo de Jesús.
Juan fue considerado por Jesús el más grande de los profetas, fue el más grande porque Dios lo
escogió para realizar la tarea más importante de la historia humana hasta ese punto: ser el
precursor del Mesías, el primero en anunciar públicamente que Jesús era el Salvador.
Sin duda alguna ninguna profecía ha sido tan impactante, reveladora y estremecedora como la de
la venida del Dios creador del universo a este mundo.
La misión de Juan no era exaltarse sino ser un testigo del Mesías. Asimismo, la Iglesia del Señor ha
sido enviada por Dios a dar testimonio de la verdad del Evangelio a toda criatura, a presentar la luz
y vida a los que están perdidos en las tinieblas de su pecado.
Solo la luz de Cristo, es la única que es capaz de disipar la oscuridad del hombre y traerlos a la vida.
Es por eso que, aunque el testimonio de lo que el Señor ha hecho en nuestras vidas sea
conmovedor, es solo el mensaje del Evangelio lo que puede producir vida en ellos.
Ser heraldos del Evangelio es una tarea muy honorable, pero no debemos olvidar que solo
somos agentes enviados por Dios para que el mundo crea a su mensaje. Nuestra meta es
apuntar a todos a Luz de Cristo no a nosotros, lo que también nos lleva a meditar en que
no debemos sobrevalorar ni infravalorar tampoco a los ministros de Cristo, ellos no son
nuestra luz ni nuestrso señores, sino servidores por medio de los cuales hemos creído y
somos edificados.
Hemos visto como a Cristo como el Verbo de Dios encarnado, aquel que es la luz y vida de
los hombres, que ha enviado a sus testigos para traer buenas nuevas de salvación a este
mundo. ¿Cómo el mundo recibe este mensaje? Es lo que nos lleva a nuestro tercer y
último punto:
III. El Mundo: su respuesta a la Luz y la vida
El 11 de Julio de este año, la NASA presentó al mundo la que es considera como la imagen
más profunda y nítida del universo.
Tomada por el Telescopio más potente jamás construido, el James Web, esta imagen, en
palabras de Bill Nelson director de la NASA “ cubre un trozo de cielo del tamaño aproximado de
un grano de arena sostenido a la distancia de un brazo extendido. Es sólo una pequeña porción del
vasto universo”.
Definitivamente somos como nada, como partículas de polvo en medio de la nada.
Aun así, el creador de este inmenso y vasto universo, la luz verdadera que alumbra a todo hombre,
decidió venir a este mundo.
Hasta el momento antes de su venida, el mundo solo había visto reflejos de su gloria, pero en su
venida, pudimos ver todo el resplandor de Su gloria, la revelación completa de Dios. Aun así, el
mundo no le conoció.
La luz verdadera es la vida de Dios en Cristo, es Cristo mismo, el cuál es manifestado a los hombres
por medio de la predicación del Evangelio. Pero el mundo se niega a venir a la luz de Cristo,
porque aman mas su pecado y no quieren que la oscuridad de su corazón sea disipada, son como
ciegos voluntarios.
Algo más trágico que esto fue que su propio Pueblo, Israel, la nación escogida por Dios, lo rechazó.
Los judíos habías esperado por siglos la venida de su Rey prometido, esperaban la anhelada
llegada de su Mesías y Salvador. Sin embargo, aquel pueblo que tenía las promesas de su venida,
aunque le vio cara a cara, su respuesta fue contundente: “Crucifíquenlo… sea su sangre sobre
nosotros y sobre nuestros hijos”
Pero a Dios gracias que la Luz verdadera se guardó para sí un remante, un grupo de hombres que
por la gracia soberana y divina del Señor habrían de creer en su nombre. El rechazo del mundo y
del Israel terrenal no frustrarían el plan divino y eterno de redención, hombres abrazarían la fe y
se acercarían a la luz de Cristo y serían ahora su verdadero pueblo, el Israel celestial.
El Israel étnico y terrenal fue escogido por Dios en Abraham aquí en esta tierra caída, y era de
esperarse que, en mundo caído con personas caídas, ellos cayeran de la Gracia divina. Pero el
Israel celestial, el verdadero pueblo de Dios, fue escogido por Dios antes de la fundación del
mundo, y más que un pueblo es una familia a la que se adhieren hijos a ella por medio de creer en
el nombre de Cristo.
Es por creer en el nombre de Cristo, es decir, creer en todo lo que es Él y lo que ha hecho por
nosotros que recibimos el privilegio y el derecho o potestad de ser llamados hijos de Dios.
Creer en Cristo implica creer en gran parte todo lo que hemos visto hasta ahora: creer que Cristo
es eterno, que es uno en esencia con el Padre, que tiene vida en sí mismo, que es Dios, que creo el
mundo con su poder, que todo existe y tiene vida por Él y para Él, que es la Luz verdadera de los
hombres, y que en Él hallamos la vida eterna.
La salvación del hombre es sencilla, aunque maravillosamente compleja. Como lo menciona Pablo
en Efesios 2: “La Salivación es por gracia por medio de la fe en Jesús”. Esta salvación no es nuestra,
es completamente una obra de Dios.
El hombre no puede procrear hijos de Dios. Así como el hombre no puede traer a la vida perros o
gatos porque no está en su naturaleza, así mismo el hombre no puede procrear vida espiritual en
sí mismo porque en su naturaleza no hay vida espiritual, está muerto en delitos y pecados. Es la
obra de regeneración del Espíritu Santo la única que puede traer al hombre a la verdadera vida. Se
requiere de un nuevo nacimiento no terrenal sino espiritual.
No somos hijos de Dios por herencia étnica como pensaba el pueblo de Israel, tampoco somos
hijos de Dios por voluntad de nuestros padres, mucho menos somos hijos de Dios por nuestros
méritos u obras. Solo llegamos a ser hijos de Dios si creemos en el nombre de Jesucristo.
Conclusión
Hermanos, no es increíble que Aquel Logos, el Davar de Dios, la Palabra de Dios, el creador de
todo lo que existe, el creador de este vasto e inmenso universo que mínimamente retrató el
Telescopio James Webb y que en cuya imagen tu y yo no aparecíamos ni aún con Photoshop… vino
a esta insignificante partícula de polvo que es este mundo a traer luz y vida a pobres hombres
como tú y como yo que estábamos perdidos en nuestras oscuridad, muertos en nuestros delitos y
pecados, y no siendo solo así levanto a estas diminutas partículas de polvo y les dio el título más
honorable que una criatura puede tener, el título de Hijo de Dios.
¿No trae consuelo esto a tu vida? que la grandeza misma, la vida misma, la luz de los hombres,
Dios mismo, vino a este mundo por amor a ti, y no solo eso, sino que ha prometido estar contigo a
tu lado todos los días
Hermano, ¿Qué piensas cuando por tu fe los demás te menosprecian?, Cuando te sientes como un
desechado por este mundo. ¿Descansas en el hecho de que tu Salvador también fue rechazado?
Y tu amigo que estás en este lugar y que aún no ha recibido la Luz de Cristo, que aún el pecado
niebla tu vista y no ves al Salvador. ¿Serás como este mundo y como aquellos judíos que viendo
cara a cara a su Salvador lo rechazaron? ¿Seguirás rechazando la luz verdadera y despreciando el
regalo de vida Eterna? ¿O creerás en Cristo como tu Señor y te unirás a la familia de la fe como
hijo de Dios?
El Señor no ayude mis hermanos a contemplar esta preciosa verdad:
Que el Dios eterno vino a este mundo que el creó para ser luz y vida a los hombres y fueran
hechos hijos de Dios al creer en su nombre.
Vamos a orar hermanos.