Desde 1959, la Iglesia Pentecostal Unida de Colombia ha venido recorriendo el camino de
llevar el evangelio en su actividad misionera en el exterior; ha sido 65 años de victoria, en
donde, sin importar la distancia, las barreras culturales, de idioma, de horarios, de soledad o
incluso de oposición social, la Palabra ha sido sembrada y da fruto al ciento por uno,
gracias a la labor incansable de varias generaciones de misioneros y misioneras, quienes
han dejado todo por el amor a las almas y al compromiso con el evangelio para la
salvación.
Esta infatigable labor tomó eco en los primeros pioneros colombianos, quienes bajo el
ejemplo recibido por años de la labor por las almas de las familias Larsen, Thompson y
Drost, comienzan a extender su alcance fuera de los límites del territorio nacional,
iniciando en Sudamérica esta gran conquista, siendo el primer país elegido Ecuador con
servidores del talante de Miguel Peña en 1959 y Eliseo Duarte en 1977, seguidos por las
obras misioneras de Bolivia en 1966 con Yamil Sepulveda, en el Perú con Eduardo
Rodriguez en 1978, misionero oficial que retomó el trabajo de los misioneros
norteamericanos William Drost y David Weins; En Argentina con Carlos Urrego en 1985,
Brasil con Guillermo Valencia en 1986, Venezuela con Ramón Angarita en 1989, Paraguay
con Orlando Ríos en 1995, Chile con Benjamín Solórzano en 2009, Uruguay en 2010 con
Alejandro Spencieri, Guyana Francesa en 2016 con Carlos Mendoza y Surinam en 2021
con Sergio Serrano.
Esta gran conquista de los territorios suramericanos, en donde existe cierta cercanía
cultural, social, idiomática, se ha nutrido a su vez de labor titánica en la que los
comisionados, pioneros, pastores que colaboran, hermanos que inician la obra, entre otros
quienes han desafiado todos los límites de sus propias fuerzas y han cruzado el ancho
océano para encontrar esas gavillas para Cristo, difundiendo los rayos de luz de la palabra
de Dios para el perdón de pecados y conquistando con la fuerza del pentecostés como
misión especial a jóvenes, adultos y niños de todas las edades. Países tales como Estados
Unidos con Eliseo Duarte, quien desde 1989 trabajó de manera incansable, con un
crecimiento tal que permitió el desarrollo de su autonomía administrativa bajo el nombre de
Iglesia Pentecostal Unidad Latinoamericana con 155 pastores, con obra misionera en
Canadá, México, Australia y Nueva Zelanda, al igual que las obras misioneras de Ecuador
con la Iglesia Evangélica Apostólica del Nombre de Jesús con 1050 congregaciones con
impacto misionero en 18 países, 2 de los cuales ya cuentas con independencia
administrativa: España, que ya cuenta con misionero en España y Perú; también tienen
autonomía administrativa las obras del Perú y Bolivia. A este trabajo de héroes se suman las
obras de países Africanos como Cabo Verde, Guinea Bisssau, Mozambique, Tanzania,
Guinea Ecuatorial, con las familias misioneras Solarte, Moreno, Pinto, Velasquez, Díaz,
Molina, Casiani, Corneo, Espinoza, entre otros, que han tallado en roca el trabajo misionero
en este continente con tal necesidad de Dios desde el 2006 y llegando a nuestra nueva gran
obra misionera del 2024 en Sudáfrica, en donde ha sido llamado al servicio de la mies el
misionero Rafael Gómez y su familia, para la gloria y honra de Dios.
Asia, continente tan diverso en sus costumbres, cuna de grandes corrientes religiosas como
lo es el islam, el budismo, el sintoísmo, gastronomía y maneras de vivir complejas, no ha
sido ajeno al trabajo misionero. Hoy contamos con obras establecidas en Japón desde el
1999 con Orlando Tovar, Israel, la tierra que vio caminar al Verbo hecho carne, que desde
principio del milenio cuenta con presencia misionera constante, hasta las Filipinas, aquel
país excolonia española en el océano Pacífico, con trabajo desde 2019, declarando victoria
en el nombre de Dios.
Europa ha sido uno de los continentes en donde la actividad misionera ha presentado serios
desafíos, toda vez que el perfil del ciudadano europeo tiende a no manifestar una necesidad
constante de la comunión con Dios, ateísmo como consecuencia de grandes conflictos
religiosos, aun cuando hay países de gran tradición religiosa como España, Inglaterra, Italia
o Francia. Pero es la corona de justicia la que está preparada para estos formidables atletas
del evangelio que sólo cesan su caminar para doblar rodilla, recargar sus energías y
desplazarse a cientos de kilómetros sólo por el amor a un alma, aquella oveja europea que
anhela sentir el abrazo cálido de Dios representado en nuestros misioneros. Desde el Reino
Unido, en la década de los 90s con el pionero Fernando Lemus, la palabra en Europa fue
llegando a Países Bajos, España, Suecia, Bélgica, Suiza, Italia, Austria, Portugal,
Dinamarca y Francia. En este último país se debe hacer mención no sólo al gran trabajo de
la familia pastoral que nos acompaña en esta gran celebración de los 65 años del trabajo
misionero, como los son el hermano Ramiro Rátiva y la hermana Maryluz Marín, al quien
el Señor les ha dado la gracia, sabiduría y amor por los franceses, sino que también sea el
momento de exaltar la figura de la gran misionera que ha tenido la iglesia en toda su
historia, nuestra hermana Isabel Torres.
Regresando a tierras americanas y caribeñas, el Señor ha extendido su misericordia, desde
1988 con el pionero Ricardo Nuñez en República Dominicana, impactando a otros países
de la región con varias familias misioneras en la década de los 90 en Panamá, Costa Rica,
Haití, Honduras y Aruba, pasando a una nueva etapa misionera en el la primera década de
siglo XXI con labor en Guatemala del hermano Vicente Arango, hoy por hoy miembro del
consistorio de Ancianos y director de las Misiones Extranjeras de la Iglesia Pentecostal
Unidad de Colombia, sumado a los esfuerzos en Nicaragua, Curazao, México, El Salvador,
Trinidad y Tobago, Puerto Rico, Bonaire, Cuba y Martinica.
Con mas de 50 países alcanzados en la actividad misionera extranjera, entre las capacidades
presenciales y virtuales (en esta última modalidad con trabajo actual en 19 países tan
diversos como India, Corea del Sur, Arabia Saudita, Polonia, Irlanda, Escocia,
Luxemburgo, Angola, Kenia y San Martin, entre otros), que ha desarrollado la Iglesia
Pentecostal Unida de Colombia a los largo de estos 65 años de amor por las almas, se ha
tenido el liderazgo inconfundible de verdaderos misioneros y visionarios como Eliseo
Duarte, Fabio Cardona Angel, Roberto Junior, Luis Carlos Taborda, Campo Elias Bernal,
Reinel Galvis, Octavio Valencia, Abelardo Galvis, José Correa, Alvaro Torres y Vicente
Arango, hermanos que no han hecho oídos sordos a los campos blancos que están listos
para la siega, buscando, formando, enviando y apoyando a todos los 186 misioneros,
quienes en cerca de 843 congregaciones con el apoyo de 834 pastores en el extranjero en
las 50 obras misioneras que ha tenido la iglesia, han podido impactar a más de 49 mil
personas entre niños y familias simpatizantes, con una extraordinaria cifra de 27 mil
bautizados en el nombre de Jesus y más de 16 mil sellados con su Santo Espíritu, sim que
las 26 lenguas, idiomas o dialectos en que se gesta esta actividad misionera sea un
impedimento para seguir acercando la Palabra viva eficaz.
Es necesario, hermanos y amigos de IPUC Santa Fe, tomarnos el tiempo no sólo para
admirar y contemplar la grandeza de la misericordia de Dios manifestada en el trabajo
misionero, sino en el de reflexionar de manera profunda en cómo estamos apoyando y
contribuyendo a que ella siga creciendo y fortaleciéndose, con la necesidad imperante de
doblar rodilla en continuo por este grupo de servidores, que han dejado todo de lado, su
patria, sus costumbres, su idioma, su familia, sus trabajos y proyectos personales, para
establecer los rediles de salvación, atendiendo el llamado como hombres y mujeres de
valor, en situaciones que muchos de nosotros, en la comodidad de nuestro diario vivir,
probablemente no experimentaríamos con agrado o voluntad. Es en el doblar rodilla en
ayuno y oración, en el apoyo mediante las ofrendas misioneras y el asumir nuestra
identidad como iglesia misionera, las claves para que nuevas generaciones asuman el reto
de llegar a más rincones de la Tierra, relevar a las manos fatigadas y tomar el testigo de
aquellos varones y mujeres esforzados, muchos de los cuales hoy duermen en el Señor, para
que su Nombre sea conocido y exaltado, como única fuente de Salvación y propósito para
el ser humano. Nuestro objetivo es el de Permanecer en la Misión, hasta lo último de la
Tierra.