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Recuperar El Niño Interior - VV - AA.

El libro 'Recuperar el Niño Interior' explora la importancia del niño interior en la vida de los adultos, destacando su conexión con la alegría y la plenitud. A través de ensayos de diversos autores, se abordan temas como la sanación de traumas infantiles, la recuperación de la inocencia y la creatividad. El texto enfatiza que reconocer y cuidar a nuestro niño interior es clave para alcanzar la autenticidad y la individuación.

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Recuperar El Niño Interior - VV - AA.

El libro 'Recuperar el Niño Interior' explora la importancia del niño interior en la vida de los adultos, destacando su conexión con la alegría y la plenitud. A través de ensayos de diversos autores, se abordan temas como la sanación de traumas infantiles, la recuperación de la inocencia y la creatividad. El texto enfatiza que reconocer y cuidar a nuestro niño interior es clave para alcanzar la autenticidad y la individuación.

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RECOPERAR lel MOONY JO NINO INTERIOR MA C.G. Jung, M. Woodman, J. Campbell, J. Bradshaw, M.S. Peck, J. Singer, U.K. Le Guin, B. Bettelheim, R. Metzner, M-L. von Franz, G. Bachelard, A. Lowen, A. Miller, J. Hillman, J. Houston, N. Branden, E. Erikson y otros Biblioteca de la Nueva Conciencia Ya decfa Wordsworth que «el nifio es padre del thre». E] pre- senté libro trata del nifio interior que todos llevamos dentro. El nifto interior, esa parte vital pero sumergida ¢ del Yo que nos conecta con la alegria—y con la tristeza— de nuestra infancia, es precisamente la clave para alcanzar nuestra plenitud en tanto que adultos, E nifio. interior. es el Yo que realmente somos, que siempre he- cluye ensayos de psicologtia profunda, literatura, psicoterapia, etc; un fibro que da realidad a una imagen abstracta y muestra al nifio interior como sfmbolo unificado del Yo. En palabras de Carl Thomas que quiere desar Recuperar el nifio inter jor es, asi, un oportunisimo trabajo co- lectivo que apunta a que affore toda la sabidurfa que el «nifion - puede aportar a la conciencia adulta. Muchos de jos capftulos del : libro persiguen objetivos practicos, tales como: - + Realizar las expectativas del nijio. + » Recuperar la inocencia, la alegria y la capacidad de asombro del nifio, ere + Sanar al-nifio intérior herido o maltratado, resolver é antiguos trau- mas. ~ 1 ~~ + Asumir al nijio como simbolo de nuestra energfa credaiiva. » + Perdonar a nuestros padres. + Desarroliar una conciencia compasiva. + Resolver los innumerables cabos sueltos de Ja ni Los distintos autores de los diferentes capitulos sont tor versalmente conocidos. Jeremiah Abrams, responsable de I: es terapeuta junguiano, escritor y fundador del Mt. Vision Institu. te de California. BN aN-724S-2ub-2 ee Dl NON NN NAAR RRR RR RR RR, | a C. G. Jung, G. Bachelard, J. Singer, R. Metzner, J. Hillman, M. Woodman, M. Scott Peck, U. K LeGuin, J. Campbell, M-L. von Franz, A. Lowen, J. Bradshaw, B. Bettelheim, E. Erikson y otros RECUPERAR EL N INO INTERIOR Edicién a cargo de Jeremiah Abrams UNIVERSIDg) Sentra do Bi, ee DE MANIA gg PROCESOs Te cn roa naaigg editorial airds Numancia, 117-121 08029 Barcelona Titulo original: RECLAIMING THE INNER CHILD ‘Tradueci6n: Carlos Figueras Diseffo portada Ana y Agustin Péniker © 1990 by Jeremiah Abrams © de la edicién en casteltano: 1993 by Editorial Kairés, S.A. icién: Septiembre 1994 : Funio 2001 ISBN: 84-7245-266-2 Dep. Legal: B-25.726/2001 Fotocomposicién: Beluga & Mleka, Cércega, 267, 08008 Barcelona Impresién y encuademacién: {ndice, Caspe, 118-120, 08013 Barcelona ‘Torts los derechos reservados. No esté permitida la reproducei6n total ni parcial de este libro, a 4a recopilacién en un sistema informético, ni Ja transenisién por medios electeSnicos, mecénicos, por fotocopias, por registro o por otcos métodos, salvo de breves extractos 2 efectos de resem, sin Ia autorizaci6n previa y por eserito eel editor o el propietario del copyright. Para Phillip, Rachel y Barbara, mi buen hijo, mi buena hija, su buena madre: ~ “Si no fuera por vosotros, no parecerfa cierto”. Pensé, por tiltimo, que de todas las nostalgias que aco- si bu - petuo anhelo de r lo que hay de més jo- ven con aquello q -miis viejo en cada uno de nosotros. . Laurens Van Der Post J “ wd PROCKOUS YecRices ... ANN RN AGRADECIMIENTOS Un proyecto como éste es el fruto del trabajo de mucha gente, sin cuya cooperacién generosa y creativa no hubiera Ilegado a ver Ja luz. Le debo un agradecimiento especial a mi mujer, Barbara Shindell, quien se sacrificé para que todo siguiera en marcha durante mi reclusién y ha sido, al mismo tiempo, mi sostén, mi lectora principal y mi aliento ifids entusiasta. Le estoy también muy agradecido a mi editora, Connie” Zweig, persona dotada y singular que ademas de buena ami- ga ha ejercido de “madre” y “comadrona” de este proyecto. Hay muchas personas que merecen también un agradeci- miento especial por su contribucién especifica a nuestro li- bro: Bob Stein y Joel Covitz dieron su apoyo intelectual y emocional a este esfuerzo, creyendo en él resueltamente y participando como lectores, crfticos y colaboradores. Mark Dowie y Mark Libarle me ayudaron a encaminar el proyec- to, Bill y Vivienne Howe, me permitieron usar su biblioteca generosamente, como si fuera un centro de investigacién. Sharon Heath me alent6 desde su propio proyecto, paralelo a éste. Lotte Stein, Joanna Karp, Bruce y Carla Burman, y Alice Graveson aportaron su incalculable ayuda como lecto- res y criticos. Kathleen Dickey se encargé amablemente de Agradecimientos Ja preparacién del manuscritd. Jeremy ‘Tarcher y su equipo me proporcidnaron toda su atencién y profesionalidad a lo largo de todo el proyecto. Y, por supuesté; debo dar las gracias también a cada uno de los autores y editores que generosa- mehie permiticron que sus escritos parliculares se entrete~ jierati en la trama de este libro. Quiero reconocer especialmente a aquellos clishtes y ami- gos personales qué a lo largo de los afios han compartido conmigo su ser m4s intimo y que han dotado de realidad a mi propia experiencia del nifio intetior y a las posibilidades curativas latentes en cada uno de fosotros. 10 INTRODUCCION: EL NINO INTERIOR Jeremiah Abrams ifio.que hay en nosotros a quien regresamos. terior es lo‘bastante simple y.osado como para vi- yir el Secreto. Cuyana Tsu La mayorfa de nosotros sentimos una fuerte afinidad ha- cia el nifio interior. Sabemos intuitivamente lo que es, el sig- nificado que tiene para nosotros, Percibimos, tal vez de for- ma encubierta, que una parte de nosotros mismos permanece integra, a salvo de los pesares de la vida, capaz de alegrar- se profundamente y de maravillarse ante las cosas més pe- quefias, Esta imagen del nifio es sutil, compleja y auténtica. Su mensaje es que todos llevamos a un nifio eterno en nuestro SNA ‘ Introduccién interior, un ser hecho de inocencia y asombro. Y este nifio simbélico también nos conduce, a quienes hemos sido por- trode nuestras.experiencias, for- i de nuestros placeres y de nuestros dolores, Como realidad poética y simbélica el nifio interior se ma- nifiesta cn las fantasfas, los suefios, el arte, y Jos mits pro- cedentes de todo el mundo, donde representa la renovacién, Ja divinidad, el entusiasmo vital, la capacidad de asombro, la esperanza, el futuro, la uriosidad, el valor, la saponaneies y la inmortalidad. E eminente erudita y analista junguiana, dic reaccién ii ingenua, soy integra; estoy fntegramente e1 or elk los terapeutas infan- tiles ; dan 1 permiso a. a los nifios para que jueguen y en dos mi- lo su problema, porque en su actividad [nifio interior es al mismo tiempo una realidad de nues- tro desarroflo-y una_posibilidad simbélica. Es el alma de la persona, creada en nuestro interior por medio deta expe- riencia vital, y es la imagen primordial del Yo, el nticleo mis- mo de nuestro ser individual. Como sugirié Carl Gustav Jung, el nifio representa una “plenitud que abarca Jo mds profundo de ta Naturaleza”, “El Nifio es el padre del Hombre”, dijo Wordsworth. El nifio es el padre de la persona entera. a¢ La mayorfa de nosotros, cuando adultos, continuamos en contacto con el nifio mediante. lo: comportamiento infantil, y la relacién que so Se los nifios de verdad. Jung sefialé qi ue la tendencia a. empren- ividads mantenernos gin él, la regresidn es un “intento genuino de alcanzar algo, necesario: el sentimiento universal de inocencia infantil, la 12 El nifio interior sensacién de seguridad, de proteccién, de amor recfproco, de confianza, de fe, algo que tiene muchos nombres’ Todos hemos sido nifios Nuestro nifio interior posee el espfritu de la verdad, la es- pontaneidad y la autenticidad absoluta. Sus acciones mani- fiestan Ja naturalidad que hay en nosotros, la capacidad de ac- tuar adecuadamente y la aptitud para resolver cualquier situacién. Culver Barker, un psicdlogo briténico, observ6 la importancia de conocer al niiio interior, de relacionarse con él de modo consciente y de afianzarse gracias a él. A este res- pecto escribié: Cuando hablo del nifio interior me refiero a ese aspecto del adulto que todavia refteja algunas de las cualidades del nifio divino... Cuando, por el motivo que sea, no somos cons- cientes de él, cuando no estamos en contacto con él, esta fuerza contiene en potencia-toda actividad constructiva o ” destructiva. Toda la dinémica creativa de la personalidad humana, toda su fuerza motriz, esté circunscrita a él? “Sélo cuando escucho la voz del nifio que hay en mi in- terior”, dice la célebre psicoanalista su uiza Alice Miller, “pue- do sentirme auténtica y creativa. pia personalidad alo la Tars gada —y gira en tomo a~la identidad singular.del yo infan- ~ til. Von Franz concuerda con Miller en este aspecto cuando” “sefiala que: “EI nifto interior es Ja parte auténtica, y la parte auténtica en nuestro interior es la que sufre... Muchos adul- + tos escinden esta parte de sf mismos y por ello no alcanzan la individuacién, ya que sélo si se la acepta, y se acepta con Utinys AA Introduccién ella el sufrimiento que conlleva, puede tener lugar el proce- so de individuacién”. Todos y cada uno de nosotros podemos reconocer la voz det nifio interior, puesto que la conocemos bien. Todos hemos sido nifios. Y el nifio que hemos sido pervive en nosotros ~para bien o para mal- como recipiente de nuestra historia personal y como simbolo omnipresente de nuestras esperan- “Zas y NUEStEAS POSibilidades creativas, ~ EI nifio, sea cual sea el procedimiento seguido para esta- blecer contacto con él, es la clave que nos permite alcanzar Ja expresién cabal de nuestra individualidad. Esta entidad in- fantil, el ser que verdaderamente somos y hemos sido siem- pre, vive en nosotros aqui y-ahora. Si, por ejemplo, obser- vamos la imagen que ciertos individuos excepcionalmente dotados tienen de sf mismos, nos sorprende hasta qué punto dicha imagen se halla ligada a la experiencia personal y sin- gular del yo infantil. Albert Einstein es un caso célebre del genio que perma- necié siempre vinculado a la naturalidad del niiio interior, Se dice que-Binstein no empezé a hablar hasta casi cumplir los cinco afios. “Incluso a Ja edad de nueve afios no era capaz de hablar con soltura”, comenta su bidgrafo Ronald W. Clark? La autenticidad de su yo infantil no fue contamina- da por el lenguaje, sino que qued6 inscrita en una sensacién de asombro no verbal, El mismo Einstein reconocié esta cua- lidad del nifio en su interior. Y, frente a la adversidad, supo sendirle fiel homenaje, En sus notas autobiograficas, escri- tas a la edad de setenta y cinco affos, encontramos la si- guiente reflexion: De hecho es casi un milagro que los métodos modernos de ensefianza no hayan sofocado por completo la santa curio- sidad indagadora; porque esta pequefia y delicada planta, ademés de estimulo, necesita sobre todo libertad; sin ella, el naufragio y la ruina son seguros. Bs un error muy grave pen- 14 EL nifio interior sar que el placer de observar ¢ inquirir puede fomentarse mediante la coaccién 0 el sentido del deber.* Esta naturalidad, libertad y perpetua sensacién de asom- bro, puntualmente preservadas a lo largo de su edad adulta, perduraron como rasgos distintivos de la personalidad de Einstein hasta su vejez. La vida de Wolfgang Amadeus Mozart, por el contrario, ejemplifica la inversién unilateral de las tendencias positi- vas del niffo interior, Este es el caso de un genio infantil que, segtin sus bidgrafos, fue incapaz de.equilibrar su personali- dad, porque no supo desarrollar su lado aduito y socializado. Su yo infantil qued6 asf prisionero del amor dependiente, henchido de grandiosidad y compelido a buscar la aprobacién de su padre, de su monarca y de su mundo. Su talento musi- cal brillé sin macula, pero su comportamiento pueril termi- né levéndole a una muerte prematura. Existen también personas dotadas para las cuales el in- greso en la madurez y en la edad adulta trae consigo una dis- minucién de la vibrante fuerza del_nifio. Considérese,. por ejemplo, el-desolador efecto de la maduréz sobre los dones de muchos nifios prodigio. El proceso de socializacién sofo- cade alguna manera las facultades naturales dé la mayoria de los nifios, Este es el dil i Tal vez las cosas suceden del siguiente modo: el nifio real, viéndose forzado a adaptarse, se convierte en un pequefio adulto y se identifica con un yo falso. Los tesoros del au- téntico yo infantil son entonces ocultados y protegidos en un santuario tan bien escondido que cuando el yo adulto madu- ra, es incapaz de recordar y recuperar al nifio interior que, de este modo, termina abandonado y perdido. Con el tiempo, la racionalidad o Ja amargura sustituyen a la espontancidad y transparencia naturales de aquel yo resplandeciente. Como se lamentaba J. Robert Oppenheimer, oscuro y genial ade- lantado de la era atémica: “Hay nifios jugando en la calle UAIVER anion Introduccion que podrfan resolver algunos de mis principales problemas en. el campo de la fisica, porque poseen modalidades de per- cepcién sensorial que yo perdi hace mucho tiempo”. “Donde estdé la vida que hemos perdido viviendo?” Para algunos el nifio interior dista mucho de ser inspira- dor, puesto que apenas es real, Su experiencia infantil ha sido borrada por el dotor y por el tiempo, oscurecida por la ra- cionalidad, expulsada por la ambicién o distorsionada por el apremio a crecer y adaptarse, Son pocos los que gozaron de una infancia sin ansiedad, Ilena de contacto y de participacién compenetrada en el mun- do de Jos adultos; una infancia libre y abierta al juego ima- ginativo o al gozo del esparcimiento; un entorno emocional en el que el hecho de ser vulnerable no era causa de insegu- ridad. Para muchos, ‘el nifio interior es un ser herido y trau- matizado, una victima menoscabada por las ‘experiencias que el adulto prefiere no recordar. mo Seguin la terapeuta infantil Edith Sullwold, el nifio de nues- tra experiencia “es el nifio al que todos deseamos curar para poder recuperar Ja energia necesaria para nuestra actividad adulta, energfa que reside atin en aquellos mecanismos auto- miéaticos de defensa que desarrollamos como respuesta a nues- tras primeras experiencias dolorosas”. Hemos jugado y hemos sufrido, hemos crecido y hemos aprendido, La parte joven y vital persiste, aunque en algunos casos sélo se manifieste en un brillo ocasional de la mirada 0 en cierta entonacién de la voz. Mucha gente experimenta de modo inconsciente al nifio interior como aquél cuyas necesi- dades nunca fueron reconocidas ni satisfechas. Esta experien- cia, y el anhelo que la acompafia, son fuente de humitlacién y vergilenza, dificiles de identificar y de compartir. De este modo, el nifio puede inhibir las retaciones humanas del adulto, 16 E! nifio interior Siempre que nos ligamos estrechamente a alguien, como ocurre, por ejemplo, en el matrimonio, nos enfrentamos al nifio interior, ya que ¢s entonces cuando las heridas afectivas de nuestro pasado se sienten mds profundamente. “Esas he- ridas del alma infantil”, comenta el autor y analista junguia- no Robert M. Stein, “dificultan enormemente, cuando no im- posibilitan, la posibilidad de establecer contactos humanos fntimos y creativos. En este sentido el nifio herido represen- ta también ese aspecto del alma que necesita y exige la unién con el préjimo.” . Es posible sanar al nifio herido y, de hecho, es preciso ha- cerlo si se quiere alcanzar 1a plenitud. El remedio exige una transformacién interior, la adopcién de una actitud positiva que apoye y sustente compasivamente al nifio interior. En su libro El drama del nifio dotado, Alice Miller describe el cam- bio que se opera durante el proceso curativo: Si una persona es capaz... de sentir que de nifio no fue nun- ca “amado” por lo que realmente era, sino por sus logros, sus éxitos y sus buenas cualidades, y que sacrificé su infancia por ese“amor”, padecerd uit profunda conmocién, pero al- gin dfa deseard poner fin a semejante “amor”, Descubriré en- tonces en s{ mismo la necesidad de vivir de acuerdo con su “verdadero yo” y ya no se sentiré forzado a conquistar un amor que en el fondo no puede satisfacerlo, puesto que est destinado a un “yo falso” al que ahora ha empezado a te- nunciar, La luz del mindo brilla a través de él EI nifio interior Neva consigo nuestra historia personal, y es el vehiculo tanto de nuestros recuerdos del nifio real como de! nifio idealizado del pasado, Es la cualidad verdadera- mente viva de nuestro ser interior, Es ef alma, aquello que ex- 17 Introduccién perimenta en nosoiros a través de todos los ciclos vitales. Es Ja victima. Y es el portador de la renovaci6n a través del re- nacimiento, apareciendo en nuestras vidas siempre que nos desidentificamos y que nos abrimos al cambio, En el poema “The Holy Longing” [Selige Schnsucht], Goethe, el gran pensador europeo de los siglos dieciocho y diecinueve, ensalza esta notable cualidad del ser humano: Diselo a una persona sabia o quédate en silencio, porque el hombre ordinario se burlaré en el acto. Celebro lo que vive de verdad, _ ta que.anhela abrasarse hasta la muerte Y si no has tenido esta experiencia ~morir y ast crecer— no eres mds que un huésped aturdido sobre la ascura tierra’ La experiencia de este proceso de renovacién equivale a experimentar las posibilidades oreativas del nifio interior sim- bélico. “Morir” -esto es, entregarse a un perfodo de transi- cién- permite el nacimiento de nuevas posibilidades. “Re- nuncia a lo que tienes y recibirds”, dice el proverbio latino. Cuando algo deja de ser, el nifio aparece como una posibili- dad interna que irrumpe en nuestro mundo pleno de su inge- nua vitalidad. “Al proceso de morir psicolégicamente, mientras uno to- davia est4 vivo, sigue el renacimiento o la renovacién psi- colégica”, sefiala Ralph Metzner en su libro Las gre ‘andes me- tdforas de la tradicién sagrada, Entonces nace un nuevo ser —una nueva manera de ser— imaginado como el resplande- ciente nifio simbélico. “El nifio recién nacido todavia esté vinculado al Tao, a la fuente de su vida y de su manifesta- cién, motivo por el cual deberfamos emularlo”, afiade Metz- er. “Como dice Chuang Tsu: ;Puedes ser como un recién 18 El nifio interior nacido? El bebé Ilora todo el dfa, pero su voz nunca es ron- ca porque no ha perdido la armonfa con Ia naturaleza”. Este nifio eterno y verdaderamente vivo se encuentra en el coraz6n de nuestro ser esperando encarnarse en nuestros actos y nuestras actitudes. Y fa luz del mundo brilla a través de él, “Hacerse joven lleva mucho tiempo” Aunque no es sino en los tiltimos treinta afios que la cul- tura popular ha incorporado este concepto, el tema del nifio interior es al mismo tiempo eterno y contempordneo. Es tan antiguo como la religién y tan actual como una comedia de Hollywood. En la pelicula Big, por ejemplo, un nifio ve sa- tisfecho su deseo de ser adulto instanténeamente y, en su nue- vo cuerpo de hombre, le vemos triunfar en el mundo de los adultos simplemente porque conserva su yo infantil, inocen- te y vibrante. Lo cual no difiere en sustancia de la figura del nifio-dios Hermes de los himnos homéricos, quien (jel dia mismo de su nacimiento!) inventa la mtisica y el canto al fa- bricarse un juguete, una lira, a partir del caparazén de una tor- tuga robado a su hermano mayor, el arquero Apolo, con el cual le apacigua y obtiene la aprobacién de su famoso padre, Zeus. E] nifio interior es un concepto en evolucién cuyos orf- genes se remontan a los tiempos primordiales, a las tempra- nas religiones solares y a los cultos de adoracién a la natu- raleza. Aquellos nifios-dioses dieron origen al surgimiento de las divinidades infantiles mitolégicas de todo el mundo. La fAbula de Rémulo y Remo abrié las puertas a la civiliza- cién romana. El concepto hebreo del mesfas terminé dando lugar al sfmbolo principal del ser interior en nuestros tiem- pos, el nifio Jestis. Durante la Edad Media, cuando ciertas prdcticas religiosas no eran autorizadas, se vieron empuja- 19 Introduccién das a fa clandestinidad, los alquimistas emprendieron la ta- rea de alcanzar la sfntesis de los opuestos, la creacién de un alma infantil, el Hijo del Filésofo. En Oriente, hasta el dfa de hoy, la devoci6n al nifio Krishna impregna la vida fami- liar como conciencia de la presencia divina en la vida coti- diana. En Occidente el pensamiento religioso ha dado paso al pensamiento secular sobre el tema del nifio. En nuestra épo- ca —que la sensibilidad cientifica victoriana lleg6 a imaginar como “el siglo del Nifio”— las ciencias sociales se han desa- rrollado de una manera impresionante y en el pasado més in- mediato hemos presenciado una expansién muy notable del Ambito de las ideas psicolégicas. En la década de tos sesen- ta, tanto la practica como la teorfa de la educacién se vieron conmovidas por ideas modernas acerca de la psicologfa in- fantil y de la teoria del desarrollo. Las aportaciones de la psi- cologia profunda de pensadores como Freud, Adler, Jung, Reich, Reik y otros, cobraron mayor influencia y respalda- ron claramente algo que las tradiciones mfsticas habfan va- lorado desde tiempos inmemoriales -a saber, que nO estamos hechos de una sola pieza, que cada uno de nosotros se ve marcado por una multitud de influencias internas, siendo la infancia y la nifiez la mds inmediata ¢ importante. Este contexto intelectual fomenté la aparicién de la nocién del nifio interior, un concepto que surge en los escritos psi- colégicos, serios y populares, de tos afios sesenta, especial- mente en la obra del eminente psic6logo suizo C.G.Jung (“La Psicologia del Arquetipo Infantil”, publicada en Estados Uni- dos en 1959), quien describio al nifio interior como un sim- bolo de plenitud en ta psique, como un puente entre el 4m- bito personal y el colectivo. El psiquiatra norteamericano, ‘W. Hugh Missildine (Your Inner Child of the Past, 1963) es- cribid uno de los primeros libros de auto-ayuda en el que daba alentadores consejos acerca de cémo reconciliar al nifio interior con la personalidad del adulto exterior. La obra su- 20 El nifio interior mamente popular del psiquiatra californiano Eric Berne (And- lisis Transaccional, 1961) puso al nifio interior en relacién. con el padre interior y el adulto interior, ofreciendo asf un mo- delo flexible que funcionaba bien en contextos psicotera- péuticos y que permitfa al nifio interior asumir un papel cons- tructivo en el restablecimiento de la persona total. Hay varios motivos importantes que explican por qué la noci6n del nifio interior nos resulta tan atractiva en la actua- lidad. Los seis factores siguientes, si bien no agotan la cues- tién, contribuyen a convertir cl tema del nifio interior en un asunto de candente interés, La expansion del interés por la psicologia La psicologfa —hija ella misma de este siglo— nos ha con- ducido a tomar conciencia de {a importancia de Ja infancia hu- mana, subrayando Ia realidad de la experiencia infantil y sv trascendencia en el desarrollo de la persona, Sigmund Freud, cuya lucidez dio origen a la investigacién psicolégica mo- derma, comenté al final de su carrera que “el verdadero va- Jor del psicoanilisis es el de mejorar la relacion entre padres e hijos”. Casi todo el pensamiento subsiguiente en el campo de la psicologfa ha concedido un lugar prominente al nifio y al estudio de la infancia. Jung, cuyos descubrimientos han hecho avanzar de manera decisiva el pensamiento psicolégico, tampoco subestimaba el cardcter promisorio de la psicologfa para el temperamen- to moderno cuando pregunté humorfsticamente: &Por qué serd que justo ahora nos interesamos de manera tari especial por la psicologia? La respuesta es que todo el mundo la necesita con urgencia. La humanidad parece ha- ber alcanzado un punto a partir del cual los conceptos pre- vios ya no son adecuados y empezamos a darnos cuenta de que nos enfrentamos a algo extrafio, cuyo lenguaje desco- 21 AIntroduecién nocemos. Vivimos en una época en la que desciende sobre nosotros la revelacién de que el pueblo que vive al otro lado de la montafia no se compone exclusivamente de demonios pelirrojos responsables de todos los males que aquejan a este lado de ta montajia.” El crecimiento paraleto de la psicoterapia La “cura por la palabra”, que se origind con Freud y sus seguidores, ha evolucionado y ha diversificado sus focos de interés, pero sigue prestando atencién al alma, valorando la vida interior del adulto y reconociendo Ia existencia de un nifio interior necesitado de cuidado. Fn las tiltimas tres décadas el fenémeno del nifio interior ha cobrado preminencia debido en gran parte a un interés creciente en Ja psicologfa junguiana, en general, y en el tra- tamiento de los trastornos narcisistas de la personalidad, en particular. Ambas disciplinas identifican la imagen del nifio interior con-el alma vulnerable, con el! nifio herido que ne- cesita integracién y con el yo lastimado. El psicéloge James - Hillman se adhiere a las opiniones de Jung cuando dice: “Lo que la psicologia profunda llama regresién no es otra cosa més que el retorno al nifio”. Con la creciente popularizacién de 1a psicoterapia, los te- rapeutas han entrado en contacto con su propio nifio interior y se han visto en la necesidad de sanarlo antes de poder ayu- dar eficazmente a otros. Seguin el autor Charles L. Whitfield, muchos terapeutas han extendido este tipo de trabajo a sus pa- cientes y han hecho de la recuperacién del nifio interior la cla- ve de su terapia. El programa de los Hijos Adultos de Alcohélicos Este fenédmeno de r4pido crecimiento, derivado del po- pular movimiento de autoayuda en doce etapas del grupo Al- 22 El nitio interior cohélicos Andénimos, hace buen uso del concepto del nifio interior, Se estima que el programa de los Hijos Adultos de Alcohdélicos crece a'razén de un nuevo grupo diario (en EE.UU.) y su éxito parece descansar en el reconocimiento del sufrimiento, previamente desestimado, de aquellos que se criaron en hogares donde imperaba el alcoholismo y en la constatacién de los efectos desastrosos que semejante vi- vencia tiene sobre el yo infantil de quienes la sufrieron. El modelo de Hijos Adultos de Alcohélicos, que utiliza un en- foque sistemdtico familiar, deja bien clara la idea de que to- das las familias disfuncionales, y no sdlo las afectadas por e1 alcoholismo o la toxicomania, causan dafios incalculables en los hijos y en el nifio interior de sus miembros. Se trata de un fenédmeno muy importante, sobre el que se publican nu- merosos estudios, y que esté contribwyendo a superar el re- chazo de aquella parte auténtica y sufriente de nosotros mis- mos a la que Hlamamos el nifio interior. El creciente reconocimiento del abuso infantil El incremento del numero de casos de abuso infantil ¥ de la atencién piiblica hacia este fenémeno nos obliga a pensar en la perpetuaci6n de semejante comportamiento por parte de Jas vfctimas. El autor y analista junguiano Joe! Covitz, en su libro Emotional Child Abuse, califica de “maldicién fami- fia” a este fenémeno intergeneracional que termina por con- vertir al nifio interior maitratado en el causante del préximo abuso sobre su propia descendencia. Segtin Covitz, cuando observamos al autor adulto del abuso: casi siempre nos encontramos con la misma rafz: una per- sona cuyas necesidades narcisistas sanas no fueron satisfe- chas durante su infancia... y, cuando el nifio crece, el efec- to devastador de este trastorno recae sobre sus propios hijos. Hasta que los padres no comprendan mejor el efecto que sus 23 NAA Introduccién actos tienen sobre sus hijos, las pautas del comportamiento abusivo no serdn modificadas. {Qué rasgos de nuestra cultura se manifiestan en esta epi- demia de abusos infantiles? Se trata de un problema compli- cado que requiere el estudio detallado de nuestras actitudes colectivas hacia el nifio interior. Segtin Robert M. Stein, uno de los pensadores més destacados en este campo y cuyos es- critos nos incitan a reflexionar sobre el asunto con mayor sensibilidad y conciencia: “E} abuso infantil refleja siempre una falta de contacto y de respeto hacia el nifio interior o psf- quico”. La progresiva atencién al fenémeno del abuso in- fantil en nuestra sociedad y Ja comprensién de que la mayo- rfa de los agresores han sido victimas ellos mismos, refuerzan la importancia del estudio del nifio interior. El incremento actual de las obligaciones de los padres La tarea de criar a los hijos encuentra hoy més obstaécu- los que nunca y requiere, por tanto, una mayor atencién y _ apoyo. Las actitudes hacia los nifios y su desarrollo estan cambiando répidamente, Aquello que se hubiera considera- do inapropiado hace treinta afios como, por ejemplo, la préc- tica generalizada de dejar a los bebés de pocos meses al cui- dado de otras personas, es hoy perfectamente aceptado. La répida transformacién de los valores en las sociedades post- industriales ha alterado 1a estructura familiar y est4 afectan- do de manera radical a la manera en que criamos a nuestros hijos. Las mujeres se han incorporado masivamente al mun- - do laborai obligadas por motivos econémicos y por la nece- sidad de reafirmar su identidad y su valor en la sociedad. Esta tendencia, junto al aumento de los casos de madres 0 pa- dres solteros, nos exige teplantear la tarea de los padres de este final de siglo. La nueva generaci6n de padres, mucho mas numerosa que la anterior debido a la expansién demo- 24 El nifio interior grafica que siguié a la segunda guerra mundial, desea y ne- cesita ampliar su conciencia colectiva de lo que es una bue- na crianza. Hoy mas que nunca los padres necesitan toda la ayuda que puedan obtener y, sin embargo, la crianza infantil ~y también nvestros nifios— parecen en la actualidad mds des- cuidados que nunca por la sociedad. Estas circunstancias nos obligan a prestar atencién de ma- nera especial hacia el niiio interior de los padres y hacia ta vida interior del nifio: la calidad y el éxito de la crianza in- fantil aumenta notablemente cuando los padres logran recu- perar su propio nifio interior, previamente descuidado, y cuan- do Jogran transformarlo en una fuente de compasién para el cuidado de sus propios hijos. E] trato que damos a nuestro nifio interior determina fuertemente el trato que damos al nifio exterior. La sed espiritual y la biisqueda de sentido La incertidumbre espiritual de nuestros tiempos insta a un renacimiento de la esperanza y del sentido de la vida en cada uno de nosotros, ~~ Todo se desmorona; el cenira ya no aguanta, Suelta va por el mundo la pura anarquta, Suelta va la marea turbia de la sangre y, por doquier Se ahoga la ceremonia de la inocencia... W.B. Yeats “The Second Coming” (“El Segundo Advenimiento”) [Versin de Manuel Soto} Padecemos lo que Jung lam6 “un empobrecimiento sin precedentes de los simbolos”, Nuestra época siente hambre de espiritualidad y de sentido, anhelando el segundo adveni- miento del nifio divino interior, cuya aparici6n presagiaria el inicio de un nuevo milenio de esperanza. 25 Introduccién A nivel personal sentimos una apremiante necesidad de entrar en contacto y de vivir el destino del nifio interior para encontrar la salvacién espiritual. Segtin Gaston Bachelard: “Nuestra infancia atestigua la infancia del hombre, det ser tocado por la gloria de vivir”, O en palabras de la psicdloga junguiana June Singer: “Ey nifio divino que hay en nuestro interior da sentido a nuestros esfuerzos inmaduros; nos muestra el lado inconsciente de nuestras limitaciones y constituye, en este sentido, una vi- sién de potencialidad floreciente”. En términos psicolégicos podrfa decirse que la aparicién del nifio divino es una manifestacién del Yo que reestructu- ra Ja personalidad y da lugar a una notable expansién vital y a un renovado sentido de la vida. “Cuando se estudian los escritos de los misticos y de los gufas espirituales y las vidas de quienes alcanzaron la au- téntica madurez”, escribe John Loudon en su ensayo “Ha- cerse Nifio”, “se constata la presencia de un objetivo comin: una integracién plena que abarca la totalidad del potencial hu~ mano y que es, al mismo tiempo, natural, sabia, alegre e in- cluso Itidica.” En suma, un retorno al nifio. Este motivo se re- fleja en los grandes mitos de las principales religiones, en Jos que el nacimiento de un nifio especial supuso el despla- zamiento de los antiguos dioses y el advenimiento de un nue- vo comienzo, La aparici6n del arquetipo del nifio divino —el nifio inte- rior colectivo— presagia una transformacién del psiquismo colectivo o individual y la posibilidad de renovarse o crecer, “Hay en nuestro interior”, escribe Edith Sullwold en el pri- mer articulo de este libro, “una potencia creativa que nos in- vita a abandonar nuestra antigua cosmovisién para acoger una nueva.” 26 El nifio interior “;Canta, musa, al nifiol” La atencién que en ta actualidad prestamos a la infancia es un sintoma saludable para nuestra sociedad que augura un futuro positivo para nuestros nifios. De la misma manera que Homero invocé en su tiempo, “jCanta, musa, al nifio!”, tam- bién podemos hoy buscar inspiracién en el nifio interior, Fste libro se ha concebido para satisfacer dicho objetivo. Retine por primera vez escritos importantes sobre el tema del nifio interior. Su intencién es sencilla y clara: estructurar un campo de investigacién urgente y adecuado y proporcionar- le al lector el material més interesante disponible al respec- to, Al proyecto han contribuido la persistencia y la buena fe de mucha gente, sin desdefiar las utiles sugerencias de varios individuos no mencionados directamente en el texto. Una ta- rea como ésta favorece, ademds, en sf misma, el descubri- miento de Ja capacidad de elegir lo correcto y de confianza en la bondad de esa eleccién ingenua. Esta ha sido una ben- dicién inesperada, un don que el nifio interior ha aportado, Cada una de las contribuciones de esta coleccién ha sido seleccionada, después de una investigaci6n exhaustiva, en virtud de su calidad, punto de vista, o interés particular. El libro esté organizado en torno a seis temas principales que constituyen otras tantas secciones. Cada seccién co- mienza con una introduccién que describe y contextualiza los temas principales en ella tratados, Y cada uno de los ar- ticulos es a su vez introducido, de modo mas concreto, por un breve pasaje informativo. La primera parte examina las dimensiones miticas del tema del nifio interior, las im4genes innatas de la infancia que todos llevamos dentro, Es aquf donde encontramos el ar- quetipo del nifio, del nifio divino, ese nifio-dios, misterioso, pottico y pleno de promesas, posibilidades, ensuefio, asom- bro, renovacién y renacimiento; lo mejor y mas sublime en cada uno de nosotros. 27 Introduccién La segunda patte trata el tema del abandono figurado o li- teral, voluntario o involuntario; el nifio abandonado, repri- mido, rechazado, perdido, victima del destino, ‘las circuns- tancias o la negligencia. La tercera parte se centra en el problema paradigmatico de Jos trastornos narcisistas, ese campo minado que la mayoria de los nifios han de atravesar, que constituyen uno de los di- Jemas centrales de nuestro tiempo. Se ilustran aqui los efec- fos que ciertos conflictos intériores tienen sobre la forma- cién de la personalidad, del yo y de la imagen que tenemos de nosotros mismo, Conoceremos aqui al puer aeternits, el joven eterno que, temeroso de perderse, esquiva la vida y vive provisionalmente. Si bien exuberante y encantador, este perturbado nifio interior no se halla todavia en condiciones de tomarse la vida en serio. La cuarta parte trata del nifio herido, el nifio victima, el nifio maltratado, abandonado, descuidado, producto de una fa- milia disfuncional o de una sociedad indiferente. Pero quien ha sido lesionado puede también sanar, y todos los articulos presentados en esta seccién se ocupan de la curacién det nifio interior herido. ~ En la quinta parte salimos de este valle de légrimas y per- juicios para encarar la tarea de recuperar el yo infantil, de ac- tualizar todas sus facultades y de hacernos cargo de su vita- lidad. La sexta parte, por ultimo, explora Ja posible revitaliza- cién de las practicas de Ja crianza infantil por medio del co- nocimiento y la conciencia del nifio interior. Vinimos en esta jornada Para encontrar nuestra vida. Porque todos sonios, Todos somos, Todos somos hijos de... 28 El nifio interior Una flor de colores brillantes, Una flor ardiente. ¥ no hay nadie, No hay nadie, Que se lamente de fo que somos, Canto inpicena HuicHoL? 29 PARTE I: A LA PROMES DEL NINO INTERIOR Unies PROCESos ECN SS SCReeigg ICos INTRODUCCION En el fondo de todo adulto yace un nifio eterno, en continua yo formacién, nunca terminado, que solicita cuidado, atencién y » educaci6n constantes, sta es la parte de la personalidad hu- mana que aspira a desarrollarse y a alcanzar la plenitud. C.G. Jun Empezamos, ante todo, con el arquetipo del nifio que po- drfamos denominar Ia “gran” imagen del nifio interior, ese nifio que todos llevamos dentro como parte de nosotros mis- mos y como codificacién de la experiencia humana colecti- va de la infancia. El nifio adviene al mundo como el ser hu- mano al jardin del Edén, pleno de inocencia, asombro y felicidad, con todas las posibilidades de la vida humana y abierto al futuro. Lo que el nifio promete se halla en nuestro interior. Est4 en nuestro origen y en nuestras esperanzas. Esta promesa se inicia al nacer. Cuando un nifio nace se enciende una estrella y se abre un mundo de posibilidades. Todos los colaboradores de esta seccién examinan las pos bilidades interiores que el nifto aporta tanto a la vida indivi dual como a la vida colectiva del ser humano. 33 i say intent, La promesa del nifio interior Edith Sullwold nos introduce al mundo arquetipico in- fantil y sugiere que todo nacimiento, toda existencia infan- til, es un nuevo experimento en Ja evolucién espiritual de la humanidad. También nos ayuda a diferenciar el mundo per- sonal del nifio interior del Ambito mas extenso del nifio mf- tico. El ensayo de Carl Juhg, henchido de ideas complejas, ‘ es su obra definitiva acerca de las dimensiones miticas del nifio interior. Segiin él, ei nifio es el simbolo que expresa “y na- turaleza global de la plenitud psfquica”. Al describir ‘el ar- quetipo infantil Jung sefiala que “separar un Ginico arquetipo del tejido vivo de la psique constituye una empresa casi de- sesperada; pero a pesar de estar entrelazados, ‘cada uno de ellos forma una unidad de sentido susceptible de ser apre- hendida intuitivamente”, (Es por ello que, a la hora de abor- dar la lectura del artfculo de Jung, recomendamos una apro- ximacion mas intuitiva que analitica.) El pasaje de Gagton Bachelard es un canto al nifio interior, Ul recuerdo de todas las posibles infancias que permanecen latentes en Ja figura de nuestro nifio interior. Es verdadera- Hente un jubiloso joema en prosa donde se nos retilerda he, como dice el Hé¥elista contempordneo Tom Robbins, “Nunca es demas tarde para tener una infaiitia feliz”, June K. Singer tilt al nifio divino como tid, Extensidn « de nuestra concienciti Colectiva e indica que, Sil MBSLCaent re, representa “los ideales de una cultura que ella Hitsmia 16, Bue. de consumar”. Sus estimulantes ideas acerca del 6tiv6 del nifio amplian y elaboran la perspectiva arquetipica jUguia- na. También nos introduce en e} tema del puer aeternits TUS, el arquetipo del nifio eterno del que se trata en ta tercera parte de este libro. ae Esta secci6n concluye con un ensayo sobre el gran mis- terio del renacimiento y Ja nocién de que, mediante un pro- ceso metaf6rico de muerte-renacimiento, se puede volver a ser nifio. Bl breve ensayo de Ralph Metzner aciara ta idea de 34 Introduccién que renovarse equivale a adoptar una nueva actitud espiritual que, a menudo, consiste en realizar al nifio interior. “De la confusién y la negrura de la muerte”, escribe Metzner, “se de- tiva la Juminosa vitalidad del yo recién nacido. Este nuevo yo ge halla vinculado a la fuente eterna de toda vida, la fuen- te de donde proviene nuestra divina esencia interior. De ahf que reciba el apropiado nombre de ‘nifio eterno’. 35 1. UN NUEVO EXPERIMENTO: EL ARQUETIPO DEL NINO INTERIOR — Edith Sullwold Edith Sullwold aporta su energta, su inteligencia y su sen- sibilidad a la dificil tarea de distinguir las cualidades per- sonales de las cualidades arquetipicas del nifio interior. Sus cdlidos sentimientos por la vida del nifio interior se combi- nan aqut con su erudicién, sus habilidades interpretativas, y su capacidad narrativa, La primera version de este ensayo se presenté como el discurso inaugural de un congreso so- bre “El Despertar del Nifio Interior” celebrado en la ciu- dad de Washington el 20 de noviembre de 1987. La doctora Sultwold, terapeuta infantil y supervisora de terapeutas, se ofrecié generosamente a ampliar y adaptar su conferencia para esta compilacién, de modo que volviera a constituir el “discurso inaugural” sobre el nifo interior. 36 Un nuevo experimento: El arquetipo del nitto interior Una de mis citas favoritas acerca de la infancia proviene de una fuente apenas predecible: la pluma de George Ber- nard Shaw, En uno de sus ensayos se pregunta qué es un nifio y responde: Un experimento. Un nuevo intento de producir al hombre justo, al hombre perfecto, es decir, de divinizar a Ja huma- nidad, Pero apenas intentemos imponer la menor imagen de Jo que es un buen hombre o una auténtica mujer... aborta- remos el experimento. E] dafio resultante de subordinar sus aspiraciones mas sagradas a nuestros propésitos particulares es pricticamente ilimitado.’ En esta afirmacién parece ponerse de manifiesto una pro- funda comprensién de 1a naturaleza del nifio exterior y del nifio interior. La idea de que el nifio es un “nuevo experi- mento” implica una percepcién del mismo como un indivi duo con facultades y limitaciones singulares, un ser que pue- de contribuir a la exploracién del sentido de la vida y a ofrecernos nuevas posibilidades vitales. Este nuevo ser, que precisa de orientacién y cuidado, se encuentra en el seno de una familia, una cultura y una edu- cacién concretas, que conllevan valores, reglas y sistemas a los que el nifio debe adaptarse y conformarse. Hasta tal pun- to el nifio se ve moldeado por su entorno que, frecuente- mente, pierde el contacto con aquellos aspectos de su pro- pio ser que no encajan con dichas expectativas y estructuras externas, Para algunos nifios, adaptarse supone encubrir & incluso perder aquellas facultades que no se ajustan o no son valoradas por su entorno, lo que no sélo les afecta a ellos, sino que afecta también a la sociedad de la que forman parte. En otros casos, la vitalidad de las propias facultades es tal que no resulta ffcil sofocarla y sin los conductos apropiados para canalizarse y expresarse, la energfa subyacente a dichas 37 La promesa del nifio interior facultades se convertira en dolor, como ocurre con toda ener— gfa bloqueada que puja por manifestarse. Esta experiencia es comparable a la que describe Words~ worth: “Las sombras de la casa-prisién empiezan a cernirse / en torno al nifio que crece” (“Nifio” se refiere al aspecto di~ vino o al Yo). Cada vez que leo estos versos siento en mi pro~ pio cuerpo la doble tensi6n existente entre las restricciones de) mundo exterior y la presién del desarrollo orgdnico interior. Mientras estaba escribiendo esto, en e! primer dfa radian ~ te de primavera, he salido al jardin para ver cémo nuestros, tulipanes se abrfan al sol y he visto varios lirios que pujaban por abrirse camino entre algunas tablas de madera abando~ nadas. La fuerza vital de estos fragiles brotes era impresio~ nante pero, debido a las restricciones que las tablas imponfan a su desairollo, se los vefa doblados, contorsionados y amarj~ Mentos. Es posible que, una vez libres de las tablas y abier~ tos a la luz, consigan enderezarse, crecer y finalmente flore~ cer pero es probable que nunca alcancen la plenitud de otras flores vecinas que han podido brotar abiertas al aire libre, a] sol y a la Iluvia. Algo similar les ocurre a menudo a Jos nifios. Las tablas que en algtin momento podfan servir de amparo y propor- cionar estructura pueden Iegar a sofocar o distorsionat su vida org4nica natural. Es por ello que debemos permanecer siempre alerta y observar lo que hay debajo de esas tablas: examinar nuestros sistemas de valores y nuestras imagenes _preconcebidas de la realidad. {Dénde encontrar la inspiracién y el aliento para desem- barazarnos de los escombros de las viejas y restrictivas es- fructuras —nuestras ideas acerca del “buen hombre” y la “au- téntica mujer” de las que habla Shaw? Desafortunadamente, estas im4genes suelen formarse a partir de nuestra acepta- cién inconsciente de las definiciones colectivas de lo que es el éxito, la salud y la normalidad. Es aqui donde Ja wiltima frase de Shaw revela su impor. 38 Un nuevo experimento: El arquetipo del nifio interior tancia- la idea de que el niffo tiene sus propias “aspiraciones sagradas” {holy aspirations), su propio camino. En este con- texto la palabra Holy puede tener un doble sentido: por un lado da a entender que la fuente de dichas aspiraciones 0 in- tenciones es sagrada o espiritual; por otro lado holy se rela- ciona con whole, es decir, “todo” o “fntegro”. Es posible que nuestra misién mas “sagrada” sea la de procurar, con cuida- do y con respeto, que el don de la vida que se nos ha dado Hle- gue a desarrollarse “integra” o “totalmente”. Dicho desarro- jlo debe incluir todos los aspectos de nuestro ser individual, no sélo los sancionados por nuestros valores colectivos. El afén de crecer y desarrollarse es tan connatural a cada uno de nosotros como lo es para los lirios el abrirse camino entre las tablas de madera. C.G. Jung sostiene, en su ensayo “Psicolo- gfa del Arquetipo Infantil”, que la imagen del nifio “repre- senta el impulso més fuerte ¢ ineludible de todo ser humano, es decir, el impulso de autorrealizarse”.? El aspecto divino del nifio interior que reside en todos no- sotros puede proporcionamos, si lo reconocemos conscien- temente, el valor y ¢l entusiasmo necesarios para liberarnos de nuestras ataduras. Uso el término “divino” para distin- guirlo del nifio interior formado por ef recuerdo de la expe- tiencia personal —es decir, el nifio abandonado, descuidado, que ha padecido abusos, falta de carifio o exceso de disciplina y de severidad; y también los rasgos de vulnerabilidad y de- pendencia del nifio que fuimos en el pasado. Este es el nifio ~el nifio de nuestra experiencia— al que todos deseamos sa- nar para poder recuperar la energfa necesaria a nuestra acti- vidad de adultos, energfa que reside atin en aquellos meca- nismos autométicos de defensa que desarrollamos como respuesta a nuestras primeras experiencias dolorosas. Sanar a este nifio significa también dejar de yeproducir incons- cientemente dichos mecanismos al tratar con ese “nuevo ex- perimento” que son nuestros hijos. Ya no somos el nifio de nuestro recuerdo, Pero aunque ha- 39 La promesa del nifto interior yamos sobrevivido a él, no es raro que sigamos viviendo se- gxin pautas de comportamiento que adoptamos cuando éramos jévenes, con lo cual limitamos nuestra experiencia vital pre- sente. En los tltimos afios, tanto la teorfa psicolégica como la practica terapéutica han teconocido ampliamente las con- secuencias del dolor, el miedo, la ira y la soledad padecidos en la infancia, Sin embargo, cuando dirigimos la mirada a nuestras primeras experiencias, podemos acceder también a otros recuerdos —imagenes positivas de acontecimientos que alimentaron !a curiosidad infantil, la exuberancia, el espfri- tu aventurero, el disfrute de los sentidos y la riqueza de la imaginacién. A} aflorar, estos recuerdos nos proporcionan un. sentido de Ja historia de nuestros placeres y dolores y nos ayudan a restablecer el contacto con el ser adulto que ahora somos, Nuestro modo de vivir en el presente es consecuen- cia de todos los acontecimientos que se sucedieron en el cons- tante experimento de nuestro vivir. Ademés de los recuerdos de acontecimientos concretos, en nuestro interior se halla a menudo Ja imagen de una infancia ideal, la infancia que nos hubiera gustado tener y que cons- truimos a partir de las limitaciones de nuestra propia éxpe- riencia, Al compararlas, nuestra infancia real nos parece de- ficiente. A veces proyectamos esta imagen ideal sobre otras personas, creyendo que elias sf tuvieron una infancia per- fecta, con lo que afioramos el ideal y reforzamos nuestro dé- lor y nuestra soledad, Y a menudo también proyectamos di- cha imagen sobre nuestros hijos, en la medida en que tratamos, de proporcionarles una infancia perfecta al tiempo y nos con- sideramos padres perfectos. Un antidoto contra esta idealizacién paradisfaca de la in- fancia consiste en compartir nuestra historia y nuestros re- cuerdos con los demas, de ese modo descubrimos que es co- min a la condicién humana el que la relacién entre padres e hijos sea una mezcla compleja de logros y de fracasos, de aptitudes, de limitaciones. 40 Un nuevo experimento: El arquetipo del nifio interior Mas alld de estas imAgenes de la infancia real y de la in- fancia ideal se encuentra la imagen del nifio divino interior antes mencionado, procedente de un profundo nivel arqueti- pico de nuestro ser. La funcién universal de esta imagen ar- guetipica consiste en asegurar que nuestra experiencia vital se renueve. El nifio divino interior posee una inocencia a la que el maestro zen Suzuki Réshi llam6é “mental de princi- piante” y representa la espontaneidad y la profunda necesi- dad del alma humana de expandirse, de crecer y de explorar vastos territorios. A veces este nifio interior tiene exigencias muy fuertes que se presentan en forma de emociones tales como la an- siedad, la depresién, la ira, la desesperanza 0 ciertos sfnto- mas fisicos. A veces nos aporta nuevos brotes sutiles y fré- giles de inspiracién —una idea stibita, un suefio, una fantasia, o el anhelo de algo renovador. La fuerza vital y natural de este arquetipo exige nuestro reconocimiento e ignorarla acarrea graves consecuencias ya que si no asumimos su vivificante energfa, la proyectaremos frecuentemente hacia fuera. Pero si proyectamos al nifio arquetfpico sobre nuestros hijos serén ellos los que carguen con el peso de nuestro propio desarro- Ilo creativo. Esta imagen inspiradora del nifio interior representa los as- pectos creativos de Ja vida, tanto en el ser humano indivi- dual como en el colectivo que se expresa en los mitos, el 4m- bito metaférico de la historia. En toda cultura existen historias acerca del nacimiento del nifio especial —hijo de dioses, dio- sas o héroes~ historias intemporales que pertenecen a la es- pecie. Al escuchar estas antiguas historias tal vez podamos escuchar el eco de nuestros origenes primigenios y redescu- brir y recordar asf las raices de nuestra propia naturaleza, nuestros instintos, y nuestra creatividad reconociendo en- tonces aquellos elementos de nuestro propio ser que alguna vez conocimos instintivamente. De este modo, quiz4s poda- mos recordar nuestra incipiente integridad original. 41 La promesa del nifio interior Tal vez sea mejor proporcionar un ejemplo de una de esas historias. Mi favorita, de entre todas las epifanfas griegas, es la historia del nifio Hermes, Hermes nacié de la unién de Zeus con Maia, una ninfa de los bosques. El nombre de Maia evoca al mes de mayo; a Maria, la madre de Jesus, otro nifio divino; y a Maya, la madre de Buda. A fin de proteger a Her- mes de Hera, la celosa esposa de Zeus, Maia esconde al bebé en una Cueva, una especie de segundo titero, Zeus, abando- na entretanto a su nuevo hijo y regresa al Olimpo, junto a su antigua familia, Maia, un espiritu de la naturaleza, cuida de Hermes. El nifio, de cardcter travieso, escapa de la cueva al amanecer del primer dia de su vida, fabrica una lira con el caparazén de una tortuga y roba el ganado de su hermano Apolo, quien lo apresa y lo Ieva a juicio ante el tribunal de Zeus. Hermes, segtin Homero, responde a las acusaciones omniscientes de Zeus diciendo: “;Cémo podria haber hecho una cosa seme- Jante si nacf ayer mismo?”, al tiempo que le guifia un ojo, ante lo cual Zeus y todos los que estin con él en el Olimpo se echan a reir. El Unico veredicto de Zeus es que se restablez- ca la armonfa entre los dos hermanos, hazaiia que sélo se cumple cuando Hermes tafe su nuevo instrumento creativo, Ta lira. En esta historia encontramos los elementos comunes uni- versales a los relatos miticos que refieren el nacimiento del nifio divino. Si bien existen variantes en el argumento, las circunstancias y el decorado, estos dramas miticos parecen compartir una misma estructura basica que define las cuali- dades y caracteristicas fundamentales del nifio interior, atri- butos que, a nivel psicolégico, tienen mucho sentido para no- sotros. En primer lugar estos nifios son concebidos y nacen en circunstancias inusitadas —inusitadas desde el punto de vista del nacimiento humano corriente, Su concepcién es, a veces, el resultado de la unién entre un espfritu y un ser humano, 42

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