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Actividad V Las Pruebas en El Proceso

El documento aborda la importancia de las pruebas en el proceso judicial, destacando su función social y jurídica, así como su naturaleza y clasificación. Se discuten las normas que regulan la prueba, el objeto de la misma, y los principios de contradicción y control en el debido proceso, enfatizando la responsabilidad del juez en la valoración de las pruebas. Finalmente, se concluye que la prueba es esencial para el desarrollo del derecho y la emisión de sentencias justas.

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Actividad V Las Pruebas en El Proceso

El documento aborda la importancia de las pruebas en el proceso judicial, destacando su función social y jurídica, así como su naturaleza y clasificación. Se discuten las normas que regulan la prueba, el objeto de la misma, y los principios de contradicción y control en el debido proceso, enfatizando la responsabilidad del juez en la valoración de las pruebas. Finalmente, se concluye que la prueba es esencial para el desarrollo del derecho y la emisión de sentencias justas.

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REPUBLICA BOLIVARINA DE VENEZUELA

MINISTERIO DEL PODER POPULAR PARA LA EDUCACION


UNIVERSITARIA CIENCIA Y TECNOLOGIA
UNIVERISIDAD BOLIVARIA DE VENEZUELA- ESCUELA NACIONAL DE LA
MAGISTRATURA
ESPECIALIZACION EN GESTION JUDICIAL
UNIDAD CURRICULAR. TEORÍA GENERAL DEL PROCESO
FACILITADOR: MSC. ESP. GREGORY COELLO

LAS PRUEBAS EN EL PROCESO

REALIZADO POR: Abg. JOVANNY SALAS

Junio de 2023
Índice

Portada.

Introducción.

Desarrollo.

El juez y las partes la garantía del juez natural y la legitimación de las partes en

el proceso.

La citación y notificación de las partes.

Efectos formales de la citación.

La Notificación.

Diferencias ente citación y notificación

Medidas Cautelares.

La perención.

Los actos procesales requisitos formales.

Conclusión.

Bibliografía.
Introducción

La noción de prueba está presente en todas las manifestaciones de la vida

humana. De ahí que exista una noción ordinaria o vulgar de la prueba, al lado

de una noción técnica, y que ésta varíe según la clase de actividad o de ciencia

a que se aplique.

Sin la prueba estaríamos expuestos a la irreparable violación del derecho por

los demás, y el Estado no podría ejercer su función jurisdiccional para amparar

la armonía social y restablecer el orden jurídico.

La prueba tiene, pues, una función social, al lado de su función Jurídica, y,

como una especie de ésta, tiene una función procesal específica.

De ahí que junto al fin procesal de la prueba, ésta tiene un fin extraprocesal

muy importante: dar seguridad a las relaciones sociales y comerciales, prevenir

y evitar los litigios y delitos, servir de garantía a los derechos subjetivos y a los

diversos status jurídicos


Naturaleza de las normas sobre la prueba.
Mucho se ha discutido acerca de la naturaleza de las normas jurídicas que

regulan la institución de la prueba, y las opiniones muy diversas y hasta

contradictorias pueden clasificarse en cuatro grupos, a saber:

a) El de quienes las consideran de derecho material

b) El de quienes les asignan una naturaleza mixta;

c) El de quienes les reconocen una naturaleza exclusivamente procesal;

d) El de quienes las separan en dos ramas (sustancial y procesal).

En un sistema legal que no consagre formalidades documentales "ad

substantiam actus”, es decir, necesarias para la existencia o la validez de actos

o contratos, la materia de la prueba en general, y por lo tanto, el derecho

probatorio, tendría un claro carácter procesal, puesto que todos los medios

servirían apenas para producir la convicción sobre la existencia o inexistencia

de los hechos, aunque esa convicción puede llevarse fuera del proceso, a

personas que no tienen investidura jurisdiccional e inclusive que no sean

funcionarios del Estado en ninguno de sus órganos.

Toda norma que consagra formalidades simplemente “ad probationem” tiene un

exclusivo carácter procesal, aun cuando esté en un código civil o comercial; la

determinación del grado de eficacia o fuerza probatoria de esas formalidades y

de cuáles sirven para cada caso o contrato, es un mandato dirigido al Juez

para el caso de resolver sobre su existencia y modalidades.

Sin embargo, en muchos países, entre ellos Venezuela, hay normas civiles o

comerciales que exigen una solemnidad especial para la existencia o la validez


de ciertos actos o contratos, como la escritura pública para la compraventa o

hipoteca de inmuebles y para la constitución, reforma o liquidación de

sociedades comerciales, y entonces el documento no es solamente una prueba

sino un requisito "ad substantiam actus” que pertenece a la regulación

sustancial de la respectiva materia, y por lo tanto, la norma que lo consagra

forma parte del derecho material; pero no puede desconocerse que también en

tales casos ese documento público o privado sirve asimismo para probar ante

el juez la existencia del acto. Se cumplen entonces las dos funciones, material

y procesal, pese a que los contratantes, cuando llenan la formalidad, pueden

pensar solamente en la válida celebración del acto y en la adquisición de los

derechos y obligaciones que de él deducen, sin tener en cuenta la posibilidad

de servirse del documento para establecer en proceso su existencia.

Se acepta, pues, la tesis de Jaime Guasp, sobre la existencia de dos clases de

pruebas (procesales y materiales o sustanciales) y, por lo tanto, de dos ramas

del derecho probatorio: la procesal, conocida como pruebas Judiciales, y la

material o sustancial, ambas como especies del género que puede

denominarse derecho probatorio, pero limitamos la segunda a esas normas

que establecen solemnidades "ad substantiam actus”.

Objeto de la prueba.

Aquí el tema adquiere un sentido concreto y no abstracto. No se trata de

determinar en general y en abstracto, qué cosas pueden ser probadas, esto es,

aquello sobre lo que puede recaer una prueba, como cuando se discute si lo no

ocurrido aún, a los procesos anímicos internos, pueden ser objeto de prueba;

sino de determinar qué cosas deben ser probadas en un proceso judicial


concreto, en el cual, además del juez que ha de resolver la controversia y a

quien van dirigidas las pruebas, concurren él las partes, interesadas en llevar a

la convicción del juez la verdad o falsedad de los hechos alegados.

La prueba es un acto de parte, ella tiene como destinatario al juez, el cual la

recibe y valora o aprecia en la etapa de decisión de la causa; y también al

momento de decidir la causa, el Juez se enfrenta a dos tipos de cuestiones; la

quaestio iuris que refiere al derecho aplicable, y la quaestio Facti, que se

reduce a establecer la verdad o falsedad de los hechos alegados por las

partes.

Existe pues, normalmente, una identificación de principio entre el objeto de la

prueba y el objeto de la alegación, así como existe una estrecha correlación

entre la carga de la alegación y la carga de la prueba, conforme al conocido

principio según el cual, para demostrar un hecho en el proceso es menester

haberlo afirmado, sea el actor en la demanda, o bien el demandado en la

contestación.

El control y contradicción de la prueba, la prueba y el debido proceso.

En todo proceso el derecho de defensa se justifica en la necesidad de

otorgarles a las partes la oportunidad de conocer los medios de prueba que se

incorporan al mismo, a fin de preparar su defensa en la dialéctica procesal tesis

correspondiéndole al juez de garantizar el cumplimiento de las formas

procesales que permitan garantizar el referido derecho.

Bajo este panorama, debe advertirse que la Constitución de la República


Bolivariana de Venezuela, participa de dos principios propios de la materia

probatoria, tales como contradicción y control de la prueba, evidenciándose

éstos en los numerales 1º, 2º y 3º del artículo 49 del texto en referencia,

cuando se establece:

“El debido proceso se aplicará a todas las actuaciones judiciales y

administrativas; en consecuencia:

1. La defensa y la asistencia jurídica son derechos inviolables en todo estado y

grado de la investigación y del proceso. Toda persona tiene derecho a ser

notificada de los cargos por los cuales se le investiga, de acceder a las pruebas

y de disponer del tiempo y de los medios adecuados para ejercer su defensa.

Serán nulas las pruebas obtenidas mediante violación del debido proceso.

Toda persona declarada culpable tiene derecho a recurrir del fallo, con las

excepciones establecidas en esta la Constitución y la ley.

2. Toda persona se presume inocente mientras no se pruebe lo contrario.

3. Toda persona tiene derecho a ser oída en cualquier clase de proceso, con

las debidas garantías y dentro del plazo razonable determinado legalmente, por

un tribunal competente, independiente e imparcial establecido con anterioridad.

Quien no hable castellano o no pueda comunicarse de manera verbal, tiene

derecho a un intérprete...”.

La norma citada, hace viable la materialización del derecho de defensa en un

juicio a través de la garantía del debido proceso, lo cual faculta a las partes

para poder hacer uso de estos dos principios interconectados como son el de la

contradicción y control de la prueba.


A fin de entender la relación armónica que existe entre ambos principios, es

necesario conocer el alcance práctico de cada uno de ellos, con el propósito de

determinar la forma y/o manera que poseen las partes procesales para hacer

efectivo el ejercicio del derecho de defensa. Con fundamento en el principio de

contradicción, la parte contra quien se opone una prueba debe contar con la

oportunidad procesal para conocerla y discutirla, incluyendo en esto el derecho

de contraprobar, es decir, que debe llevarse a la causa con conocimiento y

audiencia de todas las partes.

Las normas para el establecimiento o apreciación de los hechos y de las

pruebas.

En esencia, la valoración de los medios probatorios producidos en juicio es

quizás la función más importante en el proceso, puesto que sobre esa base se

toma la decisión judicial. Por ello, acoger un sistema de valoración de las

pruebas en un ordenamiento jurídico, es en principio una responsabilidad del

legislador, ya que es quien elabora las normas que pretenden asegurar la

verdad y eliminar el error, en procura de lograr la ecuación certeza-verdad.

Obviamente, escogido un determinado sistema por el legislador, la

responsabilidad se traslada al juez en el análisis del caso concreto, pues, es él

quien tiene que aplicar el sistema probatorio y ajustar su decisión a la verdad.

Sana crítica y valoración de las pruebas

Como la finalidad de la prueba es procurar al juez la convicción de la verdad o

falsedad de los hechos a probarse. La plena convicción no la obtiene el juez,

generalmente con un solo medio de prueba, sino del concurso y la variedad de

medios aportados al proceso; ni tampoco basta para llegar a ella una


convicción meramente subjetiva o caprichosa del juez. El convencimiento que

implica la decisión debe ser la resultante lógica de un examen analítico de los

hechos y de una apreciación de los elementos de prueba.

Ahora bien, para llegar a obtener el juez la convicción de los medios

probatorios, debe seguir un método, es decir debe establecer los mecanismos

para la valorización de la prueba. Existen pues diversos sistemas de

valoración:

El de la prueba legal o tarifada.

Que en su concepción más simple puede decirse que se llama legal la prueba

cuando su valoración está regulada por ley. En este sentido dicha prueba el

momento probatorio se presenta a la mente del legislador y no a la del juez.

Este sistema se contrapone al de la libre convicción y por supuesto al de la

sana critica.

La libre convicción o prueba racional.

Se entiende por prueba racional de la libre convicción, aquella cuya valoración

no está regulada por la ley es dejada a la libre apreciación del juez, en otras

palabas, en la prueba libre el juicio de valoración histórico-crítica de las

pruebas, lo realiza el juez y no el legislador por la vía normativa, de tal modo

que la certidumbre no pierde su carácter subjetivo como ocurre en la prueba

legal. Pero resalta como importante que no tiene el juez la obligación de

señalar o motivar el proceso lógico que lo llevó a tomar la decisión,

simplemente se le impone la obligación de emplear o utilizar el razonamiento

lógico sin tener que motivarlo.


Las Reglas de la Sana Crítica.

En la sana critica el juez resuelve sobre el valor probatorio del medio de

prueba, con completa consideración de todas las circunstancia extraídas

mediante el debate, basándose en su experiencia de la vida y el conocimiento

de los hombres de acuerdo con su libre convicción; pero debe indicar en la

sentencia sus fundamentos, para la propia seguridad, y con el fin del examen

en la instancia superior.

Las reglas de la sana crítica no constituyen un sistema probatorio distinto de

los que tradicionalmente se han venido reconociendo. Se trata más bien de un

instrumento que el juez está obligado lógicamente a utilizar para la valoración

de las pruebas en las únicas circunstancias en que se encuentra en

condiciones de hacerlo, esto es, cuando la legislación no lo sujeta a un criterio

predeterminado.

Reglas lógicas y máximas de experiencias.

Las máximas de experiencia son juicios hipotéticos de contenido general,

sacados de la experiencia, sean leyes tomadas de las distintas ramas de la

ciencia o de simples observaciones de la vida cotidiana, reglas de la vida y de

la cultura general formadas por inducción. Estas máximas de experiencia no

precisan ser probadas, por ser un conocimiento común de lo que generalmente

acontece, el juez tiene la facultad de integrarlas al ser parte de su experiencia

de la vida a las normas jurídicas adecuadas para resolver la controversia.

Las facultades e iniciativas probatorias de los jueces en el proceso.


La iniciativa probatoria, señalan los investigadores, se define como la facultad

del Juez, como operador de justicia, de ordenar la práctica de las diligencias

que considere pertinentes, en aras de esclarecer los hechos controvertidos que

aún con la actividad probatoria de las partes en el proceso, le resulten

obscuros.

La iniciativa probatoria del juez constituye una intervención de oficio del órgano

jurisdiccional, para los casos en que la prueba rendida por la iniciativa de los

litigantes sea, en concepto del juez, insuficiente o deficiente en su conjunto o

en relación con un medio de prueba determinado.


Conclusiones

En conclusión la prueba en materia jurídica, es de suma importancia para el

desarrollo del derecho, ya que no existe proceso judicial que no dependa

estrictamente de la prueba, ni mucho menos una sentencia que establezca el

derecho de las partes que no se sustente en prueba conocida y debatida dentro

del proceso, porque no puede existir una sentencia que no fundamente sus

considerandos en lo que es objetivamente veraz y a todas luces capaz de

convencer sobre la inocencia o responsabilidad de un acusado o bien que el

actor acredito sus pretensiones.


Bibliografía.

Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. 2000

Diccionario hispanoamericano de Derecho. Grupo latinos Editores 2.008.

Https//.desaxiaabg.com.

Https//.wordpress.com.

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