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Hebreos - MacArthur

La Epístola a los Hebreos, cuyo autor es desconocido, se dirige a una comunidad de hebreos cristianos que enfrentan persecución y tentaciones de apartarse de su fe. El texto enfatiza la superioridad de Cristo y del nuevo pacto sobre el antiguo sistema de sacrificios levíticos, destacando que los creyentes tienen acceso directo a Dios. Además, la epístola incluye advertencias y exhortaciones prácticas para fortalecer la fe de sus destinatarios.

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Hebreos - MacArthur

La Epístola a los Hebreos, cuyo autor es desconocido, se dirige a una comunidad de hebreos cristianos que enfrentan persecución y tentaciones de apartarse de su fe. El texto enfatiza la superioridad de Cristo y del nuevo pacto sobre el antiguo sistema de sacrificios levíticos, destacando que los creyentes tienen acceso directo a Dios. Además, la epístola incluye advertencias y exhortaciones prácticas para fortalecer la fe de sus destinatarios.

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org

22 alojamiento. Lit. “un cuarto de huéspedes”, donde Pablo pudiera quedarse


mientras visitara a los colosenses. os seré concedido. Pablo esperaba ser soltado de
la prisión en el futuro cercano (cp. Fil. 2:23, 24), después de lo cual podría estar con
Filemón y los demás creyentes en Colosas.
23 Epafras. Vea la nota en Colosenses 4:12.
24 Marcos, Aristarco. Vea la nota en Colosenses 4:10. La historia de la relación
antes rota y ahora enmendada entre Pablo y Marcos (Hch. 15:38–40; 2 Ti. 4:11)
habría sido bien conocida por los creyentes en Colosas (Col. 4:10). Mencionar aquí
el nombre de Marcos serviría para recordar a Filemón que Pablo mismo había
pasado por una experiencia similar de perdón, y que las instrucciones que ahora
transmitía a su amigo ya habían sido atendidas por el apóstol mismo en su relación
con Juan Marcos. Demas y Lucas. Vea la nota en Colosenses 4:14.

La Epístola a los
HEBREOS

Título
Cuando los varios libros del NT fueron formalmente reunidos en una colección
poco después del 100 d.C., los títulos fueron añadidos por conveniencia. El título de
esta epístola lleva el título griego tradicional, “A los Hebreos”, el cual fue
certificado por lo menos en el siglo segundo d.C. No obstante, dentro de la epístola
misma, no hay identificación de los destinatarios como hebreos (judíos) o gentiles.
Debido a que la epístola está llena de referencias a la historia y religión hebrea y no
se dirige a ninguna práctica gentil o pagana en particular, el título tradicional ha
sido mantenido.

Autor y fecha

Lit. literalmente

cp. compare

3130
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El autor de Hebreos es desconocido. Pablo, Bernabé, Silas, Apolos, Lucas,


Felipe, Priscila, Aquila, y Clemente de Roma han sido sugeridos por diferentes
eruditos, pero el vocabulario, estilo, y diversas características literarias de la
epístola no apoyan claramente ninguna afirmación en particular. Es significativo
que el escritor se incluya a sí mismo entre aquellas personas que habían recibido
confirmación del mensaje de Cristo por medio de otros (2:3). Eso parecería anular a
alguien como Pablo quien decía que había recibido tal confirmación directamente
de Dios y no de los hombres (Gá. 1:12). Haya sido quien haya sido el autor, él
prefirió citar referencias del AT del AT griego (LXX) en lugar del texto hebreo.
Aún la iglesia primitiva expresó diferentes opiniones acerca del autor y la erudición
contemporánea admite que el rompecabezas aún no tiene solución. Por lo tanto,
parece que es mejor aceptar el anonimato de la epístola. Claro que, finalmente, el
autor fue el Espíritu Santo (2 P. 1:21).
El uso del tiempo presente en el 5:1–4; 7:21, 23, 27, 28; 8:3–5, 13; 9:6–9, 13, 25;
10:1, 3, 4, 8, 11; y 13:10, 11 podría indicar que el sacerdocio Levítico y el sistema
de sacrificios aún estaban en operación cuando la epístola fue compuesta. Debido a
que el templo fue destruido por el general (más tarde emperador) Tito Vespasiano
en el 70 d.C., la epístola debió de haber sido escrita antes de esa fecha. Además,
puede notarse que Timoteo acababa de ser liberado de la prisión (13:23) y que la
persecución estaba volviéndose severa (10:32–39; 12:4; 13:3). Estos detalles
parecen indicar una fecha para la epístola alrededor del 67–69 d.C.

Contexto histórico
El énfasis en el sacerdocio Levítico y en los sacrificios, como también en la
ausencia de cualquier referencia a los gentiles, apoyan la conclusión de que una
comunidad de hebreos era la destinataria de la epístola. Aunque estos hebreos eran
primordialmente convertidos a Cristo, probablemente había un número de
incrédulos en medio de ellos, quienes fueron atraídos por el mensaje de salvación,
pero quienes aún no habían hecho un compromiso total de fe en Cristo (vea Retos
de interpretación). Una cosa es clara a partir del contenido de la epístola: la
comunidad de Hebreos estaba enfrentando la posibilidad de una persecución
intensificada (10:32–39; 12:4). Conforme confrontaban esta posibilidad, los hebreos
estaban siendo tentados a deshacerse de cualquier identificación con Cristo. Quizá

LXX Septuaginta; una traducción antigua del Antiguo Testamento en griego

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consideraron reducir a Cristo de ser el Hijo de Dios a un mero ángel. Tal precedente
ya había sido establecido por la comunidad Qumrán de judíos mesiánicos viviendo
cerca del Mar Muerto. Ellos se habían dado de baja de la sociedad, establecido una
comuna religiosa, e incluyeron la adoración de ángeles en su rama de judaísmo
reformado. La comunidad Qumrán había llegado al punto de decir que el ángel
Miguel era más alto en estatus que el Mesías venidero. Este tipo de aberraciones
doctrinales podrían explicar el énfasis en hebreos capítulo uno de la superioridad de
Cristo sobre los ángeles.
Posibles lugares de los destinatarios de la epístola incluyen Palestina, Egipto,
Italia, Asia Menor y Grecia. La comunidad que fue la destinataria primaria pudo
haber circulado la epístola entre aquellas áreas e iglesias de trasfondo hebreo que se
encontraban a su alrededor. Esos creyentes probablemente no habían visto a Cristo
personalmente. Aparentemente, habían sido evangelizados por aquellos que
“oyeron” a Cristo y cuyos ministerios habían sido certificados “con señales y
prodigios y diversos milagros” (2:3, 4). De esta manera, los destinatarios podrían
haber estado en una iglesia afuera de Judea y Galilea o en una iglesia en aquellas
áreas, pero establecidos entre personas en la generación siguiendo aquellos que
habían sido testigos oculares de Cristo. La congregación ni era nueva, ni le faltaba
instrucción (“debiendo ser ya maestros”) sin embargo algunos de ellos aún
necesitaban “leche, y no alimento sólido” (5:12).
“Los de Italia” (13:24) es una referencia ambigua debido a que podría significar
o aquellos que habían partido de Italia y estaban viviendo en otros lugares, o
aquellos que aún estaban en Italia y estaban siendo señalados como residentes
oriundos de ese país. Grecia o Asia Menor también deben ser consideradas debido
al establecimiento aparente que se llevó a cabo mucho tiempo atrás, por parte de la
iglesia ahí, y debido al uso consecuente de la LXX.
La generación de hebreos recibiendo esta epístola había practicado los sacrificios
levíticos en el templo en Jerusalén. Judíos viviendo en exilio habían substituido la
sinagoga por el templo pero aún sentían una profunda atracción por la adoración del
templo. Algunos tenían los medios para llevar a cabo peregrinajes regulares al
templo en Jerusalén. El escritor de esta epístola enfatizó la superioridad del
cristianismo sobre el judaísmo y la superioridad del sacrificio llevado a cabo por

LXX Septuaginta; una traducción antigua del Antiguo Testamento en griego

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Cristo de una vez por todas sobre los sacrificios levíticos repetidos e imperfectos
observados en el templo.

Temas históricos y teológicos


Debido a que el libro de Hebreos está fundado en la obra del sacerdocio Levítico,
un entendimiento del libro de Levítico es esencial para interpretar apropiadamente
Hebreos. El pecado de Israel continuamente había interrumpido la comunión de
Dios con su pueblo escogido y de pacto, Israel. Por lo tanto, en su gracia Él
soberanamente estableció un sistema de sacrificios que simbólicamente
representaron el arrepentimiento interno de pecadores y su perdón divino. No
obstante, la necesidad de sacrificios nunca terminó debido a que el pueblo y los
sacerdotes continuaban pecando. La necesidad de toda la humanidad consistía en
tener a un sacerdote perfecto y un sacrificio perfecto que de una vez y para siempre
quitara el pecado. La provisión de Dios de ese sacerdote y sacrificio perfecto en
Cristo es el mensaje central de Hebreos.
La epístola a los Hebreos es un estudio de contraste, entre las provisiones
imperfectas e incompletas del antiguo pacto, dadas bajo Moisés, y las provisiones
infinitamente mejores del nuevo pacto ofrecido por el Sumo Sacerdote perfecto, el
unigénito Hijo de Dios y el Mesías, Jesucristo. Incluidos en las provisiones
“mejores” están: una mejor esperanza, testamento, promesa, sacrificio, sustancia,
país, y resurrección. Aquellos que pertenecen al nuevo pacto moran en una
atmósfera completamente nueva y celestial, adoran a un Salvador celestial, tienen
un llamado celestial, reciben un don celestial, son ciudadanos de un país celestial,
esperan con anhelo una Jerusalén celestial, y sus nombres mismos están escritos en
el cielo.
Uno de los temas teológicos clave en Hebreos es que todos los creyentes ahora
tienen acceso directo a Dios bajo el nuevo pacto y, por lo tanto, pueden acercarse al
trono de Dios confiadamente (4:16; 10:22). La esperanza de uno está en la
presencia misma de Dios, en la cual sigue al Salvador (6:19, 20; 10:19, 20). La
enseñanza primordial simbolizada por el servicio del tabernáculo fue que los
creyentes bajo el pacto de la ley no tenían acceso directo a la presencia de Dios
(9:8), sino que fueron excluidos del lugar santísimo. El libro de Hebreos puede ser
brevemente resumido de esta manera: Los creyentes en Jesucristo, como el
sacrificio perfecto de Dios por el pecado, tienen al Sumo Sacerdote perfecto a
través de cuyo ministerio todo es nuevo y mejor que bajo el pacto de la ley.
3133
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No obstante, esta epístola es más que un tratado doctrinal. Es intensamente


práctica en su aplicación a la vida diaria (vea el cap. 13). El escritor mismo aún se
refiere a su carta como a una “palabra de exhortación” (13:22; cp. Hch. 13:15). A lo
largo del texto se encuentran exhortaciones diseñadas para estimular a los lectores a
la acción. Esas exhortaciones son dadas en la forma de seis advertencias:
Advertencia en contra de desviarse de “las cosas que hemos oído” (2:1–4)
Advertencia en contra de no creer a la “voz” de Dios (3:7–14)
Advertencia en contra de degenerar de “los primeros rudimentos de las palabras de
Dios” (5:11–6:20)
Advertencia en contra de menospreciar “el conocimiento de la verdad” (10:26–39)
Advertencia en contra de devaluar “la gracia de Dios” (12:15–17)
Advertencia en contra de alejarse de aquel “que habla” (12:25–29)
Otro aspecto significativo de esta epístola es la clara exposición de pasajes
selectos del AT. El escritor claramente era un hábil expositor de la Palabra de Dios.
Su ejemplo es instructivo para predicadores y maestros:
1:1–2:4 Exposición de versículos de Salmos; 2 S. 7; Dt. 32
2:5–18 Exposición del Salmo 8:4–6
3:1–4:13 Exposición del Salmo 95:7–11
4:14–7:28 Exposición del Salmo 110:4
8:1–10:18 Exposición de Jeremías 31:31–34
10:32–12:3 Exposición de Habacuc 2:3, 4
12:4–13 Exposición de Proverbios 3:11, 12
12:18–29 Exposición de Éxodo 19, 20

Retos de interpretación
Una interpretación apropiada de esta epístola requiere el reconocimiento de que
se dirige a tres grupos distintos de judíos: 1) creyentes; 2) incrédulos que estaban
intelectualmente convencidos del evangelio; y 3) incrédulos que estaban atraídos
por el evangelio y la persona de Cristo pero que no habían llegado a una convicción
final acerca de Él. No reconocer a estos grupos lleva a interpretaciones
inconsecuentes con el resto de las Escrituras.
El grupo primario a quien el autor se dirige fueron hebreos cristianos que
sufrieron rechazo y persecución por parte de sus compatriotas judíos (10:32–34),

cp. compare

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aunque ninguno de ellos había sido martirizado aún (12:4). La carta fue escrita para
darles aliento y confianza en Cristo, su Mesías y Sumo Sacerdote. Eran un grupo
inmaduro de creyentes que fueron tentados a aferrarse a las tradiciones del judaísmo
y a los rituales simbólicos y espiritualmente sin poder.
El segundo grupo a quien el autor se dirige fueron judíos incrédulos que estaban
convencidos de las verdades básicas del evangelio pero que no habían creído en
Jesucristo como su propio Salvador y Señor. Estaban intelectualmente persuadidos,
pero espiritualmente no comprometidos. El autor se dirige a estos incrédulos en
pasajes tales como 2:1–3; 6:4–6; 10:26–29; y 12:15–17.
El tercer grupo a quien el autor se dirige eran judíos incrédulos que no estaban
convencidos de la verdad del evangelio pero habían recibido cierta exposición al
mismo. El capítulo 9 está enfocado en su mayoría a ellos (vea especialmente los vv.
11, 14, 15, 27, 28).
El reto de interpretación más serio que está muy por encima de cualquier otro, se
encuentra en el 6:4–6. La frase “una vez fueron iluminados” frecuentemente se
toma como una referencia a cristianos, y la advertencia que la acompaña se toma
como una indicación del peligro de perder su salvación si “recayeron” y
“crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios”. Pero no hay mención de
que sean salvos y no son descritos con ningún término que se aplique únicamente a
creyentes (tales como santo, nacido de nuevo, justo o santos). Este problema emana
a partir de una identificación imprecisa de la condición espiritual de aquellos a los
que el autor se está dirigiendo. En este caso, eran incrédulos que habían sido
expuestos a la verdad redentora de Dios, y quizá hicieron una profesión de fe, pero
no habían llegado al punto de tener una fe salvadora genuina. En el 10:26, se hace
la referencia una vez más a cristianos apóstatas, no a creyentes genuinos de quienes
frecuentemente se piensa que pierden su salvación por sus pecados.
Bosquejo

I. La
superioridad
de la posición
de Jesucristo
(1:1–4:13)
A. Un mejor
nombre

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(1:1–3)
B. Mejor que
los ángeles
(1:4–2:18)
1. Un
mensaje
ro más
grande
(1:4–
14)
2. Un
mensaje
más
grande
(2:1–
18)
a. Una
salva
ción
más
gran
de
(2:1–
4)
b. Un
salva
dor
más
gran
de
(2:5–
18)
C. Mejor que
Moisés
(3:1–19)

3136
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D. Un mejor
reposo
(4:1–13)
II. La
superioridad
del
sacerdocio de
Jesucristo
(4:14–7:28)
A. Cristo
como
sumo
sacerdote
(4:14–
5:10)
B.
Exho
rtación al
compromis
o total con
Cristo
(5:11–
6:20)
C. El
sacerdocio
de Cristo
como el de
Melquised
ec (7:1–
28)
III. La
superioridad
del ministerio
sacerdotal de
Jesucristo

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(8:1–10:18)
A. A través
de un
mejor
pacto
(8:1–13)
B. En un
mejor
santuario
(9:1–12)
C. Por un
mejor
sacrificio
(9:13–
10:18)
IV. La
superioridad
de los
privilegios
del creyente
(10:19–
12:29)
A. Fe
salvadora
(10:19–25)
B. Fe falsa
(10:26–39)
C. Fe genuina
(11:1–3)
D. Héroes de
la fe
(11:4–40)
E. Fe
perseveran
te (12:1–

3138
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29)
V. La
superioridad
de la
conducta
cristiana
(13:1–21)
A. Con
relación a
otros
(13:1–3)
B. Con
relación a
nosotros
mismos
(13:4–9)
C. Con
relación a
Dios
(13:10–21)

1:1 muchas veces. El significado es “muchas porciones” (como se podría decir


acerca de libros). En el transcurso posiblemente de unos mil ochocientos años
(desde Job, ca. 2200 a.C. [¿?] hasta Nehemías, ca. 400 a.C.) el AT fue escrito en un
total de treinta y nueve libros diferentes que reflejaron épocas, lugares, culturas y
situaciones muy diferentes. de muchas maneras. Esto incluye visiones, símbolos y
parábolas que se escribieron tanto en poesía como en prosa. Aunque la forma y el
estilo literario variaron, siempre fue la revelación de Dios acerca de lo que Él quería
que su pueblo supiera. La revelación progresiva del AT describió el programa de
redención de Dios (1 P. 1:10–12) y su voluntad para su pueblo (Ro. 15:4; 2 Ti. 3:16,
17).

ca. cerca de, aproximadamente

ca. cerca de, aproximadamente

3139
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1:2 postreros días. Los judíos entendían que “postreros días” se refería al
tiempo en el que el Mesías (Cristo) por fin vendría (cp. Nm. 24:14; Jer. 33:14–16;
Mi. 5:1, 2; Zac. 9:9, 16). El cumplimiento de las profecías mesiánicas comenzó con
el advenimiento del Mesías. Desde que Él vino hemos estado en los “postreros
días” (cp. 1 Co. 10:11; Stg. 5:3; 1 P. 1:20; 4:7; 1 Jn. 2:18). En el pasado Dios dio
revelación por medio de sus profetas, pero en estos tiempos que comenzaron con la
venida del Mesías, Dios pronunció el mensaje de redención por medio del Hijo.
heredero. Todo lo que existe quedará en últimas bajo el control absoluto del Hijo
de Dios quien es el Mesías (cp. Sal. 2:8, 9; 89:27; Ro. 11:36; Col. 1:16). Esta
“herencia” es la extensión plena de la autoridad que el Padre ha dado al Hijo (cp.
Dn. 7:13, 14; Mt. 28:18) como “Primogénito” (vea la nota sobre el v. 6). universo.
Algunas versiones traducen “los mundos” pero la palabra se refiere también a
“eras” e incluye tiempo, espacio, energía y materia: El universo entero y todo lo que
hace posible su funcionamiento (cp. Jn. 1:3).
1:3 resplandor. El término solo se usa aquí en el NT. Expresa la noción de
emitir una luz o brillar con luz propia (cp. Jn. 8:12; 2 Co. 4:4, 6). La palabra
“reflejo” no sería apropiada aquí porque el Hijo no solo refleja la gloria de Dios,
sino que Él es Dios e irradia su propia gloria esencial. la imagen misma de su
sustancia. El término que se traduce “imagen misma” solo se emplea aquí en el
NT. En la literatura antigua se usaba para aludir a un tallado en la madera, un
grabado en el metal, una marca en cuero animal, una impresión en el barro y una
rúbrica estampada en las monedas. “Sustancia” también se traduce “persona” y
alude al concepto de naturaleza, ser o esencia. El Hijo es la impronta perfecta y la
representación exacta de la naturaleza y la esencia de Dios en tiempo y espacio (cp.
Jn. 14:9; Col. 1:15; 2:9). sustenta. El universo y todo lo que contiene es sustentado
todo el tiempo por la palabra poderosa y eficaz del Hijo (Col. 1:17). Este término

cp. compare

cp. compare

cp. compare

cp. compare

cp. compare

cp. compare

cp. compare

3140
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también transmite el concepto de movimiento o progreso, porque el Hijo de Dios


encamina todas las cosas hacia la consumación de todas las cosas de acuerdo con el
propósito soberano de Dios. Aquel que pronunció la existencia de todas las cosas
también sustenta su creación y consuma su propósito eterno mediante su palabra.
purificación de nuestros pecados. Por medio del sacrificio sustitutivo de sí mismo
en la cruz (cp. Tit. 2:14; Ap. 1:5). se sentó a la diestra. La diestra es el lugar de
poder, autoridad y honor (cp. v. 13; Ro. 8:34; 1 P. 3:22). También es la posición de
subordinación y esto implica que el Hijo está bajo la autoridad del Padre (cp. 1 Co.
15:27, 28). El asiento que Cristo ha tomado es el trono de Dios mismo (8:1; 10:12;
12:2) donde Él gobierna como Señor soberano. Esto presenta el cuadro de un
Salvador victorioso, no de un mártir derrotado. Mientras que el significado
primordial de esta frase es la subida de Cristo al trono celestial, el hecho de que se
siente también puede indicar que su obra expiatoria se ha completado.
1:4 hecho tanto. El verbo griego usado aquí se refiere a un cambio de estado y
no a un cambio de existencia. El Hijo en su esencia divina ha existido por la
eternidad, pero por un tiempo fue hecho menor que los ángeles (2:9) y después fue
exaltado a una posición sublime e infinitamente más alta por virtud de lo que Él ha
logrado con su obra redentora (vea las notas sobre Fil. 2:9–11). ángeles. Seres
espirituales creados por Dios para que le ministren y cumplan sus órdenes. Los
judíos tenían a los ángeles en muy alta estima como seres supremos al lado de Dios
mismo. La secta del judaísmo que había establecido una comunidad en Qumrán
enseñaba que la autoridad del arcángel Miguel rivalizaba y hasta superaba la del
Mesías. El escritor de Hebreos descalifica con rotundidad esa noción porque el Hijo
de Dios es superior en todos a los ángeles. más excelente nombre. Ese nombre es
Señor (vea las notas sobre Fil. 2:9–11). Ningún ángel es Señor soberano (vv. 6, 13,
14).
1:5 Mediante esta cita del Salmo 2:7 y 2 Samuel 7:14, el escritor presenta la
relación única que el Hijo tiene con el Padre. Ningún ángel ha experimentado jamás
esa clase de relación. Hijo. Un título de Cristo que expresa la sumisión voluntaria
de la segunda Persona de la deidad a la primera Persona con el propósito de cumplir
el programa de redención establecido en la eternidad pasada (vea la nota sobre 2 Ti.

cp. compare

cp. compare

cp. compare

3141
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1:9). Cp. los vv. 2, 8; 3:6; 4:14; 5:5, 8; 6:6; 7:3, 28; 10:29; 11:17 y muchas
referencias en el NT. Su condición de Hijo también quedó expresada en el AT (cp.
Sal. 2:12; Pr. 30:4). La palabra “hoy” indica que el Hijo de Dios nació en un punto
específico en el tiempo. Él siempre fue Dios, pero demostró en el tiempo y el
espacio su papel como Hijo durante su encarnación y fue afirmado como tal
mediante su resurrección (Ro. 1:4).
1:6 otra vez. Este adverbio puede tomarse junto a “introduce” como una
referencia a la segunda venida de Cristo (“…cuando introduce otra vez al
Primogénito en el mundo, dice”), o junto a “dice” para llamar la atención a otra cita
del AT (cp. el v. 5; 2:13). Algunas versiones recientes prefieren la primera
interpretación. Primogénito. Vea las notas sobre Romanos 8:29; Colosenses 1:15,
donde se refiere a prominencia de posición o de título y no al orden del tiempo.
Cristo no fue el primero en nacer en la tierra sino que mantiene la posición más
eminente de soberanía. Como “Primogénito” Él también ha sido apartado para el
servicio a Dios, y por ser preeminente tiene derecho pleno a la herencia (cp. el v. 2;
Gn. 43:33; Éx. 13:2; 22:29; Dt. 21:17; Sal. 89:27). todos los ángeles. Cita de la
traducción de Deuteronomio 32:43 en la Septuaginta (cp. Sal. 97:7). Puesto que se
manda a todos los ángeles adorar al Mesías, se sigue que el Mesías deba ser
superior a todos ellos. Cinco de los siete pasajes del AT citados en este primer
capítulo de Hebreos aparecen en contextos relacionados con el pacto davídico, y
esto destaca los conceptos de primogenitura, realeza y reinado. Aunque no está en
un contexto propio del pacto de Dios con David, mantiene afinidad con la
enseñanza del Salmo 89:6 (un salmo del pacto davídico), en el que se declara que
todos los seres celestiales deben reconocer el señorío de Dios. Se hace referencia al
“primogénito” en la introducción a la cita de Deuteronomio. Además,
“primogénito” también se menciona en el Salmo 89:27.
1:7 de los ángeles. El escritor continúa con las pruebas bíblicas de que los
ángeles están subordinados al Hijo de Dios al incluir una cita del Salmo 104:4. Esta

Cp. compare

cp. compare

cp. compare

cp. compare

cp. compare

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es la única de las siete citas del AT en el capítulo 1 que no tiene conexión alguna
con el pacto davídico. La cita solo define la naturaleza básica y el propósito de los
ángeles.
1:8, 9 dice. Una cita del Salmo 45:6, 7, con la que el escritor argumenta a favor
de la deidad y el señorío del Hijo sobre toda la creación (cp. el v. 3). El texto es
muy significativo si se tiene en cuenta que la declaración de la deidad del Hijo se
presenta como palabras dichas por el Padre mismo (cp. Is. 9:6; Jer. 23:5, 6; Jn. 5:18;
Tit. 2:13; 1 Jn. 5:20). Es evidente que el escritor de Hebreos tenía en mente los tres
oficios mesiánicos: Profeta (v. 1), sacerdote (v. 3) y rey (vv. 3, 8). La inducción en
estos tres tipos de oficio requería ungimiento (v. 9). El título Mesías (Cristo)
significa “el ungido” (cp. Is. 61:1–3; Lc. 4:16–21).
1:9 compañeros. Un término que solo se usa en Hebreos (3:1, 14; 6:4; 12:8) y
en Lucas 5:7. Aquí podría referirse a los ángeles o a otros hombres que habían sido
ungidos de manera similar para ejercer su oficio: Los profetas, sacerdotes y reyes
del AT. Si el “óleo de alegría” es el mismo “óleo de gozo” mencionado en Isaías
61:3, podría ser una referencia clara a aquellos que habían hecho lamento en Sión
pero que un día serían revestidos de alabanza y llamados “árboles de justicia,
plantío de Jehová”, lo cual alude a hombres y no a ángeles. Sin importar cuán
nobles fueron esos hombres de Dios, Cristo es superior en todo.
1:10–12 Cita del Salmo 102:25–27. El Hijo quien creó el universo (Jn. 1:1–3),
destruirá un día los cielos y la tierra que creó (vea las notas sobre 2 P. 3:10–12),
pero Él mismo permanece sin cambio alguno. La inmutabilidad es otra
característica de la esencia divina, y una vez más el AT testifica sobre la deidad del
Hijo.
1:13, 14 El escritor recalca otra vez el señorío del Hijo con una cita del Salmo
110:1. Mientras que el destino de Cristo es reinar (cp. el v. 3; Mt. 22:44; Hch. 2:35),
el destino de los ángeles es servir a los recipientes de la salvación (vea la nota sobre
1 Co. 6:3). Esta es la séptima y última cita del AT para respaldar el argumento de
que como Hijo y Señor el Mesías es superior a los ángeles.

cp. compare

cp. compare

cp. compare

cp. compare

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1:13 tus enemigos por estrado de tus pies. Esta cita del Salmo 110:1 se repite a
lo largo del NT en 10:13; Mateo 22:44; Marcos 12:36; Lucas 20:43; Hechos 2:35, y
expresa la soberanía de Cristo sobre todos (cp. Fil. 2:10).
1:14 Vea la nota sobre Mateo 18:10.
2:1–4 Para que los lectores capten la importancia de la superioridad del Hijo de
Dios sobre los ángeles, el escritor los urge a responder. “Atendamos… deslicemos”
incluye aquí a todos los que son hebreos. Algunos habían asentido con su intelecto a
la doctrina de la superioridad del Mesías sobre los ángeles, pero todavía no se
habían comprometido con Él como Dios y Señor. Él merece su adoración tanto
como merece la adoración de los ángeles.
2:1 con más diligencia atendamos… nos deslicemos. Ambas frases tienen
connotaciones náuticas. La primera se refiere a echar anclas para fijar una
embarcación al amarradero. La segunda se usaba con frecuencia para describir una
embarcación que se dejaba a la deriva y se alejaba del muelle. La advertencia clara
es que cada uno se asegure con firmeza a la verdad del evangelio, y navegar con
mucho cuidado para no perder la oportunidad de amarrarse al único muelle de
salvación. Debe prestarse mucha atención a estos asuntos serios de la fe cristiana.
Los lectores con su tendencia a la apatía corren gran peligro de naufragar en su vida
espiritual (cp. 6:19; vea la nota sobre 1 Ti. 1:19).
2:2 si. El término griego supone una condición cumplida y aquí alude a esta idea:
“En vista del hecho de que…”. ángeles. Los ángeles tuvieron una participación
instrumental en traer la ley de Dios a su pueblo en el Monte Sinaí (cp. Dt. 33:1, 2;
Sal. 68:17; Hch. 7:38, 53; Gá 3:19). transgresión y desobediencia. Lo primero
significa atravesar una línea y corresponde a un pecado deliberado y abierto de
comisión. Lo segundo alude a la noción de cerrar los oídos a los mandatos claros de
Dios, lo cual lleva a cometer pecados de omisión. Ambos tipos de pecado son
graves y voluntarios por lo cual requieren un juicio justo.
2:3 ¿cómo escaparemos…? Si la desobediencia al pacto antiguo de la ley traía
juicio inmediato, ¡cuánto más severo será el juicio por la desobediencia al nuevo
pacto del evangelio de salvación, que fue mediado por el Hijo quien es superior a

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los ángeles (cp. Mt. 10:14, 15; 11:20–24)! El mensajero y el mensaje del nuevo
pacto son mayores que los mensajeros y el mensaje del antiguo pacto. Cuanto más
grande es el privilegio, mayor es el castigo por todo acto de desobediencia o
negligencia (10:29; cp. Lc. 12:47). por los que oyeron. Esta frase revela la
sucesión del evangelismo. Esa generación de hebreos no habría oído el mensaje si
la generación anterior de testigos no lo hubiera transmitido a ellos (cp. 1 Ti. 2:5–7).
2:4 señales y prodigios… milagros y repartimientos. Los poderes
sobrenaturales demostrados por Jesús y sus apóstoles fueron la confirmación divina
del Padre acerca del evangelio de Jesucristo, su Hijo (cp. Jn. 10:38; Hch. 2:22; Ro.
15:19; 1 Co. 14:22; vea la nota sobre 2 Co. 12:12). Esta autenticación del mensaje
fue el propósito de esas obras milagrosas. del Espíritu Santo. La primera
referencia de la epístola al Espíritu Santo se refiere de paso a su ministerio en la
confirmación del mensaje de salvación por medio de los dones de milagros. En otro
lugar de la epístola se menciona la participación activa del Espíritu Santo en la
revelación de las Escrituras (3:7; 10:15), en la enseñanza (9:8), en todas las
operaciones y sucesos previos a la salvación (6:4, su obra de convicción; 10:29, su
gracia común), y en su servicio a Cristo (9:14).
2:5 mundo. El término se refiere a la tierra habitada. La referencia corresponde
al gran reino milenario (cp. Zac. 14:9; Ap. 20:1–5). Los ángeles no reinarán sobre el
reino mesiánico.
2:6–8 Cita del Sal. 8:4–6 (cp. 1 Co. 15:27, 28; Ef. 1:22).
2:6 en cierto lugar. Esta no es una indicación de que el escritor ignorara la
fuente de la cita que viene a continuación. La ubicación de la cita no es tan
importante como su autoría divina. Quizás es significativo que el autor de Hebreos
tampoco es identificado. Tal vez tuvo el deseo de que sus lectores entendieran que
el Espíritu Santo es el autor verdadero de todas las Escrituras (cp. 2 Ti. 3:16; 2 P.

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1:21). hombre… hijo del hombre. Ambos se refieren a la humanidad y no a


Cristo. El pasaje pregunta por qué Dios tendría que molestarse en ayudar a la
humanidad. Como lo demuestran los versículos siguientes (vv. 9, 10), la
encarnación de Cristo es la prueba más grande del amor e interés de Dios por la
humanidad. Cristo no fue enviado en la forma de un ángel, sino como un ser
humano.
2:7 ángeles. Los ángeles recibieron poderes sobrenaturales de su Creador.
Tienen acceso continuo al trono de Dios (cp. Job 1:6; 2:1; Ap. 5:11) y no están
sujetos a la muerte.
2:8 sujetaste. A pesar de la superioridad de los ángeles a la humanidad, Dios en
un principio había depositado la administración de la tierra en manos de la
humanidad (Gn. 1:26–28). No obstante, debido a la caída (Gn. 3), la humanidad ha
sido incapaz de cumplir ese oficio supremo ordenado por Dios.
2:9 de gloria y de honra. Gracias a que Jesús se hizo “obediente hasta la
muerte… Dios también lo exaltó hasta lo sumo” (Fil. 2:8, 9). Mediante su obra
redentora, Cristo ha cumplido todo lo que Dios requiere en su justicia, como el
representante supremo de la humanidad. Por su encarnación, sacrificio sustitutivo y
victoria sobre el pecado y la muerte (cp. Ro. 6:23; 1 Jn. 4:10), Él ha cumplido el
propósito original del hombre. Como el postrer Adán (1 Co. 15:47), Él fue inferior a
los ángeles durante un tiempo breve, mas ahora tiene gloria y honor y todas las
cosas, incluidos los ángeles, le están sujetas por la eternidad. gustase la muerte por
todos. Es decir, todo aquel que cree. La muerte de Cristo solo puede aplicarse en su
eficacia a aquellos que acuden a Dios con arrepentimiento y en fe para pedir su
gracia salvadora y el perdón de sus pecados. Vea las notas sobre 2 Corintios 5:21;
1 Timoteo 2:6; 4:10; Tito 2:11.
2:10 convenía. Lo que Dios hizo a través de la humillación de Jesucristo estuvo
en acuerdo perfecto con su justicia y santidad soberanas. Sin la humillación y el
sufrimiento de Cristo, no podría haber redención, y sin redención no habría
glorificación (cp. Ro. 8:18, 29, 30). perfeccionase. En su naturaleza divina Cristo
ya era perfecto. No obstante, su naturaleza humana fue perfeccionada por medio de
la obediencia, y esto incluyó el sufrimiento con el fin de que pudiera ser un Sumo

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Sacerdote comprensivo y un ejemplo a seguir para los creyentes (cp. 5:8, 9; 7:25–
28; Fil. 2:8; 1 P. 2:21), así como para establecer la justicia perfecta (Mt. 3:15) que
iba a ser imputada a los creyentes (2 Co. 5:21; Fil. 3:8, 19). autor. El término
también se usa en 12:2 y Hechos 5:31. Podría traducirse “capitán”, “pionero”,
“cabeza” y “origen”. Cristo es la fuente (cp. “autor” en 5:9, que alude a la causa
principal), el iniciador y el líder absoluto en todo lo referente a la salvación. Él ha
abierto y mostrado el camino al cielo como nuestro precursor (6:20).
2:11 santifica. La santificación aparta a una persona para el servicio mediante la
purificación del pecado y la conformidad a la santidad de Dios (cp. 10:10).
2:12 mis hermanos. Cita del Salmo 22:22. Jesús había enseñado que quienes
hacen la voluntad del Padre en obediencia a su Palabra son sus hermanos y madre
(Mt. 12:50; Lc. 8:21). Él nunca hizo referencia directa a sus discípulos con el título
de “hermanos” hasta después de su resurrección (Mt. 28:10; Jn. 20:17). Solo
después que hubo pagado el precio por su salvación, se convirtieron ellos de verdad
en sus hermanos y hermanas espirituales. El uso del término demuestra su
identificación plena con la humanidad a fin de proveer una redención completa (Fil.
2:7–9).
2:13 La cita de Isaías 8:17, 18 (cp. 2 S. 22:3) recalca el punto hecho en los vv. 9–
11: Que Cristo se había identificado a plenitud con la humanidad al adoptar una
naturaleza humana. Él demostró la realidad de su naturaleza humana con su
dependencia total en Dios durante su peregrinaje terrenal.
2:14 participaron… participó. La palabra griega que se traduce “participaron”
significa comunión, compañerismo o asociación, mientras que “participó” significa
asirse de algo que no forma parte de su propia identidad y clase. El Hijo de Dios
nunca fue por naturaleza “carne y sangre” pero decidió adoptar para sí esa
naturaleza con el fin de poder suministrar redención para la humanidad. la
muerte… el imperio de la muerte. Este es el propósito último de la encarnación:
Jesús vino a la tierra a morir, y a partir de su muerte pudo conquistar la muerte en
su resurrección (Jn. 14:19). Al conquistar la muerte, inutilizó todo poder que

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Satanás pudiera usar en contra de todos los que son salvados. El uso que Satanás
hace del poder de la muerte está sujeto a la voluntad de Dios (cp. Job 2:6).
2:15 el temor de la muerte. Para el creyente, “sorbida es la muerte en victoria”
(1 Co. 15:54). Por ende, el temor de la muerte y la servidumbre espiritual a ella
quedan destruidos para mediante la obra de Cristo.
2:16 socorrió. El significado literal es “aferrarse”. El sentido de “socorrer” se
deriva de la imagen de una persona que se aferra a otra y la empuja o hala según sea
necesario para garantizar su seguridad y rescatarla de un peligro. Sin embargo, en el
judaísmo no existía la noción de que la entrada del Mesías al mundo tuviera el
propósito de socorrer a los ángeles. Esta traducción del término original debilita el
contraste que el autor quiso plantear en comparación a todo lo que dijo antes acerca
de la superioridad de Cristo a los ángeles. El contexto presenta la identificación de
Cristo con la humanidad en su encarnación: Él adoptó la naturaleza humana o
decidió “aferrarse” como un acto de renuncia y sacrificio a favor de los suyos (vv.
9–14, 17). Cabe anotar que el escritor utilizó una palabra griega diferente para
expresar la noción de socorrer en el v. 18 (también en 4:16). Por esta razón debe
preferirse la traducción “adoptar la naturaleza de”. descendencia de Abraham.
Cristo es la simiente o descendencia prometida (vea las notas sobre Gá 3:16).
Como los lectores eran hebreos, es indudable que se identificarían con esta
descripción. El Mesías había nacido en el linaje de Abraham en cumplimiento de
las profecías del AT (Mt. 1:1). Uno de los propósitos fundamentales de la
encarnación era la salvación de Israel (Mt. 1:21), pero otro propósito era el
cumplimiento del pacto de Dios con Abraham en relación con la descendencia
prometida. De todos los pueblos y naciones, los hebreos deberían ser los primeros
en reconocer el significado y la importancia de la encarnación.
2:17 para expiar los pecados. También se traduce “propiciación”, una palabra
que alude a “conciliar” o “satisfacer”. Vea la nota sobre Romanos 3:25. La obra
expiatoria y propiciatoria de Cristo tiene que ver con su ministerio como sumo
sacerdote. Al participar de la naturaleza humana, Cristo demostró su misericordia
hacia la humanidad y su fidelidad a Dios para satisfacer el requisito divino a causa
del pecado, y obtener así perdón total para su pueblo. Cp. 1 Juan 2:2; 4:10.

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2:18 tentado. La autenticidad de la humanidad de Cristo queda demostrada por


el hecho de que Él fue susceptible de ser tentado. Al experimentar la tentación,
Jesús pudo entender a perfección el género humano así como identificarse con sus
hermanos y tener compasión real de ellos (cp. 4:15). Él sintió en carne propia la
fuerza plena de la tentación, y a diferencia de nosotros, que con frecuencia cedemos
a la tentación antes de sentir la plenitud de su ímpetu, Jesús la resistió incluso en
medio de la instigación más fuerte para ceder (cp. Lc. 4:1–13). poderoso para
socorrer… tentados. Vea las notas sobre 4:15, 16; 1 Corintios 10:13.
3:1–6 Esta sección presenta la superioridad de Jesús sobre Moisés quien era
reverenciado por los judíos. El Señor había hablado con Moisés “cara a cara, como
habla cualquiera a su compañero” (Éx. 33:11) y había dado a él la ley (Neh. 9:13,
14). Los mandamientos y rituales de la ley eran prioridades supremas de los judíos
y para ellos Moisés y la ley eran sinónimos. Tanto el AT como el NT se refieren a
los mandatos de Dios como la “ley de Moisés” (Jos. 8:31; 1 R. 2:3; Lc. 2:22; Hch.
13:39). Sin embargo, por grande que hubiera sido Moisés, Jesús era infinitamente
mayor.
3:1 hermanos santos. La frase solo ocurre aquí y en 1 Tesalonicenses 5:27,
donde algunos manuscritos omiten “santos”. El escritor se dirige a creyentes que
tienen un “llamamiento celestial” (cp. Fil. 3:14). En otro pasaje se describen como
personas que desean una “ciudad celestial” (11:16) y como aquellos que entran a
“Jerusalén la celestial” (12:22). Son “santos” en el sentido de que han sido
apartados para Dios y pertenecen al reino celestial porque son ciudadanos del cielo
más que ciudadanos de la tierra. llamamiento. Como en todo el resto de las
epístolas del NT, esto hace referencia al llamado eficaz a salvación en Cristo (cp.
Ro. 8:30; 1 Co. 7:21). considerad. El escritor solicita la atención completa de los
lectores y su observación diligente de la superioridad de Jesucristo. apóstol y sumo
sacerdote. Un apóstol es alguien “enviado” que tiene los derechos, el poder y la
autoridad de quien lo envía. Jesús fue enviado a la tierra por el Padre (cp. Jn. 3:17,

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34; 5:36–38; 8:42). El tema del sumo sacerdocio de Cristo que se inició en 2:17, 18
y se menciona aquí de nuevo, será retomado más adelante en 4:14–10:18 con más
detalles. Entretanto, el escritor presenta la supremacía de Cristo frente a Moisés (vv.
1–6), Josué (4:8) y todos los demás héroes nacionales y predicadores del AT que
eran tenidos en muy alta estima por los judíos. Jesús mismo habló de su
superioridad a Moisés en el mismo contexto en el que habló de haber sido enviado
por el Padre (Jn. 5:36–38, 45–47; cp. Lc. 16:29–31). Moisés había sido enviado por
Dios para libertar a su pueblo de Egipto y el yugo histórico de esclavitud (Éx. 3:10).
Jesús fue enviado por Dios para libertar a su pueblo del Egipto espiritual y la
esclavitud al pecado (2:15). de nuestra profesión. Cristo es el centro de nuestra
confesión de fe en el evangelio, tanto en el credo como en el testimonio público y
personal. El término se emplea de nuevo en 4:14 y 10:23 (cp. 2 Co. 9:13; 1 Ti.
6:12). Los tres usos que ocurren en Hebreos se presentan con un sentido de
urgencia. Seguro los lectores no estarían dispuestos a abandonar a Cristo, a quien
habían profesado, y rechazar todo lo que Él había hecho por ellos, si tan solo
pudieran entender la superioridad de su persona y obra.
3:2 casa. El término se refiere a una familia conformada por personas más que a
un edificio o morada (cp. el v. 6; 1 Ti. 3:15). Los que eran administradores o
mayordomos de una casa debían por encima de todo ser fieles (1 Co. 4:2). Tanto
Moisés (Nm. 12:7) como Cristo (2:17) cumplieron con fidelidad sus asignaciones
divinas para cuidar del pueblo de Dios.
3:3, 4 el que hizo. Moisés solo fue una parte de la casa de fe de Dios, mientras
que Jesús fue el arquitecto y constructor de esa casa (cp. 2 S. 7:13; Zac. 6:12, 13;
Ef. 2:19–22; 1 P. 2:4, 5), por lo cual es mayor que Moisés e igual a Dios.
3:5, 6 siervo… hijo. El término que se traduce aquí “siervo” implica una
posición de dignidad y libertad, no de esclavitud (cp. Éx. 14:31; Jos. 1:2). Sin
embargo, hasta Moisés como el siervo de más alto rango, nunca podría ocupar la
posición de Hijo que solo pertenece a Cristo (cp. Jn. 8:35).
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3:5 se iba a decir. Moisés fue fiel en primera instancia como un testimonio de lo
que habría de venir en Cristo (cp. 11:24–27; vea la nota sobre Jn. 5:46).
3:6 la cual casa somos nosotros. Vea las notas sobre el v. 2; Ef. 2:22; 1 Ti.
3:15; 1 P. 2:5; 4:17. si retenemos. Cp. el v. 14. Esto no se refiere a cómo ser
salvos o permanecer salvos (cp. 1 Co. 15:2). Significa más bien que la
perseverancia en fidelidad es prueba de una fe real. Aquel que vuelve a practicar los
rituales del sistema levítico para contribuir a su propia salvación, demuestra que en
realidad nunca fue parte de la casa de Dios (vea la nota sobre 1 Jn. 2:19), mientras
que quien permanece en Cristo da evidencia de su pertenencia genuina como
miembro de esa casa (cp. Mt. 10:22; Lc. 8:15; Jn. 8:31; 15:4–6). Dios cumplirá su
promesa de guardar a los creyentes y ayudarlos a retener su fe (1 Ts. 5:24; Jud. 24,
25). Vea la nota sobre Mateo 24:13. esperanza. Vea la descripción adicional que el
escritor hace de esta esperanza en 6:18, 19. Esta esperanza radica en Cristo mismo,
cuya obra redentora ha hecho posible nuestra salvación (Ro. 5:1, 2; vea la nota
sobre 1 P. 1:3).
3:7–11 El escritor cita el Salmo 95:7–11 como las palabras de su autor
consumado, el Espíritu Santo (cp. 4:7; 9:8; 10:15). Este pasaje describe las travesías
de los israelitas por el desierto después de su liberación de Egipto. A pesar de las
obras milagrosas de Dios y su fidelidad providencial para con ellos, el pueblo le
falló en su compromiso de fe y fidelidad (cp. Éx. 17; Nm. 14:22, 23; Sal. 78:40–
53). El escritor de Hebreos presenta una disertación de tres puntos con base en el
pasaje citado del AT: 1) Guardarse de la incredulidad (vv. 12–19), 2) sentir temor
de no alcanzar la meta (4:1–10) y 3) ser diligentes para entrar (4:11–13). Los temas
expuestos incluyen urgencia, obediencia, fe, perseverancia y reposo.
3:7 hoy. Esta es una referencia al momento presente mientras las palabras de
Dios estén frescas en la mente. Debe existir un sentido de urgencia para acatar de
inmediato la voz de Dios. Esta urgencia se recalca cuando la mención de “hoy” en

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el Salmo 95:7 se reitera tres veces más (vv. 13, 15; 4:7) y es el tema de la
disertación expositiva del escritor (cp. 2 Co. 6:2).
3:11 mi reposo. El reposo terrenal que Dios prometió dar fue una vida bendecida
en la tierra de Canaán que Israel recibiría como su herencia (Dt. 12:9, 10; Jos.
21:44; 1 R. 8:56). A causa de la rebelión contra Dios, a una generación entera de los
hijos de Israel le fue prohibida la entrada a ese reposo en la Tierra Prometida (cp.
Dt. 28:65; Lm. 1:3). Esta imagen se aplica al reposo espiritual de un creyente
individual en el Señor, lo cual ya era una realidad desde mucho antes en el AT (cp.
Sal. 116:7; Is. 28:12). En el momento de su salvación, cada creyente entra en el
reposo verdadero que está en el terreno de la promesa espiritual, y nunca más tendrá
que esforzarse para alcanzar por esfuerzos propios una justicia que agrade a Dios.
Dios quiso conceder ambos tipos de reposo a la generación que fue liberada de
Egipto.
3:12 hermanos. Esta admonición va dirigida a los que tienen latentes las mismas
características de la generación que pereció en el desierto sin poder ver jamás la
Tierra Prometida. Se trataba de judíos incrédulos que se contaban entre la compañía
de “hermanos santos” (v. 1). Fueron amonestados a creer y ser salvos antes que
fuera demasiado tarde. Vea la Introducción: Retos de interpretación. corazón malo.
Todos los hombres nacen con esa clase de corazón (Jer. 17:9). En el caso de estos
hebreos, esa maldad se manifestó en incredulidad hacia el evangelio que los llevaba
en la dirección opuesta y los alejaba por completo de Dios.
3:13 exhortaos los unos a los otros cada día. En esta admonición se alude a que
los creyentes individuales deben rendirse cuentas entre sí y que la iglesia como
cuerpo tiene una gran responsabilidad ante Dios. Mientras siguieran los días
angustiosos de inquietud, y ellos se sintieran tentados a someterse otra vez al
sistema ineficaz de obras levíticas, ellos debían animarse unos a otros para
identificarse por completo con Jesucristo. endurezca. El rechazo reiterado del
evangelio en lo referente a Jesús resulta en un endurecimiento progresivo del
corazón y en últimas produce un antagonismo total al evangelio. Cp. 6:4–6; 10:26–
29; Hch. 19:9. el engaño. El pecado miente y engaña, para lo cual hace uso de
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cualquier treta y estratagema posible (cp. Ro. 7:11; 2 Ts. 2:10; Stg. 1:14–16). Los
hebreos se engañaban con el razonamiento de que su rechazo de Jesucristo era
fidelidad al sistema antiguo. Su disposición a apoyarse en el sistema levítico era en
realidad un rechazo abierto de la Palabra viva (4:12) “del Dios vivo” (v. 12), quien
por medio de Cristo había abierto un “camino nuevo y vivo” (10:20). Elegir el
sendero de la incredulidad siempre conduce a nada más que la muerte (v. 17;
10:26–29; cp. 2:14, 15; Jud. 5).
3:14 La exhortación es similar a la que aparece en el v. 6 y repite el tema de la
perseverancia.
3:15–19 Aquí se repite la cita del Salmo 95:7, 8 (cp. el v. 7). La primera cita fue
seguida por una disertación en la que se hizo hincapié en el “hoy” y la urgencia
espiritual de esa noción. Esta segunda cita va seguida por una exposición en la que
se recalca la palabra “rebelión” (vv. 15, 16) y se presenta el tema de la obediencia
por medio de su antítesis que es la desobediencia. Se emplean cuatro términos
diferentes para que los lectores entiendan en qué consiste la rebelión: “Provocaron”
(v. 16), “pecaron” (v. 17), “desobedecieron” (v. 18) e “incredulidad” (v. 19). Esto
pone punto final al primer tercio (vea las notas sobre los vv. 7–11) de la exposición
que el escritor hace del Salmo 95:7–11, la cual se resume en la conclusión obvia de
que los israelitas que murieron en el desierto fueron víctimas de su propia
incredulidad (v. 19).
4:1–10 La segunda sección de la exposición que el escritor hace del Salmo 95:7–
11 va más allá de la descripción escueta de la incredulidad y sus consecuencias
terribles (3:12–19) para definir la naturaleza del “reposo” que han perdido los
desobedientes. La primera sección trata más que todo con el Salmo 95:7, 8 y la
segunda sección con el Salmo 95:11.
4:1 promesa. Este es el primer uso de esta palabra tan importante en Hebreos. El
contenido de esta promesa se define como “entrar en su reposo”. su reposo. Vea la
nota sobre 3:11. Este es el reposo que Dios da y por eso es llamado “mi reposo”
(Sal. 95:11) y “su reposo”. Para los creyentes, el reposo de Dios incluye su paz,
confianza de salvación, seguridad en su fortaleza y certidumbre de un hogar

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celestial futuro (cp. Mt. 11:29). no haberlo alcanzado. Toda la frase podría
traducirse “para que no piensen que han llegado demasiado tarde para entrar en el
reposo de Dios” (cp. 12:15). Con temor reverente todos deben examinar su propia
condición espiritual (cp. 1 Co. 10:12; 2 Co. 13:5) y animar a los demás para que se
mantengan firmes en su compromiso (cp. Jud. 23).
4:2 fe. El simple conocimiento del mensaje de Dios es insuficiente. Debe ser
apropiado mediante la fe salvadora. Más adelante en la epístola se hará una
exposición mucho más extensa sobre el tema de la fe (10:19–12:29). El escritor se
propuso establecer con esta comparación que como los judíos que salieron de
Egipto (3:16–19), su generación también había recibido el mensaje de Dios por
medio de la predicación del evangelio, y que aquellos de hecho habían sido
evangelizados.
4:3 entramos. Quienes ejercen fe en el mensaje de Dios tendrán acceso a su
reposo espiritual. Esto es lo que se infiere del Salmo 95:11, donde se establece el
lado opuesto: Que el incrédulo no entrará en el reposo que Dios provee. acabadas
desde la fundación del mundo. El reposo espiritual que Dios da no es algo
incompleto o inacabado. Es un reposo que se basa en una obra finiquitada que Dios
se propuso hacer en la eternidad pasada, tal como el reposo que Dios tomó tras
terminar la creación (v. 4).
4:4, 5 Para explicar la declaración rotunda en el v. 3, el escritor cita la ilustración
del séptimo día de la creación y cita Génesis 2:2. Luego repite la última parte del
Salmo 95:11.
4:6, 7 La oportunidad de entrar al reposo de Dios sigue abierta (cp.
“permaneciendo aún la promesa” en el v. 1). Todavía no es demasiado tarde. Dios
había ofrecido el reposo a su pueblo en el tiempo de Moisés y no dejó de ofrecerlo
en el tiempo de David. Él todavía incita con paciencia a su pueblo para que entren
en su reposo (cp. Ro. 10:21). El autor cita otra vez el Salmo 95:7, 8 (vea 3:7, 15)

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para suscitar una respuesta positiva, inmediata y urgente. Los temas de urgencia y
obediencia se combinan así en una invitación clara a los lectores.
4:8–10 El reposo verdadero de Dios no vino por medio de Josué o Moisés, sino
de Jesucristo, quien es mayor que ambos. Josué condujo a la nación de Israel en la
tierra de su reposo prometido (vea la nota sobre 3:11; Jos. 21:43–45). Sin embargo,
ese solo fue el reposo terrenal que apenas era la sombra de lo que incluía el reposo
celestial. El hecho mismo de que Dios todavía ofreciera su reposo en el tiempo de
David (mucho después del establecimiento de Israel en la tierra), significaba que el
reposo ofrecido era espiritual y superior al obtenido en tiempos de Josué. El reposo
terrenal de Israel estuvo plagado por ataques enemigos y el ciclo diario de trabajo,
mientras que el reposo celestial se caracteriza por la plenitud de la promesa celestial
(Ef. 1:3) y la ausencia de cualquier tipo de trabajo para obtenerla.
4:9 reposo. Aquí se introduce una palabra griega diferente para “reposo” que
significa “descanso del día de reposo” o “reposo sabático”, y solo ocurre aquí en el
NT. El escritor eligió la palabra para llamar la atención de los lectores al “séptimo
día” mencionado en el v. 4 y para preparar la explicación en el v. 10 (“ha reposado
de sus obras, como Dios de las suyas”).
4:11–13 Esta es la tercera y última parte de la exposición del Salmo 95:7–11.
Aquí se destaca la responsabilidad que se asigna a los que han oído la Palabra de
Dios. La Biblia registra los ejemplos de aquellos que estuvieron en el desierto con
Moisés, los que entraron a Canaán con Josué y los que recibieron la misma
oportunidad en el tiempo de David. Es la Palabra que debe ser creída y obedecida,
así como la misma Palabra que juzgará a los desobedientes (cp. 1 Co. 10:5–13).
4:12 espada de dos filos. Mientras que la Palabra de Dios suministra consuelo y
alimento espiritual a los que creen, también es un instrumento de juicio y ejecución
para los que no se han encomendado a Jesucristo. Algunos de los hebreos solo
aparentaban pertenecer a Cristo y en parte estaban persuadidos en su intelecto, pero
en lo más profundo de su ser no estaban comprometidos con Él. La Palabra de Dios
pondría al descubierto la superficialidad de sus creencias e incluso sus intenciones
falsas (cp. 1 S. 16:7; 1 P. 4:5). partir el alma y el espíritu. Estos términos no
describen dos entidades separadas, así como “los pensamientos y las intenciones”
tampoco lo son, sino que se emplean como si uno dijera “corazón y alma” con el fin

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de expresar la totalidad de la persona (cp. Lc. 10:27; Hch. 4:32; vea la nota sobre 1
Ts. 5:23). En otro pasaje estos dos términos son intercambiables y se usan para
describir la parte inmaterial del ser humano, su persona interior y eterna.
4:13 abiertas a los ojos de aquel. La palabra que se traduce “abiertas” es un
término especializado que solo se utiliza aquí en el NT. Su significado original era
exponer el cuello, bien fuera en preparación para el sacrificio o para decapitar a la
víctima. Quizás el uso de “espada” en el versículo anterior motivó la inclusión del
término. Cada individuo es juzgado no solo por la Palabra de Dios (cp. Jn. 12:48),
sino por Dios mismo. Todos hemos de rendir cuentas a la Palabra viva y escrita (cp.
Jn. 6:63, 68; Hch. 7:38) así como al Dios vivo quien es su autor.
4:14–7:28 En esta sección el escritor expone el Salmo 110:4 que fue citado en
5:6. Cristo no solo es superior como apóstol a Moisés y Josué, sino a Aarón como
sumo sacerdote (4:14–5:10; cp. 3:1). En medio de su exposición, el escritor da una
exhortación relacionada con la condición espiritual de sus lectores (5:11–6:20). Al
concluir la exhortación, vuelve al tema del sacerdocio de Cristo (7:1–28).
4:14 traspasó los cielos. Así como el sumo sacerdote bajo el antiguo pacto tenía
que atravesar tres áreas (el atrio exterior, el lugar santo y el lugar santísimo) para
hacer el sacrificio expiatorio, Jesús pasó a través de tres cielos (el cielo atmosférico,
el cielo estelar y la morada de Dios; cp. 2 Co. 12:2–4) tras hacer el sacrificio
perfecto y definitivo. Una vez al año en el día de la Expiación, el sumo sacerdote de
Israel entraba al Lugar santísimo para hacer expiación por los pecados del pueblo
(Lv. 16). Ese tabernáculo fue apenas una copia limitada de la realidad celestial (cp.
8:1–5). Cuando Jesús entró al Lugar santísimo celestial tras haber llevado a cabo la
redención, la copia terrenal fue reemplazada por la realidad del cielo mismo. La fe
cristiana se caracteriza por lo celestial porque ha sido librada de toda conexión
terrenal (3:1; Ef. 1:3; 2:6; Fil. 3:20; Col. 1:5; 1 P. 1:4). Jesús el Hijo de Dios. El
uso simultáneo del título humano (Jesús) y el divino (Hijo de Dios) es significativo.

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Uno de los pocos casos en los que se hace esta yuxtaposición aparece en 1 Juan 1:7,
donde se destaca su sacrificio por los pecados (cp. 1 Ts. 1:10; 1 Jn. 4:15; 5:5).
retengamos nuestra profesión. Vea las notas sobre 3:1, 6; 10:23.
4:15 tentado en todo. Vea las notas sobre 2:17, 18. El escritor añade aquí a sus
declaraciones en 2:18 que Jesús fue libre de todo pecado. Él fue susceptible de ser
tentado (Mt. 4:1–11), pero no pecó en absoluto (vea las notas sobre 7:26).
4:16 Acerquémonos… confiadamente al trono de la gracia. La mayoría de los
mandatarios antiguos no eran accesibles para alguien que no formara parte de su
nómina exclusiva de consejeros (cp. Est. 4:11). A diferencia de esto, el Espíritu
Santo invita a todos los creyentes para que se acerquen con confianza al trono de
Dios a recibir misericordia y gracia por medio de Jesucristo (cp. 7:25; 10:22; Mt.
27:51; vea la Introducción: Temas históricos y teológicos). El arca del pacto era
vista como el lugar en la tierra donde Dios se sentaba sobre su trono entre los
querubines (cp. 2 R. 19:15; Jer. 3:16, 17). Los tronos orientales incluían un estrado
para los pies que también era otra metáfora para el arca del pacto (cp. Sal. 132:7).
Fue en el trono de Dios que Cristo hizo expiación por los pecados, es de allí mismo
que la gracia es dispensada a los creyentes para todas las cuestiones de la vida (cp. 2
Co. 4:15; 9:8; 12:9; Ef. 1:7; 2:7). “Gracia a vosotros” se convirtió en un saludo
acostumbrado entre los creyentes para celebrar esta provisión divina siempre
disponible (Ro. 1:7; 16:20, 24; 1 Co. 1:3; 16:23; 2 Co. 1:2; 13:14; Gá 1:3; 6:18; Ef.
1:2; 6:24; Fil. 1:2; 4:18; Col. 1:2; 4:18; 1 Ts. 1:1; 5:28; 2 Ts. 1:2; 3:18; 1 Ti. 1:2;
6:21; 2 Ti. 1:2; 4:22; Tit. 1:4; 3:15; Flm. 3, 25). gracia para el oportuno socorro.
Vea las notas sobre 2:16, 18.
5:1–4 Ningún ángel con su poder sobrenatural podría servir como sumo
sacerdote. Solo hombres con las debilidades propias de la humanidad podían servir
en ese oficio (v. 2; 7:28). La posición de sumo sacerdote en el sistema levítico solo
podía ocuparse por nombramiento oficial y ningún hombre podía nombrarse a sí

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mismo sumo sacerdote. El uso del tiempo presente en estos versículos parece
indicar que el sistema levítico todavía se practicaba al tiempo de escribirse esta
epístola (vea la Introducción: Autor y fecha).
5:1 ofrendas y sacrificios. El primer término podría referirse a las ofrendas de
grano estipuladas en el antiguo pacto, que representaban la acción de gracias o la
dedicación a Dios. En este caso, el segundo término se refiere a las ofrendas de
sangre para la expiación de pecados (vea Lv. 1–5). Sin embargo, “ofrendas” se usa
en 8:4 para aludir a todos los sacrificios por igual (cp. 8:3). La frase ocurre tres
veces en el NT (cp. 8:3; 9:9) y en todas ellas la construcción griega expresa una
relación más estrecha entre ambos términos de la que se indica por lo general con la
conjunción “y”. Esto podría indicar que no debería hacerse distinción entre los
términos y que “por los pecados” debe corresponder a ambos.
5:2 se muestre paciente. Este es un verbo que solo ocurre aquí en el NT y
también se traduce “tenga compasión”. Transmite la noción de mantener una actitud
controlada pero afable en el trato de aquellos que son ignorantes y descarriados en
sentido espiritual. La impaciencia, el desamor y la indignación no tienen parte
alguna en el ministerio sacerdotal. Tal moderación y amabilidad viene como
resultado de reconocer la fragilidad humana propia. El sacerdote recordaba su
propia humanidad pecaminosa cada vez que ofrecía sacrificios por sus propios
pecados (v. 3).
5:4 llamado por Dios. Un sumo sacerdote era seleccionado y llamado por Dios
al servicio (cp. Éx. 28; Nm. 16:1–40; 1 S. 16:1–3).
5:5, 6 Con las citas de Salmo 2:7 y 110:4, el escritor demuestra que Cristo fue
Hijo (vea las notas sobre 1:5) y sumo sacerdote por designación divina (cp. Jn.
8:54). Esto significa que ambos son títulos de subordinación. Ahora bien, esta
subordinación no se relaciona con la esencia o la naturaleza de Cristo (cp. Jn. 10:30;
14:9, 11), sino con el cumplimiento del programa divino de redención. Ninguno de
estos oficios disminuye la deidad eterna de Cristo ni su igualdad dentro de la

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Trinidad. Ambos oficios tuvieron un principio, por eso cabe anotar que el Salmo 2
reconoce al Hijo como rey y Mesías, y que Cristo es el rey sacerdote.
5:6 Cita del Salmo 110:4, a partir del cual se desprende toda esta exposición (vea
la nota sobre 4:14–7:28). Melquisedec. Como “rey de Salem y sacerdote del Dios
Altísimo” en el tiempo de Abraham, él también fue un rey y sacerdote (Gn. 14:18–
20). El sacerdocio de Melquisedec se discute con más detalles en el capítulo 7.
5:7, 8 Tras establecer el primer requisito de la constitución por nombramiento
divino del sumo sacerdote (vv. 1, 4, 5, 6), el escritor se enfocó en el requisito de ser
compasivo con los seres humanos (vv. 2, 3).
5:7 Cristo. O “quien”, pero el contexto deja en claro que se trata de Cristo como
personaje principal del v. 5. En Getsemaní, Jesús lloró en agonía dolorosa pero se
sometió a la voluntad del Padre y aceptó la copa de sufrimiento que ocasionaría su
muerte (Mt. 26:38–46; Lc. 22:44, 45). Jesús anticipó en ese momento la carga
descomunal del juicio por el pecado que caería sobre sus hombros, por lo cual sintió
angustia y tristeza profundas (cp. Is. 52:14; 53:3–5, 10). Aunque soportó el castigo
en silencio y no procuró ser librado de él (Is. 53:7), sí clamó con lágrimas por la
agonía que lo produjo la furia de la ira de Dios que fue derramada sobre su santidad
y obediencia perfectas (Mt. 27:46; cp. 2 Co. 5:21). Jesús sería librado de quedar en
la muerte porque sería resucitado (cp. Sal. 16:9, 10).
5:8 aprendió la obediencia. Cristo no necesitaba sufrir para conquistar ni
corregir cualquier desobediencia. En su deidad como el Hijo de Dios, Él entendía
por completo qué era la obediencia. Como el Señor encarnado, Él se humilló a sí
mismo para aprender (cp. Lc. 2:52). Aprendió la obediencia por las mismas razones
que soportó la tentación: Para confirmar su humanidad y experimentar sus
sufrimientos a plenitud (vea las notas sobre 2:10; cp. Lc. 2:52; Fil. 2:8). La
obediencia de Cristo también fue necesaria para que Él pudiera cumplir toda justicia
(Mt. 3:15) y probar así que era el sacrificio perfecto en lugar de los pecadores (1 P.

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3:18). Él fue el justo y perfecto cuya justicia habría de ser imputada a los pecadores
(cp. Ro. 3:24–26).
5:9 perfeccionado… autor de eterna salvación. Vea las notas sobre 2:10.
Gracias a la justicia perfecta de Jesucristo y su sacrificio perfecto por el pecado Él
se convirtió en la causa primera de la salvación. le obedecen. La salvación
verdadera se hace evidente en la obediencia a Cristo, desde la obediencia inicial al
mandato del evangelio para arrepentirse y creer (cp. Hch. 5:32; Ro. 1:5; 2 Ts. 1:8; 1
P. 1:2, 22; 4:17) hasta toda una vida de obediencia a la Palabra (cp. Ro. 6:16).
5:10 El escritor cita por segunda vez el Salmo 110:4 (cp. el v. 6), para mencionar
el llamamiento soberano de Dios al sacerdocio (v. 4).
5:11 Acerca de esto. Algunas versiones traducen “de quien” con referencia a la
relación entre Cristo y Melquisedec como sumos sacerdotes. Por razones de lógica
y estilo, debe concluirse que el v. 11 introduce toda la sección que va de 5:11 al
6:12. El mismo verbo griego que se traduce aquí “os habéis hecho” ocurre en los
puntos extremos de esta sección: “os habéis hecho tardos” (v. 11) y “no os hagáis
perezosos” (6:12). tardos. El letargo espiritual de los hebreos y su respuesta tardía a
la enseñanza del evangelio prevenía la recepción de enseñanzas adicionales en ese
momento. Esto recuerda a los creyentes que el no apropiarse de la verdad del
evangelio produce un rezago serio en el progreso espiritual y la incapacidad para
entender o asimilar enseñanzas adicionales (cp. Jn. 16:12). Esta situación también
existe entre los gentiles que han recibido la verdad revelada, bien fuera por
revelación natural o general de Dios en la creación (Ro. 1:18–20). El rechazo de esa
revelación resulta en un proceso gradual de endurecimiento (Ro. 1:21–32). Los
hebreos no solo habían recibido la misma revelación general, sino que también
recibieron revelación especial en las Escrituras del AT (Ro. 9:4), el Mesías mismo
(Ro. 9:5) y la enseñanza de los apóstoles (2:3, 4). Hasta que los hebreos
obedecieran la revelación que habían recibido y obtuvieran salvación eterna (v. 8),
cualquier enseñanza adicional sobre el sacerdocio del Mesías conforme al
sacerdocio de Melquisedec no sería de provecho para ellos.
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5:12 maestros. Todo creyente debe ser un maestro (Col. 3:16; 1 P. 3:15; cp. Dt.
6:7; 2 Ti. 3:15). Si estos hebreos hubieran obedecido en realidad el evangelio de
Cristo, habrían transmitido ese mensaje a otros. Los judíos estaban instruidos en la
ley y se sentían orgullosos porque enseñaban la ley, pero en realidad no habían
entendido sus verdades porque no las habían apropiado ni aplicado a sí mismos (vea
las notas sobre Ro. 2:17–23). palabras. Algunas versiones usan el término
“oráculos”. Esto se refiere a las palabras contenidas en las Escrituras del AT que se
constituyen en los cimientos del evangelio y que habían sido confiadas al cuidado
de los hebreos (Ro. 3:1, 2). Los principios rudimentarios de la ley eran como un
abecedario espiritual que podía ayudar a los hebreos a llegar a la fe en el Mesías
(Gá. 3:23, 24). Ellos también habían escuchado el evangelio del NT (2:2–4; 1 P.
4:11).
5:12, 13 leche. El conocimiento sin obediencia no contribuye al progreso
espiritual de una persona. De hecho, al rechazar la fe salvadora los hebreos
retrocedieron en su entendimiento acerca del Mesías. Habían sido expuestos durante
mucho tiempo al evangelio y ya deberían enseñarlo a otros, pero en realidad solo
eran bebés espirituales, demasiado infantiles e ineptos para siquiera comprender la
verdad, y peor todavía para enseñarla.
5:13 palabra de justicia. Este es el mensaje acerca de la justicia de Cristo que
tenemos por fe (Ro. 3:21, 22; 1 Co. 1:30; 2 Co. 5:21; Fil. 3:9; Tit. 3:5). Esta noción
equivale al evangelio de salvación por fe y no por obras.
5:14 madurez. Esta misma raíz griega se traduce “perfección” en 6:1 al igual
que en otros textos (7:11, 19, 28; 9:9; 10:1, 14; 11:40; 12:23). Se utiliza en Hebreos
como un sinónimo de salvación. En ese sentido, se refiere aquí a la vida completa
que adquiere un creyente al depositar su fe en Cristo, más que a un cristiano que ha
alcanzado la madurez, que corresponde al uso típico que Pablo hace del mismo
término (cp. Col. 4:12). Jesús invitó a los judíos que no creyeron a la perfección de
la salvación que solo podía hacerse realidad en la vida de cada uno de ellos como
resultado de seguirlo en fe (Mt. 19:21). Pablo escribió que quienes habían acudido a
Cristo por la fe llegaban así a la madurez y eran capaces de recibir la sabiduría de
Dios (1 Co. 2:6). Describió a los creyentes maduros como personas cuya justicia
estaba en Cristo (Fil. 3:2–20), a diferencia de los que todavía tenían confianza en la

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carne. Pablo también declaró que los apóstoles amonestaron y enseñaron a todos los
creyentes “a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre” (Col. 1:28).
ejercitados. Las verdades más profundas y “sólidas” acerca del sacerdocio del
Señor Jesús solo podrían ser dadas a aquellos que lo conocieran como Salvador. El
entrenamiento y la competencia del atleta constituyen la metáfora implícita en esta
palabra (cp. 1 Ti. 4:7, 8). Aquel que ha venido a Cristo para alcanzar su plenitud y
madurez espiritual es ejercitado por la Palabra para discernir la verdad del error y la
conducta santa de la impía (cp. 2 Ti. 3:16, 17).
6:1 dejando ya. Este “dejar” no significa un desprecio o abandono de las
doctrinas básicas que son el punto de partida y no deben utilizarse como excusa
para detenerse y no avanzar. Estos principios son la puerta de entrada en el camino
a la salvación en Cristo. los rudimentos de la doctrina de Cristo. Como “los
primeros rudimentos de las palabras de Dios” en 5:12, también se refiere al AT. El
escritor se refiere a la enseñanza básica del AT que preparó el camino para el
Mesías, la enseñanza inicial acerca de Cristo. Estos “rudimentos” o principios del
AT incluyen los seis temas enumerados en los vv. 1, 2. vamos adelante a la
perfección. Es decir, la salvación por fe en Jesús el Mesías. Vea la nota sobre 5:14.
El verbo es pasivo para indicar “seamos llevados a la salvación”. No es cuestión de
que los aprendices sean llevados por sus maestros, sino que ambos son llevados
adelante por Dios. El escritor advierte a sus lectores judíos que no tiene valor
alguno detenerse en las nociones básicas del AT y repetir (“echando otra vez el
fundamento”) las cosas elementales. arrepentimiento de obras muertas. Esta
forma de arrepentimiento propia del AT consiste en apartarse por completo de las
obras malignas que acarrean la muerte (cp. Ez. 18:4; Ro. 6:23) y volverse a Dios.
Con demasiada frecuencia el judío solo se volvía a Dios de manera superficial, por
medio del cumplimiento de la letra de la ley como evidencia de su arrepentimiento,
mientras el hombre interior seguía muerto (Mt. 23:25–28; Ro. 2:28, 29). Esa no era
la clase de arrepentimiento que traía salvación (v. 6; 12:17; cp. Hch. 11:18; 2 Co.
7:10). En cambio, bajo el nuevo pacto el “arrepentimiento para con Dios” está
acoplado de forma inseparable con “la fe en nuestro Señor Jesucristo” (Hch. 20:21).
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El sacrificio expiatorio de Cristo salva de las “obras muertas” (9:14; cp. Jn. 14:6). la
fe en Dios. Una fe dirigida solo hacia el Padre es inaceptable sin fe en su Hijo
Jesucristo (Hch. 4:12; cp. Stg. 2:14–20).
6:2 bautismos. Una traducción más precisa sería “lavamientos” como
“abluciones” en 9:10. El término griego nunca se usa en relación con el bautismo
cristiano. El plural también es incompatible con el concepto único del bautismo
cristiano. En el sistema levítico del AT había muchas limpiezas ceremoniales que
eran señales externas de la limpieza de corazón (cp. Éx. 30:18–21; Lv. 16:4, 24, 26,
28; Mr. 7:4, 8). El nuevo pacto requería un lavamiento interior (Tit. 3:5) para la
regeneración del alma. la imposición de manos. Bajo el antiguo pacto, la persona
que traía un sacrificio ponía sus manos sobre él para simbolizar su identificación
como beneficiario de la sustitución por su pecado (Lv. 1:4; 3:8, 13; 16:21).
También podría ser una referencia a las bendiciones sacerdotales solemnes (cp. Mt.
19:13). la resurrección de los muertos… juicio eterno. Los fariseos creían en la
resurrección de los muertos (Hch. 23:8) pero ellos mismos eran muertos espirituales
(Mt. 23:27). También creían en el juicio de Dios y eso era justo lo que les esperaba.
Es significativo que todas las doctrinas mencionadas en los vv. 1, 2 pueden
asociarse con los fariseos, quienes se sentían atraídos a Jesús y en algunas ocasiones
se asociaron con Él (Lc. 7:36–50; 13:31; 14:1; Jn. 3:1). Pablo fue un fariseo antes
de su conversión (Fil. 3:5). Los fariseos eran producto directo de la búsqueda de
justicia por obras de la ley antes que por la fe (Ro. 9:30–32; 10:1–3). Una porción
de los hebreos a quien iba dirigida esta epístola pudieron haber sido fariseos.
6:3 esto haremos. Es probable que el autor de aquí su propio testimonio en
cuanto a haber pasado de la enseñanza del AT para acogerse al nuevo pacto en
Jesucristo y también para identificarse con los lectores. La salvación siempre
requiere la capacitación espiritual de Dios (cp. Jn. 6:44).
6:4–6 Vea la Introducción: Retos de interpretación. Cinco ventajas poseídas por
los judíos son de todas maneras insuficientes para su salvación.

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6:4 iluminados. habían recibido instrucción en la verdad bíblica por medio de su


percepción intelectual, pero Entender el evangelio no equivale a ser regenerados
(cp. 10:26, 32). En Juan 1:9 es claro que la iluminación no es el equivalente de
salvación. Cp. 10:29. gustaron del don celestial. En sentido figurado, “gustar” se
refiere en el NT a experimentar algo de forma consciente (cp. 2:9). La experiencia
podría ser momentánea o continua. Por ejemplo, Cristo “gustó” la muerte (2:9) solo
por un momento y no fue una experiencia continua ni permanente. Todos los
hombres experimentan la bondad de Dios pero esto no significa que todos sean
salvos (cp. Mt. 5:45; Hch. 17:25). Durante el ministerio del Señor, muchos judíos
experimentaron las bendiciones del cielo que Él trajo, tanto en sanidades y
liberaciones de ataduras demoníacas así como en el alimento que creó para su
sustento físico de manera milagrosa (Jn. 6). Bien sea que el don se refiera a Cristo
(cp. Jn. 6:51; 2 Co. 9:15) o al Espíritu Santo (cp. Hch. 2:38; 1 P. 1:12),
experimentar el uno o el otro no era equivalente de ser salvos (cp. Jn. 16:8; Hch.
7:51). partícipes del Espíritu Santo. Vea las notas sobre 2:4. Aunque el concepto
de participar se emplea en 3:1; 3:14, y 12:8 para aludir a unas relaciones que los
creyentes tienen, el contexto debe ser el factor definitivo y determinante. Este
contexto en los vv. 4–6 parece excluir una referencia a los creyentes verdaderos.
Podría ser una referencia a su participación, como se comenta arriba, en el
ministerio de milagros ejercido por Jesús por el poder del Espíritu (vea las notas
sobre Mt. 12:18–32; cp. Lc. 4:14, 18) o en el ministerio de convicción del Espíritu
Santo (Jn. 16:8), el cual puede ser resistido sin experimentar salvación (cp. Hch.
7:51).

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6:5 gustaron. Vea la nota sobre el v. 4. Esta es una correspondencia asombrosa


a lo que se describe en 2:1–4 (vea las notas correspondientes). Como Simón el
mago (Hch. 8:9–24), estos hebreos todavía no habían sido regenerados a pesar de
todo lo que habían oído y visto (cp. Mt. 13:3–9; Jn. 6:60–66). Repitieron los
mismos pecados de quienes pecaron en el desierto después de ver los milagros
realizados a través de Moisés y Aarón, y de oír la voz de Dios en el Monte Sinaí.
6:6 recayeron. Este término griego solo ocurre aquí en el NT. En la Septuaginta
se empleó para traducir términos relacionados con infidelidad y apostasía extremas
(cp. Ez. 14:13; 18:24; 20:27). Es equivalente a la apostasía en 3:12. La seriedad de
esta infidelidad se hace evidente en la descripción severa de rechazo que se incluye
en el versículo, porque ellos en realidad vuelven a crucificar a Cristo y lo tratan con
menosprecio absoluto (vea también las descripciones fuertes en 10:29). Lo
“imposible” en el v. 4 se conecta con “sean otra vez renovados para
arrepentimiento” en el v. 6. Los que pecaron contra Cristo a tal extremo quedaron
sin esperanza de restauración o perdón (cp. 2:2, 3; 10:26, 27; 12:25). La razón es
que lo rechazaron con conocimiento pleno y una experiencia consciente de su parte
(como se describe en los vv. 5, 6). Tras recibir una revelación completa rechazaron
la verdad y llegaron a una conclusión del todo opuesta a la verdad acerca de Cristo,
por lo cual perdieron toda esperanza de ser salvos. Son personas que nunca pueden
tener más conocimiento del que tuvieron al optar por rechazarlo. Han concluido que
Jesús debió ser crucificado y se empecinan como enemigos suyos. En estos
versículos no existe la más ínfima posibilidad de que se refieran a perder la
salvación. Muchos pasajes bíblicos establecen de forma terminante e inequívoca
que la salvación es eterna (cp. Jn. 10:27–29; Ro. 8:35, 38, 39; Fil. 1:6; 1 P. 1:4, 5).
Hay algunos que pretenden usar este versículo como evidencia de que los creyentes
pueden perder la salvación, pero hasta a ellos les toca admitir que en ese caso
tampoco nadie podría recuperarla. Vea la Introducción: Retos de interpretación.

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6:7, 8 Estas ilustraciones muestran que quienes oyen el mensaje del evangelio y
responden con fe son bendecidos, mientras que aquellos que lo oyen y lo rechazan
son maldecidos (cp. Mt. 13:18–23).
6:8 reprobada. Vea el uso del término en Romanos 1:28 (“mente reprobada”), 2
Co. 13:5 (“probaos… reprobados”) y 2 Ti. 3:8 (“corruptos… réprobos”).
6:9 amados. Este término muestra un cambio de audiencia y un cambio de
mensaje para pasar de las advertencias al ánimo. Las palabras van dirigidas a
creyentes como lo confirma la expresión de confianza en el sentido de que “cosas
mejores” pueden decirse de ellos (a diferencia de los que fueron advertidos en los
versículos anteriores). Las “cosas… que pertenecen a la salvación” son sus obras
que cumplen la función de verificar su salvación (v. 10; cp. Ef. 2:10; Stg. 2:18, 26).
La declaración misma implica que las cosas descritas en 5:11–6:5 no acompañan ni
pertenecen a la salvación, sino que son evidencias de incredulidad y apostasía.
aunque hablamos así. Había sido preciso hablar sobre juicio en los versículos
precedentes, pero el escritor asegura a sus “amados” hermanos en la fe que él está
confiado con respecto a su salvación.
6:10 vuestra obra y el trabajo de amor. Vea 1 Tesalonicenses 1:3, 4. hacia su
nombre. En toda esta epístola la palabra “nombre” posee el sentido hebraico de la
autoridad, el carácter y los atributos propios del Hijo de Dios (1:4) y de Dios el
Padre (2:12; 13:15; cp. Jn. 14:13, 14). santos. Todos los cristianos verdaderos son
santos o “los santos” (cp. 13:24; Hch. 9:13; Ro. 1:7; vea la nota sobre 1 Co. 1:2).
6:11 vosotros. El autor habla de nuevo a no creyentes pero al parecer quiere
establecer una distinción entre este grupo particular y los apóstatas de los vv. 4–6,
quienes están en peligro de perder toda oportunidad de restauración. solicitud. Este
término puede transmitir la idea de anhelo o prisa. Es un ruego a los judíos
incrédulos para que acudan de inmediato a Cristo. Si estos judíos no comprometidos
siguieran el ejemplo de la fe activa de los santos (vv. 9, 10, 12), ellos obtendrían
“hasta el fin” la salvación que da “plena certeza de la esperanza” (cp. 10:22; Col.
2:2). La salvación es algo que no debe posponerse.
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6:12 perezosos. Vea la nota sobre 5:11, donde la misma palabra griega se
traduce “tardos”. imitadores. Este concepto se repite en 13:7 y es inherente en las
múltiples ilustraciones de la fe que se presentan en el capítulo 11. heredan las
promesas. La herencia y las promesas de salvación son un tema recurrente de esta
epístola (cp. los vv. 13, 15, 17; 1:14; 4:1, 3; 9:15; 10:36; 11:7, 8, 9, 11, 13, 17, 33,
39).
6:13–20 La persecución y las pruebas que los hebreos creyentes enfrentaban
requerían de perseverancia paciente. Esa fe perseverante los capacitaría para
heredar las promesas de Dios que en ese tiempo de sufrimiento parecían tan
distantes. A pesar de sus circunstancias, ellos debían recordar que Dios es fiel (cp.
el v. 10) y que su esperanza estaba segura en Él (cp. el v. 11).
6:13 Abraham. Para animar a los hebreos a apoyarse en la fe y no volver a
depender del sistema de culto levítico, el escritor citó el ejemplo de Abraham, quien
como gran modelo de la fe (cp. Ro. 4) debía ser imitado por ellos (v. 12). juró por
sí mismo. Como quedó registrado en Génesis 22:15–19, Dios hizo una promesa
unilateral para cumplir su pacto con Abraham.
6:14 Cita de Génesis 22:17. Esto resume la esencia de la promesa de Dios. El
hecho de que Dios lo hubiera dicho aseguraba su cumplimiento. Es significativo
que la cita de Génesis está en el contexto del sacrificio que Abraham se dispuso a
hacer de su hijo Isaac, quien era el cumplimiento inmediato de la promesa de Dios a
Abraham. El cumplimiento último también se llevaría a cabo por medio de Isaac y
sus descendientes.
6:15 esperado con paciencia. Abraham fue un ejemplo de la paciencia
mencionada en el v. 12. Este patriarca recibió la promesa al comienzo de su
cumplimiento a través del nacimiento de Isaac (vea la nota sobre el v. 14), pero no
vivió para ver todas las promesas cumplidas (11:13).
6:16–18 La Palabra de Dios no necesita confirmación alguna por parte de otra
entidad. Es confiable porque Dios mismo es fiel por excelencia. Los humanos
confirman sus promesas mediante la apelación a alguien superior (en especial a
Dios) como testigo. Puesto que nadie es más grande que Dios, Él es el único que
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puede hacer un juramento basado en Él mismo. Al hacer esto se acomoda por


voluntad propia (v. 17) a los seres humanos que desean esa clase de confirmación
debido a que las promesas humanas no se caracterizan por ser muy confiables.
6:18 dos cosas inmutables. Se trata de la promesa de Dios y su juramento. El
término griego que se traduce “inmutables” se aplicaba a la última voluntad de una
persona que era un documento legal inalterable el cual nadie fuera de su autor podía
modificar. acudido para asirnos. En la Septuaginta se usa esta palabra griega para
aludir a las ciudades de refugio que Dios proveyó para los que buscaran protección
de los vengadores de una homicidio accidental (Nm. 35:9–34; Dt. 19:1–13; Jos.
20:1–9; cp. Hch. 14:5, 6). esperanza. Vea la nota sobre 3:6. La esperanza es uno de
los temas de Hebreos. También es el producto de estudiar el AT (Ro. 15:4). La
esperanza en el cumplimiento de las promesas de salvación de Dios es el “ancla del
alma” (v. 19) que mantiene firme y seguro al creyente durante tiempos de
tribulación y angustia.
6:19, 20 Nuestra esperanza está encarnada en Cristo mismo quien ha entrado a la
presencia de Dios en el Lugar santísimo en representación de nosotros y para
nuestro bien (vea la nota sobre 4:14). Por medio de esta línea de razonamiento el
escritor volvió al tema que dejó iniciado en 5:10, el sacerdocio de Melquisedec.
7:1–28 Con el uso de las dos referencias del AT a Melquisedec (Gn. 14:18–20;
Sal. 110:4), el autor explica en el capítulo 7 la superioridad del sacerdocio de Cristo
a la de este sumo sacerdote extraordinario y único, quien fue un tipo de Cristo en
ciertos aspectos (vea la nota sobre 5:6). Este capítulo es el punto focal de la
epístola a los Hebreos debido a su comparación detallada entre el sacerdocio de
Cristo y el sacerdocio levítico.
7:1, 2 Un resumen del relato de Melquisedec en Génesis 14:18–20 (vea las notas
correspondientes).
7:3 El sacerdocio levítico era hereditario pero el de Melquisedec no lo fue. Su
parentela y origen se desconocen porque eran irrelevantes para el ejercicio de su
sacerdocio. Contrario a algunas interpretaciones, Melquisedec fue un hombre que
tuvo padre y madre como cualquier otro. El manuscrito siríaco antiguo ofrece una
traducción más precisa de lo que se quiere decir en griego con la frase “sin padre,
sin madre, sin genealogía”. No existían registros del nacimiento o la muerte de
Melquisedec, y esto establece un contraste definitivo con los detalles de la muerte

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de Aarón (Nm. 20:22–29). semejante. Lit. “hecho a semejanza”. Esta palabra no se


usa en ningún otro pasaje del NT. Esto apunta a una semejanza a Cristo en la
manera como se registra la historia de Melquisedec en el AT y no a Melquisedec
mismo porque este hombre no fue Cristo antes de su encarnación como algunos
sostienen, sino similar a Cristo en el sentido de que su sacerdocio careció de lazos
étnicos y fue universal (v. 1), real (v. 1, 2; cp. Zac. 6:13), justo (v. 2; cp. Sal. 72:2;
Jer. 23:5; 1 Co. 1:30), pacífico (v. 2; cp. Sal. 72:7; Is. 9:6; Ro. 5:1), e interminable
(v. 3; cp. los vv. 24, 25).
7:4–28 Esta sección sustenta la superioridad del sacerdocio de Melquisedec
frente al levítico. Los argumentos principales a favor de esta superioridad se
relacionan con la recepción de los diezmos (vv. 2–10), la pronunciación de una
bendición (vv. 1, 6, 7), la sustitución del sacerdocio levítico (vv. 11–19) y la
perpetuidad del sacerdocio de la orden de Melquisedec (vv. 3, 8, 16, 17, 20–28).
7:4 En la antigüedad era común que las personas dieran diezmos a un dios o a su
representante. Abraham como padre de la fe hebrea dio el diezmo a Melquisedec.
Esto prueba que Melquisedec era superior a Abraham. La persona subordinada
diezma a la superior (v. 7).
7:5 Por la autoridad investida en ellos tras el establecimiento de la ley mosaica,
los sacerdotes levíticos recolectaron diezmos de sus compatriotas israelitas (vea la
nota sobre Nm. 18:21–24). La sumisión de los israelitas no tenía el propósito de
honrar a los sacerdotes, sino a la ley de Dios.
7:6, 7 Melquisedec no solo recibió un diezmo de Abraham, sino que también le
bendijo. Esto demuestra también la superioridad de Melquisedec.
7:8 aquí… allí. Los adverbios hacen referencia aquí a la ley levítica cuyo
sistema seguía activo en aquel tiempo (“aquí”) así como al incidente histórico
registrado en Génesis 14 (“allí”). El sacerdocio levítico cambiaba cada vez que un
sacerdote moría hasta que se extinguió por completo, mientras que el sacerdocio de

Lit. literalmente

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Melquisedec es perpetuo porque el recuento de su sacerdocio no registra su muerte


ni menciona un sucesor (cp. el v. 3).
7:9, 10 En un argumento basado en la autoridad de la cabeza el escritor observa
que es posible suponer que Leví pagara diezmos a Melquisedec. Es la misma clase
de argumento que Pablo empleó para demostrar que cuando Adán pecó todos
nosotros pecamos (vea las notas sobre Ro. 5:12–14).
7:11–28 En esta sección el argumento se avanza un paso más. Puesto que el
sacerdocio de Melquisedec es superior al levítico (vv. 1–10), el sacerdocio de Cristo
también es superior al levítico porque el sacerdocio de Cristo no es levítico, sino
que es compatible con el de Melquisedec.
7:11 perfección. Vea la nota sobre 5:14. En toda la epístola a los Hebreos este
término se refiere a la salvación en términos de reconciliación con Dios y acceso
pleno a Él. El sistema levítico y su sacerdocio no pudieron salvar a un solo ser
humano de sus pecados. Vea las notas sobre 10:1–4.
7:12–14 Puesto que Cristo es el Sumo Sacerdote del cristiano y procedió de la
tribu de Judá, no de Leví (cp. Mt. 2:1, 6; Ap. 5:5), su sacerdocio está por encima de
la ley que confirió autoridad al sacerdocio levítico (cp. el v. 11). Esta es una prueba
de que la ley mosaica había sido abrogada. El sistema levítico fue reemplazado por
un nuevo sacerdote que ofreció un sacrificio nuevo y completo bajo un nuevo pacto.
Él abrogó la ley porque la cumplió a perfección (cp. Mt. 5:17) e hizo disponible la
perfección que la ley jamás podría alcanzar ni proveer (cp. Mt. 5:20).
7:13, 15 otra. En ambos casos el término es “otra de un tipo diferente” (heteros)
y recalca el contraste frente al sacerdocio levítico.
7:16 mandamiento acerca de la descendencia. O “mandamiento carnal”
porque solo tenía que ver con la existencia temporal de Israel. Incluso el perdón que
podía obtenerse en el día de la Expiación era temporal. Quienes ministraron como
sacerdotes bajo la ley fueron mortales que heredaron su oficio por su pertenencia a

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O Oeste

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ciertas familias. El sistema levítico estuvo dominado por cuestiones físicas y


ceremonias transitorias. poder de una vida indestructible. Debido a que Cristo es
la segunda persona eterna de la deidad, su sacerdocio no puede tener fin. Él obtuvo
su sacerdocio, no en virtud de la ley, sino en virtud de su deidad.
7:17 Otra cita del Salmo 110:4 (vea las notas sobre 5:6, 10).
7:18 abrogado. Vea la nota sobre los vv. 12–14. La ley era débil porque no
podía salvar ni producir el cambio interior de una persona (cp. Ro. 8:3; Gá 4:9).
7:19 nada perfeccionó la ley. Vea la nota sobre el v. 11. La ley no salvó a uno
solo (cp. Ro. 3:19, 20), más bien sometió a todos los seres humanos a maldición
(cp. Gá 3:10–13). una mejor esperanza. Vea las notas sobre 3:6; 6:18. nos
acercamos a Dios. Vea la Introducción: Temas históricos y teológicos; vea la nota
sobre 4:16. Esta es la frase clave del pasaje. Acercarse a Dios es la esencia del
cristianismo a diferencia del sistema levítico que mantenía a las personas fuera de
su presencia. Como sacerdotes creyentes en Cristo, todos nosotros debemos
acercarnos a Dios porque esta es la característica del sacerdocio verdadero (cp. Éx.
19:22; vea las notas sobre Mt. 27:51).
7:20, 21 juramento. Las promesas de Dios son inalterables y han sido selladas
con un juramento solemne (cp. 6:17). El sacerdocio de Cristo quedó confirmado
con el juramento de Dios como se expresa en el Salmo 110:4 y la decisión de Dios
al respecto nunca cambiará (“no se arrepentirá”, v. 21).
7:22 fiador. Este es el único uso del término griego en el NT y también podría
traducirse “garante”. Jesús mismo garantiza el éxito de su nuevo pacto de salvación.
un mejor pacto. El nuevo pacto (8:8, 13; 9:15). Vea las notas sobre Jeremías
31:31–34; Mateo 26:28. La primera mención de “pacto” en esta epístola se vincula
con uno de los adjetivos característicos del libro (“mejor”, cp. el v. 19; Vea la
Introducción: Temas históricos y teológicos). Este pacto se discutirá en el capítulo 8
con más detalles.

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7:23, 24 Vea las notas sobre los vv. 3, 8, 16.


7:23 muchos. Se afirma que fueron ochenta y cuatro los sumos sacerdotes que
sirvieron desde Aarón hasta la destrucción del templo por parte de los romanos en
70 a.C. Los sacerdotes de menor rango fueron mucho más numerosos.
7:25 perpetuamente. Casi el mismo concepto que se expresó con la palabra
“perfección” (v. 11) y “perfeccionó” (v. 19). Es un término griego que solo se usa
aquí y en Lucas 13:11 (donde se explica que el cuerpo de la mujer no se podía
enderezar por completo). se acercan a Dios. Vea la nota sobre 4:16 (cp. Jn. 6:37).
interceder. La palabra significa “suplicar en beneficio y representación de otro”. Se
empleaba para aludir a peticiones que un intermediario presentaba a un rey en
representación de otra persona. Vea la nota sobre Romanos 8:34. Cp. la oración
sacerdotal e intercesora de Cristo en Juan 17. Como los rabinos atribuían poderes de
intercesión a los ángeles, es posible que algunos trataran a los ángeles como
intercesores personales. El escritor aclara sin equívocos que Cristo es el único
intercesor de los creyentes (cp. 1 Ti. 2:5).
7:26–28 El carácter divino y santo de Cristo es una prueba más de la
superioridad de su sacerdocio.
7:26 En su relación con Dios, Cristo es “santo” (piedad sin contaminación
alguna; Mt. 3:17; 17:5; Mr. 1:24; Lc. 4:24; Hch. 2:27; 13:35). En su relación con el
hombre, Él es “inocente” (sin malicia ni malignidad; Jn. 8:46). En relación consigo
mismo, Él es “sin mancha” (carente de cualquier contaminación; 1 P. 1:19) y
“apartado de los pecadores” (Él no tenía una naturaleza pecaminosa que pudiera ser
fuente de algún acto de pecado; cp. “sin pecado” en 4:15). Vea las notas sobre 2
Corintios 5:21. más sublime que los cielos. Vea las notas sobre 3:1; 4:14.
7:27 cada día. Cada vez que el sumo sacerdote del sistema levítico pecaba, se
requería que ofreciera sacrificios por sí mismo (Lv. 4:3). Cada vez que el pueblo
pecaba él también tenía que ofrecer un sacrificio por ellos (Lv. 4:13). Como es de
esperarse, tales sacrificios eran ofrecidos a diario. Además de esto, una vez al año
en el día de la Expiación el sumo sacerdote debía ofrecer más sacrificios por él y
por el pueblo (Lv. 16:6, 11, 15). Cristo no tuvo pecado ni requirió sacrificio alguno
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por Él mismo, y el único sacrificio necesario fue el hecho por Él, quien lo ofreció
una sola vez por todos los hombres y para toda la eternidad. una vez para siempre.
Es una aclaración importante en Hebreos. La obra expiatoria de Cristo nunca tiene
que repetirse, a diferencia de los sacrificios sacerdotales del AT. Cp. 9:12, 26, 28;
10:2, 10; 1 P. 3:18.
7:28 la palabra del juramento. Dios confirmó a Cristo como sumo sacerdote.
Vea las notas sobre los vv. 20, 21; 6:16–18. hecho perfecto para siempre. Vea la
nota sobre 2:10.
8:1–10:18 Toda esta sección es una exposición del nuevo pacto que fue
prometido en Jeremías 31:31–34 y su contraste con el antiguo pacto de la ley.
8:1–5 Una descripción breve del sacerdocio de Jesús en el santuario celestial, el
cual es mejor que el de Aarón porque Él sirve en un santuario mejor (vv. 1–5; cp.
9:1–12).
8:1 el punto principal. Aquí el escritor llegó a su mensaje central. El hecho es
que “tenemos” (posesión actual) un sumo sacerdote superior: Jesucristo quien es el
cumplimiento de todo lo que fue prefigurado por medio de símbolos y sombras en
el AT. se sentó. Vea las notas sobre 1:3, 13.
8:2 ministro. Esta es la misma palabra que hace referencia a los ángeles en 1:7.
En Jeremías 33:21 se aplicó a los sacerdotes. santuario. Cp. 9:3. El Lugar
santísimo donde residía Dios (cp. Éx. 15:17; 25:8; 26:23, 24; 1 Cr. 22:17).
verdadero tabernáculo. La definición se da en la frase “que levantó el Señor, y no
el hombre”, así como en 9:11, 24 (cp. el v. 5). Se refiere a la morada celestial de
Dios.
8:3 ofrendas y sacrificios. Vea la nota sobre 5:1.
8:4 ni siquiera sería sacerdote. Jesús no estaba calificado para ser un sacerdote
porque Él no pertenecía a la tribu de Leví. Vea la nota sobre 7:12–14. Por su uso
del tiempo presente, este versículo indica que el sistema levítico todavía funcionaba

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en ese tiempo, lo cual indica que la carta se escribió antes de la destrucción del
templo en el año 70 d.C., (vea la nota sobre 5:1–4).
8:5 La cita proviene de Éxodo 25:40. figura y sombra. Esto no significa que en
el cielo hubiera edificios literales cuyo diseño quedó reflejado en el tabernáculo,
sino más bien que las realidades celestiales quedaron simbolizadas y representadas
de la forma más asequible y práctica en el modelo terrenal del tabernáculo.
8:6 mediador. Cp. 9:15. La palabra describe el papel de un intermediario o
árbitro, en este caso entre Dios y el hombre. Vea la nota sobre 1 Timoteo 2:5 (cp.
Gá 3:19, 20). mejor pacto… mejores promesas. Vea las notas sobre 7:19, 22;
Juan 1:17, 18. Este pacto se identifica como el “nuevo pacto” en los vv. 8, 13; 9:15.
8:7 Cp. El mismo argumento en 7:11. El pacto anterior era incompleto e
imperfecto, además su función solo era temporal.
8:8–12 Cita de Jeremías 31:31–34 (vea las notas correspondientes).
8:9 me desentendí de ellos. También se traduce “los descarté”. En Jeremías
31:32 leemos: “aunque fui yo un marido para ellos”. El escritor del NT cita la
versión Septuaginta en la que se lee una variación que no cambia en esencia el
significado.
8:10 mente… corazón. Por naturaleza propia el pacto de la ley era externo,
mientras que el pacto nuevo es en primera instancia interno (cp. Ez. 36:26, 27).
8:12 La Septuaginta incluye una expansión mínima de la última frase en
Jeremías 31:34.
8:13 próximo a desaparecer. Poco tiempo después de que se escribiera el libro
de Hebreos, el templo de Jerusalén fue destruido y su sistema de culto levítico
quedó abolido (vea la nota sobre 5:1–4; vea la Introducción: Autor y fecha).
9:1–10 En estos versículos el autor hace una descripción breve del tabernáculo,
tema al que se dedican unos cincuenta capítulos en el AT que incluyen todas las
regulaciones del servicio religioso en el tabernáculo (cp. Éx. 25–40). El tono de la
sección va marcado por la referencia inicial a “ordenanzas” (v. 1) y la mención final
de “ordenanzas” (v. 10).
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9:2 la primera parte… el Lugar Santo. Otras versiones traducen “el


santuario”, y se trata del primer recinto del tabernáculo (Éx. 26:33). Acerca de los
artículos propios del Lugar santo, vea Éxodo 25:23–40; 40:22–25; Levítico 24:5–9.
9:3 Lugar Santísimo. Allí se mantenían el arca del pacto y el propiciatorio sobre
el que se hacía la expiación (Éx. 26:33, 34).
9:4 incensario de oro. Se trata más bien del altar dorado para el incienso. Vea la
nota sobre Éxodo 30:1–10 (cp. Éx. 40:5, 26, 27). Aunque estaba fuera del Lugar
santo (Éx. 30:6), el escritor de Hebreos ubica el altar de oro dentro del Lugar
santísimo debido a su interés preponderante en la función que cumplía como parte
de la liturgia en el día de la Expiación. En ese día el sumo sacerdote traía incienso
del altar y lo introducía al Lugar santísimo (Lv. 16:12, 13). El altar de oro que
contenía incienso marcaba el límite del Lugar santísimo al igual que la cortina. El
sumo sacerdote pasaba por delante del altar de incienso solo una vez al año. el arca.
Vea las notas sobre Éxodo 25:18; 26:31–34. urna de oro que contenía el maná.
Vea la nota sobre Éxodo 16:32–36. la vara de Aarón. Vea las notas sobre
Números 17:2–10. las tablas del pacto. Vea la nota sobre Éxodo 25:16 (cp. 1 R.
8:9).
9:5 querubines… propiciatorio. Vea las notas sobre Éxodo 25:17, 18. no se
puede ahora hablar en detalle. El escritor no tiene deseo alguno de complicar su
punto principal con detalles adicionales (cp. 8:1).
9:7 Esta ocasión era el día de la Expiación. Vea las notas sobre 4:14; 7:27;
Levítico 16:16, 20–22, 30. no sin sangre. Vea la nota sobre el v. 22. Esta es la
primera de muchas referencias a la sangre del sacrificio. El término es definitivo en
el pasaje que va de 9:1 al 10:18, donde identifica las muertes de los sacrificios en el
AT y la de Cristo (cp. los vv. 12–14). Note sin embargo, que el derramamiento de
sangre en sí mismo es un sacrificio insuficiente. Cristo no solo derramó su sangre,
sino que tuvo que morir. Hebreos 10:10 indica que Él dio su cuerpo como la
ofrenda perfecta para el sacrificio. Sin su muerte, su sangre no tendría valor para la
salvación. Vea las notas sobre el v. 14, 18, 22; 10:10.

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9:8 El sistema levítico no suministraba acceso directo a la presencia de Dios para


su pueblo. Por el contrario, lo mantenía alejado y atemorizado. Esa cercanía tenía
que hacerse disponible de otro modo (v. 12). Esta es la lección primordial que el
Espíritu Santo enseñó por medio del tabernáculo:Dios es inalcanzable e inaccesible
aparte de la muerte de Jesucristo. Vea la Introducción: Temas históricos y
teológicos. Vea el paralelo de esta lección en 10:20. Espíritu Santo. Vea la nota
sobre 2:4. Mediante la instrucción inspirada por el Espíritu en cuanto al Lugar
santísimo, Dios mostró que el sistema de ceremonias no podía conducir a Él, porque
Cristo era el único que podía abrir el camino (cp. Jn. 14:6).
9:9 símbolo. La palabra griega es parabolē, de la cual se deriva el término
“parábola”. El sistema levítico era una parábola o lección gráfica de lo que habría
de venir en Cristo. para el tiempo presente. Aquí “para” es ambiguo y permite dos
significados e interpretaciones diferentes: 1) “durante” el tiempo del AT o 2)
“hasta” la era cristiana actual y como algo que apuntó a ese cumplimiento futuro.
La frase “según el cual” en esta traducción favorece la segunda interpretación,
mientras que otras versiones traducen “en el cual” que alude al tiempo y no a la
parábola en sí. Se prefiere “según el cual” porque el autor habla del “símbolo para
el tiempo presente” y concuerda con la explicación que da en el v. 10. El “tiempo
presente” es el “tiempo de reformar las cosas”. ofrendas y sacrificios. Vea la nota
sobre 5:1. perfecto, en cuanto a la conciencia. De nuevo, este término se refiere a
la salvación. Vea las notas sobre 5:14; 7:11; 10:1 (cp. 7:25). Los sacrificios del AT
no quitaban la conciencia culpable del que hacía la ofrenda ni suministraban perdón
total de sus pecados (cp. 10:1–4). Solo eran algo “simbólico” que representaban lo
real (Cristo). La conciencia es un sistema de advertencia que Dios ha dado a la
humanidad para que reaccione al pecado y produzca acusación moral y culpa (vea
las notas sobre Ro. 2:14, 15) que no pueden ser aliviadas aparte de la obra de Cristo
(cp. el v. 14; 10:22). En el momento de la salvación es acallada pero no desactivada
y mantiene su función de dar convicción de pecado al creyente. Los cristianos
deben esforzarse en tener limpia la conciencia (vea las notas sobre 2 Co. 1:12).

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9:10 comidas y bebidas. Vea las notas sobre Levítico 11:1–47; Deuteronomio
14:3–21 (cp. Col. 2:16). abluciones. Vea la nota sobre 6:2. ordenanzas acerca de
la carne. Las ordenanzas levíticas regulaban las acciones visibles sin cambiar al ser
humano en su interior (cp. 10:4). reformar. El término griego significa “enderezar
lo torcido”. Todas las cosas son rectificadas en Cristo. La reforma es el nuevo pacto
y su aplicación. Vea la nota sobre el v. 9.
9:11 los bienes venideros. Esto corresponde a la “eterna redención” (v. 12). En
10:1 “los bienes venideros” es una frase que se conecta con “salvar a los que lo
esperan” en el v. 28 (cp. Ro. 10:15). Cabe anotar que la mayoría de las versiones
del NT permiten la lectura “bienes que han venido”. En este contexto ambas
expresiones se refieren a los bienes del nuevo pacto. Solo es una cuestión de
perspectiva, ya que desde el punto de vista del sistema levítico las realidades de la
redención eran “venideras”, mientras que desde el punto de vista de quienes están
en la era cristiana las realidades de la redención “han venido” porque Cristo ya ha
completado su obra. no de esta creación. Esta frase es la explicación de “no hecho
de manos” porque es la creación exclusiva de Dios. El santuario donde Cristo sirve
es el cielo mismo (cp. el v. 24; 8:2).
9:12 machos cabríos… becerros. Uno de cada tipo era sacrificado en el día de
la Expiación (cp. Lv. 16:5–10). El plural representa aquí la cantidad de víctimas que
se sacrificaron en la observación del día de la Expiación con el correr de los años.
por su propia sangre. La misma frase se emplea en 13:12. Nada indica aquí que
Cristo llevara su propia sangre física al santuario celestial, esto solo establece que
quien se sacrificó fue el sacrificio mismo. una vez para siempre. Vea la nota sobre
7:27. eterna redención. La palabra que se traduce aquí “redención” solo ocurre
aquí y en Lucas 1:68; 2:38. Su uso original tenía que ver con la liberación de
esclavos mediante el pago de un rescate.
9:13–22 La muerte de Cristo fue necesaria para el cumplimiento del pacto
antiguo y el establecimiento del nuevo.

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9:13 cenizas de la becerra. Vea las notas sobre Números 19. Se dice que en la
historia de Israel solo se mataron seis becerras alazanas cuyas cenizas nunca se
agotaron porque solo se requería el uso de una cantidad minúscula. los inmundos.
El significado literal del término griego es “común” o “profano”. No quiere decir
que algo estuviera contaminado en sentido ceremonial, sino que no había sido
santificado o apartado para Dios. La palabra se utilizó en el discurso de Jesús acerca
de lo que contamina a un hombre (cp. Mt. 15:11, 18, 20; Mr. 7:15, 18, 20, 23), en la
queja de los judíos porque Pablo había profanado el templo al introducir gentiles
(Hch. 21:28), y en referencia a los diferentes tipos de carne que Pedro fue invitado a
comer (Hch. 10:15; 11:9). De acuerdo con las regulaciones mosaicas, las cenizas de
la becerra alazana se empleaban en una ceremonia “fuera del campamento” que
servía como purificación simbólica del pecado (Nm. 19:9; cp. 13:11–13).
9:14 cuánto más. Superior a la capacidad limpiadora de las cenizas de un animal
es el poder limpiador del sacrificio de Cristo. la sangre de Cristo. Esta es una
expresión que no solo se refiere al líquido, sino a toda la obra expiatoria y el
sacrificio perfecto de Cristo en su muerte. La sangre se usa como sinónimo de la
muerte (cp. Mt. 23:30, 35; 27:6, 8, 24, 25; Jn. 6:54–56; Hch. 18:6; 20:26). Vea las
notas sobre Mateo 26:28; Romanos 3:25; 5:9; Colosenses 1:14. el Espíritu eterno.
Vea la nota sobre 2:4 (cp. Is. 42:1; 61:1; Lc. 4:1, 14). Algunos intérpretes
argumentan que la falta del artículo definido en el original hace de esta una
referencia al “Espíritu eterno” de Cristo (en el sentido de una vida interminable, cp.
7:16). Sin embargo, las referencias al Espíritu Santo en 2:4 y 6:4 tampoco tienen el
artículo definido. El uso de “eterno” como adjetivo calificador sirve para conectar el
Espíritu con la “eterna redención” (v. 12) y “la herencia eterna” (v. 15) que Cristo
alcanzó por medio de su muerte y sacrificio. se ofreció a sí mismo. Vea las notas
sobre v. el 7; Juan 10:17, 18. Como es obvio, los animales que eran sacrificados en
el sistema levítico no acudían por voluntad propia ni entendían el propósito de su
muerte. Cristo vino de manera voluntaria y con una comprensión plena de la

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necesidad y las consecuencias de su sacrificio. Él no solo sacrificó su sangre, sino


toda su naturaleza humana (cp. 10:10). sin mancha. En la Septuaginta se usa el
término para describir sacrificios aceptables, incluida la vaca alazana (Nm. 19:3; cp.
Éx. 29:1; Lv. 1:3). Una referencia similar se encuentra en 1 Pedro 1:19.
conciencias. Vea la nota sobre el v. 9. obras muertas. Vea la nota sobre 6:1. Estas
obras son muertas porque los no regenerados están “muertos en [sus] delitos y
pecados” (Ef. 2:1), sus obras son infructuosas e inservibles (Gá. 2:16; 5:19–21) y
solo conducen a la muerte (Ro. 6:23). para que sirváis al Dios vivo. La salvación
no es un fin en sí mismo. El creyente ha sido liberado del pecado para servir a Dios,
salvado para servir (cp. Ro. 6:16–18; 1 Ts. 1:9). El contraste entre obras muertas y
el Dios vivo (cp. 3:12; 10:31; 12:22) es básico. Cp. Santiago 2:14–26.
9:15 mediador. Vea la nota sobre 8:6. muerte. En el establecimiento de algunos
pactos bíblicos se realizaron ciertos sacrificios. En el pacto de Dios con Abraham,
cinco animales diferentes fueron sacrificados en la ceremonia (Gn. 15:9, 10). El
pacto mosaico fue afirmado por medio de sacrificios animales (Éx. 24:5–8).
remisión. El término compuesto que se usa aquí ocurre con más frecuencia que el
término usado en el v. 12 (cp. 11:35; Lc. 21:28; Ro. 3:24). La muerte de Jesús
también redimió a todos los que habían creído en Dios bajo el antiguo pacto (cp.
Ro. 3:24–26). Esto concuerda con el simbolismo del día de la Expiación. Cada año
el sumo sacerdote cubría o hacía expiación por los pecados que el pueblo había
cometido durante el año anterior (Lv. 16:16, 21, 30). el primer pacto. Vea la nota
sobre Génesis 9:16. El primer pacto histórico fue el establecido por Dios con Noé
(Gn. 6:18; 9:9). Después vino el pacto de Dios con Abraham (Gn. 15:18). No
obstante, en el contexto de esta exposición, el pacto más antiguo que se discute en
esta epístola es el que se conoce como pacto mosaico o pacto de la ley (Éx. 19:1–
20:21). En este versículo “primer” significa anterior o previo, que es el pacto

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conectado con el sistema levítico. los llamados. Lit. “los que han sido llamados”,
mirando hacia atrás a aquellos que vivieron bajo el pacto antiguo y que fueron
llamados por Dios a la salvación con base en el sacrificio de Jesucristo que vendría
mucho tiempo después de que la mayoría de ellos hubieran muerto. Como siempre
en las epístolas del NT, esta es una referencia al llamado eficaz para salvación (cp.
3:1), que en este contexto se aplica a creyentes del AT. promesa de la herencia
eterna. Es decir, la salvación en su plenitud (vea las notas sobre 3:11; 4:1, 9; 6:12;
1 P. 1:3–5).
9:16, 17 La última voluntad y el testamento ilustran la necesidad de la muerte de
Cristo. “Testamento” es la misma palabra griega que se traduce “pacto” pero el
término adquiere un significado más especializado en este contexto. Los beneficios
y las provisiones de un testamento solo son promesas hasta que su autor fallece. La
muerte activa las promesas para que se conviertan en realidades.
9:18–20 El derramamiento de sangre en la ceremonia de ratificación del pacto en
el Monte Sinaí (Éx. 24:1–8) también ilustra la necesidad de la muerte de Cristo (vea
la nota sobre el v. 15).
9:18 sangre. “Muerte” en los vv. 15, 16 se reemplaza por “sangre” (vea las
notas sobre los vv. 7, 14). El término se emplea para recalcar el aspecto violento de
su sacrificio y muerte.
9:19 agua, lana escarlata e hisopo. Estos implementos se utilizaron en la
primera Pascua en Egipto (Éx. 12:22) para rociar la sangre, así como en la limpieza
ritual de los leprosos (Lv. 14:4) y en la ceremonia con la vaca alazana (Nm. 19:6).
Aquí se contemplan más elementos como estos, que fueron parte del rociamiento de
sangre en la ceremonia del pacto que se describe en Éxodo 24:1–8, aunque no se
mencionan allí. Los detalles adicionales se incluyeron por revelación directa al
escritor o habían sido preservados en otros registros o tradiciones conocidos por el
escritor y sus lectores. el… libro… el pueblo. Vea la nota sobre Éxodo 24:8. La
consagración de Aarón y sus hijos al sacerdocio es la única otra ocasión en la que
las personas fueron rociadas con sangre en el AT (Éx. 29:21; Lv. 8:30; cp. 1 P. 1:2).
El rociamiento del libro con sangre es un detalle que tampoco está registrado en el
relato de Éxodo.

Lit. literalmente

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9:20 Esta es la sangre. Cp. Éxodo 24:8 con Mateo 26:28. Se utilizó la misma
fórmula en las ceremonias inaugurales del pacto mosaico y del pacto nuevo.
9:21 además de esto. La dedicación del tabernáculo y sus utensilios fue
acompañada por un rociamiento ritual de sangre similar al observado en la
inauguración del pacto mosaico (cp. Éx. 29:10–15, 21, 36, 37).
9:22 casi todo. Hubo unas cuantas excepciones. El agua, el incienso y el fuego
también se usaban para purificar (cp. Éx. 19:10; Lv. 15:5; Nm. 16:46, 47; 31:21–
24). A las personas demasiado pobres como para traer así fuera un animal pequeño
para el sacrificio se les permitía traer harina (Lv. 5:11). sangre… remisión. “la
misma sangre hará expiación de la persona” (Lv. 17:11). La fraseología evoca las
propias palabras de Cristo (Mt. 26:28). La frase “derramamiento de sangre” se
refiere a la muerte (vea las notas sobre los vv. 7, 14, 18). “Remisión” significa
perdón y es la última palabra enfática en esta sección (vv. 18–22) del original
griego, y funciona como transición a la siguiente sección (vv. 23–28).
9:23–28 El ministerio de Cristo como sumo sacerdote es ejercido en el
tabernáculo perfecto del cielo. El sumo sacerdote real que ofreció el sacrificio real
por el pecado sirve en el tabernáculo real. Él es el cumplimiento definitivo y total
de las copias y sombras propias del sistema levítico.
9:23 figuras. Vea la nota sobre 8:5. El tabernáculo terrenal y sus utensilios solo
fueron réplicas simbólicas del tabernáculo celestial verdadero (8:2), y también
fueron sometidos a contaminación por las transgresiones del pueblo (Lv. 16:16). las
cosas celestiales. Como lo indica el contexto precedente, la inauguración del pacto
mosaico por medio de sacrificios fue necesaria (vv. 18–21). Ese concepto se aplica
aquí al santuario celestial porque es dedicado o inaugurado como el santuario
central del nuevo pacto mediante el sacrificio de Cristo. El pacto mejor requería un
sacrificio mejor. mejores sacrificios. El sacrificio superior de Cristo es un tema
central en 9:13–10:18. Los múltiples y reiterados sacrificios del sistema levítico
iban a ser superados por sacrificios mejores que quedarían representados en el
sacrificio perfecto y único de Cristo que incluye a todos los demás (cp. 10:12). Vea
la nota sobre 7:22.
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9:24 figura. No es el mismo término empleado en el v. 23 y 8:5. El significado


literal es “antitipo”. Solo se emplea dos veces en el NT. Corresponde o bien a una
figura previa del tipo (como en este texto), o a una ilustración del tipo (como más
adelante en 1 P. 3:21). En ambos casos la figura no es lo real en sí misma, sino una
representación o copia. Los lugares “santo” y “santísimo” en el tabernáculo terrenal
solo fueron tipos de la morada celestial de Dios. para presentarse ahora. En el día
de la Expiación, el sumo sacerdote entraba al lugar santísimo donde Dios se
manifestaba (Lv. 16:2). Sin embargo, el sumo sacerdote era ocultado de la presencia
de Dios por la nube de incienso (Lv. 16:12, 13). Vea también “se presentó una vez”
(v. 26) y “aparecerá por segunda vez” (v. 28). Cada verbo es un término diferente
en el original. El término para la aparición actual de Cristo en el cielo (v. 24) alude
a su presentación oficial ante el Padre para comparecer y mostrar el cumplimiento
de su misión. La noción de hacer una aparición o ser revelado está incluida en la
encarnación de Cristo para morir una sola vez por el pecado (v. 26). En cuanto a la
aparición de Cristo en el segundo advenimiento (v. 28), el término usado hace
hincapié en la naturaleza visible de su aparición (cp. 2:8; 12:14). Los tres tiempos
verbales del ministerio soteriológico de Cristo también están indicados con
precisión: 1) su primer advenimiento para salvarnos del castigo del pecado; 2) su
ministerio actual de intercesión en el cielo para salvarnos del poder del pecado, y 3)
su segundo advenimiento para liberarnos de la presencia del pecado. por nosotros.
Cristo es nuestro representante y el proveedor de nuestros beneficios espirituales
(cp. 2:9; 6:20; 7:25; Jn. 14:12–14; Ef. 1:3).
9:26 desde el principio del mundo. Esta es una referencia a la creación (vea las
notas sobre 4:3). la consumación de los siglos. Todas las eras y edades se juntaron
y fueron consumadas en la venida del Mesías. Así se inauguró la era escatológica
(vea la nota sobre 1:2; cp. Gá 4:4).
9:27 que mueran una sola vez. Esta es una regla general para toda la
humanidad. Ha habido muy raras excepciones (p. ej. Lázaro murió dos veces; cp.
Jn. 11:43, 44). Los que como Lázaro fueron resucitados por un acto milagroso de
nuestro Señor no recibieron un cuerpo glorificado y una vida interminable. Solo
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experimentaron un regreso a la vida terrenal. Otra excepción será la de los que ni


siquiera mueran una vez porque serán “arrebatados… en las nubes para recibir al
Señor en el aire” (1 Ts. 4:17; cp. Enoc, Gn. 5:24; Elías, 2 R. 2:11). el juicio. Un
término general que abarca el juicio de todas las personas, tanto creyentes (vea la
nota sobre 2 Co. 5:10) como incrédulos (vea las notas sobre Ap. 20:11–15).
9:28 para llevar los pecados de muchos. Vea la nota sobre Isaías 53:12 (cp. 2
Co. 5:21; 1 P. 2:24). por segunda vez. En el día de la Expiación, el pueblo
aguardaba con cierto nerviosismo que el sumo sacerdote regresara del Lugar
santísimo, y tan pronto hacía aparición sabían que el sacrificio en favor de ellos
había sido aceptado por Dios. De la misma manera, cuando Cristo aparezca en su
segunda venida será la confirmación de que el Padre ha quedado satisfecho por
completo con el sacrificio del Hijo a favor de los creyentes. En ese momento la
salvación será consumada (cp. 1 P. 1:3–5). sin relación con el pecado. Vea las
notas sobre 2:17, 18; 4:15. Esta frase da testimonio de la obra finalizada y
completa de Cristo al quitar los pecados mediante su sacrificio en su primera
venida. Él no tendrá que llevar esa carga en su segunda venida. los que le esperan.
Vea la nota sobre Filipenses 3:20.
10:1–18 El ofrecimiento de Cristo fue un sacrificio realizado una sola vez para
siempre que es superior a todos los sacrificios del sistema levítico.
10:1 sombra. Vea la nota sobre 8:5. El término griego que se traduce “sombra”
se refiere a un reflejo pálido a diferencia de uno nítido y distintivo. Por otro lado, el
término detrás de “la imagen misma” indica una réplica exacta y diáfana (cp. Col.
2:17). los bienes venideros. Vea la nota sobre 9:11. hacer perfectos. El término se
utiliza con reiteración en Hebreos para hacer referencia a la salvación. Vea las notas
sobre 5:14; 7:11; 9:9. Por mucho que desearan acercarse a Dios los que vivían bajo
la ley, el sistema levítico no suministraba acceso alguno a su presencia santa (cp.
Sal. 15:1; 16:11; 24:3, 4).

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10:2 conciencia de pecado. Esta es la misma palabra que se traduce


“conciencia” en el v. 22; 9:9; 13:18. Vea la nota sobre 9:9. Si el pecado de verdad
hubiera sido derrotado por ese sistema de sacrificios, la conciencia de cada uno de
los creyentes del AT habría sido limpia de la culpa que los condenaba (cp. el v. 22).
Bajo el antiguo pacto no hubo libertad de conciencia.
10:3 memoria. Los sacrificios del AT no solo eran incapaces de quitar el
pecado, sino que su repetición constante era un recordatorio permanente de esa
deficiencia. La promesa del nuevo pacto era que el pecado sería quitado y que Dios
no se acordaría más de sus pecados (8:12, una cita de Jer. 31:34).
10:4 no puede. El sistema levítico no fue diseñado por Dios para quitar o
perdonar pecados, sino que sirvió como una preparación para la venida del Mesías
(Gá. 3:24) al motivar las expectativas del pueblo (cp. 1 P. 1:10). Su función era
revelar la seriedad de la condición caída y pecaminosa del hombre, porque hasta el
cubrimiento temporal de los pecados requería la muerte de un animal. Revelaba la
realidad de la santidad y la justicia de Dios al mostrar que el pecado debía ser
quitado de en medio. Por último, revelaba la necesidad de perdón pleno y completo
para que Dios pudiera tener la comunión que deseaba establecer con su pueblo.
10:5–7 Cita del Salmo 40:6–8.
10:5, 6 no quisiste. Dios no se agradaba con los sacrificios entregados por una
persona que no los daba con un corazón sincero (cp. Sal. 51:17; Is. 1:11; Jer. 6:20;
Os. 6:6; Am. 5:21–25). Hacer sacrificios solo como un ritual sin obediencia de
corazón, era una burla peor que abstenerse de sacrificar (cp. Is. 1:11–18).
10:5 me preparaste cuerpo. En el Salmo 40:6 se lee: “Has abierto mis oídos”.
Esto no constituye una alteración significativa del significado, como lo indica el
hecho de que el escritor citó la versión Septuaginta de la expresión hebrea, que era
una representación equivalente para los lectores griegos. Los traductores griegos
consideraron las palabras hebreas como una figura lingüística en la que una parte de
algo aludía al todo, en este caso la apertura de los oídos que es parte del proceso
total de confección del cuerpo humano. Se seleccionaron los oídos porque sirven
como símbolos de obediencia como los órganos que permiten la recepción de la
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Palabra y la voluntad de Dios (cp. 1 S. 15:22). Cristo necesitó un cuerpo para


ofrecerse a sí mismo como el sacrificio final (2:14).
10:7 para hacer tu voluntad. Cp. Mateo 26:39, 42.
10:8, 9 El escritor cita de nuevo el Salmo 40:6–8 pero en forma condensada.
10:9 primero… último. El sistema antiguo y repetitivo de sacrificios fue
quitado para dar paso al sacrificio nuevo que Cristo hizo una vez para siempre al
cumplir con obediencia la voluntad de Dios (cp. 5:8; Fil. 2:8).
10:10 santificados. Se refiere al proceso de “hacer santos” a los creyentes,
apartados del pecado para Dios (cp. 1 Ts. 4:3). Cristo cumplió a perfección la
voluntad de Dios y así suministró a los creyentes una condición continua y
permanente de santidad (Ef. 4:24; 1 Ts. 3:13). Es la santificación posicional del
creyente que se diferencia de su santificación progresiva que viene como resultado
de vivir a diario conforme a la voluntad de Dios (vea las notas sobre Ro. 6:19;
12:1, 2; 2 Co. 7:1). cuerpo. Se refiere a su muerte expiatoria al igual que el término
“sangre” (9:7, 12, 14, 18, 22). La mención del cuerpo de Cristo en una declaración
como esta es inusual en el NT pero es una derivación lógica de la cita en el Salmo
40:6.
10:11, 12 Contraste entre lo viejo y lo nuevo: Miles de sacerdotes frente a un
solo Sacerdote, los sacerdotes de antes puestos de pie todo el tiempo mientras que el
nuevo permanece sentado, ofrendas reiteradas a diferencia de un solo sacrificio para
siempre, y los sacrificios ineficaces que solo cubrían el pecado frente al sacrificio
eficaz que quita por completo el pecado.
10:11 está. Esto supone una postura erguida, vea la nota sobre 1:3. En 2
Crónicas 6:10, 12, Salomón se sentaba en su trono rey pero se mantenía en pie
frente al altar cada vez que cumplía funciones sacerdotales (cp. Dt. 17:12; 18:7).
10:13 estrado de sus pies. Vea la nota sobre 1:13. Otra referencia al Salmo
110:1. Esta predicción se cumplirá cuando Cristo vuelva y toda la creación
reconozca su señorío al quedar postrada a sus pies (Fil. 2:10).

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10:14 perfectos. Vea la nota sobre el v. 1. Esto supone una postura firme y
perfecta delante de Dios gracias a la justicia imputada de Cristo (vea las notas sobre
Ro. 3:22; Fil. 3:8, 9). santificados. Vea las notas sobre el v. 10.
10:15–17 El escritor confirma su interpretación del Salmo 40:6–8 con la
repetición de Jeremías 31:31–34 que ya había citado en 8:8–12.
10:19–25 Por segunda vez (cp. en 8:1–6 la primera), el escritor hace un resumen
de los argumentos a favor de la superioridad del ministerio sacerdotal de Cristo.
10:19 hermanos. Vea la nota sobre 3:12. Como en la ocasión anterior, el
escritor se dirige a sus hermanos judíos con una invitación a dejar atrás el sistema
levítico y apropiarse de los beneficios del nuevo pacto en Cristo. libertad. También
se traduce “denuedo” o “confianza” que es un aspecto primordial de la epístola (vea
la nota sobre 4:16). Gracias al ministerio de Cristo como Sumo Sacerdote y a su
sacrificio finalizado, los hebreos pueden entrar con plena confianza a la presencia
de Dios.
10:20 nuevo. En griego, el significado original de esta palabra era “recién
inmolado”, pero ya se interpretaba como “reciente” al escribirse la epístola. El
camino es nuevo porque el pacto es nuevo. No es un camino provisto por el sistema
levítico. camino… vivo. Aunque es el sendero de vida eterna no solo fue abierto
por la vida libre de pecado que mantuvo Cristo, sino que requirió su muerte
expiatoria. Vea las notas sobre 2:17, 18; 4:16. Los hebreos fueron invitados a
entrar por este camino que se caracteriza por la vida eterna del Hijo de Dios quien
los amó y se entregó a sí mismo por ellos (cp. Jn. 14:6; Gá 2:20). La fe cristiana era
conocida como “el camino” entre los judíos de Jerusalén (Hch. 9:2) así como entre
los gentiles (Hch. 19:23). Las personas que recibieron esta epístola entendieron muy
bien que el escritor los invitaba aquí a convertirse en cristianos y unirse a los que
habían sido perseguidos por su fe. Los creyentes verdaderos que estaban en medio
de ellos padecían persecución en ese mismo momento, y los que no se habían
comprometido con el camino cristiano eran ahora retados a convertirse en blancos
de la misma persecución. velo… carne. Al ser destrozada la carne de Jesús en su
crucifixión, también fue rasgado el velo del templo que era el símbolo de
separación irremediable entre los hombres y la presencia de Dios (Mt. 27:51). Cada
vez que el sumo sacerdote entraba al Lugar santísimo en el día de la Expiación, el

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pueblo esperaba afuera que regresara con vida, pero cuando Cristo entró al templo
celestial Él no regresó, sino que abrió la cortina y dejó abierto el camino al lugar
santísimo para que nosotros pudiéramos seguirlo. Aquí “carne” se usa como
“cuerpo” (v. 10) y “sangre” (9:7, 12, 14, 18, 22) para referirse al sacrificio y muerte
del Señor Jesús.
10:21 la casa de Dios. Vea la nota sobre 3:6.
10:22 acerquémonos. Vea la nota sobre 7:19. Con base en todo lo escrito hasta
aquí, este es el corazón de la invitación a aquellos que estaban en la asamblea pero
todavía no habían venido a Cristo con fe y sumisión. La misma invitación se halla
en el primer libro del NT en ser escrito (Stg. 4:8), donde Santiago revela lo que
sucede si nos acercamos a Dios: Él se acercará a nosotros. Asaf enseñó que buena
cosa es acercarse a Dios (Sal. 73:28), y lo cierto es que la restauración plena de
Israel a la bendición de Dios depende de que ellos se acerquen a Él (Jer. 30:18–22).
En otras palabras, es una invitación escatológica que les ha llegado “en estos
postreros días” (1:2). Este versículo describe los requisitos previos para entrar a la
presencia de Dios (cp. Sal. 15): Sinceridad, seguridad, salvación y santificación.
corazón sincero. El término griego que se traduce “sincero” alude a ser genuino y
verdadero, sin motivaciones ocultas (cp. Jer. 24:7; Mt. 15:8). Esta es la
característica particular que le faltaba tener a los hebreos: Un compromiso genuino
a Cristo. plena certidumbre de fe. Vea la nota sobre 6:11. Aquí se hace hincapié
en una confianza absoluta en las promesas de Dios. Esa clase de confianza traería al
corazón una seguridad que permitiría a los creyentes perseverar en medio de las
pruebas que venían en camino. Este es el primer elemento de una tríada familiar: fe,
esperanza (v. 23) y amor (v. 24). purificados los corazones. Vea las notas sobre
9:9, 14; 10:1–4; 1 P. 1:2. agua pura. La imagen en este versículo es tomada de las
ceremonias y sacrificios del antiguo pacto, donde se rociaba sangre como señal de
limpieza espiritual. El lavamiento “con agua pura” no se refiere al bautismo
cristiano, sino a la purificación que el Espíritu Santo obra en la vida del creyente
por medio de la Palabra de Dios (cp. Ef. 5:25, 26; Tit. 3:5). Esta es una imagen
propia del nuevo pacto (Jer. 31:33; Ez. 36:25, 26).

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10:23 Mantengamos firme. Asirse con firmeza es la expresión que representa la


perseverancia de los santos y constituye el lado humano de la seguridad eterna. No
es algo que se hace para mantener la salvación, sino que más bien es una evidencia
de salvación. Vea la nota sobre 3:6. sin fluctuar. Aquí la idea es abstenerse de
seguir cualquier inclinación que haga retroceder al antiguo pacto. En otra literatura
antigua se emplea el mismo término griego para aludir a la capacidad para soportar
una tortura. La persecución vendrá de forma ineludible (2 Ti. 3:12), pero Dios es
fiel. Las tentaciones abundarán pero Dios es fiel para proveer siempre la salida (cp.
1 Co. 10:13). Las promesas de Dios son confiables (1 Co. 10:13; 1 Ts. 5:24; Jud.
24, 25). Con esa confianza, el creyente puede perseverar. profesión de nuestra
esperanza. Afirmación de la salvación. Vea la nota sobre 3:1.
10:24 considerémonos. El mismo verbo se aplica a Jesús en 3:1. La invitación
requiere una respuesta individual pero la respuesta también tiene un aspecto
corporativo, ya que son los miembros de una comunidad de hebreos quienes corren
el peligro de perder su atracción inicial a Cristo. Muchos habían comenzado a
considerar la posibilidad de volver a practicar el sistema levítico del judaísmo para
evitar la persecución (cp. Jn. 12:42, 43). El ánimo mutuo para mantener un
compromiso inquebrantable es crucial. estimularnos. La palabra “paroxismo” se
deriva del término griego usado aquí, y su significado en este contexto es incitar o
apremiar a una persona a hacer algo. al amor y a las buenas obras. Un ejemplo de
esa clase de esfuerzo mutuo en medio de la persecución habría de encontrarse en
Corinto (cp. 2 Co. 8:1–7).
10:25 no dejando de congregarnos. La adoración colectiva en la congregación
es una parte vital de la vida espiritual. Esta es una advertencia contra la apostasía en
un contexto escatológico (cp. 2 Ts. 2:1). El escritor hace referencia al “día” que se
aproxima (la segunda venida de Cristo; cp. Ro. 13:12; 1 Co. 3:13; 1 Ts. 5:4).
exhortándonos. La exhortación se manifiesta en diversas modalidades como
ánimo, consuelo, advertencia y fortalecimiento. Esta exhortación se caracteriza por

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una urgencia escatológica que requiere un aumento en la intensidad y el número de


actividades entre más se acerca el día de Cristo (cp. 3:13; cp. 1 Ts. 4:18).
10:26–39 Vea las notas sobre 6:1–8. Este pasaje trata el pecado de apostasía que
es el retroceso o la deserción intencional. Los apóstatas se sienten atraídos a Cristo
en un principio, oyen y entienden su evangelio y están a punto de creer para
salvación, pero después se rebelan y dan la espalda. Este apercibimiento contra la
apostasía es una de las advertencias más serias en todas las Escrituras. No todos los
hebreos responderían a la invitación tierna de los vv. 19–25. Algunos ya no tenían
posibilidad de siquiera responder a la invitación.
10:26 El autor habla en sentido retórico de “nosotros”. En el v. 39 se excluye a sí
mismo y a los creyentes genuinos de esta categoría. pecáremos voluntariamente.
El término griego alude a la idea de una intención deliberada que además es
habitual. El pecado consiste en rechazar a Cristo de forma deliberada y no se trata
de actos aislados. Según la legislación mosaica, tales actos de pecado deliberado y
premeditado requerían la exclusión inmediata de la congregación de Israel (cp. Nm.
15:30, 31) y del culto colectivo (cp. Éx. 21:14). Los individuos que cometían esos
pecados también quedaban excluidos del santuario provisto en las ciudades de
refugio (cp. Dt. 19:11–13). conocimiento. El término griego denota un
conocimiento específico y no información general sobre cosas espirituales (cp. 6:4;
cp. 1 Ti. 2:4). Aunque el conocimiento no era defectuoso ni incompleto, la
aplicación del conocimiento era incorrecta. Judas Iscariote es un buen ejemplo de
un discípulo a quien no le faltaba conocimiento pero carecía de fe verdadera y llegó
a convertirse en el peor apóstata. ya no queda más. Vea la nota sobre 6:6. El
apóstata pierde todo acceso a la salvación porque ha rechazado el único sacrificio
que puede limpiarlo de pecado y traerlo a la presencia de Dios. Alejarse de ese

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sacrificio no le deja otra alternativa de salvación. Esto va paralelo a Mateo 12:31


(vea la nota allí).
10:27 horrenda expectación. El juicio es una certidumbre ineludible y por eso
produce temor. de juicio, y de hervor de fuego. Esta es una descripción similar a la
de Isaías 26:11 y Sofonías 1:18 (cp. 2 Ts. 1:7–9). En últimas, ese juicio consiste en
toda una eternidad en el lago de fuego (cp. Mt. 13:38–42, 49, 50). adversarios.
Oposición real contra Dios y hacia el programa de salvación de Dios (vea las notas
sobre Fil. 3:18, 19).
10:28 Cp. Deuteronomio 17:2–7.
10:29 ¿Cuánto mayor castigo…? Habrá diversos grados de castigo en el
infierno. Esto también se indica con claridad en Mateo 11:22–24 (vea las notas
correspondientes). pisoteare. En el mundo oriental antiguo uno de los gestos que se
usaban para mostrar menosprecio hacia alguien consistía en “levantar el pie” en
dirección a la persona (cp. Sal. 41:9). El acto de pisar a esa persona u objeto era un
gesto todavía más extremo que expresaba desprecio y escarnio total (cp. 2 R. 9:33;
Is. 14:19; Mi. 7:10; Zac. 10:5). Esa clase de desprecio demuestra un rechazo
completo de Cristo como Salvador y Señor. tuviere por inmunda. Considerar la
sangre de Cristo como algo común equivale a decir que es impura o “inmunda” (vea
la nota sobre 9:13) e implica que Cristo fue un pecador y un sacrificio manchado.
Pensar de este modo es una blasfemia. la sangre del pacto. Vea las notas sobre
9:14, 15. La muerte de Cristo inauguró o ratificó el nuevo pacto. santificado. Esto
se refiere a Cristo porque Él fue apartado para Dios de esta manera (cp. Jn. 17:19).
No puede referirse al apóstata porque solo creyentes verdaderos son santificados.
Vea la Introducción: Retos de interpretación. hiciere afrenta al Espíritu de gracia.
Vea las notas sobre 6:4 y 9:14. El mismo título se emplea en Zacarías 12:10.
Rechazar a Cristo es un insulto al Espíritu quien obró a través de Él (Mt. 12:31, 32)
y da testimonio de Él (Jn. 15:26; 16:8–11).

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10:30 Cita de Deuteronomio 32:35, 36 (cp. Sal. 135:4; Ro. 12:19).


10:31 Dios vivo. Vea la nota sobre 3:12.
10:32–39 En esta sección se ofrece una palabra de ánimo para equilibrar el
discurso son la ráfaga anterior de advertencias severas (vv. 19–31). El escritor
declara que las experiencias pasadas de los hebreos deberían estimularlos a
perseverar, la proximidad de la recompensa debería fortalecerlos, y el temor a
incurrir el desagrado de Dios debería impedirles un retroceso al judaísmo.
10:32 traed a la memoria. Alude a la noción de recordar con solicitud y
reconstruir con precisión en la mente, no a un simple acto de recordación (cp. Hch.
5:41; 2 Co. 7:15). iluminados. Vea la nota sobre 6:4 (cp. “conocimiento de la
verdad” en el v. 26). gran combate. Esta palabra solo ocurre aquí en el NT. Es una
imagen del atleta que lucha para tener un buen desempeño en la competencia
rigurosa (cp. 2 Ti. 2:5). Tras haber sido iluminados sufrieron (v. 33), se sintieron
ofendidos y comenzaron a retroceder (vea la nota sobre Mt. 13:20).
10:33 espectáculo. Una alusión al teatro y los actores que se colocan en el
escenario para ser observados por todos. En el contexto de este versículo la idea es
quedar expuestos a la ignominia y el ridículo (cp. 1 Co. 4:9). compañeros. Estos
hebreos no convertidos habían estado cerca de los creyentes que fueron perseguidos
por su fe. Es posible que hubieran sufrido por su cercanía o identificación con ellos,
lo cual pudo haber incluido la pérdida de algunas propiedades, pero todavía no
habían retrocedido porque seguían interesados en la posibilidad de ir al cielo (v.
34). En el NT hay ejemplos de personas que estuvieron dispuestas a ser arrestadas y
acosadas por ayudar a los que eran perseguidos por su fe. Por sorprendente que
parezca, los fariseos eran este tipo de personas, como lo demuestra la ocasión en la
que advirtieron a Jesús sobre los planes de Herodes para acabar con su vida (Lc.
13:31). Entre los creyentes genuinos que pueden citarse como ejemplos de ayuda a
los perseguidos, se encuentra Onesíforo (2 Ti. 1:16–18).

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10:34 de los presos. Algunas versiones traducen “en mis cadenas” y esto motiva
a algunos a postular que el autor de esta epístola fue el apóstol Pablo (cp. Ef. 3:1; 2
Ti. 1:8). Sin embargo, muchos otros cristianos también estaban encarcelados.
sufristeis con gozo. Cp. Hechos 5:41; 16:24, 25; Romanos 5:3; Santiago 1:2. una
mejor y perdurable herencia. Vea la nota sobre 9:15 (cp. Mt. 6:19, 20; 1 P. 1:4).
10:35 No perdáis. Debido a sus persecuciones actuales se sentían tentados a
renunciar a su identificación externa con Cristo y los cristianos, lo cual los llevaría a
apostatar (cp. el v. 23; Dt. 32:15, 18). galardón. Están más cerca que nunca a la
recompensa eterna y no es tiempo de retroceder ni rendirse.
10:36 hecho la voluntad de Dios. Lo cual consiste en confiar del todo en Cristo
al vivir a diario en la voluntad del Padre. Vea las notas sobre Mateo 7:21–28;
Santiago 1:22–25; cp. Juan 6:29. obtengáis la promesa. Vea las notas sobre 4:1;
6:12; 9:15. Si tan solo permanecían fieles en el nuevo pacto y depositaban toda su
confianza en Cristo, obtendrían la promesa de salvación.
10:37, 38 Aquí se incluye una alusión a Habacuc 2:3, 4 (cp. Ro. 1:17; Gá 3:11)
por medio de una frase tomada de Isaías 26:20. Es la segunda referencia al pasaje
de Isaías (cp. el v. 27) que es parte de un cántico de salvación. El pasaje que se
encuentra en Isaías 26 (o en su contexto mayor de Isaías 24–27) es con mucha
probabilidad lo que el escritor tiene en mente al escribir. La referencia a Habacuc se
somete a una alteración considerable para que sirva como paráfrasis interpretativa a
partir de otros conceptos y contextos del AT. En Habacuc 2:4, 5 se describe a los
orgullosos que no viven por fe. El hombre orgulloso cree que es suficiente en sí
mismo y no se da cuenta de cuánto necesita paciencia para resistir las pruebas y
confiar en Dios para su salvación. El judío orgulloso será rechazado si no ejerce la
fe en Cristo, y será juzgado al lado de los demás impíos de todas las naciones, tanto
judíos como gentiles.

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10:38 el justo vivirá por fe. Vea la nota sobre Romanos 1:17. Lo opuesto de la
apostasía es la fe. Esta es una mirada previa del capítulo siguiente. La fe es lo que
agrada a Dios. El individuo que se aparta del conocimiento del evangelio y la fe
dará evidencia de su apostasía.
10:39 retroceden para perdición. El escritor expresa confianza en que los
lectores creyentes (“nosotros”) no estarán incluidos entre “los que” van
encaminados a la destrucción por su infidelidad y cobardía. Los apóstatas se
alejarán de Cristo pero hay algunos que están a punto de creer y todavía pueden ser
arrebatados “del fuego” (cp. Jud. 23). “Perdición” se emplea en el NT para aludir al
castigo eterno o el juicio de los incrédulos (cp. Mt. 7:13; Ro. 9:22; Fil. 1:28; 3:19; 1
Ti. 6:9). Judas y el hombre de pecado son llamados “hijo de perdición” (una
expresión semítica que significa “encaminado a perdición”; Jn. 17:12; 2 Ts. 2:3).
preservación del alma. La preservación de la destrucción escatológica es el sentido
de “salvación” en este contexto. En el contexto de Isaías 26:20, 21 (v. 19) la
preservación escatológica incluye la resurrección de los muertos. El escritor conecta
fe y resurrección en el ejemplo de Abraham (11:19).
11:1–40 El capítulo 11 es un recuento conmovedor de fieles del AT que ha sido
titulado por algunos “el salón de la fama de los santos”, “la lista de honor de santos
del AT” y “los héroes de la fe”. Todos dan testimonio del valor que tiene vivir por
fe. Ellos conforman la “grande nube de testigos” (12:1) que dan testimonio
poderoso a los hebreos para que tengan fe en la verdad de Dios en Cristo.
11:1 Este versículo está escrito en un estilo de la poesía hebrea que se utiliza con
frecuencia en los Salmos, en los que se usan dos frases paralelas y casi idénticas
para enunciar lo mismo. Cp. 1 Pedro 1:7 donde Dios somete a prueba nuestra fe en
el crisol de la cruz. certeza. También se traduce “sustancia” y se deriva de la misma
palabra griega que se traduce “imagen misma” en 1:3 y “confianza” en 3:14. La fe
descrita aquí requiere la convicción más sólida que se puede tener, la seguridad
dada por Dios en el presente sobre una realidad futura inconmovible. convicción de
lo que no se ve. La fe verdadera no se basa en evidencias empíricas, sino en la
seguridad divina y es un regalo de Dios (Ef. 2:8).

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11:2 alcanzaron buen testimonio. Lit. “fueron testificados” o “se dio testimonio
acerca de ellos” (cp. los vv. 4, 39). Dios mismo da testimonio a favor de estos
santos y confirma que vivieron por fe, por lo cual se les otorgó la aprobación divina.
los antiguos. Significa “hombres de tiempos antiguos”. En este contexto el término
se refiere a todos los santos, tanto hombres como mujeres que vivieron bajo los
pactos antiguos, y se incluye una selección exclusiva de los más sobresalientes en
los vv. 4–40.
11:3 Por la fe. Cada ejemplo de fe en los vv. 3–31 se introduce con esta frase
específica. La verdadera fe salvadora se ejerce en obediencia a Dios (vea las notas
sobre Stg. 2:14–25). entendemos. Se refiere al escritor y todos los demás creyentes
verdaderos tanto del presente como del pasado. sido constituido. La noción que
comunica este verbo (empleado también en 13:21) es la de equipar algo a fin de que
quede preparado para el cumplimiento de su propósito. universo. En algunas
versiones se lee “los mundos”, y se refiere tanto al universo físico como a su
funcionamiento y administración. la palabra de Dios. La palabra divina de Dios
(vea p. ej. Gn. 1:3, 6, 9, 11, 14). hecho. Dios creó el universo a partir de algo que
no puede verse. Existe la posibilidad de que ese algo invisible haya sido la energía o
el poder propios de Dios. Para mayor información sobre la creación, vea las notas
sobre Génesis 1:1–31.
11:4–40 Adán y Eva son omitidos en este relato de la creación porque ellos
habían visto a Dios, tuvieron comunión con Él y hablaron con Él. Sus hijos fueron
los primeros en ejercer fe en el Dios invisible.
11:4 Abel. Vea Génesis 4:1–15. más excelente. La razón exacta de la excelencia
del sacrificio de Abel no es revelada por el escritor de Hebreos pero está implícita
en 12:24 (vea las notas correspondientes). Aquí se destaca la fe de Abel. Ambos
hermanos sabían qué requería Dios. Abel obedeció y Caín optó por no hacerlo. Abel
actuó por fe y Caín demostró su incredulidad (vea las notas sobre Gn. 4:4, 5). por
lo cual… por ella. El antecedente en “lo cual” y “ella” fue la fe de Abel y no su
ofrenda. Por medio de esa fe, él dio testimonio a todas las generaciones futuras de
que una persona viene a Dios por fe para recibir su justicia. justo. Gracias a su fe, la
cual demostró en obediencia al requisito específico de Dios en cuanto al sacrificio,

Lit. literalmente

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Abel fue considerado por Dios como justo (cp. Ro. 4:4–8). Cristo mismo se refirió a
la justicia de Abel (Mt. 23:35). El sacrificio de Caín fue evidencia de que se limitó a
realizar un ritual mecánico de una manera desobediente, sin dar evidencia de una fe
auténtica. Sin fe nadie puede recibir la justicia divina imputada (cp. Gn. 15:6).
testimonio de sus ofrendas. La ofrenda de Abel demostró algo acerca de su fe que
no fue demostrado por la ofrenda de Caín.
11:5 La cita proviene de Génesis 5:24. Enoc. Vea la nota sobre Génesis 5:24. En
la Septuaginta se tradujo la expresión hebrea “caminó, pues, Enoc con Dios” como
“agradó a Dios”. El escritor combina ambos textos en la referencia. Enoc fue
transpuesto de forma milagrosa al cielo, sin pasar por la muerte (cp. 1 Ts. 4:17).
11:6 imposible agradar. Enoc agradó a Dios porque tuvo fe. Sin esa fe no es
posible que una persona camine con Dios o le agrade (cp. 10:38). que le hay. Se
refiere al Dios verdadero. La fe genuina no solo cree que existe un ser divino, sino
que el Dios de las Escrituras es el único Dios verdadero y real que existe. No creer
que Dios existe equivale a llamarlo mentiroso (cp. 1 Jn. 5:10). galardonador. Una
persona debe creer no solo que el Dios verdadero existe, sino también que
recompensará la fe de los seres humanos en Él con perdón y justicia, porque Él ha
prometido hacer esto (cp. 10:35; Gn. 15:1; Dt. 4:29; 1 Cr. 28:9; Sal. 58:11; Is.
40:10).
11:7 Noé. Vea Génesis 5:28–9:29; Ezequiel 14:14. cosas que aún no se veían.
Vea las notas sobre los vv. 1, 6. Nunca se había visto en el mundo antediluviano
algo similar al gran diluvio, porque ni siquiera había llovido sobre la tierra como
llueve hasta hoy día (vea las notas sobre Gn. 7:11). Sin embargo, Noé pasó ciento
veinte años (Gn. 6:3) en cumplimiento del mandato de Dios acerca de construir el
arca enorme (Gn. 6:13–22). temor. Noé trató el mensaje de Dios con gran respeto y
temor reverente (cp. 5:7). Su fe se expresó en obediencia (cp. Gn. 6:22; 7:5).

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condenó. Noé advirtió a las personas de su tiempo sobre el juicio inminente de Dios
(cp. 1 P. 3:20), y es llamado “pregonero de justicia” (2 P. 2:5). heredero de la
justicia. Vea las notas sobre 6:12; 9:15. Aquel predicador de la justicia divina (2 P.
2:5) también se convirtió en heredero de la justicia. Noé creyó el mensaje que
predicó y como Enoc antes de él (vea las notas sobre el v. 5), caminó con Dios en
fe y obediencia (Gn. 6:9).
11:8–19 Abraham. Vea Génesis 11:27–25:11.
11:8 al lugar… herencia. La tierra de Canaán, lejos de su hogar original en Ur
de los caldeos (Gn. 11:31). Abraham salió de allí por fe.
11:9 promesa. Ni Abraham, Isaac o Jacob pudieron establecer su residencia
permanente en la tierra que Dios les prometió y mucho menos poseerla (v. 10).
Abraham fue el primero en ir por fe a ese lugar y todos vivieron allí por fe, al creer
en una promesa de posesión que no se cumpliría hasta muchas generaciones
después de su tiempo (Gn. 12:7).
11:10 ciudad. La Tierra Prometida permanente y definitiva de Abraham es el
cielo, y él supo por fe que la heredaría en últimas. Esta ciudad se menciona de
nuevo en el v. 16; 12:22; 13:14.
11:11, 12 Sara. Vea Génesis 11:27–23:2; 1 Pedro 3:5, 6.
11:11 fuera del tiempo de la edad. A los noventa años de edad (Gn. 17:17), ella
había pasado mucho tiempo atrás por la edad máxima para tener hijos y nunca había
podido concebir. A pesar de esto, Dios la capacitó para ser madre debido a la fe de
ella en su promesa (Gn. 21:1–3).
11:12 ya casi muerto. A los noventa y nueve años de edad, Abraham estaba
muy pasado de la edad para engendrar hijos de no ser por una intervención divina
(Gn. 17:1, 15–17; 21:1–5). estrellas… arena. Esta hipérbole sirve para recalcar la
gran multitud de seres humanos que saldría de los lomos de Abraham. Vea Génesis
15:4, 5; 22:17.
11:13 todos éstos. La referencia solo se aplica a los patriarcas (Abraham, Isaac y
Jacob). Esta interpretación es respaldada por el hecho de que las promesas
comenzaron con Abraham (cp. Hch. 7:17; Ro. 4:13; Gá 3:14–18) y fueron
traspasadas a Isaac (Gn. 26:2–5, 24) y Jacob (Gn. 28:10–15). Además, estos son los

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únicos individuos que se ajustan a la descripción en el v. 15 y Enoc no murió. Vea


la nota sobre 6:15. Estas personas de fe nunca supieron cuándo habrían de heredar
la promesa. Vivieron en la tierra sin poseerla.
11:13–16 extranjeros y peregrinos. Vea Génesis 23:4. Su fe fue paciente y
resistió grandes penalidades porque creyeron que Dios tenía algo mucho mejor
reservado para ellos. No tenían deseo alguno de volver a Ur pero sí anhelaban el
hogar celestial (Job 19:25, 26; Sal. 27:4).
11:16 Dios de ellos. Al presentarse a Moisés, Dios se refirió a sí mismo como
“el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob” (Éx. 3:6;
cp. Gn. 28:13; Mt. 22:32). Esta es una fórmula significativa de pacto mediante la
cual un individuo o un pueblo se identificaba con Dios y Él con ellos (cp. Lv.
26:12). una ciudad. Vea la nota sobre 12:22.
11:17–19 Vea Génesis 22:1–18. Abraham demostró otra vez su fe por su
disposición a devolver a Dios su hijo de la promesa (Isaac), a quien había recibido
de forma milagrosa por causa de su fe. Se requeriría un milagro todavía mayor para
reemplazar a Isaac por medios naturales. Abraham todavía tenía confianza plena en
que Dios resucitaría a su hijo. Cp. Romanos 4:16–21.
11:17, 18 unigénito. Isaac no fue el único hijo de Abraham, el patriarca ya había
tenido a Ismael con Agar la sierva de Sara (Gn. 16:1–16). El término se refiere a
alguien que es único en origen e irreemplazable en su clase (cp. Jn. 1:14). Isaac fue
el único hijo nacido conforme a la promesa de Dios y fue el único heredero de esa
promesa divina. La cita de Génesis 21:12 confirma este punto.
11:19 aun de entre los muertos. Al creer que la promesa de Dios con respecto a
Isaac era incondicional, Abraham llegó a la conclusión de que Dios cumpliría esa
promesa así esto requiriera resucitar a Isaac de los muertos (cp. Gn. 22:5). sentido
figurado. Es la misma palabra de 9:9 que da origen a “parábola”. Abraham recibió
a Isaac como si hubiera regresado de los muertos, porque estuvo a punto de morir a
mano de su padre.

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11:20 Isaac. Vea Génesis 27:1–28:5.


11:21 Jacob. Vea Génesis 47:28–49:33. cada uno de los hijos. Los dos hijos de
José (Efraín y Manasés) recibieron una bendición de Jacob. En consecuencia, dos
tribus descendieron de José mientras que solo una tribu descendió de cada uno de
sus hermanos (vea Gn. 47:31; 48:1, 5, 16). el extremo de su bordón. Según
Génesis 47:31, Jacob “se inclinó sobre la cabecera de la cama”. Las dos palabras
(bordón y cama) tienen en hebreo las mismas consonantes. Los manuscritos hebreos
del AT fueron copiados sin vocales y manuscritos posteriores elaborados entre los
siglos sexto y noveno, tradujeron esa raíz como “cama”. La Septuaginta en el siglo
tercero a.C. la tradujo “bordón” y esta parece ser más probable aunque ambas
posibilidades son plausibles.
11:22 José. Vea Génesis 37:1–50:26. José pasó la mayor parte de su vida adulta
en Egipto, y aunque fue un heredero de cuarta generación de la promesa dada a
Abraham, él nunca regresó a Canaán durante el resto de su vida. A pesar de esto, al
acercarse la hora de su muerte, tuvo fe en que Dios cumpliría su promesa y
demostró esa confianza al hacer que sus hermanos prometieran llevar sus huesos de
regreso a Canaán para su sepultura (Gn. 50:24, 25; cp. Éx. 13:19; Jos. 24:32).
11:23–29 Moisés. Vea Éxodo 1–15; Hechos 7:17–36.
11:23 niño hermoso. Significa “favorecido” y en este caso tiene que ver con el
favor de Dios sobre Moisés (Hch. 7:20; cp. Éx. 2:2). La fe que se describe aquí fue
ejercida en realidad por los padres de Moisés, aunque no sabemos si ellos
entendieron por completo el plan de Dios para su hijo.
11:24 Moisés rehusó la fama que pudo tener en Egipto si decidía aprovechar al
máximo su posición como el hijo adoptivo de la hija del Faraón (cp. Éx. 2:10).
11:25 con el pueblo de Dios. Moisés habría pecado al rehusar la responsabilidad
que Dios le asignó con respecto a Israel, y él tenía una convicción clara y cierta de
“que Dios les daría libertad por mano suya” (Hch. 7:25). Moisés repudió los
placeres de la vida mundana en Egipto.
11:26 el vituperio de Cristo. Moisés sufrió por Cristo en el sentido de que se
identificó con el pueblo del Mesías en su sufrimiento (v. 25). Además, Moisés se

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identificó con el Mesías debido a su propio papel como líder y profeta (cp. 12:2; Dt.
18:15; Sal. 69:9; 89:51). Moisés sabía acerca de los sufrimientos y la gloria del
Mesías (cp. Jn. 5:46; Hch. 26:22, 23; 1 P. 1:10–12). Cualquiera que sufra a causa de
su fe genuina en Dios y por el evangelio de la redención sufre por la causa de Cristo
y en representación suya (cp. 13:12, 13; 1 P. 4:14).
11:27 dejó a Egipto. Moisés salió de Egipto por primera vez al huir para salvar
su vida tras matar al opresor egipcio (Éx. 2:14, 15). En esa ocasión tuvo gran temor
de la ira del Faraón, pero en la segunda salida dio la espalda a Egipto y todo lo que
representaba. Esta salida no fue por temor al Faraón y por eso es la que se considera
en el texto. como viendo. La fe de Moisés fue tal que él respondió a los mandatos
de Dios como si Él fuera visible a sus ojos, cara a cara. Este fue el fundamento de
su lealtad a Dios y debería ser un ejemplo de lealtad para todo creyente (cp. 2 Co.
4:16–18).
11:28 pascua. Vea Éxodo 12.
11:29 Mar Rojo. Vea Éxodo 14, 15. Al llegar a la orilla del Mar Rojo, el pueblo
temió por su vida (Éx. 14:11, 21). No obstante, al oír que Moisés pronunciaba la
protección soberana de Dios (Éx. 14:13, 14), prosiguieron y avanzaron en fe.
11:30 Jericó. Vea Josué 6. El pueblo no ejecutó una sola pericia militar para
ocasionar la caída de Jericó, tan solo siguieron en fe las instrucciones de Dios. Cp. 2
Corintios 10:4.
11:31 Rahab. Vea Josué 2:1–24; 6:22–25; Mateo 1:5; Santiago 2:25.
11:32 Todos los hombres mencionados en este versículo ocuparon una posición
de poder o autoridad, pero ninguno de ellos es elogiado por su estatura social o sus
habilidades personales. Más bien son reconocidos por lo que cada uno había
logrado por medio de su fe en Dios. No se listan en orden cronológico, sino en
pares donde el miembro más importante se menciona primero (cp. 1 S. 12:11). Vea
Jueces 6–9 (Gedeón), 4, 5 (Barac), 13–16 (Sansón), 11, 12 (Jefté). David. David es

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el único rey mencionado en este versículo. Todos los demás son jueces y profetas.
David también podría ser considerado como un profeta (vea 4:7; 2 S. 23:1–3; Mr.
12:36). Cp. 1 Samuel 13:14; 16:1, 12; Hechos 13:22. de Samuel y de los profetas.
Samuel fue el último de los jueces y el primero de los profetas (cp. 1 S. 7:15; Hch.
3:24; 13:20). Tuvo la responsabilidad de ungir a David como rey (1 S. 16:13) y fue
conocido como un hombre de oración e intercesión por el pueblo (1 S. 12:19, 23;
Jer. 15:1).
11:33–38 Los muchos logros y sufrimientos que se describen en estos versículos
se aplican por lo general a esos santos fieles. Algunos experimentaron gran éxito
mientras que otros sufrieron gran aflicción, pero lo importante es que todos
siguieron a Dios con valor y firmeza, sin dar el brazo a torcer ni preocuparse por las
consecuencias de su obediencia. Todos depositaron su confianza en Él y en sus
promesas (cp. 6:12; 2 Ti. 3:12).
11:33 conquistaron reinos. Josué, los jueces, David y otros. hicieron justicia.
Reyes justos como David, Salomón, Asa, Josafat, Joás, Ezequías y Josías.
alcanzaron promesas. Abraham, Moisés, David y Salomón. taparon bocas de
leones. Sansón (Jue. 14:5, 6), David (1 S. 17:34, 35) y Daniel (Dn. 6:22).
11:34 apagaron fuegos impetuosos. Sadrac, Mesac y Abednego (Dn. 3:19–30).
evitaron filo de espada. David (1 S. 18:4, 11; 19:9, 10), Elías (1 R. 19:1–3, 10) y
Eliseo (2 R. 6:15–19). debilidad. Aod (Jue. 3:12–30), Jael (Jue. 4:17–24), Gedeón
(Jue. 6:15, 16; 7:1–25), Sansón (Jue. 16:21–30) y Ezequías (Is. 38:1–6). Cp. 1
Corintios 1:27; 2 Co. 12:10.
11:35 Las mujeres recibieron sus muertos. La viuda de Sarepta (1 R. 17:22) y
la mujer sunamita (2 R. 4:34). atormentados. La palabra indica que fueron
azotados hasta morir tras ser atados a algún tipo de enrejado (cp. 2 Mac. 6, 7 la
historia acerca de Eleazar y la madre de siete hijos que murieron como mártires,
registrada en los libros apócrifos). mejor resurrección. Vea la nota sobre 9:27. Ser
librado de una muerte segura o estar al borde de la muerte equivale en cierto sentido

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a volver de los muertos, pero no se trataría de la resurrección prometida por Dios.


Esto se aplica en particular a los que habían muerto que volvieron a la vida. La
primera vez fueron levantados de los muertos para volver a morir después y no se
trata de la resurrección verdadera y gloriosa al final de los tiempos (Dn. 12:2; cp.
Mt. 5:10; Stg. 1:12).
11:36 Otros. José (Gn. 39:20), Micaías (1 R. 22:27), Eliseo (2 R. 2:23), Hanani
(2 Cr. 16:10), Jeremías (Jer. 20:1–6; 37:15) y otros (2 Cr. 36:16).
11:37 apedreados. El profeta Zacarías (hijo del sacerdote Joiada) fue muerto de
esta manera (vea las notas sobre 2 Crónicas 24:20–22; Mt. 23:35). aserrados.
Según la tradición, este fue el método empleado por Manasés para ejecutar a Isaías.
muertos a filo de espada. Urías el profeta murió de este modo (Jer. 26:23; cp. 1 R.
19:10). Sin embargo, la expresión puede referirse aquí a la ejecución masiva del
pueblo de Dios. Varios incidentes de este tipo tuvieron lugar durante el tiempo de
los macabeos en los cuatrocientos años que transcurrieron entre el AT y el NT (vea
la Introducción al período intertestamentario). anduvieron de acá para allá.
Muchos del pueblo de Dios sufrieron pobreza y persecución extremas (cp. Sal.
107:4–9).
11:38 Vea 1 Reyes 18:4, 13; 19:9.
11:39, 40 alguna cosa mejor. Tenían fe en el cumplimiento definitivo de las
promesas eternas contenidas en el pacto (v. 13). Vea la Introducción: Temas
históricos y teológicos.
11:40 aparte de nosotros. La fe de los santos del AT miraba con anticipación la
salvación prometida, mientras que la fe de aquellos que vinieron después de Cristo
hace una mirada retrospectiva al cumplimiento perfecto de esa promesa. Ambos
grupos se caracterizan por una fe genuina y son salvos por la obra expiatoria de
Cristo en la cruz (cp. Ef. 2:8, 9).
12:1 Por tanto. Esta es una expresión crucial de transición que ofrece una
conclusión enérgica (cp. 1 Ts. 4:8) a la sección que comenzó en 10:19. testigos. Los

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difuntos del capítulo 11 dan testimonio sobre el valor y la bendición de vivir por fe.
La motivación para correr bien “la carrera” no es la posibilidad de recibir alabanza
como resultado de haber “observado” con atención a los santos que están en el
cielo. Más bien, el corredor es inspirado por los ejemplos de piedad que esos santos
establecieron durante su vida. La gran multitud no está compuesta por espectadores,
sino por aquellos cuya vida de fe anima y motiva a otros a vivir de esa manera (cp.
11:2, 4, 5, 33, 39). despojémonos. Esto se refiere a aquellos hebreos que habían
hecho una profesión de creencia en Cristo pero no habían hecho todo de su parte
para completar su fe. No habían comenzado a correr la carrera, cuyo punto de
partida es la salvación. El escritor los ha invitado a aceptar la salvación en Cristo y
sumarse a la carrera. todo peso. Difiere del “pecado” que se menciona a
continuación y tiene que ver con el estorbo principal que impedía el progreso
espiritual de los hebreos: El sistema levítico con su legalismo asfixiante. En aquel
tiempo los atletas se despojaban de todo lo que fuera innecesario para competir en
la carrera, y en el caso de los hebreos el sistema levítico no solo impedía su avance,
sino que los “enredaba” como una trampa sutil. pecado. En este contexto tiene que
ver en primera instancia con el pecado de incredulidad que consiste en negarse a
prescindir de los sacrificios del sistema levítico para aceptar el sacrificio perfecto de
Jesucristo (cp. Jn. 16:8–11), así como otros pecados consentidos por el incrédulo.
paciencia. También se traduce “resistencia” y es la determinación constante de
seguir adelante sin ceder a la tentación de bajar el ritmo o darse por vencido (cp. 1
Co. 9:24, 25). carrera. La metáfora del atletismo presenta la vida llena de fe como
un esfuerzo exigente y agotador. La palabra “agonía” se deriva del término griego
que se usa aquí. Vea la nota sobre Mateo 7:14.
12:2 puestos los ojos. Los hebreos debían fijar su mirada en Jesús como objeto
exclusivo de fe y salvación (cp. 11:26, 27; Hch. 7:55, 56; Fil. 3:8). autor. Vea la
nota sobre 2:10. El término significa “aquel que da origen” o quien establece el
ejemplo preeminente. consumador. Vea la nota sobre 5:14. El término literal es
“perfeccionador” y alude a la noción de completar del todo y a perfección (cp. Jn.
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19:30). el gozo. Jesús perseveró para que pudiera recibir el gozo de haber cumplido
la voluntad y exaltación del Padre (cp. 1:9; Sal. 16:9–11; Lc. 10:21–24). a la
diestra. Vea la nota sobre 1:3.
12:3 Considerad a aquel. Jesús es el ejemplo supremo de disposición a sufrir en
obediencia a Dios. Él enfrentó hostilidad y “oprobio” como ningún otro (esta
palabra es la misma que se traduce “será contradicha” en Lc. 2:34) y soportó hasta
la cruenta cruz. La misma oposición es enfrentada en diversos grados por todos los
que lo siguen (Hch. 28:22; Gá 6:17; Col. 1:24; 2 Ti. 3:12). que vuestro ánimo no
se canse. Las presiones, el cansancio y las persecuciones que sufren los creyentes
(cp. Gá 6:9) son como nada en comparación a lo experimentado por Cristo.
12:4 hasta la sangre. Ninguno de los hebreos había experimentado cansancio o
persecución en una intensidad tal que los hubiera llevado a la muerte o el martirio.
Puesto que Esteban (Hch. 7:60), Jacobo (Hch. 12:1) y otros creyentes (cp. Hch. 9:1;
22:4; 26:10) habían enfrentado el martirio en Jerusalén, se puede suponer que esa
ciudad no fue la residencia de los destinatarios de esta epístola (vea la Introducción:
Autor y fecha).
12:5, 6 Aquí el escritor recuerda Proverbios 3:11, 12. Las pruebas y los
sufrimientos en la vida del cristiano vienen de Dios, quien los usa para educar y
disciplinar a los creyentes con esas experiencias. Ese trato es evidencia del amor de
Dios por sus propios hijos (cp. 2 Co. 12:7–10).
12:6 azota. Se refiere a fustigar con un látigo, que era una forma severa y
dolorosa de flagelación común entre los judíos (cp. Mt. 10:17; 23:34).
12:7, 8 hijos. Por cuanto todos son imperfectos y necesitan disciplina y
adiestramiento, todos los hijos verdaderos de Dios son escarmentados en ciertas
ocasiones, de uno u otro modo.
12:8 bastardos. La palabra solo ocurre aquí en el NT pero se emplea en la
literatura griega para aludir a los que nacen de esclavos o concubinas. Esto podría

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incluir una referencia implícita a Agar e Ismael (Gn. 16), el hijo ilegítimo de
Abraham y su concubina.
12:9 obedeceremos. Respetar a Dios equivale a someterse a su voluntad y ley, y
aquellos que reciben de buena voluntad la disciplina del Señor tendrán una vida más
fructífera y abundante (cp. Sal. 119:165). Padre de los espíritus. La mejor
traducción sería “Padre de nuestro espíritu”, a diferencia de los padres humanos o
“padres de nuestra carne”.
12:10 nos es provechoso. Los padres humanos e imperfectos aplican una
disciplina imperfecta, pero Dios es perfecto y por eso su disciplina es perfecta,
siempre obra para el bien espiritual de sus hijos.
12:11 fruto apacible de justicia. Esta es la misma frase que aparece en Santiago
3:18. ejercitados. La misma palabra se empleó en 5:14 con la misma traducción
(vea la nota allí; cp. 1 Ti. 4:7).
12:12–17 Este pasaje exhorta a los creyentes a actuar conforme a las verdades
divinas que fueron expuestas en los capítulos anteriores. La verdad que se conoce
pero no se obedece se convierte en motivo de juicio antes que en un beneficio (cp.
13:22).
12:12, 13 El autor retoma la metáfora de la carrera que introdujo en los vv. 1–3
(cp. Pr. 4:25–27) e incorpora lenguaje tomado de Isaías 35:3 para describir la
condición del individuo disciplinado como un corredor extenuado cuyos brazos
caen y sus rodillas tiemblan. Al experimentar pruebas en su vida, el creyente no
debe permitir que las circunstancias deshagan todo lo que ha logrado. Más bien,
debe resistir y renovar su aliento para continuar la carrera hasta la meta.
12:14 Seguid la paz. En esta epístola se explica en términos de 1) acercarse a
Dios con plenitud de fe y una conciencia limpia (10:14, 22), y 2) la aceptación
genuina de Cristo como el Salvador y sacrificio suficiente por el pecado, lo cual
permite que el pecador tenga comunión con Dios. Los incrédulos no estarán
motivados para acercarse y aceptar a Cristo si la vida de cada uno de los creyentes

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no demuestra las cualidades que Dios desea, incluidas la paz y la santidad (cp. Jn.
13:35; 1 Ti. 4:3; 5:23; 1 P. 1:16).
12:15 Mirad bien. Los creyentes deben vigilar su propia vida para dar
testimonio de paz y santidad, así como para ayudar y cuidar de los que están en
medio de ellos y tienen necesidad de salvación. deje de alcanzar la gracia de Dios.
Vea las notas sobre 4:1; 6:6; 10:26. Esto significa llegar demasiado tarde y ser
dejado fuera. Aquí se alude otra vez a los judíos que estaban en la asamblea de los
creyentes y que tenían convencimiento intelectual, que conocían el evangelio y
hasta estaban entusiasmados con Cristo pero seguían al pie del abismo de la
apostasía. raíz de amargura. Esta es la actitud de los apóstatas que se convierten
en influencias corruptoras dentro de la iglesia. Cp. Deuteronomio 29:18.
12:16, 17 Vea Génesis 25:29–34 y 27:1–39. Esaú deseaba las bendiciones de
Dios pero no quería a Dios. Se lamentó por lo que había hecho pero no se
arrepintió. Esaú ejemplifica a todos los que pecan contra Dios de forma voluntaria y
deliberada, por lo cual no reciben una segunda oportunidad en vista de su
exposición a la verdad y su estado avanzado de endurecimiento espiritual (cp. 6:6;
10:26). Esaú fue un ejemplo de la persona “profana”.
12:16 fornicario. En este contexto se refiere al que practica la inmoralidad
sexual en general. La apostasía va ligada en muchos casos a este tipo de
inmoralidad (cp. 2 P. 2:10, 14, 18; Jud. 8, 16, 18).
12:18–29 El escritor procede a dar una enseñanza basada en el encuentro de
Israel con Dios en el Monte Sinaí (vea Éx. 19, 20; Dt. 4:10–24).
12:18 Vea Éxodo 19:12, 13; Deuteronomio 4:11; 5:22.
12:19 al sonido de la trompeta. Vea Éxodo 19:16, 19; Deuteronomio 4:12.
12:20 Cita de Éxodo 19:12, 13 (cp. 20:19; Dt. 5:23, 24).
12:21 Cita de Deuteronomio 9:19.
12:22 al monte de Sion. Se diferencia del Monte Sinaí donde Dios entregó la ley
mosaica, el cual que fue aterrador y turbador. Aquí el Monte Sión no es el terrenal

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que se ubica cerca a Jerusalén, sino que alude a la morada celestial de Dios que se
caracteriza por la gracia divina e invita la entrada de los humanos. Nadie puede
agradar a Dios con base en los términos estipulados en el Sinaí que dependen del
cumplimiento perfecto de la ley (Gá. 3:10–12). En cambio, Sión es accesible para
todos los que se acerquen a Dios a través de Jesucristo (cp. Sal. 132:13, 14; Is.
46:13; Zac. 2:10; Gá 4:21–31). monte de Sion… ciudad del Dios vivo, Jerusalén
la celestial. Estos son sinónimos del cielo mismo. Para una descripción de la
morada de Dios que es la Jerusalén celestial, vea las notas sobre Apocalipsis 21:1–
22:5. muchos millares. La palabra griega se traduce con frecuencia como el
número diez mil. Vea Apocalipsis 5:11, 12.
12:23 congregación. Aquí el término significa “aglomeración para un festival
público”. No describe a un grupo aparte de la iglesia sino, la actitud de los ángeles
sinnúmero que celebran en el cielo durante una reunión festiva alrededor del trono
de Dios. de los primegénitos. El primogénito de Dios es Jesucristo (vea la nota
sobre 1:6), y la iglesia (“congregación”) está compuesta por creyentes que son
coherederos con Cristo, quien tiene la preeminencia entre muchos hermanos (Ro.
8:17, 29). los justos hechos perfectos. Vea las notas sobre 5:14 (cp. 11:40). Se
trata de santos del AT que se distinguen de la “congregación de los primogénitos”
que son los creyentes del NT.
12:24 Mediador. Vea la nota sobre 7:22 (cp. 8:6–10; 9:15). habla mejor. Vea
las notas sobre 6:9; 9:23. El sacrificio de Abel fue agradable a Dios porque se
ofreció en fe y obediencia (cp. 11:4), pero no tuvo poder para hacer expiación. La
sangre de Jesús es suficiente por sí sola para limpiar a los pecadores de su pecado
(cp. 1 Jn. 1:7). El sacrificio de Cristo trajo redención (9:12), perdón (9:26) y
salvación completa (10:10, 14). que la de Abel. La sangre del sacrificio de Abel
solo suministró una cobertura temporal, pero el sacrificio de la sangre de Cristo
declara el perdón eterno de los pecados (cp. Col. 1:20).

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12:25 desechéis. Vea la nota sobre el v. 19, donde la misma palabra describe la
conducta de los israelitas en el Monte Sinaí. mucho menos. Las consecuencias para
los apóstatas son terribles. El juicio a que serán sometidos y el terror que sentirán
serán mucho mayores que todo lo experimentado en el Monte Sinaí.
12:26 Cita de Hageo 2:6.
12:26, 27 conmovió entonces la tierra. En el Monte Sinaí, Dios sacudió la
tierra, mientras que desde Sión Él conmoverá los cielos y el universo entero (cp. Is.
13:13; 34:4; 65:17, 22; 2 P. 3:10–13; Ap. 6:12–14; 20:11; 21:1).
12:27 Todo lo físico (“las cosas movibles”) será sometido a destrucción, y solo
permanecerán las cosas eternas (“las inconmovibles”).
12:28 reino. Dios creará “un cielo nuevo y una tierra nueva… la santa ciudad, la
nueva Jerusalén” (Ap. 21:1, 2), que será eterna e inconmovible. tengamos gratitud.
Vea la nota sobre 4:16. con temor y reverencia. Vea la nota sobre 11:7 (cp. 5:7).
La segunda palabra tiene que ver el pavor que se siente debido al hecho de estar en
la presencia de Dios.
12:29 fuego consumidor. Vea Deuteronomio 4:24. La ley de Dios que fue dada
en Sinaí prescribía muchos castigos severos, pero el castigo es mucho peor para los
que rechacen su oferta de salvación a través de su propio Hijo, el Señor Jesucristo
(cp. Lc. 3:16, 17). Este versículo debe relacionarse con 10:29–31.
13:1 El último capítulo de la epístola se enfoca en aspectos éticos esenciales de
la vida cristiana. La ética cristiana ayuda a hacer una presentación correcta del
evangelio verdadero al mundo, alienta a otros a creer en Cristo y trae gloria a Dios.
El primer aspecto es el amor hacia los hermanos en la fe (cp. Jn. 13:35). Aunque la
referencia básica es a los cristianos, el escritor debió tener emociones similares a las
del apóstol Pablo en relación con sus compatriotas hebreos (vea Ro. 9:3, 4).
13:2 hospedaron. La segunda gracia que deben desarrollar los creyentes era la
extensión del amor de Cristo a los extraños (cp. Ro. 12:13; 1 Ti. 3:2). La
hospitalidad en el mundo antiguo incluía en muchos casos recibir a un invitado

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inesperado durante una o más noches. Era algo muy difícil de hacer en tiempos de
persecución porque los hebreos no sabían si sus huéspedes eran espías o un
hermano en la fe que era perseguido por su identificación con Cristo. ángeles. El
argumento no se presenta como motivación máxima para la hospitalidad, sino para
revelar que uno nunca sabe cuán lejos puede llegar un simple acto de bondad (cp.
Mt. 25:40, 45). Esto es justo lo que sucedió a Abraham y Sara (Gn. 18:1–3), Lot
(Gn. 19:1, 2), Gedeón (Jue. 6:11–24) y Manoa (Jue. 13:6–20).
13:3 vosotros mismos. Los creyentes deberían ser capaces de identificarse con
el sufrimiento de otros porque ellos también padecían dolor físico (“en el cuerpo”) y
otras penalidades.
13:4 Honroso. Dios honra en gran manera el matrimonio porque Él mismo lo
instituyó en la creación (Gn. 2:24), pero algunos en la iglesia primitiva
consideraban que el celibato era más santo que el matrimonio, una idea que Pablo
denuncia con vigor en 1 Ti. 4:3 (vea las notas sobre 1 Co. 7). La actividad sexual
dentro del matrimonio es pura, pero cualquier actividad sexual fuera del matrimonio
pone de inmediato a la persona bajo el juicio divino. juzgará Dios. Dios ha
prescrito consecuencias serias para todos los que cometen inmoralidad sexual (vea
las notas sobre Ef. 5:3–6).
13:5 avaricia. Apetecer riquezas materiales es “raíz de todos los males es el
amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe” (1 Ti. 6:10; cp. 1
Ti. 3:3). No te desampararé … Cita de Génesis 28:15; Deuteronomio 31:6, 8;
Josué 1:5; 1 Crónicas 28:20. Los creyentes pueden tener contentamiento en
cualquier situación gracias a esta promesa. Se utilizan cinco negaciones en esta
declaración para recalcar la imposibilidad de que Cristo abandone a los creyentes.
Es como decir “no existe en absoluto la más mínima probabilidad de que yo te
deje”.
13:6 confiadamente. No es la palabra habitual para aludir al denuedo pero alude
a la actitud de una persona confiada y valiente. Cp. su uso en Mateo 9:2; 2 Corintios
5:6, 8. Cita del Salmo 118:6.
13:7 Además de la lista de fieles en el capítulo 11, el escritor recuerda a los
hebreos sus propios líderes fieles dentro de la iglesia, y al hacerlo describe algunos

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deberes de los pastores: 1) dirigir, 2) hablar la palabra de Dios y 3) establecer el


modelo de fe que el pueblo debe seguir. Cp. Hechos 20:28; 1 Timoteo 3:1–7; Tito
1:5–9.
13:9 doctrinas diversas y extrañas. Esto incluye cualquier enseñanza contraria
a la Palabra de Dios. El NT contiene advertencias numerosas en contra de la
enseñanza falsa y los falsos maestros (cp. Hch. 20:29, 30; Ro. 16:17; 2 Co. 10:4, 5;
Gá 1:6–9; Ef. 4:14; 2 Ti. 3:16). afirmar el corazón con la gracia. Los que
experimentan la gracia de Dios tienen un corazón y una mente que permanecen
estables. viandas. La ley mosaica tenía regulaciones para todo, incluida por
supuesto la alimentación (Lv. 11). En cambio para los cristianos, esas leyes habían
quedado abrogadas (Hch. 10:9–16; cp. 1 Co. 8:8; Ro. 14:17; 1 Ti. 4:1–5).
13:10–13 Vea las notas sobre 11:26; 12:2. El escritor presenta una analogía para
la identificación de los creyentes con Cristo en su rechazo por parte de los judíos. El
cuerpo de los animales que eran ofrecidos en el día de la Expiación no eran
comidos, sino quemados “fuera del campamento” (Lv. 4:21; 16:27). Jesús, quien
fue el sacrificio expiatorio supremo, crucificado de forma similar afuera de las
puertas de Jerusalén (Jn. 19:17). En sentido figurado los creyentes deben unirse a Él
fuera del campamento del mundo, y por completo dejar de ser parte de sus prácticas
impías y su sistema de maldad (cp. 2 Ti. 2:4). Por extensión, esto también ilustraría
el abandono del sistema levítico. Los hebreos no comprometidos necesitaban dar
ese paso valiente y salir de una vez por todas de ese sistema para quedar fuera del
campo del Israel del pacto antiguo.
13:10 un altar. El altar, el que hace la ofrenda y el sacrificio están muy
relacionados entre sí. La asociación con un altar identifica al que hace la ofrenda
con el sacrificio. Con ciertas ofrendas, el individuo se identificaba todavía más con
el altar y el sacrificio al comer una porción del sacrificio. El apóstol Pablo se refirió
a esta relación con un altar al impartir su instrucción a los corintios acerca de comer
carne que hubiera sido ofrecida a los ídolos (1 Co. 9:13) y con respecto a la
observación de la Cena del Señor (1 Co. 10:18). Aquí el altar es equivalente al

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sacrificio de Cristo, en especial si es visto en comparación con el día de la


expiación.
13:15 alabanza… confiesan. Como se ve en todo el libro de Hebreos, los
sacrificios eran de suprema importancia en el antiguo pacto. Bajo el nuevo pacto,
Dios desea la alabanza y la gratitud de su pueblo más que ofrendas de animales o
granos. Puesto que todos los creyentes del NT son sacerdotes (1 P. 2:5, 9), ellos
tienen ofrendas de alabanza y acción de gracias a Dios (cp. Ro. 12:1). El “sacrificio
de alabanza” también es mencionado en Levítico 7:12; Salmo 54:6. Para “fruto de
labios” vea Isaías 57:19; Oseas 14:2.
13:16 hacer bien… ayuda mutua. Los sacrificios de alabanza procedentes de
los labios del pueblo de Dios le agradan solo si van acompañados de acciones
amorosas (cp. Is. 58:6, 7; Stg. 1:27; 1 Jn. 3:18).
13:17 vuestros pastores. O “los que gobiernan sobre ustedes”. Vea la nota sobre
el v. 7. Los pastores y ancianos de la iglesia ejercen la misma autoridad de Cristo al
predicar enseñar y aplicar las Escrituras (vea las notas sobre Hch. 20:28; 1 Ts.
5:12, 13). Ellos sirven a la iglesia en representación de Cristo y deben rendir
cuentas a Él por su fidelidad como mayordomos. Vea las notas sobre 1 Corintios
4:1–5; 1 Pedro 5:1–4. Esto puede incluir a líderes tanto espirituales como
seculares. Aun aquellos que no reconocen a Dios de todas formas son ordenados y
usados por Él (cp. Ro. 13:1, 4). alegría. La iglesia es responsable de ayudar a sus
líderes a realizar su trabajo con satisfacción y deleite. Vea las notas sobre 1
Tesalonicenses 5:12, 13.
13:19 restituido. El autor había estado con estos hebreos y anhelaba volver a
tener compañerismo con ellos.
13:20, 21 Esta bendición se cuenta entre las más hermosas en toda la Biblia (cp.
Nm. 6:24–26; 2 Co. 13:14; Jud. 24, 25). Es un ejemplo de cómo la gracia puede
manifestarse en bendición y oración mutuas.

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O Oeste

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13:20 el Dios de paz. Pablo usa este título seis veces en sus epístolas (cp. 1 Ts.
5:23). el gran pastor de las ovejas. Vea Isaías 63:11. La figura del Mesías como
pastor ocurre con frecuencia en las Escrituras (cp. Sal. 23; Is. 40:11; Ez. 34:23; Jn.
10:11; 1 P. 2:25; 5:4). por la sangre del pacto eterno. Esto debe referirse, en el
contexto de Hebreos, al nuevo pacto que es eterno (en un sentido futuro) comparado
al pacto mosaico que era temporal y ya había sido abrogado (vea las notas sobre
8:6–13; 9:15).
13:21 os haga aptos. Esta no es la palabra griega que se traduce “perfecto” o
“perfección” en el resto de Hebreos para aludir a la salvación (vea la nota sobre
5:14), sino que se trata de la palabra que se traduce “me preparaste” en 10:5 y
“constituido” en 11:3. Se refiere a la edificación de los creyentes porque el verbo
alude a la noción de equipar por medio de ajustar, moldear, enmendar, restaurar y
preparar (vea la nota sobre 11:3; cp. 1 Co. 1:10; 2 Co. 13:11; 2 Ti. 3:17).
13:22 que soportéis. Los lectores son alentados a recibir este mensaje con una
mente abierta y un corazón cálido, a diferencia de aquellos que “no sufrirán la sana
doctrina” (2 Ti. 4:3). la palabra de exhortación. Cp. 3:13. Esta es la descripción
que el autor hace de su propia epístola (vea la Introducción: Temas históricos y
teológicos).
13:23 está en libertad. Los detalles del encarcelamiento de Timoteo se
desconocen (cp. 2 Ti. 4:11, 21).
13:24 Los de Italia. El grupo al que escribió el autor pudo haber estado en Italia,
o el significado puede ser que algunos cristianos de Italia que estaban con él en ese
momento enviaron sus saludos (vea la Introducción: Autor y fecha). El uso de
frases similares en otros pasajes es ambiguo porque algunos se refieren a personas
que todavía se encuentran en el lugar mencionado (Hch. 10:23; 17:13) y otros a
personas que estaban lejos de su hogar (Hch. 21:27).

cp. compare

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Cp. compare

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