REPUBLICA BOLIVARINA DE VENEZUELA
MINISTERIO DEL PODER POPULAR PARA LA EDUCACION
UNIVERSITARIA CIENCIA Y TECNOLOGIA
UNIVERISIDAD BOLIVARIA DE VENEZUELA- ESCUELA NACIONAL DE LA
MAGISTRATURA
ESPECIALIZACION EN GESTION JUDICIAL
UNIDAD CURRICULAR. TEORÍA GENERAL DEL PROCESO
FACILITADOR: MSC. ESP. GREGORY COELLO
LAS PRUEBAS EN EL PROCESO
REALIZADO POR: Abg. JOVANNY SALAS
Junio de 2023
Índice
Portada.
Introducción.
Desarrollo.
El juez y las partes la garantía del juez natural y la legitimación de las partes en
el proceso.
La citación y notificación de las partes.
Efectos formales de la citación.
La Notificación.
Diferencias ente citación y notificación
Medidas Cautelares.
La perención.
Los actos procesales requisitos formales.
Conclusión.
Bibliografía.
Introducción
La noción de prueba está presente en todas las manifestaciones de la vida
humana. De ahí que exista una noción ordinaria o vulgar de la prueba, al lado
de una noción técnica, y que ésta varíe según la clase de actividad o de ciencia
a que se aplique.
Sin la prueba estaríamos expuestos a la irreparable violación del derecho por
los demás, y el Estado no podría ejercer su función jurisdiccional para amparar
la armonía social y restablecer el orden jurídico.
La prueba tiene, pues, una función social, al lado de su función Jurídica, y,
como una especie de ésta, tiene una función procesal específica.
De ahí que junto al fin procesal de la prueba, ésta tiene un fin extraprocesal
muy importante: dar seguridad a las relaciones sociales y comerciales, prevenir
y evitar los litigios y delitos, servir de garantía a los derechos subjetivos y a los
diversos status jurídicos
Naturaleza de las normas sobre la prueba.
Mucho se ha discutido acerca de la naturaleza de las normas jurídicas que
regulan la institución de la prueba, y las opiniones muy diversas y hasta
contradictorias pueden clasificarse en cuatro grupos, a saber:
a) El de quienes las consideran de derecho material
b) El de quienes les asignan una naturaleza mixta;
c) El de quienes les reconocen una naturaleza exclusivamente procesal;
d) El de quienes las separan en dos ramas (sustancial y procesal).
En un sistema legal que no consagre formalidades documentales "ad
substantiam actus”, es decir, necesarias para la existencia o la validez de actos
o contratos, la materia de la prueba en general, y por lo tanto, el derecho
probatorio, tendría un claro carácter procesal, puesto que todos los medios
servirían apenas para producir la convicción sobre la existencia o inexistencia
de los hechos, aunque esa convicción puede llevarse fuera del proceso, a
personas que no tienen investidura jurisdiccional e inclusive que no sean
funcionarios del Estado en ninguno de sus órganos.
Toda norma que consagra formalidades simplemente “ad probationem” tiene un
exclusivo carácter procesal, aun cuando esté en un código civil o comercial; la
determinación del grado de eficacia o fuerza probatoria de esas formalidades y
de cuáles sirven para cada caso o contrato, es un mandato dirigido al Juez
para el caso de resolver sobre su existencia y modalidades.
Sin embargo, en muchos países, entre ellos Venezuela, hay normas civiles o
comerciales que exigen una solemnidad especial para la existencia o la validez
de ciertos actos o contratos, como la escritura pública para la compraventa o
hipoteca de inmuebles y para la constitución, reforma o liquidación de
sociedades comerciales, y entonces el documento no es solamente una prueba
sino un requisito "ad substantiam actus” que pertenece a la regulación
sustancial de la respectiva materia, y por lo tanto, la norma que lo consagra
forma parte del derecho material; pero no puede desconocerse que también en
tales casos ese documento público o privado sirve asimismo para probar ante
el juez la existencia del acto. Se cumplen entonces las dos funciones, material
y procesal, pese a que los contratantes, cuando llenan la formalidad, pueden
pensar solamente en la válida celebración del acto y en la adquisición de los
derechos y obligaciones que de él deducen, sin tener en cuenta la posibilidad
de servirse del documento para establecer en proceso su existencia.
Se acepta, pues, la tesis de Jaime Guasp, sobre la existencia de dos clases de
pruebas (procesales y materiales o sustanciales) y, por lo tanto, de dos ramas
del derecho probatorio: la procesal, conocida como pruebas Judiciales, y la
material o sustancial, ambas como especies del género que puede
denominarse derecho probatorio, pero limitamos la segunda a esas normas
que establecen solemnidades "ad substantiam actus”.
Objeto de la prueba.
Aquí el tema adquiere un sentido concreto y no abstracto. No se trata de
determinar en general y en abstracto, qué cosas pueden ser probadas, esto es,
aquello sobre lo que puede recaer una prueba, como cuando se discute si lo no
ocurrido aún, a los procesos anímicos internos, pueden ser objeto de prueba;
sino de determinar qué cosas deben ser probadas en un proceso judicial
concreto, en el cual, además del juez que ha de resolver la controversia y a
quien van dirigidas las pruebas, concurren él las partes, interesadas en llevar a
la convicción del juez la verdad o falsedad de los hechos alegados.
La prueba es un acto de parte, ella tiene como destinatario al juez, el cual la
recibe y valora o aprecia en la etapa de decisión de la causa; y también al
momento de decidir la causa, el Juez se enfrenta a dos tipos de cuestiones; la
quaestio iuris que refiere al derecho aplicable, y la quaestio Facti, que se
reduce a establecer la verdad o falsedad de los hechos alegados por las
partes.
Existe pues, normalmente, una identificación de principio entre el objeto de la
prueba y el objeto de la alegación, así como existe una estrecha correlación
entre la carga de la alegación y la carga de la prueba, conforme al conocido
principio según el cual, para demostrar un hecho en el proceso es menester
haberlo afirmado, sea el actor en la demanda, o bien el demandado en la
contestación.
El control y contradicción de la prueba, la prueba y el debido proceso.
En todo proceso el derecho de defensa se justifica en la necesidad de
otorgarles a las partes la oportunidad de conocer los medios de prueba que se
incorporan al mismo, a fin de preparar su defensa en la dialéctica procesal tesis
correspondiéndole al juez de garantizar el cumplimiento de las formas
procesales que permitan garantizar el referido derecho.
Bajo este panorama, debe advertirse que la Constitución de la República
Bolivariana de Venezuela, participa de dos principios propios de la materia
probatoria, tales como contradicción y control de la prueba, evidenciándose
éstos en los numerales 1º, 2º y 3º del artículo 49 del texto en referencia,
cuando se establece:
“El debido proceso se aplicará a todas las actuaciones judiciales y
administrativas; en consecuencia:
1. La defensa y la asistencia jurídica son derechos inviolables en todo estado y
grado de la investigación y del proceso. Toda persona tiene derecho a ser
notificada de los cargos por los cuales se le investiga, de acceder a las pruebas
y de disponer del tiempo y de los medios adecuados para ejercer su defensa.
Serán nulas las pruebas obtenidas mediante violación del debido proceso.
Toda persona declarada culpable tiene derecho a recurrir del fallo, con las
excepciones establecidas en esta la Constitución y la ley.
2. Toda persona se presume inocente mientras no se pruebe lo contrario.
3. Toda persona tiene derecho a ser oída en cualquier clase de proceso, con
las debidas garantías y dentro del plazo razonable determinado legalmente, por
un tribunal competente, independiente e imparcial establecido con anterioridad.
Quien no hable castellano o no pueda comunicarse de manera verbal, tiene
derecho a un intérprete...”.
La norma citada, hace viable la materialización del derecho de defensa en un
juicio a través de la garantía del debido proceso, lo cual faculta a las partes
para poder hacer uso de estos dos principios interconectados como son el de la
contradicción y control de la prueba.
A fin de entender la relación armónica que existe entre ambos principios, es
necesario conocer el alcance práctico de cada uno de ellos, con el propósito de
determinar la forma y/o manera que poseen las partes procesales para hacer
efectivo el ejercicio del derecho de defensa. Con fundamento en el principio de
contradicción, la parte contra quien se opone una prueba debe contar con la
oportunidad procesal para conocerla y discutirla, incluyendo en esto el derecho
de contraprobar, es decir, que debe llevarse a la causa con conocimiento y
audiencia de todas las partes.
Las normas para el establecimiento o apreciación de los hechos y de las
pruebas.
En esencia, la valoración de los medios probatorios producidos en juicio es
quizás la función más importante en el proceso, puesto que sobre esa base se
toma la decisión judicial. Por ello, acoger un sistema de valoración de las
pruebas en un ordenamiento jurídico, es en principio una responsabilidad del
legislador, ya que es quien elabora las normas que pretenden asegurar la
verdad y eliminar el error, en procura de lograr la ecuación certeza-verdad.
Obviamente, escogido un determinado sistema por el legislador, la
responsabilidad se traslada al juez en el análisis del caso concreto, pues, es él
quien tiene que aplicar el sistema probatorio y ajustar su decisión a la verdad.
Sana crítica y valoración de las pruebas
Como la finalidad de la prueba es procurar al juez la convicción de la verdad o
falsedad de los hechos a probarse. La plena convicción no la obtiene el juez,
generalmente con un solo medio de prueba, sino del concurso y la variedad de
medios aportados al proceso; ni tampoco basta para llegar a ella una
convicción meramente subjetiva o caprichosa del juez. El convencimiento que
implica la decisión debe ser la resultante lógica de un examen analítico de los
hechos y de una apreciación de los elementos de prueba.
Ahora bien, para llegar a obtener el juez la convicción de los medios
probatorios, debe seguir un método, es decir debe establecer los mecanismos
para la valorización de la prueba. Existen pues diversos sistemas de
valoración:
El de la prueba legal o tarifada.
Que en su concepción más simple puede decirse que se llama legal la prueba
cuando su valoración está regulada por ley. En este sentido dicha prueba el
momento probatorio se presenta a la mente del legislador y no a la del juez.
Este sistema se contrapone al de la libre convicción y por supuesto al de la
sana critica.
La libre convicción o prueba racional.
Se entiende por prueba racional de la libre convicción, aquella cuya valoración
no está regulada por la ley es dejada a la libre apreciación del juez, en otras
palabas, en la prueba libre el juicio de valoración histórico-crítica de las
pruebas, lo realiza el juez y no el legislador por la vía normativa, de tal modo
que la certidumbre no pierde su carácter subjetivo como ocurre en la prueba
legal. Pero resalta como importante que no tiene el juez la obligación de
señalar o motivar el proceso lógico que lo llevó a tomar la decisión,
simplemente se le impone la obligación de emplear o utilizar el razonamiento
lógico sin tener que motivarlo.
Las Reglas de la Sana Crítica.
En la sana critica el juez resuelve sobre el valor probatorio del medio de
prueba, con completa consideración de todas las circunstancia extraídas
mediante el debate, basándose en su experiencia de la vida y el conocimiento
de los hombres de acuerdo con su libre convicción; pero debe indicar en la
sentencia sus fundamentos, para la propia seguridad, y con el fin del examen
en la instancia superior.
Las reglas de la sana crítica no constituyen un sistema probatorio distinto de
los que tradicionalmente se han venido reconociendo. Se trata más bien de un
instrumento que el juez está obligado lógicamente a utilizar para la valoración
de las pruebas en las únicas circunstancias en que se encuentra en
condiciones de hacerlo, esto es, cuando la legislación no lo sujeta a un criterio
predeterminado.
Reglas lógicas y máximas de experiencias.
Las máximas de experiencia son juicios hipotéticos de contenido general,
sacados de la experiencia, sean leyes tomadas de las distintas ramas de la
ciencia o de simples observaciones de la vida cotidiana, reglas de la vida y de
la cultura general formadas por inducción. Estas máximas de experiencia no
precisan ser probadas, por ser un conocimiento común de lo que generalmente
acontece, el juez tiene la facultad de integrarlas al ser parte de su experiencia
de la vida a las normas jurídicas adecuadas para resolver la controversia.
Las facultades e iniciativas probatorias de los jueces en el proceso.
La iniciativa probatoria, señalan los investigadores, se define como la facultad
del Juez, como operador de justicia, de ordenar la práctica de las diligencias
que considere pertinentes, en aras de esclarecer los hechos controvertidos que
aún con la actividad probatoria de las partes en el proceso, le resulten
obscuros.
La iniciativa probatoria del juez constituye una intervención de oficio del órgano
jurisdiccional, para los casos en que la prueba rendida por la iniciativa de los
litigantes sea, en concepto del juez, insuficiente o deficiente en su conjunto o
en relación con un medio de prueba determinado.
Conclusiones
En conclusión la prueba en materia jurídica, es de suma importancia para el
desarrollo del derecho, ya que no existe proceso judicial que no dependa
estrictamente de la prueba, ni mucho menos una sentencia que establezca el
derecho de las partes que no se sustente en prueba conocida y debatida dentro
del proceso, porque no puede existir una sentencia que no fundamente sus
considerandos en lo que es objetivamente veraz y a todas luces capaz de
convencer sobre la inocencia o responsabilidad de un acusado o bien que el
actor acredito sus pretensiones.
Bibliografía.
Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. 2000
Diccionario hispanoamericano de Derecho. Grupo latinos Editores 2.008.
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